Es conocida como “Volare”, pero su verdadero
nombre es “Nel blu, dipinto di blu”, y en los sesenta se convirtió en una
canción famosa en la voz de Domenico Madugno. En YouTube está disponible la
versión original y muchas otras con cantantes varios, incluida una abusiva con
Luciano Pavarotti, que para su talento era una canción menos que fácil. También
me gusta la aflamencada y bailable de los franceses Gipsy Kings, que en todo su
repertorio son muy buenos.
Traigo a cuento la canción que inmortalizó a
Madugno porque así me siento, pintado de azul. Para nadie entre quienes me
conocen es un secreto que tengo décadas, cinco nomás, como aficionado
irreductible de Cruz Azul. Es fácil decirlo, pero es medio siglo de fidelidad a
un color que si bien me dio grandes noticias apenas lo abracé, luego fue tacaño
para alegrarme con campeonatos, sobre todo la larga y oscura etapa del 97 al
2021, una sequía en la que por las derrotas inexplicables nos estigmatizaron
con un verbo atroz que luego encontró cabida en el diccionario de
mexicanísimos: cruzazulear.
Con amigos de la misma bandería (como Giancarlo
Uribe) hice hace poco un recuento de los tropiezos aberrantes que motivaron
el verbo: el gol de Glaría en el último minuto con el que Pachuca nos quitó un
campeonato, la final contra el América con el gol del portero Moi Muñoz, la
eliminación que nos propinó Pumas pese a una ventaja de cuatro goles, el
imborrable error de Kevin Mier… y muchas cagadas más en finales y semifinales
perdidas por cruzazulear.
En 2021 se rompió la maldición y la Máquina consiguió el título con Juan Reynoso en el timón. Muchos pensamos que allí comenzaba una racha triunfadora, pero los fantasmas reaparecieron, el verbo maldito nuevamente nos acechó. Pero ya, el domingo pasado la suerte y el buen futbol encaramaron otra vez en la cúspide a los Cementeros. Gracias a lo que ocurrió, nunca voy a olvidar la alegría íntima, el grito callado que mi espíritu pegó cuando a las 9:15 de la noche del domingo 24 de mayo de 2026 el árbitro pitó. Otra vez campeones, la décima. No hubo verbo cruel y por eso hoy canto bajito (porque jamás me han agradado las bromas ruidosas contra el perdedor) “Nel blu, dipinto di blu”.

