Una de las figuras que nunca faltan en, como le llaman, el top ten mundial, es la de Ronaldo Nazário de Lima (Río de Janeiro, Brasil, 1976), conocido también con un alias legítimo: el Fenómeno. Su carrera, vivida en los mejores equipos del planeta y la selección brasileña, sumó alrededor de 500 goles, muchos de ellos consumados en acciones con inaudito desarrollo. Su jugada más ordinaria era extraordinaria: tomaba la pelota en tres cuartos de cancha o luego de algún contragolpe, encaraba al defensor y a partir de allí era lo mismo que ver a un búfalo embistiendo, pero con agilidad de guepardo, es decir, con zigzagueante pericia para sortear al enemigo por izquierda, derecha o túnel; al quedar frente al portero se planteaba al menos cuatro o cinco posibilidades: eludir por izquierda, derecha, bombear, disparar entre las piernas o ceder a un compañero, todo a velocidad desconcertante. Por su tamaño y su tendencia al sobrepeso, parecía lento, aunque quizá gracias a la ley física de la inercia —un objeto pesado que ha adquirido velocidad es más difícil de frenar— pocos pudieron detenerlo. Es más que justo ubicarlo entre los diez de la historia, y acaso entre los cinco.
martes, julio 14, 2026
viernes, julio 10, 2026
30. Recoba
Al futbolista uruguayo que más he admirado por su espléndida manera de jugar y principalmente por sus golazos es Álvaro Recoba (Montevideo, Uruguay, 1976). Su friolera de anotaciones, alrededor de 150, corresponde a la de un mediocampista con buena llegada al arco, pero más allá de la cantidad, la calidad, sobre todo, de sus disparos desde fuera del área es lo más parecido a un lanzador de misiles en acción sobre las canchas de futbol. El Chino, como le apodaron por sus ojos rasgados y su pelo de cantante pop coreano, tenía mira telescópica: donde ponía el ojo, ponía el torpedo. Sus mejores tantos fueron disparos de treinta o cuarenta metros, riatazos que delataban a un pateador perfecto. Tenía, por supuesto, otras habilidades, como hacer pases filtrados, tirar paredes y driblar con solvencia, como se puede apreciar en un gol maradonesco urdido con la camiseta del Nacional en el estadio más importante de la capital uruguaya: en el video se ve que recoge la pelota en el área de su equipo y elude rivales hasta llegar a las narices de arquero para también esquivarlo y luego embutir inmisericordemente el balón en la portería. Fue un futbolista carente de goles feos.


