Los
poetas han encontrado en el mismo poema el molde para expresar cómo trabajan. A
esos poemas les llaman genéricamente ars poetica, y suelen ser muy apreciados
por quieres siguen con atención los usos y costumbres de quienes se plantean la
escritura en la forma destacada, aunque no la única, del verso. El ars
poetica que recuerdo cada vez que reparo en este tema es el micropoema “Retórica”,
de Paz: “Cantan los pájaros, / cantan sin saber lo que cantan: / todo su
entendimiento es su garganta”, donde no es exagerado advertir que esos pájaros
pueden ser los poetas.
Los
narradores suelen explicar sus procedimientos mediante decálogos como el de
Quiroga o ensayos breves como el que Piglia propuso para exponer su teoría de “Los
dos hilos”. Un camino intermedio para poetas y narradores es el de la
entrevista, género periodístico que les resulta útil para explicar detalles que
hacen a la cocina de su arte.
Hemingway,
famoso y asediado por la prensa en los años de su Nobel, “mediático” como ahora
se dice, dialogó con entrevistadores que al encararlo no dejaron pasar la
oportunidad de preguntar por sus métodos. Esta respuesta sobre la manera como
concibe un cuento: “A veces conozco toda la historia desde el principio. A
veces la construyo a medida que escribo y no sé a ciencia cierta qué va a
ocurrir. Todo va cambiando a medida que avanzo. Es este movimiento de composición
el que le da el tono a la historia. A veces ese movimiento es tan lento, que se
diría que no se produce. Y, sin embargo, siempre hay cambio y movimiento”.
Sobre
la competencia con sus contemporáneos: “Lo único que trato de hacer es escribir
mejor que ciertos escritores muertos, de cuyo valor estoy seguro”, y sobre la
llegada de los años y la decadencia del escritor: “Entiendo que la gente que
tiene conciencia de su trabajo mantiene su fuego encendido mientras vive”.
Le
preguntaron sobre sus personajes, si son reales o inventados: “Algunos
provienen de la experiencia real, pero la mayor parte de las veces los invento
partiendo del conocimiento y de la comprensión que tengo de la gente”.
Y sobre los títulos: “Una vez terminada la novela hago una lista de títulos posibles, que puede llegar hasta el centenar. Después procedo por eliminación. A veces elimino la lista entera”. Antes esto llamaba la atención del lector; ahora no sé.

