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jueves, julio 23, 2026

Microficción futbolera en Macedonia

 



































Gracias a MacedoniaEditorial, de Argentina, por invitarme a este combo de minificciones futbolísticas armado durante el Mundial. Mi gratitud va dirigida sobre todo al escritor, editor y amigo José Luis Bulacio.

miércoles, julio 22, 2026

Odios digitales









Siempre hemos visto que las grandes competencias deportivas sirven para invocar la hermandad de los pueblos y la paz mundial. Las inauguraciones y las clausuras son los escenarios más adecuados para que desfilen banderas y se emitan discursos con fuerte contenido demagógico en el que se destaca la necesidad de que los pueblos de la tierra convivan en armonía, leal y solidariamente. Todo debe sonar bonito aunque en realidad vivamos en una circunstancia muy desigual: diez países controlan la economía y los demás, 170 más o menos, dependen de decisiones ajenas. La “paz mundial” es mera retórica, una quimera que sólo sirve para abrir y cerrar competencias internacionales.

A la violencia real provocada por economías disparejas se sumó por estos días (todavía hoy se nota) la avalancha de violencia simbólica propalada por los medios durante el desarrollo del Mundial. Como no lo recuerdo en ediciones anteriores del torneo, en esta ocasión se agudizaron muchos rencores internacionales, un efecto opuesto a la hipotética fraternidad apetecida por la publicidad de los organizadores. Lejos de conseguirla, lo que se vio en la realidad de las redes —una realidad ahora tal vez más real que la realidad presencial—, fue encono verbal, agresiones espantosas de todos contra todos.

El caso más visible y multiplicado de la tirria digital, pero no el único, se dio en relación con los argentinos y su selección. Casi casi debo precisar que no fueron tanto los argentinos cuanto los porteños y especialmente algunos comunicadores de la capital de aquel país quienes atizaron el ambiente para que se caldeara en buena parte del globo. En el caso mexicano, un periodista dio pábulo a la “argentinofobia” con declaraciones que se viralizaron en México. El descerebrado, de nombre Eduardo Feinmann, señaló que odia a los mexicanos y añadió que nuestro país envidia al suyo. Todo absurdo pero muy eficaz para multiplicarse exponencialmente y verse reforzado por una ola de nuevas opiniones igual o peor de soeces.

Engancharse en cualquier fuego cruzado de las redes es simplista y burdo, pero en esta oportunidad resultó harto eficaz para exacerbar el clima de crispación que espera cualquier rivalidad deportiva para manifestarse en las trincheras de nuestro tiempo: las redes sociales, espacios donde salen a relucir los traumas y los complejos de tirios y troyanos, para decirlo con un manoseado cliché bélico.

domingo, julio 05, 2026

25. Messi


 







Resulta muy difícil negar que Lionel Messi (Rosario, Argentina, 1987) es el mejor futbolista de la historia. No tiene todos los récords en su poder, pero sí varios que, apiñados, muestran un dominio apabullante de la estadística. Claro que por encima de su nombre sólo asoman los de Pelé y Maradona, a veces el de Cristiano Ronaldo, pero ni así es sencillo marginarlo de la cúspide. Más allá de las disputas bizantinas, lo innegable es que Messi es un jugador dotado de facultades inverosímiles pese a su apariencia de frágil. Todo en él es técnica, rapidez y precisión, agilidad milimétrica para hacer siempre la jugada correcta con la exactitud de un reloj. Las miles de repeticiones en video de su futbol exhiben la mecanización de movimientos que desbordan lo creíble. A Messi se le puede estudiar en un laboratorio, pero ni así es posible frenarlo, pues la capacidad de sus rivales no alcanza para anticiparlo. Lo he visto partidos completos en los que casi inevitablemente hace uno o dos goles; es lo de menos, aunque parezca raro decir esto. Lo de más es comprobar que nunca (el adverbio aquí no es hiperbólico) se equivoca. Es un futbolista inhumano, demasiado inhumano.

sábado, julio 04, 2026

24. Maradona


 







Diego Armando Maradona Franco (Lanús, 1960-Dique Luján, Argentina, 2020) sería su nombre completo si en su país solieran usar ambos apellidos. Entre la selección y los clubes sumó poco más de 350 goles, una cifra nada ninguneable si consideramos que lo suyo era armar ataques y asistir, no tanto anotar. Es para muchos —me cuento entre ellos— el futbolista más técnico de la historia. Pasó al menos treinta años compartiendo la cima con Pelé como mejor jugador de todos los tiempos, pero en las últimas dos décadas se ha formado un trío que prorratea las opiniones al añadir a Lionel Messi. Los maradonianos no ceden: su ídolo dejó la videoteca nutrida de acciones y anécdotas que peculiarizan a Diego como figura esencial del futbol, tanto que ya es y seguirá siendo el jugador más estimulante como tema de escritura literaria y periodística. Nacido en extrema desventaja, emergió de la Nada para convertirse en algo más que un futbolista: un amado-odiado semidiós. ¿Y cuáles fueron sus virtudes sobre el rectángulo verde? Es posible comprimir la respuesta en una sola palabra: todas. Todas a un grado, además, superlativo. Por esto los maradonianos no ceden, no cedemos: es el mejor que vimos jugar.

lunes, junio 29, 2026

19. Kempes


 







En 2010 fue aprobado el cambio de nombre al Estadio Olímpico de Córdoba, Argentina, que desde aquel año pasó a llamarse “Mario Alberto Kempes”. Fue un digno homenaje al Matador, quien había nacido en la ciudad de Ben Ville en 1954. Como sabemos, Kempes fue la figura principal del polémico Mundial celebrado en su país hacia 1978, cuando de la mano del Flaco Menotti la selección Argentina derrotó a Holanda (o Países Bajos) en el Monumental. La estampa del Matador era la de un futbolista fuerte, con un tren inferior poderoso, de zancada larga y avance vertical. La media caída (“el atavismo de los barrios”, según la acertada definición de Ángel Fernández) lo distinguía cuando aún era permitida. El primer equipo que lo vio lucir en el eje de la delantera fue Rosario Central, pero fue el Valencia de España donde cosechó su mejor récord como goleador. Aunque casi alcanzó la cifra de 400 tantos, el par que más recuerda la afición es el de la final contra el arco defendido por el neerlandés Jan Jongbloed. En ambos se nota plenamente la facultad mayor de Kempes: perforar desde poco fuera del área grande con una mezcla de habilidad y convicción.

viernes, junio 26, 2026

16. Francescoli








 

Alto y espigado, Enzo Francescoli (Montevideo, 1961) es a mi juicio el delantero más fino que ha dado la República Oriental del Uruguay, país fecundo en futbolistas. Numerosos goles llenos de elegancia son evidencia de que el cuerpo no le estorbó para, además de alcanzar gran eficacia frente al arco, transmitir belleza. El apodo de Príncipe le calzó, pues, con total justicia. En su carrera marcó 250 tantos, la mitad con River Plate, donde ganó todo y se convirtió en una de sus figuras más salientes. Con la selección grande jugó dos mundiales, ambos sin mucha fortuna, pero ganó tres copas América. El estilo de su ataque combinaba todos los recursos que puede apetecer un delantero: tenía gambeta, disparo fuerte o delicado, anticipo, resolución de primera, rapidez, cabeceo, encare e incluso se dio el lujo de exhibir firuletes como la célebre chilena contra la selección de Polonia: Ruggeri baja de cabeza una pelota casi perdida, en segunda jugada Francescoli la mata de pecho pero queda de espalda a la portería y de repente se eleva para anidarla en el rincón del segundo poste. Fue un atacante completo, con todos los atributos para convertirse en jugador respetado hasta por sus rivales.

miércoles, junio 24, 2026

14. Fuertes

 







El repositorio de YouTube ha abierto la posibilidad de ver antologías de goleadores de todas las latitudes. Esto, claro, resultaba imposible en otros tiempos, cuando los recursos audiovisuales eran pobres y los aficionados teníamos que conformarnos con lo que difundía la televisión local. Gracias, entonces, a YouTube, una práctica frecuente de quien sancocha estos renglones ha sido localizar artilleros en todas las ligas disponibles. Uno de los que más ha llamado mi atención es Esteban el Bichi Fuertes (Coronel Dorrego, Argentina, 1972), quien anotó alrededor de 300 tantos en su carrera. Dirán que no es conocido más allá del futbol de su país, que no figuró en su selección, pero su desempeño en una primera división tan dura como la argentina lo convierte, a mi parecer, en un futbolista destacable. El de Esteban Fuertes es un caso típico de goleador oportuno, de última jugada. Ver sus anotaciones es asistir a un engarce de toques finales a la red. Esto significa que el fuerte de Fuertes no era encarar de tres cuartos en adelante, ni driblar ni disparar de lejos. Lo suyo fue empujarla, estar en el lugar preciso en el momento preciso, siempre, indefectiblemente listo para llegar, marcar y celebrar.

miércoles, junio 17, 2026

Futbol como tópico

 







No está de más pensar un poco en la evolución del futbol como tema intelectual. Sé que en contextos como el inglés o el francés ha sido observado desde los sesenta por algunos estudiosos de “la sociedad del espectáculo”, pero en América Latina sospecho que su interés como tópico no sólo deportivo, sino cultural en su sentido más amplio, ocurre a partir de la década de los noventa. Como motivo de relatos literarios data de más atrás, pero como fuente de reflexión más o menos frecuente apenas alcanza un periodo algo mayor a tres décadas.

Una explicación tal vez atendible, así sea nada más a manera de hipótesis, sobre el rechazo al futbol como tema atractivo al pensamiento, quizá tiene algún nexo con la rigidez de los intelectuales a la hora de aproximarse a la cultura de masas, o hacerlo tibiamente y muchas veces con obligado desprecio. El futbol como espectáculo popular, simple, irracional, frívolo, provocaba culpa en los estudiosos, más si en ellos había simpatía por su práctica. Es la tensión destacada por Umberto Eco entre los “apocalípticos” y los “integrados”. Los intelectuales, predominantemente de izquierda en los sesenta, setenta y ochenta, tal vez eran aficionados de clóset, y, si mucho, mostraban alguna adhesión en revistas y periódicos, nunca en el objeto sacralizado del libro.

Esto cambió como una distensión, podemos imaginar por qué, en los noventa. Más allá de las renuncias o las constancias ideológicas de la izquierda, lo ciento es que se acusó un nuevo clima para el despliegue del pensamiento. Si el futbol era atractivo para las mayorías, más que un fenómeno puramente deportivo o espectáculo con estatus de nuevo opio del pueblo, en buena hora los estudiosos decidieron explorarlo. Por eso no me parece poco sintomático que Fútbol argentino, El futbol a sol y sombra, Los once de la tribu y La era del fútbol hayan aparecido en 1990, 1995, l995 y 1998, en este orden. El trazo de esta idea es muy grueso, pero precisamente por ello más visible, digno de un hilado más fino en el futuro.

¿Por qué el anarquista Osvaldo Bayer, gran relator en los setenta de las masacres en la Patagonia, decidió publicar un libro sobre futbol en 1990? ¿Por qué el zurdo Eduardo Galeano elogió el futbol en 1995 cuando Las venas abiertas de América Latina era ya un clásico del saqueo colonialista en nuestro continente espiritual? ¿Por qué Juan Villoro se arriesgó en el 95 a ser excluido del canon mexicano por escribir sobre futbol? ¿Por qué Juan José Sebreli emprendió su sesudo y severo alegato contra el futbol en 1998? Insisto: tanto para elogiarlo como para repudiarlo, el futbol alcanzó en esa década el rango de tema a indagar. Han pasado 35 años en los que, a un ritmo constante, aparecen libros sobre futbol encarados desde distintas disciplinas, muchos colectivos, como Área penal: el futbol en tiempos de globalización, publicado por la UNAM y coordinado por Federico Fernández Christlieb (hermano del exportero del Atlante). No es necesario resaltar que la sanción editorial de la UNAM da carta total de naturalización al futbol como tema académico.

sábado, junio 13, 2026

3. Batistuta

 








Su apellido fue aprovechado para jugar con el prefijo del superhéroe. En lugar de Batistuta, los medios lo rebautizaron Batigol. No deshonró el mote: frente a la portería daba la impresión de ser todopoderoso y anotar cuantas pelotas le caían cerca con intención o por azar. Fue un artillero despiadado. La mezcla de velocidad y fuerza hacían casi imposible detener ese tren rubio, quien se hartó de clavar goles en los que destacaba la potencia física y la ausencia de misericordia con los arqueros rivales. Si veía un hueco, ya sea encarrerado o disparando de media distancia, de sus botas salían obuses con lumbre. La fuerza fue su fuerza, que combinada con el olfato de perro para rematar dio como resultado una cauda total de 300 tantos en su carrera, la mayoría (207) con la Fiorentina en tiempos del más feroz catenaccio, lo cual le añade mérito. Gabriel Omar Batistuta (Avellaneda, Santa Fe, Argentina, 1969) fue una fuerza telúrica con ropa de futbolista, y a México le trae malos recuerdos, pues es imposible olvidar que rompió el empate en la Copa América de 1993, cuando en Guayaquil, tras un madruguete de banda, eludió a uno y venció a Jorge Campos.

Sumario de Borges













En “Los diccionarios de ayer y de mañana”, su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua (1992), el filólogo Guido Gómez de Silva consigna la evolución de este tipo de libros, llamados genéricamente “de referencia”, y destaca que en su origen tuvieron una hechura individual, como, entre muchos otros, el famoso Tesoro de la lengua castellana o española, confeccionado sin ayuda por Sebastián de Covarrubias Orozco (1611). Mucho más cerca de nosotros en el tiempo, es célebre el Diccionario de uso del español, titánico emprendimiento encarado por María Moliner, quien trabajó sola en su casa, con ficheros de papel y una maquinita mecánica Olivetti. Lo habitual desde hace mucho, sin embargo, es el trabajo en colaboración, como lo mostró la Enciclopedia (1751-1772) coordinada por Denis Diderot y Jean Le Rond d’Alambert, quienes convocaron a un ejército de eruditos para preparar la monumental obra que dio identidad al también llamado “Siglo de las Luces”.

Otra característica de los diccionarios de uso o enciclopédicos, además de implicar un trabajo plural, es el de abordar registros de una lengua o de una parcela del conocimiento. Por ejemplo, los diccionarios de la casa Larousse o los del FCE de filosofía, sociología o religiones. Más raro es dedicar un libro de esta naturaleza a un solo personaje, como es el caso de Borges babilónico. Una enciclopedia (FCE, primera edición en español 2023, Buenos Aires, 626 pp.). Es el libro que se me ocurre traer hoy, a un día del cuadragésimo aniversario de la partida de Borges, quien murió en Ginebra, Suiza, el 14 de junio de 1986.

Borges babilónico (el adjetivo obviamente alude al cuento “La biblioteca de Babel”) tuvo una primera edición brasileña, en portugués, hacia 2017, y fue trabajada por la Companhia das Letras. Lo preparó Jorge Schwartz, quien coordinó un grueso equipo de colaboradores: 75. Todos, todas, bajo la batuta de Schwartz, escribieron las cientos de entradas que iluminan enciclopédicamente la vida y la obra de Borges. Entre los nombres conocidos (al menos por mí) de quienes colaboraron puedo destacar a Beatriz Sarlo, Alberto Manguel, Edgardo Cozarinsky, Emir Rodríguez Monegal, Horacio González, Rafael Olea Franco y Ricardo Piglia.

El director del libro expone en el prólogo a la edición brasileña, incluido también aquí, que su primera labor fue crear la lista de entradas. El resultado alcanzó un número desorbitado de posibilidades, tanto que tuvo que ser achicado. La edición argentina sumó de todos modos más entradas hasta cerrar en una cantidad que en efecto forma un libro voluminoso, pero manejable.

Como en todo material de índole enciclopédica, Borges babilónico tiene algo de arbitrario en sus entradas. ¿Cómo decidir qué entradas vale desarrollar en la obra de un autor tan complejo y diverso como Borges? ¿Qué personaje real o ficticio, qué idea, qué lugar, qué libro es dable atender con amplitud para formar una noción general y precisa sobre el más famoso escritor argentino? La selección trabaja entonces sobre los asuntos, los libros, los escritores, los amigos y los tópicos (el laberinto, los tigres, el tiempo, los espejos…) borgeanos. Cada entrada tiene un desarrollo que alcanza, dicho esto a ojo de buen cubero y sólo para dar la idea, de una cuartilla a dos en promedio, aunque las hay poco más breves o poco más largas. La aspiración, en todo caso, fue obtener un panorama amplio, el más amplio y abarcador posible, de todo aquello que interesó al autor de Fervor de Buenos Aires. El diseño del libro, rasgo de no escaso valor en un volumen de consulta como este, es impecable, a dos tintas en sus folios y tipografía clara.

Schwartz señala, al final del prólogo a la edición en español, que “Para ser fiel al espíritu borgiano, recomendamos que el Borges babilónico, además de obra de consulta, sea también de lectura”. Estoy seguro de que lo logra, que sus entradas se dejan recorrer con gusto y pueden ser un material muy valioso tanto para quien conoce a fondo la obra de Borges como para quien todavía no lo ubica como el inmenso escritor que fue, una inmensidad que por cierto no ha parado de crecer desde que murió hace cuarenta años y acaso desde dos o tres décadas antes, tras el asombro y la repentina veneración que por él sintieron Europa y los Estados Unidos. 

sábado, abril 18, 2026

Posesión de Maradona

 











Aunque mi admiración por Maradona tiene, obviamente, un costado irracional, no dejo de intentar una explicación justificada con el envés de la mera emocionalidad. Sé que no la necesito, que la pasión deportiva, como todas las pasiones, requiere de ingredientes algo inexplicables para no dejar de ser lo que es. Cuando es posible graficar la pasión en una tabla de Excel es porque ya dejó de existir y resulta viable observarla desde fuera, sobriamente y con la frialdad del analista. Esto se puede comprobar con el enamoramiento de un hijo o un amigo: por más que racionalmente queramos convencerlos de que la elección de la novia no les conviene, la pasión seguirá intacta, pues “el corazón tiene razones que la razón no entiende”, para decirlo con la famosa sentencia pascaleana.

Pese a lo anterior, cada vez que me pregunto por qué me atrae tanto la figura de Maradona enumero las tres razones que dan sustento a esta posesión: su manera superior de jugar a la pelota, su proximidad política a muchas ideas con las cuales simpatizo y la cauda de testimonios admirados sobre su cercanía y solidaridad. La última es la que más me convence de lo que creo, pues es la menos subjetiva: decenas de jugadores y no jugadores de futbol declararon alguna vez un gesto de amistad o plena empatía del argentino, lo cual es raro si consideramos que en las alturas de la popularidad es difícil que un superestrella tenga tiempo siquiera para escuchar al otro, y menos para ayudarlo. Con Maradona no fue el caso, y esto es dable certificarlo mediante YouTube en innumerables testimonios.

La estatura mítica del 10 se construyó en la cancha, es obvio, pero no menos importante fue el peso de su trajín fuera de ella. La presión social, política y mediática a la que lo sometieron fue la mayor que gravitó sobre un ser humano durante al menos dos décadas, y por supuesto que su fragilidad fue puesta a prueba. Pese a todo, pese incluso a un origen de total pobreza y falta de instrucción escolar, Maradona supo ser reconocido como un ídolo. Ni sus errores ni sus enemigos lograron tumbarlo del pedestal, y por algo fue y es.

Como la que acabo de exponer, una explicación personal del fervor por Maradona es el tema del libro Mi Diego: Crónica sentimental de una gambeta que desafió al mundo (Lince Ediciones, Buenos Aires, 208 pp.), del periodista Alejandro Duchini. El relato nace cuando el autor se entera de la muerte del ídolo. Como muchos, él tampoco esperaba el exabrupto del destino que se llevó a Maradona cuando apenas tenía sesenta años, el 25 de noviembre de 2020. (Su impacto me hace recordar el propio: yo estaba en la cocina de casa cuando mi amigo Jorge Figueroa informó en un grupo de Whatsapp que Diego había muerto. Así, “Murió Diego”. Quedé como vaciado, como repentinamente hueco por dentro).

Duchini cuenta aquel momento: “‘Murió Maradona’, dispara la televisión. Male me pregunta por qué lloro y no sé qué decirle. Lloro porque siento que todo se detiene y la infancia, que viene arrasando en su vorágine, me lleva puesto. De pronto me quedo un poco más solo entre los demás”.

El golpe impulsa una cauda de recuerdos personales atada a las frecuentes imágenes de Maradona en las canchas y fuera de ellas; como tantos, Duchini advierte que su vida no puede ser contada sin incluir a Diego: “Lo quiero y lo querré siempre. Diego Maradona estuvo desde siempre en mi vida”. En la Argentina el impacto fue devastador, inimaginable para quienes lo vieron y lo admiraron en geografías más lejanas. Pero muchos allá y acá abrieron los “Archivos guardados en el disco rígido de la infancia” y notaron, notamos, que la ausencia nos pesaba, que la mala noticia llegó muy prematuramente.

En cada corazón reaparecieron los latidos de alegría que el futbolista provocó en partidos memorables por la belleza del futbol que desplegaba, una belleza capaz de abrir paréntesis al horror: “Diego nos daba el espacio para arañar la alegría en un país gris, sumido en la tristeza de la dictadura. Los desaparecidos. La ESMA y los otros centros clandestinos de detención en su apogeo. La censura. Los asesinatos organizados. El miedo y el terror. El silencio. La muerte a cada metro. Diego nos sacaba de esa realidad, aunque fuera un ratito”.

La crónica de Duchini pendula entre lo personal y lo público. Lo personal, el recuerdo del autor, la posesión de su Maradona, se va anudando a las distintas situaciones en las que Diego fue indudable protagonista. En su ir y venir, este relato se ve fortalecido por lo que el ídolo significó para tantos. No omite mencionar los tropiezos, la pesada losa que cargó debido a la fama que quizá fue menos premio que castigo. El desarrollo de su carrera avanza en la crónica hasta llegar a la despedida en la Bombonera, llena hasta los banderines sólo para ver las últimas palabras de Diego dentro de un campo de juego: “‘Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha’. La Bombonera estaba hasta las manos de hinchas para su partido despedida. Pocas frases como esa quedaron tan impregnadas en el imaginario popular argentino”.

En su revista de los hechos maradonianos, Mi Diego cita a Víctor Hugo Morales, el relator que con la mejor descripción del Gol en el Azteca pasó a unir su destino al de Maradona: “Fue también el año [se refiere a 1981, cuando Diego fue trasferido de Argentinos a Boca] en que Víctor Hugo Morales comenzaba a relatar en Argentina. Era la primera vez que la popularidad de José María Muñoz, un hombre ligado a la dictadura, tenía competencia. Tal vez más elitista, Víctor Hugo ganó a todos los públicos y se convirtió en el favorito apelando a imágenes ajenas al fútbol para contar los partidos y a una innovadora manera de relatar”. Vale decir que el Gordo Muñoz era el relator más popular en Argentina cuando Víctor Hugo llegó del Uruguay. Cinco años después, el charrúa describió como nadie la jugada inmortal ("la jugada de todos los tiempos") del Mundial México 86.

Extrañeza, desacomodo en la vida, vacío es lo que se siente al leer las páginas de Duchini. No pudo ser de otra manera, pues el periodista escribió su libro casi al calor de la mala nueva. "Recién a su muerte algunos nos dimos cuenta de cuánto queríamos a ese hombre tan humano, como nosotros. Entendimos cuánto nos había marcado en nuestras vidas. Cuánto condimento nos había dado". Todavía hoy, añado, la querencia de Diego lo mantiene tan cerca que parece haber partido ayer, no hace seis años, en 2020, el año de la pandemia que tantas calamidades provocó.

martes, marzo 24, 2026

La ESMA en papel y en vivo

 











A estas alturas es inocultable mi interés, como tema, por el golpe de Estado en la Argentina. No es un asunto fácil de abordar, pues la distancia en el tiempo y en el espacio, sumado al océano de información que ha generado y seguirá generando, torna casi imposible un conocimiento completo de todo lo que envolvió como momento bisagra para la Argentina en particular y para Latinoamérica en general. Soy pues un interesado mexicano que conoce bien las generalidades del antes, del durante y del después del golpe, no un especialista como los muchos que ha tenido el tópico en la academia, el periodismo y el arte. Creo, sin embargo, que esto es suficiente para destacar, ante los no iniciados, la pertinencia de saber que la matriz ideológica de los militares y civiles que motorizaron el golpe no sólo sigue en pie, sino que en los años recientes se ha quitado la careta para expresar su total entrega a un pensamiento que supone a los dueños del mercado como únicos soportes de la vida social.

En el mar de información y posibilidad de accesos que tiene el asunto, pensé cómo podría resumir el golpe, qué decir realmente englobador sobre lo que significó. Hoy es quizá el día más importante que me tocará vivir en términos de recordación, pues seguro no llegaré al centenario. Así entonces, pienso que un símbolo adecuado del horror que atravesó aquel periodo de la historia argentina es la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA. Se han contabilizado, entre importantes y no tanto, alrededor de 500 sitios de este tipo, lugares que funcionaron como centros clandestinos de detención donde la tortura y el asesinato tuvieron el tratamiento del más ordinario trámite administrativo. Muchos de esos lugares, como El Campito y La Perla, vieron pasar una población notable de secuestrados, pero sin duda la ESMA fue el espacio que se convirtió en emblema del plan sistemático de extermino impulsado por los militares.

Ubicada en la avenida Libertador 8151, en el pico norte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la ESMA es un predio amplio, con varias edificaciones en su interior, como corresponde a una escuela militar. Se ha hablado y escrito muchísimo sobre los usos que tuvo del 76 al 83, en gran medida basados en los testimonios de quienes allí fueron recluidos y torturados pero al final sobrevivieron. Se dice que cerca de cinco mil detenidos y detenidas fueron aprisionados en sus muros sin que mediara el más insignificante procedimiento legal. El objeto de las detenciones era, se sabe, aislar a los “subversivos”, sacarles toda la información posible y luego matarlos/desaparecerlos, todo esto, insisto, al margen de la ley, en la clandestinidad total pese a que su administrador era un Estado lleno de patriotas. Una guía textual de reciente edición es ESMA. Represión y poder en el centro clandestino de detención más emblemático de la última dictadura argentina (FCE, Buenos Aires, 2023, 198 pp.), libro colectivo coordinado por Marina Franco y Claudia Feld.

Para hacer un paneo general de la ESMA y lo que allí ocurrió, las coordinadoras y el equipo autoral nuclearon el material en siete capítulos: “Una breve historia del centro clandestino”, de Hernán Confino, Marina Franco y Rodrigo González Tizón; “El poder en las sombras: el grupo de tareas de la ESMA”, de Valentina Salvi; “Un nivel superior de aniquilamiento: el ‘proceso de recuperación’”, de Claudia Feld; “Solidaridades y tensiones”, de Rodrigo González Tizón y Luciana Messina; “De la rapiña a los millones: el robo de bienes en la ESMA”, de Hernán Confino y Marina Franco; “El lugar sin límites: el centro clandestino fuera de la ESMA”, de Claudia Feld, y “Conclusiones. Pensar la ESMA: entre la represión y la acumulación de poder”, Claudia Feld y Marina Franco.

Al contextualizar el golpe, las directoras del estudio señalaron que “El contexto internacional de la Guerra Fría y la llegada de las doctrinas contrainsurgentes de origen francés y estadounidense, particularmente entre las Fuerzas Armadas, facilitaron una lectura de los conflictos locales en clave de ‘enemigo interno’ contra el cual combatir”. Para consumar tal propósito, pusieron énfasis en la inteligencia como método de cacería y en la tortura como herramienta de trabajo para avanzar en la compilación de datos. La mención a “las doctrinas contrainsurgentes de origen francés” puede ser mejor comprendida, añado aquí, en la película La batalla de Argel (Guillo Pontecorvo, 1966), representación que expone una clara idea de la tensión entre las luchas de liberación y el propósito de aplastarlas.

El espíritu de persecución que alentó a las fuerzas armadas argentinas requirió la identificación/demonización de un enemigo pernicioso para el “orden”; más allá de la peligrosidad de los grupos guerrilleros, la noción de “enemigo” se amplió hasta donde fue posible para que todo cupiera en ella y la aniquilación fuera merecida: “Algunas de ellas [organizaciones revolucionarias] sostenían la toma del poder por la vía armada, como Montoneros y el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Sin embargo, de manera más amplia, la palabra ‘subversión’ designaba cualquier forma de organización o activismo político, cultural o social que fuera considerado una amenaza al orden”.

Asestado el golpe al gobierno constitucional, la ESMA comenzó a ser el símbolo principal de la represión. Es un predio de 14 hectáreas que funcionaba como escuela de los marinos; la mayor parte de sus edificios siguieron operando para la instrucción naval militar, mientras uno de sus espacios, el llamado “Casino de Oficiales”, se convirtió en el centro de detención. Al frente de la Marina estaba el almirante Emilio Eduardo Massera, se podría decir que segundo de a bordo en la primera Junta Militar, sólo por debajo de Jorge Rafael Videla. Bajo su mando accionó el Grupo de Tareas 3.3 (GT 3.3), dividido a su vez en dos unidades. Estos GT eran “patotas” (grupos) de militares vestidos de civil que objetivo en mano salían de la ESMA a cazar “subversivos”. Lo hacían sin orden judicial, rápida y eficazmente, en autos sin matrícula, como los famosos Ford Falcon verdes. Actuaban a cualquier hora del día, de la noche o de la misma madrugada, y no se ahorraban culatazos para “chupar” a las víctimas. Extraídos de sus domicilios, con la vista tapada, los secuestrados eran llevados a la ESMA, donde de inmediato comenzaba el calvario de la tortura y los interrogatorios. “La tortura, esa práctica atroz sobre el cuerpo de hombres y mujeres, era considerada por los militares un arma fundamental. Un arma para identificar al enemigo dentro de la guerra contrainsurgente que creían estar librando día a día”. Sin una política temporal precisa (todo estaba al margen de la legalidad, casi a capricho de los verdugos), sin que se supiera claramente hasta cuándo o por qué se les condenaba, los detenidos eran asesinados. Dos procedimientos famosos para acabar con las vidas de los secuestrados fueron los “asaditos” (disparo e incineración del cadáver) y los “traslados” en vuelos de la muerte. Como cabeza de los GT fue famoso el capitán de fragata Jorge Tigre Acosta, destacado también como experto torturador.

La ESMA, o el Casino de Oficiales, para ser más preciso, estaba segmentado en cada uno de sus pisos. Los nombres que los militares asignaron a esos espacios eran denotativos. Por ejemplo, el “Pañol” (en alusión a la parte de los barcos donde se guardan las provisiones) era el lugar donde almacenaban los bienes robados en las casas de los “subversivos”. Estos hurtos eran las “operaciones económicas”, una de las acciones más importantes de los grupos de tareas: saquear los bienes de los secuestrados y sus familias. La sustracción incluyó inmuebles, para lo cual los marinos establecieron empresas inmobiliarias y de reparaciones allá llamadas de “refacciones”. Otros espacios eran “Capucha”, donde se hacinaba a los detenidos, y la “Pecera” (en el tercer piso) y “Huevera” (en el sótano). Los dos últimos se diseñaron para el trabajo esclavo impuesto a los detenidos, lo que suponía trabajo en la falsificación de documentos, elaboración de un periódico, fotografías y síntesis de noticias. El almirante Massera abrazó la idea de hacer vida política tras el fin del gobierno de facto, y para ello requirió del trabajo esclavo que por medio de instrumentos propagandísticos le diera visibilidad. Es conocido el caso de Lisandro Cubas, secuestrado que fue obligado a trabajar como periodista; en una ocasión, cerca de arrancar el Mundial 78, le pusieron un traje y lo llevaran a una rueda de prensa con Menotti, el entrenador de la selección, para ver si le sacaba una declaración favorable a la Junta militar, lo que no ocurrió.

Muchos jóvenes fueron aherrojados en la ESMA, todos con muy distinto grado de compromiso político, pues lo mismo podía caer allí un guerrillero con entrenamiento militar que un estudiante con apenas alguna militancia o simpatía por alguna causa repudiable para los militares; allí llevaron a su presa principal: Norma Arrostito, fundadora de Montoneros, que se convirtió en el trofeo de Rubén Chamorro, director de la ESMA. Allí también se dieron algunos partos clandestinos, en la parte bautizada como “pequeña Sardá”, en alusión a un hospital de maternidad de Buenos Aires. La apropiación de bebés y asesinato de sus madres, se sabe, fue una de las dos o tres más grandes aberraciones sistemáticas de la dictadura.

En la ESMA asimismo operó el famoso Alfredo Astiz, todavía vivo y condenado, quien se infiltró en un grupo de madres que luchaba por dar con el paradero de sus hijos en la iglesia Santa Cruz. Astiz se hizo pasar como hermano de un desaparecido, se ganó la confianza de las madres y un día las “marcó” para que las secuestraran. En el grupo estaban, entre otras personas, Azucena Villaflor y las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet. Muchos años después, ya en el siglo XXI, una historia de película, lamentablemente no ficcional, confirmó que tanto Villaflor como las monjas fueron asesinadas en un vuelo de la muerte.

El sadismo alcanzó las más altas cotas de bestialidad y “dejar ser” a los represores, “El cuerpo y la subjetividad de las víctimas, completamente indefensas, era el campo de batalla de esa guerra librada en el sótano de la ESMA. La crueldad no parecía tener inhibiciones, tal como describen los testimonios de los sobrevivientes de todos los centros clandestinos en Argentina. La tortura era masiva sobre todo el cuerpo, sistemática sobre todas las personas secuestradas, metódica con similares instrumentos y formas, y rutinaria en un tiempo y espacio similares. A más de cuarenta años de su cautiverio en la ESMA, Silvia Labayrú señala que es muy difícil transmitir ‘lo que significa escuchar permanentemente los gritos de los torturados día y noche’”. En cuanto a la técnica, “La tortura era aplicada alternativamente por dos o tres oficiales de Inteligencia. Los torturadores priorizaban la eficacia en los resultados. Como en todos los centros clandestinos de detención, el objetivo era obtener, cuanto antes, información valiosa para decidir de inmediato otras acciones represivas contra miembros de las organizaciones armadas o personas consideradas subversivas”, y en cuanto al propósito de cortísimo plazo, “debían operar sobre las víctimas, consideradas enemigos, en varios sentidos. En el plano militar, buscaban información valiosa para conocer las vulnerabilidades de las organizaciones armadas y desmantelarlas. En el plano moral, pretendían quebrar la voluntad, el carácter y las convicciones de las y los secuestrados, incluyendo el sometimiento sexual de las mujeres. En el plano ideológico, intentaron convertir a las víctimas para que adoptaran los valores, las creencias y las prácticas de sus captores. En el plano político, buscaron fortalecer la posición de la Armada y de Massera, en Argentina y en el exterior”.

El accionar bestial fue acompañado por un vocabulario ad hoc: “Los marinos también crearon una jerga para disfrazar el carácter criminal de sus acciones. Eufemismos tales como ‘traslado’ (asesinato), ‘quirófano’ (sala de tortura), ‘paquete’ (persona secuestrada) o tecnicismos como ‘interrogatorio’ (tortura), ‘blanco’ (persona a secuestrar) tenían la función de normalizar la violencia. Y también contribuían a morigerar o relativizar la responsabilidad de los represores”.

En septiembre de 1979, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA visitó la Argentina para una revisión; uno de los sitios a recorrer fue el Casino de la ESMA, que previamente fue modificado para que no se le notara el uso de los años recientes. Los detenidos fueron llevados a una finca en la isla El Silencio, en el delta de Tigre, no sin ayuda eclesiástico, como el mucho apoyo espiritual que los asesinos recibieron para justificar sus métodos. Es famoso el caso del capellán Christian Von Wernich, quien fue, aunque no en la ESMA, uno de los religiosos que tranquilizó el alma de los marinos al expresarles la necesidad de eliminar la cizaña para que crecieran las plantas benéficas.

En teoría, uno de los objetivos de la ESMA fue desarrollar lo que llamaron “proceso de recuperación”, consistente en alentar a los detenidos a convertirse al bien. Los posibles beneficiados tenían, entre alguna otra ventaja, salir acompañados por alguien, probar el exterior. Un viejo conocido en México, Ricardo Miguel Cavallo, torturó y violó a Ana Testa, y en otro momento la acompañó con su familia (de ella) para convivir. Todo esto tenía un costado monstruoso y otro surrealista: “Sin mediación ni razón aparente, las personas secuestradas podían ser sacadas repentinamente de las privaciones de Capucha y llevadas a alguna de las quintas que controlaba el GT, donde eran sentadas a comer un asado o jugaban un partido de fútbol”.

La ESMA, en suma, es un gran símbolo del horror que padeció la Argentina durante los siete años que van de 1976 a 1983. Allí la perversidad humana ensayó vejámenes que unos meses después obligaron a pensar en una consigna viva hasta la fecha y esperemos que siempre: nunca más.

Nota. El 11 de mayo de 2024 visité la ESMA por primera vez. Era una asignatura pendiente de otros viajes a Buenos Aires, y afortunadamente en aquella oportunidad pude hacer el recorrido por el ahora Museo Sitio de Memoria. Me acompañaron Maribel, el escritor Fabián Vique y el arqueólogo mendocino Leo Mercado, quien radica en Salta. Hice varias fotos, y aquí muestro sólo algunas. Las dos ultimas remiten al estadio Monumental, ubicado a medio kilómetro de la ESMA, y al delta de la ciudad de Tigre, a donde llevaron a los detenidos en septiembre de 1979, cuando se dio la visita de la CIDH. Todas estas imágenes son de mi autoría.








































sábado, marzo 21, 2026

Perversidad del verbo trasladar

 








El golpe de Estado más reciente perpetrado en la Argentina está hoy a tres días de cumplir su quincuagésimo aniversario, medio siglo desde que la Junta Militar tomó el “control operacional” del país y echó abajo el gobierno democrático encabezado por la errática y debilitada Isabel Perón (La Rioja, Argentina, 1931), quien asombrosamente aún vive. El interés del tema no es sólo histórico, como objeto de conocimiento por el conocimiento en sí, lo cual es, de cualquier modo, valioso y digno de atención. Desgraciadamente, poner la mirada en el golpe y la dictadura que generó desborda el interés académico o especializado, pues se vincula con la realidad que hoy nos atañe a todos. El auge de la nueva derecha en el mundo mueve a pensar que la vocación genocida convive todavía con nosotros, es un animal no extinto, de ahí la pertinencia de recordar cómo se las gastaron ciertos regímenes no sólo en la Argentina, sino en muchos otros lugares del planeta castigados por gobiernos a los que no les tembló el brazo para eliminar opositores.

El caso argentino es particularmente interesante por las características de su pasado y el accionar de su gobierno en el presente. Desde el regreso a la democracia en aquel país, de hecho, no ha habido, como en el actual, otro gobierno con mayores inclinaciones negacionistas, tanto así que desde el presidente para abajo sus funcionarios han llegado al extremo de suponer que los militares de los setenta y su pata civil de apoyo libraron una guerra que salvó a la patria del terrorismo. Lejos de considerarlos genocidas, Milei y sobre todo Victoria Villarruel, la vicepresidenta hoy coyunturalmente enemiga del presidente, han buscado desmantelar todo lo que remita a las instituciones dedicadas a la búsqueda de verdad y justicia, los dos ejes de la lucha contra la desmemoria y la impunidad.

La dictadura argentina operó en un momento histórico espeso de turbulencias. Por un lado, la Guerra Fría como manifestación de la polaridad mundial; su expresión hemisférica fue el empeño de los Estados Unidos por mantener tutelados a los países de América Latina, zona donde cundieron dictaduras supeditadas a Washington. En la otra orilla, la URSS y sus satélites, y entre ellos los países motivados para luchar contra la descolonización o el imperialismo. Bajo el ejemplo de Cuba, muchos jóvenes adhirieron a la insurrección por caminos distintos, donde el más radical fue el del foquismo guevarista. La Argentina llegó a 1976 arrastrando una cadena de desastres políticos cuyo origen se puede datar en 1955 con el golpe en la segunda presidencia de Perón.

Luego del bombardeo a la Plaza de Mayo, en la Argentina se sucedieron trastabillantes gobiernos militares de facto y otros civiles que terminaron mal, como los de Frondizi e Illia. Del 66 al 73, de Onganía a Lanusse, cuatro militares ejercieron el poder en un clima de creciente insurrección. Muchos grupos guerrilleros de filiación peronista (como Montoneros, cuya aparición se dio en mayo de 1970) y socialista (como el PRT-ERP) comenzaron a operar contra la dictadura. En un marco de profundo deterioro, la unión de un frente amplio en 1973 posibilitó unas elecciones que ganó el peronista Héctor Cámpora, quien volvió a convocar a elecciones, las que ganó Perón, quien había vuelto de casi veinte años de exilio para ejercer su tercer mandato.

Muchos aseguran que la edad no jugó del lado de Perón. Era ya muy viejo, la situación seguía agitada entre los jóvenes, y murió a menos de un año después de haber comenzado su gobierno. Isabelita, viuda de Perón, era la vicepresidenta, así que con todas sus limitaciones asumió el Ejecutivo. Además de su ineptitud, estaba muy mal asesorada sobre todo por un tipo siniestro llamado José López Rega, alias el Brujo, cuyo rol fue importante porque desde un ministerio, el de Bienestar Social, creó la Triple A, un aparato de muerte encargado de perseguir y liquidar opositores de cualquier orientación, sobre todo "comunista" (Triple A significa Alianza Anticomunista Argentina). La andadura de los grupos de tareas duró en acción intensa cerca de dos años, del 74 al 76. Todo se descompuso vertiginosamente.

Militares y civiles de la oligarquía local olieron sangre y comenzaron a presionar a Isabel Perón para iniciar en Tucumán operaciones “antisubversivas” encomendadas al Ejército. Poco después dieron el golpe del 24 de marzo, y se hizo la noche a plenitud. Diseñaron un plan sistemático de extermino que, para serlo, debía quedar al margen de la ley. Se crearon en todo el país centros de detención, tortura y desaparición, cuyo edificio emblemático fue la ESMA. El horror se convirtió así en política pública.

Por testimonios de sobrevivientes se sabe cuál era el método desarrollado con precisión quirúrgica para viabilizar el genocidio: después de ubicar a un sospechoso, lo “chupaban” a culatazos para treparlo a vehículos Ford Falcon sin número de matrícula, luego lo llevaban a un centro donde al margen de cualquier legalidad lo torturaban para exprimirle información. En esa situación los habeas corpus no servían de nada. El calvario para los supliciados duraba hasta que a criterio de sus captores el "subversivo" era útil como fuente de datos (nombres, direcciones, teléfonos...). Cuando se agotaban las posibilidades de sacarle más, el destino habitual era matarlo y desaparecerlo sin dejar rastro.

La desaparición, acaso el peor delito que en el mundo hay, podía servirse de incineración de cadáveres o fosas comunes, pero los militares argentinos dieron un paso más hacia el terreno de lo abominable: perfeccionaron los llamados vuelos de la muerte. Sin que los condenados tuvieran al menos el derecho de saber que los conducían a su fin, les comunicaban que habían sido elegidos para ser parte de un “traslado”, es decir, que en teoría serían llevados a otro espacio para proseguir su reclusión. Con el pretexto de que era una vacuna, un médico les inyectaba una dosis de pentotal sódico para sedarlos y así los trepaban a un camión que de inmediato se dirigía al aeropuerto, donde los subían a un pequeño avión militar (el famoso Skyvan) y ya arriba les inyectaban otra dosis de la droga. Volaban hacia el Atlántico y en la boca oriental del Río de la Plata los arrojaban vivos al mar. Tal era el procedimiento del eufemístico “traslado”, una de las mayores proezas de la perversidad latinoamericana que no podemos olvidar porque ganas no faltarán hoy de reeditarla.

Sobre este tema, y a propósito del susodicho golpe, hablaré el jueves 26 de marzo a las 7 pm en la cafebrería La Tinta (Morelos 559 poniente), de Torreón. Trabajaré sustancialmente sobre dos libros (El vuelo, de Horacio Verbitsky, y Anatomía de una mentira: quiénes y por qué justifican la represión de los setenta, de Hernán Confino y Rodrigo González Tizón) y dos documentales (Scilingo, del canal Encuentro, y Traslados, de Nicolás Gil Lavedra). La entrada es libre.

Nota. En mayo de 2024 tomé la foto que encabeza este post; el lugar es la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Se trata del avión Skyvan mencionado en el texto. No fue el único usado para desaparecer. En 2023 fue recuperado en Fort Lauderdale, Florida, por el gobierno argentino que lo recuperó para que formará parte del Museo Sitio de Memoria ESMA. El avión es allí un recordatorio metálico de los vuelos de la muerte.

sábado, febrero 21, 2026

Error de cálculo

 






He escrito y publicado que la derecha que más puede influir en México, así sea como mera imitación autóctona, forma un triángulo cuyo centro geográfico es el Atlántico. Sus ángulos lo forman EUA, España y Argentina. El avance en esos países de líderes cargados hacia la carnicería postneoliberal ha dado como fruto la llegada de Trump y Milei a sus respectivos gobiernos, y en España ha significado el avance de una derecha rancia, retrógrada y violenta encabezada por el partido Vox, cuyo líder es Santiago Abascal, a quien dicho sea de paso ha asesorado el Yunque, buque insignia mexicano convertido pues en nuestro segundo producto de exportación facha luego del éxito logrado por los legionarios de Marcial Maciel, su chilesuelto fundador.

Las políticas adoptadas por Trump y Milei no dejan espacio a las dudas sobre su filo antipopular. Ante tales políticas podemos asumir dos posturas: que se impondrán a marrazos o que no se impondrán gracias a la oposición que generen. En ambos casos, creo que la ultraderecha comete un error de cálculo. Si avanzan, la oposición a sus medidas no tardará en manifestarse incluso de manera violenta, lo que dará pie a reconsideraciones en sentido contrario, es decir, social y económicamente más moderadas; si son frenadas, se sentará un precedente que confirmará la pertinencia de la lucha social para impedir medidas y reformas regresivas.

En este momento se debate la aprobación de una reforma laboral a todas luces sádica en la Argentina de Milei. Probablemente sea aprobada por un congreso comprado/extorsionado, pero insisto: quienes la promueven han calculado mal. Ya en este momento hay protestas muy fuertes que se intensificarán apenas arrecien los despidos masivos y la caída en desgracia de los salarios y el consumo, además del crack de la industria apuñalada por importaciones indiscriminadas. La Argentina, no exagero, puede pasar al caos si Milei y sus secuaces, instruidos por el FMI, avanzan en la demolición del país.

Es casi un hecho que la reforma (presentada como “modernización” de la ley laboral) será impuesta, entre otras razones más generales, por lo que Ángelo Albanese, académico argentino del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) publicó con buen ojo en un apunte de twitter que tituló “La furia de los invisibles”: “La reforma laboral va a salir porque el laburante precarizado odia al trabajador formal. Así de simple y duro. Este es un resultado cultural que viene incubándose desde hace una década. Para ellos, tener una obra social o vacacionar son privilegios. El precarizado odia los retazos solidarios del Estado colapsando porque a ellos no los ayudó nunca nadie. Y eso es cierto.  Quisieran que la sociedad sea una jungla donde el individualismo sea una carta a su favor. Si siempre la pelearon solos creen, esperanzadoramente, que son más fuertes que otros trabajadores. Que son más duros que aquellos [que] vivieron arropados por aguinaldo o licencias médicas. Se sienten interpelados por la explotación porque no conocen otro régimen de vida. Creen que es injusto que el 30 o el 40% de PEA [población económicamente activa] que vive en la formalidad, no experimente la incertidumbre y la falta de posibilidades que ellos padecen. Quieren, también, revanchismo. Ese es un mérito de Milei, haber sabido seducir a ese sector. Un sector que, a su vez, detesta el discurso de justicia social porque vivió en carne propia cómo sus condiciones de vida vienen cayendo desde hace varios gobiernos atrás. En el abismo ven luz.  Pero es terrible, nos dirigimos a toda velocidad al abismo”.

Deseo ser optimista frente al desastre circundante porque creo que todavía quedan anticuerpos en la masa de los trabajadores no sólo argentinos, sino de muchos países que luchando a los tumbos o como sea han conseguido lo inimaginable hace algunas décadas: mejores salarios, jornada de ocho horas, vacaciones, derecho a la salud, aguinaldo, pensión… La Argentina es un laboratorio de la ultraderecha mundial: si allá talan derechos y no pasa nada, lo mismo harán otros países. Pero no funcionará, ahora mismo ya no está funcionando, pues luego de dos siglos de luchas de los trabajadores y trabajadoras en el mundo no será fácil para el poder fascistizado cercenar conquistas sin oposición popular.

En una entrevista reciente, Thomas Piketty señaló que “hay una marcha hacia la igualdad que viene de lejos, que es un fenómeno de largo plazo y que se nutre a veces de revoluciones, pero más generalmente de rebeliones, de peticiones de más igualdad”. Esas luchas que vienen de lejos no se borrarán nomás porque a un gobierno lacayo del poder financiero se le ocurra modificar leyes a conveniencia de unos pocos y desgracia de millones. El avance antiderechos laborales no lo veo, por ejemplo, tan fácil de ejecutar en México, y menos con el desastroso caso argentino tan a la vista. Lo mismo pienso que ocurriría en Chile pese a la llegada a la presidencia del nazi confeso José Antonio Kast, quien al parecer intentará emular en lo que se pueda a su vecino de la motosierra, aunque le será complicado, supongo que imposible, impulsar reformas cavernícolas como las argentinas.

La historia no ha caminado tan en vano. El experimento argentino terminará mal y entonces las trabajadoras y los trabajadores del mundo estarán advertidos y preparados para los hachazos que les quieran propinar en casa.

miércoles, febrero 18, 2026

Trabajo en un hilo

 












Si bien veo con pesimismo el avance de la ultraderecha que en occidente encarnan gángsteres como Trump (Partido Republicano, EUA), Milei (La Libertad Avanza, Argentina) y Abascal (Vox, España), percibo una salida a la bestialidad que proponen los discursos de estos sujetos. Es complicada, lo he dicho varias veces, sobre todo porque las inercias del mundo transitan hacia la disgregación y el embebimiento individualista. Alguna respuesta tendrá que darse, sin embargo, ante los embates que en el mundo desmoronan el trabajo como medio digno de vida allí donde se han establecido leyes para regular la relación obrero-patronal. México no es el paraíso en este rubro ni en ninguno, pero sin duda, como se dice para exagerar, casi es Suiza si lo comparamos con países que hoy avanzan hacia la desprotección total del trabajador.

En el fondo veo que el neocapitalismo global ha encontrado en la tecnología y sobre todo en la IA una serie de avances que poco a poco torna innecesario el trabajo humano. Sin que lo veamos muy claramente todavía, al mercado laboral le va sobrando mano de obra, y por ello la tendencia a la precarización, al abatimiento de cualquier prestación, a la destrucción del homo faber. El mundo transita hacia un colapso de millones de fuentes de trabajo, y por ello la urgencia de economizar con contratos temporales y facilidades para despedir y dejar en la calle.

El tipo ideal de trabajador que desea el “tecnofeudalismo” (así lo llama Yanis Varoufakis) es como el empleado de las “plataformas”: sin ninguna ventaja, él y su bicicleta contra el mundo. Mariano Recalde, político argentino especializado en estos asuntos, se ha opuesto a la reforma laboral de Milei, hoy en vías de aprobación; si cuaja, sería el primer gran experimento latinoamericano para hacer pomada los derechos de los trabajadores. Sintetizado por Horacio Verbitsky, al hablar de las chambas de los repartidores Recalde plantea la necesidad de una negociación colectiva que “establecería como piso el salario mínimo, seguridad social, licencias y protección contra el despido. El trabajador tendría derecho a conectarse y desconectarse libremente, respetando descansos legales obligatorios. La plataforma estaría obligada a informar cómo se asignan los pedidos, se evalúan las tareas, se pagan las comisiones y se aplican las sanciones, y debería atender al trabajador a través de una persona humana, para evitar bloqueos arbitrarios y resolver conflictos. La plataforma estaría obligada a capacitar al trabajador, proveerle elementos de seguridad, darle cobertura ante accidentes y enfermedades laborales, poseer estaciones sanitarias y de carga de energía. Debería reconocer al trabajador derecho al descanso, a vacaciones y a sindicalizarse, con posibilidad de afiliación desde la propia plataforma”.

Esto nomás respecto de los repartidores que hoy son un símbolo de la indefensión laboral. Por supuesto, sumarles derechos no será una iniciativa de quienes hoy los contratan, así que sin remedio estos trabajadores, y todos los demás, requieren de un Estado firme y la posibilidad de organización y lucha. Ahí está el detalle: primero, que el Estado sea sensible a los reclamos de justicia en el trabajo, y después, que los trabajadores sepan valorar colectivamente su importancia en la cadena de producción de la riqueza.

Por todo, es importante seguir atentos a la Argentina. Allá se libra esta semana el primer gran hachazo a los derechos laborales o la primera gran derrota de capitalismo financiero para sacarse de encima a los trabajadores que aspiran a algo más que un salario de supervivencia. Para bien o para mal, lo que resulte allá será ejemplo para los trabajadores en el mundo.