Laura
Emilia Pacheco ha reunido en uno de los libros de la colección Opúsculos varias
aproximaciones a la abundante y diversa obra de José Emilio Pacheco, su padre.
El recorrido es compendioso en dos sentidos: porque enumera varias líneas de
trabajo abrazadas por JEP y lo hace de manera sumaria, a trazo grueso, lo que
permite apreciar de un solo vistazo, en apenas 89 páginas, toda la ramificación
del quehacer pachequiano.
El libro lleva por título Caleidoscopio: José Emilio Pacheco, aproximaciones a la obra de un poeta (El Colegio Nacional, México, 2025), y tiene un par de textos liminares: una presentación de Vicente Quirarte y un prólogo de Rosa Beltrán. Quirarte destaca en sus palabras algunas de las preocupaciones centrales de JEP, como la relacionada con la devastación ambiental y su mirada pesimista respecto del paso del tiempo y sus estragos en el presente. Al subrayar su condición de polígrafo, lo hermana con Reyes, pero anota que en su bajo perfil y su negación a conceder entrevistas sobre cualquier tema dejó ver que no quería ser todólogo, un papel (y esto lo digo yo) que muchos escritores son forzados a representar por culpa de la actualidad periodística.
Dice
Quirarte: “La modestia fue su principal enemiga, pero también el arma que se
vuelve contra quienes, en busca de elementos para criticarlo, lo quisieran más
mundano, más débil, más expuesto a las mezquindades del a veces innoble oficio.
Con el ejemplo de su vida y de su obra, nos enseña a ser mejores, a respetarnos
y respetar la existencia. A vivir con la mayor integridad la breve aventura que
nos corresponde”.
Por
su parte, Rosa Beltrán describe cómo se dio su contacto con la obra poética,
narrativa y crítica de JEP, y cómo, a partir de sus libros, fue adentrándose en
el universo tenaz y silencioso de este autor visible en su obra e casi invisible
en su persona. Coincide en destacar su modestia: “Pese a ser un autor festivo,
bienhumorado, conferencista magnánimo y generoso en sus participaciones
públicas, José Emilio se oponía a aparecer en los medios de comunicación, que
para él eran banalizadores automáticos de la cultura”.
Luego
de las dos anotaciones anteriores, Laura Emilia Pacheco traza en diez capítulos
el perfil completo de su padre. No es, lo remarco, una descripción detallada,
pormenorizada, minuciosa de cada línea de interés en JEP, sino el vistazo más
abarcador y rápido posible a un personaje cuya diversidad de intereses lo
convirtió en uno de los divulgadores —culturales, literarios— más importantes
de la segunda mitad del siglo XX mexicano y el arranque del XXI.
En
cada tramo aborda una cara del poliedro que fue JEP: la recurrente presencia de
los animales, la traducción, su guion de la película El castillo de la pureza (donde por cierto hay una errata grave,
pues el papel del protagonista fue de Claudio Brook, y no Obregón), su
quevediana obsesión por el paso del tiempo, su mirada sobre el sismo del 85, su
columna periodística “Inventario”, su
pasión por los libros y Borges, el periodismo cultural, López Velarde y Oscar
Wilde. La clasificación puede parecer algo caprichosa, pero es verdad que, como
dice Quirarte, “la versatilidad de su trabajo lo hace indefinible”, así que
bien se pueden añadir más abordajes a la decena propuesta por Laura Emilia en
este Caleidoscopio.
Al
menos en la intención, en la sintonía del apetito esencial, JEP puede ser analogado
a Reyes, y lo mismo podría decirse con respecto de Borges, como señala Laura
Emilia: “Más allá del saludo circunstancial en la Capilla Alfonsina, ¿qué
vincula a Jorge Luis Borges y a José Emilio Pacheco? Los libros, las
bibliotecas, una gozosa erudición, ¿qué más? Ambos ejercieron el periodismo
cultural, ambos fueron poetas y narradores, ambos fueron ensayistas y
traductores. Ambos recibieron el Premio Cervantes. Los dos reconocieron como
maestro a Alfonso Reyes, generoso artífice de nuestras letras. En 1999 José
Emilio Pacheco publicó el libro Jorge
Luis Borges: una invitación a su lectura, donde reúne varios ensayos sobre
el autor de El Aleph. Pacheco
escribió, como imitación y en ocasiones como parodia, algunos textos en
homenaje a Borges, cuentos que son ensayos y ensayos que parecen cuentos. ‘Borges
—escribió Pacheco— sólo puede entenderse en la mezcla, la unión, la síntesis y
la discordia de lo urbano, lo rural, lo europeo, lo nacional, lo elitista y lo
popular’”.
No soy especialista en José Emilio Pacheco, pero sí un viajero frecuente de sus páginas; creo tener y haber leído una parte mayoritaria de su obra publicada (sobre todo la poética y narrativa), y una parte importante de la suma de los “inventarios” publicada por Era en tres tomos (que hoy es un material de referencia y leí durante incontables semanas, cuando Proceso publicaba la columna); puedo afirmar pues que este sucinto Caleidoscopio preparado por su hija es una puerta amplia y generosa para acceder a un escritor que debemos tener siempre a la vista: JEP, sigla que, como sabemos, fue durante muchos años la firma con la que JEP buscó notarse lo menos posible.

