A George Best (Belfast, Irlanda del Norte, 1946-Londres, 2005) se le recuerda con frecuencia por dos frases que gustan en función de su cinismo tabernario: “Gasté un montón de dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto simplemente lo malgasté”, y “En 1969 dejé las mujeres y la bebida. Fueron los peores 20 minutos de mi vida”. Por la malicia, pese a su machismo, parecen de Wilde, pero más allá de las boutades, Best fue, según he podido leer y luego ver en YouTube, un jugador anómalo en su contexto. Husmear las repeticiones de sus gambetas y sus goles contradice la idea, por otro lado harto justificada, que tenemos del futbol practicado en el país que reglamentó este juego: físico, veloz, directo, duro y sin muchos arabescos. Best, entonces, avanzaba en contra de la inercia, pues driblaba, inventaba jugadas y resolvía frente a los palos con quiebres y disparos que delataban más creatividad que reciedumbre. La época y el lugar de su gloria fueron propicios para que pareciera un quinto beatle, y la suerte de ser “carita”, como decimos en México, le permitió asemejarse en algo a Paul McCartney incluso en aquello de las patillazas. Anotó más de 250 goles.
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domingo, junio 14, 2026
4. Best
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