No
está de más pensar un poco en la evolución del futbol como tema intelectual. Sé
que en contextos como el inglés o el francés ha sido observado desde los
sesenta por algunos estudiosos de “la sociedad del espectáculo”, pero en
América Latina sospecho que su interés como tópico no sólo deportivo, sino
cultural en su sentido más amplio, ocurre a partir de la década de los noventa.
Como motivo de relatos literarios data de más atrás, pero como fuente de
reflexión más o menos frecuente apenas alcanza un periodo algo mayor a tres
décadas.
Una
explicación tal vez atendible, así sea nada más a manera de hipótesis, sobre el
rechazo al futbol como tema atractivo al pensamiento, quizá tiene algún nexo con
la rigidez de los intelectuales a la hora de aproximarse a la cultura de masas,
o hacerlo tibiamente y muchas veces con obligado desprecio. El futbol como espectáculo
popular, simple, irracional, frívolo, provocaba culpa en los estudiosos, más si
en ellos había simpatía por su práctica. Es la tensión destacada por Umberto
Eco entre los “apocalípticos” y los “integrados”. Los intelectuales, predominantemente
de izquierda en los sesenta, setenta y ochenta, tal vez eran aficionados de
clóset, y, si mucho, mostraban alguna adhesión en revistas y periódicos, nunca
en el objeto sacralizado del libro.
Esto
cambió como una distensión, podemos imaginar por qué, en los noventa. Más allá
de las renuncias o las constancias ideológicas de la izquierda, lo ciento es
que se acusó un nuevo clima para el despliegue del pensamiento. Si el futbol
era atractivo para las mayorías, más que un fenómeno puramente deportivo o espectáculo con estatus de nuevo opio del pueblo, en
buena hora los estudiosos decidieron explorarlo. Por eso no me parece poco
sintomático que Fútbol argentino, El futbol
a sol y sombra, Los once de la tribu y La
era del fútbol hayan aparecido en 1990, 1995, l995 y 1998, en este orden.
El trazo de esta idea es muy grueso, pero precisamente por ello más visible,
digno de un hilado más fino en el futuro.
¿Por qué el anarquista Osvaldo Bayer, gran relator en los setenta de las masacres en la Patagonia, decidió publicar un libro sobre futbol en 1990? ¿Por qué el zurdo Eduardo Galeano elogió el futbol en 1995 cuando Las venas abiertas de América Latina era ya un clásico del saqueo colonialista en nuestro continente espiritual? ¿Por qué Juan Villoro se arriesgó en el 95 a ser excluido del canon mexicano por escribir sobre futbol? ¿Por qué Juan José Sebreli emprendió su sesudo y severo alegato contra el futbol en 1998? Insisto: tanto para elogiarlo como para repudiarlo, el futbol alcanzó en esa década el rango de tema a indagar. Han pasado 35 años en los que, a un ritmo constante, aparecen libros sobre futbol encarados desde distintas disciplinas, muchos colectivos, como Área penal: el futbol en tiempos de globalización, publicado por la UNAM y coordinado por Federico Fernández Christlieb (hermano del exportero del Atlante). No es necesario resaltar que la sanción editorial de la UNAM da carta total de naturalización al futbol como tema académico.

