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miércoles, julio 29, 2026

Virales que sí sirven

 











La viralidad es un fenómeno que en la mayor parte de los casos se relaciona con lo audiovisual: un accidente, una agresión, un hecho extraño, la burrada de un famoso son los productos más socorridos de la divulgación repentina, de “lo viral”. Todo esto termina por ser, claro, una pérdida de tiempo entre las muchas otras miserias del universo digital que sólo son eso, pérdida de tiempo. Curiosamente, también hay productos virales de índole textual. No alcanzan por supuesto el efecto masivo de los audiovisuales, y de hecho su viralidad es tan modesta que quizá ni es digna de ser ubicada en tal rango.

Pienso que un texto (columna, artículo, crónica, poema…) es viral cuando aparece en mi celular o mi computadora como reenvío de varios contactos. Ya para que tres o cuatro amigos lo divulguen quiere decir que les llegó por diferente medio, que es un texto con capacidad de filtración. En estos días me llegó uno. Cuatro amigos que no se relacionan entre sí me enviaron el artículo “España contra todo pronóstico”, escrito por Gilberto Carrasquero Naranjo, periodista/escritor de quien no tengo más data.

Es muy bueno. Trata, lo resumo muy apretadamente, del sistema de salud en España, de sus avances y del futuro que se le augura en función de las estadísticas actuales. Resulta significativo recibir esta información, pero más enterarnos de que es muy probable que España tenga avances en la salud pública en función de un ítem que no parece tener nada que ver en el asunto: la cultura de la reunión, por llamarla de algún modo.

Desde los dos primeros renglones, Carrasquero Naranjo plantea lo que parece una anomalía (y lo es, pero benéfica): “España tiene más bares que camas de hospital. Léalo de nuevo, despacio. Unos 260.000 bares frente a unas 140.000 camas hospitalarias”. Cuando dice “bares”, es claro que no debemos entender el sustantivo sólo en el sentido mexicano, como sinónimo de cervecerías o cantinas. Bares sería en el caso español cafeterías, restaurantes, sitios para reunirse y conversar en los que también, obvio, puede ser incluido el alcohol.

No es difícil encontrar mediante Google el texto de Carrasquero Narranjo. Nos plantea con buena prosa y datos contundentes que hablar, que ver amigos, que ejercer el ocio sin apremio por producir bienes o servicios es quizá el mejor medicamento y no aparece, por desgracia, en ninguna prescripción médica.

miércoles, junio 09, 2021

Mar de excesos

 












Durante muchos miles de años los parientes más cercanos de los seres humanos, y tras la evolución el mismísimo homo sapiens, se alimentaron directamente de la naturaleza. Lo que ésta producía en términos de frutos y carne animal era tomado por el hombre como sustento de su vida. No fue sino hasta muchísimos siglos después cuando los ingredientes del medio natural fueron procesados, combinados y resguardados en recipientes desechables con el fin de servir como alimento. Tenemos, pues, apenas una pizca de tiempo en la historia de la humanidad en convivencia con vidrios, papeles, metales y plásticos como habitáculos de lo que comemos.

En el mercado actual, los recipientes han pasado a ser más que eso. De hecho, quizá la parte más importante de su valor no está en el servicio que prestan, sino en la capacidad que han adquirido para seducir al comprador. Gracias a su diseño y su practicidad, todos los depósitos y envoltorios son la primera cara que observan los consumidores, de ahí el esfuerzo de los mercadólogos por hallar nombres atractivos para los productos y descubrir materiales adecuados y vistosos para cada artículo. Los líquidos han encontrado el vidrio, el metal y el plástico, tres posiblidades para imprimir colorido a los exteriores y ser un resguardo sumamente efectivo contra los derrames y la caducidad corta. Y así todo: el papel para las galletas y los cigarrillos; el plástico para los embutidos, y miles y miles de productos más.

La posibilidad de contar con un recipiente de uso único abrió cancha al añadido de mensajes en la fachada de cada artículo. Encontrar información en cada uno de esos objetos se convirtió en una realidad tan evidente que con el tiempo fue marginado por la mirada del consumidor. Aunque habrá alguno que otro lector asiduo de etiquetas, lo habitual es que no reparemos en ellas y olímpicamente las pasemos de largo, pues a nadie le interesa saber en qué lugar fabrican algo, cuál es su dirección web, si tiene o no código QR, cuándo fue fundada la empresa y un largo etcétera que incluye ingredientes y fecha de caducidad.

Por esta costumbre ya bien socializada de no leer información en las carátulas de los productos —y por razones aún más pesadas de salud pública, obviamente—, surgió la iniciativa oficial de imprimir plastas hexagonales negras con advertencias para el consumidor, todas encabezadas por la palabra “exceso”: de grasas saturadas, de grasas trans, de sodio, de azúcares, de calorías, además de otras rectangulares con las leyendas “contiene cafeína, evitar en niños” y “contiene edulcorantes, no recomendable en niños”. Así, de golpe comenzaron a aparecer en el súper y en las tienditas los productos comunes ahora aderezados con el hexágono delator. La medida nos hizo ver de manera casi escandalosa la calidad de la mugre que metemos al cuerpo, aunque la cantidad de tales porquerías quedara todavía a oscuras. Sea como sea, ahora resulta imposible no leer, y leemos.

Uno de los rasgos de la comunicación es el desgaste semántico de los mensajes reiterados. Así como, debido a su ubicuidad, logramos abstraer las noticias sobre asesinatos en el mundo del narco, la mente del consumidor poco a poco, hoy, va invisibilizando los hexágonos negros, tal y como también procedieron los fumadores aunque al principio se alarmaran con las imágenes de ratas y manos de leproso en cada cajetilla. Sospecho, en suma, que no bastarán las advertencias sobre la etiqueta para mitigar los altos índices de obesidad, hipertensión y diabetes del pueblo mexicano. La lucha contra esos males debe pasar por allí, ciertamente, pero también por un énfasis en la educación de los consumidores y mayores presiones a los fabricantes para moderar los excesos que, por desgracia, se han vuelto adictivos, parte ya de la pavorosa dieta nacional.

sábado, noviembre 28, 2020

Más que una alerta

 







Durante los largos meses del confinamiento muchos atravesamos ya por todos los sentimientos posibles. Cierto que hemos podido conocernos mejor, que la vida nos encaró de golpe con una situación global inédita. Es deseable, aunque no se haya dado así de manera uniforme, que muchos hayan mejorado como seres humanos, que el encierro y las largas horas de reflexión personal que el aislamiento ha posibilitado deriven en un mentalidad colectiva más solidaria y empática. Eso, como digo, es lo deseable, pero ya sabemos que el trecho entre lo deseable y lo real a veces es muy amplio, tanto que en cierto momento es posible que en lugar de mejorar hayamos empeorado. Esto lo iremos sabiendo poco a poco.

Comento lo anterior porque en la semana que recién se apaga circuló entre nosotros un comunicado de la Mesa de Salud de La Laguna. El estilo de estos mensajes oficiales suele ser (debe ser) siempre prudente, mesurado, para no infundir alarma en los receptores. Ciertamente, el mensaje que cito cuida con celo ese detalle, pero no puede ocultar lo inocultable: la Mesa de Salud de La Laguna se muestra preocupada ante el poco cuidado de la población para adoptar las medidas preventivas. Lejos de hacerlo, da la impresión de que en muchos casos se ha relajado la atención de la ciudadanía hasta llegar al colmo de organizar fiestas con numerosa concurrencia. Esto es terrible desde cualquier ángulo que se elija para verlo: es terrible para la ciudadanía, pues se pone en riesgo gratuitamente, sin sentido; es terrible para los familiares y amigos cercanos de esas personas, pues al día siguiente de la fiesta pueden convivir con personas contagiadas; y es terrible para las autoridades y el heroico personal de salud, que no se dan abasto para atender todos los casos de contagio que genera la propagación del padecimiento.

Resume el comunicado: “El llamado a la conciencia social para mitigar los impactos negativos de esta pandemia parece no dar resultado. Apelar al buen comportamiento y a respetar en todo momento las medidas sanitarias está fracasando. Tan solo en esta última semana se registraron más de 1,400 nuevos casos de covid-19 y más de 150 defunciones. Al día de hoy existen más de 500 personas hospitalizadas en La Laguna representando un 87% de ocupación hospitalaria. Se estima que el 40% de las pruebas de laboratorios privados están resultando positivas. Muchas camas no cuentan con personal médico para atenderlas, ni equipamiento para recibir pacientes. Semana tras semana la historia se repite, cientos de reportes a la autoridad de casos que violan los protocolos, que se traduce en más y más contagios, y una falta de empatía con los ya agotados médicos, enfermeras y resto de trabajadores de la salud. Han fallecido más de 30 personas del personal de salud, más otro tanto está hospitalizado, lo que representa un peligro ante una posible falta de atención médica. No podemos esperar resultados diferentes si seguimos haciendo las mismas cosas. Sí es posible estar peor si no implementamos a tiempo medidas más estrictas”.

En efecto, la Mesa de Salud de La Laguna propone medidas más severas para controlar la difusión de la pandemia en nuestra localidad. Están en internet, todos podemos tener acceso a su conocimiento, pero de nada servirá leerlas si no las acatamos con rigor personal y familiar. Evitemos pues que todo esto se desborde.

Nota. Estas son las recomendaciones de la MSLL:

A las autoridades y a la ciudadanía en general, les pedimos:

• Restringir la movilidad de 10:00 pm a 5:00 am de jueves a domingo (está probado científicamente, qué al reducir la movilidad, se reduce el contagio).

• Suspender toda clase de eventos sociales y valorar su reapertura según mejoren condiciones de salud (Bodas, bautizos, celebraciones religiosas, etc.)

• Suspender todo tipo de reuniones privadas por el momento. (Se requiere bajar la curva de contagios).

• Incluir a Gómez Palacio en la aplicación de la vacuna de ensayo de Cansino Biotech.

• Homologar medidas sanitarias y de movilidad entre todos los municipios de la Laguna.

• Continuar dispersando reuniones sociales y comercios, además de aplicar las sanciones económicas ya dispuestas en caso de no acatar los protocolos.

• Evitemos los festejos navideños en esta navidad, hagamos algo diferente. Si queremos a la familia hay que protegerla.