La
plataforma en la que he visto el Mundial 2026 ha convocado a todos sus
narradores y comentaristas para cubrir la avalancha de partidos, el negociazo
expandido de la FIFA que ya no encuentra, con Infantino, en dónde y con qué ordeñar más dólares.
Son muchos periodistas del micrófono, cada uno con su estilo, para todos los
gustos. Por primera vez reparo en que me agradan más quienes comentan que
quienes relatan, y esto tal vez se debe a que los opinadores
laterales no tienen el imperativo de gritar como si les jalaran los pelos.
Desde
hace algunos años, el estilo de la dupla Martinolli-García fijó el modelo más
atractivo en México de seguimiento a las acciones de los partidos. La voz
aguda, rápida y ocurrente fue aderezada con permanentes gracejadas en
ping-pong, y desde entonces Televisa ha buscado imitar la fórmula. Teóricamente
la encontraron en la voz de un joven de nombre Andrés Vaca, gritón
irrefrenable, a quien sumaron, por una millonada tal vez no bien invertida, los
apuntes anodinos de David Faitelson. Ambos hacen una pareja que bordea la
antipatía, pues es demasiado claro que tratan de emular el ritmo zumbón de
Martinolli-García. Esto no ocurre, por ejemplo, con relatores como Emilio
Fernando Alonso, que de entrada es bueno porque sus narraciones jamás han sido
ni querido ser una pachanga.
Digo
que, al menos para mí, algunos comentaristas han logrado una participación
notablemente mejor que la de los narradores. En ambos casos no sé los nombres
de todos, pero sí puedo reconocer a tres que expresan sus opiniones con tino
futbolístico y, lo más importante, sin alaridos: Hugo Salcedo, Rafael Puente y
Damián Zamogilny, los tres con ideas muy pertinentes, precisas notas al pie para las jugadas relevantes.
Entre las novedades que he encontrado en la relatoría de los partidos está la voz de un locutor apellidado Muñoz. Su tono, su ritmo, su impostación, una mezcla fallida de Perro Bermúdez con Martinolli, lo tornan inaguantable. Es como escuchar durante varios minutos al Gordolfo Gelatino, algo así de falso y presuntuoso en las modulaciones de la voz. No sin malestar confieso que he visto varios partidos con el audio en mute. Los de Muñoz, todos, sin dudarlo ni un segundo.

