Gracias a MacedoniaEditorial, de Argentina, por invitarme a este combo de minificciones futbolísticas armado durante el Mundial. Mi gratitud va dirigida sobre todo al escritor, editor y amigo José Luis Bulacio.
jueves, julio 23, 2026
Microficción futbolera en Macedonia
miércoles, julio 22, 2026
Odios digitales
Siempre
hemos visto que las grandes competencias deportivas sirven para invocar la
hermandad de los pueblos y la paz mundial. Las inauguraciones y las clausuras
son los escenarios más adecuados para que desfilen banderas y se emitan
discursos con fuerte contenido demagógico en el que se destaca la necesidad de
que los pueblos de la tierra convivan en armonía, leal y solidariamente. Todo
debe sonar bonito aunque en realidad vivamos en una circunstancia muy desigual:
diez países controlan la economía y los demás, 170 más o menos, dependen de
decisiones ajenas. La “paz mundial” es mera retórica, una quimera que sólo
sirve para abrir y cerrar competencias internacionales.
A
la violencia real provocada por economías disparejas se sumó por estos días
(todavía hoy se nota) la avalancha de violencia simbólica propalada por los
medios durante el desarrollo del Mundial. Como no lo recuerdo en ediciones
anteriores del torneo, en esta ocasión se agudizaron muchos rencores
internacionales, un efecto opuesto a la hipotética fraternidad apetecida por la
publicidad de los organizadores. Lejos de conseguirla, lo que se vio en la
realidad de las redes —una realidad ahora tal vez más real que la realidad
presencial—, fue encono verbal, agresiones espantosas de todos contra todos.
El
caso más visible y multiplicado de la tirria digital, pero no el único, se dio
en relación con los argentinos y su selección. Casi casi debo precisar que no
fueron tanto los argentinos cuanto los porteños y especialmente algunos
comunicadores de la capital de aquel país quienes atizaron el ambiente para que
se caldeara en buena parte del globo. En el caso mexicano, un periodista dio
pábulo a la “argentinofobia” con declaraciones que se viralizaron en México. El
descerebrado, de nombre Eduardo Feinmann, señaló que odia a los mexicanos y
añadió que nuestro país envidia al suyo. Todo absurdo pero muy eficaz para
multiplicarse exponencialmente y verse reforzado por una ola de nuevas
opiniones igual o peor de soeces.
Engancharse en cualquier fuego cruzado de las redes es simplista y burdo, pero en esta oportunidad resultó harto eficaz para exacerbar el clima de crispación que espera cualquier rivalidad deportiva para manifestarse en las trincheras de nuestro tiempo: las redes sociales, espacios donde salen a relucir los traumas y los complejos de tirios y troyanos, para decirlo con un manoseado cliché bélico.
lunes, julio 20, 2026
40. Zidane
Su cuota goleadora no fue
grande, apenas rebasó los 150 tantos, una cifra de todos modos muy decorosa
para la función que desempeñaba en el campo. Fue un 10 puro, quizá el más
clásico de los que han ocupado su posición, tanto que de haber sido urbe, a Zinedine
Zidane (Marsella, Francia, 1972) le hubiera tocado ser distribuidor vial: en el
centro de la cancha hacía fluir las acciones para todos lados. En América sólo
recuerdo el caso aproximado de Riquelme, parecido incluso por la estatura en
apariencia poco adecuada para jugar con elegancia y eficacia. Otros parecidos fueron
Platini e Iniesta, futbolistas con el don de tener el mapa de la cancha
cadriculado en la mente. Uno de los elogios más precisos dirigidos al marsellés
lo hizo Valdano en el Mundial de 1998: jugaba Francia y opinó que en las
escuelas de futbol “debían abrir las materias Zindane I y Zidene II”, pues, en
efecto, la función de Zizu era una
cátedra permanente de ubicación y correcta toma de decisiones. Y más allá de su
capacidad como cerebro, consumó goles espectaculares. El anotado de volea con
el Real Madrid (todos lo vimos) fue para enmarcarse o esculpirse. Impresionante
jugador.
domingo, julio 19, 2026
39. Zico
Entre el ocaso de Pelé y el esplendor de Maradona hubo varios jugadores que se disputaron el trono del futbol mundial. No era fácil llegar a ese sitio, pues el gigante brasileño puso tan alta la vara que hasta la fecha muchos creen, sobre todo los viejos aficionados, que nadie ha podido igualarlo, es decir, que nadie ha alcanzado la genialidad futbolística de Pelé. Ahora bien, entre 1975 y 1985 apareció la figura de Arthur Antunes Coimbra (Río de Janeiro, Brasil, 1953), mejor conocido por su breve mote: Zico. Además de este hipocorístico, en la prensa no fue raro que lo llamaran “el Pelé blanco”. Creo que no deshonraba la comparación, tanto como Hagi, el rumano, sería llamado años después “El Maradona de los Cárpatos”. Tales correlaciones pueden parecer exageradas, pero en el caso de Zico es verdad que se trataba de un 10 perfecto, de un armador de juego elusivo, inteligente, con futbol vistoso y eficaz en la consumación de goles. Clavó más de 500 en clubes y selección, la mayoría con el Flamengo, y además fue un asistidor empedernido. Lo recuerdo principalmente en el Mundial 82: era la estrella en un equipo lleno de estrellas, el Pelé blanco.
sábado, julio 18, 2026
38. Zamorano
No muy alto, medio flaco y correoso, Iván Zamorano (Maipú, Chile, 1967) siempre daba la impresión de no llenar el uniforme. Tenía un aspecto algo desgarbado, de futbolista llanero porque incluso usaba las calcetas a media asta. Clase no derrochaba, era un jugador con aspecto semisalvaje, y de alguna forma lo era: un guerrero araucano como los que Ercilla supo homenajear con versos de hierro. Militó en cuatro equipos importantes: Real Madrid, Inter de Milán, América de México y Colo Colo de su país, y por supuesto muchas veces fue seleccionado de la Roja. Anotó casi 350 goles, y quienes lo vieron en el área recuerdan que su principal habilidad estaba en el juego aéreo. Las repeticiones evidencian que su resorte, además de poderoso, tenía una virtud capital: la precisión. Algunos creerán que para el golpeo de testa lo importante es saltar mucho: entre más alto, mejor. El Bam-Bam, como lo apodaron, demostró que el arte de cabecear demanda sobre todo una capacidad sutil para calcular el instante exacto en el cual cobrar impulso. Zamorano lo dominaba como nadie y por ello superó a defensores mucho más altos. Sin duda ha sido, es y será un ídolo del futbol chileno.
viernes, julio 17, 2026
37. Stoichkov
Hristo Stoichkov (Plovdiv, Bulgaria, 1966) es considerado, sin migaja de duda, el mejor jugador de su país, que dicha sea la verdad no ha producido futbolistas de altura como lo han hecho Alemania o Brasil, por mencionar sólo dos naciones representativas como semilleros. Era de estatura media, veloz y sobre todo fuerte, con la fibra que siempre tuvieron los cargadores de pesas búlgaros en las olimpiadas. En la cancha era aguerrido, bravo, no le sacaba al choque y sabía defenderse de las patadas y los codazos enemigos. La cifra de sus goles llegó casi a 300, y fue en la Barcelona de Cruyff donde puso en práctica su mayor habilidad: acompañar las jugadas, estar en el lugar correcto en el momento correcto, de ahí que la mayoría de sus tantos cayeron en el último toque, casi como trámite gracias a que el búlgaro estaba allí, encima del arco, en el asedio, siempre amenazante, siempre con la parte interna de ambos zapatos lista para empujar el balón. Más que un gran jugador búlgaro, fue y sigue siendo un símbolo de la casi oculta (para nosotros) Europa del Este. Por un golazo en el Mundial 1994, en México dejó un mal recuerdo.
jueves, julio 16, 2026
36. Sánchez
El recuerdo más lejano que conservo de Hugo Sánchez (Ciudad de México, 1958) se remonta a su participación en la selección olímpica de 1976. Parecía ser uno de los más destacados en aquel grupo de buenos jugadores, pero apenas pocos años después, ya como profesional en los Pumas y todavía muy joven, disputó a Cabinho el liderato de goleo en México. En otras palabras, el juvenil “destacado” terminó por convertirse, sin sombra de duda, en el mejor jugador mexicano de la historia. Lo fue por su talento natural, pero también por su fervor competitivo. Los más de 500 goles que figuran en su estadística se agigantan en función del equipo que lo vio encaramarse hasta la punta del futbol mundial: el Real Madrid, club en el que, con más de 200 tantos, se convirtió en “pentapichichi”. Era rápido y elástico, de un resorte poderoso y una capacidad imprevisible para la pirueta. Creo que de él es la mejor chilena de la historia, la más estética. La habilidad que lo encumbró fue el olfato, la anticipación para rematar como venía. Tuvo por ello una temporada de 38 goles ¡de un solo toque! Ha sido el mejor futbolista mexicano, es imposible negarlo.
miércoles, julio 15, 2026
Yo tengo un mosaico que dice así
Llevo
como cinco mundiales dedicando más tiempo del pertinente a escribir sobre
futbol. Es como una alineación de astros: si hay sobredosis de partidos, qué
más da que haya, para mí, sobredosis de palabras sobre ese tema al menos por un
rato. En el caso del Mundial que ahora casi pega su último suspiro, decidí
escribir breves semblanzas sobre goleadores. No son todos los que están ni
etcétera, pero sí los que más admiro y he visto aunque sea en repeticiones de
archivo. Las he publicado sólo en mis redes, además de que el blog Intelisport,
administrado por mi amigo Enrique Macías, decidió abrir una cancha especial
para que estén disponibles con acceso libre y todas juntas. Como serán 39 días
de Mundial, quise cerrar el número de estampas en 40, una diaria, así que al
día de hoy van 35. Si gustan buscarlas, escriban en Google “intelisport.com.mx”,
y allí aparecen en mosaico numeradas de la primera a la más reciente. Hoy aquí
comparto una, la que trata sobre George Best, sólo para mostrar la extensión y
el tono que he dado al conjunto:
“A George Best (Belfast, Irlanda del Norte, 1946-Londres, 2005) se le recuerda con frecuencia por dos frases que gustan en función de su cinismo tabernario: ‘Gasté un montón de dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto simplemente lo malgasté’, y ‘En 1969 dejé las mujeres y la bebida. Fueron los peores 20 minutos de mi vida’. Por la malicia, pese a su machismo, parecen de Wilde, pero más allá de las boutades, Best fue, según he podido leer y luego ver en YouTube, un jugador anómalo en su contexto. Husmear las repeticiones de sus gambetas y sus goles contradice la idea, por otro lado harto justificada, que tenemos del futbol practicado en el país que reglamentó este juego: físico, veloz, directo, duro y sin muchos arabescos. Best, entonces, avanzaba en contra de la inercia, pues driblaba, inventaba jugadas y resolvía frente a los palos con quiebres y disparos que delataban más creatividad que reciedumbre. La época y el lugar de su gloria fueron propicios para que pareciera un quinto beatle, y la suerte de ser ‘carita’, como decimos en México, le permitió asemejarse en algo a Paul McCartney incluso en aquello de las patillazas. Anotó más de 250 goles”.
35. Rooney
Más de 350 goles entre clubes y selección fue la cosecha anotadora de Wayne Rooney (Liverpool, Inglaterra, 1985), el último enfant terrible del futbol inglés. La cara de bebé en conjunción con su aguerrida manera de jugar lo aproximaban a la figura del muñeco diabólico. Tener a Rooney en sus filas, como por muchos años lo tuvo el Manchester United, era contar con un líder que gobernaba con el ejemplo: para él, ninguna pelota debía darse por perdida. Hay una repetición que ilustra como ninguna otra su brutal empuje, y es fácil encontrarla: jugaba para el D. C. United, en la MSL, y corrió para recuperar un balón que, salvo él, nadie más iría a buscar al filo del silbatazo final. Pero el pundonor no lo define en su totalidad, pues además de agallas y temperamento irreductible, tenía técnica para hacer goles. Las antologías de sus tantos permiten apreciar que logró muchos dignos del marco. Dos son los que más se le celebran: una chilena al ángulo y otro que me parece dechado de remate con la pelota en el aire, cuando soltó un seco derechazo con el empeine a casi treinta metros del arco rival. Fue un ídolo inglés.
martes, julio 14, 2026
34. Ronaldo
Una de las figuras que nunca faltan en, como le llaman, el top ten mundial, es la de Ronaldo Nazário de Lima (Río de Janeiro, Brasil, 1976), conocido también con un alias legítimo: el Fenómeno. Su carrera, vivida en los mejores equipos del planeta y la selección brasileña, sumó alrededor de 500 goles, muchos de ellos consumados en acciones con inaudito desarrollo. Su jugada más ordinaria era extraordinaria: tomaba la pelota en tres cuartos de cancha o luego de algún contragolpe, encaraba al defensor y a partir de allí era lo mismo que ver a un búfalo embistiendo, pero con agilidad de guepardo, es decir, con zigzagueante pericia para sortear al enemigo por izquierda, derecha o túnel; al quedar frente al portero se planteaba al menos cuatro o cinco posibilidades: eludir por izquierda, derecha, bombear, disparar entre las piernas o ceder a un compañero, todo a velocidad desconcertante. Por su tamaño y su tendencia al sobrepeso, parecía lento, aunque quizá gracias a la ley física de la inercia —un objeto pesado que ha adquirido velocidad es más difícil de frenar— pocos pudieron detenerlo. Es más que justo ubicarlo entre los diez de la historia, y acaso entre los cinco.
lunes, julio 13, 2026
33. Ronaldinho
Hablar de Ronaldinho produce alegría. Creo que no hay futbolista en el mundo con mayor carisma, el único que parece carecer de detractores (digo “parece” para precaverme de los claridosos que escarbarán en internet para encontrarlos). Quiero decir que es mayoritaria la opinión favorable sobre Ronaldo de Assis Moreira (Porto Alegre, Brasil, 1980) que la negativa. Casi todos los futboleros agradecemos su manera de jugar, acaso la más lúdica que en la historia hubo y habrá. Son innumerables las escenas de Dinho usando la pelota como lo que esencialmente es: un juguete. Durante algunos años, en la transición Maradona-Messi, el brasileño de la sonrisa eterna se apoderó de la magia y la renovó. Porque eso era, un artista que desaparecía el balón para sacarlo luego de la manga o la chistera convertida en regate, en pase, en gol. Anotó más de 300, muchos de ellos convertidos hoy en piezas de museo lo mismo que sus asistencias “sin ver” o sus elásticas a la velocidad de la luz. Brilló sobre todo en Barcelona y en su selección, y en México tuvimos el privilegio de tenerlo en Querétaro al final de su carrera. Ronaldinho es un digno comensal de la última cena.
sábado, julio 11, 2026
31. Rivelino
Todavía con indiferencia infantil, cuando entreabrí los ojos al futbol estaba aún fresco el Mundial de 1970. Un recuerdo muy borroso de aquellos años (que parecían siglos) es el de los nombres propios de los seleccionados que no vi porque era muy pequeño y no despertaban mi interés. No los vi, pero estaban en el aire, los mencionaban en todos lados. Uno de los más sonoros servía para identificar a un brasileño de bigote setentero, el mostachón que solían portar los militantes de izquierda en aquella época. Me refiero a Roberto Rivellino (Sao Paulo, Brasil, 1946) coctel en sí mismo de habilidad y potencia. Según se sabe, fue el modelo que Maradona imitó cuando era niño. No era difícil prendarse de su estilo. Una de sus jugadas típicas podría ser resumida así: tomaba la pelota unos diez o veinte metros afuera del área rival, la detenía, hipnotizaba al defensor, hacía la elástica (se dice que él la inventó), lo engañaba y se abría espacio para soltar un zurdazo en forma de raya hacia la portería. Anotó casi 250 goles, la mayoría con el Corinthians. Formó parte de la selección campeona del 70, la encabezada por Pelé. En México fue ídolo.
Pausa de hidratación
Entre
libro y libro de literatura y otras yerbas, por estos días metí a la lista de lecturas
en trámite un título recientemente conseguido: Cerrado por fútbol (Siglo XXI, 2017, 232 pp.), póstumo de Eduardo
Galeano (Montevideo, 1940-2015). Le traía ganas luego de insumir hace varios
años su clásico El futbol a sol y sombra
(1995), editado también por Siglo XXI. Los dos forman el corpus de la obra
futbolística, por así decirlo, de uno de los escritores más leídos de América
Latina, y no sólo se parecen en su tema y su armadura fragmentaria, sino en el
enfoque sustancial: ambos celebran el futbol y ambos remarcan la viscosidad de su manejo en las altas esferas dirigenciales de un deporte convertido desde hace
décadas en la droga más adictiva de la sociedad del espectáculo.
Como
Galeano, muchos acusamos una especie de vaivén al convivir con el futbol:
sabemos que su control es poco menos que una mierda, vemos a diario los
chanchullos que perpetra la cosa nostra
eufemísticamente denominada FIFA, conocemos o al menos intuimos los flecos
delictivos de su administración, pero aun así vivimos pendientes
de jugadores, equipos, torneos, partidos y resultados como si algo importante nos
fuera en ello, incluso con una pasión que no se manifiesta en el consumo de otras
golosinas mediáticas o en la puesta en práctica de creencias religiosas o
políticas. El futbol como negocio, lo sabemos, es una calamidad espesa de intereses vidriosos, pero con todo
y esto le somos leales, miramos a otro lado y seguimos encontrando justificaciones que nos consuelan del vicio incontrolable. Los Mundiales —como
el Mundial que en este momento atravesamos— son una oportunidad inmejorable para
quienes, porque suponemos tener un mínimo de autocrítica, atestiguamos en estos
días nuestra oscilación entre el amor y el odio.
Cerrado por fútbol es un título elocuente, revelador de adicción irreprimible. Se dice que el escritor uruguayo colocaba en la puerta de su casa, durante los torneos mundialistas, el letrero “Carrado por Mundial”, indicador de asueto. Establecía pues un lapso necesario para ver partidos, para mendigar belleza sobre la cancha. No parece haber tenido muchas esperanzas de éxito con la selección de su país —apodada la “garra charrúa”, una forma distinta de decir futbol con poca técnica y ultradefensivo—, pero su apetito se podía detener, dice, y no sin admiración, por cualquier otro equipo o jugador digno de merecer elogios por la calidad estética de su desempeño. Galeano, entonces, postergaba todo mientras los Mundiales organizados por una mafia orquestaban el suministro de droga en las pantallas.
El
libro fue organizado luego de la muerte de Galeano. Carlos E. Díaz reunió
textos dispersos en revistas, diarios y libros para armar el segundo libro
futbolero del también autor de Las venas
abiertas de América Latina (1971). Contiene una explicación sobre lo
anterior del mismo Díaz, y también una especie de prólogo del periodista deportivo
Ezequiel Fernández Moores, quien en alguno de sus párrafos sostiene que la de
Galeano por el futbol “era una pasión ‘sin talibanismos’, aunque sí con
desesperación por el buen juego”.
Al
final de su amplia presentación, Fernández Moores cita a Galeano en un párrafo
que transparenta bien la idea general del uruguayo en torno al futbol: “Pero
también escribió de fútbol porque el fútbol, decía siempre, ‘es el espejo del
mundo y en mis libros yo me ocupo de la realidad’. Para este libro
redescubrimos uno de los textos en los que mejor explicó su amor por el fútbol.
Lo invitaron en 1997 a abrir un congreso de deportes en Copenhague. ‘¿Qué
pasión popular no es objeto de manipulación?’, preguntó a sociólogos, médicos,
intelectuales y periodistas, muchos de ellos excesivamente escandalizados, como
si la corrupción en el deporte ‘puro y noble’ fuera algo de otro mundo. ‘¿Existe
algo que no sea negocio?’, insistía Galeano. Le hablaba al Primer Mundo Democrático.
‘El norte y el sur jamás se miden en igualdad de condiciones, ni en el fútbol
ni en nada, por muy democrático que el mundo diga ser’. Y pese a todo, seguimos
celebrando el fútbol. Porque ‘las emociones colectivas —decía Eduardo— se hacen
fiesta compartida o compartido naufragio, y existen sin dar explicaciones ni
pedir disculpas”.
Tras
las prefaciones vienen en cadena los textos recuperados de Galeano sobre futbol. Son muchos apuntes breves (algunos brevísimos), una entrevista, el discurso
ya mencionado de Copenhague y una tanda como de cuatro ensayos algo más desarrollados.
El género que destaca es, por denominarlo de algún modo, el de la estampa: el
autor toma una anécdota y la convierte es pequeño relato (de no más de una página
cada uno) para mostrar alguna de las innumerables marcas que el futbol deja en
la vida privada y pública de jugadores y espectadores, todos (los textos)
atravesados por la mirada crítica/conmovida del autor.
No será el libro fundamental de Galeano, pero es atendible por la agudeza del autor al observar las gestas menores y mayores de un deporte cuya grandeza en la práctica es inversamente proporcional a la miseria de sus turbios administradores, de ahí el pendular amor/odio mencionado hace tres o cuatro párrafos. Puede ser leído entonces como “pausa de hidratación” autocrítica mientras se dan los partidos de cierre en el Mundial 2026.
viernes, julio 10, 2026
30. Recoba
Al futbolista uruguayo que más he admirado por su espléndida manera de jugar y principalmente por sus golazos es Álvaro Recoba (Montevideo, Uruguay, 1976). Su friolera de anotaciones, alrededor de 150, corresponde a la de un mediocampista con buena llegada al arco, pero más allá de la cantidad, la calidad, sobre todo, de sus disparos desde fuera del área es lo más parecido a un lanzador de misiles en acción sobre las canchas de futbol. El Chino, como le apodaron por sus ojos rasgados y su pelo de cantante pop coreano, tenía mira telescópica: donde ponía el ojo, ponía el torpedo. Sus mejores tantos fueron disparos de treinta o cuarenta metros, riatazos que delataban a un pateador perfecto. Tenía, por supuesto, otras habilidades, como hacer pases filtrados, tirar paredes y driblar con solvencia, como se puede apreciar en un gol maradonesco urdido con la camiseta del Nacional en el estadio más importante de la capital uruguaya: en el video se ve que recoge la pelota en el área de su equipo y elude rivales hasta llegar a las narices de arquero para también esquivarlo y luego embutir inmisericordemente el balón en la portería. Fue un futbolista carente de goles feos.
jueves, julio 09, 2026
29. Raúl
No es muy recordado, los jóvenes creo que ni lo conocen, pero Raúl González Blanco (Madrid, España, 1977) ha sido un goleador harto importante para el Real Madrid, club en el que desahogó la mayor parte de su carrera. Más de 400 goles lucen en su hoja de servicios, una cantidad que lo destaca como figura en una de las épocas más prolíficas en logros para los Merengues, donde consiguió todo. Hay rematadores que se caracterizan por un tipo de gol, a lo mucho dos, y esto es lógico, pues no es posible aglutinar todas las destrezas en un solo delantero. Raúl era un atacante con tantos recursos que su abanico de goles se reparte casi por igual en remates de un toque como acompañante de quien centra, cabezazos, vaselinas, disparos de lejos, voleas, palomitas, todo. Ver sus tantos es verificar que Raúl era un delantero polimorfo, imposible de anular porque fue de aquellos que anotaban sin ver, con la portería tatuada en la cabeza como si tuviera un GPS biológico. Vivió una época dorada del Real Madrid, aunque decir esto en realidad no dice gran cosa, pues casi todas las épocas de tal equipo admiten el susodicho adjetivo: doradas.
miércoles, julio 08, 2026
28. Platini
El físico ideal del futbol no existe. Son las facultades innatas, el entrenamiento y un poco la suerte los que determinan la eficacia de un jugador más allá de su carrocería. El caso de Michel François Platini (Jœuf, Francia, 1955) es ejemplar. Era delgado, no muy alto, de facha nada impresionante. Cuando usaba la media caída y la camisa desfajada añadía a su pinta un desgarbo que no permitía imaginarlo como lo que fue en su desempeño sobre las canchas. La elegancia de su futbol, su visión de campo, su liderazgo, su orden táctico y otras tantas virtudes eran napoleónicas. No era el más rápido ni el más fuerte, pero cuando la pelota llegaba a sus botines levantaba la cabeza y organizaba todo, era un jugador pensante. Se trataba entonces de un director de orquesta, un mediocampista con batuta, un 10 clásico. Lo suyo fue marcar el compás, distribuir balones, filtrar pases de gol. Pese a que no estaba obligado a destacarse como anotador, alcanzó una suma de tantos nada desdeñable: más de 350. Le tocó una buena época para el futbol francés, colegas de inmensa calidad como Giresse y Tigana, pero la fortuna no lo acompañó en los mundiales.
Trump une al mundo
“Durante
nuestra conversación, le expliqué que había un proceso legal en curso en el que
participaban los órganos judiciales independientes de la FIFA y que el caso
sería resuelto a su debido tiempo por los órganos competentes. Así es como
funciona el sistema de la FIFA, y es un principio que siempre defenderé”,
fueron las palabras de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para explicar
lo que conversó con Donald Trump sobre el affaire
del jugador suspendido.
Salvo
quizá la famosa aparición de Videla en el vestidor de Perú en Argentina 78,
no recuerdo un caso más flagrante de injerencia/prepotencia política dentro del
futbol. Aquel, el del dictador argentino, por oscuro al menos detonó un debate
sobre sus verdaderas motivaciones, pero el de Trump perpetrado en estos días
fue tan flagrante que logró unir al mundo entero en su contra y, lo peor, en
contra de la selección yanqui.
Como
sabemos, Trump expuso que no le gustó una decisión arbitral y con la desfachatez
de la que siempre goza gracias a su poder y su estúpido cinismo, decidió
echarla abajo. Llamó al mandamás de la FIFA y se esfumó la sanción al delantero
penalizado. El déspota no dudó luego en expresar abiertamente, en rueda de
prensa, que él sabe de deportes y que le pareció excesivo el castigo contra su
compatriota. Por supuesto, logró torcer el reglamento de la FIFA, amoldarlo a
sus intereses.
Citada
al inicio, la respuesta de Infantino fue ambigua. Como no podía recular frente
al tirano que hoy regentea la Casa Blanca, envió la dinamita encendida hacia
unos “órganos judiciales independientes de la FIFA” que se encargarán de
dirimir, en un futuro abstracto, lo que proceda, que obviamente no será nada,
pues esos órganos “independientes” son un tribunal, en caso de que exista,
más dependiente de la FIFA que una parroquia del Vaticano.
Por
supuesto que Trump inmiscuido en un asunto futbolístico no da para mucho más
que lo simbólico, es uno más de sus gestos de prepotencia idiota, pero en este caso
es significativo por evidente y fácil de leer para el gran público: así como maniobró para
“persuadir” a la FIFA (¡a la FIFA!, que representa el autoritarismo total),
igual opera contra países con aranceles, guerras, deportaciones, invasiones y mentiras sin
coto.
Lo bueno es que Bélgica lo ridiculizó con un impiadoso 4-1 y la parodia del bailecito tonto.
domingo, julio 05, 2026
25. Messi
Resulta muy difícil negar que Lionel Messi (Rosario, Argentina, 1987) es el mejor futbolista de la historia. No tiene todos los récords en su poder, pero sí varios que, apiñados, muestran un dominio apabullante de la estadística. Claro que por encima de su nombre sólo asoman los de Pelé y Maradona, a veces el de Cristiano Ronaldo, pero ni así es sencillo marginarlo de la cúspide. Más allá de las disputas bizantinas, lo innegable es que Messi es un jugador dotado de facultades inverosímiles pese a su apariencia de frágil. Todo en él es técnica, rapidez y precisión, agilidad milimétrica para hacer siempre la jugada correcta con la exactitud de un reloj. Las miles de repeticiones en video de su futbol exhiben la mecanización de movimientos que desbordan lo creíble. A Messi se le puede estudiar en un laboratorio, pero ni así es posible frenarlo, pues la capacidad de sus rivales no alcanza para anticiparlo. Lo he visto partidos completos en los que casi inevitablemente hace uno o dos goles; es lo de menos, aunque parezca raro decir esto. Lo de más es comprobar que nunca (el adverbio aquí no es hiperbólico) se equivoca. Es un futbolista inhumano, demasiado inhumano.
sábado, julio 04, 2026
24. Maradona
Diego Armando Maradona Franco (Lanús, 1960-Dique Luján, Argentina, 2020) sería su nombre completo si en su país solieran usar ambos apellidos. Entre la selección y los clubes sumó poco más de 350 goles, una cifra nada ninguneable si consideramos que lo suyo era armar ataques y asistir, no tanto anotar. Es para muchos —me cuento entre ellos— el futbolista más técnico de la historia. Pasó al menos treinta años compartiendo la cima con Pelé como mejor jugador de todos los tiempos, pero en las últimas dos décadas se ha formado un trío que prorratea las opiniones al añadir a Lionel Messi. Los maradonianos no ceden: su ídolo dejó la videoteca nutrida de acciones y anécdotas que peculiarizan a Diego como figura esencial del futbol, tanto que ya es y seguirá siendo el jugador más estimulante como tema de escritura literaria y periodística. Nacido en extrema desventaja, emergió de la Nada para convertirse en algo más que un futbolista: un amado-odiado semidiós. ¿Y cuáles fueron sus virtudes sobre el rectángulo verde? Es posible comprimir la respuesta en una sola palabra: todas. Todas a un grado, además, superlativo. Por esto los maradonianos no ceden, no cedemos: es el mejor que vimos jugar.
jueves, julio 02, 2026
22. Lineker
Gary Lineker (Leicester, Inglaterra, 1960) fue un rematador inglés clásico de goles ingleses clásicos: de cabeza a centros largos. Sumó en su carrera cerca de 300, diez en Mundiales. Sabemos que fue el máximo anotador en México 86. Él mismo ha dicho que anotó “el gol que nadie recuerda”, pues lo hizo (de cabeza) en el Inglaterra contra Argentina cuando su equipo iba 2-0 abajo debido a los célebres tantos de Maradona. El equipo donde figuró fue el Leicaster, de su ciudad natal. Vistió dos famosas playeras: la del Barcelona y la del Tottenham Hotspur, donde tuvo buen desempeño. Era un jugador de toda el área, sobre todo de la chica, pues como rematador de testa era fiel a la costumbre británica del anticipo a los defensores y al arquero durante los centros a la olla. Un recuerdo que de él conservo intacto corresponde a cierto pasaje de su vida, cuando anotó su sexto gol en el partido contra la Argentina; me sentí mal porque con ese tanto rompió el empate a cinco goles que en aquel momento mantenía con Maradona, lo que a la postre le granjeó el liderato en la tabla de goleo en el segundo Mundial mexicano.





















