Hristo Stoichkov (Plovdiv, Bulgaria, 1966) es considerado, sin migaja de duda, el mejor jugador de su país, que dicha sea la verdad no ha producido futbolistas de altura como lo han hecho Alemania o Brasil, por mencionar sólo dos naciones representativas como semilleros. Era de estatura media, veloz y sobre todo fuerte, con la fibra que siempre tuvieron los cargadores de pesas búlgaros en las olimpiadas. En la cancha era aguerrido, bravo, no le sacaba al choque y sabía defenderse de las patadas y los codazos enemigos. La cifra de sus goles llegó casi a 300, y fue en la Barcelona de Cruyff donde puso en práctica su mayor habilidad: acompañar las jugadas, estar en el lugar correcto en el momento correcto, de ahí que la mayoría de sus tantos cayeron en el último toque, casi como trámite gracias a que el búlgaro estaba allí, encima del arco, en el asedio, siempre amenazante, siempre con la parte interna de ambos zapatos lista para empujar el balón. Más que un gran jugador búlgaro, fue y sigue siendo un símbolo de la casi oculta (para nosotros) Europa del Este. Por un golazo en el Mundial 1994, en México dejó un mal recuerdo.
viernes, julio 17, 2026
domingo, junio 21, 2026
11. Cruyff
Johan Cruyff (Ámsterdam, 1947-Barcelona, 2016) jugaba antes de la línea de ataque, pero su manera de picar, de encarar y eludir defensores desde tres cuartos de cancha lo llevó a cosechar una cuota de goles nada despreciable para cualquier mediocampista. Fue el mejor futbolista del mundo durante el primer lustro de los setenta, cuando Países Bajos se convirtió, de la mano del DT Rinus Michels, en un artefacto cuyo desempeño dio origen a la noción del “futbol total”. El equipo de sus mayores logros fue el Ajax, donde en dos periodos sumó más de 200 goles (el total de su carrera no quedó lejos de las 400 anotaciones), una cantidad nada común para un arquitecto y constructor de la media cancha. Por fortuna, hay videos suficientes en los cuales podemos observar su estilo de juego; con otra estatura y otro ritmo, en algo recuerda a Lionel Messi: toma la pelota y frente a él hay un tercio de campo y varios defensores; Cruyff levanta la cabeza y como en cámara lenta, con sutiles quiebres de cintura a izquierda o derecha, elude rivales como si fueran conos de entrenamiento para luego batir al guardameta. Su magia radicó en aquel zig-zag indetenible.


