sábado, julio 25, 2026

Soñemos de pie













Fernando Fabio Sánchez ha publicado el primer comentario sobre Prohibido soñar de pie (Ficticia Editorial, México, 2026, 200 pp.), mi más reciente libro de cuentos. Se lo agradezco mucho, pues todo ayuda a dar visibilidad a la escritura que nace en estos tiempos sin mucha esperanza de llegar a los lectores hoy pulverizados es intereses infinitos. La reseña de Fernando apareció en tres entregas/semanas de su columna 30-30, publicada desde hace varios años en el diario Milenio Laguna. Agradezco su generosa opinión y aprovecho que me permitió compartirla aquí para anunciar que el libro está a merced de quien guste en la cadena Gandhi, las librerías del FCE y, en Torreón, en la Cafebrería La Tinta (Morelos 559 poniente).

Este es el comentario de Fernando:

Soñemos de pie

I

Se dice que las primeras líneas de un libro determinan si un lector continuará leyendo la obra que comienza.

Es posible que así sea.

Las primeras líneas se parecen al primer saludo entre dos desconocidos, a la primera mirada de los amantes o a la primera impresión en una entrevista de trabajo.

La importancia de las primeras líneas es antigua. La novela inaugural de nuestra tradición es tan famosa como su entrada: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”.

Si queremos ir más atrás, remontémonos al siglo VIII a.n.e., para escuchar el inicio de La Odisea: “Cuéntame de aquel hombre complicado, Musa. Cuéntame cómo erró y se extravió después de asolar la sagrada Troya” (traducción al español de la versión de Emily Wilson).

O si deseamos ir todavía un poco más atrás, leemos en el Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

Las primeras líneas son una fórmula. Nos introducen en el espacio, el tiempo o la lógica de un nuevo universo.

Son, también, un adelanto cifrado de la obra, un pacto que establece estilo, ritmo e intensidad.

No son las de sintaxis más sofisticada, las más líricas o cargadas de simbolismo.

Algunas son secas, con lenguaje directo y simple. Su fuerza consiste en definir un tema de gran importancia o trazar el inicio de una acción irrevocable.

Aunque su magnetismo es misterioso, quizá incuantificable, basta una buena primera línea para sembrar el deseo de leer cientos, miles de páginas.

No todos los libros tienen la fortuna de contar con una primera línea de antología. 

Pero, en algunos casos, la entrada es tan agraciada que acumula múltiples significados.

Tal es el caso del libro más reciente de Jaime Muñoz Vargas, Prohibido soñar de pie (Ficticia Editorial, México, 2026, 200 pp.).

Se trata de una colección de 15 cuentos que “permiten acceder a las numerosas lastimaduras que presupone la existencia”.

La primera pieza navega en siglos de tradiciones literarias.

Se titula “Microrrelato total”. Lo incluyo íntegro a continuación.

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme y en medio del camino de la vida, errante me encontré en una selva oscura cuando frente al pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía recordó aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo a él, que sólo deseaba confesar que vino a Comala porque le dijeron que acá vivía su padre, un tal Pedro Páramo, declaración expresada la candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, apenas poco después de que Gregorio Samsa despertó convertido en un escarabajo, preguntando como loco, a gritos y con una pena extraordinaria, ¿en qué momento se jodió el Perú?”.

Este relato nos prepara para entrar en Prohibido soñar de pie, un libro que, desde su primera línea, ya promete más de lo que anuncia, como veremos en la siguiente entrega.

II

La semana pasada leímos el inicio de Prohibido soñar de pie, el libro más reciente de Jaime Muñoz Vargas. Hoy recorreremos los primeros cuentos, pero sin revelar los finales.

El segundo cuento, “Irene Olavarría”, narra la relación entre Irene y la viuda de Arturo, con quien Irene compartió una relación de juventud.

Irene ha llegado a la empobrecida casa de Teresa para hacerse cargo de los libros publicados y no publicados del recién fallecido.

Según Arturo, quizá la terquedad vasca de Irene podrá “hacer algo con los libros”.

Así, se embarca en el proyecto de rescatar a Arturo de una doble muerte: la física y la literaria, acaso salvando también a Teresa en el proceso.

Tour en gris” es un cuento basado en una de las paradojas de México en cuanto a la difusión de la llamada “alta cultura”.

El protagonista-narrador viaja hacia la provincia norteña, acompañado de un chofer aficionado a la música de banda, para dar una charla literaria.

Los escenarios desolados, que espantan estéticamente al narrador, nos hacen sentir que ambos personajes se adentran en la nada.

Esa es la paradoja: nadie parece estar esperándolos y, aun así, el escritor va, apoyado por un programa estatal que debe difundir la cultura.

Del tema literario, llegamos al género de terror con “Dentro del cine”.

Aquí, Muñoz Vargas presenta a dos hermanos que filman una película, utilizando los elementos más oscuros de la realidad.

Quizá lo que produce terror en esta historia es exactamente el hecho de que los hermanos no deciden hacer arte, sino lucrar con la violencia social.

De aquí, volvemos al tema literario, pero ya contaminados por el cinismo.

En “Taller literario” encontramos a dos escritores muy diferentes. Uno parece tener la vida resuelta pero no tiene talento. El otro está en apuros, aunque escribir buenos libros le resulta un acto natural.

¿Qué es más importante? ¿El talento o la astucia comercial?

Hasta aquí, Prohibido soñar de pie ha presentado el problema de la profesionalización artística en un entorno que no parece reconocer ni recompensar tal esfuerzo.

El resultado es una serie de discordancias entre ejecutantes y su supuesta audiencia: el fracaso de escritores, pensadores y cineastas que soñaron con el “éxito” y cuyas expectativas se tornan ridículas ante un mundo que —irónicamente— no los categoriza de esa manera porque en realidad no los ve.

Este agotamiento lo encontramos en “Un día con Michelle”, que narra el episodio entre un tipo normal y la “novia” de su amigo.

El narrador-personaje debe acompañar a la influencer del fitness en Mazatlán como un favor al amigo, y no sabe si los deseos que siente por ella llegarán a cumplirse.

Es el mito de Tántalo, compartido por los personajes: tienen sed y ven el agua, pero no pueden beberla.

Encontramos a lo largo de las primeras cien páginas un realismo irónico y desencantado, cercano a Quevedo.

Jaime Muñoz Vargas reconoce esta influencia en el epígrafe del poeta del Siglo de Oro, que dice: “No sentí resbalar mudos los años/ hoy los lloro pasados, y los veo/ riendo de mis lágrimas y daños”.

Continuemos este recorrido por Prohibido soñar de pie. Quizá el verdadero tema del libro no sea la prohibición de soñar, sino la obstinación de seguir haciéndolo de pie.

III

En esta entrega concluiremos la reseña de Prohibido soñar de pie (Ficticia 2026) de Jaime Muñoz Vargas. Al entrar en la segunda parte del libro, reconocemos otros temas además del mundo literario.

Resalta el futbol en “Jugada de peligro” y “Un Maradona posible”. El segundo es el más futbolero —deporte que apasiona a Jaime y que ha sido una constante en su obra— y presenta una biografía hipotética del jugador argentino en México. Por lo mismo, también es el más borgeano del volumen.

“Jugada de peligro” nos lleva a una familia que, de pronto, se ve relacionada con algunos jugadores sudamericanos en La Laguna. Hay una reflexión sentimental sobre la manera en que la economía influye en las relaciones sociales.

Esta convergencia entre deporte y vida aparece también en “Después de las luchas”. El cuento ofrece uno de los motivos de la portada, en la que aparece una máscara de luchador reproducida en una tira de celuloide. La lucha libre es otro de los núcleos de la literatura de Jaime.

Luego, el libro se concentra en lo social. “En la orilla” y “Yo tengo tu dirección” nos hablan de la posible tragedia que puede estar anidada en la cotidianidad: un amigo de la juventud regresa completamente derrotado y un hombre cualquiera se enfrenta a la posibilidad de comprar un auto “chueco”, convirtiéndose quizá en un delincuente silencioso.

Llegamos entonces a tres cuentos sobre la masculinidad. “A tus brazos otra vez” es irónico y describe con detalles las experiencias íntimas de un personaje al que le han negado el amor.

En contraste, “Muchísimas gracias” adquiere una perspectiva nostálgica: el narrador nos cuenta cómo conoció a una mujer que reencuentra muchos años después, recordándonos a Cortázar y José Emilio Pacheco.

Y "Carta de Diana", que vuelve al mundo literario-académico: una especialista argentina ofrece un curso en una universidad lagunera y, entre la atracción y el respeto, la caballerosidad termina por imponerse.

El lector de esta columna ahora conoce catorce de los quince relatos de la colección.

Detectamos temas en común: la literatura y el arte como modo de existencia, el futbol, las luchas, el crimen, el realismo, la tentación del éxito y el fracaso.

Pero el libro nos reserva algunas victorias. Son pequeñas, acaso sentimentales nada más, aunque lo suficientemente poderosas como para restablecer la dignidad de los sueños y la vida.

No todo es frustración en estos cuentos que se desarrollan en la Comarca Lagunera, haciendo del desierto un universo.

Jaime Muñoz Vargas también triunfa por medio de su prosa: rítmica, muy rica y llena de humor. Y dedica el volumen a Saúl Rosales Carrillo, reconociendo su tradición e impulsándola.

Al final, nos revela que el hacer es en realidad juego. “Monotonía de las vueltas” dice: “Cuando el Hombre Araña se avecindó en Torreón, vio con tristeza que para tender su prodigiosa telaraña solo contaba con el edificio Monterrey. Allí murió, viejo y aburrido, dando vueltas como si fuera un monótono volador de Papantla”.

Prohibido soñar de pie de Jaime Muñoz Vargas es un libro que nos enseña a reír de pie y a soñar todavía, aunque el mundo no dé para más.