Más de 350 goles entre clubes y selección fue la cosecha anotadora de Wayne Rooney (Liverpool, Inglaterra, 1985), el último enfant terrible del futbol inglés. La cara de bebé en conjunción con su aguerrida manera de jugar lo aproximaban a la figura del muñeco diabólico. Tener a Rooney en sus filas, como por muchos años lo tuvo el Manchester United, era contar con un líder que gobernaba con el ejemplo: para él, ninguna pelota debía darse por perdida. Hay una repetición que ilustra como ninguna otra su brutal empuje, y es fácil encontrarla: jugaba para el D. C. United, en la MSL, y corrió para recuperar un balón que, salvo él, nadie más iría a buscar al filo del silbatazo final. Pero el pundonor no lo define en su totalidad, pues además de agallas y temperamento irreductible, tenía técnica para hacer goles. Las antologías de sus tantos permiten apreciar que logró muchos dignos del marco. Dos son los que más se le celebran: una chilena al ángulo y otro que me parece dechado de remate con la pelota en el aire, cuando soltó un seco derechazo con el empeine a casi treinta metros del arco rival. Fue un ídolo inglés.
miércoles, julio 15, 2026
jueves, julio 02, 2026
22. Lineker
Gary Lineker (Leicester, Inglaterra, 1960) fue un rematador inglés clásico de goles ingleses clásicos: de cabeza a centros largos. Sumó en su carrera cerca de 300, diez en Mundiales. Sabemos que fue el máximo anotador en México 86. Él mismo ha dicho que anotó “el gol que nadie recuerda”, pues lo hizo (de cabeza) en el Inglaterra contra Argentina cuando su equipo iba 2-0 abajo debido a los célebres tantos de Maradona. El equipo donde figuró fue el Leicaster, de su ciudad natal. Vistió dos famosas playeras: la del Barcelona y la del Tottenham Hotspur, donde tuvo buen desempeño. Era un jugador de toda el área, sobre todo de la chica, pues como rematador de testa era fiel a la costumbre británica del anticipo a los defensores y al arquero durante los centros a la olla. Un recuerdo que de él conservo intacto corresponde a cierto pasaje de su vida, cuando anotó su sexto gol en el partido contra la Argentina; me sentí mal porque con ese tanto rompió el empate a cinco goles que en aquel momento mantenía con Maradona, lo que a la postre le granjeó el liderato en la tabla de goleo en el segundo Mundial mexicano.
martes, junio 30, 2026
20. Drogba
No es posible acumular cerca de 400 goles sin un repertorio misceláneo de habilidades en el área rival. Es el caso de Didier Drogba (Abiyán, Costa de Marfil, 1978), uno de los más grandes rematadores africanos de la historia. Pasó por varios clubes, terminó su carrera en la MLS, y el Chelsea fue el equipo donde sumó más reconocimientos. Como buen africano, era un jugador físico, fuerte y con velocidad endemoniada. La mayor parte de sus goles cayeron en primera jugada, lo que denota un oportunismo y una fiereza de tigre. Pero, como queda dicho, su menú de recursos aglutinó remates de cabeza, disparos cruzados con ambas piernas, tiros libres directos, llegadas de atrás a todo tren y goles no muy vistosos, producto de jugadas riñonudas. Es, por sus logros, el más grande futbolista de su patria, donde es el máximo goleador. De hecho, sumados todos sus tantos en las categorías y los equipos que lo alinearon, la cifra roza los 500. Pese a lo dicho, hay una jugada drogbeana, por decirlo así: apenas afuera del área recibe de espalda con el defensor pegado a él, se da la vuelta y saca, sin ver, un tiro potente. Vaya delantero implacable.
jueves, junio 25, 2026
15. Eusebio
Un lugar común del debate deportivo consiste en afirmar que los atletas de antes la tenían fácil, pues todos eran más lentos y menos fuertes, como se puede advertir en los videos de archivo. No se repara en que el deporte, como cualquier actividad humana, es histórico, ergo, que acusa un determinado desarrollo de acuerdo a cada época. Si Eusebio da Silva Ferreira (Laurenço Marques, Mozambique, 1942-Lisboa, Portugal, 2014) viajara desde 1966, tal cual, para jugar ahora, sería quizá un jugador inofensivo. Para ser la Pantera Negra, en 2026 requeriría el entrenamiento y en general las condiciones técnicas de 2026. Pero he llegado a pensar que en ciertos casos es precisamente al revés: el futbol constructivo, artístico, de muchos jugadores actuales se debe a que se han endurecido las reglas para ahorrarles patadas. Así, vayan ustedes a saber lo que hubieran sido Pelé, Eusebio o Maradona con el VAR a favor. En el caso del delantero portugués, clavó como 600 goles, la mayoría con el Benfica. Máximo artillero en el Mundial inglés, para los viejos aficionados fue sinónimo de pique, gambeta y gol. Como anécdota, ya en su decadencia (1976) jugó para los Rayados de Monterrey, donde no pudo lucir.
jueves, junio 18, 2026
8. Cantona
Solía usar la solapa levantada como si el jersey fuera la capa del conde Drácula. Las cejas pegadas y los ojos demasiado juntos le daban a su rostro un aire adolescente que se correspondía con su espíritu rebelde, de muchacho que no quiere acatar reglas. Éric Daniel Cantona (Marsella, Francia, 1966) fue un jugador siempre diferente en la cancha y fuera de. De haber practicado lucha libre, hubiera sido técnico y rudo a la vez, pues lo mismo tiraba una vaselina exquisita que un puñetazo iracundo. Al hablar sobre él, es inevitable recordar el episodio más famoso de su carrera: cuando propinó una patada de karateca a cierto hoolligan que lo estaba hostilizando con insultos xenófobos desde la tribuna. Luego del incidente, la multa y los castigos, el francés declaró estas perlas: “Patear a un fascista no se saborea todos los días”, y “Me hubiera encantado patearlo aún más fuerte”. El equipo de sus mayores triunfos fue el Manchester United, donde lució misceláneas facultades como definidor. Marcó más de 150 goles en su carrera, incursionó en el activismo político, en la publicidad y en la actuación. Fue, es, un “loco lindo”, como llaman en Sudamérica a los locos lindos.
domingo, junio 14, 2026
4. Best
A George Best (Belfast, Irlanda del Norte, 1946-Londres, 2005) se le recuerda con frecuencia por dos frases que gustan en función de su cinismo tabernario: “Gasté un montón de dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto simplemente lo malgasté”, y “En 1969 dejé las mujeres y la bebida. Fueron los peores 20 minutos de mi vida”. Por la malicia, pese a su machismo, parecen de Wilde, pero más allá de las boutades, Best fue, según he podido leer y luego ver en YouTube, un jugador anómalo en su contexto. Husmear las repeticiones de sus gambetas y sus goles contradice la idea, por otro lado harto justificada, que tenemos del futbol practicado en el país que reglamentó este juego: físico, veloz, directo, duro y sin muchos arabescos. Best, entonces, avanzaba en contra de la inercia, pues driblaba, inventaba jugadas y resolvía frente a los palos con quiebres y disparos que delataban más creatividad que reciedumbre. La época y el lugar de su gloria fueron propicios para que pareciera un quinto beatle, y la suerte de ser “carita”, como decimos en México, le permitió asemejarse en algo a Paul McCartney incluso en aquello de las patillazas. Anotó más de 250 goles.


























