En
poco más de una semana, el 24 de marzo, se cumplirá el cincuenta aniversario
del golpe militar perpetrado en la Argentina. Dados los vientos que corren para
el mundo en la actualidad, no es impertinente tener en cuenta que el terrorismo
de estado es una metodología nunca totalmente abandonada, que el genocidio
siempre se expresa en algún punto del planeta, como sucede ahora en Palestina
con el agravante de su exposición pública, una difusión que no ha servido para
alarmar a la comunidad internacional ya subreptesentada por la inoperante ONU.
Hoy es posible masacrar a un pueblo y compartir las imágenes de su devastación
como si fueran entretenimiento de Netflix. “El mundo fue y será una porquería”,
dice el tango y nuestro tiempo le otorga la razón.
Si
no nos interesa el tema por su inevitable crudeza, por su lejanía en el tiempo
y el espacio o por cualquier otro motivo, pero nos interesa el futbol y hoy
aguardamos con ansia el comienzo del Mundial, hay una serie que combina
materiales de las dos realidades: por un lado, el genocidio perpetrado por la
dictadura argentina que comenzó en 1976, y, por otro, el Mundial celebrado en
aquel país hacia 1978. Titulado Argentina
’78 (2024, dirección de Lucas Bucci y Tomás Sposato), es un gran documental
basado en el libro 78: historia oral del
Mundial (Sudamericana, 2018, 240 pp.), de Matías Bauso (Buenos Aires, 1971).
Tanto el documento audiovisual como el de papel habilitan el recurso del
pespunteo: como se dieron al alimón, los crímenes de la dictadura conviven con
la euforia provocada por el futbol, la mayor pasión argentina desde hace
décadas. Gracias a este zigzag, un espectador alejado de la política pero fervoroso
del futbol tiene en la mesa un producto que puede ampliar su horizonte: pasar
del aparentemente apolítico deporte a las modalidades más bestiales del
ejercicio del poder. Dos en uno.
El
libro es de difícil consecución en México, aunque hay versión electrónica. De
cuatro capítulos (“El comienzo de los comienzos”, “Empieza el juego”, “Ganar o
ganar” y “Gloria”), la serie audiovisual está disponible en la plataforma Disney
Plus, lo cual no deja de parecer un tanto extraño. En ella, desfilan varios
entrevistados, todos vinculados con la política, el periodismo y, la mayoría,
el futbol. El diálogo con los personajes es acompañado obviamente por imágenes
originales del Mundial, desde su organización hasta un poco más allá del
partido final, cuando la dictadura quedó hecha añicos. La serie muestra el
estado político y social de la Argentina durante los preparativos del Mundial,
el momento en el que los militares deciden invertir dinero y energía para que
cuajara un buen espectáculo cuya repercusión podía ser doblemente positiva: en
el país, al lograr efusiones de patriotismo motivadas por el amor a la selección
y, fuera de la Argentina, al lavar la cara de la dictadura ante el mundo que
ya, poco a poco, se enteraba por la prensa del baño de sangre resultante del plan
sistemático de exterminio contra cualquier sospechado de “subversión”.
En
general, todo salió como esperaban los militares, aunque no sin alguno que otro
contratiempo que el documental describe con suficiente detalle, como el famoso
boicot orquestado por opositores de la dictadura radicados en Europa, sobre
todo argentinos, aunque no únicamente. El boicot no logró su propósito, pero sí
llamar la atención de la prensa internacional que sin duda comenzó a
interesarse más por las tropelías del gobierno militar. Esto se anuda con otro posible
contratiempo de la dictadura: la censura, cuidar que los periodistas foráneos no reportearan
algo más que futbol, vigilarlos a prudente distancia para que no obtuvieran
materiales sobre las desapariciones forzadas, las torturas y los asesinatos que
ya hacia el 77 y principios del 78 habían alcanzado cotas de horror y eran
inocultables por más que los milicos se afanaran en echarlos debajo de la
alfombra.
Entre
los entrevistados aparecen personajes de la selección, como el entrenador César
Luis Menotti (quien seguramente fue entrevistado poco antes de morir), Roberto
Saporiti (asistente de Menotti), Daniel Passarella (capitán del seleccionado) y
Mario Kempes (goleador y a la postre ídolo de aquel equipo); también, Ezequiel
Fernández Moores y Ailín Bullentini (periodistas) y varios corresponsales extranjeros,
además de la historiadora Paula Canelo. Destacan los diálogos con Matías Bauso,
autor del libro que fue cimiento del documental; con Mario Eduardo Firmenich,
el único militante vivo de la dirigencia del grupo guerrillero Montoneros, y con
Miriam Lewin, sobreviviente de la ESMA, el centro de reclusión, tortura y
desaparición emblemático de la dictadura. Todos ellos y varios interlocutores
más comparten su visión de los distintos momentos que supuso el desarrollo del extraño
Mundial.
Además
de lo estrictamente futbolístico, además de los avances y las dificultades que
se le presentaron a la selección argentina en su paso hacia la conquista del
campeonato, como la famosa y polémica goleada contra Perú, Argentina ’78 hace énfasis en la mirada que tuvieron los militantes
opositores al régimen. Por eso las entrevistas a Firmenich y a Lewin son aquí
fundamentales, ya que, según su opinión, era claro el propósito de los militares
de manipular la mayor pasión argentina a su favor, pero también legítimo el
fervor que la ciudadanía sintió por la selección del deporte que allá casi se
confunde con la devoción religiosa.
La
dictadura cobró clara conciencia de que el “mal humor social” provocado por la
presencia militar en la vida cotidiana, las prohibiciones y la inflación podía ser
paliado por el entusiasmo popular que detonaría el futbol. Pese a la sobredosis
de Mundial, la política no dejó de estar presente, los grupos guerrilleros no
dejaron de actuar y el gobierno de facto no
dejó de reprimir con mano dura. En el ínterin, algunos periodistas extranjeros lograron
sacar información valiosa, como las entrevistas a las madres en la Plaza de
Mayo cuyas desesperadas voces claman a los reporteros foráneos que ellos son su
única esperanza de que más allá se supiera lo ocurrido en el país.
El documento funciona en suma como crónica de un campeonato mundial que en lo futbolístico fue harto peculiar, tanto que siempre quedó la duda sobre el peso que tuvo el gobierno golpista para que la selección ganara sí o sí el campeonato (no podía ser de otra manera, pues de eso dependía la “imagen” de la banda en el poder), y como relato del espanto en el que los miliares sometieron a miles de argentinos, situación que se resume en los dos sitios más representativos de la serie: el estadio Monumental, donde la selección jugó varios partidos, uno de ellos la final contra Holanda, y a medio kilómetro de allí la ESMA, predio donde se torturaba y desaparecía mientras en la cancha de River Plate se vitoreaban los goles albicelestes.
Argentina logró la copa FIFA y el fervor patriótico se exacerbó durante algunos meses, pero la realidad económica y el desprestigio del gobierno llegaron a tanto que luego saltó al vacío con la fallida recuperación, manu militari, de las Malvinas, lo que al fin terminó por acabarlo y a los tumbos obligó a restituir el proceso electoral. Un campeonato del mundo, miles de muertos y desaparecidos, cientos de bebés apropiados y una crisis económica aplastante es la ruta que recorre Argentina ’78, serie que aparenta tratar sólo sobre futbol, pero que es mucho más: una realidad todavía vigente si advertimos que la ultraderecha aquí y allá nunca ha olvidado su estilo criminal de gobernar. Basta escuchar a Trump —el peor ser humano que habita hoy en el mundo— para confirmar que el peligro sigue vivito y matando.

