Conferencia completa del doctor Miguel Alcubierre ofrecida el 2 de
octubre pasado en el Teatro Isauro Martínez. El video alcanzó para incluir, al
inicio, mis palabras de bienvenida al académico. La breve parte que me
corresponde tiene algunas levísimas interferencias, como diálogos en voz baja,
pero afortunadamente son pocas. Pueden verlo y escucharlo en esta liga.
Las palabras que corresponden a mi alocución fueron las siguientes:
Miguel Alcubierre, científico
Si me preguntaran cómo me
siento en este instante no dudaría en parafrasear los títulos de la dupla
conformada por el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga y el escritor Juan José
Millás, ambos españoles. Como tal vez ustedes saben, los dos han publicado una
serie de libros muy bien recibidos por el lector y la crítica. Son textos
científicos, antropológicos, de carácter divulgativo, y su contenido se basa en
el diálogo. En ellos, el investigador Arsuaga explica al narrador Millás la
vida, la muerte y la conciencia, cada tema en un volumen. Los tres libros tienen
un título curioso y similar: La vida (o
la muerte o la conciencia) contada por un
sapiens a un neandertal. En este caso, obviamente, el sapiens es el
paleoantropólogo y el neandertal es el escritor.
Toda proporción tomada
respecto de mí, junto al doctor Alcubierre así me siento, un neandertal. No es,
de cualquier manera, una posición indecorosa, ya que los neandertales y yo
compartimos una buena cantidad de ingredientes biológicos. Las altas
credenciales académicas del físico mexicano me quedan a años luz (nunca mejor
dicho), pero esto es una buena noticia cuando uno habita la sombra en algún
tema, pues toda luminosidad, grande o pequeña, es un paso adelante en el arte
cada vez más desdeñado de aprender con humildad. Gracias pues, de antemano, al
doctor Alcubierre por su visita y por representar a nuestro país como
científico en las grandes ligas del conocimiento.
Además de escuchar su
conferencia, titulada “Más rápido que la luz”, quizá en el camino nos enteremos
cómo hace un mexicano para alcanzar las cotas de rigor que él ha tocado en la
ciencia. Sé que, como los Revueltas, el doctor que nos visita es miembro de una
familia de intelectuales (por ejemplo, su hermana Beatriz es una reconocida
historiadora y por ella fue por quien primero supe en México del apellido
aragonés Alcubierre). En un país como el nuestro, más bien dependiente de la
ciencia foránea, el caso del doctor Alcubierre tiene mucho que decirnos acerca
de nuestras capacidades y del caldo de cultivo que tienen la divulgación y la
familia, además del apoyo institucional al trabajo investigativo como el encabezado
por la UNAM.
El tema que hoy nos ocupa
tiene que ver con el tiempo y el espacio, ambos, al parecer, infinitos. Esta
idea le sirvió a Borges para acuñar una de sus famosas afirmaciones: si el
espacio y el tiempo son infinitos, siempre estamos en el centro del espacio y
en el centro del tiempo. Por otro lado, no deja de parecerme que la cultura
popular también acierta a crear ideas interesantes. Hay una canción irremediablemente
cursi cuya afirmación vertebral es, disculpen la cita textual en este foro,
“tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir”. Así estamos aquí con
el doctor Alcubierre: coincidiendo en el tiempo y quizá no en el centro del
espacio, pero sí en el centro de Torreón ahora lleno de hoyos negros por las
lluvias de estos días, pero dentro del Teatro Isauro Martínez, lo que sin duda
es el acontecimiento de su índole más importante de nuestra región al menos en lo
que va del año.
Por último, esta conferencia
se la debemos al empuje de uno de nuestros divulgadores más tenaces en materia
astronómica, Alberto de la Fuente Trasfí. No sería justo omitirlo como el
principal responsable de que nuestro lujoso invitado se encuentre en esta sala.
Bienvenido a La Laguna, doctor
Alcubierre. Lo escucharemos con admiración, respeto y previo beneplácito.
Y muchas gracias también a ustedes por acompañarnos.

