Por
razones que no viene al caso comentar (de hecho ahora casi nada viene al caso
comentar) leí una biografía sobre Vasco de Gama, el navegante que inauguró la ruta
marítima para que los portugueses llegaran a la India. Al seguir el itinerario
de la travesía lusitana me topé con lo que nadie desconoce: De Gama y sus tres
barcos bajaron por la costa atlántica africana, doblaron el desconocido cabo de
Buena Esperanza (Sudáfrica) y ascendieron las aguas por el Índico para llegar a
Calicut, su destino, esto entre 1497-1499.
Cuando
los navegantes iban a la altura de Madagascar, frente la costa este de África,
pararon un poco en la actual Mozambique (por ese rumbo también está la pequeña
isla de Zanzíbar, donde nació Farrokh Bulsara, el cantante mejor conocido como
Freddie Mercury), y allí detuve un poco la lectura y se dio uno de esos
pensamientos que en mí son como hipervínculos: al leer Mozambique recordé a
Eusebio, el goleador de la selección portuguesa en la década de los sesenta.
Eusebio
fue un delantero letal, anotó casi 600 goles y en mi memoria más remota, la
memoria de mis 11 años, su nombre permanecía gracias a un recuerdo preciso:
aunque parezca increíble, la Pantera Negra, como le decían, jugó en los Rayados
de Monterrey. Un googleo veloz me confirmó que el mozambiqueño/portugués en
efecto fichó para la Pandilla hacia 1975, ya viejo, sin éxito en su breve paso
por el futbol mexicano, pues sólo anotó un tanto y se lesionó. La asomada a
YouTube exhibe claramente qué tipo de artillero fue: a mi juicio, una especie
de Pelé africano, pues su repertorio de jugadas muestra a un delantero con
habilidad en ambas piernas, potencia, gambeta, disparo fuerte, rapidez. Como
dije, un Pelé que jugó en la misma era que Pelé. Había nacido hacia 1942 en Lourenço Marques, hoy Maputo, la
capital de Mozambique colonizada por portugueses. Pasó por varios clubes y su
momento de mayor gloria se dio en el Mundial de 1966 en Inglaterra, donde fue
campeón goleador con 9 tantos. Murió en 2014, en Lisboa.
Llegar
a Eusebio me hizo pensar en otros extranjeros de ese calibre llegados a nuestro
futbol. No han sido muchos, así que enumeré en la mente los nombres que caben en
los dedos de ambas manos. Luego de Eusebio llegó el polaco Grzegorz Lato, otro
campeón de goleo en un Mundial. Lo fue en Alemania 74, con 7 tantos. Para la
temporada 82, el delantero se incorporó a las filas del Atlante, donde coincidió
con el portero Ricardo Lavolpe, exmundialista campeón con Argentina en el 78,
aunque allí no jugó pues Ubaldo Matildo Fillol era el titular en el arco.
Varios años después, en el 98, los Potros de Hierro tendrían otro mundialista
europeo, el defensor rumano Miodrag Belodedici. En cuanto al mencionado Lato,
nacido en 1950 y aún vivo, era un delantero oportunista, pelón, de esos que
parecen poco técnicos pero que empujan cualquier pelota que les llega al área
chica, como ocurrió en 5 de los 7 pepinos que clavó en el Mundial germano.
Luego
del Mundial celebrado en Argentina, dos estrellas se incorporaron al futbol
mexicano. El seleccionado brasileño José Guimaraes Dirceu, fino mediocampista brasileño,
llegó en sus meros moles al América, esto en 1978. Sólo jugó un año, pero eso
bastó para que mostrara su talento. Había nacido en Curitiba, en 1952, pasó por
muchos equipos y se retiró cuando jugaba para ¡el Atlético Yucatán! En 1995
murió en un accidente de tránsito en Río de Janeiro. De paso debo decir que par
de campeones del mundo argentinos jugaron también en el América: Zelada y
Ruggieri.
Por
aquellos mismos años, en 1981, Leopoldo Jacinto Luque, campeón con Argentina en
el 78, vino a jugar, asombrosamente, con el Tampico Madero. Era un delantero
agresivo, hábil y de potente disparo. En la Jaiba Brava marcó 10 goles en el
único año que jugó para los tamaulipecos. Se le recuerda sobre todo por su buen
desempeño en el Mundial de su país, donde marcó un par de goles decisivos,
tanto como los de Kempes. Santafesino, Luque nació en 1942 y murió en 2021.
Muchos
años después, en las temporadas 2014 y 2015, y ya en el ocaso de su inmensa
carrera, vino a jugar para los Gallos Blancos de Querétaro nada menos que Ronaldinho,
acaso el mejor jugador extranjero que ha pisado la liga de México. Lo digo
porque casi no hay lista de once ideal que no lo incluya. Y es merecido, pues
el gran brasileño ha sido uno de los futbolistas más virtuosos del mundo. Nació
en Porto Alegre, en 1980, y en Querétaro metió 8 goles que fueron lo de menos,
pues lo que Dinho hizo en nuestro país fue más compartirnos el privilegio de solo
verlo que anotar.
El
último de los jugadores mundialistas que traigo a esta lista es James
Rodríguez, quien el año pasado vistió los colores de León. Nacido en Cúcuta,
Colombia, en 1991, durante el año que estuvo con los verdes marcó 5 tantos, y
no lució realmente mucho. Su mejor momento lo vivió en el Mundial 2014, en
Brasil, donde fue el campeón goleador con 6 anotaciones.
Dejo a varios jugadores fuera de esta lista. Estos sólo fueron los que recordé de volea al ver la palabra Mozambique y remontar el recuerdo como Vasco de Gama remontó dos océanos para llegar a las costas de la India.

