“Durante
nuestra conversación, le expliqué que había un proceso legal en curso en el que
participaban los órganos judiciales independientes de la FIFA y que el caso
sería resuelto a su debido tiempo por los órganos competentes. Así es como
funciona el sistema de la FIFA, y es un principio que siempre defenderé”,
fueron las palabras de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, para explicar
lo que conversó con Donald Trump sobre el affaire
del jugador suspendido.
Salvo
quizá la famosa aparición de Videla en el vestidor de Perú en Argentina 78,
no recuerdo un caso más flagrante de injerencia/prepotencia política dentro del
futbol. Aquel, el del dictador argentino, por oscuro al menos detonó un debate
sobre sus verdaderas motivaciones, pero el de Trump perpetrado en estos días
fue tan flagrante que logró unir al mundo entero en su contra y, lo peor, en
contra de la selección yanqui.
Como
sabemos, Trump expuso que no le gustó una decisión arbitral y con la desfachatez
de la que siempre goza gracias a su poder y su estúpido cinismo, decidió
echarla abajo. Llamó al mandamás de la FIFA y se esfumó la sanción al delantero
penalizado. El déspota no dudó luego en expresar abiertamente, en rueda de
prensa, que él sabe de deportes y que le pareció excesivo el castigo contra su
compatriota. Por supuesto, logró torcer el reglamento de la FIFA, amoldarlo a
sus intereses.
Citada
al inicio, la respuesta de Infantino fue ambigua. Como no podía recular frente
al tirano que hoy regentea la Casa Blanca, envió la dinamita encendida hacia
unos “órganos judiciales independientes de la FIFA” que se encargarán de
dirimir, en un futuro abstracto, lo que proceda, que obviamente no será nada,
pues esos órganos “independientes” son un tribunal, en caso de que exista,
más dependiente de la FIFA que una parroquia del Vaticano.
Por
supuesto que Trump inmiscuido en un asunto futbolístico no da para mucho más
que lo simbólico, es uno más de sus gestos de prepotencia idiota, pero en este caso
es significativo por evidente y fácil de leer para el gran público: así como maniobró para
“persuadir” a la FIFA (¡a la FIFA!, que representa el autoritarismo total),
igual opera contra países con aranceles, guerras, deportaciones, invasiones y mentiras sin
coto.
Lo bueno es que Bélgica lo ridiculizó con un impiadoso 4-1 y la parodia del bailecito tonto.

