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miércoles, marzo 04, 2026

Lula y la hegemonía digital

 








Un video al que he vuelto más de una ocasión es aquel en el que Lula enuncia unas palabras tras asumir su primera presidencia. Lo recordamos, es de 2002: luego de expresar que fue tornero mecánico en una fábrica, señala con un nudo en la garganta que muchas veces fue acusado de no poseer un diploma de enseñanza superior, así que su primer diploma es el de presidente de la república de Brasil. Es, no lo digo ahora, un político que me provoca emoción cada vez que lo escucho, pues lo considero de una claridad digna de asombro. Por eso padeció una campaña de lawfare (llamada operación “Lava Jato”) que lo llevó a la cárcel y permitió el triunfo de su envés, el ultaderechista Jair Bolsonaro. Injustamente, casi dos años estuvo Lula en prisión, para luego salir y ganar de nuevo la presidencia que ocupa hasta la actualidad.

Hace dos semanas (en estos tiempos dos semanas no parecen dos semanas, pues tranquilamente en tan corto lapso puede pasar todo, como otra guerra y mil disparates más de Trump), Lula participó en una Cumbre de Impacto de la IA celebrada en Nueva Delhi. En ella, el presidente brasileño observó algo que desde hace algunos años debería ser prioridad de todos los gobiernos: “Cuando pocos controlan los algoritmos y las infraestructuras digitales, no estamos hablando de innovación, sino de dominación. Los datos generados por nuestros ciudadanos están siendo apropiados sin una contrapartida equivalente en generación de valor en nuestros territorios”.

No está demás recalcarlo aunque parezca o sea una obviedad: el control de los medios digitales se traduce en una amenaza permanente para la democracia, pues con su poder logran manipular e influir en el ánimo de los ciudadanos. Para ello, como dice Lula, se aprovechan de la misma información generada por los usuarios de internet, en un negocio redondo y manejado sin ninguna regulación o control.

“El régimen de gobernanza de estas tecnologías definirá quién participa, quién es explotado y quién quedará al margen de este proceso”, pues los datos son administrados por los magnates tecnológicos para borrar o demonizar a quienes no se amolden a sus expectativas. Elon Musk es un caso evidente de lo que critica Lula, pero no el único. Dejar las elecciones y la “gobernanza” en las manos de los superricos digitales, es acabar con la equidad de voces, el cercenamiento de la democracia sobre el que alerta Lula.

sábado, octubre 03, 2009

Lula, un peligro para Brasil



Como todos los países de América Latina, Brasil tiene hondos problemas de pobreza y desigualdad. La palabra “favela” es frecuente por allá, lo que significa presencia terca de la marginación en toda la geografía del gigante latinoamericano. Hay muchísimo qué hacer, pues, para remediar los desajustes de la realidad brasileña, aunque es innegable que su economía ha repuntado y poco a poco esa nación ha tomado la estafeta de liderazgo en la zona. Con la designación de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos de 2016, Brasil consolida su posición y avanza un peldaño más como país de nuestra América deseoso de escapar a la tenaz etiqueta de tercermundista.
En lo personal, aunque eso no le importe a nadie, me da gusto y siento como propio el júbilo de los brasileños tras haber obtenido la nominación olímpica. Más allá del inmenso negocio que ahora es toda justa deportiva internacional, es grato saber que en América Latina hay países que trabajan con un poco más de orden y progreso, pese a que sus gobiernos llevan en el pecho el rótulo que los identifica con la peligrosa izquierda. Luiz Inácio Lula da Silva, un tipo que casi obligatoriamente cae bien por su campechanía, por su discurso sin retórica perfumada y, sobre todo, porque ha colocado a Brasil en un plano de respetabilidad internacional, no ha trabajado solo, por supuesto, pero al encabezar una política de desarrollo que busca atacar los abismos de desigualdad y lograr avances, sin duda merece el reconocimiento que tiene de su pueblo y de la comunidad internacional.
Ese Brasil, ese Lula. Qué país, qué político. No olvido aquel documental en el que, al final, el obrero y líder sindicalista Lula declara, al tomar posesión, con lágrimas: “Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mí país”. Y lo fue luego de que los medios de comunicación y la derecha más hojaldre de su país se encargaron de difamarlo, de considerarlo un elemento peligroso por sus antecedentes izquierdistas y por su pasado íntimo, supuestamente escandaloso. Luego de dos o tres derrotas, el obrero Lula llegó a la presidencia en 2003 y desde ese año a la fecha Brasil avanza y se ubica como país con notables índices de desarrollo, sin que esto signifique, insisto, desaparición de los atávicos problemas que Brasil comparte con todos sus vecinos.
En deporte, lo que detonó este breve comentario sobre la patria de Jorge Amado y de Rubem Fonseca, Brasil siempre ha sido Brasil, una potencia en varios deportes y en futbol sobre todos los demás. ¿Cómo ganarle a un país que podría tener cinco o seis selecciones de dar pánico? ¿Cómo hacer para zancadillar al equipo que ha dado a Garrincha, a Zico, a Sócrates, a Ronaldo, a Roberto Carlos? O a Pelé, que ese solo nombre es sinónimo de futbol. Como sucede con algunas de sus universidades, que son ubicadas entre las mejores del mundo, en futbol los brasileños nunca han dejado de ser competitivos y en muchos momentos los mejores, los únicos que guardan cinco copas del mundo en sus vitrinas.
“Vamos a probar que el alma generosa de los brasileños va a hacer la más extraordinaria olimpiada que este mundo ya vio”, dijo Lula poco después de recibir la noticia que hoy aparece en la primera plana de todos los periódicos. Por supuesto, en esas palabras está implícita la idea que en general cunde en los países desarrollados: una nación sudamericana jamás podrá con el paquete olímpico. Lula, en representación de un país que con 52 millones de votos lo sentó en la presidencia, habla no sólo de que Brasil puede, sino de que organizará los mejores olímpicos de los que se tenga memoria. Quizá exagera, pero no es malo poner los sueños muy alto para demostrar que agallas no escasean. Y en fin, cómo no estar contentos con la designación olímpica de Brasil, pues además de lo ya dicho es la cuna de la mujer más bella del sistema solar y puntos circunvecinos, una supermodelo de rostro más que perfecto: el monstruo llamado Alessandra Ambrosio.