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lunes, julio 13, 2026

33. Ronaldinho

 








Hablar de Ronaldinho produce alegría. Creo que no hay futbolista en el mundo con mayor carisma, el único que parece carecer de detractores (digo “parece” para precaverme de los claridosos que escarbarán en internet para encontrarlos). Quiero decir que es mayoritaria la opinión favorable sobre Ronaldo de Assis Moreira (Porto Alegre, Brasil, 1980) que la negativa. Casi todos los futboleros agradecemos su manera de jugar, acaso la más lúdica que en la historia hubo y habrá. Son innumerables las escenas de Dinho usando la pelota como lo que esencialmente es: un juguete. Durante algunos años, en la transición Maradona-Messi, el brasileño de la sonrisa eterna se apoderó de la magia y la renovó. Porque eso era, un artista que desaparecía el balón para sacarlo luego de la manga o la chistera convertida en regate, en pase, en gol. Anotó más de 300, muchos de ellos convertidos hoy en piezas de museo lo mismo que sus asistencias “sin ver” o sus elásticas a la velocidad de la luz. Brilló sobre todo en Barcelona y en su selección, y en México tuvimos el privilegio de tenerlo en Querétaro al final de su carrera. Ronaldinho es un digno comensal de la última cena.

martes, junio 16, 2026

6. Butragueño


 







Gilberto Prado, erudito en letras y deportes, solía citar unas palabras de Emilio Butragueño (Madrid, 1963) cuando alguna vez pidieron al español que comparara su estilo con el de Hugo: “Él es mejor en el remate, pero creo que yo en el uno a uno”. No es errónea esta observación, pues siempre que pensamos en él es fácil imaginarlo en la ejecución de un desborde o una penetración con balón atado a los dos pies: desde un punto muerto, superaba al rival con un arranque súbito en el que, como nadie, se pasaba a sí mismo la pelota de un zapato a otro. Era su especialidad, llegar hasta las narices del portero y liquidarlo. Creo que en nadie, o tal vez sólo en Messi, he visto con tal velocidad y eficacia ese traslado de balón entre ambos pies. Lo recuerdo como estrella del Madrid, obvio, en la mejor época de Hugo, pero más en su partido consagratorio, aquel que España ganó en Querétaro a la Dinamarca de Elkjær con cuatro tantos del Buitre, apodo que por cierto no le concernía, pues era rubio con cara de angelito. Clavó casi 250 goles. Curiosamente, jugó su último partido contra el Santos Laguna.

miércoles, octubre 25, 2023

Segunda Semana en Querétaro









Para participar en la Segunda Semana de Novela Negra F.G. Haghenbeck, el fin de semana pasado estuve como relámpago en Querétaro, no más de 24 horas, sueño incluido. Llegué a las 9 de la mañana del sábado y desde ese momento todo fue rápido y curioso. Sin bañarme, en mis jugos porque la habitación todavía no estaba disponible, desayuné en el hotel Señorial, en el centro histórico, con mis amigos Ricardo Vigueras, Elpidia García y José Juan Aboytia, del Colectivo Zurdo Mendieta, juarense. Luego los cuatro salimos a caminar un poco por la ciudad, y a mediodía, ya con cuarto asignado, caí como árbol en la cama para dormitar un momento. Se hizo el mediodía y bajé a comer, y allí me encontré con Élmer Mendoza, Eduardo Antonio Parra y mi paisano Vicente Alfonso, quienes luego nos desplazamos a una excelente librería ubicada a la vuelta del hotel. Regresé, me bañé y salí a todo correr hacia el centro cultural donde presentaría mi “Leyenda Morgan” (UANL, 2023, segunda edición). Ricardo Vigueras y Carlos René Padilla comentaron el libro, y luego participé en una mesa con Luis Arturo Salmerón y César Gándara; los tres conversamos sobre los folletos relacionados con lo policial/criminal de la colección "Vientos del Pueblo", del FCE. Después, ya como parte del público, escuché con atención las palabras de Carlos René Padilla, José Juan Aboytia y Eduardo Antonio Parra sobre el quinceañero Zurdo Mendieta, protagonista de varias novelas de Élmer Mendoza, allí presente. Siguió entonces la premiación al ganador del certamen de novela “Otra vuelta de tuerca”, que este año ya fue internacional y quedó en las manos de mi amigo saltillense Alejandro Pérez Cervantes por su novela “Yo, Judas”. Por último, ese mismo sábado se dio la entrega de la presea “Filiberto” a la mejor novela negra de México en 2022, que se agenció Vicente Alfonso, mi multipremiado paisano y amigo, con la novela “La sangre desconocida”. Al final nos reunimos en una casa para la cena final de la Semana Negra, lo que extendió mi vigilia hasta la una de la mañana ya del domingo. A las 6 salí al aeropuerto de Querétaro con destino a la Ciudad de México, y a las 12 de la Ciudad de México a Torreón, a donde llegué molido como a las 2 de la tarde. Fue un viaje tan pesado como satisfactorio, pues pude hablar de lo mío y saludar tanto a buenos camaradas escritores como a personas como Yuyú Fernández, que tanto colaboró para que estas jornadas de literatura negra salieran adelante. Ojalá que me reiteren la invitación el año que entra.

miércoles, septiembre 06, 2023

Serrucho en nuestro futbol


 








Aunque cada vez menos, tengo medio siglo siguiendo futbol en la tele y nunca había visto una maniobra similar (aquí la palabra “maniobra” es usada en sentido estricto: obra hecha con la mano): un jugador del Atlas, Juan Zapata, cubre la pelota mientras otro del Querétaro, Omar Mendoza, lo presiona casi ceñido a su espalda para evitar que se dé la vuelta con balón controlado.

Hasta allí todo normal, una jugada ordinaria, de las que se ven cien veces en el accionar futbolístico de cada partido. Lo extraño del caso es que el árbitro Fernando Hernández marcó una falta en contra del defensivo, y todo parecía que iba a quedar allí. Entonces intervino la gente del VAR y el silbante tuvo que ir al monitor para revisar algo que ni el cronista (el lagunero Gustavo Mendoza, de Fox) ni los mismos televidentes teníamos claro. ¿Se trató de un pisotón? ¿Fue un rodillazo? ¿O un jalón de camiseta? El misterio quedó develado con una de las tomas en cámara lenta: el jugador de los Gallos Blancos, al mismo tiempo que defendía, con la siniestra diestra le hizo “serrucho” al futbolista de los rojinegros, es decir, le encajó algunos dedos entre nalga y nalga. Insólito.

Al ver la repetición, todos quedamos entre anonadados y sonrientes, incluidos el relator y los comentaristas de la cadena de televisión: reiteraron la jugada unas tres o cuatro veces, le hicieron un close up y era desde ya una imagen para la historia del futbol mexicano, aunque no por su heroísmo sino por su procaz rareza.

Ciertamente, el “serrucho” es, o fue, no sé, pues hace mucho que no veía algo así, una práctica común entre los mexicanos sobre todo en la edad inevitablemente babosa de la adolescencia. Tenía un sentido vejatorio, como de lo que ahora llamamos bullying, pero no es exacto decir que era eso, pues se aplicaba a los compañeros con ánimo de ofender, sí, pero más que nada como juego de seudomachos. En otras palabras, el “serrucho” se infligía a los amigos, no a los enemigos.

Lo que jamás imaginé es que alguna vez iba a ver, como hace poco, a un jugador expulsado de una cancha de primera división por un “serrucho” que sin duda perdurará en la memoria colectiva por algo parecido a lo que en otros contextos es denominado “faltas a la moral”.

Supongo que eso fue. No sé. Es hora de revisar el reglamento.


domingo, marzo 06, 2022

Saldos de Querétaro







 

Mauricio Kuri, gobernador de Querétaro, se dio tiempo para jugar con las palabras luego de la tragedia. Dijo que algunos fanáticos no son fanáticos, sino “frenéticos”. En la rueda de prensa del domingo 6 de marzo en la mañana precisó además que no había muertos, pero sí varios heridos, dos o tres de gravedad, lo que contradijo la información extraoficial que horas antes circuló en las redes sociales y en algunos medios establecidos cuyas cifras oscilaban entre los 10 y 20 muertos. Al final, contra la percepción producida por los escalofriantes videos de la trifulca en el estadio Corregidora, las autoridades señalaron que sólo hubo lesionados.

A partir de la evidencia es imposible no sospechar que comenzó la operación cobija para salvar el negociazo del futbol profesional. A la hora de la hora, no sólo de él viven los jugadores y los directivos, sino también son una fuente permanente de ingresos para los medios de comunicación. Muchos, pues, saldrían perdiendo si aflorara la verdad con toda su crudeza. Si a esto sumamos el quemón de las autoridades municipales y estatales queretanas, hay sobradas razones para malpensar en una política de control de daños basada en el ocultamiento de las verdaderas consecuencias.

Pero sean verdades o mentiras (en ambos casos expresadas a medias), lo importante es el hecho en sí, la bestialidad de muchos sujetos que simulan ser aficionados y en realidad son delincuentes, tipos que en lugar de cerebro tienen un pedazo de cagada embutido en el cráneo. Viene de hace tiempo, décadas ya, el problema de las porras, hinchadas o barras en el futbol. En países como Inglaterra y Argentina han provocado medidas radicales, como no vender cerveza, impedir que las hinchadas salgan de los estadios al mismo tiempo o evitar, en casos extremos, que los seguidores del equipo visitante asistan al estadio del local.

Las barras no se han disuelto, pero ciertamente en algunos países fue mitigado el número de las batallas campales que durante algunos años eran el pan de cada partido en muchos estadios. No es fácil disolverlas, pues en algunos casos se han convertido en grupos mafiosos que usan el futbol como máscara para embozar las deformaciones de su alma. Se justifican afirmando que asisten a los estadios para alentar al equipo de sus amores, pero suelen no ver los partidos por el enardecimiento bobo que los lleva a creer, como tarados, que su equipo es “el mejor”, “el único”, “el más grande”, exactamente lo que no aceptan miles de fanáticos más en todo el mundo. Una estupidez, sin duda.

Acabar con la plaga de la afición enfermiza, manifiesta sobre todo en las hinchadas que operan como hordas, no es tan difícil. Basta con impedir su ingreso a los estadios, espacios en los que entran en trance violento a la menor provocación de un carrujo de mota. También le vendría bien a los partidos de nuestra liga que no se vendiera cerveza y, claro, operativos de protección civil menos laxos que el que vimos el sábado 5 de marzo en Querétaro, donde incluso se sospecha que la policía facilitó el accionar de los trogloditas.

Otra medida oportuna es la de solicitar a los “periodistas” que no le hagan al vivo en las redes y en los programas radiofónicos o televisivos de panel. Cuando hay violencia en los estadios, en muchos comunicadores aflora la doble moral de pedir mesura. Hipócritas. Afirman que el futbol “es solo un juego”, “un espectáculo familiar”, pero a la hora de informar y comentar, por el rating o los likes, se mofan, denigran, insultan a ciertos jugadores y a ciertos equipos, lo que a la postre exacerba ánimos en el aficionado generalmente primario de este deporte, quien suele vivir obsesionado con la venganza vicaria del meme o, en el caso de los barrabravas, con la acción directa contra el enemigo cada vez que se presenta la ocasión.

En 2011, Querétaro fue considerada la palabra más bella de nuestro idioma. Diez años después esta misma palabra da la vuelta al mundo como teatro de la barbarie.