miércoles, octubre 07, 2026

Mismo pero diferente libro


 











Una breve anécdota de lector. En estos días leí El mundo de ayer (1942), la memoria del gran Stefan Zweig. Era un libro largamente pospuesto, pero afortunadamente ya pude terminarlo y, pese a todo, me pareció espléndido. El “pese a todo” figura en la frase anterior no por el libro en sí, al que es muy difícil marcarle deficiencias, sino por mi lectura. Por razones que no urge traer, lo leí en tres formatos distintos y en igual número de traducciones. El original, como toda la inmensa obra creada por Zweig, fue escrito en alemán, y haberlo leído en un trío de versiones es una experiencia peculiar, tanto que se me ocurrió compartir tres ejemplos simétricos.

No soy obseso de las traducciones. Sé que hay malas, buenas y excelentes, pero, como en este caso, mientras no aprenda alemán tendré que resignarme a la que caiga. Comencé a leerlo en papel, en el gordo tomo IV de las obras completas del austriaco. Lo cargué en una salida y lo dejé olvidado en la casa de un familiar, así que le seguí en una versión electrónica (EPUB). Luego, en una antesala, sin ninguna de las dos versiones anteriores a la mano, lo hallé en PDF y pude leer algunas páginas en el celular. Ustedes decidan cuál es la mejor y si le hallan mucha diferencia.

Papel: “Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página, sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea, sin dejarle tomar aliento, me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro sobrecargados con descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias innecesarias, que les quitan tensión y les restan dinamismo”.

Electrónico: “Sólo un libro que constantemente, página a página, me mantiene al borde del asiento y me arrastra sin aliento hasta la última página me proporciona un disfrute total. Nueve décimas partes de todos los libros que caen en mis manos me parecen demasiado amplios, con descripciones superfluas, diálogos chismosos y personajes secundarios innecesarios y, por tanto, no lo bastante emocionantes, no lo bastante dinámicos”.

PDF: “Sólo un libro que no cese de mantener su nivel página tras página y me arrastre hasta el final de un tirón y sin dejarme tomar aliento me produce un placer completo. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro llenos de descripciones superfluas, de diálogos plagados de cháchara y de personajes secundarios innecesarios; resultan demasiado extensos y, por lo tanto, demasiado poco interesantes, demasiado poco dinámicos”.