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sábado, octubre 26, 2024

La Máquina de Nacho Flores



Me tumbó la gripe y tomo del archivo un viejo texto inédito en la columna:

Vi un resumen televisivo de los que condensan en dos horas un año de información y me enteré apenas de que en agosto mataron a Nacho Flores, el maravilloso lateral de Cruz Azul, de aquel Cruz Azul imborrable que fue mandón en los setenta, el Cruz Azul del tri/bicampeonato. En su momento no supe lo de Flores, supongo, porque el hecho me agarró en el viaje a la Argentina. Luego, al oír que lo habían asesinado sin un adarme de misericordia, con 27 plomazos, lamenté la noticia y recordé que aquel chaparrito de bigote zapatista corría la banda con solvencia y elegancia, y que fue un jugadorazo respetado por todos en la cancha y fuera de ella. Recordé que Flores era Ocaranza de segundo apellido, recordé a sus hermanos Luis y Lorenzo, recordé las incontables tardes de sábado en las que Nacho Flores alineaba en la legendaria Máquina que todavía usaba el Azteca de escenario. Era un jugador impecable en su posición, metía la pierna, pasaba bien, cubría toda la banda derecha, no aspaventaba, jamás sufría lesiones. Por Nacho Flores y sus compañeros adherí, hasta la fecha y con el plus del Santos Laguna, a la bandería cementera.

Gracias a ese viejo Cruz Azul hice de mi vida una permanente e infantil esperanza de victoria semanal. Era la Máquina de Marín, Quintano, Guzmán, Pulido, Gómez, Cornero, Montoya, Bustos, López Salgado, Vera, Flores y demás ídolos que me dieron tardes de éxtasis en una telecita Hitachi blanco y negro con la que fui inmensamente feliz e inmensamente triste, esto cuando la Máquina perdía. Para volver a mi pasado, porque tengo la capacidad de ser de nuevo el niño o el adolescente que vio en vivo decenas de partidos, recurro como todos, ahora, al YouTube. Un video que me encanta es el que mete en una cápsula (cápsula del tiempo) el 6-3 que Cruz Azul le propinó a la UNAM en 77-78, es decir, en aquellas temporadas kilométricas que de veras ponían a prueba la regularidad de los equipos. Fue un choque espectacular, pues si los azules eran un conjunto poderoso, los Pumas no eran menos. Basta ver la alineación de los universitarios para advertir que se trataba de una cosa espeluznante; ya no estaban allí Bora Milutinovic, Mejía Barón ni “El Capi” Cabalceta, lo que quizá debilitó su defensa, pero de la media cancha hacia adelante era un equipo de ensueño. Cierto, allí alineaban todavía el “Gonini” Vázquez Ayala (el Pujol mexicano, una especie de cavernícola de la retaguardia), Héctor Sanabria (que golpeaba como asno en las tibias rivales) y “El Pareja” López (un tipo velocísimo y de pata dura), pero lo mejor estaba adelante: Jota Jota Muñante (a quien Ángel Fernández le colocó dos apodos: “La Cobra”, el primero, y otro digno de catálogo: “El Jet de Perú”, ya imaginarán por qué), Enrique López Zarza (gran recuperador), Cabinho (un bombardero criminal, el mayor en la historia del fut mexicano), Leo Cuéllar (un motor incansable pese a los 23 kilos y medio de greña que cargaba en su cabeza), y Hugo (el mejor futbolista mexicano de la historia).

A tales fieras doblegó la Máquina en aquel memorable partido. Empezó con el gol un poco accidentado del paraguayo Carlos Jara Saguier (a quien Fernández motejaba “El Francesito”), luego el 2-0 con el riflazo del mismo guaraní. Viene el 2-1 gracias al olfato anticipatorio de Cabinho, y el empate se da gracias al centro de Cuéllar en el que Marín se va con la finta de Cabinho. Juan Dosal narró el primer tiempo; a muchos no les gustaba su relato, pero a mí sí, pues jamás oí a un cronista con tanta precisión al momento de ver, sin pensarla dos veces y sin necesidad de repetición, los detalles sutiles de cada jugada. Un ejemplo: noten cómo desde el palco advierte de inmediato que el gol es de Cuéllar, no de Cabinho. No requirió la repetición, y su comentario fue inmediato. Había sido jugador, conocía perfectamente la física del juego, y en el gol de Leo notó que la pelota no tuvo ninguna desviación, de ahí que se lo atribuyó sin dudar al melenudo.

El tiempo complementario fue formidable (en el gol del rosarino Alberto “Hijitus” Gómez el centro a la olla salió de Nacho Flores, número 2 de los azules, tras recibir un pase del “maestro” Fernando Bustos que poco antes había pegado una gambeta enceguecedora). Lo narró el más grande: Ángel Fernández. Sus descripciones, su tesitura, sus gritos sonaban perfectamente bien, exactos, como los de nadie. Basta ver la manera como aborda los dos goles de Rodolfo Montoya. El primero, que fue más casual que otra cosa, valió por las palabras de don Ángel. Dice: “Este es Rodolfo Montoya, sobre la barrida del Chiquilín [Cervantes, un grandulón] tocando un enorme sombrero galoneao, y alrededor de ese sombrero unos gallos tremendos con las navajas afiladas”. ¡Caray, qué natural se oye eso, qué creativo y espontáneo! Poco después, luego del misil al ángulo disparado por Montoya, el cronista grita gol como si gritara que está lloviendo oro, con auténtica dicha. Recuerdo que Fernández elogiaba mucho a Montoya, un extremo centellante que llegó de Tigres a los Cementeros. Usaba siempre la media caída, pues entonces el reglamento permitía que quien quisiera no usara espinilleras y se bajara el calcetón. Ángel Fernández llamó a ese estilo, como siempre, inigualablemente bien: “El atavismo de los barrios”, porque en las calles se jugó siempre con la media caída.

Bien, en aquel Cruz Azul militó el gran Nacho Flores, hoy uno más de los miles de “daños colaterales” en la guerra estulta que seguimos soportando. Traigo, por ello, estas palabras en reconocimiento a Ignacio Flores Ocaranza y como retroactivo elogio a los compañeros con los que tocó la gloria cuando la Máquina sí pitaba y pitaba, imponente.

He aquí el video de aquel choque.

miércoles, mayo 26, 2021

Feliz e infeliz

 







No sé si hay muchos casos como el mío, pero supongo que son raros. Me refiero a la afición pareja por dos equipos del mismo torneo, una especie de amor siamés. He explicado ya en otro momento el origen de esta duplicidad de afectos, un sentimiento que maduró lenta e inexorablemente en mi corazón hasta dar con mi actual condición de aficionado doble, como si ahora sí, aunque no creo en horóscopos, se validara el hecho de que me tocó ser géminis. Sé que muchos jóvenes y no tan jóvenes son hoy aficionados a dos equipos, uno local y otro por lo general europeo. Así, hay ahora muchos santistas y al mismo tiempo hinchas fervientes del Barcelona o Real Madrid, y cada vez más, también, de equipos italianos, ingleses, alemanes y franceses. Pero (esto es lo raro) que alguien tenga equitativo cariño a dos equipos del torneo mexicano casi no se ve, y es mi caso. Soy, a la par, azul y verde, o verde y azul, da igual.

Por tal razón, toda esta semana me voy a sentir con el corazón partío, por citar la letra de un cantante que detesto. Sé, como he respondido a todos los que me bulean, que tras el pase de Santos Laguna contra Puebla el domingo pasado aseguré al unísono la tristeza y la alegría. Entiendo que este cruce de sentimientos culminará el domingo en la noche, cuando sepamos quién quedó campeón. En ese momento me sentiré muy bien por el ganador, y muy mal por el que se quede sin el título. Lo mismo sentí hace algunos años, cuando ambos equipos llegaron a la final que concluyó con un triunfo para los de La Laguna.

Ambos clubes llegan, si no me engaño, en su mejor circunstancia, sin lesionados, con todas las baterías cargadas. Pese a tener un torneo desigual, con altas y bajas, Santos se colocó en quinto de la general y mejoró en la fase de repechaje y de liguilla. El motivo del repunte se debió a la recuperación, por fin, de jugadores como Preciado y Valdés, quienes padecieron lesiones, y a la veloz adaptación de muchos novatos como Campos, Aguirre, Ocejo y Muñoz, que a estas alturas ya agarraron confianza para jugar sin timidez ante cualquier rival. Pese, pues, a tener una campaña con turbulencias, la nave de Guillermo Almada no hizo agua y ha respondido, como se dice en el beisbol, a la hora buena, cuando más se ha necesitado de futbol ambicioso y eficaz.

Cruz Azul, en cambio, tuvo un torneo casi perfecto. Todavía con la sombra del fracaso contra Pumas en la semifinal de diciembre, comenzó el Clausura 2021 con cambio de entrenador, con dos derrotas y un panorama que parecía encaminado a la catástrofe. Luego vino el racimo de triunfos consecutivos que lo encaramó en el primer lugar de la tabla, después la liguilla en la que se vio bien en general, aunque sacando el jale con algo de zozobra frente a Toluca y Pachuca. También llega a la final con el equipo entero, sin bajas “por el tema” (así dicen muchos periodistas deportivos) de lesiones, y al parecer muy motivado por Juan Reynoso y la certeza de que ahora sí, por fin, luego de 24 años, tras muchos intentos fallidos, después de varios fracasos sonoros, definitivamente, esta oportunidad es la buena.

Me preguntan, reitero, de qué lado me canteo en este dilema. Respondo que prefiero no responder, suspender el juicio y dejar que la historia eche un volado, como llamamos en México a la moneda puesta en el aire. Ahora bien, alguien me planteó la disyuntiva de otro modo: si fueras indiferente a estos dos equipos, ¿a cuál sientes más viable ganador en este momento? Respondo: por el torneo, por los jugadores, por cerrar en el Azteca y sobre todo por la urgencia, creo que Cruz Azul tiene una leve ventaja. Lo pongo así: 45% contra 55%.

Pero bueno, mejor cierro el pico y me resigno desde ya a ser feliz e infeliz al mismo tiempo.

miércoles, diciembre 09, 2020

Vuelta de Oribe


 








Sabemos que es un negocio, que allí se mueven millones y millones, pero algún pequeño margen puede quedar en ocasiones para el romanticismo. Me refiero al futbol, un deporte manejado ahora como máquina para hacer dinero, de ahí su frialdad cuando echa números: si algo reditúa, adelante; si algo no deja, ni para qué darle cuerda. Esta es la razón, quizá, por la que no se da un fenómeno que me parece viable en el caso de ciertos jugadores. Si es imposible que los futbolistas queridos vistan una sola camiseta, como lo hicieron Ricardo Bochini con Independiente o lo ha hecho Messi con Barcelona, no sé si sea igualmente imposible que en el ocaso de sus carreras vuelvan quienes se han ido. No todos, por supuesto, sólo quienes han dejado una huella visible en la identidad de sus equipos, como sucedió con Oribe Peralta en Santos Laguna.

Lejos estoy de saber cómo se manejan los contratos y cómo danzan los millones en el mundo futbolístico, pero sí sé que las carreras futbolísticas, así sean muy prolongadas, terminan alrededor de los cuarenta años. En enero, Oribe cumplirá 37 y comenzará, si no ha comenzado ya, a vislumbrar el retiro. No lo estoy retirando, sé que se ha cuidado mucho y está entero, pero es un hecho que su etapa de mayor gloria quedó atrás, y fue la que vivió precisamente en su paso por Santos Laguna y al mismo tiempo por la selección mexicana. Basta ver el documental producido por la Coca Cola para reconstruir la hazaña de Londres en 2012. El oriundo de La Partida fue allí el mejor jugador, anotó los dos tantos del triunfo en la final contra Brasil, era la estrella, y tras eso se dio su entendible pase al América, donde prosiguió su buen desempeño. Tras su llegada a Guadalajara (en una segunda etapa que arrancó a mediados de 2019), Oribe comenzó el lento camino a un crepúsculo que hoy no queda tan lejos, y esto es lo que motiva mi inquietud.

Así como Benjamín Galindo dio un rodeo por varios equipos y al final volvió a las Chivas para retirarse a los 41 años, me hace ilusión pensar que Oribe, el mejor futbolista lagunero de la historia, termine en el equipo de su tierra. Quizá le quede un rato más en Guadalajara; quizá, si lo descartan de allí, busque acomodarse en otro equipo mexicano o incluso intente un periplo por la MLS. No sé. Con mucho optimismo puedo imaginarle cinco años más en las canchas antes de que llegue su despedida. No es posible adivinar lo que venga para él. Lo que me gustaría, pase lo que pase, es que tanto la directiva como él puedan llegar a un acuerdo y Oribe pueda reservar su último año como futbolista al Santos Laguna. No importa que no sea titular, pero que esté allí, enfundado en los colores verde y blanco como homenaje en activo a su trayectoria. Supongo que ningún aficionado vería mal tal contratación. Este es el romanticismo del que hablé al principio, un gesto nada frecuente ya en el gélido futbol profesional.

Jared, el Pony, Benitez, pocos son los jugadores a los que imaginé terminando sus carreras en Santos Laguna, el equipo donde triunfaron y son reconocidos como ídolos. Otro es, sin duda, Oribe, quien todavía está a tiempo de pensar en el regreso a su querencia.

miércoles, noviembre 25, 2020

Pasado próximo y remoto

 












Durante el confinamiento he recibido, como todos, invitaciones para dialogar por la vía digital. Una de ellas fue la rara entrevista del reportero Eugene Rupinski para una web deportiva norteamericana. El texto apareció en inglés. Dado que él cubre al Santos Laguna, me interrogó sobre La Laguna, sobre su gastronomía y su gente, y ahora que husmeo las respuestas me asombra que, aunque cercano, todo parece parte de un pasado ya remoto, el pasado prepandémico. ¿Volveremos a vivir esa vida y salir a donde nos apetezca? Este es el diálogo-paseo por La Laguna y otras yerbas. Debo recordar que en la edición gringa apareció en inglés:

Cuéntame un poco sobre ti y tú conexión de la Comarca Lagunera.

Una semblanza fría de mi vida supone lo siguiente: Jaime Muñoz Vargas nació en Gómez Palacio, Durango, en 1964, y reside en Torreón, Coahuila, desde 1977. Siempre ha vivido pues en la Comarca Lagunera. Actualmente es responsable del Centro de Difusión Editorial y maestro de la Ibero Torreón, y coordinador del taller literario del Teatro Isauro Martínez. Entre otros libros, ha publicado las novelas El principio del terror, Juegos de amor y malquerencia y Parábola del moribundo; los libros de cuentos El augurio de la lumbre, Las manos del tahúr, Monterrosaurio, Ojos en la sombra, Leyenda Morgan, Polvo somos y Grava suelta; y los libros de periodismo Tientos y mediciones, Solazos y resolanas y Gambeta corta, además de haber sido incluido en numerosos libros colectivos como la antología La otra mirada, publicada en Palencia, España. Ha ganado los premios nacionales de Narrativa Joven, de novela Jorge Ibargüengoitia, de composición del himno del Instituto Mexicano del Seguro Social, de cuento de San Luis Potosí, de narrativa Gerardo Cornejo y de novela Rafael Ramírez Heredia. Reseñas y artículos suyos han aparecido en periódicos y revistas de México, España y Argentina. Escribe la columna “Ruta Norte” para el periódico Milenio Laguna y es articulista de la revista Nomádica. Desde 2006 mantiene actualizado el blog rutanortelaguna.blogspot.mx

Al margen del currículum está lo más importante: tengo tres hijas, todas nacidas en Torreón y todavía estudiantes (de literatura inglesa en la UNAM, de psicología en la Ibero Torreón y de preparatoria en la Universidad Autónoma de Coahuila); tengo seis hermanos (todos nacidos en Gómez Palacio, igual que mis padres, ambos ya fallecidos), y mi pareja es de Matamoros de La Laguna, ciudad aledaña a Torreón. Esto significa que mi vida y mis relaciones más cercanas tienen que ver con La Laguna, de suerte que para mí ser lagunero es entrañable. En suma, todo lo que soy y hago se relaciona de alguna manera con esta amada región.


Cuéntame de la cultura y la gente de la Comarca Lagunera. El centro es una metrópolis, pero fuera de las ciudades (Torreón, Gómez Palacio, y Lerdo) es un rancho. Toda la gente que conocí fui muy amable y agradable.

Nuestra comarca se llama así, Comarca Lagunera o La Laguna porque se autoconcibe como una región, no como un conjunto de ciudades aisladas. Si bien una parte de La Laguna pertenece al estado de Durango y la otra a Coahuila, y si bien cada municipio es administrativamente autónomo, todos aquí nos asumimos como laguneros, como parte de una misma comarca, y en general no tenemos pugnas entre nosotros. Todas las ciudades de la región tienen más o menos los mismos rasgos culturales en gastronomía, habla, acento, iconos históricos, voluntad para el trabajo, equipo de futbol y beisbol, etcétera. En efecto, la zona metropolitana (Torreón, Gómez Palacio y Ciudad Lerdo) configuran un conglomerado compacto con rasgos de mayor desarrollo comercial e industrial; los municipios cercanos como Matamoros de La Laguna, San Pedro, Francisco I. Madero, Viesca, Mapimí, Tlahualilo y Cuencamé tienen un menor desarrollo económico y todavía, por suerte, hermosos y pintorescos tintes de carácter rural. No me parece exagerado afirmar que la naturaleza de los laguneros es amable, cordial, dispendiosa, compartida, alegre, y esto se manifiesta principalmente frente a los fuereños. Creo que difícilmente un lagunero trata mal a alguien que viene de fuera. Al contrario, rápidamente busca incorporarlo, ayudarlo, convertirlo en “lagunero”.

En el desierto los recursos son escasos. En inglés hay un dicho “doing more with less” (hacen más con menos, utilizando todo a la máximo). ¿Es el caso de la comida de la región, es igual?

Nuestro principal problema en la región es la escasez de agua. Acá casi no llueve, es un semidesierto. Lo que aquí se siembra debe ser regado con agua diestramente guiada por canales y acequias, además del agua extraída del subsuelo. Pese a esto, La Laguna como región ha configurado una de las economías más pujantes de México. Dado que esta zona fue poblada por grupos étnicos de muchas partes del mundo, tiene una gastronomía exquisita aunque a mi juicio no muy variada. Sus platillos más populares son sencillos y deliciosos, como la emblemática “gordita” o el poderoso “lonche”. Su carne es muy buena, de la mejor del país, y creo que en ninguna parte del mundo hay hamburguesas como las que se han diseñado por acá. Es además, por el calor, una región altamente consumidora de gaseosas y cerveza, y buena para la creación de golosinas saladas y dulces. Soy un informante muy parcial, puesto que nací y radico aquí, así que créanme la mitad si afirmo que nuestra comida popular es la mejor del mundo.

En el caso de Santos Laguna, dicen que una de sus fortalezas es que hace más con menos. ¿Tienes ejemplos en tu experiencia viviendo todo relacionado con el equipo?

Yo soy fanático de dos equipos mexicanos: Cruz Azul y Santos Laguna. Del primero por mi infancia: cuando yo era niño, el Santos Laguna no existía y dado su tricampeonato, adherí a los colores de la Máquina Celeste. Luego, en 1983, nació el Santos Laguna y de inmediato, por ser el equipo de mi tierra, comencé a apoyarlo. El equipo lagunero es un equipo joven, cierto, pero ya muy exitoso, y nunca lo ha sido por su dinero, sino porque juega bien y es aguerrido, luchón, orgulloso como la gente de aquí. Estas características han permitido que crezca exponencialmente su número de seguidores no sólo en México, sino en Estados Unidos, país en el que su playera es muy solicitada. Cuando uno piensa en un equipo triunfador como en Santos Laguna y al mismo tiempo lo relaciona como oriundo de un semidesierto, crece el valor de sus logros.

Eres de la Comarca Lagunera, ¿cuáles son tus lugares favoritos para comer?

Por lo común voy a establecimientos populares, no muy caros, pues acá hay de todo, desde lo muy muy económico hasta lo muy caro. Yo me muevo en la mitad de la tabla de precios, o quizá un poco más abajo. Me agrada la comida popular. En gorditas me gustan dos establecimientos: Gordirricas (Javier Mina y Escobedo, en Torreón) y Garza y Garza (Abasolo y Donato Guerra). En hamburguesas me gustan las de un lugar llamado Fofoy (Victoria y Zaragoza, en Gómez Palacio) y La Laminita (Allende y Donato Guerra, en Torreón). En tacos me gustan los de una taquería sin nombre ubicada en la Bravo y García Carrillo, en Torreón, y los de Juanchorrey (González Calderón y Juan Terrazas, en Torreón). El menudo o pozole me gustan en El Danubio (Escobedo y Leandro Valle, en Torreón), y la mejor birria que he probado la preparan en un modesto estanquillo llamado Beto (Allende y Valdés Carrillo, en Torreón). Los lonches que más me placen son los de El Sabrosito (Escobedo y González Ortega, en Torreón). También me agrada comer pescados y mariscos en El Güero (Donato Guerra e Hidalgo, en Torreón), y por último, cuando quiero darme un agasajo un poco más caro, voy al restaurante Pampas Gaucha (mall Galerías, en Torreón) o a un café llamado Makiata, no tan caro pero de tipo y menú menos popular.

¿Cuáles son tus lugares favoritos en la región que no sea de comer?

No soy de mucho salir, de ir al cine o eso. Los lugares que más me gustan de La Laguna son el Teatro Isauro Martínez y la Universidad Iberoamericana, donde trabajo. Soy adicto a la lucha libre, así que voy tan seguido como me resulta posible a la que ofrece la Arena Olímpico Laguna de Gómez Palacio. También me gusta la alameda de Torreón. Soy habitué, eso sí, de nuestras pocas librerías: muy seguido voy a ver y comprar libros en El Astillero, hermosa librería ubicada en la Morelos y Leona Vicario, en Torreón. También voy a Gonvill, en el mall Cuatro Caminos, y a la librería Educal ubicada en el Museo Arocena, un espacio bellísimo. Asimismo, compro en El Libro Usado, librería de viejo ubicada en Falcón y Morelos, y, también de viejo, a la Otelo, en Juárez e Ildefonso Fuentes, Torreón.

¿Qué dirías a la gente sobre la ciudad en donde vives?

Puesto que me gusta como es, a nuestra gente le diría lo que a la patria le escribió el maravilloso poeta Ramón López Velarde: “te doy de tu dicha la clave / sé siempre igual, fiel a tu espejo diario”. Insisto: no soy un entrevistado imparcial si hablamos de esta región y de su gente. Para mí, la Comarca Lagunera es un lugar más bien feo, de clima difícil, incluso hostil, pero no importa: para mí es la mejor región del mundo, por eso la llevo tatuada en el brazo y en el corazón.

Nota. La foto del Teatro Isauro Martínez y el arcoíris es de mi hija más pequeña.


sábado, mayo 26, 2018

Símbolo Santos Laguna














Para vivir no sólo necesitamos de bienes materiales, de objetos. El ser humano es el único animal que además de eso ha edificado complejos sistemas de símbolos que ahora le son tan necesarios como el alimento. Una religión, un partido, una creencia, una simple idea, una poca de fe, un pasatiempo, un personaje, una afición, una bandera, un ritual, todo esto se convierte en motor de acciones y reacciones, en estímulo. Quien cree en una divinidad no es en el fondo tan distinto a quien venera a un cantante. En ambos casos la posesión es espiritual, no física, y muchas veces deriva en la acumulación de imágenes o autógrafos que materializan la devoción. En este sentido, es asombroso lo que hace un admirador por ver a su personaje favorito. Puede gastar recursos, viajar, esperar, todo por aproximarse a la imagen idolatrada.
Hoy los equipos de futbol constituyen poderosas fuentes simbólicas de devoción. Los aficionados nacen, sobre todo, por cercanía geográfica, y debido a ello es relativamente fácil que un regiomontano se identifique con Monterrey o con Tigres tanto como un catalán puede hacerlo por Barcelona o el Espanyol, aunque dada la inmensa red informativa global ya son comunes los casos de afición pese a la lejanía: un tapatío pude apasionarse por el Inter de Milán tanto como un veracruzano puede dar todo por Boca Juniors. En cualquier caso la posesión es meramente interior, está en el alma aunque se materialice en alguna playera original.
Tras el campeonato reciente del Santos Laguna, su sexta estrella, quedó en evidencia que, lo aceptemos o no, es hoy el símbolo mejor compartido entre los laguneros. Los triunfos de este equipo “son” triunfos de toda la comunidad regional, se viven como propios y se han transformado en timbre de orgullo cuando dialogamos con los no laguneros. Esto es así, lo sabemos, por el peso mediático del futbol, por su gravitación en el mundo contemporáneo, tanto que en algunos casos se trata casi de una pasión cercana a lo religioso, a veces hasta fundamentalista.
Esta querencia local por el Santos Laguna debe ser traducida por el club en un factor de cambio, en el eje de su responsabilidad social. Si la comunidad deposita un profundo afecto por los colores del equipo, esa identificación podría volcarse en campañas que ayuden a mejorar las condiciones de vida de la comunidad, que convoquen a emprendimientos colectivos siempre necesarios. Campañas de tolerancia, de cuidado al medio ambiente, de movilidad urbana, de lectura… mucho puede logarse si la convocatoria nace en el seno del Santos Laguna. Su poder simbólico entre los laguneros es incontestable. Es buen momento para aprovecharlo.

miércoles, mayo 16, 2018

La cereza que falta


















Hay altas posibilidades de que Santos Laguna obtenga esta semana el campeonato, su sexto, de la Liga mexicana de futbol profesional. No es seguro, claro, pues enfrente está un equipo, Toluca, que desde hace varios lustros ha disputado como los laguneros un buen número de liguillas y finales. Pese a la fortaleza de los rojos, sin embargo, los santistas han demostrado que están para campeones, que su buen futbol se ha combinado con un entusiasmo que roza la locura y eso puede provocar el resultado que anhela La Laguna.
Como debo ser optimista y esperar buenas noticias dado mi lugar de nacimiento y residencia, creo que, si el equipo de la comarca se alza con su sexta estrella, será una de las más valiosas que haya conseguido en sus exactos 35 años de vida como club profesional. No minusvaloro las anteriores, pero ésta sería alcanzada tras doblegar a tres de los más poderosos equipos de nuestro balompié: Tigres, América y, si todo sale como espero, Toluca.
El trofeo de campeón en este Clausura 2018 sería, creo, un premio justo a la buena temporada del equipo albiverde. Comenzó con goleadas, encumbró a Djaniny y dejó ver un juego de conjunto vistoso y eficaz. Cierto que hubo un bache en las últimas semanas, sobre todo por la lesión de Néstor Araujo, lo que disminuyó la defensa hasta la adaptación de Alcoba, y ciertamente también porque el equipo se relajó luego de conseguir con tanta anticipación su pase a la liguilla. Al final de la temporada quedó en cuarto sitio, tuvo al campeón goleador y fue nada menos que contra el quinto: Tigres, conjunto armado con todos los recursos para ser campeón. Lo que pasó ya lo sabemos: Santos Laguna fue derrotado en el Volcán por 2 a 0, pero en la vuelta, ya en el Corona, los de casa dieron su mejor partido de la década, y no exagero: tenían diez hombres y dos goles en contra, e hicieron la hombrada de anular a los universitarios y pasar a semifinales.
La semana pasada tuvo también su grado de dificultad, pues encararon al América con la desventaja de cerrar como visitantes. El 4 a 1 de la ida fue el marcador clave, pues en el Azteca, un poco con ayudita del silbante que marcó un penal dudoso, el equipo de Coapa ya se estaba insubordinando. Los santistas lograron contenerlos y en el segundo tiempo llegaron incluso a secarlos, de suerte que el América quedó fuera.
Sigue, pues, Toluca, que en teoría tuvo una liguilla más laxa contra Morelia y Tijuana. Si Santos Laguna pone la cereza del pastel, insisto, será uno de los campeonatos más meritorios de su joven y exitosa historia. Ojalá, ojalá.

domingo, mayo 06, 2018

Carta abierta al Santos Laguna



















Querido equipo:
Hoy sí me estremecieron en serio, hoy sí volví a vivir la experiencia de ver unos Guerreros en la cancha. Por ello sólo tengo palabras de felicitación, agradecimiento, y un abrazo emocionado para todos. El futbol, ciertamente, no es ni de lejos lo más importante en la vida, pero hay pequeños momentos en los que se convierte en nuestra pasión central, en una pasajera forma de la alegría. Hoy domingo 6 de mayo de las seis a las ocho de la noche eso pasó: fuimos testigos de una hazaña futbolística, es verdad, pero más importante que eso fue el permanente ejemplo de tesón, de pundonor, de entusiasmo, de lucha que mostraron sobre el césped de nuestro estadio. Hoy no hubo mejor ni peor jugador: todos salieron a partirse el cuerpo y el alma para que la camiseta verdiblanca siguiera adelante en el torneo. Lograron otra vez, como en otros tiempos, que vibrara la afición del Nazas. Los habitantes de los diez municipios de nuestra amada comarca, y todos los que fuera de nuestra región quieren al Santos Laguna, se unieron en un solo pálpito y admiraron la persistencia indoblegable con la que ustedes salieron a pelear. Como en cualquier partido, hubo pequeños y grandes errores, pero todo queda opacado por lo que presenciamos en el estadio y en los televisores: cada balón fue disputado como si fuera el último, cada jugada fue encarada como pocas veces se había visto en los años recientes. Extrañábamos lo que vimos este día, y venturosamente ustedes lograron revivirlo.
Una costumbre muy común es minimizar al equipo derrotado. En este caso, creo, no es prudente hacer eso: el tamaño de su triunfo se agranda en función del rival que tuvieron enfrente. No era nada fácil vencer y anular a Tigres, un gran equipo, y ustedes lo lograron. Todavía en el minuto ochenta era posible que los rivales anotaran, pero en un momento de lucidez en medio de la tensión pensé esto y lo confieso sinceramente: ¿qué importa perder si uno ve a sus jugadores en ese plan, remando con esa heroica convicción contra una corriente tan adversa? Perder jugando así no hubiera sido perder, pero ni eso: ustedes ganaron y hoy se merecen, creo, el aplauso de esta tierra seca, árida, luchona y alegre llamada La Laguna. Muchas gracias por revivir así, este día, el espíritu de Guerreros, el espíritu de nuestra amada estepa.

miércoles, marzo 28, 2018

Momento del Santos Laguna




















Fui invitado por la revista de la Liga de nuestro futbol a opinar sobre la marcha del equipo lagunero. No sé, nadie lo sabe, cómo seguirán los albiverdes en las jornadas venideras, las de cierre, pero hasta ahora todo lleva a pensar en Liguilla y algo más. Comparto un fragmento de lo que opiné al respecto:
Santos Laguna está de vuelta. Tras el último campeonato y la salida de Pedro Caixinha, los Guerreros pasaron algunas temporadas en las que quedaron mucho a deber. Tan inestables anduvieron que en una de ellas, con el Chepo de la Torre en el timón, su mejor y más recurrente resultado fue el empate, es decir, la medianía. La afición local, por ello, no sabía si llorar o reír, si resignarse a quedar fuera de las liguillas o soñar con mejores horizontes. Esta incertidumbre se hizo tan profunda que creó una especie de maldición santista frente al arco de los rivales: los laguneros llegaban y llegaban, siempre con peligro, pero no anotaban, nunca anotaban, de ahí que las igualadas se  fueron convirtiendo en sus resultados más recurrentes, y ya se sabe que con empates no se puede aspirar a mucho.
Felizmente, todo parece haber cambiado en la temporada corriente. Hoy, de la mano de Robert Dante Siboldi, Santos Laguna parece haber regresado a sus mejores momentos como equipo complicado de visitante y casi imposible de local. Creo ver en dos zonas este retorno a la calidad y a los buenos resultados. Por un lado, la contratación del Gallito Vázquez fue lo mejor que pudo suceder a los Guerreros. Este jugador es clave para que se dé el funcionamiento general. Es un jugador-bisagra entre la defensa y el ataque, el punto de inflexión entre ambas líneas. Vázquez no sólo tiene solvencia como recuperador de balones. Más importante que esto es su capacidad nata para dar pausa, para pensar la jugada por venir. Como medio, quizá no es el mejor para la defensa ni el mejor para el ataque, sino un jugador que lo mismo defiende con seguridad y ofende con cerebro. Cuando el balón pasa por él, conoce los misterios del ritmo, sabe retrasar si ve complicaciones y asimismo sabe hallar al compañero mejor colocado para emprender ofensivas peligrosas. Este jugador, por todo, vino a facilitar el trabajo ofensivo de Oswaldo Martínez, quien a partir de la llegada del Gallito, y ya distendido de las tareas de recuperación, luce más sus capacidades como organizador.
Otra zona renovada es la ofensiva. Santos Laguna tuvo llegada en la época de la empatitis, pero no gol. Entre la mala fortuna y la desconfianza, tanto Furch como Rodríguez y Djanini no atinaban, por más oportunidades que tuvieran, a anotar. Era una especie de maldición. Pero cuando un engrande de atrás funciona bien, los de adelante tienen más posibilidades de trabajar en el mismo sentido: asentada la defensa con Izquierdoz y Araujo, notablemente sólida la contención con el Gallito, suelto el creativo Martínez, los agresores tenían que dar resultados, y lo que pasó ya lo sabemos: el argentino, el uruguayo y sobre todo el caboverdiano han comenzado a producir tantos por racimos.
La afición lagunera ha respondido con entusiasmo a la convocatoria de los triunfos. No es para menos. Desde el amanecer del clausura 2018 el equipo de casa ha pintado de verdiblanco los primeros lugares de la tabla general y tal parece que habrá buena liguilla en la comarca del río Nazas. Pero soy de los que nunca desata carnavales pese al advenimiento de los triunfos, pues en más de una ocasión he visto que del plato a la sopa se echa a perder un torneo por malas rachas o exceso de confianza. Asegurada o no la fase de liguilla, Santos Laguna debe jugar igual, con el mismo compromiso, y los aficionados responder en las tribunas con alegría, ciertamente, pero sin la fanfarronería del que cree poderlo todo, pues cuántas historias de frustración no hemos visto luego de soñar el triste sueño de la invencibilidad. Más vale, en un torneo tan corto y complicado como el mexicano, tomar las cosas con calma, siempre. Los laguneros sabemos de la derrota y el peligro de los descensos, así que nos alegramos sin desbaratarnos ante el buen momento que pasan los Guerreros. Sólo anhelamos que ojalá sigan así.

miércoles, julio 05, 2017

Pelotudos con doctorado














En estos días corrió por los medios electrónicos y las redes el video de un programa televisivo argentino. En él, ocho panelistas y un moderador (es un decir, pues el más inmoderado era él) debatían sobre la calidad del futbol mexicano. Según varios, no todos, de los alebrestados opinantes, nuestro futbol es una “mierda”, una “cagada”, un espectáculo “inmirable” pues nuestros jugadores “no marcan”, “no defienden”.
Sé que prestar atención a esos pelotudos es una pelotudez, pero no puedo no ceder a la tentación de comentar lo que me parecen tales burros hablando desde el desconocimiento y la víscera. Para empezar, es necesario puntualizar que tipos como esos, que hablan de futbol y luego, sin cortinilla, pasan a mostrar su xenofobia generalizada, abundan en los medios electrónicos de todas partes. Los programas gritones de tipo panel son perfectos para el pensamiento deshilachado, para el ex abrupto como única forma de la discusión. Los participantes suelen ser tan elementales que no ven contradicciones obvias: ¿cómo pueden decir que el futbol mexicano es una “mierda” y al mismo tiempo afirmar que jamás han visto un partido? Es como decir que el mate sabe horrible sin haberlo probado. Estúpido. Luego, sin solución de continuidad y ya entrados en insultos a todo lo mexicano, ¿cómo pueden asegurar que lo único bueno de México es el Chavo del 8? Quien piense/diga eso es idiota, sin más.
A diferencia de ellos, puedo decir que he visto futbol argentino y gracias a esto me resulta viable asegurar que salvo tres o cuatro equipos (Boca, River, San Lorenzo, Independiente, quizá Racing y/o Central), todos los demás son modestos, sin que esta afirmación conlleve ánimo agresivo. ¿O quieren que diga que Tigre, Quilmes, Chacarita, Rafaela y Banfield son lo mismo que Boca o River? No, no son lo mismo, e igual les quedan lejos, en todo sentido, incluido el económico, clubes como América, Guadalajara, Cruz Azul, Monterrey, Tigres, Pumas, Toluca, Santos, Atlas, Pachuca y varios más.
Uno de los panelistas, acaso el único sensato, intentó contradecir al moderador. Dijo que en la Libertadores los mexicanos llegan a las finales. Otro lo cortó de inmediato y señaló que es imposible jugar en México debido al largo viaje de “40 horas”. No reparó en que se trata de juegos a visita recíproca y que el vuelo dura nueve horas. Puro etnocentrismo babotas, imbecilidad sin atenuantes.

domingo, septiembre 27, 2015

Razones (posibles) de la campeonitis




















Tarde, pero va también aquí mi texto de esta semana para la web de ESPN.

El fenómeno conocido en el futbol mexicano como “campeonitis” tiene ese nombre de burlona enfermedad porque en efecto los campeones suelen padecer una suerte de caída estrepitosa. Luego de triunfar, luego de hacerse de la copa, comienzan la siguiente temporada como sonámbulos, como víctimas de una especie de resaca después de la borrachera festiva. Ni siquiera es necesario el paso de mucho tiempo entre la consecución del campeonato y los primeros traspiés de la siguiente temporada: un mes o un mes y medio después, el monarca de una temporada es casi (o sin casi) el hazmerreír en la siguiente, y eso es un misterio que ninguna ciencia ha podido resolver.
El caso más fresco de campeonitis —y aguda— es el de Santos Laguna. Aunque aterrizó un poco de milagro en la liguilla, todos vimos cómo cerró la temporada anterior: llegó en octavo, o sea en último, y poco a poco fue mejorando su desempeño dentro de la cancha. Pasó encima de todos sus rivales, y dio dos partidos en los que sin duda pareció una máquina destructiva: el que ganó a Guadalajara en el Omnilife (donde el Avión Calderón anotó un golazo de larga distancia) y el de ida en la final contra Querétaro, aquel partido de ensueño para el Chuletita Orozco. Por una razón extraña, Santos fue un buen equipo en el cierre de la temporada anterior y eso le bastó para conseguir una estrella más para su escudo.
Luego del festejo, del sorpresivo festejo, pues nadie daba nada por Santos Laguna al inicio de la liguilla, vino el descanso y la Copa América en Chile. En México los equipos se rearmaron y como siempre hirvieron las especulaciones. Tigres hizo una contratación brutal, América trajo a Ambriz, Cruz Azul en el mismo blablablá de siempre, Monterrey estaba a punto de inaugurar su nuevo estadio, y así todos los equipos. Santos no tuvo contrataciones de tronido y todo parecía marchar bien con la continuidad de Pedro Caixinha en el timón. El torneo comenzó y el equipo de La Laguna tuvo su primer tropiezo contra León. Luego dos derrotas más, un triunfo apretado contra Gallos Blancos y en la quinta jornada la debacle contra el América que marcó tres derrotas seguidas en casa y la salida un tanto intempestiva, por razones que jamás quedaron muy claras, del portugués Caixinha. La llegada de Pako Ayestarán, hace tres fechas, no ha significado un vuelco en la pésima racha del campeón, racha que impresiona más si vemos el récord de Santos en casa: cinco derrotas consecutivas, para la historia.
La pregunta que cabe en esta circunstancia, más allá de la coyuntura santista, es la siguiente: ¿por qué los campeones en México suelen comenzar mediocremente, y a veces hasta menos que eso, el torneo siguiente? Es decir, por qué se da la campeonitis que hoy es, en el Santos Laguna, más que evidente. Tengo tres respuestas, pero no creo que deben verse aisladamente, sino combinadas: la campeonitis es un coctel de factores en los que de seguro pesa todo esto en diferentes grados:
Los campeones siempre piden más. Sospecho que tras quedar campeones, los jugadores de cualquier equipo se autocotizan más alto. Puede ser que tengan ya un ingreso firmado, y ganen lo ya establecido, pero en la mentalidad gravita el triunfo como algo que los pone, al menos ilusoriamente, por encima del sueldo ya determinado. En otras palabras, un jugador que es campeón y gana lo mismo no se siente conforme aunque ya tenga un buen sueldo, mucho menos uno que es campeón y debe renovar contrato, lo que muchas veces fuerza su salida. Esto incluye a los entrenadores.
La relajación luego del éxito. Este segundo factor es común luego de los grandes esfuerzos (ganar un campeonato demanda esos grandes esfuerzos) y la obtención de logros. Viene un rebote de distensión que abre las puertas a la vulnerabilidad.
El rival hace lo suyo. Puede ser un factor menor, pero importa. Los equipos rivales le juegan con mayor intensidad al campeón, lo desafían de otra manera y con frecuencia lo humillan.
Sean o no sean estas las razones de la campeonitis, es obvio que alguna debe haber. De otra manera cómo explicar el desastre de ver a ciertos equipos en la gloria y unas semanas después, como si fuera normal, haciendo el papelón.

miércoles, septiembre 04, 2013

Entrevista de hace diez años




















Mi hermano Luis Rogelio me hace ver que El Siglo de Torreón publicó esta entrevista hace diez años, el 4 de septiembre de 2003, cuando el Santos Laguna cumplió veinte. Ahora que la releo noto que contiene algunas afirmaciones todavía válidas y otras ya rebasadas por la realidad, como el declive del boxeo (que repuntó tras decaer el "pago por evento") o mi trabajo en la UIA Laguna. Sea como sea, aquí está:

Jaime Muñoz Vargas explica el contexto
en el que nacieron los “Guerreros”, hace 20 años

Ni en sus mejores años la Morelos estuvo tan repleta de niños, jóvenes y adultos que gritaban al unísono “Santos, Santos, Santos”. Eran los tiempos en que “el equipo de todos” ganaba los partidos, aunque tuviera un marcador en contra. Llegó a la final ante Tecos, la perdió, pero para los laguneros fue el mayor de los triunfos.
Por 90 minutos reinaba la calma. Uno que otro coche se atrevía a cruzar las calles, porque seguramente se le había hecho tarde para la transmisión del partido. De vez en cuando, el silencio era interrumpido por un prolongado ¡gooooool! Y a los minutos siguientes venía la angustia por las amonestaciones, expulsiones y anotaciones en contra.
Santos Laguna cumple hoy 20 años de vida en el futbol profesional de México, y hasta el momento no ha habido otra campaña tan gloriosa para la afición, como la inolvidable 1993-94.
Pero, ¿qué llevó a los laguneros a dormir desde una noche antes en el Estadio Corona para conseguir un boleto? ¿O a saciar la codicia de los revendedores, comprando contraseñas y boletos a elevadísimos precios? ¿A faltar al trabajo, salirse de clases y dejar cualquier otra actividad para sentarse frente al televisor cuando jugaban los “Guerreros”?
Sin lugar a dudas, a partir de esas muchas victorias y también derrotas, el Santos Laguna se convirtió en todo un fenómeno sociocultural, símbolo de identidad entre los laguneros como en su momento lo fueron el algodón y la uva, el puente que une las ciudades hermanas o el Puente de Ojuela.
Jaime Muñoz Vargas reunió en su libro La ruta de los Guerreros. Vida, pasión y suerte del Santos Laguna, aspectos trascendentes en la historia del equipo de casa.
El escritor lagunero y catedrático de la Universidad Iberoamericana (UIA) Torreón habló sobre el papel que “juega” el Santos en la vida social y cultural de Torreón, Gómez Palacio, Ciudad Lerdo, San Pedro, Matamoros y demás municipios que integran la Comarca Lagunera de Coahuila y de Durango.

¿Cuál era el contexto que enfrentaba la Comarca Lagunera cuando el Santos Laguna llegó a su primera final, en la campaña 1993-94 que le llevó al subcampeonato?
El Santos Laguna es un equipo nacido en plena crisis. 1983 —año en el que jugó su primer partido en aquel momento auspiciado por el IMSS— es apenas el segundo año del sexenio de Miguel de la Madrid y para entonces la palabra “crisis” era la más socorrida en el vocabulario de los mexicanos.
Las devaluaciones nos golpeaban cada mes y, como es obvio, La Laguna no pudo estar al margen de aquella coyuntura. Con las uñas, las primeras autoridades del Santos armaron un equipo que desde el principio fue bien recibido por la afición. Puede decirse incluso que el Santos Laguna nació con carisma y eso ayudó a que, pese a la terrible situación económica del país, la gente no abandonara su posición en la tribuna.
Con tropiezos, con descalabros de todos los colores, el equipo se mantuvo en pie y logró incluso sobrevivir al criminal sexenio de Salinas, lo cual ya es mucho decir. Así llegó aquel subcampeonato contra los Tecos y con ello la primera irrupción de fervor social en torno al club. Atrevo una hipótesis para tratar de explicar aquel fenómeno: La Laguna fue muy golpeada por Salinas, nuestra región padeció años terribles con aquel presidente, nuestra economía se estancó dolorosamente y los laguneros encontraron en el Santos subcampeón una especie de válvula a la asfixia provocada por el torniquete salinista a La Laguna. Tal vez eso ocurrió.

De alguna manera, ¿esta situación influyó para que el equipo se convirtiera en todo un fenómeno?
A partir de 1993-94 comienza el despegue real del Santos Laguna, es cierto, pero debemos recordar que la primera etapa, aunque traumática, sirvió para definir, para afianzar la mentalidad del aficionado. Todos recordamos al Santos del Choque Galindo, del Puma Rodríguez, de Dolmo, de Armendáriz, de Juan Flores, esos sí fueron años heroicos para el club.
El equipo logró sobrevivir pese a su modestia y lo más importante: creó afición. Luego, con los nuevos dueños, las condiciones evolucionaron. Con la inyección de recursos, el Santos pasó al protagonismo y desde entonces el fenómeno pasó de la efervescencia a la estabilidad, al éxito sostenido. Si siguen así las cosas, difícilmente volverá a darse la santosmanía de 1993-94.
En mi libro afirmo que a La Laguna le hacía falta un icono que lo identificara en todo el país, y el Santos, junto con el poder de los medios de comunicación, pasó a ser una especie de representante de la región en todo México. Quizá exagero, pero a La Laguna la ubican hoy de Sonora a Yucatán gracias a que aquí juega el Santos. La tele llega a todas partes.

¿Por qué antes no se había desatado tanta euforia?
Los más viejos que yo saben que antes de la santosmanía aquí hubo conatos de euforia deportiva con el fut y con el beis. La celebración no fue muy aparatosa, nunca se desbordó en las calles, pero sí se dio algún ruido. Supongo que este fenómeno tiene mucho de mediático.
El desarrollo de los medios nacionales y de los locales provocó que el futbol fuera convertido en una prioridad social y, por ese hecho, tras los triunfos, se desató la efervescencia, la catarsis. Antes eso no ocurría porque no había tanta cobertura mediática ni un equipo que dejara suficientes números negros sobre la libreta.

¿Consideras que el equipo ha crecido junto con los laguneros, es decir, con el desarrollo de esta región?
Sí, La Laguna no cesa de crecer y ya estamos arrimándonos peligrosamente a la condición de urbe ingobernable, caótica e inequitativa. La Laguna se ha desarrollado, pero debemos preguntarnos si las oportunidades son parejas para todos. He allí la clave del verdadero desarrollo. ¿Por qué hay tanta afición del Santos en Ciudad Juárez, en Tijuana? Por la pobreza, nuestros ranchos se han vaciado de mano de obra barata para la maquila fronteriza y hasta allá se van esos desheredados de la comarca. Se van y lo único que se llevan es su identificación con el Santos. Supongo que los triunfos del equipo son sus pequeños triunfos allá, donde a ellos los exprimen.

¿Cuál es el papel que han jugado los medios de comunicación?
Como tantos otros en la actualidad, el fenómeno de la querencia por el Santos tiene mucho que ver con los medios. El futbol es un gran negocio mundial. Si el producto es ubicuo (el futbol), el consumo es también omnipresente, y La Laguna no está al margen de esa situación.

Y actualmente, ¿cómo es la relación del equipo con su entorno?, ¿hasta dónde ha llegado?
La imagen del Santos ha permeado a todas las clases sociales por igual. Si a la presencia mediática sumamos el hecho de que el fut sigue y seguirá siendo el deporte más popular — “la venganza del pie contra la mano”, como dice el poeta—, el más barato y el más sencillo de entender, es de suponer que la feligresía santista seguirá creciendo en La Laguna como lo ha hecho desde hace veinte años.

¿Habrá nuevos fenómenos con los Vaqueros Laguna o con los Algodoneros de la Comarca?
Lamento mucho lo que ocurre con el beis y con el basquet. Son deportes espléndidos y deberían penetrar más en el gusto de la gente, pero no tienen ni por asomo la difusión mediática de la que goza el futbol. Durante un tiempo el box tuvo mucho arrastre popular, pero lo perdió debido sobre todo al pago por evento inventado en Estados Unidos por el gangsterismo de Don King. Eso mató al pugilismo como deporte de arrastre masivo.
Mientras se esperan nuevas glorias, con la ilusión de llegar una vez más a la liguilla y conseguir el máximo trofeo del futbol nacional, el Club Santos Laguna soplará hoy las 20 velas del pastel de aniversario.

El primer partido
El domingo cuatro de septiembre de 1983 La Laguna amanece con la buena nueva del cartel publicitario que pregona el acontecimiento: “Futbol-Futbol/ Hoy domingo/ Renace el futbol profesional para la afición lagunera”, decía el anuncio, y agregaba: “Inauguración de la Temporada/ 1983-1984/ 15:30 de la tarde/ Santos-IMSS Laguna/ Vs./ Bachilleres de la U. de G./ Numerados $250.00/ Sol $100.00/ Sombra Gral. $200.00/ Niños Sombra $50.00/ Niños Sol $20.00/ ¡Asiste y apoya a tu nuevo equipo de La Laguna!”
Aquella tarde canicular el Sol pegaba como suele pegar en el desierto irritila, pero no impidió que una buena cuota de aficionados asistiera a la apertura del torneo y al bautizo del club local. Acaso para simbolizar que el nuevo equipo no representaba a un solo municipio, sino a toda una región, el acto inaugural fue concelebrado por los alcaldes de las ciudades-ombligo laguneras: Braulio Fernández Aguirre, de Torreón; Manuel Gamboa Cano, de Gómez Palacio y Vicente García Ramírez, de Lerdo; en la ceremonia también participó Salvador Franco Morones, delegado del IMSS en Durango.
Eran las 15:45 horas cuando los equipos entraron a la cancha; Santos Laguna, uniformado todo de blanco, pisaba por primera vez, oficialmente, la gramilla de su estadio. Se oyó el Himno Nacional; después, el presidente de Torreón pronunció las palabras inaugurales y de inmediato varios niños desfilaron con los nombres de los equipos que integraban la Segunda División “B”. Para hacer un énfasis de profundo cariz simbólico, los tres alcaldes patearon un saque inicial. Eran ya las cuatro de la tarde, la hora de la hora.
Este pequeño fragmento de la crónica del libro de Jaime Muñoz Vargas, ilustra cómo inició la tradición santista, que hoy es todo un fenómeno.

Sobre el libro
Jaime Muñoz Vargas publicó hace cuatro años el texto con la historia del equipo local.
La ruta de los Guerreros. Vida, pasión y suerte del Santos Laguna se publicó a finales de 1999, cuando el equipo cumplió 17 años.
—Es un texto de más de 300 páginas, producto de una investigación de cinco meses en periódicos.
—Durante este tiempo el autor escribió con el fin de retribuirle algo al único deporte que pudo practicar en su niñez, dado que el lugar donde nació, en Gómez Palacio, no dejaba otra alternativa: o jugaba fut o no jugaba nada.
—El libro fue publicado gracias al apoyo del impresor lagunero Alfonso Amador Salazar.
—Aunque agotado, pudiera existir la posibilidad de reeditarlo en una versión más sintética y con el apéndice de los últimos tres años de historia santista.

domingo, mayo 20, 2012

Tierras del Santos



De botepronto escribí hoy, temprano, esta crónica versificada. Es una breve descripción, sencilla e íntima a la vez, sobre la región en la que juega nuestro equipo. Aunque quizá puede cuadrarle a todos o casi todos los paisanos de esta tierra, al escribirla pensé en tres destinatarios: en los niños, en los jóvenes y principalmente en todos aquellos laguneros que están fuera de la comarca por la razón que sea. Mi deseo es que los dos primeros aprendan a querer más el lugar en el que viven, y los segundos a extrañarlo con permanente apetito de volver. Tiene, pues, una aspiración más emotiva que esteticista, y para hilarla apelé a lo que bien sabemos gracias a los estudios históricos de larga duración ya disponibles, afortunadamente: que La Laguna no sólo es Torreón-Gómez-Lerdo, sino una amplia comarca donde convergen, por decir lo menos, alrededor de diez ciudades de Coahuila y Durango. Las palabras que vienen intentan deambular esos espacios, los espacios hoy vestidos de anhelante verdiblanco. La foto que complementa este post fue tomada con permiso de la web Crónica de Torreón.

Tierras del Santos
Jaime Muñoz Vargas

para los laguneros en el exterior;
de ellos también son nuestros símbolos


Por el futbol
porque los ojos del país nos miran ahora con una
oooooooooooooooooooooooo[pizca de atención
quizá sin mucho énfasis, de lejos
y porque afuera a veces lo preguntan
digo:
cómo explicar la cosa a los fuereños
cómo darles una idea de La Laguna
sin extraviarlos en un reborujo de rutas y lugares.

Piensen primero en un paraje con mucho polvo y mucho sol
—todo el polvo y todo el sol que quepan en su mente—
y a eso añádanle calor, mucho calor
una tonelada de calor sobre los lomos
un calor de lumbre
seco y hostil
un calor que le dé calor al mismísimo calor.

Piensen en eso
pero aunque piensen
este calor es inimaginable
es un calor que vive más allá del calor
un calor que quema y educa
que arruga al más curtido.

El polvo y el calor son pues nuestras sombras
y sin acostumbrarnos
hemos aprendido, renegando
a vivir aquí desde hace tres o cuatro siglos
desde que Parras de la Fuente, nuestra abuela
nació e hizo de la nada
de la absoluta Nada
un vergel hermoso hasta la fecha.

Luego fueron naciendo
junto al Nazas y el Aguanaval
—nuestros fluviales espinazos—
pueblos chicos y heroicos
desconocidos por muchos
queridos por nosotros como hermanos:
Viesca salina
Matamoros aguerrido
San Pedro revolucionario
Torreón sólido
Madero activo
Lerdo jardín
Gómez Palacio industrioso
Mapimí pétreo
Tlauhualilo de sandías y buen beisbol
Sierra Mojada mineral
y Cuencamé, el otro abuelo.

Este racimo de ciudades
son La Laguna
—Rodas con un pie en Coahuila y otro en Durango—
región que por múltiple siempre ha buscado
enceguecida por el sol
un poco a tientas, encandilada
algunos rasgos más o menos comunes en su rostro.

El esfuerzo es uno de ellos
la lucha diaria para sacarle algo a la tierra
y el gusto por la fiesta que es el premio al trabajo
un pragmatismo que no repara mucho en reflexiones
una forma de ser que camina y ara
que ara y camina
sudorosa.

Otra marca afín en el rostro lagunero
nació gracias a los antiguos frutos:
somos pueblos nutridos por la uva y el algodón
dos queridos símbolos
existan o ya no en el presente cada vez más distante del pasado.

Un lagunero
—hablo ahora de la gente—
suele ser alegre, compartido
amable con el forastero
tolerante casi siempre
y a veces un tanto presuntuoso.

Ese lagunero se hizo poco a poco de sus símbolos
recogió del suelo, del polvo
su identidad, su índole, los rasgos de su cara
y a todo lo que ya tenía le fue sumando
desde hace treinta años
la gritona querencia del futbol
y de un equipo
que sin querer
misteriosamente
como se da todo en la vida
es ahora un santo y seña de lo nuestro
un rasgo más
un modesto rasgo más
—para que no suene absurdo ni banal—
en el rostro de estas ciudades
vestidas hoy de verde y blanco
alegres
muy alegres y festivas
y hermanas
y optimistas
y deseosas de retomar las calles
pese a todo.

Comarca Lagunera, 20, mayo y 2012