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domingo, julio 19, 2026

39. Zico









Entre el ocaso de Pelé y el esplendor de Maradona hubo varios jugadores que se disputaron el trono del futbol mundial. No era fácil llegar a ese sitio, pues el gigante brasileño puso tan alta la vara que hasta la fecha muchos creen, sobre todo los viejos aficionados, que nadie ha podido igualarlo, es decir, que nadie ha alcanzado la genialidad futbolística de Pelé. Ahora bien, entre 1975 y 1985 apareció la figura de Arthur Antunes Coimbra (Río de Janeiro, Brasil, 1953), mejor conocido por su breve mote: Zico. Además de este hipocorístico, en la prensa no fue raro que lo llamaran “el Pelé blanco”. Creo que no deshonraba la comparación, tanto como Hagi, el rumano, sería llamado años después “El Maradona de los Cárpatos”. Tales correlaciones pueden parecer exageradas, pero en el caso de Zico es verdad que se trataba de un 10 perfecto, de un armador de juego elusivo, inteligente, con futbol vistoso y eficaz en la consumación de goles. Clavó más de 500 en clubes y selección, la mayoría con el Flamengo, y además fue un asistidor empedernido. Lo recuerdo principalmente en el Mundial 82: era la estrella en un equipo lleno de estrellas, el Pelé blanco.

martes, julio 14, 2026

34. Ronaldo

 







Una de las figuras que nunca faltan en, como le llaman, el top ten mundial, es la de Ronaldo Nazário de Lima (Río de Janeiro, Brasil, 1976), conocido también con un alias legítimo: el Fenómeno. Su carrera, vivida en los mejores equipos del planeta y la selección brasileña, sumó alrededor de 500 goles, muchos de ellos consumados en acciones con inaudito desarrollo. Su jugada más ordinaria era extraordinaria: tomaba la pelota en tres cuartos de cancha o luego de algún contragolpe, encaraba al defensor y a partir de allí era lo mismo que ver a un búfalo embistiendo, pero con agilidad de guepardo, es decir, con zigzagueante pericia para sortear al enemigo por izquierda, derecha o túnel; al quedar frente al portero se planteaba al menos cuatro o cinco posibilidades: eludir por izquierda, derecha, bombear, disparar entre las piernas o ceder a un compañero, todo a velocidad desconcertante. Por su tamaño y su tendencia al sobrepeso, parecía lento, aunque quizá gracias a la ley física de la inercia —un objeto pesado que ha adquirido velocidad es más difícil de frenar— pocos pudieron detenerlo. Es más que justo ubicarlo entre los diez de la historia, y acaso entre los cinco.

lunes, julio 13, 2026

33. Ronaldinho

 








Hablar de Ronaldinho produce alegría. Creo que no hay futbolista en el mundo con mayor carisma, el único que parece carecer de detractores (digo “parece” para precaverme de los claridosos que escarbarán en internet para encontrarlos). Quiero decir que es mayoritaria la opinión favorable sobre Ronaldo de Assis Moreira (Porto Alegre, Brasil, 1980) que la negativa. Casi todos los futboleros agradecemos su manera de jugar, acaso la más lúdica que en la historia hubo y habrá. Son innumerables las escenas de Dinho usando la pelota como lo que esencialmente es: un juguete. Durante algunos años, en la transición Maradona-Messi, el brasileño de la sonrisa eterna se apoderó de la magia y la renovó. Porque eso era, un artista que desaparecía el balón para sacarlo luego de la manga o la chistera convertida en regate, en pase, en gol. Anotó más de 300, muchos de ellos convertidos hoy en piezas de museo lo mismo que sus asistencias “sin ver” o sus elásticas a la velocidad de la luz. Brilló sobre todo en Barcelona y en su selección, y en México tuvimos el privilegio de tenerlo en Querétaro al final de su carrera. Ronaldinho es un digno comensal de la última cena.

domingo, julio 12, 2026

31. Romario









Uno se pone de pie al ver los goles del delantero con los nervios más templados que ha tenido el futbol mundial. Clavó cerca de mil, una cantidad que podría colmar de orgullo a cinco delanteros juntos. Romario de Souza Faria (Río de Janeiro, 1966), conocido a secas como Romario, era muy bajo de estatura, pero fuerte como un perno de acero. Reunía todos los atributos deseables para un depredador del área, y esto incluye el cabeceo, pues pese a su módica estatura sabía buscar y hallar balones por arriba. No es raro que sea considerado por los aficionados como uno de los diez mejores jugadores de la historia, incluso de los cinco. Si vemos sus acciones, notaremos que su repertorio de habilidades dentro del área era total. Fue un maestro del cambio de ritmo, pues podía pasar de cero a cien en un microsegundo, y a esto se anudaba el mayor de sus talentos: la tranquilidad. Ha sido el delantero más sereno que se vio en las canchas; casi todos disparaban fuerte, con apuro, y Romario no: él cruzaba o picaba la pelota con cínica lentitud, como quien cascarea en el patio de su casa. Liquidaba a sangre fría.

sábado, julio 11, 2026

31. Rivelino


 







Todavía con indiferencia infantil, cuando entreabrí los ojos al futbol estaba aún fresco el Mundial de 1970. Un recuerdo muy borroso de aquellos años (que parecían siglos) es el de los nombres propios de los seleccionados que no vi porque era muy pequeño y no despertaban mi interés. No los vi, pero estaban en el aire, los mencionaban en todos lados. Uno de los más sonoros servía para identificar a un brasileño de bigote setentero, el mostachón que solían portar los militantes de izquierda en aquella época. Me refiero a Roberto Rivellino (Sao Paulo, Brasil, 1946) coctel en sí mismo de habilidad y potencia. Según se sabe, fue el modelo que Maradona imitó cuando era niño. No era difícil prendarse de su estilo. Una de sus jugadas típicas podría ser resumida así: tomaba la pelota unos diez o veinte metros afuera del área rival, la detenía, hipnotizaba al defensor, hacía la elástica (se dice que él la inventó), lo engañaba y se abría espacio para soltar un zurdazo en forma de raya hacia la portería. Anotó casi 250 goles, la mayoría con el Corinthians. Formó parte de la selección campeona del 70, la encabezada por Pelé. En México fue ídolo.

martes, julio 07, 2026

27. Pelé


 







He escrito varias veces sobre Pelé, icono del futbol, y he afirmado que la elección "Pelé o Maradona" no tiene sentido. ¿No sería mejor Pelé y Maradona? El desplazamiento de la conjunción disyuntiva por la copulativa es fundamental para admirar sus admirables talentos por igual, o casi, que es lo mismo. Edson Arantes do Nascimento (Tres Corazones, 1949-Sao Paulo, Brasil, 2022) elevó a la gloria las dos sencillas sílabas de su apodo, y esta breve palabra se convirtió en sinónimo de futbolista. Aunque la estadística en su tiempo no era muy rigurosa, sabemos que anotó más de mil goles, muchos de ellos inspirados por la genialidad. Los testimonios en video demuestran que Pelé inventó casi todo. Su repertorio de habilidades fue infinitamente superior a la imaginación de su época, de suerte que los sombreritos, las palomitas, las chilenas, los dribles, los amagues, los cabezazos, los túneles que puso en práctica siguen siendo dechados de excelencia. Entre sus innumerables jugadas virtuosas, he escrito alguna vez que me quedo con una: la finta a Mazurkiewicz en el Mundial de 1970, portento de habilidad que nunca más se ha visto sobre las canchas. Pelé fue, es y será el símbolo mayor del futbol.

miércoles, junio 17, 2026

7. Cabinho


 







El primer goleador implacable que vi en mi vida fue Evanivaldo Castro (Salvador, Bahía, Brasil, 1949), quien vino a los Pumas para luego jugar en el Atlante, León y Tigres. Pese a su tremenda cuota goleadora y debido al aislamiento del futbol mexicano, fue imposible que lo llamaran a la selección brasileña que alineaba por aquellos años a Roberto Dinamita y luego a Careca, el colega de Maradona en Nápoles. Cabinho fue bautizado así, según contaba Ángel Fernández, por la vinculación de su familia con el ambiente militar, de suerte que los soldados llamaban “cabito”, “cabinho”, pequeño cabo, al niño Evanivaldo. Pero más allá del mito sobre el alias, el brasileño es hasta hoy el máximo bombardero de nuestro futbol. Sólo con la UNAM hizo más de 200 goles sin un común denominador, pues los anotaba de todos los sabores. Si algo recuerdo de su estilo es, sin duda, la potencia: sus piernas eran tan fuertes que superaban a los defensores en la carrera y disparaban con violencia desde cualquier ángulo tanto en movimiento como desde un punto fijo, de ahí que fuera temible también en los tiros libres. Además, cabeceaba bien. Una palabra puede, para acabar pronto, definirlo: letal.

sábado, junio 13, 2026

Sumario de Borges













En “Los diccionarios de ayer y de mañana”, su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua (1992), el filólogo Guido Gómez de Silva consigna la evolución de este tipo de libros, llamados genéricamente “de referencia”, y destaca que en su origen tuvieron una hechura individual, como, entre muchos otros, el famoso Tesoro de la lengua castellana o española, confeccionado sin ayuda por Sebastián de Covarrubias Orozco (1611). Mucho más cerca de nosotros en el tiempo, es célebre el Diccionario de uso del español, titánico emprendimiento encarado por María Moliner, quien trabajó sola en su casa, con ficheros de papel y una maquinita mecánica Olivetti. Lo habitual desde hace mucho, sin embargo, es el trabajo en colaboración, como lo mostró la Enciclopedia (1751-1772) coordinada por Denis Diderot y Jean Le Rond d’Alambert, quienes convocaron a un ejército de eruditos para preparar la monumental obra que dio identidad al también llamado “Siglo de las Luces”.

Otra característica de los diccionarios de uso o enciclopédicos, además de implicar un trabajo plural, es el de abordar registros de una lengua o de una parcela del conocimiento. Por ejemplo, los diccionarios de la casa Larousse o los del FCE de filosofía, sociología o religiones. Más raro es dedicar un libro de esta naturaleza a un solo personaje, como es el caso de Borges babilónico. Una enciclopedia (FCE, primera edición en español 2023, Buenos Aires, 626 pp.). Es el libro que se me ocurre traer hoy, a un día del cuadragésimo aniversario de la partida de Borges, quien murió en Ginebra, Suiza, el 14 de junio de 1986.

Borges babilónico (el adjetivo obviamente alude al cuento “La biblioteca de Babel”) tuvo una primera edición brasileña, en portugués, hacia 2017, y fue trabajada por la Companhia das Letras. Lo preparó Jorge Schwartz, quien coordinó un grueso equipo de colaboradores: 75. Todos, todas, bajo la batuta de Schwartz, escribieron las cientos de entradas que iluminan enciclopédicamente la vida y la obra de Borges. Entre los nombres conocidos (al menos por mí) de quienes colaboraron puedo destacar a Beatriz Sarlo, Alberto Manguel, Edgardo Cozarinsky, Emir Rodríguez Monegal, Horacio González, Rafael Olea Franco y Ricardo Piglia.

El director del libro expone en el prólogo a la edición brasileña, incluido también aquí, que su primera labor fue crear la lista de entradas. El resultado alcanzó un número desorbitado de posibilidades, tanto que tuvo que ser achicado. La edición argentina sumó de todos modos más entradas hasta cerrar en una cantidad que en efecto forma un libro voluminoso, pero manejable.

Como en todo material de índole enciclopédica, Borges babilónico tiene algo de arbitrario en sus entradas. ¿Cómo decidir qué entradas vale desarrollar en la obra de un autor tan complejo y diverso como Borges? ¿Qué personaje real o ficticio, qué idea, qué lugar, qué libro es dable atender con amplitud para formar una noción general y precisa sobre el más famoso escritor argentino? La selección trabaja entonces sobre los asuntos, los libros, los escritores, los amigos y los tópicos (el laberinto, los tigres, el tiempo, los espejos…) borgeanos. Cada entrada tiene un desarrollo que alcanza, dicho esto a ojo de buen cubero y sólo para dar la idea, de una cuartilla a dos en promedio, aunque las hay poco más breves o poco más largas. La aspiración, en todo caso, fue obtener un panorama amplio, el más amplio y abarcador posible, de todo aquello que interesó al autor de Fervor de Buenos Aires. El diseño del libro, rasgo de no escaso valor en un volumen de consulta como este, es impecable, a dos tintas en sus folios y tipografía clara.

Schwartz señala, al final del prólogo a la edición en español, que “Para ser fiel al espíritu borgiano, recomendamos que el Borges babilónico, además de obra de consulta, sea también de lectura”. Estoy seguro de que lo logra, que sus entradas se dejan recorrer con gusto y pueden ser un material muy valioso tanto para quien conoce a fondo la obra de Borges como para quien todavía no lo ubica como el inmenso escritor que fue, una inmensidad que por cierto no ha parado de crecer desde que murió hace cuarenta años y acaso desde dos o tres décadas antes, tras el asombro y la repentina veneración que por él sintieron Europa y los Estados Unidos. 

viernes, junio 12, 2026

2. Baggio

 








Pasaran los años y no podré dejar de pensar en la injusticia que significa quedar estigmatizado por la falla de un penal. Todo el talento, toda la clase, toda la gloria acumulada se manchó por un disparo desde los 9 metros en el estadio Rose Bowl de Los Ángeles, California. Claro, era la final de un Mundial, el de EUA 94, jugado por Italia contra Brasil. Ese yerro pudo ocurrirle a cualquiera, pero cayó como rayo inmisericorde sobre la persona de Roberto Baggio (Caldogno, Italia, 1967), a mi juicio el jugador más técnico que ha dado la futbolísticamente ruda república donde nació el Renacimiento. Y ya que dije esto, Baggio el magnífico trataba con arte cada pelota que pasaba por sus pies, no por nada mereció un sobrenombre de sonoridad renacentista: Il divin codino, El divino cola de caballo en español, por su corte de pelo. Este 10 tenía gambeta para los dos lados y disparo preciso a todos los ángulos. Sus goles fueron, la mayoría, proyectiles telescópicos y carreras desde tres cuartos de cancha quitándose gente hasta llegar a la cocina. Fue un maestro digno de Vasari. Para mí, un penal no lo macha, haya ocurrido donde haya ocurrido.

miércoles, marzo 04, 2026

Lula y la hegemonía digital

 








Un video al que he vuelto más de una ocasión es aquel en el que Lula enuncia unas palabras tras asumir su primera presidencia. Lo recordamos, es de 2002: luego de expresar que fue tornero mecánico en una fábrica, señala con un nudo en la garganta que muchas veces fue acusado de no poseer un diploma de enseñanza superior, así que su primer diploma es el de presidente de la república de Brasil. Es, no lo digo ahora, un político que me provoca emoción cada vez que lo escucho, pues lo considero de una claridad digna de asombro. Por eso padeció una campaña de lawfare (llamada operación “Lava Jato”) que lo llevó a la cárcel y permitió el triunfo de su envés, el ultaderechista Jair Bolsonaro. Injustamente, casi dos años estuvo Lula en prisión, para luego salir y ganar de nuevo la presidencia que ocupa hasta la actualidad.

Hace dos semanas (en estos tiempos dos semanas no parecen dos semanas, pues tranquilamente en tan corto lapso puede pasar todo, como otra guerra y mil disparates más de Trump), Lula participó en una Cumbre de Impacto de la IA celebrada en Nueva Delhi. En ella, el presidente brasileño observó algo que desde hace algunos años debería ser prioridad de todos los gobiernos: “Cuando pocos controlan los algoritmos y las infraestructuras digitales, no estamos hablando de innovación, sino de dominación. Los datos generados por nuestros ciudadanos están siendo apropiados sin una contrapartida equivalente en generación de valor en nuestros territorios”.

No está demás recalcarlo aunque parezca o sea una obviedad: el control de los medios digitales se traduce en una amenaza permanente para la democracia, pues con su poder logran manipular e influir en el ánimo de los ciudadanos. Para ello, como dice Lula, se aprovechan de la misma información generada por los usuarios de internet, en un negocio redondo y manejado sin ninguna regulación o control.

“El régimen de gobernanza de estas tecnologías definirá quién participa, quién es explotado y quién quedará al margen de este proceso”, pues los datos son administrados por los magnates tecnológicos para borrar o demonizar a quienes no se amolden a sus expectativas. Elon Musk es un caso evidente de lo que critica Lula, pero no el único. Dejar las elecciones y la “gobernanza” en las manos de los superricos digitales, es acabar con la equidad de voces, el cercenamiento de la democracia sobre el que alerta Lula.

miércoles, julio 17, 2019

Una lágrima para Barbosa
















“Apestar” es un verbo espantoso, y de él deriva el sustantivo “apestado”, es decir, el que, por culpa de la peste, es marginado, relegado. Por supuesto, su sentido ahora no es estricto, sino figurado, ya que no es necesario portar ninguna peste para ser un apestado. Como tal, como apestado, vivió el portero Moacir Barbosa Nascimento, quien alineó bajo los tres palos para la selección brasileña en el mundial celebrado hacia 1950 en el país de la samba.
Conocida por medio mundo, su historia siempre me ha estrujado. De todos es sabido que el punto de inflexión en la vida de Barbosa se dio el 16 de julio del 50, día en el que Brasil y Uruguay disputaron la final de la Copa del Mundo, en aquel tiempo llamada Jules Rimet. Para el país fue un desastre, el famoso “maracanazo”, pues la verde-amarilla perdió 2 a 1 contra la celeste charrúa. El desastre golpeó a los jugadores, a los 200 mil espectadores que atestaban las gradas del estadio y a todo Brasil. Hubo suicidios, llanto, una frustración colectiva que no acarrean ni las debacles económicas. Así es —y así era ya a mediados del siglo XX— el futbol en países que lo han elevado a la categoría de religión. Tras los goles de Juan Alberto Schiaffino y Alcides Ghiggia, el resultado del partido se convirtió en bomba atómica, así que un culpable debía ser localizado. No fue difícil hallarlo: fue Barbosa, el portero, quien murió en 2000. Esto significa que cargó un injusto sambenito durante medio siglo, el brutal castigo de ser un apestado. Son muchas las tristes anécdotas sobre el ninguneado Barbosa, como aquélla en la que se propuso saludar a los seleccionados brasileños poco antes del mundial de Estados Unidos, todo para que no lo dejaran acercarse porque contagiaba la mala suerte.
Muchos grandes jugadores han merecido canciones. Maradona, por ejemplo, la que Rodrigo hizo grande, o Garrincha, cuyo tema en la voz de Zitarrosa es inmenso. Barbosa tiene también su canción. La compuso Tabaré Cardozo, y en alguna de sus estrofas dice: “Cuida los palos Barbosa / del arco del Brasil / la condena de Maracaná / se paga hasta morir. // Quema los palos Barbosa / del arco del Brasil / la condena de Maracaná / se pega hasta morir. // Un viejo vaga solo / la gente sin piedad / señala su fantasma sin edad / por la ciudad”.
Pues bien: mis palabras son una lágrima solidaria y respetuosa a la memoria de Barbosa. Descansa al fin, admirado Moacir.

miércoles, diciembre 18, 2013

Las manos de Jérôme













Desde hace mucho domino dos o tres actos de prestidigitación, esto para beneplácito de mis tres hijas y mis 17 sobrinos. Son sencillos, caseros, tanto que cualquiera podría aprenderlos con un poco de habilidad y práctica. Ese movimiento natural de los dedos para manejar algún objeto pequeño se aprecia en el video "Manipulación Sorteo del Mundial 2014" en el que Jérôme Valcke, secretario general de la FIFA, abre las bolitas con las tiras de papel que poco a poco fueron conformando los grupos en los que, por cierto, a México le tocó bailar con el más feo.
El video, pese a su producción un tanto rústica, evidencia como cachetada lo que pudo haberse evitado con total facilidad mediante varias técnicas de transparencia a la hora de sortear algo, algunas usadas hasta en las ferias de rancho. No sé, una mesa transparente, un par de edecanes con mano santa, un interventor de la Secretaría de Gobernación, la catafixia de Chabelo… pero no, los mercenarios de Zurich prefirieron un método más oscuro que el usado por el pactismo reformista mexicano.
Los mafiosi de la FIFA tienen, se supone, algo de recursos económicos como para organizar con decoro, y sin migaja de duda, una tómbola en la que el azar debe tener el mayor de los protagonismos. Optaron sin embargo por instruir a una especie de prestidigitador y sembrar inquietudes sobre la naturaleza chapucera del sorteo. En un comunicado que buscaba contradecir las acusaciones de chanchullo, los angelitos de la FIFA señalaron que “Durante el sorteo había al menos siete cámaras desde diferentes perspectivas apuntando al secretario general de la FIFA (…). Dos desde delante, una desde la derecha y otra desde la izquierda, una desde detrás y otra directamente encima de su cabeza”.
El argumento no aclara nada. Pudieron ser mil cámaras, pero si la producción televisiva fue de la propia FIFA podían ser manejadas para que jamás se viera lo que luego despertó las sospechas. Cierto que por intereses de mercado los grupos del mundial son administrados con cabezas de serie y demás, para no dejar las manos totalmente libres al azar, pero también es cierto que la naturaleza de un sorteo no es la de controlar aquello que en teoría determinará la suerte.
En Brasil, empero, el sorteo sólo tuvo una bolita, la del país anfitrión, evidente y abierta por un sujeto distinto a Valcke, además de las mostradas por el bombón Lima. Todas las otras quedaron a merced del secretario de la FIFA, quien las abrió casi literalmente abajito de la mesa, siempre en un acto de prestidigitación socorrido por una impertinente mesa azul.
Ahora bien, con o sin azar, este torneo es un desafío para cualquier equipo. No sé si a México lo echaron a ese grupo así nomás, al estilo FIFA, o fue el azar el que nos deparó a Brasil. Sea como fuere, cualquier grupo está para parir chayotes, aunque debemos estar tranquilos: ninguna otra selección tiene a Oribe Peralta.