Estoy
en la librería del FCE Octavio Paz, en la avenida Miguel Ángel de Quevedo de la
Ciudad de México. Al ladito, sabemos, se ubica la matriz de Gandhi, su
competencia. Tras recorrerlas me ha golpeado, como siempre, una pregunta
hostil: ¿qué hacer como lector más o menos contumaz frente a la desmesurada
oferta de libros? ¿Cómo soportar el caleidoscopio de portadas y cuartas de
forros que se ofrecen a la vista? La respuesta es fácil para el no lector o
para el lector bien definido en sus temáticas, pero no para quien cometió el
error, como creo haberlo cometido, de interesarse por demasiados temas y
autores. Explico.
Cuando
uno comienza a leer, habitualmente en la infancia o la juventud, no sabe qué le
gusta. El paso del tiempo y de los libros afinan los intereses, y es casi
seguro que en pocos años sea claro el tipo de volúmenes que el lector puede
ubicar como potencialmente suyos. Es en ese momento cuando se presenta una
disyuntiva: elegir uno, dos o tres temas o abrir el radar a diez, quince,
veinte o más asuntos. Cualquiera de las dos opciones tiene pros y contras, como
todo.
Elegir
pocos temas de interés ayuda a enfocar mejor la mirada, a no dispersarse, a
alcanzar un cierto grado de especialización, pero también a perderse una
tremenda parte del menú. Elegir muchos temas, al contrario, apunta a la
erudición aunque no se logre, abarca panorámicamente, permite al menos un
conato de cultura general, pero dispersa al lector, pulveriza su tiempo en
ínsulas de saber. Y lo peor: fuerza la entrada a librerías bien nutridas con el
sentimiento de que no da la vida para insumir todo lo disponible/apetecible
sobre las mesas, lo que provoca fascinación y horror al mismo tiempo, además de
que siempre deja en ridículo al presupuesto disponible en el bolsillo. Y un
golpe adicional, si el lector abraza además la utopía de escribir: deprime al
mostrarle lo minúsculo de su capacidad frente a los miles de libros urdidos por
espíritus y mentes con talento y en algunos casos con verdadero genio.
Al salir de la librería cargué con cinco libros nuevos, todos temáticamente distintos, todos correspondientes a cinco zonas de interés que me persiguen desde hace varias décadas y reavivan el fantasma de la frase condenatoria: el que mucho abarca...

