Fernando
Fabio Sánchez ha publicado el primer comentario sobre Prohibido soñar de pie (Ficticia Editorial, México, 2026, 200 pp.),
mi más reciente libro de cuentos. Se lo agradezco mucho, pues todo ayuda a dar
visibilidad a la escritura que nace en estos tiempos sin mucha esperanza de
llegar a los lectores hoy pulverizados es intereses infinitos. La reseña de
Fernando apareció en tres entregas/semanas de su columna 30-30, publicada desde hace
varios años en el diario Milenio Laguna.
Agradezco su generosa opinión y aprovecho que me permitió compartirla aquí para anunciar que el libro
está a merced de quien guste en la cadena Gandhi, las librerías del FCE y, en
Torreón, en la Cafebrería La Tinta (Morelos 559 poniente).
Este es el comentario de Fernando:
Soñemos de pie
I
Se
dice que las primeras líneas de un libro determinan si un lector continuará
leyendo la obra que comienza.
Es
posible que así sea.
Las
primeras líneas se parecen al primer saludo entre dos desconocidos, a la
primera mirada de los amantes o a la primera impresión en una entrevista de
trabajo.
La
importancia de las primeras líneas es antigua. La novela inaugural de nuestra
tradición es tan famosa como su entrada: “En un lugar de la Mancha, de cuyo
nombre no quiero acordarme”.
Si
queremos ir más atrás, remontémonos al siglo VIII a.n.e., para escuchar el
inicio de La Odisea: “Cuéntame de
aquel hombre complicado, Musa. Cuéntame cómo erró y se extravió después de
asolar la sagrada Troya” (traducción al español de la versión de Emily Wilson).
O
si deseamos ir todavía un poco más atrás, leemos en el Génesis: “En el
principio creó Dios los cielos y la tierra”.
Las
primeras líneas son una fórmula. Nos introducen en el espacio, el tiempo o la
lógica de un nuevo universo.
Son,
también, un adelanto cifrado de la obra, un pacto que establece estilo, ritmo e
intensidad.
No
son las de sintaxis más sofisticada, las más líricas o cargadas de simbolismo.
Algunas
son secas, con lenguaje directo y simple. Su fuerza consiste en definir un tema
de gran importancia o trazar el inicio de una acción irrevocable.
Aunque
su magnetismo es misterioso, quizá incuantificable, basta una buena primera
línea para sembrar el deseo de leer cientos, miles de páginas.
No
todos los libros tienen la fortuna de contar con una primera línea de
antología.
Pero,
en algunos casos, la entrada es tan agraciada que acumula múltiples
significados.
Tal
es el caso del libro más reciente de Jaime Muñoz Vargas, Prohibido soñar de pie (Ficticia Editorial, México, 2026, 200 pp.).
Se
trata de una colección de 15 cuentos que “permiten acceder a las numerosas
lastimaduras que presupone la existencia”.
La
primera pieza navega en siglos de tradiciones literarias.
Se
titula “Microrrelato total”. Lo incluyo íntegro a continuación.
“En
un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme y en medio del camino
de la vida, errante me encontré en una selva oscura cuando frente al pelotón de
fusilamiento el coronel Aureliano Buendía recordó aquella tarde remota en que
su padre lo llevó a conocer el hielo a él, que sólo deseaba confesar que vino a
Comala porque le dijeron que acá vivía su padre, un tal Pedro Páramo,
declaración expresada la candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo
murió, apenas poco después de que Gregorio Samsa despertó convertido en un
escarabajo, preguntando como loco, a gritos y con una pena extraordinaria, ¿en
qué momento se jodió el Perú?”.
Este
relato nos prepara para entrar en Prohibido
soñar de pie, un libro que, desde su primera línea, ya promete más de lo
que anuncia, como veremos en la siguiente entrega.
II
La
semana pasada leímos el inicio de Prohibido
soñar de pie, el libro más reciente de Jaime Muñoz Vargas. Hoy recorreremos
los primeros cuentos, pero sin revelar los finales.
El
segundo cuento, “Irene Olavarría”, narra la relación entre Irene y la viuda de
Arturo, con quien Irene compartió una relación de juventud.
Irene
ha llegado a la empobrecida casa de Teresa para hacerse cargo de los libros
publicados y no publicados del recién fallecido.
Según
Arturo, quizá la terquedad vasca de Irene podrá “hacer algo con los libros”.
Así,
se embarca en el proyecto de rescatar a Arturo de una doble muerte: la física y
la literaria, acaso salvando también a Teresa en el proceso.
“Tour en gris” es un cuento basado en una
de las paradojas de México en cuanto a la difusión de la llamada “alta
cultura”.
El
protagonista-narrador viaja hacia la provincia norteña, acompañado de un chofer
aficionado a la música de banda, para dar una charla literaria.
Los
escenarios desolados, que espantan estéticamente al narrador, nos hacen sentir
que ambos personajes se adentran en la nada.
Esa
es la paradoja: nadie parece estar esperándolos y, aun así, el escritor va,
apoyado por un programa estatal que debe difundir la cultura.
Del
tema literario, llegamos al género de terror con “Dentro del cine”.
Aquí,
Muñoz Vargas presenta a dos hermanos que filman una película, utilizando los
elementos más oscuros de la realidad.
Quizá
lo que produce terror en esta historia es exactamente el hecho de que los
hermanos no deciden hacer arte, sino lucrar con la violencia social.
De
aquí, volvemos al tema literario, pero ya contaminados por el cinismo.
En
“Taller literario” encontramos a dos escritores muy diferentes. Uno parece
tener la vida resuelta pero no tiene talento. El otro está en apuros, aunque
escribir buenos libros le resulta un acto natural.
¿Qué
es más importante? ¿El talento o la astucia comercial?
Hasta
aquí, Prohibido soñar de pie ha
presentado el problema de la profesionalización artística en un entorno que no
parece reconocer ni recompensar tal esfuerzo.
El
resultado es una serie de discordancias entre ejecutantes y su supuesta
audiencia: el fracaso de escritores, pensadores y cineastas que soñaron con el
“éxito” y cuyas expectativas se tornan ridículas ante un mundo que
—irónicamente— no los categoriza de esa manera porque en realidad no los ve.
Este
agotamiento lo encontramos en “Un día con Michelle”, que narra el episodio
entre un tipo normal y la “novia” de su amigo.
El
narrador-personaje debe acompañar a la influencer
del fitness en Mazatlán como un favor al amigo, y no sabe si los deseos que
siente por ella llegarán a cumplirse.
Es
el mito de Tántalo, compartido por los personajes: tienen sed y ven el agua,
pero no pueden beberla.
Encontramos
a lo largo de las primeras cien páginas un realismo irónico y desencantado,
cercano a Quevedo.
Jaime
Muñoz Vargas reconoce esta influencia en el epígrafe del poeta del Siglo de
Oro, que dice: “No sentí resbalar mudos los años/ hoy los lloro pasados, y los
veo/ riendo de mis lágrimas y daños”.
Continuemos
este recorrido por Prohibido soñar de pie.
Quizá el verdadero tema del libro no sea la prohibición de soñar, sino la
obstinación de seguir haciéndolo de pie.
III
En
esta entrega concluiremos la reseña de Prohibido
soñar de pie (Ficticia 2026) de Jaime Muñoz Vargas. Al entrar en la segunda
parte del libro, reconocemos otros temas además del mundo literario.
Resalta
el futbol en “Jugada de peligro” y “Un Maradona posible”. El segundo es el más
futbolero —deporte que apasiona a Jaime y que ha sido una constante en su obra—
y presenta una biografía hipotética del jugador argentino en México. Por lo
mismo, también es el más borgeano del volumen.
“Jugada
de peligro” nos lleva a una familia que, de pronto, se ve relacionada con
algunos jugadores sudamericanos en La Laguna. Hay una reflexión sentimental
sobre la manera en que la economía influye en las relaciones sociales.
Esta
convergencia entre deporte y vida aparece también en “Después de las luchas”.
El cuento ofrece uno de los motivos de la portada, en la que aparece una
máscara de luchador reproducida en una tira de celuloide. La lucha libre es
otro de los núcleos de la literatura de Jaime.
Luego,
el libro se concentra en lo social. “En la orilla” y “Yo tengo tu dirección”
nos hablan de la posible tragedia que puede estar anidada en la cotidianidad:
un amigo de la juventud regresa completamente derrotado y un hombre cualquiera
se enfrenta a la posibilidad de comprar un auto “chueco”, convirtiéndose quizá
en un delincuente silencioso.
Llegamos
entonces a tres cuentos sobre la masculinidad. “A tus brazos otra vez” es
irónico y describe con detalles las experiencias íntimas de un personaje al que
le han negado el amor.
En
contraste, “Muchísimas gracias” adquiere una perspectiva nostálgica: el
narrador nos cuenta cómo conoció a una mujer que reencuentra muchos años
después, recordándonos a Cortázar y José Emilio Pacheco.
Y
"Carta de Diana", que vuelve al mundo literario-académico: una
especialista argentina ofrece un curso en una universidad lagunera y, entre la
atracción y el respeto, la caballerosidad termina por imponerse.
El
lector de esta columna ahora conoce catorce de los quince relatos de la
colección.
Detectamos
temas en común: la literatura y el arte como modo de existencia, el futbol, las
luchas, el crimen, el realismo, la tentación del éxito y el fracaso.
Pero
el libro nos reserva algunas victorias. Son pequeñas, acaso sentimentales nada
más, aunque lo suficientemente poderosas como para restablecer la dignidad de
los sueños y la vida.
No
todo es frustración en estos cuentos que se desarrollan en la Comarca Lagunera,
haciendo del desierto un universo.
Jaime
Muñoz Vargas también triunfa por medio de su prosa: rítmica, muy rica y llena
de humor. Y dedica el volumen a Saúl Rosales Carrillo, reconociendo su
tradición e impulsándola.
Al
final, nos revela que el hacer es en realidad juego. “Monotonía de las vueltas”
dice: “Cuando el Hombre Araña se avecindó en Torreón, vio con tristeza que para
tender su prodigiosa telaraña solo contaba con el edificio Monterrey. Allí
murió, viejo y aburrido, dando vueltas como si fuera un monótono volador de
Papantla”.
Prohibido soñar de pie de Jaime Muñoz Vargas es un libro que nos enseña a reír de pie y a soñar todavía, aunque el mundo no dé para más.

