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domingo, junio 28, 2026

18. Ibrahimović

 







La primera vez que vi a Zlatan Ibrahimović (Malmö, Suecia, 1981) fue en la repetición de un gol anotado al Breda cuando militaba para el Ajax. Esa jugada bastó para no dejar de seguir su carrera como delantero de los mejores equipos del mundo. He visto varias veces aquella acción y me asombra cada vez que la recorro: pese a su carrocería de camión materialista, Ibrahimović esquiva rivales con la fluidez de un motociclista en la ciudad, recortes a derecha e izquierda con sorpresa y precisión. En la jugada que menciono burló tres veces al mismo jugador y a varios más, como si fuera brasileño y no sueco. Clavó más de 500 goles y rozó el 0.60 de productividad, más de medio tanto por partido. Era aguerrido, fue un ejemplo de fuerza y voluntad, nunca se arrugó ante nadie. Sobran las repeticiones en las que muestra poquísimas pulgas cuando los defensores lo acosaban. El total de sus goles permite imaginar que iba a todas las pelotas y aprovechaba cuantas podía. La más recordada evidencia de su voracidad es aquel balón que rescató con una especie de chilena descompuesta que, pese a la distancia y el ángulo, logró convertir en gol.

miércoles, agosto 03, 2022

Cinco goles soñados (lit)

 








Los recovecos del subconsciente son inescrutables. Digamos que, como cualquier sujeto de mi edad, estoy atado al estrés de sacar adelante necesidades misceláneas entre las que destaca, en primer lugar, comer. Luego vienen todas las demás. Esto supondría que mis sueños deberían estar poblados por situaciones angustiantes, pesadillescas. Sucede sin embargo que en la película de mi ensoñación me coloco como espectador de escenas gratas. Pasó apenas anoche. Dormía y en algún punto de la madrugada vi en orden la repetición de cinco goles. Cuando desperté, el dinosaurio no estaba allí, sino una sensación de gusto casi colindante con la felicidad. Estos fueron, en orden descendente, los goles que vi en mi pantalla interior.

Uno.  En el Mundial de Suecia, el jovencito Pelé recibe de tres cuartos de cancha un centro en diagonal. El brasileño tiene un hombre encima, pero logra bajar de pecho el balón y se aproxima al punto penal. Un defensa le sale con una plancha criminal, pero Pelé lo elude con un sombrerito corto e inclina el cuerpo para rematar a gol. En Youtube está en “1958 PELÉ Suecia 2 Brasil 5 Golazo narrado por Radio Brasileira 1958”. https://www.youtube.com/watch?v=CXMHV1rOxDk

Dos. Alvaro Recoba, el Chino, juega para Nacional de Montevideo. Toma un balón cargado a la derecha y casi desde su área, maradonescamente, comienza un trote que poco a poco evoluciona hacia la máxima velocidad. Se quita a seis rivales, incluido el portero, y dispara un zurdazo ya con el arco abierto. “Àlvaro Recoba - Gol Similar de Maradona” https://www.youtube.com/watch?v=D4UD2vmFY7U

Tres. Juegan el Manchester United contra New Castle, y con los rojos alinea Wayne Rooney. Uno de sus compañeros toma un balón a media cancha, manda un pase elevado que de cabeza rechaza un defensa. La bola cae bombeadita a Rooney, quien la agarra de frente y la empeina de derecha para que salga una parábola infernal. “Wayne Rooney Vs Newcastle Volley” https://www.youtube.com/watch?v=pPHqRpJ7tLY

Cuatro. Zlatan Ibrahimovic juega para el Ajax, y en tres cuartos gana un taponazo frente al Breda. Luego hace seis recortes en terreno corto, insólitos, con movimientos laterales de colibrí, hasta cachetear de zurda cuando la portería ha quedado sin vigilancia. “El mejor gol del mundo Zlatan Ibrahimovic”. https://www.youtube.com/watch?v=9WU8Qb90s_I

Cinco. Barcelona contra Real Madrid. Lobo Carrasco, en contragolpe, pasa a Maradona, quien elude al portero y tiene sola la puerta. Diego mira a su izquierda y ve que cierra un defensor lleno de esperanza y decisión. Lo espera, lo recorta desvergonzadamente y anota un gol cuyo penúltimo toque es un monumento a la sangre fría. “El análisis del gol de Maradona en el Bernabéu paso a paso”. https://www.youtube.com/watch?v=C5Olxkf2cAc&t=40s

sábado, julio 04, 2020

Tras algunas huellas balcánicas














Cuando hace quince años vi ese gol quedé deslumbrado: el maldito gana el balón a tres cuartos de la cancha y a partir de allí urde un milagro. Se quita a su primer enemigo con un corte hacia la derecha, luego se sacude a otro con una gambeta hacia la izquierda, de inmediato vuelve a virar hacia la izquierda, luego hacia la derecha, de nuevo hacia la derecha y al final, antes de disparar, tiene el cinismo de amagar que tira con la diestra y girar hacia perfil izquierdo. En diez metros hizo seis recortes y algo asombroso, algo que jamás he visto de nuevo: a un negrito que según esto ayuda a defender lo dribló tres veces en la misma jugada. El gol al que me refiero fue anotado por Zlatan Ibrahimović en un partido disputado entre el Ajax (donde él jugaba) contra el Breda, de la liga holandesa. Así supe de Ibra, y al indagar en su bio me enteré que era sueco de origen balcánico.

Pasó una década y en el programa español Informe Robinson, pescado en YouTube durante algún fin de semana de hace cinco años, recibí el flechazo de Tomás Felipe Carlovich, mejor conocido como el Trinche. Ya he escrito sobre él, pero no es ocioso repetir aquí que, según sus evangelistas, fue tan bueno como Maradona o Messi, afirmación que se basa sólo en los testimonios de quienes lo vieron en acción, pues no hay registro en video de sus destrezas, como el famoso “caño doble”. Era grandote, corpulento, una especie de tronco, pero dueño de una técnica exquisita. Menotti, Pekerman, Quique Wolff y otros exjugadores no poco autorizados para hablar sobre futbol admiten que se trataba de un genio que desperdició sus dones en la incuria y en ocasiones en la más franca rebeldía, pues renegaba del entrenamiento, lo que a la larga derivó en el mito del genio que jugaba sólo para divertirse, no por plata. Como Ibrahimović, Carlovich era de origen balcánico.

En esta semana supe de un jugador de basquetbol que me recordó a los dos anteriores futbolistas. Su nombre es, o fue, Pete Maravich, apodado Pistola. Nació en Pensilvania hacia 1947, y murió joven, en 1988, de cuarenta años. Lo raro de Pistola Maravich, además de ser blanco en un deporte dominado casi monopólicamente por negros, fue que hizo escuela al fundar un tipo de basquetbol basado en la fantasía, en el arabesco, en la invención de movimientos sorpresivos. Al ver grabaciones de sus jugadas me dejó boquiabierto su repertorio de tiros y de pases, sobre todo el famoso “pase sin ver” que yo creía patentado por el Magic Johnson, una jugada que en futbol sólo supo hacer Rolandinho. Pues no, Maravich, quien usaba un corte de pelo estilo George Harrison, había inventado varios años antes, como si tuviera ojos en la nuca, el “pase sin ver”, y como éste, muchas otras evoluciones en las que es posible admirar al basquetbolista que no se conforma con botar y disparar, sino que inventa y abre el juego a otra dimensión: la dimensión lúdica. Como Zlatan Ibrahimović, como Tomás Felipe Carlovich, Peter Maravich era de origen balcánico.

Algo tienen los deportistas de esos rumbos, y no por nada Luka Modrić, otro balcánico, fue designado el mejor jugador del mundial Rusia 2018.

jueves, abril 12, 2018

Debate de chilenas












La chilena, lo saben hasta los beisbolistas, es una de las jugadas más difíciles del futbol. Esta es la razón por la que recibe tantos aplausos cuando alguien, quien sea, la intenta y tiene éxito. Se trata de un remate a puerta, así que la única medida para catar su eficacia es el gol. Esto significa que una chilena para despejar en la defensa, o una chilena para sacar el balón de la cancha, puedan ser vistosas, pero no necesariamente ingresarán al álbum del recuerdo. La chilena memorable es pues, siempre, la que termina con el balón en las redes. Pero hay algo más aparte de la eficacia. Lo explico.
Creo recordar que la primera gran chilena que vi fue la de Hugo Sánchez en el Azteca. Jugaba todavía para los Pumas, recibió un centro largo, y mientras el balón viajaba, colocó su cuerpo en posición de chilena y conectó un zapatazo que venció la cabaña del Atlante en ese entonces defendida por Ricardo Lavolpe. La vi en vivo, en el televisor Admiral a color de mi casa gomezpalatina, y tras evaluar su ejecución pensé que era imposible desplegar una jugada más bella y complicada. Luego, en repetición, vi la chilena de Pelé cuando alineaba para el Cosmos de Nueva York; es muy buena, innegablemente, tanto como la de Hugo a Lavolpe.
Pasaron los años y, como cualquier aficionado, he visto la pirueta circense en muchas ocasiones. Ese tiro de espalda a la portería, venga el balón de donde venga y esté el ejecutante a la distancia que sea del marco, es siempre una chilena. Pero ya se podrán imaginar, por ello, que no todas las chilenas son lo mismo, que hay de chilenas a chilenas. Así la de Hugo Sánchez, otra vez Hugo Sánchez, al Logroñés. Nadie duda que fue espectacular, y hace poco he visto que la comparan a una reciente consumada por Cristiano Ronaldo. Me atrevo a decir que ambas son excelentes, pero la de Hugo es mejor, al menos algo mejor, o acaso así la percibo porque la estatura también es un factor para hacer menos hermosas las chilenas de los altos.
Antes de explicar, una digresión. La que hizo contra el Atlante a Lavolpe es extraordinaria, pero el vuelo no tiene la elevación ni la estética que muestra la chilena ejecutada contra el Logroñés. La del Azteca, si la miramos con atención, muestra las dos piernas casi paralelas en el vuelo; se ve bien, por supuesto, pero no tiene esa especie de tijereo en el aire que hace, esto en el gol contra Logroñés, que primero suba la pierna derecha y luego baje para que ascienda como latigazo la izquierda que rematará. Pero la cosa no termina allí. Para que, a mi parecer, la chilena sea estéticamente perfecta, cuenta mucho cómo queda la pierna rematadora y cómo se da la caída. Hugo remata el largo centro de Martín Vázquez y cae como pluma, sin descomponerse. A esto hay que sumar la distancia a la que recibe el centro y la distancia a la que está la puerta, el impacto preciso en el aire y hasta la dirección y el efecto que toma la pelota. Impecable todo, un monumento en el área del Bernabeu.
La de CR7 es muy buena, pero a mi juicio se descompone un poco en la caída, además de que en términos de distancia del centro y de la portería no es lo mismo. Hay otro factor, como le pasó a Pelé en la chilena del Cosmos: un defensa estorba, “hace mosca”, y ensucia un poco la jugada. No devalúo con esto la ejecución de CR7, sólo afirmo que le noto detalles no tan estéticos como los dibujados por el mexicano en su famosa chilena a favor del Real Madrid.
Ambas fueron eficaces, en suma, como todas las chilenas que terminan en gol, pero no tienen la misma calidad plástica. Para demostrar que una chilena perfecta no es sólo la que termina en gol, sino la que también es estéticamente impecable, puedo recordar la chilena de Ibrahimovic: fue muy eficaz, complicadísima sin duda, un portento de uno de los mejores jugadores de los años recientes, pero su ejecución en el aire y sobre todo su caída es algo fea.
Sé que es necio poner tantos peros en estos casos. No los pongo. Lo único que hago es, ya puesto a revisar/comparar chilenas famosas, enfatizar que la de Hugo es la mejor, por todo, que he visto en mi vida, la más “pinturera” —como se dice en el argot de la tauromaquia— y la que por ello mereció y merece más pañuelos blancos.