No es muy recordado, los jóvenes creo que ni lo conocen, pero Raúl González Blanco (Madrid, España, 1977) ha sido un goleador harto importante para el Real Madrid, club en el que desahogó la mayor parte de su carrera. Más de 400 goles lucen en su hoja de servicios, una cantidad que lo destaca como figura en una de las épocas más prolíficas en logros para los Merengues, donde consiguió todo. Hay rematadores que se caracterizan por un tipo de gol, a lo mucho dos, y esto es lógico, pues no es posible aglutinar todas las destrezas en un solo delantero. Raúl era un atacante con tantos recursos que su abanico de goles se reparte casi por igual en remates de un toque como acompañante de quien centra, cabezazos, vaselinas, disparos de lejos, voleas, palomitas, todo. Ver sus tantos es verificar que Raúl era un delantero polimorfo, imposible de anular porque fue de aquellos que anotaban sin ver, con la portería tatuada en la cabeza como si tuviera un GPS biológico. Vivió una época dorada del Real Madrid, aunque decir esto en realidad no dice gran cosa, pues casi todas las épocas de tal equipo admiten el susodicho adjetivo: doradas.

