En mayo de 2023 le acerqué en Buenos Aires mi libro Ojos en la sombra (Conaculta, 2015) a Víctor Hugo Morales, el relator que narró para la inmortalidad el gol del siglo anotado por Maradona el 22 de junio de 1986 en el estadio Azteca. Pocos días después, y como gesto de amistad, Víctor Hugo recomendó a su amigo y colega Alejandro Apo que leyera uno de los cuentos que contiene el libro en su programa de radio “Todo con afecto”. Apo no sólo leyó mi relato “Transmisión diferida”, sino que me entrevistó desde Buenos Aires exactamente el 8 de julio de 2023. Fue, la verdad, placentero recibir esa llamada y de paso escuchar mi cuento en la voz de un periodista que como nadie ha difundido en la radio argentina la literatura con tema futbolero. Pensé que el material de audio había quedado perdido, pero ahora lo encontré en el repositorio de Radio Nacional Argentina, y aquí comparto las ligas de la entrevista y del cuento.
lunes, marzo 02, 2026
sábado, febrero 28, 2026
La tiranía del merecimiento
Una versión abreviada y comentada de este texto fue expuesta como conferencia en la Cafebrería La Tinta, de Torreón, el 26 de febrero de 2026. La acompañé con algunas imágenes ad hoc, que aquí omito.
La tiranía del
merecimiento: un estudio de Paula Sibilia
Jaime
Muñoz Vargas
Hice
un experimento inocuo para convidar a esta exposición. Al difundirla, añadí una
frase a la invitación digital. “Serán bienvenidos los amigos y los enemigos”.
Contra lo habitual, que es invitar a los amigos, invitar a “los enemigos” es un
guiño cínico si queremos casi insignificante, pero no por ello raro, más si su lector
carga sobre la espalda cinco o seis décadas. ¿Qué pasó para que el cinismo
fuera admitido como valor convencional en un mundo que antes lo marginaba? ¿Por
qué ahora es posible exhibir frases o actitudes cínicas como maneras de
relacionarnos con los demás? Algo cambió, sin duda, para que un político cambie
de partido como quien cambia de camisa o para que una joven provinciana revele
con total desenfado su ascenso económico con la creación de “contenido para adultos”?
Pisamos un nuevo “suelo moral”, una mutación antropológica gigantesca que Paula
Sibilia (Buenos Aires, 1967) analiza en Yo
me lo merezco. De la vieja hipocresía a los nuevos cinismos (Taurus, 2024),
libro que comparto con agradecimiento en este sobrevuelo.
Radicada
en Brasil, Sibilia nació en Buenos Aires y vive en Río de Janeiro, donde es
docente de Estudios Culturales y Medios en la Universidad Federal Fluminense
(UFF) e investigadora de las agencias públicas brasileñas CNPq y FAPERJ. Su
producción ensayística aborda temas culturales contemporáneos bajo la
perspectiva genealógica, centrándose en las relaciones entre cuerpos,
subjetividades, tecnologías y manifestaciones mediáticas o artísticas. Estudió
las licenciaturas de Comunicación y Antropología en la Universidad de Buenos
Aires (UBA), una maestría en Comunicación (UFF), un doctorado en Comunicación
(UFRJ), otro en Salud Colectiva (UERJ), y posdoctorados en París VIII y la UBA.
Es autora de El hombre postorgánico
(2005), La intimidad como espectáculo
(2008) y Redes o paredes (2012).
En
Yo me lo merezco, la autora subraya
el cambio de “suelo moral” que nos hizo pasar de la etapa moderna a la era
actual, la del mundo digital. Señala que “La sociedad moderna se fundó bajo la
égida de un ‘contrato social’ imaginario, un pacto mítico firmado por todos los
ciudadanos de un determinado Estado nacional, que habría instaurado la
democracia representativa con sus dignísimas promesas de igualdad, libertad y
fraternidad entre los signatarios”. Para preservar su cohesión, la colectividad
moderna apeló a una normatividad estricta y a la hipocresía burguesa como
mecanismo de freno a las pulsiones individuales, aunque “las prácticas
inspiradas en esos reglamentos no lograban disfrazar sus fisuras, solían
estallar en serios dilemas morales, destilando un malestar que fue interpretado
como el inevitable precio a pagar por algo digno de cualquier sacrificio: la
civilización”. Una triada logró aherrojar los ímpetus del yo: “el sentimiento
de culpa, la represión de las pulsiones y el respeto a la ley”, lo que trajo, a
decir de Freud, el “malestar en la cultura”. Foucault la llamó “sociedad
disciplinaria”, y en ella participaban todos los colectivos y sus
reglamentaciones internas: la familia, la escuela, la iglesia, la fábrica, el
sindicato, el club, las leyes y demás.
Citado
por la autora, el mismo Foucault detectó a mediados de los setenta un astuto desplazamiento
del “control-represión” al “control-estimulación”, truco consistente en no
frenar las pulsiones individuales de libertad desatadas en los sesenta y
setenta, sino dejarlas ser pero canalizadas al consumo y la libertad individuales.
Rebasado por la insubordinación juvenil que demandaba acabar con las instituciones
burguesas “hipócritas” impuestas en dos siglos de dominación, el capitalismo,
sistema plástico si los hay, se reinventó con la llegada del neoliberalismo en
cuyo seno se asentó la satisfacción del deseo sin las trabas de la contención
defendida por la hipocresía burguesa. El individuo y su amplia carga de apetitos
pasó a escena para ser sobrestimulado y puesto de cara al mercado y al consumo:
si todo está disponible y hay libertad, no tengo límite, lo merezco todo.
La
libertad de tenerlo y merecerlo todo en el universo del consumo, sin más
cortapisa que la que uno se quiera imponer, permitió que florecieran “otras
yerbas”, hordas de seres (los nuevos cínicos) que “lo merecen todo” y
“desprecian los antiguos consensos acerca del bien común y la democracia,
mientras defienden libertades individuales estrictamente mercadológicas e
irrumpen con su irreverente violencia explícita en diversos ámbitos”. Tras el
paso de las herramientas analógicas a las digitales y la creación de las redes
sociales, “Ese entrenamiento en la diatriba rabiosa, sacándoles chispas a los
teclados desde sus trincheras anónimas, terminó siendo contagioso. En pocos
años, esas criaturas irascibles se reprodujeron insolentemente. (…) Con el
aliento que brinda el apoyo mutuo, se sintieron habilitadas a capitalizar la
(in)moralidad de los algoritmos para imponer sus insultos, memes, teorías
conspirativas, delirios pseudocientíficos y una agresiva descalificación de los
rivales”.
Yo me lo merezco
se divide en cuatro capítulos (“De la represión a la excitación”, “Del deber al
querer”, “De lo analógico a lo digital” y “De la hipocresía al cinismo”), a su
vez segmentados en trancos breves. Luego de explicar la mutación del “suelo
moral”, el paso del control-represión al control-estimulación y el
encumbramiento del sujeto que lo merece todo en el mercado y puede expresarse
como guste de lo que guste gracias a las redes, Sibilia apunta que en este
nuevo contexto “la felicidad se ha convertido en una meta indiscutible”. Los
medios digitales y los tradicionales exaltaron la búsqueda del goce individual
y promovieron la construcción del sujeto emprendedor. Allí, la felicidad
individual es “Tanto un derecho como una especie de ‘deber’ al cual nos
consagramos; una misión que, de no consumarse, delataría un fracaso humillante:
la incapacidad de ser felices”.
De
esa manera, “Tras las reformulaciones de la segunda mitad del siglo XX
empezaron a germinar desconsuelos imprevistos, frutos de una cultura que exalta
y persigue el goce individual, en vez de posponerlo en nombre de entidades colectivas
consideradas superiores o trascendentes. Hacer siempre y solamente lo que se
desea, fortaleciendo la autoestima en provecho del éxito personal, por ejemplo,
dejó de ser un pecado más o menos vergonzoso —asociado a la soberbia, la
vanidad o el egoísmo— para volverse una meta orgullosamente prioritaria”.
A
diferencia de las dinámicas actuales, la sociedad moderna entrañaba “insumos
tan valiosos como el honor, la lealtad, el compromiso mutuo, la austeridad, los
deberes cívicos, la rectitud moral y la constricción sexual. Preceptos como
esos operaban en áspera armonía bajo la tutela de una instancia superior, importantísimo
pilar de la esfera pública burguesa: el respeto” mediante el que “los sujetos
modernos fueron llevados a ‘interiorizar’ la disciplina que se les exigía,
promoviendo un obstinado autogobierno sobre sus actos. Eso los instaba a renunciar
a ciertos placeres y soportar el infortunio resultante de tal abdicación en
nombre de valores superiores como el bien común, la familia, el trabajo, la
patria o la democracia”. En este punto, la autora recuerda a Weber y La ética protestante y el espíritu del
capitalismo (1904-1905).
La
abdicación a las pulsiones íntimas tenía como centro la construcción de un yo
vigilante en el interior de la persona: “De modo que el verdugo más feroz no
era el Estado ni el padre de familia, tampoco las múltiples figuras jerárquicas
que comandaban las instituciones: profesores, directores, jefes, supervisores o
patrones. Ese papel quedaba a cargo del alma de cada cual en aquella sociedad ambiguamente
materialista. O bien, recurriendo a un concepto central para el psicoanálisis,
ese rol lo asumía el superyó de cada psiquismo”, de allí que “se angustiaban con
sus propios actos o deseos cuando estos se desviaban de la buena senda. Al autoevaluarse,
se sentían culpables por no estar a la altura y por no ser tan buenos o
normales como deberían. En consecuencia, temían la punición —considerada justa
por las supuestas mayorías y las ordenanzas comunes— de caer en alguna de las
terribles categorías de anormalidad. O sea, aquellas cristalizadas en el polo
negativo de clasificaciones binarias como correcto o incorrecto, moral o
inmoral, saludable o patológico, legal o criminal. (…) el superyó no daba
escapatoria”.
Sin
embargo, “Los jóvenes de los años 1960 y 1970 se movilizaron en varios países
de Europa y América para insurgirse contra ese ‘sistema’ considerado opresor y
autoritario, porque tendía a la normalización de los comportamientos y a la
asfixia de los deseos individuales”, y así “El dócil soterramiento de las
pulsiones ilícitas fue perdiendo sentido, así como la fabricación cotidiana de culpas
envueltas en añejos pudores. Cambiaron las reglas del juego, diversos corsés
ardieron en plazas públicas, cayeron varias rejas y se decretó la ilegitimidad
de (casi) cualquier prohibición”.
Tras
sacudirse el yugo de la hipocresía burguesa, los jóvenes tocaron la anhelada
libertad históricamente oprimida. En las décadas de los ochenta y noventa, “Los
ímpetus contestatarios de los rebeldes pronto serían secuestrados por los
renovados tentáculos del capital, que les sacarían provecho sin necesidad de
reprimirlos sino convirtiéndolos en el nuevo combustible de la maquinaria”, y
de ese modo “Los deseos dejaron de ser mal vistos y ahora se canalizan
productivamente, cebando sin nunca saciar la sed de dominación continua del
capital”.
Tan
fijo quedó el credo individualista de desear y conseguir todo, que se erigió el
“emprendedurismo” como dogma: “‘Fuera de la empresa económica, fuera del
trabajo productivo, fuera de los negocios, parece no haber ningún otro deseo,
ninguna vitalidad’, sintetiza Franco Berardi. El espíritu empresarial penetró
en todas las instituciones, incluso en el substrato molecular de las
subjetividades, capitalizando las energías vitales de modos cada vez más
generalizados y naturalizados, como si no hubiera ninguna alternativa a esa
cosmovisión mercantilista”,
El
problema de una sociedad que libera así los deseos y la búsqueda de
satisfacción a toda costa, es “no lograr ni siquiera acercarse a los altos
parámetros que se aspiran, con la consecuente estigmatización de quienes quedan
descalificados como perdedores o fracasados cuando sus tropiezos se vuelven
públicos, también se incuban resentimientos, aislamientos y violencias que
envenenan la cohesión social. La explosión puede quedar latente, pero va
incubándose y se presiente en todas partes”, “el ‘vicio’ de quererlo todo y la
pesadumbre de no poder casi nada”.
Una
buena cantidad de páginas dedica Sibilia al examen del uso que hacemos a los
aparatos de comunicación digital, sobre todo al celular y las redes. He
afirmado alguna vez algo que no dejo de pensar: el smartphone, por su portabilidad, es el aparato determinante, el más
revolucionario, en la configuración de la sociedad actual, así que merece
reflexión aparte, pues “intentan colmar los deseos de espectacularizarse para
lograr visibilidad y repercusión con la aduladora compañía de una multitud de ‘amigos’
o seguidores”. Lamentablemente, el celular impide asentar conocimientos, ideas,
experiencias: “cuando no se efectúan las operaciones capaces de sedimentar cada
experiencia, suspendiendo la multiplicación desenfrenada de flujos informáticos
y consumistas, cuando no se da lugar al pensamiento capaz de hilvanar algún
sentido, queda solo un exceso de estimulación que suele girar en el vacío y
ahogarnos en un sopor obnubilado”. En esta dinámica, hasta “El tiempo de
descanso está amenazado” y ya sólo falta que el mercado conquiste la
temporalidad del sueño, como lo comentó Jonathan Crary en su libro 24/7.
Lo
curioso es que son los mismos espacios digitales los que miden nuestro exceso y
recomiendan contención, obviamente sin lograrla: “el uso que solemos hacer de
los celulares o las redes sociales es siempre ‘excesivo’, ya que de eso se
trata, para eso se los inventó y con ese objetivo se fueron perfeccionando: es
así como funcionan (y nos hacen funcionar). Ese uso considerado desmedido, abusivo
o adictivo es precisamente el uso que esos dispositivos suponen, proponen y
estimulan. Esos artefactos son fruto de esta época, nuestra sociedad los
imaginó y los asimiló para ser usados compulsivamente” si no queremos caer en
el llamado FoMO, “fear of missing out” (“miedo a perderse algo”).
En
este escenario lleno de tentáculos que disputan nuestra atención, perdemos
además la idea de espaciotemporalidad tal y como la conocimos en la era
analógica. El trabajo, el descanso y todas las actividades humanas estaban
limitados a un espacio y a un tiempo determinados; con los aparatos digitales
de deslocalizó todo y perdió sus límites temporales, sobre todo el consumo,
como comprar a toda hora en línea o ver maratones de programas de series y
poder suspenderlas o acelerarlas a capricho, aunque “Al multiplicarse tanto las
opciones disponibles como las chances de concretarlas, aumenta también la lista
de deseos frustrados y, en consecuencia, la deuda que jamás logrará saldarse.
Entre otros motivos, porque termina siendo funcional al nuevo régimen: el
consumidor es, por definición, alguien insatisfecho; aunque su voracidad sea
constantemente excitada, nunca deberá colmarse”.
Sibilia
expone que en el escenario planteado al consumidor actual, “La publicidad,
género cínico por excelencia, encontró tierra fértil en esa subjetividad
liberada de la lógica represiva moderna y lanzada al torbellino del deseo
capitalizable. Tú puedes o Vos podés, dice el lema básico de
cualquier anuncio, sintonizando con el eufórico Yo quiero y el consecuente Yo
lo merezco del potencial consumidor. Yes,
you can, o bien Just do it, y todo así: puro estímulo, cero represión”.
En
sus afirmaciones finales, la antropóloga resume las implicancias de los dos
suelos morales, el moderno y el actual: “Las liberaciones que se dieron tras la
descompresión de los deberes disciplinarios son evidentes y muy bienvenidas,
pero hay un detalle: aquella contención limitadora que nos sacamos de encima
tenía un efecto centrípeto a nivel
colectivo, pues reprimía e inhibía las pulsiones propias y ajenas. Lo hacía en
nombre de valores considerados superiores y aglutinadores, como la ley, la
razón, la patria, la familia, el trabajo, inclusive el decoro y el ‘bien común’
encarnado en la civilización; la igualdad, la libertad, la fraternidad, la
democracia, etcétera. En cambio, los deseos que ahora brotan a borbotones en
este nuevo suelo moral detentan una vocación centrifuga, puesto que tienden a atomizar y polarizar generando
caos, rupturas y conflictos. (…) Al poner al yo en primer plano, se rechaza
cualquier límite a la libertad individual. El problema infernal como siempre,
pero ahora mucho más, son los otros, que siguen existiendo y también
reivindican su derecho a ser yo”, y concluye con una afirmación optimista pese
al panorama todavía más desolador que a mi parecer se nos abre en el futuro: “A
pesar de la desesperanza que este cuadro puede inspirar, vale recordar que
crisis profundas como la actual tienen una ventaja: corroboran que un universo
entero se puede desmoronar, por más sólido e inquebrantable que pudiera parecer
poco tiempo atrás, para dar a la luz a otra era histórica. Lo cual no deja de
ser una rara oportunidad”.
Aunque no se ve una luz de cambio en el fondo del túnel, aunque todos los signos del presente anuncien un futuro aún más negro, vale aprehender el párrafo final de Paula Sibilia en Yo me lo merezco: tomarlo como quien abraza una tabla en el naufragio para no morir de pesimismo en el preciso ahora.
miércoles, febrero 25, 2026
Vivir con filtros
La
semana pasada, mientras cundían memes y opiniones sesudas sobre los therians,
vi un corte de video que me dejó perplejo. En él, un tipo como de treinta años
era entrevistado en un estudio de los que ahora se usan para dialogar en la
modalidad de streaming. No es necesario
apuntar que el joven es sobrino de Salinas Pliego, pues da igual que haya sido
otro sujeto de los que hoy abundan como chancros para dictar cátedra sobre
cualquier tema. Interrogado por un entrevistador a todas luces falto de luces,
el joven soltó una afirmación digna de ser fijada en letras de oro sobre el
hemiciclo de la estupidez: si el gobierno imprime el dinero, por qué tiene que
cobrar impuestos y por qué mejor no imprime más.
Extrañamente,
el entrevistador no se desintegró de risa ni terminó el diálogo en ese punto. Más
bien se le dibujó una cara de asombro, como si la brillante idea del invitado
mereciera el interés que le concedemos a un especialista de la UNAM. Imprimir
más dinero para acabar con la falta de dinero. Excelente descubrimiento. Con
tal medida se puede incluso acabar con la pobreza: se echa a andar la máquina
de emitir y se arrojan monedas y billetes a la población como si fuera arroz
para los pollos. Caray.
La
multiplicación de espacios propiciada por internet es una bienvenida
democratización, es verdad, pero es evidente que esto provoca una suerte de
caos rizomático en el que da igual una noticia verdadera y confirmada que un
bulo (así les dicen los españoles a las fake
news), o da igual un dato apuntalado en el conocimiento que una estupidez
terraplanista. Dado que ahora la labor de una persona que desea informarse no
es buscar información, pues ésta abunda y llega por todos lados, el imperativo
es seleccionar, cribar, filtrar la información basura y la opinología que ni
siquiera ha pasado sus ojos por un libro y se basa sólo en la conjetura idiota,
exactamente como la del joven que propone imprimir más dinero para acabar con la
exigencia tributaria.
Recién sucedió el domingo eso de apoyarse en lo que sea para asir la realidad. En efecto, con la muerte del Mencho hubo razones para el miedo en el país, pero no para tragarse videos sancochados con inteligencia artificial. Tenemos que aprender a vivir con filtros, no engancharnos en cualquier mísero cuento audiovisual.
sábado, febrero 21, 2026
Error de cálculo
He escrito y publicado que la derecha que más puede influir en México, así sea como mera imitación autóctona, forma un triángulo cuyo centro geográfico es el Atlántico. Sus ángulos lo forman EUA, España y Argentina. El avance en esos países de líderes cargados hacia la carnicería postneoliberal ha dado como fruto la llegada de Trump y Milei a sus respectivos gobiernos, y en España ha significado el avance de una derecha rancia, retrógrada y violenta encabezada por el partido Vox, cuyo líder es Santiago Abascal, a quien dicho sea de paso ha asesorado el Yunque, buque insignia mexicano convertido pues en nuestro segundo producto de exportación facha luego del éxito logrado por los legionarios de Marcial Maciel, su chilesuelto fundador.
Las políticas adoptadas por Trump y Milei no dejan espacio a las dudas sobre su filo antipopular. Ante tales políticas podemos asumir dos posturas: que se impondrán a marrazos o que no se impondrán gracias a la oposición que generen. En ambos casos, creo que la ultraderecha comete un error de cálculo. Si avanzan, la oposición a sus medidas no tardará en manifestarse incluso de manera violenta, lo que dará pie a reconsideraciones en sentido contrario, es decir, social y económicamente más moderadas; si son frenadas, se sentará un precedente que confirmará la pertinencia de la lucha social para impedir medidas y reformas regresivas.
En este momento se debate la aprobación de una reforma laboral a todas luces sádica en la Argentina de Milei. Probablemente sea aprobada por un congreso comprado/extorsionado, pero insisto: quienes la promueven han calculado mal. Ya en este momento hay protestas muy fuertes que se intensificarán apenas arrecien los despidos masivos y la caída en desgracia de los salarios y el consumo, además del crack de la industria apuñalada por importaciones indiscriminadas. La Argentina, no exagero, puede pasar al caos si Milei y sus secuaces, instruidos por el FMI, avanzan en la demolición del país.
Es casi un hecho que la reforma (presentada como “modernización” de la ley laboral) será impuesta, entre otras razones más generales, por lo que Ángelo Albanese, académico argentino del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) publicó con buen ojo en un apunte de twitter que tituló “La furia de los invisibles”: “La reforma laboral va a salir porque el laburante precarizado odia al trabajador formal. Así de simple y duro. Este es un resultado cultural que viene incubándose desde hace una década. Para ellos, tener una obra social o vacacionar son privilegios. El precarizado odia los retazos solidarios del Estado colapsando porque a ellos no los ayudó nunca nadie. Y eso es cierto. Quisieran que la sociedad sea una jungla donde el individualismo sea una carta a su favor. Si siempre la pelearon solos creen, esperanzadoramente, que son más fuertes que otros trabajadores. Que son más duros que aquellos [que] vivieron arropados por aguinaldo o licencias médicas. Se sienten interpelados por la explotación porque no conocen otro régimen de vida. Creen que es injusto que el 30 o el 40% de PEA [población económicamente activa] que vive en la formalidad, no experimente la incertidumbre y la falta de posibilidades que ellos padecen. Quieren, también, revanchismo. Ese es un mérito de Milei, haber sabido seducir a ese sector. Un sector que, a su vez, detesta el discurso de justicia social porque vivió en carne propia cómo sus condiciones de vida vienen cayendo desde hace varios gobiernos atrás. En el abismo ven luz. Pero es terrible, nos dirigimos a toda velocidad al abismo”.
Deseo ser optimista frente al desastre circundante porque creo que todavía quedan anticuerpos en la masa de los trabajadores no sólo argentinos, sino de muchos países que luchando a los tumbos o como sea han conseguido lo inimaginable hace algunas décadas: mejores salarios, jornada de ocho horas, vacaciones, derecho a la salud, aguinaldo, pensión… La Argentina es un laboratorio de la ultraderecha mundial: si allá talan derechos y no pasa nada, lo mismo harán otros países. Pero no funcionará, ahora mismo ya no está funcionando, pues luego de dos siglos de luchas de los trabajadores y trabajadoras en el mundo no será fácil para el poder fascistizado cercenar conquistas sin oposición popular.
En una entrevista reciente, Thomas Piketty señaló que “hay una marcha hacia la igualdad que viene de lejos, que es un fenómeno de largo plazo y que se nutre a veces de revoluciones, pero más generalmente de rebeliones, de peticiones de más igualdad”. Esas luchas que vienen de lejos no se borrarán nomás porque a un gobierno lacayo del poder financiero se le ocurra modificar leyes a conveniencia de unos pocos y desgracia de millones. El avance antiderechos laborales no lo veo, por ejemplo, tan fácil de ejecutar en México, y menos con el desastroso caso argentino tan a la vista. Lo mismo pienso que ocurriría en Chile pese a la llegada a la presidencia del nazi confeso José Antonio Kast, quien al parecer intentará emular en lo que se pueda a su vecino de la motosierra, aunque le será complicado, supongo que imposible, impulsar reformas cavernícolas como las argentinas.
La historia no ha caminado tan en vano. El experimento argentino terminará mal y entonces las trabajadoras y los trabajadores del mundo estarán advertidos y preparados para los hachazos que les quieran propinar en casa.
miércoles, febrero 18, 2026
Trabajo en un hilo
Si
bien veo con pesimismo el avance de la ultraderecha que en occidente encarnan
gángsteres como Trump (Partido Republicano, EUA), Milei (La Libertad Avanza, Argentina)
y Abascal (Vox, España), percibo una salida a la bestialidad que proponen los
discursos de estos sujetos. Es complicada, lo he dicho varias veces, sobre todo
porque las inercias del mundo transitan hacia la disgregación y el embebimiento
individualista. Alguna respuesta tendrá que darse, sin embargo, ante los embates
que en el mundo desmoronan el trabajo como medio digno de vida allí donde se han
establecido leyes para regular la relación obrero-patronal. México no es el
paraíso en este rubro ni en ninguno, pero sin duda, como se dice para exagerar,
casi es Suiza si lo comparamos con países que hoy avanzan hacia la
desprotección total del trabajador.
En
el fondo veo que el neocapitalismo global ha encontrado en la tecnología y
sobre todo en la IA una serie de avances que poco a poco torna innecesario el trabajo
humano. Sin que lo veamos muy claramente todavía, al mercado laboral le va
sobrando mano de obra, y por ello la tendencia a la precarización, al
abatimiento de cualquier prestación, a la destrucción del homo faber. El mundo transita hacia un colapso de millones
de fuentes de trabajo, y por ello la urgencia de economizar con contratos
temporales y facilidades para despedir y dejar en la calle.
El
tipo ideal de trabajador que desea el “tecnofeudalismo” (así lo llama Yanis Varoufakis)
es como el empleado de las “plataformas”: sin ninguna ventaja, él y su
bicicleta contra el mundo. Mariano Recalde, político argentino especializado en
estos asuntos, se ha opuesto a la reforma laboral de Milei, hoy en vías de
aprobación; si cuaja, sería el primer gran experimento latinoamericano para
hacer pomada los derechos de los trabajadores. Sintetizado por Horacio Verbitsky,
al hablar de las chambas de los repartidores Recalde plantea la necesidad de
una negociación colectiva que “establecería como piso el salario mínimo,
seguridad social, licencias y protección contra el despido. El trabajador
tendría derecho a conectarse y desconectarse libremente, respetando descansos
legales obligatorios. La plataforma estaría obligada a informar cómo se asignan
los pedidos, se evalúan las tareas, se pagan las comisiones y se aplican las
sanciones, y debería atender al trabajador a través de una persona humana, para
evitar bloqueos arbitrarios y resolver conflictos. La plataforma estaría
obligada a capacitar al trabajador, proveerle elementos de seguridad, darle
cobertura ante accidentes y enfermedades laborales, poseer estaciones
sanitarias y de carga de energía. Debería reconocer al trabajador derecho al
descanso, a vacaciones y a sindicalizarse, con posibilidad de afiliación desde
la propia plataforma”.
Esto
nomás respecto de los repartidores que hoy son un símbolo de la indefensión
laboral. Por supuesto, sumarles derechos no será una iniciativa de quienes hoy
los contratan, así que sin remedio estos trabajadores, y todos los demás,
requieren de un Estado firme y la posibilidad de organización y lucha. Ahí está
el detalle: primero, que el Estado sea sensible a los reclamos de justicia en
el trabajo, y después, que los trabajadores sepan valorar colectivamente su
importancia en la cadena de producción de la riqueza.
Por todo, es importante seguir atentos a la Argentina. Allá se libra esta semana el primer gran hachazo a los derechos laborales o la primera gran derrota de capitalismo financiero para sacarse de encima a los trabajadores que aspiran a algo más que un salario de supervivencia. Para bien o para mal, lo que resulte allá será ejemplo para los trabajadores en el mundo.
lunes, febrero 16, 2026
Ficciones argentinas
La semana pasada los
senadores argentinos votaron la media sanción a una nueva ley laboral, que
dicho de pasada es una ley criminal. Falta que la voten los diputados. Afuera
del congreso se iba a formar una concentración de opositores a la nueva ley,
pero antes de que esto ocurriera, aparecieron cinco o seis vándalos que a diez
metros de los granaderos y de los camiones hidrantes armaron bombas molotov y
las arrojaron hacia la policía. Un camión hidrante ubicado a veinte metros les
disparó unos chisguetitos de agua que misteriosamente no dieron en el blanco de
los parapetos de cartón, esto mientras los rebeldes encapuchados preparaban con
paciencia china los artefactos explosivos y un dron de la televisora más
influyente del país los grababa desde arriba como en la comodidad de un
estudio. Tras lanzar algunos explosivos, los opositores radicales huyeron y
entonces la policía comenzó a reprimir a todo aquel que se atravesara, con
saldo alto de detenidos. Obviamente, los rebeldes de las molotov no fueron
capturados.
La derecha argentina,
siempre a la vanguardia en materia de brutalidad y construcción de escenarios
falaces, usó a los “rebeldes” como pretexto para la represión. Lo malo es que a
muchos les pareció (para mí lo fue, por su descarada obviedad) un montaje, una
representación teatral perfectamente coordinada por la policía. La noticia ha
seguido caminando y ayer las autoridades dieron con uno de los “terroristas” y
tomaron esta foto de los artículos que guardaba en su ratonera. En la imagen destaca
el pantalón caqui industrial con reflejantes, recién comprado y típico de
anarquista. Estos productos ya son conocidos como el “terrorkit”. Les dejo la
foto y un video de los rebeldes en acción con la crónica “periodística” que
también fue parte del montaje.
Así es la Argentina de
Milei, el engendro al que sigue los torcidos pasos de nuestro tío Richi.
En cuanto al video, pueden verlo completo o del minuto 9 al 14; queda clara la farsa de los cartones protectores, el embudo, las mochilas nuevas, el close up del dron, la paciencia para armar bombas in situ y sobre todo la baja potencia y la mala puntería de los camiones hidrantes. Esa simple teatralización de la policía sirvió para deshacer la concentración pacífica de opositores. Son unos genios de la represión. Aquí está el video:
sábado, febrero 14, 2026
De la inercia ultra
El
riesgo es ser acusado de conspiranoico, pero creo que no está el horno
para omitir que sigue en marcha, a buen ritmo en su ejecución, un plan que
combina todas las excrecencias del neoliberalismo luego de medio siglo
reformateando la vida del planeta. El avance que hoy vemos en la nueva derecha
global es desigual, obviamente no se da parejo en todos los países del mundo,
pero tiene comunes denominadores más o menos recurrentes. Destacar tales
avances, denunciarlos por cualquier medio, así sea en la mera sobremesa, es un
imperativo de quienes no quieran sumarse a la demolición de lo poco que nos
queda de libertad, igualdad y fraternidad, para decirlo con la triada de
valores enarbolados por la Revolución Francesa.
Jamás
cuajó, lamentablemente, la mencionada triada, pero es un hecho que, como lo
muestran las constituciones del mundo, el ideal francés de 1789 ha sido la
aspiración vertebral de las diversas sociedades empeñadas en pasar por civilizadas.
Lo más cerca que se estuvo, y se está todavía en algunos países, del ideal
libertad-igualdad-fraternidad es el del estado de bienestar, sistema que, grosso modo, supone al Estado como
garante de lo básico para la ciudadanía. No como
regalo, sino como resultado de una distribución más justa y basada en el
trabajo dentro del capitalismo.
Como
al discurso de la nueva derecha mundial se le notan todas las costuras, es
obvio que su método de trabajo ideológico consiste de entrada en identificar un
enemigo. Pueden ser los corruptos, los inmigrantes, los narcotraficantes o, el
que más unifica su postura, los comunistas, los “zurdos de mierda” que ya dije.
No es gratuito que Salinas Pliego use ahora este rótulo para referirse al enemigo
y contraponerlo a su ideal de “libertad”. Es puro mileísmo en clase turista.
Pero puede aprender y, lo peor, puede lograr algo más que sólo aprender.
Esto que digo quizá suene excesivo, pero
igual sonaba en 2022 que Javier Milei pudiera ser presidente de la Argentina, y
ya sabemos lo que está pasando. Un tipo estrafalario,
vulgar, cruel, a todas luces limitado y bobo, incluso sin los rasgos
convencionales del político (como peinarse bien y hablar sin estúpidas
muletillas) llegó a la presidencia. Si Trump lo logró, y conste que supera con
creces la viscosidad del mandatario argentino, ¿por qué no podría lograrlo
cualquier otro bestia en cualquier otro lugar del mundo? He aquí la ventana de
oportunidad que ve Salinas Pliego: de usurero impenitente y evasor de cuello
blanco ha pasado a convertirse en opción electoral para los mexicanos.
La
batalla cultural, noción del comunista italiano Antonio Gramsci, propone que se
gana no cuando la fuerza se impone, sino cuando se remacha una idea en la
conciencia, cuando se logra alguna hegemonía sobre las ideas del otro, esto
hasta convertir tal idea en “sentido común”, en algo que es de una manera y no puede ser de otra. Hoy, sobre todo, la
batalla cultural se da en la prensa, la radio, la televisión y los medios
digitales (principalmente en las redes sociales), y no es muy complicado saber
cuál “sentido común” se impuso: el del consumo, el del mercado, el de la meritocracia
individualista que infunde en los perdedores un “yo punitivo”, el resentimiento
que busca venganza a como dé lugar; en suma, los votantes de la nueva derecha.
Digo
pues que la batalla cultural ha sido emprendida no para ganar a un oponente
vigoroso, sino para aniquilar lo que queda de estado de bienestar. Arreció además cuando, como dice el lugar común, la mesa estaba ya servida: una
sociedad egocéntrica, sin nexos comunitarios, despolitizada, precarizada,
adicta a las redes y con legiones de marginales jóvenes y no tan jóvenes,
ciudadanos que han admitido acríticamente las propuestas antiEstado,
“libertarios”, “pobres de derecha”, fascistas que no saben que son fascistas,
desheredados que desean emparejar para abajo antes que organizarse y luchar
para emparejar hacia arriba.
La
brutalidad de los discursos que sintetizan El Mal de las sociedades en los “zurdos
de mierda” no deja de asombrar a quienes imaginan la política como se entendió
todavía hasta hace diez años, incluso menos. Los políticos heterodoxos a la
manera de Trump, Bolsonaro o Milei no son, sin embargo, la anomalía, sino la
consecuencia de un caldo de cultivo que los ha hecho posibles. Por eso mi
noción de que la batalla cultural contra el “wokismo” es apenas la espuma del
conflicto. Debajo de esa espuma se esconde la verdad de que casi todo se
subsume en los intereses de quienes defienden “las ideas de la libertad”, como
gusta decir Milei. En todo caso, la virtud del presidente argentino y sus
laderos ha consistido en leer acertadamente el espíritu de los tiempos, y obrar
en consecuencia. Nuestro Salinas Pliego quiere aprovechar esa misma lectura y
avanzar en su propósito de demostrar que será el azote de los “gobiernícolas” para luego bendecirnos con el bienestar con el que ya bendice a su clientela de Elektra.
¿Queremos
comprobar si la vulgaridad sintoniza con el nuevo electorado? ¿Nos gustaría
verificar que la mentira electoral puede ser descomunal y aún así mantener una
base significativa de votantes? ¿Deseamos ver cómo se comunica la ineptitud
triunfante? ¿Apetecemos observar declaraciones y acciones horrendas sin
consecuencias políticas? Si es así, Trump es el dechado de este tiempo. Yo
conozco mejor el de Milei, monigote de Trump, clon bananero del mejor amigo de
Jeffrey Epstein.
Milei
tiene la capacidad de afirmar algo y su contrario en la misma frase. El
concepto de congruencia no lo conoce, de suerte que en América Latina es el
político con más archivos digitales en los que afirma algo que a la postre
choca con lo que después él mismo hace o afirma. Este licuado de
posicionamientos parece no afectar a su electorado. Mientras en un pasado no
muy lejano era difícil que alguien, no sólo el político, cambiara de opinión
como de calcetines, pues si lo hacía ponía en absoluto riesgo la firmeza y
credibilidad de sus ideas y por ello la lealtad de sus seguidores, Milei afirma
cualquier burrada con nulo control de esfínteres mentales. Habla con la
serenidad de un economista que pasa por ducho ante los profanos pero nunca ante
los economistas serios, se expresa a gritos destemplados con los que fustiga a sus
enemigos, se desgañita para defender “las ideas de la libertad” y expele sin
sonrojo consideraciones sexuales que bordean la perversidad. Es un monstruo de
la contradicción, y si hasta hoy se mantiene en la presidencia es gracias a
Trump, a quien le lustra los zapatos cada vez que viaja a la Gomorra de
Mar-a-Lago.
Mircea Eliade dice en Lo sagrado y lo profano que “Nada vale tanto como el ejemplo, el hecho concreto”, de allí que se me ocurrió compartir una lista breve de aberraciones enunciadas por Milei, el arquetipo de nuestro Salinas Pliego. Tiene decenas de videos más, pero estos pocos buscan mostrar al tipo de político que desea venir a redimirnos.
Sobre la eliminación de
ministerios
Con histrionismo hitleriano prometió aniquilar ministerios; hasta hoy va bien en esta promesa depredadora, aunque a varios no los desapareció, sólo los desfinanció para mantener a sus secuaces en la nómina:
https://youtu.be/fJFqjiB0GW0?si=vLekcqq8IKMLtUk2
Sobre el FMI
Lleva dos megapréstamos solicitados y varias renegociaciones de la deuda, todo
opaco y al margen de su Congreso, pero este archivo deja ver las pestes que escupía sobre el
FMI antes de ser presidente. Una joya:
https://www.facebook.com/reel/1815838419076780
Sobre los negocios con
China
Esto
decía sobre el gigante asiático antes de las elecciones, y después, ya presidente, lo que dijo
cuando se enteró de que China es un país clave en la supervivencia de la Argentina.
Noten la cara de estúpida seriedad que pone cuando dice “comunista” y la voz aterciopelada al declarar su aprecio a la "interesante" China:
https://www.facebook.com/reel/920506209958710
Sobre el aumento de los
impuestos
Por
supuesto, y además de que no ha controlado la inflación, ha subido impuestos
pese a la promesa de no aumentarlos; es tan burdo que al final comete el furcio
de decir “bajarlos”. Como sea, hasta ahora no se ha cortado ninguna mano:
https://www.youtube.com/shorts/HSQyg_Ak4Zw
La deuda del kirchnerismo
Antes
de soñar con la presidencia llegó a decir, iracundo, que la deuda fue pagada
por el kirchnerismo. Ahora el kirchnerismo es la causa de todos los males
argentinos y del sistema solar:
https://www.youtube.com/shorts/-FQDeTXRqbg
Sobre Patricia Bullrich
Bullrich
fue su ministra de Seguridad y hoy en su senadora. Es un ser repugnante que ha
pasado por todos los partidos, una saltimbanqui nata. Su ideología es traicionar,
estar sólo con los ganadores, como estuvo y está con Milei aunque él le
dedicara estos lindos piropos:
https://www.youtube.com/shorts/jS3eHgxDFV4
Sobre los dólares escurriendo
por las orejas
En la verborrea de Milei, dentro de algunos años a los argentinos —que se han hundido alarmantemente en su gobierno— les escurrirán dólares por las orejas. Cualquier hipérbole le sirve:
https://www.facebook.com/reel/1904051037164687
Sobre la mafia y sus
bondades
Milei
y sus huestes han sido financiadas por narcos, como bien lo sabe su amigo José
Luis Espert, ya fundido por el escándalo. Ignoro por qué aceptaron los
financiamientos, pero este video quizá nos brinde alguna clave:
https://www.youtube.com/shorts/ixFQlceO4g4
Sobre tasas de interés
Entre
las oportunas respuestas de este presidente no se excluyen los balbuceos:
https://www.youtube.com/shorts/-xyWRwskKMc
Sobre el Estado pedófilo
Son
frecuentes en Milei las metáforas epsteineanas, gestadas por una cabeza que
tiende a la aberración:
https://www.facebook.com/share/r/1GXsUUY2AE/?mibextid=wwXIfr
Sobre la venta de niños
Esto
es insólito, un homenaje a la memoria de Jeffrey Epstein. Pudo contestar con un
simple “no”, pero su cabecita perturbada buscó un razonamiento. Un detalle: el periodista del saco gris se llama Antonio Laje y ahora lo defiende; claro, entonces era sólo Milei y ahora es el presidente:
https://youtu.be/XNdlI9zJN_I?si=o10CZBkZ9nHzYMkF
Sobre la venta de órganos
Aquí
reflexiona (digámoslo así) sobra la pertinencia de que el benemérito mercado incluya la venta de órganos:
https://youtube.com/shorts/-UAXm_fnarw?si=9wF5-SI0nIKcV-lc
Sobre el Nobel de Economía
que le darán
Su
socio Demian Reidel, como lo señala el video, terminó alejándose años luz del segurísimo premio
Nobel:
https://www.facebook.com/reel/792126459964220
Sobre la ignorancia de lo elemental
Es fácil exhibir a Milei. En esta diálogo, un entrevistador habitualmente acolchonado se atrevió a ir un poco más lejos. El presidente de la Argentina tiene menos calle que Venecia:
https://www.facebook.com/reel/1420899036095685
Sobre el tweet salvador
Cuando
ya estaba casi ahogado ante las elecciones intermedias, Milei viajó a EUA para
agarrarse de Trump, quien le regaló un tweet de apoyo que luego el mismo Milei
llevó impreso para simular el gesto espontáneo. Es difícil imaginar una
sumisión más bochornosa ante el mejor amigo de Epstein. Trump, por cierto, ni
sabía que apoyaba para unas elecciones intermedias, no presidenciales. Un
momento plenamente burdo:
https://youtube.com/shorts/B_qk35KZnsE?si=35Z4BCV5yTOScxMf
Sobre el río contaminado
Sabido
es que Milei es un negacionista de todo lo que apeste a wokismo, por eso no acepta la idea del calentamiento
global. Así habló alguna vez este estadista sobre la contaminación de un río.
Cuál problema:
https://www.facebook.com/reel/820970844336535
Sobre su autopercepción como gobernante
En
el siguiente video se aproxima con lucidez a la definición de sí mismo:
https://www.facebook.com/share/r/1Dd9RsPkBy/?mibextid=wwXIfr
Se
podrá decir que sólo son palabras, declaraciones, retórica de un presidente que
no pasa de allí, de la mera declaración, del exabrupto de clown. Lamentablemente no es así en este
caso, pues la acción concreta de Milei ha hundido en dos años la producción, el empleo y
los salarios, ha desfinanciado la obra pública en salud y educación, ha incrementado
los servicios públicos básicos y obviamente la inflación, ha creado un protocolo
para reprimir la protesta y espiar opositores, ha filtrado millones de dólares
en los bolsillos de sus amigotes financistas, a participado en estafas internacionales
como la perpetrada hace exactamente un año con la criptomoneda Libra y, en general, ha convertido al
Estado en un cascarón del cual se beneficia sólo un segmento ínfimo de la
sociedad, la oligarquía nativa que lo apoya porque, pese a todo, Milei garantiza
el sometimiento de la mayoría que nació para callar y obedecer. Si se ha
sostenido hasta ahora en el poder, es nada más por el apoyo de su tótem Trump,
a quien el león argentino le lame los zapatos cada vez que es invitado a las exclusivas fiestas
de Mar-a-Lago donde le han concedido premios por su entreguismo sin atenuantes.
Este es el tipo de político que vendrá a salvar a la humanidad. Con los matices que son del caso, atribuibles a la personalidad de cada uno, Santiago Abascal en España y Ricardo Salinas Pliego en México quieren emular al peluca Milei, tener la puerta abierta a decir y destruir lo que sea. Más vale que la sociedad lo medite un millón de veces antes de que sea demasiado tarde.
jueves, febrero 12, 2026
miércoles, febrero 11, 2026
José Luis Herrera, in memoriam
La
etapa de mi juventud literaria creo que fue la última, y acaso la única, en la
que se dio una convivencia más o menos frecuente no de todos, pero sí de muchos
escritores y aspirantes a escritores laguneros, sobre todo de Torreón. Ocurrió
entre las décadas de los ochenta y noventa, si es que este recuerdo no es una exageración
o una idealización condicionada por mi nostalgia y esa tendencia manriqueana a
pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Por supuesto que aquella no era una
reunión orgánica, compacta y coordinada, como si hubiéramos formado un
sindicato de escritores o algo parecido, sino una frecuentación determinada por
el azar y la tendencia a coincidir en actividades literarias celebradas en los
recintos culturales del centro de la ciudad.
Era
lógico, pues casi todos vivíamos, cuando mucho, hasta la colonia Jacarandas en
el nororiente y hasta la Diagonal Reforma en el suroriente. Además, no había
internet y todavía con un trabajo alcanzaba para paliar las necesidades
básicas. Disponíamos pues de tiempo, y así los viejos y jóvenes escritores nos
veíamos seguido en las presentaciones y en las mesas redondas, que por otro
lado no eran esporádicas.
En
aquel mundillo de gente literaria conocí a José Luis Herrera Arce (Torreón,
1950-2026), quien recién murió y aquí lo recuerdo. Es así porque siempre fue conmigo
un tipo amable, un atento conversador y en su momento uno de los escritores más
decididos a encarar entre nosotros, con plena voluntad, la tarea de escribir y
difundir su obra. Donde quiera que me lo topaba (la última vez ocurrió hace
como tres años en una presentación en el teatro Garibay) era reiterativo en su pregunta:
“¿Qué has publicado últimamente y qué estás escribiendo?” Sé, y lo comprobé
varias veces, que leía mucho y que ponía especial atención en los escritores
locales. Siento que estaba pendiente de lo que publicaban los jóvenes (yo lo
era en aquel momento) por genuina curiosidad y porque de alguna manera
intentaba empatar con el clima de época que soplaba para la narrativa.
Publicó
varios libros y creo que fue, entre los escritores que traté, el más empeñoso en difundir su trabajo, en venderlo. Por un defecto de fábrica, lo habitual
es que los escritores no sepamos vender nada, ni nuestro trabajo, y que venderlo
incluso dé vergüenza; José Luis fue, al contrario, de los pocos que navegaron a
contracorriente del defecto que por ineptitud o pena impide al escritor
imaginar su obra como objeto comercial.
Otro
espacio donde coincidí frecuentemente con José Luis fue el universitario. Nos
topábamos para el diálogo amable aunque veloz en los pasillos de la Ibero
Torreón, donde dio clases durante muchos años. Él también fue profesor por décadas
de la UAdeC. Su padre, Emilio Herrera, fue columnista local durante muchos
años, y el mismo José Luis colaboró en espacios periodísticos durante algunas
etapas de su vida. Fue condiscípulo en la Pereyra de mi amigo Sergio Antonio
Corona Páez, quien lo apreciaba.
Publicó las novelas y cuentos La fábrica del bicho (1994), El ocaso de los días difíciles (1992), Jazz al piano (1993), ABC mujer (1996), Psst (1993), Cuentos para jóvenes (2002) y Los 10 niveles. Novela para niños (2003). Lo evoco aquí con respeto y afecto. Descanse en paz José Luis Herrera Arce.
sábado, febrero 07, 2026
Fervor en los muros napolitanos
Una
celebración personal de este 2026, diría que íntima si me apuran un poco, es
la del cuadragésimo aniversario del mundial 1986. No tanto por el torneo en sí,
sino porque aquel año me permitió admirar la más alta práctica de un deporte
con el que tengo buena relación desde la infancia. Cierto que se ha difuminado
la pasión del pasado, el placer de ver uno o dos partidos por semana, pero el
gusto sigue allí, latente en mi interior. Ahora casi no veo nada, pero el
algoritmo sabe que no me desagrada todo lo que pone a merced de mi consideración
sobre Diego Maradona. A él me refiero cuando digo que hace cuatro décadas vi en
televisión al jugador más hipnótico que no había visto antes y no he vuelto a ver después
de ese mundial. El 10 de Argentina fue en aquel momento el único jugador que no era posible detener ni a patadas, las decenas de patadas que ciertamente recibió
en las canchas de México.
El Diez: Maradona y Nápoles, la historia de amor más bella entre un futbolista y una ciudad
(2025, s/e, 64 pp.) es un breve libro del italiano Giulio Famiglietti. Su propósito
es describir la relación sugerida en el largo subtítulo, una relación que hoy,
luego de tanto tiempo, lejos de desvanecerse se ha consolidado hasta formar una
dualidad indisoluble: Diego es Nápoles y Nápoles es Diego. Tanto es así que desde
hace varios años una buena parte del turismo que llega a Nápoles lo hace como
quien recala en un santuario religioso: para recorrer los testimonios del
fervor callejero heredado por la presencia del jugador que les dio campeonatos
y orgullo frente al poderoso norte de Italia que minusvaloraba al sur
napolitano en todos los rubros de la vida, no sólo en el futbolístico. El pequeño
libro de Famiglietti da fe de aquella fe, la fe por Diego en Nápoles, una fe
que en realidad es admiración, pero que se confunde con la adoración que habitualmente
se deposita, al menos en la cultura católica, a la iconografía sacra.
Como
este año cumplo cuarenta de admirarlo no hasta llegar a la fe religiosa, que no
tengo, pero sí por su peculiaridad humana no exenta de defectos, en 2026 he
decidido leer y si se puede comentar algunos libros sobre Diego, que por cierto
no son pocos. El primero será este, El
Diez, que desde el arranque de sus elocuentes diez capítulos se autodefine como “una carta de amor”, más que
como documento sobrio con olor a reportaje o crónica, que es lo que es. Dice el
autor: “Esta es la historia de cómo un hombre, con magia en los pies y fuego en
el corazón, cambió una ciudad para siempre. Y cómo esa ciudad, a cambio, lo
hizo inmortal”. Y lo que ya señalé: que la amalgama del personaje y la ciudad
terminó por integrarse hasta crear un todo compacto, por esto “verás el rostro de
Diego pintado en las paredes, su nombre susurrado en los callejones, velas
encendidas bajo su imagen como si fuera una especie de figura sagrada”.
La declaración “de amor” avanza cronológicamente luego de su introducción. Así, Famiglietti
recuerda el amanecer de la devoción, cuando se esparció el rumor de que Corrado
Ferlaino, presidente del club, estaba intentando sacar a Diego de Barcelona para arrimarlo a las faldas del Vesubio. Como sabemos, el argentino no tuvo
mucha fortuna con los blaugranas, lo que incluyó una lesión artera del tobillo,
y al llegar a Nápoles se llenó el estadio sólo para presentarlo. Allí comenzó
todo, aquel contrato “Marcó un ‘antes’ y un ‘después’ definitivo en los anales
de la historia napolitana”. Y conste que
se refiere a la historia de la ciudad, no sólo a la del equipo.
Para
muchos fue insólito que el mejor jugador de aquel momento aceptara jugar en el
sur italiano. Todo mundo sabía que los equipos poderosos figuraban de Roma
hacia el norte en la bota del Mediterráneo. “El Napoli, por el contrario, era
el eterno desvalido, un club que rara vez amenazaba la cima, a menudo luchando
por el descenso, un reflejo de una ciudad que se sentía perpetuamente ignorada,
incomprendida y económicamente asediada (…) Los estereotipos, afilados como puñales,
calaban hondo: perezosos, caóticos, criminales, pobres”. Pese a esto, o quizá porque
el reto parecía un disparate cósmico, Diego aceptó. Para Nápoles, “Diego fue más
que un fichaje; fue una segunda venida. Fue la manifestación física de sus
deseos más profundos, la profecía no escrita finalmente cumplida. Fue el
elegido, enviado para sacarlos de las sombras, para desafiar a los poderosos y
para guiarlos hacia una gloria que solo habían osado susurrar en sus sueños más
salvajes. La lucha por la redención de Nápoles había comenzado de verdad”.
Con
algunas pinceladas sociológicas, el autor subraya el contexto de adversidad al
que fue a parar el recién contratado. Como si fuera una calca aumentada de su
infancia en Lanús, el salvador encaró su desafío: “la conexión de Maradona fue
más allá de los orígenes compartidos y un estilo de juego extravagante. Se
convirtió en el escudo de la ciudad, su voz desafiante contra el racismo
persistente y feo que se pudría en los estadios italianos”, y enunció una frase
que apuntaló la afinidad: “Quiero convertirme en el ídolo de los niños pobres
de Nápoles, porque son como yo era en Buenos Aires”. Y otra semejanza, quizá la
más fuerte y visible: “Era imperfecto, humano y maravillosamente imperfecto, al
igual que la propia Nápoles”.
Los
triunfos finalmente llegaron, el equipo azul celeste conquistó campeonatos de
la mano de Diego, y entonces la devoción se convirtió en peligrosa euforia. Tal
fervor tenía un costado destructivo: “Maradona, el hombre más famoso del
planeta, no tenía vida privada en Nápoles (…) Estaba atrapado por su propia
popularidad, incapaz de escapar a las implacables demandas de una ciudad que lo
amaba con una intensidad aterradora y que lo consumía todo”. En el contexto del
encierro, sumado a las relaciones torcidas que nunca faltan en medio de la
fama, apareció la droga y el castigo, pero el “núcleo del amor de Nápoles por
Maradona permaneció inquebrantable. Ellos entendían la lucha, entendían la
fragilidad humana, quizás mejor que cualquier otra ciudad”.
Hoy, señala Famiglietti, “El mito de Maradona se ha convertido en un potente imán para el turismo. Visitantes de todo el mundo, no solo fanáticos del fútbol, acuden a Nápoles específicamente para experimentar la devoción única hacia Diego. Vienen a deambular por los Barrios Españoles, a tomar un café en un bar adornado con sus fotos, a comprar una camiseta con el número 10 a un vendedor ambulante”. La ciudad terminó, cuatro décadas después, confundida con el jugador. Nunca pasó esto en ninguna otra urbe del mundo. Por ello tras su muerte, como colofón de la película, en las paredes de Nápoles apareció el graffiti necesario: “Maradona non muore mai”, Maradona nunca muere.
miércoles, febrero 04, 2026
Neoemperadores en acción
Leo
y escucho desde hace varios años a Jorge Alemán (Buenos Aires, 1951),
psicoanalista, politólogo y escritor argentino radicado en Madrid, y desde esa
misma cantidad de tiempo advierto que se vienen cumpliendo sus feos pronósticos
respecto de la reconfiguración del mundo en las décadas recientes. Alemán
publica artículos y libros, pero también es invitado frecuente en programas de
radio e internet. Ahora que vemos en plena acción a Trump —el peor ser humano
del mundo en este momento— y a sus laderos periféricos, escuché una entrevista
radiofónica a Alemán y no resisto la tentación de transcribir un fragmento:
“Se
ha construido desde hace un tiempo (…) una internacional de ultraderecha que solamente
estaba en condiciones de producirse si previamente no hubiera contado en la
población con una serie de nuevos elementos que fueron el resultado de muchos
años de trabajo, de destrucción de la memoria, de desaparición del trabajo
fijo, de aumento de las desigualdades, de la concentración de la riqueza y,
sobre todo, un empuje del cuentapropismo y de las soluciones individuales que
empezaron a generar sentimientos antiestado, antinmigración, antiexperiencias
populares. Bueno, todo eso fue coagulando de tal manera que, por supuesto, no
vienen de la nada, han crecido y están creciendo de manera exponencial. (…)
Son, los he designado así, neoemperadores, tipos que se han repartido las zonas
de influencia y sobre esas zonas tienen derecho a todo”.
Los
neoemperadores pueden aplastar derechos, reprimir a la población, participar en
las orgías de Epstein, promover estafas, bombardear e invadir países, amenazar
con aranceles, inventar cuerpos parapoliciales que operan al margen de la legalidad,
modificar leyes, saquear. Nada los contiene, nada los limita, sobre todo porque
además ostentan el monopolio de la manipulación. En efecto, los grandes
sistemas de comunicación actuales funcionan como oráculos, orientan la información
y crean caos, rompen lazos sociales y con algoritmos hunden en la dictadura de
la banalidad y el consumo a las masas pulverizadas en el mapa del planeta.
Imposible imaginar cómo estará todo en 2050, un año que hoy tiene apariencia de ser “el futuro”. Pero con Trump y su gavilla en acción para qué pensar en tanto: imposible imaginar este 2026, el porvenir inmediato.
sábado, enero 31, 2026
Las palabras y los signos
El
diccionario académico da una sola definición a la entrada “negacionismo”:
“Actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos
históricos o naturales relevantes, especialmente el holocausto”. Como cualquier
definición, esta podría ser mejorada para adaptarla al sentido actual, que
llega hasta el adjetivo “históricos” de la cita, aunque también podría ser
menos eufemística y cambiar el adjetivo “relevantes”, porque negacionista es
quien niega ciertas realidades relevantes ocurridas en el pasado, pero
relevantes en función de las atrocidades perpetradas por un gobierno o grupo
político. Así entonces, alguien no es negacionista porque niega que tal o cual
gobierno haya aumentado el impuesto predial o haya construido una escuela en
lugar de una carretera, sino porque torturó, mató y desapareció, es decir,
porque perpetró crímenes de lesa humanidad. Esto es ser negacionista.
España
es un país que por su pasado reciente mantiene una permanente tensión entre
negacionistas y “afirmativistas” (propongo este neologismo por mera analogía).
El meollo del debate es, lo sabemos, la Guerra Civil, el franquismo y su
política de aniquilación a quienes eran mínimamente sospechados de rojos. En
los meses que corren, dos efemérides han atizado la rivalidad discursiva: por
un lado, el cincuenta aniversario de la muerte de Franco (el 20 de noviembre
pasado) y el noventa aniversario del inicio de la Guerra Civil (el 17 de julio de
este año). Explicado de manera harto esquemática, se enfrentan dos trincheras:
del ala izquierda, el PSOE (que gobierna) y Podemos (con sus dos voceras
principales: Ione Belarra e Irene Montero), más Gabriel Rufián, de Ezquerra
Republicana de Cataluya; y del otro, la derecha que es oposición en el PP
encabezado por Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, y la cercanía, aunque
más a la derecha, de Vox con personajes como Santiago Abascal, Pepa Millán y
José María Figueredo. Por supuesto que se trata de un esquema simplista, pero creo
suficiente para dibujar desde lejos la polaridad ideológica de la España
actual.
En
la semana que termina se manifestó con particular intensidad la polémica sobre
la valoración de la Guerra Civil. Se debió sobre todo a que David Uclés, un
joven escritor y músico andaluz, autor de La
península de las casas vacías, novela que en las últimas semanas ha vendido
miles de ejemplares, declinó participar en Letras de Sevilla, un encuentro cultural
convocado por la Fundación Cajasol con la coordinación de dos escritores:
Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra. Uclés grabó un video para decir que no
participaría en la XI edición de Letras de Sevilla porque en la lista de participantes
aparecían José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, ambos políticos claramente
ubicados a la derecha o poco más allá de la derecha: Aznar es orgulloso hijo de
un falangista, y Espinoza es uno de los fundadores de Vox, partido que, entre
otras ideas políticas convenientes a la oligarquía española, abraza férreamente la
del negacionismo.
Tras
la decisión de Uclés, otros escritores se bajaron del barco y comenzaron a
poner énfasis en el nombre del festival: “1936: La guerra que todos perdimos”. Las
palabras nunca son inocentes, y muchos vieron en esto una sutil intención de
equiparar (“todos perdimos”) a los derrotados republicanos con los vencedores y
ensañados franquistas. Ante esto, Pérez-Reverte y Vigorra publicaron una carta
en la que exponían las razones para la posposición de LdeS; desde su primer
párrafo son elocuentes: “La intención expresada en las redes sociales por
grupos de ultraizquierda, proponiendo manifestarse de forma violenta ante el
lugar donde está previsto celebrar la XI edición de letras en Sevilla (‘1936:
¿La guerra que todos perdimos?’) la semana próxima, nos hace aconsejar a
Cajasol que aplace hasta nueva fecha los debates anunciados. Tal es el
resultado de una campaña intolerable de presiones que desde el partido Podemos
y medios afines se ha estado ejerciendo sobre algunos de los participantes, a
fin de hacerles renunciar a su intervención en unas jornadas cuyo contenido
éstos conocían perfectamente y cuya asistencia habían confirmado hace meses sin
plantear objeción alguna”. No es necesario destacar que escribir “de
ultraizquierda” fue preparar el terreno con una exageración que en teoría hace
persuasivo todo lo que sigue: si lo dice la “ultraizquierda”, los malditos
zurdos, malo debe ser.
Con
columnas, artículos, declaraciones y torrenciales comentarios en las redes se
desató en España un tsunami de opiniones a favor y en contra de los bandos. “Todo
empezó con un título gloriosamente blanqueador: ‘1936: La guerra que todos
perdimos’. Qué bonito, ¿verdad? Un intento de abrazar en la misma frase a
golpistas y fusilados, a verdugos y víctimas, diluidos en una melancolía común,
como si fueran igual de culpables Yagüe o Queipo que los asesinados en Badajoz
o en Andalucía, como si cupieran en el mismo saco los asesinos de García Lorca
y el poeta”, escribió Paco Arenas.
Un
detalle que muchos “ultraizquierdistas” no pasaron por alto fue el uso
tardío de los signos de interrogación. “1936: La guerra que todos perdimos” apareció
en la carta de Pérez-Reverte como “1936: ¿La guerra que todos perdimos?”.
Cuando saltó el detallito, el escritor sostuvo que la falta de los signos fue
un “error de maquetación”, con lo cual terminó en el autogol, pues ese simple rasgo
tipográfico da por hecho que a destiempo advirtieron el “todos perdimos” a
secas como una barbaridad negacionista, una equiparación cínica para lavar un
poco las manos ensangrentadas del franquismo.
Por
otra parte, con o sin signos de interrogación, el sindicalista Diego Cañamero
expuso que la guerra “la perdimos niños como yo que tuvimos que ponernos a
trabajar a la edad de 8 años porque el hambre golpeaba en nuestros estómagos
cada minuto del día, la perdieron los que fueron fusilados en paredes de
cementerios y cunetas, la perdieron los que fueron a las cárceles, los que se
quedaron sin padres, los que no tenían un trozo de pan que llevarse a la boca,
la perdieron los que defendieron el gobierno democrático de la República... Así
que, señores Reverte y Cajasol, el título de dicho acto es insultante, por eso
quiero, desde esta página, felicitar a los conferenciantes que se han negado a
participar en dicha jornada”.
Las palabras nunca son inocentes, dije hace algunos renglones. Amplío: ni los signos.












