La suma de sus goles convirtió a Carlos Hermosillo (Cerro Azul, Veracruz, 1964) en el segundo mejor anotador en la historia del futbol mexicano, sólo debajo de Evanivaldo Castro. Casi 400 tantos, si se cuentan los que marcó para la selección, es una cantidad de ingente respeto. Con el América, donde debutó, llegó casi a la centena, pero fue en Cruz Azul donde duplicó esa cifra. Es inolvidable por ello su etapa como cementero, cuando formó endiablada mancuerna con el argentino Julio Zamora. A propósito, recuerdo una jugada que da muestra de la letalidad en aquel dúo: Zamora centra desde la banda derecha y llega Hermosillo con un cabezazo de palomita, más violento que si le hubiera pegado con el pie. Pero es improcedente describir un tipo de gol en la enorme cuenta del veracruzano. Larguirucho, grandote y fuerte, es lógico que su alta cantidad de goles suponga una variedad que incluye testarazos, chilenas, disparos de media, sombreritos, balazos de cerquita y numerosos tantos insólitos. Curiosamente, se le recuerda por un penal: el que, todavía groggy por un turbio patadón en la cara, le clavó a Ángel Comizzo en la final contra León. Inmensa fue la carrera de Carlos Hermosillo.
sábado, junio 27, 2026
17. Hermosillo
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