miércoles, febrero 18, 2026

Trabajo en un hilo

 












Si bien veo con pesimismo el avance de la ultraderecha que en occidente encarnan gángsteres como Trump (Partido Republicano, EUA), Milei (La Libertad Avanza, Argentina) y Abascal (Vox, España), percibo una salida a la bestialidad que proponen los discursos de estos sujetos. Es complicada, lo he dicho varias veces, sobre todo porque las inercias del mundo transitan hacia la disgregación y el embebimiento individualista. Alguna respuesta tendrá que darse, sin embargo, ante los embates que en el mundo desmoronan el trabajo como medio digno de vida allí donde se han establecido leyes para regular la relación obrero-patronal. México no es el paraíso en este rubro ni en ninguno, pero sin duda, como se dice para exagerar, casi es Suiza si lo comparamos con países que hoy avanzan hacia la desprotección total del trabajador.

En el fondo veo que el neocapitalismo global ha encontrado en la tecnología y sobre todo en la IA una serie de avances que poco a poco torna innecesario el trabajo humano. Sin que lo veamos muy claramente todavía, al mercado laboral le va sobrando mano de obra, y por ello la tendencia a la precarización, al abatimiento de cualquier prestación, a la destrucción del homo faber. El mundo transita hacia un colapso de millones de fuentes de trabajo, y por ello la urgencia de economizar con contratos temporales y facilidades para despedir y dejar en la calle.

El tipo ideal de trabajador que desea el “tecnofeudalismo” (así lo llama Yanis Varoufakis) es como el empleado de las “plataformas”: sin ninguna ventaja, él y su bicicleta contra el mundo. Mariano Recalde, político argentino especializado en estos asuntos, se ha opuesto a la reforma laboral de Milei, hoy en vías de aprobación; si cuaja, sería el primer gran experimento latinoamericano para hacer pomada los derechos de los trabajadores. Sintetizado por Horacio Verbitsky, al hablar de las chambas de los repartidores Recalde plantea la necesidad de una negociación colectiva que “establecería como piso el salario mínimo, seguridad social, licencias y protección contra el despido. El trabajador tendría derecho a conectarse y desconectarse libremente, respetando descansos legales obligatorios. La plataforma estaría obligada a informar cómo se asignan los pedidos, se evalúan las tareas, se pagan las comisiones y se aplican las sanciones, y debería atender al trabajador a través de una persona humana, para evitar bloqueos arbitrarios y resolver conflictos. La plataforma estaría obligada a capacitar al trabajador, proveerle elementos de seguridad, darle cobertura ante accidentes y enfermedades laborales, poseer estaciones sanitarias y de carga de energía. Debería reconocer al trabajador derecho al descanso, a vacaciones y a sindicalizarse, con posibilidad de afiliación desde la propia plataforma”.

Esto nomás respecto de los repartidores que hoy son un símbolo de la indefensión laboral. Por supuesto, sumarles derechos no será una iniciativa de quienes hoy los contratan, así que sin remedio estos trabajadores, y todos los demás, requieren de un Estado firme y la posibilidad de organización y lucha. Ahí está el detalle: primero, que el Estado sea sensible a los reclamos de justicia en el trabajo, y después, que los trabajadores sepan valorar colectivamente su importancia en la cadena de producción de la riqueza.

Por todo, es importante seguir atentos a la Argentina. Allá se libra esta semana el primer gran hachazo a los derechos laborales o la primera gran derrota de capitalismo financiero para sacarse de encima a los trabajadores que aspiran a algo más que un salario de supervivencia. Para bien o para mal, lo que resulte será ejemplo para los trabajadores en el mundo.