Gilberto Prado, erudito en letras y deportes, solía citar unas palabras de Emilio Butragueño (Madrid, 1963) cuando alguna vez pidieron al español que comparara su estilo con el de Hugo: “Él es mejor en el remate, pero creo que yo en el uno a uno”. No es errónea esta observación, pues siempre que pensamos en él es fácil imaginarlo en la ejecución de un desborde o una penetración con balón atado a los dos pies: desde un punto muerto, superaba al rival con un arranque súbito en el que, como nadie, se pasaba a sí mismo la pelota de un zapato a otro. Era su especialidad, llegar hasta las narices del portero y liquidarlo. Creo que en nadie, o tal vez sólo en Messi, he visto con tal velocidad y eficacia ese traslado de balón entre ambos pies. Lo recuerdo como estrella del Madrid, obvio, en la mejor época de Hugo, pero más en su partido consagratorio, aquel que España ganó en Querétaro a la Dinamarca de Elkjær con cuatro tantos del Buitre, apodo que por cierto no le concernía, pues era rubio con cara de angelito. Clavó casi 250 goles. Curiosamente, jugó su último partido contra el Santos Laguna.
martes, junio 16, 2026
6. Butragueño
lunes, junio 15, 2026
5. Borgetti
Por más objetividad que se imprima, cualquier elección supone el peso del gusto y a veces de otros factores, como la cercanía. Jared Borgetti (Culiacanito, México, 1973) aparece en esta lista, sin embargo, no por capricho de mi subjetividad, sino porque lo merece. Anotó 299 tantos en su carrera, la mayoría con Santos Laguna, la mayoría a servicios de Rodrigo Ruiz. Es, si me apuran, nuestro CR7: un ejemplo de disciplina espartana y voluntad para perseguir hasta los centros más difusos, los balones perdidos en el más allá. Clavó goles de todas las modalidades posibles, aunque fue el remate de testa la marca de su estilo. Alto, espigado, fuerte, iba a todas, siempre estaba en el lugar oportuno y, como ya dije, jamás daba una jugada por baldía. Todos lo recordamos por varias estampas, como la del remate a Necaxa en el partido definitivo con el que los laguneros ganaron su primera liga en el viejo y nunca suficientemente añorado estadio Corona, pero la acción que sobrevivirá a los tiempos es la del cabezazo a Italia en el Mundial 2002. Los anatomistas todavía preguntan cómo demonios torció el cuello para anotar de espaldas y sesgado. Los anatomistas y Gianluigi Buffon.
sábado, octubre 26, 2024
La Máquina de Nacho Flores

Gracias a ese viejo Cruz Azul hice de mi vida una permanente e infantil esperanza de victoria semanal. Era la Máquina de Marín, Quintano, Guzmán, Pulido, Gómez, Cornero, Montoya, Bustos, López Salgado, Vera, Flores y demás ídolos que me dieron tardes de éxtasis en una telecita Hitachi blanco y negro con la que fui inmensamente feliz e inmensamente triste, esto cuando la Máquina perdía. Para volver a mi pasado, porque tengo la capacidad de ser de nuevo el niño o el adolescente que vio en vivo decenas de partidos, recurro como todos, ahora, al YouTube. Un video que me encanta es el que mete en una cápsula (cápsula del tiempo) el 6-3 que Cruz Azul le propinó a la UNAM en 77-78, es decir, en aquellas temporadas kilométricas que de veras ponían a prueba la regularidad de los equipos. Fue un choque espectacular, pues si los azules eran un conjunto poderoso, los Pumas no eran menos. Basta ver la alineación de los universitarios para advertir que se trataba de una cosa espeluznante; ya no estaban allí Bora Milutinovic, Mejía Barón ni “El Capi” Cabalceta, lo que quizá debilitó su defensa, pero de la media cancha hacia adelante era un equipo de ensueño. Cierto, allí alineaban todavía el “Gonini” Vázquez Ayala (el Pujol mexicano, una especie de cavernícola de la retaguardia), Héctor Sanabria (que golpeaba como asno en las tibias rivales) y “El Pareja” López (un tipo velocísimo y de pata dura), pero lo mejor estaba adelante: Jota Jota Muñante (a quien Ángel Fernández le colocó dos apodos: “La Cobra”, el primero, y otro digno de catálogo: “El Jet de Perú”, ya imaginarán por qué), Enrique López Zarza (gran recuperador), Cabinho (un bombardero criminal, el mayor en la historia del fut mexicano), Leo Cuéllar (un motor incansable pese a los 23 kilos y medio de greña que cargaba en su cabeza), y Hugo (el mejor futbolista mexicano de la historia).
A tales fieras doblegó la Máquina en aquel memorable partido. Empezó con el gol un poco accidentado del paraguayo Carlos Jara Saguier (a quien Fernández motejaba “El Francesito”), luego el 2-0 con el riflazo del mismo guaraní. Viene el 2-1 gracias al olfato anticipatorio de Cabinho, y el empate se da gracias al centro de Cuéllar en el que Marín se va con la finta de Cabinho. Juan Dosal narró el primer tiempo; a muchos no les gustaba su relato, pero a mí sí, pues jamás oí a un cronista con tanta precisión al momento de ver, sin pensarla dos veces y sin necesidad de repetición, los detalles sutiles de cada jugada. Un ejemplo: noten cómo desde el palco advierte de inmediato que el gol es de Cuéllar, no de Cabinho. No requirió la repetición, y su comentario fue inmediato. Había sido jugador, conocía perfectamente la física del juego, y en el gol de Leo notó que la pelota no tuvo ninguna desviación, de ahí que se lo atribuyó sin dudar al melenudo.
El tiempo complementario fue formidable (en el gol del rosarino Alberto “Hijitus” Gómez el centro a la olla salió de Nacho Flores, número 2 de los azules, tras recibir un pase del “maestro” Fernando Bustos que poco antes había pegado una gambeta enceguecedora). Lo narró el más grande: Ángel Fernández. Sus descripciones, su tesitura, sus gritos sonaban perfectamente bien, exactos, como los de nadie. Basta ver la manera como aborda los dos goles de Rodolfo Montoya. El primero, que fue más casual que otra cosa, valió por las palabras de don Ángel. Dice: “Este es Rodolfo Montoya, sobre la barrida del Chiquilín [Cervantes, un grandulón] tocando un enorme sombrero galoneao, y alrededor de ese sombrero unos gallos tremendos con las navajas afiladas”. ¡Caray, qué natural se oye eso, qué creativo y espontáneo! Poco después, luego del misil al ángulo disparado por Montoya, el cronista grita gol como si gritara que está lloviendo oro, con auténtica dicha. Recuerdo que Fernández elogiaba mucho a Montoya, un extremo centellante que llegó de Tigres a los Cementeros. Usaba siempre la media caída, pues entonces el reglamento permitía que quien quisiera no usara espinilleras y se bajara el calcetón. Ángel Fernández llamó a ese estilo, como siempre, inigualablemente bien: “El atavismo de los barrios”, porque en las calles se jugó siempre con la media caída.
Bien, en aquel Cruz Azul militó el gran Nacho Flores, hoy uno más de los miles de “daños colaterales” en la guerra estulta que seguimos soportando. Traigo, por ello, estas palabras en reconocimiento a Ignacio Flores Ocaranza y como retroactivo elogio a los compañeros con los que tocó la gloria cuando la Máquina sí pitaba y pitaba, imponente.
He aquí el video de aquel choque.
miércoles, mayo 26, 2021
Feliz e infeliz
No sé si hay muchos casos como el mío, pero supongo que
son raros. Me refiero a la afición pareja por dos equipos del mismo torneo, una
especie de amor siamés. He explicado ya en otro momento el origen de esta
duplicidad de afectos, un sentimiento que maduró lenta e inexorablemente en mi
corazón hasta dar con mi actual condición de aficionado doble, como si ahora
sí, aunque no creo en horóscopos, se validara el hecho de que me tocó ser
géminis. Sé que muchos jóvenes y no tan jóvenes son hoy aficionados a dos
equipos, uno local y otro por lo general europeo. Así, hay ahora muchos
santistas y al mismo tiempo hinchas fervientes del Barcelona o Real Madrid, y
cada vez más, también, de equipos italianos, ingleses, alemanes y franceses.
Pero (esto es lo raro) que alguien tenga equitativo cariño a dos equipos del
torneo mexicano casi no se ve, y es mi caso. Soy, a la par, azul y verde, o verde
y azul, da igual.
Por tal razón, toda esta semana me voy a sentir con el
corazón partío, por citar la letra de un cantante que detesto. Sé, como he
respondido a todos los que me bulean, que tras el pase de Santos Laguna contra
Puebla el domingo pasado aseguré al unísono la tristeza y la alegría. Entiendo que
este cruce de sentimientos culminará el domingo en la noche, cuando sepamos
quién quedó campeón. En ese momento me sentiré muy bien por el ganador, y muy
mal por el que se quede sin el título. Lo mismo sentí hace algunos años, cuando
ambos equipos llegaron a la final que concluyó con un triunfo para los de La
Laguna.
Ambos clubes llegan, si no me engaño, en su mejor circunstancia,
sin lesionados, con todas las baterías cargadas. Pese a tener un torneo
desigual, con altas y bajas, Santos se colocó en quinto de la general y mejoró en
la fase de repechaje y de liguilla. El motivo del repunte se debió a la
recuperación, por fin, de jugadores como Preciado y Valdés, quienes padecieron lesiones,
y a la veloz adaptación de muchos novatos como Campos, Aguirre, Ocejo y Muñoz,
que a estas alturas ya agarraron confianza para jugar sin timidez ante cualquier
rival. Pese, pues, a tener una campaña con turbulencias, la nave de Guillermo
Almada no hizo agua y ha respondido, como se dice en el beisbol, a la hora
buena, cuando más se ha necesitado de futbol ambicioso y eficaz.
Cruz Azul, en cambio, tuvo un torneo casi perfecto.
Todavía con la sombra del fracaso contra Pumas en la semifinal de diciembre,
comenzó el Clausura 2021 con cambio de entrenador, con dos derrotas y un
panorama que parecía encaminado a la catástrofe. Luego vino el racimo de
triunfos consecutivos que lo encaramó en el primer lugar de la tabla, después la
liguilla en la que se vio bien en general, aunque sacando el jale con algo de
zozobra frente a Toluca y Pachuca. También llega a la final con el equipo
entero, sin bajas “por el tema” (así dicen muchos periodistas deportivos) de
lesiones, y al parecer muy motivado por Juan Reynoso y la certeza de que ahora
sí, por fin, luego de 24 años, tras muchos intentos fallidos, después de varios
fracasos sonoros, definitivamente, esta oportunidad es la buena.
Me preguntan, reitero, de qué lado me canteo en este dilema.
Respondo que prefiero no responder, suspender el juicio y dejar que la historia
eche un volado, como llamamos en México a la moneda puesta en el aire. Ahora
bien, alguien me planteó la disyuntiva de otro modo: si fueras indiferente a
estos dos equipos, ¿a cuál sientes más viable ganador en este momento?
Respondo: por el torneo, por los jugadores, por cerrar en el Azteca y sobre
todo por la urgencia, creo que Cruz Azul tiene una leve ventaja. Lo pongo así:
45% contra 55%.
Pero bueno, mejor cierro el pico y me resigno desde ya a ser feliz e infeliz al mismo tiempo.
miércoles, diciembre 09, 2020
Vuelta de Oribe
Sabemos
que es un negocio, que allí se mueven millones y millones, pero algún pequeño
margen puede quedar en ocasiones para el romanticismo. Me refiero al futbol, un
deporte manejado ahora como máquina para hacer dinero, de ahí su frialdad
cuando echa números: si algo reditúa, adelante; si algo no deja, ni para qué
darle cuerda. Esta es la razón, quizá, por la que no se da un fenómeno que me
parece viable en el caso de ciertos jugadores. Si es imposible que los
futbolistas queridos vistan una sola camiseta, como lo hicieron Ricardo Bochini
con Independiente o lo ha hecho Messi con Barcelona, no sé si sea igualmente
imposible que en el ocaso de sus carreras vuelvan quienes se han ido. No todos,
por supuesto, sólo quienes han dejado una huella visible en la identidad de sus
equipos, como sucedió con Oribe Peralta en Santos Laguna.
Lejos
estoy de saber cómo se manejan los contratos y cómo danzan los millones en el
mundo futbolístico, pero sí sé que las carreras futbolísticas, así sean muy
prolongadas, terminan alrededor de los cuarenta años. En enero, Oribe cumplirá
37 y comenzará, si no ha comenzado ya, a vislumbrar el retiro. No lo estoy
retirando, sé que se ha cuidado mucho y está entero, pero es un hecho que su
etapa de mayor gloria quedó atrás, y fue la que vivió precisamente en su paso
por Santos Laguna y al mismo tiempo por la selección mexicana. Basta ver el
documental producido por la Coca Cola para reconstruir la hazaña de Londres en
2012. El oriundo de La Partida fue allí el mejor jugador, anotó los dos tantos del
triunfo en la final contra Brasil, era la estrella, y tras eso se dio su
entendible pase al América, donde prosiguió su buen desempeño. Tras su llegada
a Guadalajara (en una segunda etapa que arrancó a mediados de 2019), Oribe
comenzó el lento camino a un crepúsculo que hoy no queda tan lejos, y esto es
lo que motiva mi inquietud.
Así
como Benjamín Galindo dio un rodeo por varios equipos y al final volvió a las
Chivas para retirarse a los 41 años, me hace ilusión pensar que Oribe, el mejor
futbolista lagunero de la historia, termine en el equipo de su tierra. Quizá le
quede un rato más en Guadalajara; quizá, si lo descartan de allí, busque
acomodarse en otro equipo mexicano o incluso intente un periplo por la MLS. No
sé. Con mucho optimismo puedo imaginarle cinco años más en las canchas antes de
que llegue su despedida. No es posible adivinar lo que venga para él. Lo que me
gustaría, pase lo que pase, es que tanto la directiva como él puedan llegar a
un acuerdo y Oribe pueda reservar su último año como futbolista al Santos
Laguna. No importa que no sea titular, pero que esté allí, enfundado en los
colores verde y blanco como homenaje en activo a su trayectoria. Supongo que
ningún aficionado vería mal tal contratación. Este es el romanticismo del que
hablé al principio, un gesto nada frecuente ya en el gélido futbol profesional.
Jared, el Pony, Benitez, pocos son los jugadores a los que imaginé terminando sus carreras en Santos Laguna, el equipo donde triunfaron y son reconocidos como ídolos. Otro es, sin duda, Oribe, quien todavía está a tiempo de pensar en el regreso a su querencia.
miércoles, noviembre 25, 2020
Pasado próximo y remoto
Durante el confinamiento he recibido, como todos, invitaciones para dialogar por la vía digital. Una de ellas fue la rara entrevista del reportero Eugene Rupinski para una web deportiva norteamericana. El texto apareció en inglés. Dado que él cubre al Santos Laguna, me interrogó sobre La Laguna, sobre su gastronomía y su gente, y ahora que husmeo las respuestas me asombra que, aunque cercano, todo parece parte de un pasado ya remoto, el pasado prepandémico. ¿Volveremos a vivir esa vida y salir a donde nos apetezca? Este es el diálogo-paseo por La Laguna y otras yerbas. Debo recordar que en la edición gringa apareció en inglés:
Cuéntame un poco sobre ti y tú conexión de la Comarca Lagunera.
Una semblanza fría de mi vida supone
lo siguiente: Jaime Muñoz
Vargas nació en Gómez Palacio, Durango, en 1964, y reside en Torreón, Coahuila,
desde 1977. Siempre ha vivido pues en la Comarca Lagunera. Actualmente es
responsable del Centro de Difusión Editorial y maestro de la Ibero Torreón, y
coordinador del taller literario del Teatro Isauro Martínez. Entre otros
libros, ha publicado las novelas El principio del terror, Juegos
de amor y malquerencia y Parábola del moribundo; los libros de
cuentos El augurio de la lumbre, Las manos del tahúr,
Monterrosaurio, Ojos en la sombra, Leyenda Morgan, Polvo somos
y Grava suelta; y los libros de periodismo Tientos y mediciones, Solazos
y resolanas y Gambeta corta, además
de haber sido incluido en numerosos libros colectivos como la antología La otra
mirada, publicada en Palencia, España. Ha ganado los premios nacionales de
Narrativa Joven, de novela Jorge Ibargüengoitia, de composición del himno del
Instituto Mexicano del Seguro Social, de cuento de San Luis Potosí, de
narrativa Gerardo Cornejo y de novela Rafael Ramírez Heredia. Reseñas y
artículos suyos han aparecido en periódicos y revistas de México, España y
Argentina. Escribe la columna “Ruta Norte” para el periódico Milenio
Laguna y es articulista de la revista Nomádica. Desde 2006
mantiene actualizado el blog rutanortelaguna.blogspot.mx
Al margen del currículum está lo más importante: tengo tres hijas, todas nacidas en Torreón y todavía estudiantes (de literatura inglesa en la UNAM, de psicología en la Ibero Torreón y de preparatoria en la Universidad Autónoma de Coahuila); tengo seis hermanos (todos nacidos en Gómez Palacio, igual que mis padres, ambos ya fallecidos), y mi pareja es de Matamoros de La Laguna, ciudad aledaña a Torreón. Esto significa que mi vida y mis relaciones más cercanas tienen que ver con La Laguna, de suerte que para mí ser lagunero es entrañable. En suma, todo lo que soy y hago se relaciona de alguna manera con esta amada región.
Cuéntame de la cultura y la gente de la Comarca
Lagunera. El centro es una metrópolis, pero fuera de las ciudades (Torreón,
Gómez Palacio, y Lerdo) es un rancho. Toda la gente que conocí fui muy amable y
agradable.
Nuestra comarca se llama así, Comarca
Lagunera o La Laguna porque se autoconcibe como una región, no como un conjunto
de ciudades aisladas. Si bien una parte de La Laguna pertenece al estado de
Durango y la otra a Coahuila, y si bien cada municipio es administrativamente
autónomo, todos aquí nos asumimos como laguneros, como parte de una misma
comarca, y en general no tenemos pugnas entre nosotros. Todas las ciudades de
la región tienen más o menos los mismos rasgos culturales en gastronomía,
habla, acento, iconos históricos, voluntad para el trabajo, equipo de futbol y
beisbol, etcétera. En efecto, la zona metropolitana (Torreón, Gómez Palacio y
Ciudad Lerdo) configuran un conglomerado compacto con rasgos de mayor
desarrollo comercial e industrial; los municipios cercanos como Matamoros de La
Laguna, San Pedro, Francisco I. Madero, Viesca, Mapimí, Tlahualilo y Cuencamé
tienen un menor desarrollo económico y todavía, por suerte, hermosos y
pintorescos tintes de carácter rural. No me parece exagerado afirmar que la naturaleza
de los laguneros es amable, cordial, dispendiosa, compartida, alegre, y esto se
manifiesta principalmente frente a los fuereños. Creo que difícilmente un
lagunero trata mal a alguien que viene de fuera. Al contrario, rápidamente
busca incorporarlo, ayudarlo, convertirlo en “lagunero”.
En el desierto los recursos son escasos.
En inglés hay un dicho “doing more with less” (hacen más con menos, utilizando
todo a la máximo). ¿Es el caso de la comida de la región, es igual?
Nuestro principal problema en la
región es la escasez de agua. Acá casi no llueve, es un semidesierto. Lo que aquí
se siembra debe ser regado con agua diestramente guiada por canales y acequias,
además del agua extraída del subsuelo. Pese a esto, La Laguna como región ha
configurado una de las economías más pujantes de México. Dado que esta zona fue
poblada por grupos étnicos de muchas partes del mundo, tiene una gastronomía exquisita
aunque a mi juicio no muy variada. Sus platillos más populares son sencillos y
deliciosos, como la emblemática “gordita” o el poderoso “lonche”. Su carne es
muy buena, de la mejor del país, y creo que en ninguna parte del mundo hay
hamburguesas como las que se han diseñado por acá. Es además, por el calor, una
región altamente consumidora de gaseosas y cerveza, y buena para la creación de
golosinas saladas y dulces. Soy un informante muy parcial, puesto que nací y
radico aquí, así que créanme la mitad si afirmo que nuestra comida popular es
la mejor del mundo.
En el caso de Santos Laguna, dicen que
una de sus fortalezas es que hace más con menos. ¿Tienes ejemplos en tu
experiencia viviendo todo relacionado con el equipo?
Yo soy fanático de dos equipos
mexicanos: Cruz Azul y Santos Laguna. Del primero por mi infancia: cuando yo
era niño, el Santos Laguna no existía y dado su tricampeonato, adherí a los
colores de la Máquina Celeste. Luego, en 1983, nació el Santos Laguna y de
inmediato, por ser el equipo de mi tierra, comencé a apoyarlo. El equipo
lagunero es un equipo joven, cierto, pero ya muy exitoso, y nunca lo ha sido
por su dinero, sino porque juega bien y es aguerrido, luchón, orgulloso como la
gente de aquí. Estas características han permitido que crezca exponencialmente
su número de seguidores no sólo en México, sino en Estados Unidos, país en el
que su playera es muy solicitada. Cuando uno piensa en un equipo triunfador
como en Santos Laguna y al mismo tiempo lo relaciona como oriundo de un
semidesierto, crece el valor de sus logros.
Eres de la Comarca Lagunera, ¿cuáles son
tus lugares favoritos para comer?
Por lo común voy a establecimientos
populares, no muy caros, pues acá hay de todo, desde lo muy muy económico hasta
lo muy caro. Yo me muevo en la mitad de la tabla de precios, o quizá un poco
más abajo. Me agrada la comida popular. En gorditas me gustan dos
establecimientos: Gordirricas (Javier Mina y Escobedo, en Torreón) y Garza y
Garza (Abasolo y Donato Guerra). En hamburguesas me gustan las de un lugar
llamado Fofoy (Victoria y Zaragoza, en Gómez Palacio) y La Laminita (Allende y
Donato Guerra, en Torreón). En tacos me gustan los de una taquería sin nombre
ubicada en la Bravo y García Carrillo, en Torreón, y los de Juanchorrey
(González Calderón y Juan Terrazas, en Torreón). El menudo o pozole me gustan
en El Danubio (Escobedo y Leandro Valle, en Torreón), y la mejor birria que he
probado la preparan en un modesto estanquillo llamado Beto (Allende y Valdés
Carrillo, en Torreón). Los lonches que más me placen son los de El Sabrosito
(Escobedo y González Ortega, en Torreón). También me agrada comer pescados y
mariscos en El Güero (Donato Guerra e Hidalgo, en Torreón), y por último,
cuando quiero darme un agasajo un poco más caro, voy al restaurante Pampas
Gaucha (mall Galerías, en Torreón) o
a un café llamado Makiata, no tan caro pero de tipo y menú menos popular.
¿Cuáles son tus lugares favoritos en la
región que no sea de comer?
No soy de mucho salir, de ir al cine
o eso. Los lugares que más me gustan de La Laguna son el Teatro Isauro Martínez
y la Universidad Iberoamericana, donde trabajo. Soy adicto a la lucha libre,
así que voy tan seguido como me resulta posible a la que ofrece la Arena
Olímpico Laguna de Gómez Palacio. También me gusta la alameda de Torreón. Soy habitué,
eso sí, de nuestras pocas librerías: muy seguido voy a ver y comprar libros en
El Astillero, hermosa librería ubicada en la Morelos y Leona Vicario, en
Torreón. También voy a Gonvill, en el mall
Cuatro Caminos, y a la librería Educal ubicada en el Museo Arocena, un espacio
bellísimo. Asimismo, compro en El Libro Usado, librería de viejo ubicada en
Falcón y Morelos, y, también de viejo, a la Otelo, en Juárez e
Ildefonso Fuentes, Torreón.
¿Qué dirías a la gente sobre la ciudad
en donde vives?
Puesto que me gusta como es, a nuestra gente le diría lo que a la patria le escribió el maravilloso poeta Ramón López Velarde: “te doy de tu dicha la clave / sé siempre igual, fiel a tu espejo diario”. Insisto: no soy un entrevistado imparcial si hablamos de esta región y de su gente. Para mí, la Comarca Lagunera es un lugar más bien feo, de clima difícil, incluso hostil, pero no importa: para mí es la mejor región del mundo, por eso la llevo tatuada en el brazo y en el corazón.
Nota. La foto del Teatro Isauro Martínez
y el arcoíris es de mi hija más pequeña.
sábado, mayo 26, 2018
Símbolo Santos Laguna
miércoles, mayo 16, 2018
La cereza que falta
domingo, mayo 06, 2018
Carta abierta al Santos Laguna
miércoles, marzo 28, 2018
Momento del Santos Laguna
miércoles, julio 05, 2017
Pelotudos con doctorado
domingo, septiembre 27, 2015
Razones (posibles) de la campeonitis
miércoles, septiembre 04, 2013
Entrevista de hace diez años
Mi hermano Luis Rogelio me hace ver que El Siglo de Torreón publicó esta entrevista hace diez años, el 4 de septiembre de 2003, cuando el Santos Laguna cumplió veinte. Ahora que la releo noto que contiene algunas afirmaciones todavía válidas y otras ya rebasadas por la realidad, como el declive del boxeo (que repuntó tras decaer el "pago por evento") o mi trabajo en la UIA Laguna. Sea como sea, aquí está:
Jaime Muñoz Vargas explica el contexto
en el que nacieron los “Guerreros”, hace 20 años











