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sábado, septiembre 12, 2026

Dos formas de comunicar










Hace más de 25 años, para escribir un cuento finalmente publicado junto con otros en un libro, conviví de cerca con el último discurso de Salvador Allende. La idea de aquel relato fue emplear las asediadas palabras del presidente chileno para enfatizar su permanencia en la memoria del protagonista dentro de mi ficción, y modestia al margen creo que no quedó tan mal. No lo he releído en años (suelo no releerme para evitar sonrojos retrospectivos), pero sí he vuelto varias veces más al discurso de Allende, tanto que en varios pasajes puedo anticipar, pese a mi mala memoria, las palabras en el fluido oratorio.

El discurso no es un informe administrativo, sino una pieza retórica herida y serena en su trágica ilación. Mientras avanza el golpe de Estado que encabeza el general Pinochet, lo que incluyó el control de los medios que podían difundir la noticia, al presidente le queda la señal de Radio Magallanes para comunicarse con la población. Sabe que las horas de su gobierno y aún sus horas de vida están contadas. Los militares bombardean el palacio de la Moneda y no pararán hasta liquidar a su huésped principal y hacerse del poder. Así y todo, el mandatario echa a andar su último mensaje a la nación. Si bien menciona algunos nombres propios y observa situaciones de coyuntura política, las palabras del presidente fluyen en un registro literario, se podría decir que hasta poético. Creo que esta es la razón por la que han sobrevivido y son recordadas hasta ahora. Su fuerza está en que construyeron imágenes, en que expresaron una emoción espiritual con cadencia firme, sobria, ajena al exabrupto que, por otro lado y dada su situación, no hubiera sido ilegítimo, más porque habló sin guion. A lo más que llega es a adjetivar como “rastrero” a un general, y todas las demás palabras tienen el aseo de un hombre conteniendo la emoción violenta, dispuesto a morir serena y firmemente en la nobleza de sus ideales.

El pasaje más famoso del discurso entre sus muchos pasajes famosos es, a mi juicio, éste: “El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.

Recordé el último discurso de Allende hace pocos días, cuando Milei visitó a Juan Antonio Kast y reivindicó, sin que el mandatario chileno hiciera gestos, la figura de Pinochet, es decir, su horripilante dictadura, valga el pleonasmo. Recordé también que hace varios años pensé en escribir un apunte donde compararía el mensaje de Allende con los mensajes de Pinochet a sus subordinados. El general sublevado era un sujeto pedestre, ambicioso, bruto, así que no resultaba posible esperar de él palabras ajenas a su esencia. No escribí nada aquella vez, sólo lo pensé. Ahora, a 53 años del golpe en Santiago, la visita de Milei a Chile me hizo ver un rasgo común presente en esos trogloditas: su vocabulario cuartelero, su bestialidad 24/7, y ahora sí decidí urdir el apunte, éste que vamos leyendo.

Casi a la misma hora —minutos más, minutos menos— en la que Allende habló a los chilenos que pudieron escucharlo, el general que lo traicionó ayudado por los gringos se comunicaba por radio interno con los militares subordinados a su mando. En diálogo con el almirante Patricio Carvajal, salta esta joya que lo pinta entero como sujeto pérfido (ambos se refieren a Allende):

“Carvajal: Ellos están ofreciendo parlamentar.

Pinochet: Rendición incondicional, nada de parlamentar. Rendición incondicional.

Carvajal: Muy bien, conforme. Rendición incondicional en que lo toma preso, ofreciéndole nada más que respetarle la vida, digamos.

Pinochet: La vida y su integridad física y en seguida se le va a despachar para otra parte.

Carvajal: Conforme, o sea que se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país.

Pinochet: Se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país... Y el avión se cae, viejo, cuando vaya volando.

Carvajal: Conforme (Risas)”.

Son más las grabaciones que existen de Pinochet durante la asonada del 11 de septiembre de 1973. En todas se muestra como lo que fue: un burro dando de patadas a la Constitución. Y no era por el calor de los acontecimientos, por la agitación que supone perpetrar un golpe de Estado en el papel de traidor. Pinochet era un sátrapa puro y de tiempo completo, como varias décadas después lo confirmarían hasta decir basta las grabaciones del general Gustavo Leigh, miembro de la Junta Militar que quiso convencer a Pinochet de aflojar un poco la fiereza de la represión. Por supuesto que no fue escuchado y durante muchos años continuó la masacre a la democracia chilena, además de la muerte o el exilio para muchos.

A ese tirano vulgar reivindicó el vulgar Milei frente a Kast. Todo queda en familia.

domingo, abril 12, 2026

Caída del orate Milei


 

















En abril del año pasado estaba fundido pero lo rescató el FMl. En octubre hubo elecciones intermedias, su gobierno estaba en la lona y lo rescató Trump por medio del Tesoro norteamericano. A casi dos años y medio de su mandato, Milei está hoy de nuevo en la olla, con el peor nivel de aprobación desde que llegó al gobierno. En este lapso la ultraderecha que representa ya destruyó todo a unos niveles de catástrofe que en lo económico no alcanzó ni la profundidad ni la rapidez que impuso la dictadura de hace 50 años. La Argentina se encuentra hoy arrasada por el gobierno de un tipo que se dijo experto “en crecimiento económico con y sin dinero”. En realidad es un orate que llegó a demoler todo con la promesa contraria: salvar a su país.

Me interesa este fenómeno porque en cierto momento Milei fue elogiado como modelo por la ultraderecha mundial. Llegaron a considerarlo un outsider genial, un modelo a seguir, tanto que el tarambana político Ricardo Salinas Pliego le copió fallidamente algunas excentricidades para ver si cuajan en México. Milei es un idiota cruel y absurdo, un disparate de la historia latinoamericana. Más allá de que se dé de nuevo el milagro y alguien lo salve desde afuera, parece que el daño es tan profundo que ahora no tiene escapatoria: caerá tarde o temprano y con él se evaporará el experimento mundial más atrevido hasta la fecha del llamado anarcocapitalismo.

Lástima que una nación entera, la Argentina, haya sido su conejillo de Indias. Como país lo pagó muy caro, pues ahora es tierra arrasada para el 70% de la población. La expresidenta Cristina Fernández, hoy injustamente presa, lo advirtió hace cuatro años a los trabajadores: en realidad “No vienen por mí; vienen por ustedes”. Obviamente tuvo razón, así fue: llegaron por ellos y los han empobrecido hasta arrumbarlos en las deudas y en el hambre. Eso mismo haría la nueva derecha (una derecha ya no avergonzada de ser derecha, sino cínica, procaz y violenta a la manera de Trump o de Vox en España) si llega por la vía de las urnas o por cualquier otra a gobernar cualquier otro país.


sábado, febrero 21, 2026

Error de cálculo

 






He escrito y publicado que la derecha que más puede influir en México, así sea como mera imitación autóctona, forma un triángulo cuyo centro geográfico es el Atlántico. Sus ángulos lo forman EUA, España y Argentina. El avance en esos países de líderes cargados hacia la carnicería postneoliberal ha dado como fruto la llegada de Trump y Milei a sus respectivos gobiernos, y en España ha significado el avance de una derecha rancia, retrógrada y violenta encabezada por el partido Vox, cuyo líder es Santiago Abascal, a quien dicho sea de paso ha asesorado el Yunque, buque insignia mexicano convertido pues en nuestro segundo producto de exportación facha luego del éxito logrado por los legionarios de Marcial Maciel, su chilesuelto fundador.

Las políticas adoptadas por Trump y Milei no dejan espacio a las dudas sobre su filo antipopular. Ante tales políticas podemos asumir dos posturas: que se impondrán a marrazos o que no se impondrán gracias a la oposición que generen. En ambos casos, creo que la ultraderecha comete un error de cálculo. Si avanzan, la oposición a sus medidas no tardará en manifestarse incluso de manera violenta, lo que dará pie a reconsideraciones en sentido contrario, es decir, social y económicamente más moderadas; si son frenadas, se sentará un precedente que confirmará la pertinencia de la lucha social para impedir medidas y reformas regresivas.

En este momento se debate la aprobación de una reforma laboral a todas luces sádica en la Argentina de Milei. Probablemente sea aprobada por un congreso comprado/extorsionado, pero insisto: quienes la promueven han calculado mal. Ya en este momento hay protestas muy fuertes que se intensificarán apenas arrecien los despidos masivos y la caída en desgracia de los salarios y el consumo, además del crack de la industria apuñalada por importaciones indiscriminadas. La Argentina, no exagero, puede pasar al caos si Milei y sus secuaces, instruidos por el FMI, avanzan en la demolición del país.

Es casi un hecho que la reforma (presentada como “modernización” de la ley laboral) será impuesta, entre otras razones más generales, por lo que Ángelo Albanese, académico argentino del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) publicó con buen ojo en un apunte de twitter que tituló “La furia de los invisibles”: “La reforma laboral va a salir porque el laburante precarizado odia al trabajador formal. Así de simple y duro. Este es un resultado cultural que viene incubándose desde hace una década. Para ellos, tener una obra social o vacacionar son privilegios. El precarizado odia los retazos solidarios del Estado colapsando porque a ellos no los ayudó nunca nadie. Y eso es cierto.  Quisieran que la sociedad sea una jungla donde el individualismo sea una carta a su favor. Si siempre la pelearon solos creen, esperanzadoramente, que son más fuertes que otros trabajadores. Que son más duros que aquellos [que] vivieron arropados por aguinaldo o licencias médicas. Se sienten interpelados por la explotación porque no conocen otro régimen de vida. Creen que es injusto que el 30 o el 40% de PEA [población económicamente activa] que vive en la formalidad, no experimente la incertidumbre y la falta de posibilidades que ellos padecen. Quieren, también, revanchismo. Ese es un mérito de Milei, haber sabido seducir a ese sector. Un sector que, a su vez, detesta el discurso de justicia social porque vivió en carne propia cómo sus condiciones de vida vienen cayendo desde hace varios gobiernos atrás. En el abismo ven luz.  Pero es terrible, nos dirigimos a toda velocidad al abismo”.

Deseo ser optimista frente al desastre circundante porque creo que todavía quedan anticuerpos en la masa de los trabajadores no sólo argentinos, sino de muchos países que luchando a los tumbos o como sea han conseguido lo inimaginable hace algunas décadas: mejores salarios, jornada de ocho horas, vacaciones, derecho a la salud, aguinaldo, pensión… La Argentina es un laboratorio de la ultraderecha mundial: si allá talan derechos y no pasa nada, lo mismo harán otros países. Pero no funcionará, ahora mismo ya no está funcionando, pues luego de dos siglos de luchas de los trabajadores y trabajadoras en el mundo no será fácil para el poder fascistizado cercenar conquistas sin oposición popular.

En una entrevista reciente, Thomas Piketty señaló que “hay una marcha hacia la igualdad que viene de lejos, que es un fenómeno de largo plazo y que se nutre a veces de revoluciones, pero más generalmente de rebeliones, de peticiones de más igualdad”. Esas luchas que vienen de lejos no se borrarán nomás porque a un gobierno lacayo del poder financiero se le ocurra modificar leyes a conveniencia de unos pocos y desgracia de millones. El avance antiderechos laborales no lo veo, por ejemplo, tan fácil de ejecutar en México, y menos con el desastroso caso argentino tan a la vista. Lo mismo pienso que ocurriría en Chile pese a la llegada a la presidencia del nazi confeso José Antonio Kast, quien al parecer intentará emular en lo que se pueda a su vecino de la motosierra, aunque le será complicado, supongo que imposible, impulsar reformas cavernícolas como las argentinas.

La historia no ha caminado tan en vano. El experimento argentino terminará mal y entonces las trabajadoras y los trabajadores del mundo estarán advertidos y preparados para los hachazos que les quieran propinar en casa.

miércoles, febrero 18, 2026

Trabajo en un hilo

 












Si bien veo con pesimismo el avance de la ultraderecha que en occidente encarnan gángsteres como Trump (Partido Republicano, EUA), Milei (La Libertad Avanza, Argentina) y Abascal (Vox, España), percibo una salida a la bestialidad que proponen los discursos de estos sujetos. Es complicada, lo he dicho varias veces, sobre todo porque las inercias del mundo transitan hacia la disgregación y el embebimiento individualista. Alguna respuesta tendrá que darse, sin embargo, ante los embates que en el mundo desmoronan el trabajo como medio digno de vida allí donde se han establecido leyes para regular la relación obrero-patronal. México no es el paraíso en este rubro ni en ninguno, pero sin duda, como se dice para exagerar, casi es Suiza si lo comparamos con países que hoy avanzan hacia la desprotección total del trabajador.

En el fondo veo que el neocapitalismo global ha encontrado en la tecnología y sobre todo en la IA una serie de avances que poco a poco torna innecesario el trabajo humano. Sin que lo veamos muy claramente todavía, al mercado laboral le va sobrando mano de obra, y por ello la tendencia a la precarización, al abatimiento de cualquier prestación, a la destrucción del homo faber. El mundo transita hacia un colapso de millones de fuentes de trabajo, y por ello la urgencia de economizar con contratos temporales y facilidades para despedir y dejar en la calle.

El tipo ideal de trabajador que desea el “tecnofeudalismo” (así lo llama Yanis Varoufakis) es como el empleado de las “plataformas”: sin ninguna ventaja, él y su bicicleta contra el mundo. Mariano Recalde, político argentino especializado en estos asuntos, se ha opuesto a la reforma laboral de Milei, hoy en vías de aprobación; si cuaja, sería el primer gran experimento latinoamericano para hacer pomada los derechos de los trabajadores. Sintetizado por Horacio Verbitsky, al hablar de las chambas de los repartidores Recalde plantea la necesidad de una negociación colectiva que “establecería como piso el salario mínimo, seguridad social, licencias y protección contra el despido. El trabajador tendría derecho a conectarse y desconectarse libremente, respetando descansos legales obligatorios. La plataforma estaría obligada a informar cómo se asignan los pedidos, se evalúan las tareas, se pagan las comisiones y se aplican las sanciones, y debería atender al trabajador a través de una persona humana, para evitar bloqueos arbitrarios y resolver conflictos. La plataforma estaría obligada a capacitar al trabajador, proveerle elementos de seguridad, darle cobertura ante accidentes y enfermedades laborales, poseer estaciones sanitarias y de carga de energía. Debería reconocer al trabajador derecho al descanso, a vacaciones y a sindicalizarse, con posibilidad de afiliación desde la propia plataforma”.

Esto nomás respecto de los repartidores que hoy son un símbolo de la indefensión laboral. Por supuesto, sumarles derechos no será una iniciativa de quienes hoy los contratan, así que sin remedio estos trabajadores, y todos los demás, requieren de un Estado firme y la posibilidad de organización y lucha. Ahí está el detalle: primero, que el Estado sea sensible a los reclamos de justicia en el trabajo, y después, que los trabajadores sepan valorar colectivamente su importancia en la cadena de producción de la riqueza.

Por todo, es importante seguir atentos a la Argentina. Allá se libra esta semana el primer gran hachazo a los derechos laborales o la primera gran derrota de capitalismo financiero para sacarse de encima a los trabajadores que aspiran a algo más que un salario de supervivencia. Para bien o para mal, lo que resulte allá será ejemplo para los trabajadores en el mundo.

lunes, febrero 16, 2026

Ficciones argentinas

 












La semana pasada los senadores argentinos votaron la media sanción a una nueva ley laboral, que dicho de pasada es una ley criminal. Falta que la voten los diputados. Afuera del congreso se iba a formar una concentración de opositores a la nueva ley, pero antes de que esto ocurriera, aparecieron cinco o seis vándalos que a diez metros de los granaderos y de los camiones hidrantes armaron bombas molotov y las arrojaron hacia la policía. Un camión hidrante ubicado a veinte metros les disparó unos chisguetitos de agua que misteriosamente no dieron en el blanco de los parapetos de cartón, esto mientras los rebeldes encapuchados preparaban con paciencia china los artefactos explosivos y un dron de la televisora más influyente del país los grababa desde arriba como en la comodidad de un estudio. Tras lanzar algunos explosivos, los opositores radicales huyeron y entonces la policía comenzó a reprimir a todo aquel que se atravesara, con saldo alto de detenidos. Obviamente, los rebeldes de las molotov no fueron capturados.

La derecha argentina, siempre a la vanguardia en materia de brutalidad y construcción de escenarios falaces, usó a los “rebeldes” como pretexto para la represión. Lo malo es que a muchos les pareció (para mí lo fue, por su descarada obviedad) un montaje, una representación teatral perfectamente coordinada por la policía. La noticia ha seguido caminando y ayer las autoridades dieron con uno de los “terroristas” y tomaron esta foto de los artículos que guardaba en su ratonera. En la imagen destaca el pantalón caqui industrial con reflejantes, recién comprado y típico de anarquista. Estos productos ya son conocidos como el “terrorkit”. Les dejo la foto y un video de los rebeldes en acción con la crónica “periodística” que también fue parte del montaje.

Así es la Argentina de Milei, el engendro al que sigue los torcidos pasos de nuestro tío Richi.

En cuanto al video, pueden verlo completo o del minuto 9 al 14; queda clara la farsa de los cartones protectores, el embudo, las mochilas nuevas, el close up del dron, la paciencia para armar bombas in situ y sobre todo la baja potencia y la mala puntería de los camiones hidrantes. Esa simple teatralización de la policía sirvió para deshacer la concentración pacífica de opositores. Son unos genios de la represión. Aquí está el video:

https://youtu.be/lIhdf1YOnG0?si=ihVIvNnPbmmInBy0l

sábado, febrero 14, 2026

De la inercia ultra

 








El riesgo es ser acusado de conspiranoico, pero creo que no está el horno para omitir que sigue en marcha, a buen ritmo en su ejecución, un plan que combina todas las excrecencias del neoliberalismo luego de medio siglo reformateando la vida del planeta. El avance que hoy vemos en la nueva derecha global es desigual, obviamente no se da parejo en todos los países del mundo, pero tiene comunes denominadores más o menos recurrentes. Destacar tales avances, denunciarlos por cualquier medio, así sea en la mera sobremesa, es un imperativo de quienes no quieran sumarse a la demolición de lo poco que nos queda de libertad, igualdad y fraternidad, para decirlo con la triada de valores enarbolados por la Revolución Francesa.

Jamás cuajó, lamentablemente, la mencionada triada, pero es un hecho que, como lo muestran las constituciones del mundo, el ideal francés de 1789 ha sido la aspiración vertebral de las diversas sociedades empeñadas en pasar por civilizadas. Lo más cerca que se estuvo, y se está todavía en algunos países, del ideal libertad-igualdad-fraternidad es el del estado de bienestar, sistema que, grosso modo, supone al Estado como garante de lo básico para la ciudadanía. No como regalo, sino como resultado de una distribución más justa y basada en el trabajo dentro del capitalismo.

Desde hace cincuenta años, el llamado neoliberalismo comenzó a designar “comunismo” al estado de bienestar. Cualquier participación del Estado en la economía, cualquiera, por minúscula que fuera de iure o de facto, ha sido vista con encono por los ideólogos de la derecha: hay que demoler todo lo que huela a estatismo, no dejar ni un ladrillo de la nociva política de mantener parásitos y, al revés, alentar la bendita meritocracia. Casi no es necesario observar que cincuenta años después logró su propósito, pero no está saciado: hay que borrar, ya sin los eufemismos del pasado, los pocos vestigios de “comunismo” que siguen en pie, hay que desaparecer a los genéricamente designados “zurdos de mierda”.

Como al discurso de la nueva derecha mundial se le notan todas las costuras, es obvio que su método de trabajo ideológico consiste de entrada en identificar un enemigo. Pueden ser los corruptos, los inmigrantes, los narcotraficantes o, el que más unifica su postura, los comunistas, los “zurdos de mierda” que ya dije. No es gratuito que Salinas Pliego use ahora este rótulo para referirse al enemigo y contraponerlo a su ideal de “libertad”. Es puro mileísmo en clase turista. Pero puede aprender y, lo peor, puede lograr algo más que sólo aprender.

Esto que digo quizá suene excesivo, pero igual sonaba en 2022 que Javier Milei pudiera ser presidente de la Argentina, y ya sabemos lo que está pasando. Un tipo estrafalario, vulgar, cruel, a todas luces limitado y bobo, incluso sin los rasgos convencionales del político (como peinarse bien y hablar sin estúpidas muletillas) llegó a la presidencia. Si Trump lo logró, y conste que supera con creces la viscosidad del mandatario argentino, ¿por qué no podría lograrlo cualquier otro bestia en cualquier otro lugar del mundo? He aquí la ventana de oportunidad que ve Salinas Pliego: de usurero impenitente y evasor de cuello blanco ha pasado a convertirse en opción electoral para los mexicanos.

¿Por qué un tipo sin atributos e incluso sin carisma puede ilusionarse con gobernar a millones? ¿Qué aberración de la democracia permite esto? Las razones son muchas, como todo en la complejidad económica, política y social de los pueblos actuales. Nada en política, dice Strobl, se presenta en estado puro o acusa rasgos que podamos percibir con plena claridad, cierto, pero creo ver que la emergencia de sujetos como Salinas Pliego tiene relación precisamente con la noción gramsciana de la “batalla cultural”. Ahora no en un lugar específico, sino en el mundo. La nueva derecha hizo visible la tal batalla cuando ya la tenía ganada, o casi, o cuando sabía que llevaba una tremenda ventaja. Antes no. Antes la derecha sentía pena de serlo, de aceptar por ejemplo el racismo, el trabajo de los niños, la desregulación del empleo, incluso el narcotráfico. Por eso el meme que circula con frecuencia entre los progres: “Que ser de derecha vuelva a dar vergüenza”.

La batalla cultural, noción del comunista italiano Antonio Gramsci, propone que se gana no cuando la fuerza se impone, sino cuando se remacha una idea en la conciencia, cuando se logra alguna hegemonía sobre las ideas del otro, esto hasta convertir tal idea en “sentido común”, en algo que es de una manera y no puede ser de otra. Hoy, sobre todo, la batalla cultural se da en la prensa, la radio, la televisión y los medios digitales (principalmente en las redes sociales), y no es muy complicado saber cuál “sentido común” se impuso: el del consumo, el del mercado, el de la meritocracia individualista que infunde en los perdedores un “yo punitivo”, el resentimiento que busca venganza a como dé lugar; en suma, los votantes de la nueva derecha.

Digo pues que la batalla cultural ha sido emprendida no para ganar a un oponente vigoroso, sino para aniquilar lo que queda de estado de bienestar. Arreció además cuando, como dice el lugar común, la mesa estaba ya servida: una sociedad egocéntrica, sin nexos comunitarios, despolitizada, precarizada, adicta a las redes y con legiones de marginales jóvenes y no tan jóvenes, ciudadanos que han admitido acríticamente las propuestas antiEstado, “libertarios”, “pobres de derecha”, fascistas que no saben que son fascistas, desheredados que desean emparejar para abajo antes que organizarse y luchar para emparejar hacia arriba.

La brutalidad de los discursos que sintetizan El Mal de las sociedades en los “zurdos de mierda” no deja de asombrar a quienes imaginan la política como se entendió todavía hasta hace diez años, incluso menos. Los políticos heterodoxos a la manera de Trump, Bolsonaro o Milei no son, sin embargo, la anomalía, sino la consecuencia de un caldo de cultivo que los ha hecho posibles. Por eso mi noción de que la batalla cultural contra el “wokismo” es apenas la espuma del conflicto. Debajo de esa espuma se esconde la verdad de que casi todo se subsume en los intereses de quienes defienden “las ideas de la libertad”, como gusta decir Milei. En todo caso, la virtud del presidente argentino y sus laderos ha consistido en leer acertadamente el espíritu de los tiempos, y obrar en consecuencia. Nuestro Salinas Pliego quiere aprovechar esa misma lectura y avanzar en su propósito de demostrar que será el azote de los “gobiernícolas” para luego bendecirnos con el bienestar con el que ya bendice a su clientela de Elektra.

¿Queremos comprobar si la vulgaridad sintoniza con el nuevo electorado? ¿Nos gustaría verificar que la mentira electoral puede ser descomunal y aún así mantener una base significativa de votantes? ¿Deseamos ver cómo se comunica la ineptitud triunfante? ¿Apetecemos observar declaraciones y acciones horrendas sin consecuencias políticas? Si es así, Trump es el dechado de este tiempo. Yo conozco mejor el de Milei, monigote de Trump, clon bananero del mejor amigo de Jeffrey Epstein.

Milei tiene la capacidad de afirmar algo y su contrario en la misma frase. El concepto de congruencia no lo conoce, de suerte que en América Latina es el político con más archivos digitales en los que afirma algo que a la postre choca con lo que después él mismo hace o afirma. Este licuado de posicionamientos parece no afectar a su electorado. Mientras en un pasado no muy lejano era difícil que alguien, no sólo el político, cambiara de opinión como de calcetines, pues si lo hacía ponía en absoluto riesgo la firmeza y credibilidad de sus ideas y por ello la lealtad de sus seguidores, Milei afirma cualquier burrada con nulo control de esfínteres mentales. Habla con la serenidad de un economista que pasa por ducho ante los profanos pero nunca ante los economistas serios, se expresa a gritos destemplados con los que fustiga a sus enemigos, se desgañita para defender “las ideas de la libertad” y expele sin sonrojo consideraciones sexuales que bordean la perversidad. Es un monstruo de la contradicción, y si hasta hoy se mantiene en la presidencia es gracias a Trump, a quien le lustra los zapatos cada vez que viaja a la Gomorra de Mar-a-Lago.

Mircea Eliade dice en Lo sagrado y lo profano que “Nada vale tanto como el ejemplo, el hecho concreto”, de allí que se me ocurrió compartir una lista breve de aberraciones enunciadas por Milei, el arquetipo de nuestro Salinas Pliego. Tiene decenas de videos más, pero estos pocos buscan mostrar al tipo de político que desea venir a redimirnos.

Sobre la eliminación de ministerios

Con histrionismo hitleriano prometió aniquilar ministerios; hasta hoy va bien en esta promesa depredadora, aunque a varios no los desapareció, sólo los desfinanció para mantener a sus secuaces en la nómina:

https://youtu.be/fJFqjiB0GW0?si=vLekcqq8IKMLtUk2

Sobre el FMI

Lleva dos megapréstamos solicitados y varias renegociaciones de la deuda, todo opaco y al margen de su Congreso, pero este archivo deja ver las pestes que escupía sobre el FMI antes de ser presidente. Una joya:

https://www.facebook.com/reel/1815838419076780

Sobre los negocios con China

Esto decía sobre el gigante asiático antes de las elecciones, y después, ya presidente, lo que dijo cuando se enteró de que China es un país clave en la supervivencia de la Argentina. Noten la cara de estúpida seriedad que pone cuando dice “comunista” y la voz aterciopelada al declarar su aprecio a la "interesante" China:

https://www.facebook.com/reel/920506209958710

Sobre el aumento de los impuestos

Por supuesto, y además de que no ha controlado la inflación, ha subido impuestos pese a la promesa de no aumentarlos; es tan burdo que al final comete el furcio de decir “bajarlos”. Como sea, hasta ahora no se ha cortado ninguna mano:

https://www.youtube.com/shorts/HSQyg_Ak4Zw

La deuda del kirchnerismo

Antes de soñar con la presidencia llegó a decir, iracundo, que la deuda fue pagada por el kirchnerismo. Ahora el kirchnerismo es la causa de todos los males argentinos y del sistema solar:

https://www.youtube.com/shorts/-FQDeTXRqbg

Sobre Patricia Bullrich

Bullrich fue su ministra de Seguridad y hoy en su senadora. Es un ser repugnante que ha pasado por todos los partidos, una saltimbanqui nata. Su ideología es traicionar, estar sólo con los ganadores, como estuvo y está con Milei aunque él le dedicara estos lindos piropos:

https://www.youtube.com/shorts/jS3eHgxDFV4

Sobre los dólares escurriendo por las orejas

En la verborrea de Milei, dentro de algunos años a los argentinos —que se han hundido alarmantemente en su gobierno— les escurrirán dólares por las orejas. Cualquier hipérbole le sirve:

https://www.facebook.com/reel/1904051037164687

Sobre la mafia y sus bondades

Milei y sus huestes han sido financiadas por narcos, como bien lo sabe su amigo José Luis Espert, ya fundido por el escándalo. Ignoro por qué aceptaron los financiamientos, pero este video quizá nos brinde alguna clave:

https://www.youtube.com/shorts/ixFQlceO4g4

Sobre tasas de interés

Entre las oportunas respuestas de este presidente no se excluyen los balbuceos:

https://www.youtube.com/shorts/-xyWRwskKMc

Sobre el Estado pedófilo

Son frecuentes en Milei las metáforas epsteineanas, gestadas por una cabeza que tiende a la aberración:

https://www.facebook.com/share/r/1GXsUUY2AE/?mibextid=wwXIfr

Sobre la venta de niños

Esto es insólito, un homenaje a la memoria de Jeffrey Epstein. Pudo contestar con un simple “no”, pero su cabecita perturbada buscó un razonamiento. Un detalle: el periodista del saco gris se llama Antonio Laje y ahora lo defiende; claro, entonces era sólo Milei y ahora es el presidente:

https://youtu.be/XNdlI9zJN_I?si=o10CZBkZ9nHzYMkF

Sobre la venta de órganos

Aquí reflexiona (digámoslo así) sobra la pertinencia de que el benemérito mercado incluya la venta de órganos:

https://youtube.com/shorts/-UAXm_fnarw?si=9wF5-SI0nIKcV-lc

Sobre el Nobel de Economía que le darán

Su socio Demian Reidel, como lo señala el video, terminó alejándose años luz del segurísimo premio Nobel:

https://www.facebook.com/reel/792126459964220

Sobre la ignorancia de lo elemental

Es fácil exhibir a Milei. En esta diálogo, un entrevistador habitualmente acolchonado se atrevió a ir un poco más lejos. El presidente de la Argentina tiene menos calle que Venecia:

https://www.facebook.com/reel/1420899036095685

Sobre el tweet salvador

Cuando ya estaba casi ahogado ante las elecciones intermedias, Milei viajó a EUA para agarrarse de Trump, quien le regaló un tweet de apoyo que luego el mismo Milei llevó impreso para simular el gesto espontáneo. Es difícil imaginar una sumisión más bochornosa ante el mejor amigo de Epstein. Trump, por cierto, ni sabía que apoyaba para unas elecciones intermedias, no presidenciales. Un momento plenamente burdo:

https://youtube.com/shorts/B_qk35KZnsE?si=35Z4BCV5yTOScxMf

Sobre el río contaminado

Sabido es que Milei es un negacionista de todo lo que apeste a wokismo, por eso no acepta la idea del calentamiento global. Así habló alguna vez este estadista sobre la contaminación de un río. Cuál problema:

https://www.facebook.com/reel/820970844336535

Sobre su autopercepción como gobernante

En el siguiente video se aproxima con lucidez a la definición de sí mismo:

https://www.facebook.com/share/r/1Dd9RsPkBy/?mibextid=wwXIfr

Se podrá decir que sólo son palabras, declaraciones, retórica de un presidente que no pasa de allí, de la mera declaración, del exabrupto de clown. Lamentablemente no es así en este caso, pues la acción concreta de Milei ha hundido en dos años la producción, el empleo y los salarios, ha desfinanciado la obra pública en salud y educación, ha incrementado los servicios públicos básicos y obviamente la inflación, ha creado un protocolo para reprimir la protesta y espiar opositores, ha filtrado millones de dólares en los bolsillos de sus amigotes financistas, a participado en estafas internacionales como la perpetrada hace exactamente un año con la criptomoneda Libra y, en general, ha convertido al Estado en un cascarón del cual se beneficia sólo un segmento ínfimo de la sociedad, la oligarquía nativa que lo apoya porque, pese a todo, Milei garantiza el sometimiento de la mayoría que nació para callar y obedecer. Si se ha sostenido hasta ahora en el poder, es nada más por el apoyo de su tótem Trump, a quien el león argentino le lame los zapatos cada vez que es invitado a las exclusivas fiestas de Mar-a-Lago donde le han concedido premios por su entreguismo sin atenuantes.

Este es el tipo de político que vendrá a salvar a la humanidad. Con los matices que son del caso, atribuibles a la personalidad de cada uno, Santiago Abascal en España y Ricardo Salinas Pliego en México quieren emular al peluca Milei, tener la puerta abierta a decir y destruir lo que sea. Más vale que la sociedad lo medite un millón de veces antes de que sea demasiado tarde.

sábado, septiembre 06, 2025

El búmeran de Milei

 









Además de la mexicana, la chilena y la española, la política que más me atrae es la argentina. Este es, en realidad, un desprendimiento, una ramificación: me interesan esas políticas nacionales porque me interesan sus literaturas. En otras palabras, gracias a que sobre todo leo autores de aquellas latitudes, no ha sido difícil, sino lógico, que mi curiosidad haya avanzado hacia otros rubros de sus respectivas realidades. Así, de la Argentina me gusta su poderosa literatura, y merced a este gusto pasé a disfrutar su música, su historia, su política y hasta su futbol. Y es, mutatis mutandis, el mismo caso de los otros países mencionados: la literatura ha sido trampolín para acceder a todo lo demás.

El caso argentino me ha interesado particularmente por su condición de laboratorio. Los últimos setenta años, desde que pidieron su primer préstamo al FMI, en la Argentina han estado en pugna dos modelos, dicho esto de manera muy esquemática: uno de corte keynesiano con el que se asocia al peronismo, y otro liberal-neoliberal, encabezado por la oligarquía nativa. Es, dicho con sus respectivos apodos, el enfrentamiento entre los “cabecitas negras” y los “gorilas”, un pique histórico tan grande, una “grieta” tan honda que no puede dar lugar a ninguna forma de conciliación, por mínima que parezca. Al contrario, no pocas veces se ha manifestado mediante un odio que la derecha, el gorilaje, no ha dudado en practicar por medio de bombarderos a la población civil, prohibiciones del peronismo por decreto, regímenes de facto, desapariciones, vuelos de la muerte, apropiación de bebés, endeudamiento recurrente, bicicletas financieras y todo lo que pueda concernir al progreso de unos pocos y el rezago de la mayoría. Es en esta última tradición, por llamarle de algún modo, en la que encaja el gobierno de Javier Gerardo Milei (Buenos Aires, 1970).

Supe del actual presidente argentino hace aproximadamente diez años, quizá poco menos, cuando lo vi por primera vez en los espacios televisivos que luego se convertirían en su plataforma principal. Lo más llamativo a primera vista fue, sin duda, el corte de pelo, un look de borracho demañanado que pasó a ser el sello de su imagen. Luego me llamaron la atención sus rasgos, esos ojillos azules y achinados que de inmediato me recordaron a Butt-Head, el personaje de MTV (el periodista Ricardo Ragendorfer ha encontrado que el rostro más parecido al de Milei es el del cómico inglés Benny Hill, y es verdad). Si destaco sus rasgos es por una razón: este peculiar personaje, sin duda poco agraciado y además estrafalario, ha hablado en más de una ocasión de la “superioridad estética” que tienen los humanos de derecha, una de las innumerables estupideces de su discurso.

Ahora bien, más allá de la facha de este facho, lo importante radicaba en su manera de hablar: seguro de sí mismo, taxativo, sabihondo de todos los saberes, siempre maniqueo, con una mezcla ambigua de histrionismo y genuina convicción, asistía a todos los programas de tipo panel que aparecían en su camino rumbo al estrellato. Los programas de altercado (que no de debate) político son muy populares en la Argentina, y en ellos el sujeto de pelo alborotado se destacó como nadie, tanto que los productores comenzaron a notar alzas del rating cada vez que lo invitaban. Allí, lo mejor para el éxito de las emisiones era que Milei se enojara, pues en sus estados de ofuscación tocaba todas las modulaciones de la furia y llenaba de insultos a sus oponentes, fuera quien fuera. Para cualquier economista serio, e incluso para cualquier persona sensata, era evidente que sus afirmaciones eran un evangelio del “anarcocapitalismo” (no les llamaré “libertarios”, palabra que robaron a los anarquistas del siglo XIX), lleno de lugares comunes y brutalidades misceláneas. Pero este Quijote al revés no sólo se proponía desfacer las bases económicas del Estado, sino todo lo que supusiera idea progre. Era su “batalla cultural”. Así, antes de ser presidente ya había engarzado incontables perlas en su rosario de paparruchas: abolir los impuestos (el principal robo del Estado), permitir la venta de órganos humanos, fomentar el libre uso de armas, echar por tierra cualquier subsidio, acabar con la obra pública, respetar a la mafia y no al Estado, impulsar el sálvese quien pueda de la meritocracia, entre otras lindezas.

Hablé al principio de la “grieta” insalvable y en las elecciones federales de 2023 se hizo nuevamente clara: por un lado, el peronismo que sucedió al espantoso y endeudador gobierno de Macri no pudo domesticar la inflación, y, por el otro, Milei había conseguido, con tanta notoriedad televisiva, una diputación. Al proponerse como candidato presidencial, su eje discursivo fue la lucha contra “la casta”, es decir, contra todos los políticos y adláteres que se habían convertido en saqueadores de la cosa pública en perjuicio de la ciudadanía y la libertad. El discurso pegó, muchos argentinos enfadados lo vieron como mesías, sobre todo los jóvenes y quienes ya de por sí adherían al llamado “gorilaje”, la “gente de bien” que odia irreductiblemente al peronismo.

Desde lejos, para mí, es curioso que se haya etiquetado al gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) como pésimo, sin considerar que atravesó la pandemia y algo, sí, peor: la deuda de Macri, detalle en el que creo se pone poco énfasis. Macri, según personajes autorizados como Nicolás Dujovne y el mismo Milei, había recibido el bastón de mando sin deuda. Él la contrajo, lo cual impidió su reelección. Luego Alberto Fernández hizo lo que pudo con tibieza y así le fue, desarrolló un programa económico mediocre aunque sus números finales no fueron, ni de lejos, la catástrofe actual. En ese momento apareció Milei con la pócima salvadora, hizo campaña con la espada fuera de la funda y convenció a los irritados y a los indecisos. Entre otras promesas que desde acá, desde el río Bravo, se veían disparatadas, pero allá persuadieron, estaban acabar con “la casta”, demoler el banco central, dolarizar la economía, achicar todo el gasto del Estado, eliminar trabajadores, no hacer negocios con China y otros países “comunistas”, equilibrar el déficit fiscal, no contraer más deuda y, en suma, sentar las bases para que la Argentina fuera una potencia en pocas décadas. Confirmó todo esto en los debates electorales que tuvo contra Sergio Massa, el candidato del peronismo. En ellos, a leguas se vio que en todos los órdenes, incluido el estético, Massa lo superó, pero la suerte ya estaba echada: Milei había adquirido una ventaja mínima que terminó por definir la elección a su favor.

Pese a su simplismo cavernícola, a sus berrinches infantiloides, a su fijación anal y a sus muletillas “o sea” y “digamos”, el “león” llegó a la Casa Rosada para beneplácito de la ultraderecha no sólo argentina, sino mundial. Al armar su gabinete, destacaron tres nombres: la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich; el de Economía, Luis Caputo; y Federico Sturzenegger, ministro de “desregulación y transformación del Estado”, funcionario al que le cupo en suerte la divertida encomienda de desguazar todo, es decir, operar la “motosierra”. Los tres eran insignes personeros de “la casta”, tipos que ya habían sabido disfrutar la miel que escurre del erario público: “Toto” Caputo, el fugador en jefe de los dólares que le dieron a Macri, un “mesadinerista” puro a decir de Carlos Maslatón, repetía en un gabinete, el de Milei, luego de que el mismo Milei había expresado mierda y media sobre su accionar durante el macrismo. Patricia Bullrich, una señora primaria, loca, dipsómana, traicionera y violenta, quien fue también candidata balbuceante a la presidencia y dijo pestes de Milei, sacó de premio el Ministerio de Seguridad y lo primero que hizo fue un protocolo “antipiquetes”, léase un reglamento para prohibir la protesta pública, un aviso evidente de que eso esperaban tras hacer papilla la economía y cagar la vida a millones de argentinos. El otro sujeto, Sturzenegger, habilitó a su modo salvaje la motosierra en todas las áreas del gobierno, y recién apareció uno de los más ilustrativos ejemplos de su metodología: recortar a ojos cerrados las pensiones por discapacidad, una crueldad que deja a Jack el Destripador en calidad de misionero franciscano. El mismo Milei, en una de sus mil confesiones, con la voz ronca que le sale cuando enuncia algo con la convicción de un fanático, declaró “sí, soy cruel”, y su sicario de los recortes no lo ha hecho quedar mal.

¿Cómo llegó el orate Milei a la presidencia de un país tan rico en lo económico y en lo cultural? Me he planteado esta pregunta porque sé que su posible respuesta responde también, con las variaciones de cada caso, a la presencia de Trump en la Casa Blanca o hace no tanto a la de Jair Bolsonaro en el Palacio de Planalto, Brasil. Es evidente que estos son picos salientes del tipo de gobernantes que desea el postcapitalismo: a la humanidad le sobran muchas personas y hay que cerrarles la puerta para que queden eliminadas antes de que sean un problema más grande. Argentina es un laboratorio periférico de este experimento exterminador, y Milei su brazo armado con motosierra. He tratado en el camino de estos años de acopiar toda la información pertinente para examinar el fenómeno mundial del salto al descaro discursivo y operativo de la derecha mundial: Maquiavelo, Francisco de Vitoria, Hobbes, Marx, Sartre, Debord, Chomsky, Faucault, Lipovetsky, Franco Berardi, Diego Fusaro, Boaventura Dos Santos, Jason Stanley, Paula Sibilia, Mark Fisher, Zygmunt Bauman, Jessé Souza, Jorge Alemán, Kohei Saito, Byung Chul Han, Rocco Carbone, Jonathan Crary, entre otros, y sé que para entender particularmente y de un vistazo el fenómeno Milei en su espantosa complejidad, en su nefasto modelo para armar, es necesario embonar nociones de filósofos, sociólogos, economistas y hasta lingüistas, y no falta, por supuesto, que a energúmenos de esta índole se les entienda como resultado de una tendencia más general: si han llegado al poder, es porque algo en la sociedad está podrido, casi al borde de la distopía. Puede uno, pues, leer mucho y apenas comprender un poco, por eso sintetizo que, de las aportaciones más atendibles para orientar un buen análisis sobre Milei, un libro muy ilustrativo es La nueva derecha, de la politóloga austriaca Natascha Strobl. De hecho, ese libro le calza como guante al pequeño déspota rioplatense y su gobierno. Basta leer a Strobl para comprender, grosso modo, el engranaje y la manera actual de gobernar en la Argentina.

Dije hace algunos renglones que lo primero fue lo primero: asentar una normativa flamante para la represión de la protesta. Durante dos años, los diez mandamientos del autoritarismo de la señora Bullrich han sido echados a andar contra peligrosos opositores, gente que con sus quejas pone en peligro la estabilidad de la nación: jubilados, discapacitados y periodistas. Entre lo que estorba al esquema mileísta está la crítica del periodismo, de allí que más de una vez el propio Milei haya afirmado: “No odiamos lo suficiente a los periodistas”. Pero no a todos. Hay algunos, los que no preguntan ni critican, los periodistas buenos, que no merecen la sobredosis de odio sugerida por el presidente. Los periodistas buenos son bienvenidos y usados como entrevistadores de cabecera y arma arrojadiza contra todos aquellos que le muevan un pelo, valga la expresión, al presidente. Entre otros, los periodistas adictos al poder —una manera distinta de decir adictos al dinero— están varios decididos a ocupar el trono dejado por Jorge Lanata: Eduardo Feinmann, Luis Majul, Jony Viale, Cristina Pérez, Esteban Trebucq, Débora Plager, Antonio Laje y el más aplicado, un gesticulador llamado Alejandro Fantino. Y ya que menciono a los obsecuentes, en el otro lado de la calle están Alejandro Bercovich, Pablo Duggan, Gustavo Silvestre, Daniela Ballester, Roberto Navarro, Nancy Pazos, Ari Lijalad, Nicolás Lantos, Víctor Hugo Morales, Lourdes Zuazo, Eduardo Aliverti, Gustavo Campana y Horacio Verbitsky.

Al avanzar el gobierno de Milei fue evidente que el rumbo económico era una réplica del Titanic: al timón iba Luis Caputo. Gracias supuestamente a los recortes controlaron el déficit, aplacaron el precio del dólar y disminuyeron la inflación, pero todo era una burbuja de jabón. Los préstamos del FMI para nadar hasta las elecciones, tomados sin compartir al congreso las cláusulas del contrato, sirvieron para que el fugador serial Caputo hiciera otra vez de las suyas: la bicicleta financiera esfumó el nuevo empréstito sin aplicar un solo dólar a vialidades, escuelas, hospitales, centros culturales ni nada. Ni una sola obra pública ha inaugurado Milei, todo se ha destinado al negocio financiero de unos cuantos. Ese era el plan desde el principio, un plan de saqueo que además de industricida ha arrasado el empleo, los salarios y el consumo, daños encubiertos por el periodismo amigo y un aparato de redes sociales cuyos integrantes más visibles son otro Caputo (Santiago) y un tal Gordo Dan (Daniel Parisini), inventor del ridículo nombre “Las fuerzas del cielo” e innumerables tuits tan bravucones como idiotas.

Desde diciembre de 2023, cuando asumió, Milei no ha dejado de escupir disparates, insultos y mentiras, muchos con metáforas anales que se han convertido en tema de estudio para la psicología avanzada. No se cortó el brazo por la suba de impuestos, no quemó el banco central, no dolarizó, no dejó de endeudar al país, no mejoró la vida de los argentinos y no bajó realmente la inflación, sino el consumo. Tras año y medio de gobierno, el único capital que le quedaba era simbólico: se afirmaba que Milei era honrado, a diferencia de todos los políticos, seres intrínsecamente corruptos. Como ya sabemos, fue una falacia más: Milei no es corrupto, sino corruptísimo. Esto resultó evidente el tierno 14 de febrero de 2025, cuando la estafa Libra lo agarró con los dedos en la puerta. En uno de los episodios más bochornosos en la historia de la televisión latinoamericana, el célebre Peluca sostuvo una entrevista con el tapete Jonny Viale, quien hizo su mejor esfuerzo para exculparlo de la tropelía. Fue el famoso diálogo en el que Viale aceptó que Santiago Caputo, el mago del Kremlin sudamericano, le peinara las preguntas mientras grababan la pantomima.

La estafa Libra sigue en proceso judicial, y se espera que EUA y otros países, como España, donde hubo muchos trasquilados, puedan vestir con traje de cebra a más de uno. Pero por su distancia de la vida cotidiana, la burla de la criptomoneda Libra pudo ser sorteada a los tumbos ante la opinión pública argentina, y a estas alturas, dada la mierda que ha brotado en los días recientes y sobre todo debido a que el dólar ya no da para más y está a punto de devaluación, los días tranquilos de Milei se han acabado.

La mierda a la que recién me referí es el escándalo de los sobornos destapado por los periodistas Mauro Federico, Ivy Cángaro y Jorge Rial, acontecimiento resumido por el éxito veraniego “Alta coimera”, una parodia que juega con el estribillo de “Guantanamera”, famoso son cubano que en su letra incluye algunos versos de José Martí. Como dije, el precario capital de Milei ya era sólo simbólico, su honradez, pero tras salir a la luz pública los audios de su abogado y encargado del área de atención a discapacitados, Diego Spagnuolo, es evidente que Karina Milei, una tarambana que habla como el culo, para decirlo con una imagen poética digna de su hermano, estuvo recibiendo retornos o coimas del 3% por las compras gubernamentales de medicamentos a la farmacéutica Suizo Argentina. Esto es nomás la punta del iceberg, viveza criolla que per se es grave pues supone que por un lado hubo recorte del padrón oficial de discapacitados y por otro la hermanísima del presidente recibía plata fresca que bien pudo servir para medicamentos destinados a la población más desvalida.

El surrealismo de Milei, “especialista en crecimiento económico con o sin dinero”, según su modesto decir, está llegando al ocaso. La catástrofe era previsible con solo ver uno de los programas de panel que lo convirtieron en figura pública de televidentes incautos y sinceramente esperanzados. Allí se podía notar que era un loco de manual, un desequilibrado que luego recibió el apoyo de un lado de la grieta aunque se tratara de un suicidio colectivo.

Mañana domingo hay elecciones en la provincia de Buenos Aires e intuyo que el lunes 8 se acelerará el desastre de Milei, el león que terminó siendo, como dijo Myriam Bregman, un “pobre gatito”, un guiñol del poder real que pronto defenestrará a este histrión del panelismo televisivo, poseedor de inciertas credenciales académicas, receptor de premios marca Patito, lamebolas de Elon Musk y Donald Trump, sionista lumpen y caja de resonancia en Davos del oximorónico filósofo-de-derecha Agustín Laje. Javier Milei llegó a la política sin política, con el odio despatarrado como único recurso de su personalidad. Ese odio ni siquiera matizado/mitigado por el instinto de conservación golpeó a muchos: el búmeran ha comenzado su regreso.

sábado, junio 14, 2025

Vientos de represión

 









Ver el espectáculo de la represión en EUA me recuerda que el pensamiento de derecha ha ganado terreno a grandes zancadas en el alma de la humanidad. Cada vez más ultra, la derecha del mundo sostiene que su lucha se debe a que desde hace muchos años va perdiendo la “batalla cultural”, lo que para ella es evidente en la orientación dominante en las universidades, en los derechos cada vez más amplios conquistados por y para la mujer, en los subsidios del Estado a la salud y a la educación públicas, en el desarrollo de los derechos humanos y otras prerrogativas conseguidas, en teoría, por la izquierda. Es hora de voltear todo eso, subraya la derecha.

La verdad es que los supuestos triunfos de sus adversarios zurdos son pírricos, apenas un poco de lo que se ha arrebatado a la voracidad del capitalismo, el tímido “estado de bienestar” que para la derecha siempre equivale a “comunismo”, a “dictadura”, como se etiquetó al gobierno apenas socialdemócrata de AMLO. Lo cierto es que la batalla cultural en verdad va siendo ganada, con ventaja, por el pensamiento fascistoide cada vez más explícito, como lo ha observado el psicoanalista Jorge Alemán. Se nota en todos lados: en los medios de comunicación, en las redes sociales, en los simples grupos de WhatsApp que hoy son indicador del pulso comunitario. Recuerdo que durante los procesos electorales se dejan venir a borbotones el odio y el simplismo con garrote de amigos y amigas que exhiben claramente, sin tapujos, al no tan pequeño granadero que llevan dentro. Los caracteriza el uso permanente de expresiones violentas y meritocráticas, la articulación de (por llamarlos de algún modo) argumentos que sin muchas variantes podrían ser los de Trump, Milei, Abascal, Bolsonaro, Netanyahu, Macri, Bukele y demás abanderados de la libertad y la sagrada teoría del derrame. Si este discurso no gozara de solidez en la batalla cultural, ¿cómo se explica que tales sujetos hayan ganado elecciones y tengan ahora tanto peso en la vida de millones de personas?, ¿cómo se explica el holocausto en Palestina, atrocidad de atrocidades, sin que genere la indignación del planeta entero y el repudio unánime a Benjamín Netanyahu, el Eichmann judío? La batalla que van perdiendo en realidad es lo contrario: una batalla que van ganando y en la que no deben aflojar porque el objetivo es aniquilar todo derecho social, por minúsculo que sea, sin desdeñar jamás las indicaciones del manual cárcel o bala a toda protesta colectiva. La motosierra de Milei es uno de los mejores emblemas de tal emprendimiento, aunque no el único. La motosierra: vaya metáfora de la bestialidad convertida en política pública que busca acabar con el Estado con recursos del Estado.

En Estados Unidos muchos votaron el retorno de Trump. No sólo los muy ricos adhirieron a su figura, sino también miles de “pobres de derecha” seducidos por la retórica estridente del energúmeno que pernocta en la Casa Blanca. Lo impresionante es ver en esto que la gente vota a sus verdugos, a decir del politólogo brasileño Jessé Souza. Muchos ciudadanos creen, como ocurre en la Argentina, que la barbarie de los gobernantes que han elegido no llegará a cagarles la vida. Tremendo error. Muy poco después de haber asumido, como Trump y Milei ahora, esos gobernantes muestran la hilacha, sus planes despiadados contra obreros, estudiantes, científicos, jubilados, mujeres, discapacitados, enfermos, migrantes, pequeños empresarios y demás. Luego de sus triunfos electorales, no pasa mucho tiempo para que se manifieste el exceso de Estado en un solo rubro de la economía: el represivo. Todo se recorta, menos la inversión estatal en macanas, escudos, balas y gases lacrimógenos destinados a quienes abracen la mala idea de quejarse en las calles.

La etapa superior del fascismo (un fascismo que hoy se hace del poder por la vía mediático-electoral) sólo sabe ejercer el gobierno en términos depredatorios, de allí que muy pronto suelan poner en marcha protocolos de aplastamiento a la protesta social. El caso más saliente del momento es el de Milei y, de última hora, el de Trump contra los migrantes. No sé en EUA, pero en la Argentina el orate que ejerce de presidente terminará mal. Ignoro cuándo, pero apuesto lo que sea a que la economía se le vendrá al suelo porque su éxito con la inflación, el equilibrio fiscal y el control del dólar son un embuste más grande que la generosidad del FMI. De ahí la condena de esta semana a Cristina Fernández: a punta de lawfare era necesario encarcelar a la única persona capaz de abrir una opción política al tendal de miseria y descontento que dejará el gobierno cruel y ridículo del ridículo y cruel Javier Milei, un títere de la ultraderecha global que más temprano que tarde tronará como fusible.