Resulta muy difícil negar que Lionel Messi (Rosario, Argentina, 1987) es el mejor futbolista de la historia. No tiene todos los récords en su poder, pero sí varios que, apiñados, muestran un dominio apabullante de la estadística. Claro que por encima de su nombre sólo asoman los de Pelé y Maradona, a veces el de Cristiano Ronaldo, pero ni así es sencillo marginarlo de la cúspide. Más allá de las disputas bizantinas, lo innegable es que Messi es un jugador dotado de facultades inverosímiles pese a su apariencia de frágil. Todo en él es técnica, rapidez y precisión, agilidad milimétrica para hacer siempre la jugada correcta con la exactitud de un reloj. Las miles de repeticiones en video de su futbol exhiben la mecanización de movimientos que desbordan lo creíble. A Messi se le puede estudiar en un laboratorio, pero ni así es posible frenarlo, pues la capacidad de sus rivales no alcanza para anticiparlo. Lo he visto partidos completos en los que casi inevitablemente hace uno o dos goles; es lo de menos, aunque parezca raro decir esto. Lo de más es comprobar que nunca (el adverbio aquí no es hiperbólico) se equivoca. Es un futbolista inhumano, demasiado inhumano.
domingo, julio 05, 2026
25. Messi
sábado, junio 20, 2026
10. Cristiano
A los treinta años ya estaba incluido entre los mejores de la historia, pero todavía es hora en la que, a los 41 de su edad, sigue jugando. Cristiano Ronaldo (Funchal, Portugal, 1985) es uno de los monstruos indiscutibles del planeta futbolístico. Podrá gustarnos o no, pero sus más de 800 goles son una friolera que sólo puede homologarse con muy pocos residentes de la cúspide. Es quizá el ejemplo máximo de disciplina: su entrenamiento colinda hasta hoy con el de los boxeadores, exigencia a la que se ha sometido durante más de tres décadas, sin pausa, tanto que para él una Coca Cola es un crimen de lesa condición física. Un dato de inmenso valor en su semblanza no sólo es el de la cantidad de tantos, sino el de los equipos y las ligas donde ha jugado: Manchester United, Real Madrid y Juventus lo tuvieron en su mejor momento, y sólo con los españoles encajó 450 goles. Sumas anotadoras de ese tamaño hacen suponer que sus recursos son variados. Y sí: con velocidad, potencia en el disparo, salto descomunal para el remate de cabeza, hambre permanente de triunfo, Cristiano ha justificado todas las hipérboles. Simplemente es un superestrella.
jueves, abril 12, 2018
Debate de chilenas
sábado, septiembre 11, 2010
Futbol y calentura

Los casos de David Beckham o Cristiano Ronaldo son los más sobresalientes dado el tamaño polifémico de la fama que se cargan. Sin la misma celebridad y toda proporción guardada, miles de futbolistas de todas las ligas profesionales del mundo encuentran que también a ellos los asedian las grupies del deporte. No falta pues que al futbolista más roto le caiga la seguidora más descosida con la que es posible cerrar la pinza de la entrega pasajera.
Juzgar este rollo con moralina es tonto. Quienes lo hagan que imaginen un joven de barrio destacado en una actividad muy popular, el futbol; conviene que le añadan cierta facha atlética, dinero, celebridad provocada por la prensa. Es importante recordar que ese muchacho por lo general no tuvo estudios y vivió con carencias buena parta de su vida. Puede tener, como dicen los mandones de la espiritualidad, “valores”, pero también tiene hormonas y una debilidad marcada para dejarse llevar por la ola de prerrogativas que se deja venir cuando se mezclan el dinero y la popularidad. Uno de los casos más salientes de todo esto es, quién lo ignora, el de nuestro querido Cuau. Para muchos no es (ni fue) que digamos un adonis o un sujeto de conversación brillante, pero sí el mejor futbolista de México, lo que equivale a decir un hombre platudo y famoso. Con esos atributos se echó al plato a Galilea Montijo, la codiciada Galilea Montijo, chica superpoderosa que tampoco está para ofrecer una conferencia en la UNAM, pero que en el estándar de belleza imaginamos asociada a alguien menos fiero que el Jorobado de Tepito. Pues bien, el Cuau hizo de las suyas, aprovechó la coyuntura y terminó siendo la envidia del respetable público masculino menos por sus goles que por haber dado caza a un espécimen anatómicamente superior.
Y si la cotizada Gali cayó rendida ante los encantos del ex americanista, ¿que se puede esperar de una chamaca cualquiera que de repente es convidada a departir con algún chamaco de la selección, un “europeo”, como ahora les llaman? O sea, todo casca perfectamente: el futbolista es invadido por los privilegios del dinero y la gloria y muchas mujeres no aguantan tanta tentación, de ahí que los jugadores se vean a diario confrontados con la Enorme Decisión de vivir templadamente o dejarse llevar por la avalancha de la calentura. Quien diga que sí aguantaría estoico, primero debe ser futbolista y ganar un dineral y luego opinar al respecto, pues no se puede hacer un juicio sin considerar al menos que el desafío moral es peliagudo.
Hay un cuento del periodista rumano-argentino Marcos González Cazer en el que es planteado todo este abarrote. Su título es “Nueva Caledonia” y narra las andanzas del Ratón Batres, un jugador del montón que como buen futbolista argentino viste casacas en los cinco continentes. En una visita a su país se ve con un viejo amigo, y en alguna discusión motivada por celos profesionales Batres le responde lo siguiente: “Decí lo que quieras. Pero de la cabeza estoy bien y eso es lo importante. Me mantengo en peso y con el pelo casi largo. Aparte, en aquel paraíso que vos decís que no existe me monté cada hembra que ni te cuento. Minas [mujeres] que vos las ves sólo en fotos o en la televisión, con tu señora sentada al lado tuyo en el sofá”. Aunque imaginario, este pobre futbolista, el Ratón Batres, puede decir eso. No quiero ni pensar lo que puede presumir, casi si culpa suya, un seleccionado.
Hoy, Gilberto Prado y sus palíndromos
Hoy a las 12 del mediodía Gilberto Prado Galán presentará A la gorda drógala (el mundo de los palíndromos), su más reciente libro. Como sabemos, Prado Galán ha dedicado más de veinte años de su vida al cultivo de estas formas verbales inevitablemente atractivas. Lo acompañaremos Carlos Reyes y yo. Casi es innecesario decir que el título del libro (A la gorda drógala) es uno de los miles de palíndromos del autor. La sede será el auditorio del Museo Regional de La Laguna, en el bosque Venustiano Carranza.



