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miércoles, julio 29, 2026

Virales que sí sirven

 











La viralidad es un fenómeno que en la mayor parte de los casos se relaciona con lo audiovisual: un accidente, una agresión, un hecho extraño, la burrada de un famoso son los productos más socorridos de la divulgación repentina, de “lo viral”. Todo esto termina por ser, claro, una pérdida de tiempo entre las muchas otras miserias del universo digital que sólo son eso, pérdida de tiempo. Curiosamente, también hay productos virales de índole textual. No alcanzan por supuesto el efecto masivo de los audiovisuales, y de hecho su viralidad es tan modesta que quizá ni es digna de ser ubicada en tal rango.

Pienso que un texto (columna, artículo, crónica, poema…) es viral cuando aparece en mi celular o mi computadora como reenvío de varios contactos. Ya para que tres o cuatro amigos lo divulguen quiere decir que les llegó por diferente medio, que es un texto con capacidad de filtración. En estos días me llegó uno. Cuatro amigos que no se relacionan entre sí me enviaron el artículo “España contra todo pronóstico”, escrito por Gilberto Carrasquero Naranjo, periodista/escritor de quien no tengo más data.

Es muy bueno. Trata, lo resumo muy apretadamente, del sistema de salud en España, de sus avances y del futuro que se le augura en función de las estadísticas actuales. Resulta significativo recibir esta información, pero más enterarnos de que es muy probable que España tenga avances en la salud pública en función de un ítem que no parece tener nada que ver en el asunto: la cultura de la reunión, por llamarla de algún modo.

Desde los dos primeros renglones, Carrasquero Naranjo plantea lo que parece una anomalía (y lo es, pero benéfica): “España tiene más bares que camas de hospital. Léalo de nuevo, despacio. Unos 260.000 bares frente a unas 140.000 camas hospitalarias”. Cuando dice “bares”, es claro que no debemos entender el sustantivo sólo en el sentido mexicano, como sinónimo de cervecerías o cantinas. Bares sería en el caso español cafeterías, restaurantes, sitios para reunirse y conversar en los que también, obvio, puede ser incluido el alcohol.

No es difícil encontrar mediante Google el texto de Carrasquero Narranjo. Nos plantea con buena prosa y datos contundentes que hablar, que ver amigos, que ejercer el ocio sin apremio por producir bienes o servicios es quizá el mejor medicamento y no aparece, por desgracia, en ninguna prescripción médica.

miércoles, julio 22, 2026

Odios digitales









Siempre hemos visto que las grandes competencias deportivas sirven para invocar la hermandad de los pueblos y la paz mundial. Las inauguraciones y las clausuras son los escenarios más adecuados para que desfilen banderas y se emitan discursos con fuerte contenido demagógico en el que se destaca la necesidad de que los pueblos de la tierra convivan en armonía, leal y solidariamente. Todo debe sonar bonito aunque en realidad vivamos en una circunstancia muy desigual: diez países controlan la economía y los demás, 170 más o menos, dependen de decisiones ajenas. La “paz mundial” es mera retórica, una quimera que sólo sirve para abrir y cerrar competencias internacionales.

A la violencia real provocada por economías disparejas se sumó por estos días (todavía hoy se nota) la avalancha de violencia simbólica propalada por los medios durante el desarrollo del Mundial. Como no lo recuerdo en ediciones anteriores del torneo, en esta ocasión se agudizaron muchos rencores internacionales, un efecto opuesto a la hipotética fraternidad apetecida por la publicidad de los organizadores. Lejos de conseguirla, lo que se vio en la realidad de las redes —una realidad ahora tal vez más real que la realidad presencial—, fue encono verbal, agresiones espantosas de todos contra todos.

El caso más visible y multiplicado de la tirria digital, pero no el único, se dio en relación con los argentinos y su selección. Casi casi debo precisar que no fueron tanto los argentinos cuanto los porteños y especialmente algunos comunicadores de la capital de aquel país quienes atizaron el ambiente para que se caldeara en buena parte del globo. En el caso mexicano, un periodista dio pábulo a la “argentinofobia” con declaraciones que se viralizaron en México. El descerebrado, de nombre Eduardo Feinmann, señaló que odia a los mexicanos y añadió que nuestro país envidia al suyo. Todo absurdo pero muy eficaz para multiplicarse exponencialmente y verse reforzado por una ola de nuevas opiniones igual o peor de soeces.

Engancharse en cualquier fuego cruzado de las redes es simplista y burdo, pero en esta oportunidad resultó harto eficaz para exacerbar el clima de crispación que espera cualquier rivalidad deportiva para manifestarse en las trincheras de nuestro tiempo: las redes sociales, espacios donde salen a relucir los traumas y los complejos de tirios y troyanos, para decirlo con un manoseado cliché bélico.

domingo, julio 19, 2026

39. Zico









Entre el ocaso de Pelé y el esplendor de Maradona hubo varios jugadores que se disputaron el trono del futbol mundial. No era fácil llegar a ese sitio, pues el gigante brasileño puso tan alta la vara que hasta la fecha muchos creen, sobre todo los viejos aficionados, que nadie ha podido igualarlo, es decir, que nadie ha alcanzado la genialidad futbolística de Pelé. Ahora bien, entre 1975 y 1985 apareció la figura de Arthur Antunes Coimbra (Río de Janeiro, Brasil, 1953), mejor conocido por su breve mote: Zico. Además de este hipocorístico, en la prensa no fue raro que lo llamaran “el Pelé blanco”. Creo que no deshonraba la comparación, tanto como Hagi, el rumano, sería llamado años después “El Maradona de los Cárpatos”. Tales correlaciones pueden parecer exageradas, pero en el caso de Zico es verdad que se trataba de un 10 perfecto, de un armador de juego elusivo, inteligente, con futbol vistoso y eficaz en la consumación de goles. Clavó más de 500 en clubes y selección, la mayoría con el Flamengo, y además fue un asistidor empedernido. Lo recuerdo principalmente en el Mundial 82: era la estrella en un equipo lleno de estrellas, el Pelé blanco.

viernes, julio 17, 2026

37. Stoichkov

 







Hristo Stoichkov (Plovdiv, Bulgaria, 1966) es considerado, sin migaja de duda, el mejor jugador de su país, que dicha sea la verdad no ha producido futbolistas de altura como lo han hecho Alemania o Brasil, por mencionar sólo dos naciones representativas como semilleros. Era de estatura media, veloz y sobre todo fuerte, con la fibra que siempre tuvieron los cargadores de pesas búlgaros en las olimpiadas. En la cancha era aguerrido, bravo, no le sacaba al choque y sabía defenderse de las patadas y los codazos enemigos. La cifra de sus goles llegó casi a 300, y fue en la Barcelona de Cruyff donde puso en práctica su mayor habilidad: acompañar las jugadas, estar en el lugar correcto en el momento correcto, de ahí que la mayoría de sus tantos cayeron en el último toque, casi como trámite gracias a que el búlgaro estaba allí, encima del arco, en el asedio, siempre amenazante, siempre con la parte interna de ambos zapatos lista para empujar el balón. Más que un gran jugador búlgaro, fue y sigue siendo un símbolo de la casi oculta (para nosotros) Europa del Este. Por un golazo en el Mundial 1994, en México dejó un mal recuerdo.

jueves, julio 09, 2026

29. Raúl


 






No es muy recordado, los jóvenes creo que ni lo conocen, pero Raúl González Blanco (Madrid, España, 1977) ha sido un goleador harto importante para el Real Madrid, club en el que desahogó la mayor parte de su carrera. Más de 400 goles lucen en su hoja de servicios, una cantidad que lo destaca como figura en una de las épocas más prolíficas en logros para los Merengues, donde consiguió todo. Hay rematadores que se caracterizan por un tipo de gol, a lo mucho dos, y esto es lógico, pues no es posible aglutinar todas las destrezas en un solo delantero. Raúl era un atacante con tantos recursos que su abanico de goles se reparte casi por igual en remates de un toque como acompañante de quien centra, cabezazos, vaselinas, disparos de lejos, voleas, palomitas, todo. Ver sus tantos es verificar que Raúl era un delantero polimorfo, imposible de anular porque fue de aquellos que anotaban sin ver, con la portería tatuada en la cabeza como si tuviera un GPS biológico. Vivió una época dorada del Real Madrid, aunque decir esto en realidad no dice gran cosa, pues casi todas las épocas de tal equipo admiten el susodicho adjetivo: doradas.

viernes, julio 03, 2026

23. Mágico








Le digo Mágico porque llamarlo por su nombre, Jorge Alberto González Barillas (San Salvador, El Salvador, 1958) casi no dice nada. El apodo, pues, fue la mejor manera de rebautizar al mejor jugador centroamericano de todos los tiempos. Aunque su posición no fue la de rematador final, su cosecha de goles alcanzó una cifra generosa: 232 en clubes y en selección. Lo vi jugar por primera vez en aquellas salvajes eliminatorias para el Mundial 82, y de inmediato se veía que mandaba sobre la cancha. Así, sin mucho apoyo de sus compañeros, el Mágico lograba destacarse y crear llegadas de peligro, tanto que el gol decisivo de la clasificación salvadoreña se debió a un largo trote desarrollada gracias a sus mágicos botines: tomó la pelota antes del medio campo y emprendió la carrera hasta llegar al área, disparar, provocar un rechace del arquero mexicano y dejar servido el remate de gol. Tras el Mundial español, jugó para el Cádiz, donde se convirtió en ídolo. No lo aparentaba, pero tenía todo: toque, precisión, gambeta, control de balón, tiro y desfachatez. La repetición de sus acciones en el equipo gaditano son un lujo, la manera más rápida de confirmar su inusitada técnica.

martes, junio 16, 2026

6. Butragueño


 







Gilberto Prado, erudito en letras y deportes, solía citar unas palabras de Emilio Butragueño (Madrid, 1963) cuando alguna vez pidieron al español que comparara su estilo con el de Hugo: “Él es mejor en el remate, pero creo que yo en el uno a uno”. No es errónea esta observación, pues siempre que pensamos en él es fácil imaginarlo en la ejecución de un desborde o una penetración con balón atado a los dos pies: desde un punto muerto, superaba al rival con un arranque súbito en el que, como nadie, se pasaba a sí mismo la pelota de un zapato a otro. Era su especialidad, llegar hasta las narices del portero y liquidarlo. Creo que en nadie, o tal vez sólo en Messi, he visto con tal velocidad y eficacia ese traslado de balón entre ambos pies. Lo recuerdo como estrella del Madrid, obvio, en la mejor época de Hugo, pero más en su partido consagratorio, aquel que España ganó en Querétaro a la Dinamarca de Elkjær con cuatro tantos del Buitre, apodo que por cierto no le concernía, pues era rubio con cara de angelito. Clavó casi 250 goles. Curiosamente, jugó su último partido contra el Santos Laguna.

miércoles, mayo 13, 2026

Saldo de la visita fallida


 








A Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, le duró buen rato la cuerda antimexicana, pues todavía ayer hizo declaraciones sobre el trago amargo que pasó en su reciente tour por nuestro país. Provocadora natural, Díaz Ayuso cargó contra la presidente Sheinbaum y de paso contra Pedro Sánchez, el villano favorito de la ultraderecha española. Como la visita fue un fracaso —táctica mal elegida en la estrategia de la derecha global por lastimar al actual gobierno mexicano—, la excusa de la azuzadora serial fue decir que su vida estuvo en riesgo, pues México es un país atestado de violencia.

El mismo país que ella pinta como fallido es el que tiene más turismo en América Latina. Sólo de 2025 esta es una breve lista, y no es de suponer que los turistas vienen a quedarse encerrados en los hoteles. La distancia es brutal, ni todos juntos superan al México de las calles “tomadas” por los narcos: México (48 millones de visitantes), República Dominicana (11.6), Brasil (9.3), Colombia (6.5), Chile (5.4), Argentina (5.3) y Perú (4.1). Eso de que México “está tomado por la delincuencia” es una ficción, y si no es así cómo explicaría Díaz Ayuso el descomunal éxito del sector turístico mexicano.

Ahora bien, ¿por qué en la vista se hizo una defensa de Cortés? Más allá de la polémica histórica, de la que ella sabe menos que nada, la idea clara fue provocar y dividir con un exabrupto mediático, un paso importante para fortalecer el voto duro, polarizado, para la derecha mexicana. Su visita respondió al interés de Ricardo Salinas Pliego, quien está siguiendo el manual derechista del supuesto outsider: acusar al progresismo de “ultraizquierda”, “dictadura” y “narcoestado”. A la par, llenarse la boca con la palabra “libertad”. En fin, todo de manual.

Debo añadir que Díaz Ayuso está cerca de Trump, busca agradarle, y todo lo que esté cerca del señor naranja es intrínsecamente nefasto. Además, Díaz Ayuso, como toda la derecha española, adhiere al pasado franquista, no condena al régimen criminal que sometió a España durante casi cuarenta años (ésta sí fue una dictadura cabal) y dejó sembrado el país de fosas comunes. Lo de Díaz Ayuso fue pues una provocación para favorecer al tío Richi. La operación proyectó un usufructo bicéfalo: si el gobierno mexicano no decía nada, la española haría de las suyas; si decía o hacía algo, podía colocarse en la posición de víctima de los zurdos de mierda.

Por último, recordemos que Díaz Ayuso es una especie de gobernadora (de la Comunidad de Madrid, que incluye a la ciudad de Madrid) y no es equivalente a la figura de Sheinbaum. Esto no significa que no sea peligrosa, como toda la derecha mundial liderada por el secuaz del pederasta Epstein. Obviamente me refiero de nuevo a Trump, el peor ser vivo que en este momento habita sobre la tierra, y para colmo también apoya a Netanyahu, el segundo peor. Casi nada.

miércoles, febrero 18, 2026

Trabajo en un hilo

 












Si bien veo con pesimismo el avance de la ultraderecha que en occidente encarnan gángsteres como Trump (Partido Republicano, EUA), Milei (La Libertad Avanza, Argentina) y Abascal (Vox, España), percibo una salida a la bestialidad que proponen los discursos de estos sujetos. Es complicada, lo he dicho varias veces, sobre todo porque las inercias del mundo transitan hacia la disgregación y el embebimiento individualista. Alguna respuesta tendrá que darse, sin embargo, ante los embates que en el mundo desmoronan el trabajo como medio digno de vida allí donde se han establecido leyes para regular la relación obrero-patronal. México no es el paraíso en este rubro ni en ninguno, pero sin duda, como se dice para exagerar, casi es Suiza si lo comparamos con países que hoy avanzan hacia la desprotección total del trabajador.

En el fondo veo que el neocapitalismo global ha encontrado en la tecnología y sobre todo en la IA una serie de avances que poco a poco torna innecesario el trabajo humano. Sin que lo veamos muy claramente todavía, al mercado laboral le va sobrando mano de obra, y por ello la tendencia a la precarización, al abatimiento de cualquier prestación, a la destrucción del homo faber. El mundo transita hacia un colapso de millones de fuentes de trabajo, y por ello la urgencia de economizar con contratos temporales y facilidades para despedir y dejar en la calle.

El tipo ideal de trabajador que desea el “tecnofeudalismo” (así lo llama Yanis Varoufakis) es como el empleado de las “plataformas”: sin ninguna ventaja, él y su bicicleta contra el mundo. Mariano Recalde, político argentino especializado en estos asuntos, se ha opuesto a la reforma laboral de Milei, hoy en vías de aprobación; si cuaja, sería el primer gran experimento latinoamericano para hacer pomada los derechos de los trabajadores. Sintetizado por Horacio Verbitsky, al hablar de las chambas de los repartidores Recalde plantea la necesidad de una negociación colectiva que “establecería como piso el salario mínimo, seguridad social, licencias y protección contra el despido. El trabajador tendría derecho a conectarse y desconectarse libremente, respetando descansos legales obligatorios. La plataforma estaría obligada a informar cómo se asignan los pedidos, se evalúan las tareas, se pagan las comisiones y se aplican las sanciones, y debería atender al trabajador a través de una persona humana, para evitar bloqueos arbitrarios y resolver conflictos. La plataforma estaría obligada a capacitar al trabajador, proveerle elementos de seguridad, darle cobertura ante accidentes y enfermedades laborales, poseer estaciones sanitarias y de carga de energía. Debería reconocer al trabajador derecho al descanso, a vacaciones y a sindicalizarse, con posibilidad de afiliación desde la propia plataforma”.

Esto nomás respecto de los repartidores que hoy son un símbolo de la indefensión laboral. Por supuesto, sumarles derechos no será una iniciativa de quienes hoy los contratan, así que sin remedio estos trabajadores, y todos los demás, requieren de un Estado firme y la posibilidad de organización y lucha. Ahí está el detalle: primero, que el Estado sea sensible a los reclamos de justicia en el trabajo, y después, que los trabajadores sepan valorar colectivamente su importancia en la cadena de producción de la riqueza.

Por todo, es importante seguir atentos a la Argentina. Allá se libra esta semana el primer gran hachazo a los derechos laborales o la primera gran derrota de capitalismo financiero para sacarse de encima a los trabajadores que aspiran a algo más que un salario de supervivencia. Para bien o para mal, lo que resulte allá será ejemplo para los trabajadores en el mundo.

sábado, febrero 14, 2026

De la inercia ultra

 








El riesgo es ser acusado de conspiranoico, pero creo que no está el horno para omitir que sigue en marcha, a buen ritmo en su ejecución, un plan que combina todas las excrecencias del neoliberalismo luego de medio siglo reformateando la vida del planeta. El avance que hoy vemos en la nueva derecha global es desigual, obviamente no se da parejo en todos los países del mundo, pero tiene comunes denominadores más o menos recurrentes. Destacar tales avances, denunciarlos por cualquier medio, así sea en la mera sobremesa, es un imperativo de quienes no quieran sumarse a la demolición de lo poco que nos queda de libertad, igualdad y fraternidad, para decirlo con la triada de valores enarbolados por la Revolución Francesa.

Jamás cuajó, lamentablemente, la mencionada triada, pero es un hecho que, como lo muestran las constituciones del mundo, el ideal francés de 1789 ha sido la aspiración vertebral de las diversas sociedades empeñadas en pasar por civilizadas. Lo más cerca que se estuvo, y se está todavía en algunos países, del ideal libertad-igualdad-fraternidad es el del estado de bienestar, sistema que, grosso modo, supone al Estado como garante de lo básico para la ciudadanía. No como regalo, sino como resultado de una distribución más justa y basada en el trabajo dentro del capitalismo.

Desde hace cincuenta años, el llamado neoliberalismo comenzó a designar “comunismo” al estado de bienestar. Cualquier participación del Estado en la economía, cualquiera, por minúscula que fuera de iure o de facto, ha sido vista con encono por los ideólogos de la derecha: hay que demoler todo lo que huela a estatismo, no dejar ni un ladrillo de la nociva política de mantener parásitos y, al revés, alentar la bendita meritocracia. Casi no es necesario observar que cincuenta años después logró su propósito, pero no está saciado: hay que borrar, ya sin los eufemismos del pasado, los pocos vestigios de “comunismo” que siguen en pie, hay que desaparecer a los genéricamente designados “zurdos de mierda”.

Como al discurso de la nueva derecha mundial se le notan todas las costuras, es obvio que su método de trabajo ideológico consiste de entrada en identificar un enemigo. Pueden ser los corruptos, los inmigrantes, los narcotraficantes o, el que más unifica su postura, los comunistas, los “zurdos de mierda” que ya dije. No es gratuito que Salinas Pliego use ahora este rótulo para referirse al enemigo y contraponerlo a su ideal de “libertad”. Es puro mileísmo en clase turista. Pero puede aprender y, lo peor, puede lograr algo más que sólo aprender.

Esto que digo quizá suene excesivo, pero igual sonaba en 2022 que Javier Milei pudiera ser presidente de la Argentina, y ya sabemos lo que está pasando. Un tipo estrafalario, vulgar, cruel, a todas luces limitado y bobo, incluso sin los rasgos convencionales del político (como peinarse bien y hablar sin estúpidas muletillas) llegó a la presidencia. Si Trump lo logró, y conste que supera con creces la viscosidad del mandatario argentino, ¿por qué no podría lograrlo cualquier otro bestia en cualquier otro lugar del mundo? He aquí la ventana de oportunidad que ve Salinas Pliego: de usurero impenitente y evasor de cuello blanco ha pasado a convertirse en opción electoral para los mexicanos.

¿Por qué un tipo sin atributos e incluso sin carisma puede ilusionarse con gobernar a millones? ¿Qué aberración de la democracia permite esto? Las razones son muchas, como todo en la complejidad económica, política y social de los pueblos actuales. Nada en política, dice Strobl, se presenta en estado puro o acusa rasgos que podamos percibir con plena claridad, cierto, pero creo ver que la emergencia de sujetos como Salinas Pliego tiene relación precisamente con la noción gramsciana de la “batalla cultural”. Ahora no en un lugar específico, sino en el mundo. La nueva derecha hizo visible la tal batalla cuando ya la tenía ganada, o casi, o cuando sabía que llevaba una tremenda ventaja. Antes no. Antes la derecha sentía pena de serlo, de aceptar por ejemplo el racismo, el trabajo de los niños, la desregulación del empleo, incluso el narcotráfico. Por eso el meme que circula con frecuencia entre los progres: “Que ser de derecha vuelva a dar vergüenza”.

La batalla cultural, noción del comunista italiano Antonio Gramsci, propone que se gana no cuando la fuerza se impone, sino cuando se remacha una idea en la conciencia, cuando se logra alguna hegemonía sobre las ideas del otro, esto hasta convertir tal idea en “sentido común”, en algo que es de una manera y no puede ser de otra. Hoy, sobre todo, la batalla cultural se da en la prensa, la radio, la televisión y los medios digitales (principalmente en las redes sociales), y no es muy complicado saber cuál “sentido común” se impuso: el del consumo, el del mercado, el de la meritocracia individualista que infunde en los perdedores un “yo punitivo”, el resentimiento que busca venganza a como dé lugar; en suma, los votantes de la nueva derecha.

Digo pues que la batalla cultural ha sido emprendida no para ganar a un oponente vigoroso, sino para aniquilar lo que queda de estado de bienestar. Arreció además cuando, como dice el lugar común, la mesa estaba ya servida: una sociedad egocéntrica, sin nexos comunitarios, despolitizada, precarizada, adicta a las redes y con legiones de marginales jóvenes y no tan jóvenes, ciudadanos que han admitido acríticamente las propuestas antiEstado, “libertarios”, “pobres de derecha”, fascistas que no saben que son fascistas, desheredados que desean emparejar para abajo antes que organizarse y luchar para emparejar hacia arriba.

La brutalidad de los discursos que sintetizan El Mal de las sociedades en los “zurdos de mierda” no deja de asombrar a quienes imaginan la política como se entendió todavía hasta hace diez años, incluso menos. Los políticos heterodoxos a la manera de Trump, Bolsonaro o Milei no son, sin embargo, la anomalía, sino la consecuencia de un caldo de cultivo que los ha hecho posibles. Por eso mi noción de que la batalla cultural contra el “wokismo” es apenas la espuma del conflicto. Debajo de esa espuma se esconde la verdad de que casi todo se subsume en los intereses de quienes defienden “las ideas de la libertad”, como gusta decir Milei. En todo caso, la virtud del presidente argentino y sus laderos ha consistido en leer acertadamente el espíritu de los tiempos, y obrar en consecuencia. Nuestro Salinas Pliego quiere aprovechar esa misma lectura y avanzar en su propósito de demostrar que será el azote de los “gobiernícolas” para luego bendecirnos con el bienestar con el que ya bendice a su clientela de Elektra.

¿Queremos comprobar si la vulgaridad sintoniza con el nuevo electorado? ¿Nos gustaría verificar que la mentira electoral puede ser descomunal y aún así mantener una base significativa de votantes? ¿Deseamos ver cómo se comunica la ineptitud triunfante? ¿Apetecemos observar declaraciones y acciones horrendas sin consecuencias políticas? Si es así, Trump es el dechado de este tiempo. Yo conozco mejor el de Milei, monigote de Trump, clon bananero del mejor amigo de Jeffrey Epstein.

Milei tiene la capacidad de afirmar algo y su contrario en la misma frase. El concepto de congruencia no lo conoce, de suerte que en América Latina es el político con más archivos digitales en los que afirma algo que a la postre choca con lo que después él mismo hace o afirma. Este licuado de posicionamientos parece no afectar a su electorado. Mientras en un pasado no muy lejano era difícil que alguien, no sólo el político, cambiara de opinión como de calcetines, pues si lo hacía ponía en absoluto riesgo la firmeza y credibilidad de sus ideas y por ello la lealtad de sus seguidores, Milei afirma cualquier burrada con nulo control de esfínteres mentales. Habla con la serenidad de un economista que pasa por ducho ante los profanos pero nunca ante los economistas serios, se expresa a gritos destemplados con los que fustiga a sus enemigos, se desgañita para defender “las ideas de la libertad” y expele sin sonrojo consideraciones sexuales que bordean la perversidad. Es un monstruo de la contradicción, y si hasta hoy se mantiene en la presidencia es gracias a Trump, a quien le lustra los zapatos cada vez que viaja a la Gomorra de Mar-a-Lago.

Mircea Eliade dice en Lo sagrado y lo profano que “Nada vale tanto como el ejemplo, el hecho concreto”, de allí que se me ocurrió compartir una lista breve de aberraciones enunciadas por Milei, el arquetipo de nuestro Salinas Pliego. Tiene decenas de videos más, pero estos pocos buscan mostrar al tipo de político que desea venir a redimirnos.

Sobre la eliminación de ministerios

Con histrionismo hitleriano prometió aniquilar ministerios; hasta hoy va bien en esta promesa depredadora, aunque a varios no los desapareció, sólo los desfinanció para mantener a sus secuaces en la nómina:

https://youtu.be/fJFqjiB0GW0?si=vLekcqq8IKMLtUk2

Sobre el FMI

Lleva dos megapréstamos solicitados y varias renegociaciones de la deuda, todo opaco y al margen de su Congreso, pero este archivo deja ver las pestes que escupía sobre el FMI antes de ser presidente. Una joya:

https://www.facebook.com/reel/1815838419076780

Sobre los negocios con China

Esto decía sobre el gigante asiático antes de las elecciones, y después, ya presidente, lo que dijo cuando se enteró de que China es un país clave en la supervivencia de la Argentina. Noten la cara de estúpida seriedad que pone cuando dice “comunista” y la voz aterciopelada al declarar su aprecio a la "interesante" China:

https://www.facebook.com/reel/920506209958710

Sobre el aumento de los impuestos

Por supuesto, y además de que no ha controlado la inflación, ha subido impuestos pese a la promesa de no aumentarlos; es tan burdo que al final comete el furcio de decir “bajarlos”. Como sea, hasta ahora no se ha cortado ninguna mano:

https://www.youtube.com/shorts/HSQyg_Ak4Zw

La deuda del kirchnerismo

Antes de soñar con la presidencia llegó a decir, iracundo, que la deuda fue pagada por el kirchnerismo. Ahora el kirchnerismo es la causa de todos los males argentinos y del sistema solar:

https://www.youtube.com/shorts/-FQDeTXRqbg

Sobre Patricia Bullrich

Bullrich fue su ministra de Seguridad y hoy en su senadora. Es un ser repugnante que ha pasado por todos los partidos, una saltimbanqui nata. Su ideología es traicionar, estar sólo con los ganadores, como estuvo y está con Milei aunque él le dedicara estos lindos piropos:

https://www.youtube.com/shorts/jS3eHgxDFV4

Sobre los dólares escurriendo por las orejas

En la verborrea de Milei, dentro de algunos años a los argentinos —que se han hundido alarmantemente en su gobierno— les escurrirán dólares por las orejas. Cualquier hipérbole le sirve:

https://www.facebook.com/reel/1904051037164687

Sobre la mafia y sus bondades

Milei y sus huestes han sido financiadas por narcos, como bien lo sabe su amigo José Luis Espert, ya fundido por el escándalo. Ignoro por qué aceptaron los financiamientos, pero este video quizá nos brinde alguna clave:

https://www.youtube.com/shorts/ixFQlceO4g4

Sobre tasas de interés

Entre las oportunas respuestas de este presidente no se excluyen los balbuceos:

https://www.youtube.com/shorts/-xyWRwskKMc

Sobre el Estado pedófilo

Son frecuentes en Milei las metáforas epsteineanas, gestadas por una cabeza que tiende a la aberración:

https://www.facebook.com/share/r/1GXsUUY2AE/?mibextid=wwXIfr

Sobre la venta de niños

Esto es insólito, un homenaje a la memoria de Jeffrey Epstein. Pudo contestar con un simple “no”, pero su cabecita perturbada buscó un razonamiento. Un detalle: el periodista del saco gris se llama Antonio Laje y ahora lo defiende; claro, entonces era sólo Milei y ahora es el presidente:

https://youtu.be/XNdlI9zJN_I?si=o10CZBkZ9nHzYMkF

Sobre la venta de órganos

Aquí reflexiona (digámoslo así) sobra la pertinencia de que el benemérito mercado incluya la venta de órganos:

https://youtube.com/shorts/-UAXm_fnarw?si=9wF5-SI0nIKcV-lc

Sobre el Nobel de Economía que le darán

Su socio Demian Reidel, como lo señala el video, terminó alejándose años luz del segurísimo premio Nobel:

https://www.facebook.com/reel/792126459964220

Sobre la ignorancia de lo elemental

Es fácil exhibir a Milei. En esta diálogo, un entrevistador habitualmente acolchonado se atrevió a ir un poco más lejos. El presidente de la Argentina tiene menos calle que Venecia:

https://www.facebook.com/reel/1420899036095685

Sobre el tweet salvador

Cuando ya estaba casi ahogado ante las elecciones intermedias, Milei viajó a EUA para agarrarse de Trump, quien le regaló un tweet de apoyo que luego el mismo Milei llevó impreso para simular el gesto espontáneo. Es difícil imaginar una sumisión más bochornosa ante el mejor amigo de Epstein. Trump, por cierto, ni sabía que apoyaba para unas elecciones intermedias, no presidenciales. Un momento plenamente burdo:

https://youtube.com/shorts/B_qk35KZnsE?si=35Z4BCV5yTOScxMf

Sobre el río contaminado

Sabido es que Milei es un negacionista de todo lo que apeste a wokismo, por eso no acepta la idea del calentamiento global. Así habló alguna vez este estadista sobre la contaminación de un río. Cuál problema:

https://www.facebook.com/reel/820970844336535

Sobre su autopercepción como gobernante

En el siguiente video se aproxima con lucidez a la definición de sí mismo:

https://www.facebook.com/share/r/1Dd9RsPkBy/?mibextid=wwXIfr

Se podrá decir que sólo son palabras, declaraciones, retórica de un presidente que no pasa de allí, de la mera declaración, del exabrupto de clown. Lamentablemente no es así en este caso, pues la acción concreta de Milei ha hundido en dos años la producción, el empleo y los salarios, ha desfinanciado la obra pública en salud y educación, ha incrementado los servicios públicos básicos y obviamente la inflación, ha creado un protocolo para reprimir la protesta y espiar opositores, ha filtrado millones de dólares en los bolsillos de sus amigotes financistas, a participado en estafas internacionales como la perpetrada hace exactamente un año con la criptomoneda Libra y, en general, ha convertido al Estado en un cascarón del cual se beneficia sólo un segmento ínfimo de la sociedad, la oligarquía nativa que lo apoya porque, pese a todo, Milei garantiza el sometimiento de la mayoría que nació para callar y obedecer. Si se ha sostenido hasta ahora en el poder, es nada más por el apoyo de su tótem Trump, a quien el león argentino le lame los zapatos cada vez que es invitado a las exclusivas fiestas de Mar-a-Lago donde le han concedido premios por su entreguismo sin atenuantes.

Este es el tipo de político que vendrá a salvar a la humanidad. Con los matices que son del caso, atribuibles a la personalidad de cada uno, Santiago Abascal en España y Ricardo Salinas Pliego en México quieren emular al peluca Milei, tener la puerta abierta a decir y destruir lo que sea. Más vale que la sociedad lo medite un millón de veces antes de que sea demasiado tarde.

sábado, enero 31, 2026

Las palabras y los signos

 








El diccionario académico da una sola definición a la entrada “negacionismo”: “Actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes, especialmente el holocausto”. Como cualquier definición, esta podría ser mejorada para adaptarla al sentido actual, que llega hasta el adjetivo “históricos” de la cita, aunque también podría ser menos eufemística y cambiar el adjetivo “relevantes”, porque negacionista es quien niega ciertas realidades relevantes ocurridas en el pasado, pero relevantes en función de las atrocidades perpetradas por un gobierno o grupo político. Así entonces, alguien no es negacionista porque niega que tal o cual gobierno haya aumentado el impuesto predial o haya construido una escuela en lugar de una carretera, sino porque torturó, mató y desapareció, es decir, porque perpetró crímenes de lesa humanidad. Esto es ser negacionista.

España es un país que por su pasado reciente mantiene una permanente tensión entre negacionistas y “afirmativistas” (propongo este neologismo por mera analogía). El meollo del debate es, lo sabemos, la Guerra Civil, el franquismo y su política de aniquilación a quienes eran mínimamente sospechados de rojos. En los meses que corren, dos efemérides han atizado la rivalidad discursiva: por un lado, el cincuenta aniversario de la muerte de Franco (el 20 de noviembre pasado) y el noventa aniversario del inicio de la Guerra Civil (el 17 de julio de este año). Explicado de manera harto esquemática, se enfrentan dos trincheras: del ala izquierda, el PSOE (que gobierna) y Podemos (con sus dos voceras principales: Ione Belarra e Irene Montero), más Gabriel Rufián, de Ezquerra Republicana de Cataluya; y del otro, la derecha que es oposición en el PP encabezado por Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, y la cercanía, aunque más a la derecha, de Vox con personajes como Santiago Abascal, Pepa Millán y José María Figueredo. Por supuesto que se trata de un esquema simplista, pero creo suficiente para dibujar desde lejos la polaridad ideológica de la España actual.

En la semana que termina se manifestó con particular intensidad la polémica sobre la valoración de la Guerra Civil. Se debió sobre todo a que David Uclés, un joven escritor y músico andaluz, autor de La península de las casas vacías, novela que en las últimas semanas ha vendido miles de ejemplares, declinó participar en Letras de Sevilla, un encuentro cultural convocado por la Fundación Cajasol con la coordinación de dos escritores: Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra. Uclés grabó un video para decir que no participaría en la XI edición de Letras de Sevilla porque en la lista de participantes aparecían José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, ambos políticos claramente ubicados a la derecha o poco más allá de la derecha: Aznar es orgulloso hijo de un falangista, y Espinoza es uno de los fundadores de Vox, partido que, entre otras ideas políticas convenientes a la oligarquía española, abraza férreamente la del negacionismo.

Tras la decisión de Uclés, otros escritores se bajaron del barco y comenzaron a poner énfasis en el nombre del festival: “1936: La guerra que todos perdimos”. Las palabras nunca son inocentes, y muchos vieron en esto una sutil intención de equiparar (“todos perdimos”) a los derrotados republicanos con los vencedores y ensañados franquistas. Ante esto, Pérez-Reverte y Vigorra publicaron una carta en la que exponían las razones para la posposición de LdeS; desde su primer párrafo son elocuentes: “La intención expresada en las redes sociales por grupos de ultraizquierda, proponiendo manifestarse de forma violenta ante el lugar donde está previsto celebrar la XI edición de letras en Sevilla (‘1936: ¿La guerra que todos perdimos?’) la semana próxima, nos hace aconsejar a Cajasol que aplace hasta nueva fecha los debates anunciados. Tal es el resultado de una campaña intolerable de presiones que desde el partido Podemos y medios afines se ha estado ejerciendo sobre algunos de los participantes, a fin de hacerles renunciar a su intervención en unas jornadas cuyo contenido éstos conocían perfectamente y cuya asistencia habían confirmado hace meses sin plantear objeción alguna”. No es necesario destacar que escribir “de ultraizquierda” fue preparar el terreno con una exageración que en teoría hace persuasivo todo lo que sigue: si lo dice la “ultraizquierda”, los malditos zurdos, malo debe ser.

Con columnas, artículos, declaraciones y torrenciales comentarios en las redes se desató en España un tsunami de opiniones a favor y en contra de los bandos. “Todo empezó con un título gloriosamente blanqueador: ‘1936: La guerra que todos perdimos’. Qué bonito, ¿verdad? Un intento de abrazar en la misma frase a golpistas y fusilados, a verdugos y víctimas, diluidos en una melancolía común, como si fueran igual de culpables Yagüe o Queipo que los asesinados en Badajoz o en Andalucía, como si cupieran en el mismo saco los asesinos de García Lorca y el poeta”, escribió Paco Arenas.

Un detalle que muchos “ultraizquierdistas” no pasaron por alto fue el uso tardío de los signos de interrogación. “1936: La guerra que todos perdimos” apareció en la carta de Pérez-Reverte como “1936: ¿La guerra que todos perdimos?”. Cuando saltó el detallito, el escritor sostuvo que la falta de los signos fue un “error de maquetación”, con lo cual terminó en el autogol, pues ese simple rasgo tipográfico da por hecho que a destiempo advirtieron el “todos perdimos” a secas como una barbaridad negacionista, una equiparación cínica para lavar un poco las manos ensangrentadas del franquismo.

Por otra parte, con o sin signos de interrogación, el sindicalista Diego Cañamero expuso que la guerra “la perdimos niños como yo que tuvimos que ponernos a trabajar a la edad de 8 años porque el hambre golpeaba en nuestros estómagos cada minuto del día, la perdieron los que fueron fusilados en paredes de cementerios y cunetas, la perdieron los que fueron a las cárceles, los que se quedaron sin padres, los que no tenían un trozo de pan que llevarse a la boca, la perdieron los que defendieron el gobierno democrático de la República... Así que, señores Reverte y Cajasol, el título de dicho acto es insultante, por eso quiero, desde esta página, felicitar a los conferenciantes que se han negado a participar en dicha jornada”.

Las palabras nunca son inocentes, dije hace algunos renglones. Amplío: ni los signos.

miércoles, septiembre 17, 2025

Metáforas del espacio


 









Como ocurre con otras tantas ignorancias, cualquiera puede vivir sin geografía. Para seguir de pie y respirando no es necesario aprender el nombre de los continentes, sus países y capitales. Tampoco sirve saber algo sobre los océanos, los mares y los ríos. La vida se puede vivir sin saber de cordilleras, de montañas, de cañones. Es común, pues, andar por la existencia sin geografía.

Entre lo que pude haber sido y no fui, pero sé que me apasiona, está esa disciplina inútil para tantos y tantos: la geografía. Sentí su atracción desde la primaria, en los libros de texto. Supongo que, a diferencia de la mayoría de mis compañeros, los mapas despertaban mi imaginación. La peculiar forma de México me parecía espectacular, perfecta en su definición y equilibrio. En nuestro país encontraba figuras. Durango, la entidad donde nací, tenía algo de corazón; Puebla era una especie de tiburón, San Luis, un perrito, y Nuevo León se coronaba con un señor de sombrero norteño. Me asombraba la forma de mamut que tiene Alaska, o de bota que tiene Italia, o de cara que mira al occidente que tiene la península ibérica. Todavía hoy me parece raro que un mapa, siempre imaginado como algo amorfo, tenga forma perfectamente rectangular en los estados gringos de Colorado y Wyoming.

El caso es que desde mis primeros recuerdos de contacto con los libros, los mapas han estado cerca de mi interés, y nunca olvidaré la alegría que gocé de adolescente cuando a casa llegó el primer atlas. Tenía el tamaño adecuado, muy grande, de atlas, y durante muchas tardes viajé en sus páginas como si la mirada volara en un avión.

Mi memoria nunca fue muy hospitalaria, pero lo básico sí se le pegaba. Sin esfuerzo, sólo por la buena costumbre de visitar y revisitar el atlas, di con la ubicación de los países, aprendí sus capitales, recorrí el curso de sus ríos. Sentí siempre, hasta ahora, mayor identificación con Latinoamérica, y todavía es hora que exploro sus rutas, sus pequeñas ciudades, siempre con el sueño utópico de visitarlas alguna vez.

Una costumbre del gustoso de la geografía es la de ir al mapa luego de pasar por algún sitio. Traigo dos ejemplos: en un viaje de 2007 fui de Buenos Aires a Tucumán, en Argentina, quince horas de carretera. El autobús paró en la madrugada para que la gente comiera algo. Bajé, recuerdo que pedí café y pan, y conversé con un pasajero. “Estamos en Ceres”, me dijo. Pasado un tiempo vi el mapa y ya jamás olvidé que estuve veinte minutos en Ceres, provincia de Santa Fe. Algo parecido me ocurrió de Madrid a San Sebastián: el ómnibus paró unos minutos, el tiempo justo para un café, en Aranda de Duero, y pasado un tiempo fui al mapa y el lugar quedó fijo en mi memoria.

Ese ir de la realidad al mapa y del mapa a la realidad, cuando se ha podido, creo que es un vicio de geógrafo. Yo no lo soy, pero sí un buen aficionado a la fascinante cartografía, a esas metáforas del espacio que son los mapas.

sábado, agosto 02, 2025

El maestro Benaiges

 












En noviembre de 2022 estuve en Burgos, famosa ciudad española. Aunque fuera sólo un rato, quería conocer ese lugar, caminarlo un poco. Uno de mis ensayistas favoritos, Álex Grijelmo, nació allí en 1956, y desde que leí su Defensa apasionada del idioma español despertó en mí la inquietud de visitar algún día aquella heráldica ciudad de la comunidad autónoma de Castilla y León. No hubo tiempo en aquel viaje para visitar un espacio del cual obtuve noticias en mis vagabundeos por internet. Cerca de Burgos está Atapuerca, zona que se convirtió en el principal yacimiento de restos fósiles de homínidos en Europa, huesos que tienen alrededor de un millón de años.

Desde aquel periplo burgalés han pasado ya tres años, y lo recordé con énfasis por estos días a propósito de un hallazgo: la película El maestro que prometió el mar (Patricia Font, 2023), pues su historia se relaciona con sucesos ocurridos hacia 1934 en la zona de Burgos, particularmente en Bañuelos de Bureba, una miniciudad cuya población actual es de 31 habitantes. Hace noventa años, más o menos cuando se dio la historia que narra la película, tenía más, pero igualmente su población no era numerosa.

Basada en una historia real hasta donde pueden serlo las historias golpeadas por la guerra, a Bañuelos de Bureba llegó en 1934 un maestro de primaria. Su nombre fue Antonio Benaiges, y simpatizaba con la república. Acostumbrada España a una educación básica confesional, clerical y cerrada, los métodos de Benaiges fueron decididamente laicos, sin intromisiones de la fe religiosa. El profesor era oriundo de Mont-roig del Camp, Cataluña, y había conseguido su plaza en un pueblo recóndito y cercano a Burgos, al parecer sin estímulos para dedicar allí grandes esfuerzos.

Lejos de tomarlo a poco, el maestro emprendió un trabajo creativo y entusiasta, al estilo magisterial antiguo, comprometido hasta el tuétano con la formación de sus discípulos. Obviamente no escasean los obstáculos a su propósito. El cura del pueblo, atinadamente llamado Primitivo, cuestiona los métodos del nuevo docente, pero nada puede hacer: a Benaiges lo ha designado el gobierno de la república, por aquellos años de corte progresista, “rojo”.

Antonio Benaiges (encarnado en la cinta por Enric Auquer) lleva en la cabeza, para poner en acto, el método pedagógico del francés Célestin Freinet cuyo eje es la autogestión, la cooperación y la solidaridad del alumnado. Para su tiempo se trata de una novedad, vanguardia educativa que además sumó una imprenta manual como pieza clave de los quehaceres en el aula. El resultado principal de esa dinámica fue la impresión de cuadernillos de trabajo elaborados por los mismos alumnos, con sus textos y sus dibujos.

El título de la cinta, El maestro que prometió el mar, se debe a que Benaiges, en un paseo al campo con sus alumnos, explicó el flujo de los ríos que al final desembocan en el mar. Una alumna le preguntó que cómo es el mar, y de allí el profesor interroga a los demás si saben cómo es. Los niños y las niñas no lo conocen, y es en ese momento cuando el maestro promete llevarlos a su pueblo, en Cataluña, para que conozcan el mar. El trabajo de convencimiento a los padres para obtener permisos es arduo, pero lo consigue, y, en la emoción que los arrebata, los estudiantes elaboran cuadernillos alusivos al océano. No cuento lo que sigue porque la película, pese a su reciente factura, está íntegramente disponible en Youtube.

El maestro que prometió el mar ha sido armada con dos tramas muy bien urdidas, cada cual con su fotografía cálida y fría según la época a la que se refiere. Es 2010; Ariadna (Laia Costa) es una joven madre de familia. Ve en un programa de tele que en Burgos han encontrado una fosa común como las muchas que dejó regadas el franquismo por toda España luego de terminar la guerra civil. Sabe que el padre de su abuelo es un desaparecido y vivió en aquellos rumbos de Castilla. Su abuelo está en el asilo ya sin habla, enfermo, y Ariadna le/se promete que irá a Bañuelos de Bureba a tratar de indagar algo en la fosa común de La Pedraja. Allí encuentra el vago paradero del padre de su abuelo, y algo más: la historia infantil de su propio abuelo y la del profesor Benaiges, quien trabajó en el pueblo de 1934 al 19 de julio del 36. Titulado “¡El retratista!”, en uno de los cuadernillos reales sobrevivientes a las piras franquistas el profesor escribió: “Todo aquí es tan nuevo, que todo, la menor cosa levanta júbilo. ¡Dentro de su abandono, dichosos ellos, estos niños! Por eso yo digo: dad a los pueblos, a las aldeas... Dadles, no luz de ciudad, sol artificial, sino luz de su luz, luz que sea también calor, sabor, alma. Luz y alma. Y antes que eso, ineludiblemente, pan, satisfacción de pan. Y entonces veríamos qué son los pueblos, qué son las aldeas... Ese caudal de alegría, esa llama y ese frescor, ese primor que ahora sólo y a pesar de todo mana de los niños, no sería rostro y alma mustios, queja y vejez en los hombres, en los mismos mozos. ¡El retratista! He aquí, niños, lo que os trajo, sin traérosla: una perla”. Se refiere a una foto real del maestro y sus alumnos fuera de la escuela, imagen que también sobrevivió a la persecución del régimen encabezado por el despiadado Caudillo, como llamaron a Franco.

Con guion de Albert Val basado en un notable trabajo de Francesc Escribano, Queralt Solé y Sergi Bernal, la historia de Antonio Benaiges se vincula estrechamente con la cacería salvaje de “rojos” durante (y sobre todo después de) la guerra civil (1936-1939). Por eso el film consigna al final, en un mensaje previo a los créditos, esto que no debemos olvidar dado que el mapa de España está lleno de fosas comunes: “Al día de hoy se han exhumado en España los restos de 12.000 personas. Se estima que aún quedan miles por encontrar. Sus familiares continúan buscando”.

miércoles, junio 04, 2025

Un thriller atendible

 











El menú actual de películas disponibles en no sé cuántas plataformas hace imposible no caer de vez en vez en algún producto estimable. Trato de mantenerme al margen de esa oferta que juzgo más entretenimiento que otra cosa, pero ocurre con irregular frecuencia que alguna cinta guiña el ojo y me saca de los libros. Este fin de semana vi en Netflix una muy reciente: La viuda negra (Carlos Sedes, 2025), película que más allá del lugar común encerrado en el título cuenta bien la historia (“basada en un hecho real”) de una esposa culpable de la muerte de su marido. Se trata, según la sinopsis, de un thriller en el que vemos el encontronazo de una mente manipuladora contra otra especializada en homicidios.

Resalto dos detalles de la cinta. Por un lado, su estructura. Aunque ya es habitual encontrar que el desarrollo de muchos relatos se da in medias res, expresión que significa “en medio del asunto”, no deja de ser cierto que en demasiados casos a los directores se les enreden los tiempos narrativos y todo termina siendo una ensalada difusa de historias dentro de las historias dentro de las historias. En La viuda negra no ocurre lo anterior, pues rápido nos instala en el presente marcado por el hallazgo del cadáver brutalmente apuñalado en un estacionamiento. Igualmente, pronta es la aparición de Eva, la investigadora oficial que comienza el acopio de pruebas y conjeturas. La película avanza un poco y luego da un salto temporal en el que se reconstruye la vida de Maje, la joven y guapa esposa del asesinado.

Sin rodeos, nos enteramos de lo fundamental: que pese a su fresco matrimonio, la situación no anda afectivamente bien, pues Maje es dueña de una voracidad sexual que la mueve a poner cuernos sin parar. Cuando ya ha masticado bien la idea de borrar a su cónyuge, manipula a un amante viejo y bobo, su compañero de trabajo, para que ejecute el homicidio. En un punto, más allá de la mitad de la película, el pasado se pega al presente y llegamos así a la etapa de resolución, todo con la claridad que demanda un género en el que es fácil caer en la tentación de rizar demasiado el rizo y enredar a los espectadores sin necesidad, gratuitamente.

El otro detalle que quiero destacar es la calidad de las actuaciones. Eva, la investigadora de crímenes, es encarnada con excelencia por la actriz Carmen Machi, quien da muy bien el tipo de policía dura. Maje (Ivana Baquero) está en su sitio dramático lo mismo que Tristán Ulloa (Salva). En suma, un thriller atendible sobre el desajuste y la ambición en la vida doméstica.

sábado, junio 15, 2024

La ruta de don Miguel

 









Leo la cronología preparada sobre Cervantes en un libro que por ahora no viene al caso mencionar, y quedo una vez más aturdido ante los vericuetos por los que debió atravesar el más grande escritor de nuestra lengua antes de llegar a la composición de su obra cumbre y no cumbre. Si me pidieran una sola palabra para resumir toda su andanza, diría ésta: odisea. Y sí, su vida fue una odisea tan agitada y agobiante que apenas es posible creer que en medio de tan incómodas peripecias el Manco fue capaz de crear lo que creó. Si no fuera porque es cierta, la suya parece una cronología fantástica, el itinerario de un ser salido de la imaginación de un fabulador que nos quiere ver la cara.

Ya desde pequeño comenzó su trashumancia. Había nacido, como sabemos, en el ombligo de España, en Alcalá de Henares, hacia 1547. En 1551 su familia pasó a Valladolid, donde los huesos de su padre recalaron en la cárcel, un hábito, como se vio luego, que también bullía en el ADN de Miguel. Bajo el sol vallisoletano llega a 1566, cuando pasa a radicar en Madrid. Allí le ocurren dos hechos significativos: publica por primera vez (unos poemas que no ha celebrado la posteridad) y cae en prisión por un altercado (diríamos hoy “de nota roja”) cuya víctima fue un tal Antonio Sigura. Según la cronología, este desaguisado pudo ser la causa de su salida de una península para deambular en otra, la italiana, donde arreció una movilidad que no halló sosiego durante décadas, puede decirse que hasta su muerte.

Sin reposo, ajeno a las comodidades del business class o de los hoteles contratados por internet, un poco por culpa de su voluntad y otro poco por la mano invisible del azar, Cervantes erró por Roma, Palermo, Milán, Florencia, Venecia, Parma, Ferrara; participó en el combate de Lepanto, luego en otros por zonas de la costa africana como Corfú, Bizerta y Túnez; cuando desea regresar a España lo toman cautivo y llega a su célebre confinamiento en Argel. Tras un lustro de prisión, es rescatado, vuelve a España y sigue allí su errancia; viaja a Lisboa; se casa; en Sevilla cae preso y ya para no marear más el periplo, llega a Madrid siempre a los tumbos, sin saber cuál iba a ser su siguiente derrota (“derrota” en ambos sentidos de la palabra).

En todo aquel trajín, como pudo se las arregló para leer y aprender en los libros que se le atravesaban, y es de suponer que debió obligarse a la comprensión inmediata de lo leído, pues no tendría luego la oportunidad de revisitar las mismas páginas. Más importante fue su lectura de la vida: en sus viajes mediterráneos se las vio con todo género de personas, de todas las calidades, condiciones y estados, desde el sujeto prominente al desvalido, desde el lúcido al imbécil. Todos le enseñaron a conocer la entreverada naturaleza humana, tanto que en su cautiverio argelino concibió la idea de escribir la historia del caballero andante y de toda la caterva de personajes que en su historia se congregan.

Para los parámetros de su época y aún de la nuestra, Cervantes fue longevo: vivió casi setenta años. Podemos decir que en los primeros cincuenta, entre caídas y quebrantos más que entre ascensos y caricias, aprendió lo necesario para trabar en sus últimos veinte años —que tampoco fueron mullidos— la obra que lo haría aterrizar en la inmortalidad.

¿Cómo pudo ser que este hombre desventurado, apaleado, ninguneado, molido en el trapiche de una existencia errabunda y tortuosa, haya podido escribir lo que escribió? Su cronología basta para advertir que es un milagro, y que, contra lo que se piensa, la mejor obra de Cervantes fue Cervantes.

sábado, abril 27, 2024

El herrero de Eslava Galán












He tramitado con placer una novela más de Juan Eslava Galán (Arjona, España, 1948). Se trata de El mercenario de Granada (Planeta, Madrid, 2019, 336 pp.), historia ambientada en la Andalucía de la Reconquista, más precisamente en las postrimerías de la lucha entre moros y cristianos que terminó, bien lo sabemos, el mismo año del Descubrimiento, 1492, con la caída de Granada a manos de los ejércitos comandados por Fernando e Isabel.

El protagonista de este relato es un herrero búlgaro de nombre Orbán, heredero de una tradición familiar vinculada al procesamiento del metal para fabricar, sobre todo, cañones. Como se sabe, con la aparición de dichas armas se abrió la posibilidad de derribar enemigos y, principalmente, fortalezas, muros, castillos, o al menos abrir boquetes en sus paredes para permitir el asalto (el a-salto) y el combate cuerpo a cuerpo, ya sin el obstáculo de la piedra y la argamasa. El dominio del metal y, con esto, la hechura de diferentes tipos de cañones cada vez de calibre más subido, fue desde aquel momento una profesión estratégica para conservar reinados y, si era posible, para acrecentarlos.

Orbán sirve a la corona de Turquía, pero es cedido a préstamo, como mercenario, para ayudar a la cañonería del islam dominador desde hace siglos en Al Andalus, aunque en aquel momento ya acosado de cerca por los Reyes Católicos, cognomento de Isabel y Fernando.

Orbán es un tipo macizo, bajo de estatura, viudo y melancólico, serio como una roca y más que medianamente aficionado al consumo de alcohol. Recibe la encomienda con amargor, pero la acata porque las órdenes del rey turco no pueden tener reparo. Viaja así al sur de la península, y de inmediato sirve como experto en lo suyo: el manejo del hierro y de la pólvora. Los musulmanes están cercados por los católicos que desean recuperar sus territorios, y Orbán da esperanzas a los fanáticos de Mahoma para resistir las andanadas castellanas y aragonesas en Málaga, Baza y otros puntos vecinos.

A medio camino de la novela hay un vuelco espectacular: una esclava cristiana de los infieles, Isabel, llena los ojos de Orbán, quien ve en ella una calca de su esposa desaparecida. La consigue como pareja y entrambos se dan varios ayuntamientos plenos de goce. Mientras fragua cañones e instruye a sus contratantes en el arte de la defensa con tales armas, la vida va pasando y los amores de Orbán con Isabel también fraguan en una pareja irrompible. Esto se ve alterado, empero, por un hecho ruin y fortuito: cierto árabe lujurioso abusa de Isabel, ella lo mata y, para evitar su muerte —el castigo que merecía según las leyes arabescas—, Orbán decide huir y pasar al bando de los cristianos. Guardo el final, obvio, pero no sin garantizar que junto a el amor del búlgaro y la castellana se desarrolla el avance del catolicismo hacia la última posesión del islam sobre la península: Granada.

Eslava Galán ha escrito esta novela en un estilo que no imita el español con la magistralidad que le vimos, por ejemplo, en En busca del unicornio, El comedido hidalgo o Últimas pasiones del caballero Almafiera, sino que trabaja en un registro más cercano a nuestra época aunque tinto siempre de notas arcaizantes tomadas del léxico español abundantemente salpimentado, en aquella hora, de arabismos.

Reitero que he leído con placer El mercenario de Granada. Sé que la historia del herrero Orbán y de la dulce y sensual Isabel serán un bocado delicioso para quienes disfrutan de la novela con ingredientes históricos y amorosos. No se puede pedir más saber y buen entretenimiento a un relato.

sábado, marzo 30, 2024

Vanidad con citas torpes









Un video de YouTube —siempre he querido usar videos de YouTuve como tema de conversación y de escritura— expone el pleito sostenido entre los escritores Francisco Umbral y Arturo Pérez Reverte. Ocurrió en 1999, y todo comenzó con un viaje de Pérez Reverte a Buenos Aires. Allá, un periodista de Página 12 le pidió opinión sobre Borges, y el español dio su respuesta. Al día siguiente, el diario argentino cabeceó la nota más o menos así: “‘Borges era un gilipollas’: Pérez Reverte”. Ya no es necesario aclarar que “gilipollas” es en España “necio” o “estúpido”, y en México sería aproximadamente a quien tildamos “pendejo”.

El polémico Umbral tomó el asunto en sus manos para desagraviar a Borges, lo que, de entrada, parece justo, pero lo hizo de un modo peculiar, así, según el video: “El novelista Arturo Pérez Reverte ha ido a Buenos Aires para decirles a los argentinos que Borges era gilipollas. En realidad, Pérez Reverte ha elegido a Borges como Chivo emisario para atacar a todos los escritores de prosa pura, de creación verbal. Por ejemplo, en un relato de acción: 'Nadie le vio desembarcar en la noche mutua'. Donde Pérez Reverte hubiera necesitado unas cuantas páginas de descripción prolija, intrigante y para mí aburrida, Borges resuelve el caso con un adjetivo inesperado, breve, tomando (sic) de otro orden de cosas, y que con sus dos 'ues' ya nos da la oscuridad y cerrazón de la noche. Pérez Reverte, gran muñidor de asuntos, no comprende que la crítica le trate mal o no le trate. En una época de pasión por la escritura el escritor de acción y asunto se queda para los best selleres, y un best seller no es más que un tumor canceroso que le sale a la literatura. Pérez Reverte, que ha cubierto con brillantez su vocación de narrador aventurero, está ya en edad de aprender que, de Quevedo a Borges, de Miró a Cela, la literatura es el cómo, la voz propia. Borges, como el mismo dijera de Quevedo, ‘más que un escritor es una vasta y completa literatura’. Un respeto, joven”.

El golpe fue dado y de entrada uno siente que Umbral tuvo razón en varios puntos de su alegato: en la literatura es muy importante el cómo, el best seller es un tumor canceroso, Borges es una vasta literatura… Obviamente, el asunto no terminó allí. No sé si antes o después del tomaidaca, Pérez Reverte describió en una entrevista para la televisión cómo estuvo el asunto cuando en Buenos Aires le preguntaron sobre Borges: “Bueno, Borges es un escritor inmenso además al que le dedico La tabla de Flandes; lo que pasa es que Borges tenía un aspecto snob o como dicen aquí [en Argentina] ‘concheto’. Bueno, concheto es un poco gilipollas, y así fue como salió el titular del periódico: ‘Borges era un gilipollas’”. Hasta allí la aclaración en tevé.

La columna de respuesta, también resumida en el video, señala: “Francisco Umbral, guardián de todos los centenos sembrados por los grandes de la literatura —preferiblemente muertos, que se dejen plagiar sin decir ni pío— me hizo el honor de dedicarme una doble página de revista, aprovechando la coyuntura para hablar de su autor favorito, que es él mismo. El planteamiento era previsible: Pérez-Reverte ataca a Borges. Borges y nosotros estamos en el mismo nivel, Maribel. Luego Pérez-Reverte nos ataca a nosotros que nos queremos tanto. Francisco Umbral mezcla las churras con las merinas para ir donde pretende y le duele: que la literatura ‘de asunto’ es el cáncer de la verdadera literatura. Y luego va a firmar a la Feria del Libro y se encuentra que Javier Marías está firmando con una cola de cincuenta señoras encantadas y otros tantos caballeros —lo de las señoras es lo que más le mortifica—, y el propio Umbral sólo tiene seis que pasaban por allí, eso genera muy mala leche”.

Puedo decir que el agarrón me deja a medio camino entre los dos. Pérez Reverte observa bien que Umbral respinga para ubicarse a sí mismo en el nicho de Borges, pero no me parece gran argumento el de las ventas descomunales (a las “señoras encantadas”) en las ferias, lo que supuestamente Umbral envidia. Mejor argumento para anularlo pudo ser la pésima manera de citar usada por Umbral; Borges no escribió “Nadie le vio desembarcar en la noche mutua”, dizque primera línea del cuento “Las ruinas circulares”, que en su cita incurre en leísmo y adjetiva mal, pues el original es “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”. Otra cita cuestionable es la referida a Quevedo: “más que un escritor es una vasta y completa literatura”, que Borges acuñó “Francisco de Quevedo es menos un hombre que una dilatada y compleja literatura”.

El video de YouTube con este penoso match aparece titulado “Francisco Umbral vs Arturo Pérez Reverte por insultar aBorges-1999”, y las columnas de ambos escritores figuran completas en la web lahemerotecadelbuitre.com