viernes, julio 03, 2026

23. Mágico








Le digo Mágico porque llamarlo por su nombre, Jorge Alberto González Barillas (San Salvador, El Salvador, 1958) casi no dice nada. El apodo, pues, fue la mejor manera de rebautizar al mejor jugador centroamericano de todos los tiempos. Aunque su posición no fue la de rematador final, su cosecha de goles alcanzó una cifra generosa: 232 tanto en clubes como en selección. Lo vi jugar por primera vez en aquellas eliminatorias para el Mundial 82, y de inmediato se veía que mandaba sobre la cancha. Así, sin mucho apoyo de sus compañeros, el Mágico lograba destacarse y crear llegadas de peligro, tanto que el gol decisivo de la clasificación salvadoreña se debió a un largo trote desarrollada gracias a sus mágicos botines: tomó la pelota antes del medio campo y emprendió la carrera hasta llegar al área, disparar, provocar un rechace del arquero mexicano y dejar servido el remate de gol. Tras el Mundial español, jugó para el Cádiz, donde se convirtió en ídolo. No lo aparentaba, pero tenía todo: toque, precisión, gambeta, control de balón, tiro y desfachatez. La repetición de sus acciones en el equipo gaditano son un lujo, la manera más rápida de confirmar su inusitada técnica.