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miércoles, julio 15, 2026

Yo tengo un mosaico que dice así


 











Llevo como cinco mundiales dedicando más tiempo del pertinente a escribir sobre futbol. Es como una alineación de astros: si hay sobredosis de partidos, qué más da que haya, para mí, sobredosis de palabras sobre ese tema al menos por un rato. En el caso del Mundial que ahora casi pega su último suspiro, decidí escribir breves semblanzas sobre goleadores. No son todos los que están ni etcétera, pero sí los que más admiro y he visto aunque sea en repeticiones de archivo. Las he publicado sólo en mis redes, además de que el blog Intelisport, administrado por mi amigo Enrique Macías, decidió abrir una cancha especial para que estén disponibles con acceso libre y todas juntas. Como serán 39 días de Mundial, quise cerrar el número de estampas en 40, una diaria, así que al día de hoy van 35. Si gustan buscarlas, escriban en Google “intelisport.com.mx”, y allí aparecen en mosaico numeradas de la primera a la más reciente. Hoy aquí comparto una, la que trata sobre George Best, sólo para mostrar la extensión y el tono que he dado al conjunto:

“A George Best (Belfast, Irlanda del Norte, 1946-Londres, 2005) se le recuerda con frecuencia por dos frases que gustan en función de su cinismo tabernario: ‘Gasté un montón de dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto simplemente lo malgasté’, y ‘En 1969 dejé las mujeres y la bebida. Fueron los peores 20 minutos de mi vida’. Por la malicia, pese a su machismo, parecen de Wilde, pero más allá de las boutades, Best fue, según he podido leer y luego ver en YouTube, un jugador anómalo en su contexto. Husmear las repeticiones de sus gambetas y sus goles contradice la idea, por otro lado harto justificada, que tenemos del futbol practicado en el país que reglamentó este juego: físico, veloz, directo, duro y sin muchos arabescos. Best, entonces, avanzaba en contra de la inercia, pues driblaba, inventaba jugadas y resolvía frente a los palos con quiebres y disparos que delataban más creatividad que reciedumbre. La época y el lugar de su gloria fueron propicios para que pareciera un quinto beatle, y la suerte de ser ‘carita’, como decimos en México, le permitió asemejarse en algo a Paul McCartney incluso en aquello de las patillazas. Anotó más de 250 goles”.

lunes, julio 13, 2026

33. Ronaldinho

 








Hablar de Ronaldinho produce alegría. Creo que no hay futbolista en el mundo con mayor carisma, el único que parece carecer de detractores (digo “parece” para precaverme de los claridosos que escarbarán en internet para encontrarlos). Quiero decir que es mayoritaria la opinión favorable sobre Ronaldo de Assis Moreira (Porto Alegre, Brasil, 1980) que la negativa. Casi todos los futboleros agradecemos su manera de jugar, acaso la más lúdica que en la historia hubo y habrá. Son innumerables las escenas de Dinho usando la pelota como lo que esencialmente es: un juguete. Durante algunos años, en la transición Maradona-Messi, el brasileño de la sonrisa eterna se apoderó de la magia y la renovó. Porque eso era, un artista que desaparecía el balón para sacarlo luego de la manga o la chistera convertida en regate, en pase, en gol. Anotó más de 300, muchos de ellos convertidos hoy en piezas de museo lo mismo que sus asistencias “sin ver” o sus elásticas a la velocidad de la luz. Brilló sobre todo en Barcelona y en su selección, y en México tuvimos el privilegio de tenerlo en Querétaro al final de su carrera. Ronaldinho es un digno comensal de la última cena.

sábado, abril 11, 2026

Algunos astros en México


 











Por razones que no viene al caso comentar (de hecho ahora casi nada viene al caso comentar) leí una biografía sobre Vasco de Gama, el navegante que inauguró la ruta marítima para que los portugueses llegaran a la India. Al seguir el itinerario de la travesía lusitana me topé con lo que nadie desconoce: De Gama y sus tres barcos bajaron por la costa atlántica africana, doblaron el desconocido cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica) y ascendieron las aguas por el Índico para llegar a Calicut, su destino, esto entre 1497-1499.

Cuando los navegantes iban a la altura de Madagascar, frente la costa este de África, pararon un poco en la actual Mozambique (por ese rumbo también está la pequeña isla de Zanzíbar, donde nació Farrokh Bulsara, el cantante mejor conocido como Freddie Mercury), y allí detuve un poco la lectura y se dio uno de esos pensamientos que en mí son como hipervínculos: al leer Mozambique recordé a Eusebio, el goleador de la selección portuguesa en la década de los sesenta.

Eusebio fue un delantero letal, anotó casi 600 goles y en mi memoria más remota, la memoria de mis 11 años, su nombre permanecía gracias a un recuerdo preciso: aunque parezca increíble, la Pantera Negra, como le decían, jugó en los Rayados de Monterrey. Un googleo veloz me confirmó que el mozambiqueño/portugués en efecto fichó para la Pandilla hacia 1975, ya viejo, sin éxito en su breve paso por el futbol mexicano, pues sólo anotó un tanto y se lesionó. La asomada a YouTube exhibe claramente qué tipo de artillero fue: a mi juicio, una especie de Pelé africano, pues su repertorio de jugadas muestra a un delantero con habilidad en ambas piernas, potencia, gambeta, disparo fuerte, rapidez. Como dije, un Pelé que jugó en la misma era que Pelé. Había nacido hacia 1942 en Lourenço Marques, hoy Maputo, la capital de Mozambique colonizada por portugueses. Pasó por varios clubes y su momento de mayor gloria se dio en el Mundial de 1966 en Inglaterra, donde fue campeón goleador con 9 tantos. Murió en 2014, en Lisboa.

Llegar a Eusebio me hizo pensar en otros extranjeros de ese calibre llegados a nuestro futbol. No han sido muchos, así que enumeré en la mente los nombres que caben en los dedos de ambas manos. Luego de Eusebio llegó el polaco Grzegorz Lato, otro campeón de goleo en un Mundial. Lo fue en Alemania 74, con 7 tantos. Para la temporada 82, el delantero se incorporó a las filas del Atlante, donde coincidió con el portero Ricardo Lavolpe, exmundialista campeón con Argentina en el 78, aunque allí no jugó pues Ubaldo Matildo Fillol era el titular en el arco. Varios años después, en el 98, los Potros de Hierro tendrían otro mundialista europeo, el defensor rumano Miodrag Belodedici. En cuanto al mencionado Lato, nacido en 1950 y aún vivo, era un delantero oportunista, pelón, de esos que parecen poco técnicos pero que empujan cualquier pelota que les llega al área chica, como ocurrió en 5 de los 7 pepinos que clavó en el Mundial germano.

Luego del Mundial celebrado en Argentina, dos estrellas se incorporaron al futbol mexicano. El seleccionado brasileño José Guimaraes Dirceu, fino mediocampista brasileño, llegó en sus meros moles al América, esto en 1978. Sólo jugó un año, pero eso bastó para que mostrara su talento. Había nacido en Curitiba, en 1952, pasó por muchos equipos y se retiró cuando jugaba para ¡el Atlético Yucatán! En 1995 murió en un accidente de tránsito en Río de Janeiro. De paso debo decir que un par de campeones del mundo argentinos jugaron también en el América: Zelada y Ruggieri.

Por aquellos mismos años, en 1981, Leopoldo Jacinto Luque, campeón con Argentina en el 78, vino a jugar, asombrosamente, para el Tampico Madero. Era un delantero agresivo, hábil y de potente disparo. En la Jaiba Brava marcó 10 goles en el único año que jugó para los tamaulipecos. Se le recuerda sobre todo por su buen desempeño en el Mundial de su país, donde marcó un par de goles decisivos, tanto como los de Kempes. Santafesino, Luque nació en 1942 y murió en 2021.

Muchos años después, en las temporadas 2014 y 2015, y ya en el ocaso de su inmensa carrera, vino a jugar para los Gallos Blancos de Querétaro nada menos que Ronaldinho, acaso el mejor jugador extranjero que ha pisado la liga de México. Lo digo porque casi no hay lista de once ideal que no lo incluya. Y es merecido, pues el gran brasileño ha sido uno de los futbolistas más virtuosos del mundo. Nació en Porto Alegre, en 1980, en Querétaro metió 8 goles que fueron lo de menos, pues lo más importante que Dinho hizo en nuestro país fue compartirnos, con o sin anotaciones, el privilegio de verlo.

El último de los jugadores mundialistas que traigo a esta lista es James Rodríguez, quien el año pasado vistió los colores de León. Nacido en Cúcuta, Colombia, en 1991, durante el año que estuvo con los verdes marcó 5 tantos, y no lució realmente mucho. Su mejor momento lo vivió en el Mundial 2014, en Brasil, donde fue el campeón goleador con 6 anotaciones.

Dejo a varios jugadores fuera de esta lista. Estos sólo fueron los que recordé de volea al ver la palabra Mozambique y remontar el recuerdo como Vasco de Gama remontó dos océanos para llegar a las costas de la India.

sábado, julio 04, 2020

Tras algunas huellas balcánicas














Cuando hace quince años vi ese gol quedé deslumbrado: el maldito gana el balón a tres cuartos de la cancha y a partir de allí urde un milagro. Se quita a su primer enemigo con un corte hacia la derecha, luego se sacude a otro con una gambeta hacia la izquierda, de inmediato vuelve a virar hacia la izquierda, luego hacia la derecha, de nuevo hacia la derecha y al final, antes de disparar, tiene el cinismo de amagar que tira con la diestra y girar hacia perfil izquierdo. En diez metros hizo seis recortes y algo asombroso, algo que jamás he visto de nuevo: a un negrito que según esto ayuda a defender lo dribló tres veces en la misma jugada. El gol al que me refiero fue anotado por Zlatan Ibrahimović en un partido disputado entre el Ajax (donde él jugaba) contra el Breda, de la liga holandesa. Así supe de Ibra, y al indagar en su bio me enteré que era sueco de origen balcánico.

Pasó una década y en el programa español Informe Robinson, pescado en YouTube durante algún fin de semana de hace cinco años, recibí el flechazo de Tomás Felipe Carlovich, mejor conocido como el Trinche. Ya he escrito sobre él, pero no es ocioso repetir aquí que, según sus evangelistas, fue tan bueno como Maradona o Messi, afirmación que se basa sólo en los testimonios de quienes lo vieron en acción, pues no hay registro en video de sus destrezas, como el famoso “caño doble”. Era grandote, corpulento, una especie de tronco, pero dueño de una técnica exquisita. Menotti, Pekerman, Quique Wolff y otros exjugadores no poco autorizados para hablar sobre futbol admiten que se trataba de un genio que desperdició sus dones en la incuria y en ocasiones en la más franca rebeldía, pues renegaba del entrenamiento, lo que a la larga derivó en el mito del genio que jugaba sólo para divertirse, no por plata. Como Ibrahimović, Carlovich era de origen balcánico.

En esta semana supe de un jugador de basquetbol que me recordó a los dos anteriores futbolistas. Su nombre es, o fue, Pete Maravich, apodado Pistola. Nació en Pensilvania hacia 1947, y murió joven, en 1988, de cuarenta años. Lo raro de Pistola Maravich, además de ser blanco en un deporte dominado casi monopólicamente por negros, fue que hizo escuela al fundar un tipo de basquetbol basado en la fantasía, en el arabesco, en la invención de movimientos sorpresivos. Al ver grabaciones de sus jugadas me dejó boquiabierto su repertorio de tiros y de pases, sobre todo el famoso “pase sin ver” que yo creía patentado por el Magic Johnson, una jugada que en futbol sólo supo hacer Rolandinho. Pues no, Maravich, quien usaba un corte de pelo estilo George Harrison, había inventado varios años antes, como si tuviera ojos en la nuca, el “pase sin ver”, y como éste, muchas otras evoluciones en las que es posible admirar al basquetbolista que no se conforma con botar y disparar, sino que inventa y abre el juego a otra dimensión: la dimensión lúdica. Como Zlatan Ibrahimović, como Tomás Felipe Carlovich, Peter Maravich era de origen balcánico.

Algo tienen los deportistas de esos rumbos, y no por nada Luka Modrić, otro balcánico, fue designado el mejor jugador del mundial Rusia 2018.