Mostrando las entradas con la etiqueta arturo pérez reverte. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta arturo pérez reverte. Mostrar todas las entradas

sábado, enero 31, 2026

Las palabras y los signos

 








El diccionario académico da una sola definición a la entrada “negacionismo”: “Actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes, especialmente el holocausto”. Como cualquier definición, esta podría ser mejorada para adaptarla al sentido actual, que llega hasta el adjetivo “históricos” de la cita, aunque también podría ser menos eufemística y cambiar el adjetivo “relevantes”, porque negacionista es quien niega ciertas realidades relevantes ocurridas en el pasado, pero relevantes en función de las atrocidades perpetradas por un gobierno o grupo político. Así entonces, alguien no es negacionista porque niega que tal o cual gobierno haya aumentado el impuesto predial o haya construido una escuela en lugar de una carretera, sino porque torturó, mató y desapareció, es decir, porque perpetró crímenes de lesa humanidad. Esto es ser negacionista.

España es un país que por su pasado reciente mantiene una permanente tensión entre negacionistas y “afirmativistas” (propongo este neologismo por mera analogía). El meollo del debate es, lo sabemos, la Guerra Civil, el franquismo y su política de aniquilación a quienes eran mínimamente sospechados de rojos. En los meses que corren, dos efemérides han atizado la rivalidad discursiva: por un lado, el cincuenta aniversario de la muerte de Franco (el 20 de noviembre pasado) y el noventa aniversario del inicio de la Guerra Civil (el 17 de julio de este año). Explicado de manera harto esquemática, se enfrentan dos trincheras: del ala izquierda, el PSOE (que gobierna) y Podemos (con sus dos voceras principales: Ione Belarra e Irene Montero), más Gabriel Rufián, de Ezquerra Republicana de Cataluya; y del otro, la derecha que es oposición en el PP encabezado por Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, y la cercanía, aunque más a la derecha, de Vox con personajes como Santiago Abascal, Pepa Millán y José María Figueredo. Por supuesto que se trata de un esquema simplista, pero creo suficiente para dibujar desde lejos la polaridad ideológica de la España actual.

En la semana que termina se manifestó con particular intensidad la polémica sobre la valoración de la Guerra Civil. Se debió sobre todo a que David Uclés, un joven escritor y músico andaluz, autor de La península de las casas vacías, novela que en las últimas semanas ha vendido miles de ejemplares, declinó participar en Letras de Sevilla, un encuentro cultural convocado por la Fundación Cajasol con la coordinación de dos escritores: Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra. Uclés grabó un video para decir que no participaría en la XI edición de Letras de Sevilla porque en la lista de participantes aparecían José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros, ambos políticos claramente ubicados a la derecha o poco más allá de la derecha: Aznar es orgulloso hijo de un falangista, y Espinoza es uno de los fundadores de Vox, partido que, entre otras ideas políticas convenientes a la oligarquía española, abraza férreamente la del negacionismo.

Tras la decisión de Uclés, otros escritores se bajaron del barco y comenzaron a poner énfasis en el nombre del festival: “1936: La guerra que todos perdimos”. Las palabras nunca son inocentes, y muchos vieron en esto una sutil intención de equiparar (“todos perdimos”) a los derrotados republicanos con los vencedores y ensañados franquistas. Ante esto, Pérez-Reverte y Vigorra publicaron una carta en la que exponían las razones para la posposición de LdeS; desde su primer párrafo son elocuentes: “La intención expresada en las redes sociales por grupos de ultraizquierda, proponiendo manifestarse de forma violenta ante el lugar donde está previsto celebrar la XI edición de letras en Sevilla (‘1936: ¿La guerra que todos perdimos?’) la semana próxima, nos hace aconsejar a Cajasol que aplace hasta nueva fecha los debates anunciados. Tal es el resultado de una campaña intolerable de presiones que desde el partido Podemos y medios afines se ha estado ejerciendo sobre algunos de los participantes, a fin de hacerles renunciar a su intervención en unas jornadas cuyo contenido éstos conocían perfectamente y cuya asistencia habían confirmado hace meses sin plantear objeción alguna”. No es necesario destacar que escribir “de ultraizquierda” fue preparar el terreno con una exageración que en teoría hace persuasivo todo lo que sigue: si lo dice la “ultraizquierda”, los malditos zurdos, malo debe ser.

Con columnas, artículos, declaraciones y torrenciales comentarios en las redes se desató en España un tsunami de opiniones a favor y en contra de los bandos. “Todo empezó con un título gloriosamente blanqueador: ‘1936: La guerra que todos perdimos’. Qué bonito, ¿verdad? Un intento de abrazar en la misma frase a golpistas y fusilados, a verdugos y víctimas, diluidos en una melancolía común, como si fueran igual de culpables Yagüe o Queipo que los asesinados en Badajoz o en Andalucía, como si cupieran en el mismo saco los asesinos de García Lorca y el poeta”, escribió Paco Arenas.

Un detalle que muchos “ultraizquierdistas” no pasaron por alto fue el uso tardío de los signos de interrogación. “1936: La guerra que todos perdimos” apareció en la carta de Pérez-Reverte como “1936: ¿La guerra que todos perdimos?”. Cuando saltó el detallito, el escritor sostuvo que la falta de los signos fue un “error de maquetación”, con lo cual terminó en el autogol, pues ese simple rasgo tipográfico da por hecho que a destiempo advirtieron el “todos perdimos” a secas como una barbaridad negacionista, una equiparación cínica para lavar un poco las manos ensangrentadas del franquismo.

Por otra parte, con o sin signos de interrogación, el sindicalista Diego Cañamero expuso que la guerra “la perdimos niños como yo que tuvimos que ponernos a trabajar a la edad de 8 años porque el hambre golpeaba en nuestros estómagos cada minuto del día, la perdieron los que fueron fusilados en paredes de cementerios y cunetas, la perdieron los que fueron a las cárceles, los que se quedaron sin padres, los que no tenían un trozo de pan que llevarse a la boca, la perdieron los que defendieron el gobierno democrático de la República... Así que, señores Reverte y Cajasol, el título de dicho acto es insultante, por eso quiero, desde esta página, felicitar a los conferenciantes que se han negado a participar en dicha jornada”.

Las palabras nunca son inocentes, dije hace algunos renglones. Amplío: ni los signos.

miércoles, mayo 07, 2025

Los anticuerpos de siempre













Enrique Macías recién me ha compartido un artículo que en efecto aguijó mi interés. En él, Arturo Pérez-Reverte despotrica contra las editoriales y los autores que en asociación ilícita revientan el mercado con libros sin mérito alguno. El alegato es general, abierto, casi para que cualquier empresa productora de libros se sienta parte del problema. Es difícil, imposible más bien, no coincidir con el escritor español, aunque el riesgo de abrir tanto el abanico es que en él quepan libros como los del mismo crítico: novelas y sagas diseñadas para el éxito de ventas, que al parecer es el único éxito que hoy importa.

Afirma el padre del capitán Alatriste: “Dense una vuelta por las mesas de novedades y comprobarán que lo de Jeosm [un fotógrafo amigo suyo que fue invitado a escribir una novela de lo que sea con tal de venderla] no es anécdota suelta, sino indicio de una estrategia editorial sin escrúpulos que como una mancha infame envilece lo que aún llamamos literatura. Cada año, cada mes, cada semana, una cantidad enorme de novelas aparece en librerías, plataformas digitales y redes sociales. Algunos de sus autores son mediocres o innecesarios, publicados por sus editores a ver si suena la flauta”.

¿No es este fenómeno similar al que se da en todas las artes? ¿Acaso no sobreabundan las propuestas de todos los pelajes? ¿Es posible frenar la avalancha de objetos culturales cuya única razón de ser es el propósito de lucro? Más adelante, observa: “No hay presentador de televisión, youtuber, influencer o famoso que, por iniciativa propia o inducida, en sus ratos libres, que por lo visto son muchos, no pruebe suerte con la tecla”. Particularizar, decir que los youtubers y los influencers son quienes infestan el mercado del libro es casi improcedente, pues en realidad el tumulto de los que hoy producen libros no se restringe a un tipo específico de persona. Es más fácil decir “cualquiera”, o al menos “cualquier famoso”.

Tampoco es un mal sólo atañedero a la literatura, al libro. Hoy, tras el boom de la comunicación digital, cualquiera que tenga un celular y una cuenta de red social puede ser actor, cantante, fotógrafo, estrella porno, politólogo, orientador vocacional, conferencista, científico, mago, cómico, chef... Un poco de fama previa y algo de suerte pueden facilitar cierto éxito, como pasa con los exfutbolistas que ahora se han autohabilitado de entrevistadores en streaming o perpetradores de tik toks.

En este mundo revuelto nos movemos ahora: el de los “creadores de contenido” que se reproducen como chancros. Lo que debemos invocar no es que desaparezcan equis o zeta productos, aspiración hoy imposible de satisfacer, sino alentar en los consumidores la procura de un cedazo con la cuadrícula más cerrada; es decir, lo de siempre. Quien lo logre al final terminará encontrando que lo bueno, lo meritorio, lo atendible, es lo mismo que ya había antes de que fuera tan fácil la multiplicación/exhibición de la estupidez. 

sábado, marzo 30, 2024

Vanidad con citas torpes









Un video de YouTube —siempre he querido usar videos de YouTuve como tema de conversación y de escritura— expone el pleito sostenido entre los escritores Francisco Umbral y Arturo Pérez Reverte. Ocurrió en 1999, y todo comenzó con un viaje de Pérez Reverte a Buenos Aires. Allá, un periodista de Página 12 le pidió opinión sobre Borges, y el español dio su respuesta. Al día siguiente, el diario argentino cabeceó la nota más o menos así: “‘Borges era un gilipollas’: Pérez Reverte”. Ya no es necesario aclarar que “gilipollas” es en España “necio” o “estúpido”, y en México sería aproximadamente a quien tildamos “pendejo”.

El polémico Umbral tomó el asunto en sus manos para desagraviar a Borges, lo que, de entrada, parece justo, pero lo hizo de un modo peculiar, así, según el video: “El novelista Arturo Pérez Reverte ha ido a Buenos Aires para decirles a los argentinos que Borges era gilipollas. En realidad, Pérez Reverte ha elegido a Borges como Chivo emisario para atacar a todos los escritores de prosa pura, de creación verbal. Por ejemplo, en un relato de acción: 'Nadie le vio desembarcar en la noche mutua'. Donde Pérez Reverte hubiera necesitado unas cuantas páginas de descripción prolija, intrigante y para mí aburrida, Borges resuelve el caso con un adjetivo inesperado, breve, tomando (sic) de otro orden de cosas, y que con sus dos 'ues' ya nos da la oscuridad y cerrazón de la noche. Pérez Reverte, gran muñidor de asuntos, no comprende que la crítica le trate mal o no le trate. En una época de pasión por la escritura el escritor de acción y asunto se queda para los best selleres, y un best seller no es más que un tumor canceroso que le sale a la literatura. Pérez Reverte, que ha cubierto con brillantez su vocación de narrador aventurero, está ya en edad de aprender que, de Quevedo a Borges, de Miró a Cela, la literatura es el cómo, la voz propia. Borges, como el mismo dijera de Quevedo, ‘más que un escritor es una vasta y completa literatura’. Un respeto, joven”.

El golpe fue dado y de entrada uno siente que Umbral tuvo razón en varios puntos de su alegato: en la literatura es muy importante el cómo, el best seller es un tumor canceroso, Borges es una vasta literatura… Obviamente, el asunto no terminó allí. No sé si antes o después del tomaidaca, Pérez Reverte describió en una entrevista para la televisión cómo estuvo el asunto cuando en Buenos Aires le preguntaron sobre Borges: “Bueno, Borges es un escritor inmenso además al que le dedico La tabla de Flandes; lo que pasa es que Borges tenía un aspecto snob o como dicen aquí [en Argentina] ‘concheto’. Bueno, concheto es un poco gilipollas, y así fue como salió el titular del periódico: ‘Borges era un gilipollas’”. Hasta allí la aclaración en tevé.

La columna de respuesta, también resumida en el video, señala: “Francisco Umbral, guardián de todos los centenos sembrados por los grandes de la literatura —preferiblemente muertos, que se dejen plagiar sin decir ni pío— me hizo el honor de dedicarme una doble página de revista, aprovechando la coyuntura para hablar de su autor favorito, que es él mismo. El planteamiento era previsible: Pérez-Reverte ataca a Borges. Borges y nosotros estamos en el mismo nivel, Maribel. Luego Pérez-Reverte nos ataca a nosotros que nos queremos tanto. Francisco Umbral mezcla las churras con las merinas para ir donde pretende y le duele: que la literatura ‘de asunto’ es el cáncer de la verdadera literatura. Y luego va a firmar a la Feria del Libro y se encuentra que Javier Marías está firmando con una cola de cincuenta señoras encantadas y otros tantos caballeros —lo de las señoras es lo que más le mortifica—, y el propio Umbral sólo tiene seis que pasaban por allí, eso genera muy mala leche”.

Puedo decir que el agarrón me deja a medio camino entre los dos. Pérez Reverte observa bien que Umbral respinga para ubicarse a sí mismo en el nicho de Borges, pero no me parece gran argumento el de las ventas descomunales (a las “señoras encantadas”) en las ferias, lo que supuestamente Umbral envidia. Mejor argumento para anularlo pudo ser la pésima manera de citar usada por Umbral; Borges no escribió “Nadie le vio desembarcar en la noche mutua”, dizque primera línea del cuento “Las ruinas circulares”, que en su cita incurre en leísmo y adjetiva mal, pues el original es “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”. Otra cita cuestionable es la referida a Quevedo: “más que un escritor es una vasta y completa literatura”, que Borges acuñó “Francisco de Quevedo es menos un hombre que una dilatada y compleja literatura”.

El video de YouTube con este penoso match aparece titulado “Francisco Umbral vs Arturo Pérez Reverte por insultar aBorges-1999”, y las columnas de ambos escritores figuran completas en la web lahemerotecadelbuitre.com