Un
video al que he vuelto más de una ocasión es aquel en el que Lula enuncia unas
palabras tras asumir su primera presidencia. Lo recordamos, es de
2002: luego de expresar que fue tornero mecánico en una fábrica, señala con un
nudo en la garganta que muchas veces fue acusado de no poseer un diploma de
enseñanza superior, así que su primer diploma es el de presidente de la
república de Brasil. Es, no lo digo ahora, un político que me provoca emoción
cada vez que lo escucho, pues lo considero de una claridad digna de asombro.
Por eso padeció una campaña de lawfare
(llamada operación “Lava Jato”) que lo llevó a la cárcel y permitió el triunfo
de su envés, el ultaderechista Jair Bolsonaro. Injustamente, casi dos años estuvo Lula en
prisión, para luego salir y ganar de nuevo la presidencia que ocupa hasta la
actualidad.
Hace
dos semanas (en estos tiempos dos semanas no parecen dos semanas, pues
tranquilamente en tan corto lapso puede pasar todo, como otra guerra y mil disparates
más de Trump), Lula participó en una Cumbre de Impacto de la IA celebrada en
Nueva Delhi. En ella, el presidente brasileño observó algo que desde hace
algunos años debería ser prioridad de todos los gobiernos: “Cuando pocos
controlan los algoritmos y las infraestructuras digitales, no estamos hablando
de innovación, sino de dominación. Los datos generados por nuestros
ciudadanos están siendo apropiados sin una contrapartida equivalente en
generación de valor en nuestros territorios”.
No
está demás recalcarlo aunque parezca o sea una obviedad: el control de los
medios digitales se traduce en una amenaza permanente para la democracia, pues
con su poder logran manipular e influir en el ánimo de los ciudadanos. Para
ello, como dice Lula, se aprovechan de la misma información generada por los
usuarios de internet, en un negocio redondo y manejado sin ninguna regulación o
control.
“El régimen de gobernanza de estas tecnologías definirá quién participa, quién es explotado y quién quedará al margen de este proceso”, pues los datos son administrados por los magnates tecnológicos para borrar o demonizar a quienes no se amolden a sus expectativas. Elon Musk es un caso evidente de lo que critica Lula, pero no el único. Dejar las elecciones y la “gobernanza” en las manos de los superricos digitales, es acabar con la equidad de voces, el cercenamiento de la democracia sobre el que alerta Lula.

