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jueves, julio 16, 2026

36. Sánchez

 








El recuerdo más lejano que conservo de Hugo Sánchez (Ciudad de México, 1958) se remonta a su participación en la selección olímpica de 1976. Parecía ser uno de los más destacados en aquel grupo de buenos jugadores, pero apenas pocos años después, ya como profesional en los Pumas y todavía muy joven, disputó a Cabinho el liderato de goleo en México. En otras palabras, el juvenil “destacado” terminó por convertirse, sin sombra de duda, en el mejor jugador mexicano de la historia. Lo fue por su talento natural, pero también por su fervor competitivo. Los más de 500 goles que figuran en su estadística se agigantan en función del equipo que lo vio encaramarse hasta la punta del futbol mundial: el Real Madrid, club en el que, con más de 200 tantos, se convirtió en “pentapichichi”. Era rápido y elástico, de un resorte poderoso y una capacidad imprevisible para la pirueta. Creo que de él es la mejor chilena de la historia, la más estética. La habilidad que lo encumbró fue el olfato, la anticipación para rematar como venía. Tuvo por ello una temporada de 38 goles ¡de un solo toque! Ha sido el mejor futbolista mexicano, es imposible negarlo.

miércoles, junio 17, 2026

7. Cabinho


 







El primer goleador implacable que vi en mi vida fue Evanivaldo Castro (Salvador, Bahía, Brasil, 1949), quien vino a los Pumas para luego jugar en el Atlante, León y Tigres. Pese a su tremenda cuota goleadora y debido al aislamiento del futbol mexicano, fue imposible que lo llamaran a la selección brasileña que alineaba por aquellos años a Roberto Dinamita y luego a Careca, el colega de Maradona en Nápoles. Cabinho fue bautizado así, según contaba Ángel Fernández, por la vinculación de su familia con el ambiente militar, de suerte que los soldados llamaban “cabito”, “cabinho”, pequeño cabo, al niño Evanivaldo. Pero más allá del mito sobre el alias, el brasileño es hasta hoy el máximo bombardero de nuestro futbol. Sólo con la UNAM hizo más de 200 goles sin un común denominador, pues los anotaba de todos los sabores. Si algo recuerdo de su estilo es, sin duda, la potencia: sus piernas eran tan fuertes que superaban a los defensores en la carrera y disparaban con violencia desde cualquier ángulo tanto en movimiento como desde un punto fijo, de ahí que fuera temible también en los tiros libres. Además, cabeceaba bien. Una palabra puede, para acabar pronto, definirlo: letal.