Su cuota goleadora no fue
grande, apenas rebasó los 150 tantos, una cifra de todos modos muy decorosa
para la función que desempeñaba en el campo. Fue un 10 puro, quizá el más
clásico de los que han ocupado su posición, tanto que de haber sido urbe, a Zinedine
Zidane (Marsella, Francia, 1972) le hubiera tocado ser distribuidor vial: en el
centro de la cancha hacía fluir las acciones para todos lados. En América sólo
recuerdo el caso aproximado de Riquelme, parecido incluso por la estatura en
apariencia poco adecuada para jugar con elegancia y eficacia. Otros parecidos fueron
Platini e Iniesta, futbolistas con el don de tener el mapa de la cancha
cadriculado en la mente. Uno de los elogios más precisos dirigidos al marsellés
lo hizo Valdano en el Mundial de 1998: jugaba Francia y opinó que en las
escuelas de futbol “debían abrir las materias Zindane I y Zidene II”, pues, en
efecto, la función de Zizu era una
cátedra permanente de ubicación y correcta toma de decisiones. Y más allá de su
capacidad como cerebro, consumó goles espectaculares. El anotado de volea con
el Real Madrid (todos lo vimos) fue para enmarcarse o esculpirse. Impresionante
jugador.
lunes, julio 20, 2026
40. Zidane
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