No muy alto, medio flaco y correoso, Iván Zamorano (Maipú, Chile, 1967) siempre daba la impresión de no llenar el uniforme. Tenía un aspecto algo desgarbado, de futbolista llanero porque incluso usaba las calcetas a media asta. Clase no derrochaba, era un jugador con aspecto semisalvaje, y de alguna forma lo era: un guerrero araucano como los que Ercilla supo homenajear con versos de hierro. Militó en cuatro equipos importantes: Real Madrid, Inter de Milán, América de México y Colo Colo de su país, y por supuesto muchas veces fue seleccionado de la Roja. Anotó casi 350 goles, y quienes lo vieron en el área recuerdan que su principal habilidad estaba en el juego aéreo. Las repeticiones evidencian que su resorte, además de poderoso, tenía una virtud capital: la precisión. Algunos creerán que para el golpeo de testa lo importante es saltar mucho: entre más alto, mejor. El Bam-Bam, como lo apodaron, demostró que el arte de cabecear demanda sobre todo una capacidad sutil para calcular el instante exacto en el cual cobrar impulso. Zamorano lo dominaba como nadie y por ello superó a defensores mucho más altos. Sin duda ha sido, es y será un ídolo del futbol chileno.
sábado, julio 18, 2026
38. Zamorano
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