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sábado, julio 04, 2026

Obra de Licerio

 








Hace tres años, en el segundo párrafo les digo por qué, escribí esta breve semblanza: “Las imágenes que acompañan este número de Acequias son grabados del maestro Alonso Licerio Valdés (Ciudad Lerdo, Durango, 1944), maestro de la Universidad Iberoamericana Torreón. Forman parte de la exposición ‘Estampas del Nazas’ expuesta en la Galería Universitaria San Francisco de Borja de la Ibero Torreón en la primavera de 2023. Alonso Licerio estudió en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, del Instituto Nacional de Bellas Artes, y sin duda ha sido el maestro de grabado más constante y representativo en la historia de la comarca lagunera. Es significativo anotar que el primer número de Acequias fue ilustrado con su obra, de manera que esta salida 90 vuelve a recibirlo con las páginas abiertas”.

Son las palabras que describen al ilustrador de la edición número 90 (enero-abril de 2023) de la revista Acequias de la Ibero Torreón. En total elegí 16 grabados para aquellas páginas, todas, obvio, con el sello “Licerio”, el del grabado clásico. La razón por la que recuerdo su trabajo gráfico es triste: ayer me enteré de que el maestro Licerio murió. La última vez que nos saludamos fue hace cerca de dos años en mi oficina de la universidad, lugar al que frecuentemente pasaba a saludarme para conversar un rato. Un detalle curioso es que siempre aparecía con algo en las manos, como visitante de los de antes. Era por lo común algún libro o grabado, algo, lo que fuera. Lo último que me obsequió fue una compilación sobre tres poetas franceses; lo curioso del regalo era, es, que dos páginas blancas (llamadas “falsas” en el argot editorial) lucen una especie de “intervención”, pues alguien las usó para dibujar, con tinta china, un rostro en una y en la otra una especie de ángel victorioso.

A Alonso Licerio lo conocí en 1981, hace 45 años. Iba al tercer semestre de mi accidentada preparatoria y me tocó de maestro en la clase de Estética. Para entonces las peluquerías habían dejado de ser nomás peluquerías y comenzaron a llamarse también “estéticas”, así que el nombre de la materia provocaba risa entre mis compañeros. Recuerdo ahora con mucha vaguedad el esfuerzo del profesor por mostrarnos el valor del arte. Yo estaba en una etapa muy dispersa de mi vida, me gustaba leer en secreto, sí, pero más jugar futbol y juntarme con los queridos amigotes de la esquina, así que la prepa me parecía tortuosa, un lamentable desperdicio de tiempo. Pese a esto, sé que algo se me pegó de la materia impartida por el profe Licerio, sobre todo sus énfasis en el Muralismo mexicano y en la figura de dos de sus rivales: Tamayo y Cuevas.

Luego del primer contacto preparatoriano, pasaron algunos cinco años para que yo comenzara a vincularme con el mundillo cultural de La Laguna. Lo hice más que nada, por supuesto, con el gremio literario, pero no faltó que, como siempre ocurre, tuviera tratos con músicos, actores y artistas plásticos. En esos trotes reapareció el profe Licerio y desde entonces empezamos a tener una relación muy parecida a la amistad, aunque sin frecuentación. Además de las actividades artísticas, nos unía, creo, una especie de identidad política similar, simpatías ideológicas más que diferencias. Además —y esto no es poco ingrediente para la memoria—, uno de sus dibujos sirvió como viñeta de mi primer cuento publicado en un periódico.

Fue profesor de muchísimos estudiantes tanto en el aula como en los talleres de gráfica que encabezó. Sospecho que es unánime la opinión que sobre él nos hicimos. Ahora que ha partido, por ejemplo, Sergio Garza Orellana, curador del Museo Arocena y uno de sus discípulos más adelantados, le dedicó estas palabras: “Hace ya casi 20 años conocí a Alonso Licerio en los pasillos de la universidad. Daba la materia ‘Genealogía de los objetos mexicanos’, una cornucopia de reflexiones acerca del arte, la poesía, el grabado y el México contemporáneo. Fue uno de mis primeros contactos con el mundo artístico, y una verdadera fortuna haberlo hecho a través de los ojos de Alonso. Concebía el grabado como la poesía de las artes visuales y, junto con Octavio Paz, afirmaba que la poesía no era un decir, sino un hacer, con lo que siempre fue consecuente”. Suscribo el parecer de Sergio.

Ahora que ha partido, me quedan varios grabados de su producción y lo más importante: el buen recuerdo de un maestro insistente como pocos en mostrarnos el camino del gran arte.

Descanse en paz.

sábado, octubre 11, 2025

Cincuenta de Miguel Báez

 









Miguel Eduardo Báez Durán (Monterrey, Nuevo León, 12 de octubre de 1975) es mi amigo desde hace aproximadamente treinta años. Lo conocí cuando frisaba la veintena, poco más o menos, y era estudiante de la carrera de Derecho en la Universidad Iberoamericana Torreón. No recuerdo si fue mi alumno en alguna materia curricular o sólo del taller literario que propuse abrir allá por 1995. Procedo con la sola herramienta de la memoria, por eso la inseguridad de algunas fechas. No importa. Lo que importa es que Miguel mañana cumple cincuenta años y durante treinta de ese medio siglo lo he sentido cerca como amigo, un amigo al que estimo y admiro.

Cuando Miguel llegó a mi taller literario no pasó mucho tiempo para que llevara uno de sus cuentos. En un contexto (más ahora) de escritura deshilachada, sin respeto por el aseo y la claridad ni siquiera entre personas con títulos académicos, aquel joven fue una inmediata sorpresa para mí: escribía con una pulcritud que no correspondía con su corta edad. Sus cuentos se dejaban leer fluidamente, sin los accidentes habituales en las cuartillas de quienes escriben sin saber que escriben mal. La forma de su escritura tenía mucho de intuitivo, de puesta en acto del talento natural, es verdad, pero pronto me di cuenta de que tal pulcritud tenía otro soporte: Miguel había leído vorazmente, tanto que ya era posible hablar con él como si se tratara de un escritor maduro.

Luego de las primeras sesiones en el taller literario ocurrió un hecho que jamás olvidé. Miguel era un tallerista disciplinado y receptivo a los consejos. Su perfeccionismo y su elevada idea de la responsabilidad lo forzaban a llevar un cuento a la semana, casi como si fuera un desacato no llevar algo cada que concurríamos a la sesión. Nos veíamos los miércoles, y durante ocho o nueve oportunidades llevó un cuento distinto por semana. Fue allí cuando le dije que en un taller no era forzoso que los participantes llevaran obra nueva en cada sesión, y que incluso escribir un cuento a la semana ni siquiera era habitual en los cuentistas consumados. “Los escritores deben diversificar su escritura, tratar de manejarse bien en varios géneros”, le dije, y agregué una pregunta: “Además de leer y escribir literatura, ¿qué más te apasiona?” Miguel, sereno como siempre, con la mesura presente en todas sus respuestas, me confesó que le encantaba el cine.

Al revelarme esa otra pasión de su vida, le recomendé escribir reseñas de cine como complemento de su escritura literaria. Le di una mínima orientación sobre la forma general de la reseña y le propuse alimentar una columna en el suplemento La Tolvanera, que yo editaba y aparecía dentro de la revista Brecha. Miguel, muy joven, aceptó el reto y mucho antes de los 23 años se convirtió en el mejor comentarista de cine que a mi juicio ha tenido La Laguna. Tanto fue así que pasados unos pocos años, ya en el 2001, nos coordinamos para que publicara Vislumbre de cineastas, trece ensayos biofilmográficos, libro sobre directores importantes de la cinematografía mundial (Hitchcock, Buñuel, Bergman, Kubrik, Gutiérrez Alea, Malle, Arcand, Greenaway, Ripstein, Wenders, Lynch, Almodóvar y Campion) obra que hasta la fecha sigo considerando la más acabada de su tipo publicada entre nosotros. Un año después, en 2002, publicó Un comal lleno de voces, minucioso ensayo sobre el inagotable Rulfo.

Miguel egresó de su carrera con las mejores notas, siempre fue buen estudiante, y poco después emprendió una maestría en Letras Hispánicas en Calgary, Canadá. Al volver a Torreón comenzó su trabajo como profesor en la misma Ibero Torreón, y a la par siguió en la confección de reseñas de cine. En 2007, con el sello de la Universidad Autónoma de Coahuila, apareció Miel de maple, racimo de cuentos atravesado por las culturas canadiense y mexicana. Poco después, reemprendió el vuelo a Canadá, esta vez a Montreal. Perfecto bilingüe español-inglés, para su radicación montrealense había sumado el francés como tercera lengua. En aquel país se dedicó de lleno a la docencia en varias universidades, siguió con la escritura sobre cine y en el armado casi secreto de una obra narrativa consistente, escrupulosamente vigilada.

Volvió en 2017 a la docencia en las aulas de la Ibero Torreón, y en 2023 publicó, por la Universidad Autónoma de Nuevo León, Encuentros fortuitos, libro de cuentos en los que delata un domino del género que he visto en pocos escritores de nuestro país, y lo digo tanto por el aliento de sus historias como por el cuidado de la forma y la agudeza irónica de su mirada, una mirada que destaza convencionalismos y absurdos de la convivencia humana. Sé que tiene inéditos al menos dos libros de cuentos, tres novelas y, si reuniera el excelente material escrito en torno a películas y series, daría fácilmente para armar cuatro libros más.

Tranquilo, sencillo, respetuoso, ajeno a los ruidosos escaparates del mundillo literario local y nacional, Miguel Báez Durán, con quien orgullosamente comparto el “Eduardo” como segundo nombre, es un amigo, lo reitero, al que aprecio y admiro mucho, de allí que me dé gusto celebrar su medio siglo de vida, de amistad y, en su caso, de lúcida e inteligente vinculación con la escritura.

sábado, diciembre 07, 2024

Sobre las redes

 











Ofrezco aquí, para alentar su interés, mi presentación de Tumultos en el laberinto inmaterial, libro colectivo recién publicado por la Ibero Torreón:

Los libros Del gis a la pantalla táctil, Rostros de la agresión, Venda­val de cambios, seis cuadernillos de temática miscelánea y ya muy numerosos artículos publicados en Milenio Laguna y El Siglo de Torreón y la revista Acequias son el producto concreto de diez años de trabajo en el taller de periodismo de la Universidad Iberoame­ricana Torreón. A ellos hay que sumar, ahora, el libro cuyo prefa­cio aquí avanza: Tumultos en el laberinto inmaterial. Redes sociales y mutaciones en la vida cotidiana.

Como en los libros congéneres del taller, en éste ha sido tra­bajado un tema específico desde varios ángulos: el de las redes sociales y su gravitación, para bien y para mal, en el mundo con­temporáneo. No, por supuesto, para agotar el asunto, sino para ubicar sus bordes, para resaltar su importancia como realidad social ineludible. También, como en los libros y los cuadernillos anteriores, el género al que podemos adscribir los textos veni­deros orbita en las elipses del ensayo de interpretación y del artículo de fondo. El abordaje de cada propuesta es, entonces, libre, tanto que indefectiblemente hay una marca personal que no por subjetiva deja de ser atendible. El propósito, insistamos, es hacer énfasis en un tema y despertar una posible inquietud en el lector.

En “El cambio de paradigma de la información”, ensayo de Cla­ra Cecilia Guerra Cossío, se analiza, entre otros, el fenómeno de la producción masiva de información voluntaria e involuntaria, el mundo infinito de la llamada big data, es decir, de la ya gigantesca masa de datos que termina por fortalecer intereses muchas veces no del todo transparentes.

Laura Elena Parra López trabaja “Adicción y acoso digital: efectos de las redes sociales en la salud mental”, texto que indaga en una de las consecuencias más salientes y lamentables del uni­verso digital tras el advenimiento, sobre todo, de las redes socia­les. Además de definir las conductas anómalas y nocivas, ofrece recomendaciones para prevenirlas y, en la medida de lo posible, combatirlas.

De Claudia Rivera Marín es “Interacción en redes sociales: de la diversión a la muerte”, exposición que describe la adicción a las redes y focaliza su mirada en la dinámica de los “retos” que se han popularizado en muchas plataformas de internet y, entre otros resultados, se han convertido en un peligro con consecuencias fatales en no pocos casos.

Andrés Rosales Valdés aborda la vinculación entre las nuevas tecnologías de la información y el mundo laboral, particularmen­te en las áreas organizacionales dedicadas a ver todas las circuns­tancias relacionadas con la planeación, el talento humano y la evaluación de resultados en contextos cada vez más cambiantes y competidos en todos los rubros, incluido el de las nuevas herra­mientas digitales. Su ensayo lleva como título “EnREDados en la gestión humana de la tecnología”.

“Violencia de género digital: un flagelo social contemporá­neo” es el aporte de Zaide Patricia Seáñez Martínez, quien analiza la repercusión de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana; su abordaje destaca los beneficios de estos desarrollos, ciertamente, pero también subraya las tendencias nocivas que acarrea el mun­do digital, tendencias que se materializan en el acoso, el odio, el racismo y muchas otras prácticas igual de nefastas.

El texto titulado “Tiranía del smartphone. Fragmento, intimi­dad, autodelación y consumo en las redes” es un intento por in­gresar en la maraña de implicaciones que supone el espacio de las redes sociales, aparente tierra de nadie pero, no muy en el fondo, garante de sujeción al mercado y aparato de vigilancia, es decir, del control “amable” de la colectividad.

Tumultos en el laberinto inmaterial es, por todo, una obra abier­ta, apenas una invitación a que sigamos de cerca los profundos cambios que como avalancha nos han caído encima —tras el auge de las redes sociales— en las dos décadas más recientes.

Comarca Lagunera, 12, octubre, 2024

miércoles, octubre 02, 2024

Acequias 94 en línea

 

















Ya está en línea el número 94 de Acequias, revista de la Ibero Torreón. En su editorial describe grosso modo su contenido, éste:

“Las pedagogías del mal son aprendizajes que se movilizan con gran eficacia a través del miedo, la desidia, la apatía, la indiferencia. La injusticia estructural se sostiene en la convicción de que jamás podrá ser derrotada”, señala Juan Luis Hernández, rector de la Ibero Torreón, en el primer capítulo de Geopolítica de la esperanza, obra que nos convida a reflexionar sobre el imperativo de no caer en el derrotismo que paraliza y hace el juego a un sistema en el que campean la iniquidad y la negación a todo sueño de justicia social. El primer capítulo de esta publicación es aquí reproducido íntegramente.

En “La regla que nos divide”, Zaide Patricia Seáñez nos recuerda que la menstruación es una más de las condiciones que han sido invisibilizadas y por ello hay que atender incluso con legislación para resolver los problemas que genera y no sean, como hasta hoy, una desventaja más para la mujer en todos los espacios de su vida. De Fernando Javier Araujo y Juan José Rojas traemos un fragmento de su ensayo “Horizontes epistemológicos para la formación de jóvenes investigadores en derechos humanos” publicado en Entrelazar realidades (Ibero Torreón, 2024), libro colectivo de maestros y alumnos de la carrera de Derecho. Le sigue “Un sobrevuelo al edificio de la gestión estratégica”, de Andrés Rosales Valdés, repaso a la importancia de la planeación en todo organismo que aspire de entrada a la supervivencia mediante la innovación y luego a la obtención de resultados.

El artículo “Las elecciones hicieron presentes a las personas desaparecidas”, del periodista Luis Alberto López, describe, ante la desaparición forzada, una modalidad de visibilización puesta en marcha en las pasadas elecciones federales. Sigue “La polémica sobre el cometa de 1680 y 1681”, donde Fernando Fabio Sánchez traza las coordenadas históricas de una polémica entre los jesuitas Eusebio Kino y Carlos de Sigüenza y Góngora.

Una reseña sobre la novelista francesa Annie Ernaux, premio Nobel 2022, es la colaboración de Laura Elena Parra en estas páginas. Después, Alfredo Loera traza “Un largo adiós que no se acaba”, evocación de Teresa Muñoz, escritora y promotora cultural cuyo deceso sigue siendo lamentado en el ámbito cultural lagunero; sobre ella también, la reseña “Días de ceniza o los comienzos de la ebullición”. Cierran este número una reseña cinematográfica de Rodolfo Bañuelos y un cuento de Lucila Gamboa.

sábado, julio 06, 2024

El camino a Norte negro













Larga, callada y fructífera ha sido la andadura de Gerardo García Muñoz (Torreón, Coahuila, 1959) para llegar a Norte negro. Catorce miradas a una narrativa criminal mexicana (UANL-Ibero Torreón, Monterrey, 2023, 274 pp.). No dudo en subrayar que este conjunto de ensayos lo confirma como uno de los más salientes especialistas del género negro en nuestro país, temática que por otro lado arreció su producción en las más recientes décadas, dos al menos. García Muñoz aborda en su nuevo libro, en amplios y documentados ensayos, novelas y cuentos de escritoras y escritores nacidos o no nacidos, pero sí radicados, en alguna de las seis entidades del norte mexicano. Son, o somos, Martín Solares, Vicente Alfonso, Eduardo Antonio Parra, Hugo Valdés, Orfa Alarcón, Norma Yamille Cuéllar, Gabriel Trujillo Muñoz, Daniel Salinas Basave, José Salvador Ruiz, Ricardo Vigueras, César Silva Márquez, Imanol Caneyada, Carlos René Padilla y yo, que he sido colado a la indagación del ensayista lagunero.

Ahora bien, podría aquí recorrer cada uno de los ensayos que componen Norte negro, pero sé que Jessica Ayala y el autor sobrevolarán su contenido. Prefiero por lo tanto hablar brevemente sobre la trayectoria de Gerardo García, sobre lo que ha hecho para construir este libro ambicioso y bien logrado. La semblanza de solapa señala que es profesor asociado de Español y Humanidades en Prairie View A&M University, en Houston, Texas; obtuvo el doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad Estatal de Arizona. Ha enseñado también en el Instituto Tecnológico de La Laguna y en la Universidad Iberoamericana Torreón. Entre otros, ha publicado los libros El sueño creador: el ABC de la invención (Tierra Adentro, 1994), El Almirante redivivo (Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Coahuila, 1997), Julio Ramón Ribeyro: cinco claves de su cuentística (Universidad Iberoamericana, Torreón, 2003), El enigma y la conspiración (UA de C, 2010), La luz y la guerra: el cine de la Revolución mexicana (Conaculta, 2010), coeditado con Fernando Fabio Sánchez. Ha colaborado en las revistas Acequias, Temas y Variaciones de Literatura, Dura: Revista de literatura criminal hispana, entre otras. Su principal línea de interés es la literatura criminal y detectivesca en español.

Pese a lo sucinta, la semblanza es compendiosa, sirve para el propósito de ver desde un dron el territorio intelectual ocupado por García Muñoz. Quiero añadir a lo anterior algunos rasgos que amplían el perfil del ensayista. Vivió la mayor parte de su vida del lado oriental del bosque Venustiano Carranza, por la avenida Escobedo. Su formación se dio en escuelas públicas: el colegio España, la Secundaria Federal Número 1, la Preparatoria Venustiano Carranza, el Tecnológico de La Laguna. Aquí nos asalta una primera rareza. Nuestro escritor tiene título profesional de ingeniero, a lo que sumó la maestría en esa misma disciplina. Estaba ya bien encarrilado, incluso como profesor, dentro de la ingeniería cuando lo jaló otra materia: la literatura. La causa remota de tal llamado estaba en su infancia y su adolescencia: Gerardo fue un tremendo lector de novelas, y si lo adjetivo así no exagero. Entre sus obligaciones escolares siempre tuvo libros de narrativa a merced, sobre todo los que de la benemérita colección Sepan cuantos… le traían a Torreón sus hermanos José y Roberto, quienes estudiaban, respectivamente, veterinaria e ingeniería en el Distrito Federal. Todos hemos visto esos libros de Porrúa, las temibles dos columnas y el renglón cerrado de sus páginas, pero, de niño, Gerardo no se amilanó y en la Sepan cuantos…. ascendió montañas como Los miserables y La guerra y la paz, entre muchas otras. Es por ejemplo, entre quienes conozco, uno de los pocos que han atravesado Los bandidos de Río Frío, y esto lo hizo en la adolescencia.

Su voracidad lectora y una memoria que juzgo harto receptiva permitieron a nuestro autor manejarse como intelectual todoterreno: por un lado, dominaba la ingeniería a un grado más que sobresaliente, y, por otro, mantenía en combustión interna su pasión como lector de literatura. La inusual contienda forzó que un día renunciara a la matemática y la física para ceder toda la plaza a las letras.

Lo conocí en 1988. Recuerdo que aquella vez en su mano traía Noticias del imperio, recién publicada. Me desconcertó saber que, pese al librote de Fernando del Paso, era ingeniero y maestro del Tec de La Laguna, y pronto pude advertir que se trataba de un lector total. No pasó mucho tiempo para que se acercara a la escritura. Comenzó con reseñas bibliográficas, y pronto descubrió la hospitalidad del ensayo, género en el que se acomodó como en su casa. El primero que publicó fue el referido a Adolfo Bioy Casares. Luego vinieron sus trabajos sobre Augusto Roa Bastos, Julio Ramón Ribeyro y otros numerosos escritores. A finales del siglo pasado se estableció en Las Cruces, Nuevo México, para transitar la maestría. Luego en Tempe, Arizona, para el doctorado, donde se especializó en literatura criminal con una tesis que a la postre sería cimiento del libro El enigma y la conspiración. De allí, migró por unos pocos años, ya como profesor de literatura, a Minnesota, y tiempo después, hasta esta fecha, al este de Texas.

En el camino ha participado en numerosos congresos, ha publicado en importantes revistas, se casó con su amada Martha Yadira Díaz y por suerte no se ha olvidado de la polvosa región que lo vio nacer, leer y comenzar a escribir, pues nos visita al menos un par de veces al año.

Hoy, en esta vuelta, nos convida Norte negro, libro que ciertamente, reitero, lo ratifica como especialista en literatura criminal, pero más lo confirma como el voraz y memorioso lector que es desde su lagunera infancia, aquella infancia y adolescencia transcurridas frente al Álgebra de Baldor y las novelas de Porrúa despachadas en una casa amarilla de la avenida Escobedo.

Felicidades a Gerardo por este nuevo producto de su trabajo.

Comarca Lagunera, a 2 de julio de 2024

Nota. Texto leído el 2 de julio de 2024 en la presentación de Norte negro celebrada en la Galería de Arte Contemporáneo del Teatro Isauro Martínez. Participamos Gerardo García Muñoz, Jessica Ayala Barbosa y yo.

sábado, junio 01, 2024

Palabras que se bifurcan

 













En varias notas publicadas en esta columna he querido subrayar curiosidades vinculadas con la palabra. No con la mirada del especialista, que estoy lejos de asumir, sino la del usuario asombrado ante la plasticidad de la escritura y, sobre todo, del habla nuestra de cada día. Hasta una plaquette provisional organicé con esos apuntes (Voces de la calle, Universidad Iberoamericana Torreón, 2023) a los que en un futuro, si esto crece, puedo sumar la siguiente anotación.

Hay algunas palabras que sin perder una sola de sus características formales alcanzan significados muy distintos. No lo señalo por su función metafórica, como decir “la copa del sombrero”, donde la palabra “copa” no es usada en sentido estricto, sino figurado. Más bien, se trata de palabras que usamos habitualmente en determinada orientación semántica y colocadas en otro contexto no dejan de mostrar cierta rareza. Como ocurre con frecuencia en estos casos, los ejemplos mostrarán con mayor claridad lo que he tratado de explicar. En cada caso sólo mostraré el ejemplo del uso habitual y luego del inhabitual; creo que así se advertirá que la palabra ha sido sacada de su uso regular y ha pasado a otro menos usual.

Ambulancia. "La ambulancia salió a toda velocidad"; “Le gustaba caminar por las noches y disfrutar esa grata ambulancia”.

Observar. "Me aburrí al observar el río"; “Era un tipo siempre acostumbrado a observar las leyes”.

Comisión. "La Comisión decidió no aprobarlo"; “Cayó en la cárcel por la comisión de un delito muy grave”.

Interesar. "La película logró interesar a los niños"; “La bala logró interesar uno de sus pulmones”.

Realista. "Soy realista: no conseguiré ese trabajo"; “Muchas personas son realistas, apoyan a la monarquía”.

Hechizo. "Cayó bajo el hechizo de su mirada"; “Con pedazos de madera y lámina construyó un carro hechizo”.

Sancionar. "El jurado lo sancionará por transgredir la ley"; “Los legisladores se negaron a sancionar la ley”.

Aterrar. "El camino es muy oscuro y lo va a aterrar"; “Solo sale a la calle para aterrar la ropa”.

Copia. "Sacó una copia fotostática de poema"; “El jefe autorizó gran copia de regalos para los niños”.

Policía. "La policía de la ciudad tiene nuevas patrullas"; “Los aztecas se organizaban con mucha policía”

Suspendido. "Fue suspendido para todo lo que resta de la temporada"; “La lectura de esa novela me tiene muy suspendido”.

sábado, diciembre 09, 2023

Cuadernillos a merced








En noviembre del año que cerrando vamos fue presentada una colección de seis cuadernillos publicados por la Ibero Torreón. Los textos que componen cada ejemplar nacieron en el seno de Taller de periodismo de opinión de la mencionada universidad, y fueron organizados por Laura Elena Parra (Letras sobre letras), Claudia Rivera Marín (Mente, corazón y letra), Claudia Guerrero Sepúlveda (México en lontananza), Zaide Seáñez Martínez (Sentipensar de mujer) y Andrés Rosales Valdés (Observatorio de salarios). El quinto de la serie es Voces de la calle, de mi autoría. Además de su materialización en papel, están disponibles en documentos de PDF separados que aquí es posible “bajar” gratis. Va la antesala de mi plaquette:

La más importante y decisiva creación humana la tenemos siempre frente a nosotros, tan a la mano que ni siquiera es necesario estirar el brazo para asirla. Es el lenguaje, la posibilidad de articular palabras y, con ellas, cristalizar el asombro de comunicar desde lo más sencillo hasta lo más complejo. Quien advierte esta maravilla no tiene ya escapatoria: como todo pasa por las palabras, la vida es un permanente catálogo de posibilidades para el goce y la reflexión.

Hay un ensayo en el que Borges analiza versos de cuño populachero. Los ha elegido deliberadamente burdos para demostrar que hasta la escritura menos esmerada admite una explicación ceñida a la retórica: cualquier criatura de palabras posibilita la observación de su engranaje. Así entonces, en todo lo que enunciamos hay aciertos o pifias, hallazgos deslumbrantes o expresiones gastadas, logros impecables o transgresiones de la lógica, poesía o fealdad, fluidez o tortuosidad, inteligencia o estupidez.

Lamentablemente, como nos son tan naturales, pasamos a través de las palabras sin pensar en ellas, como si no fueran el producto más acabado y perfecto de la cultura humana. Suelo referirme a esta indiferencia cuando comento los primeros dos versos del archiconocido huapango “La malagueña”, que cantamos sin pensar: “Qué bonitos ojos tienes / debajo de esas dos cejas”, y ya desde allí hay algunos disparates: es obvio que los ojos están “debajo” de las cejas, y además no es necesario decir que las cejas son dos, pues no es habitual encontrar seres humanos con tres o más cejas que sirvan de ornamento para tres o más bonitos ojos.

En la conversación familiar, en la publicidad, en el periodismo, en el diálogo que entablamos con el compa de la vulka cuando se nos poncha una llanta, en una conferencia de las pleonásticamente llamadas “magistrales” (si la conferencia no implica magistralidad, ¿qué caso tiene ofrecerla?), en las clases, en los memes, en todos lados se abren posibilidades para indagar en los entresijos de la palabra. Lo único que hace falta es un poco de curiosidad y aceptar que nada define mejor al ser humano que el hecho prehistórico de hablar y —más recientemente, desde hace cinco mil años— de escribir.

Voces de la calle es, en síntesis, un testimonio quizás un tanto juguetón, pero en el fondo serio, de mi inacabable estupor ante el instrumento que, por ejemplo, me ha permitido llegar hasta aquí, a este párrafo, y saber que soy, quevedianamente, escuchado con los ojos de quien lee. Bienvenidos pues a este manojito de perplejidades cuyo título encontré en unos versos de Joan Manuel: “Pero puestos a escoger soy partidario / de las voces de la calle / más que del diccionario”.

sábado, noviembre 25, 2023

Encuentros fortuitos, el cuento como desafío










Entre otras, una de las responsabilidades del editor es, a veces, cuando no hay quién lo materialice o se lo piden, escribir el texto que aparecerá en la espalda del libro, aquel lugar que todos hemos visto ubicado en lo que la mayoría conoce como “contraportada” y en el argot editorial denominamos “cuarta de forros”. Suele ser un texto no firmado y siempre, sistemáticamente, elogioso, pues lo que procura es invitar al potencial lector a comprar el libro y quizá también, si no es mucho pedir, a leerlo. Por ello, es muy difícil, por no decir imposible, encontrar que este género de escritura consigne que el libro es aburrido o prescindible. El texto de la cuarta de forros presupone el aplauso, el espaldarazo y muchas veces el confeti más irresponsable.

Cuando escribí y firmé las palabras para la cuarta de forros del libro Encuentros fortuitos (UANL-Ibero Torreón, 2023) ya estaba segurísimo de mis afirmaciones, sobre todo de la última línea. Cito el convite: “El dolor, la rabia, el humor, la desesperanza, el vacío y la incertidumbre son algunas de las estaciones del alma que atraviesa Encuentros fortuitos, segundo libro de cuentos de Miguel Báez Durán. Armado con una prosa más que bien templada y en todo momento espesa de literatura, el autor nos lleva a convivir con personajes que habitan la frontera simbólica entre México y Canadá, sujetos cuya inestabilidad nos permite suponer, por extensión sinecdóquica, la inestabilidad de la vida, el monstruo que acecha detrás de cualquier rutina o sensación de bienestar. Así, una turista canadiense entregada a la caridad indolora pierde misteriosamente la vida en Cancún, una madre alucina con las caricaturas niponas que podrían contaminar a su hijo, unos pelagatos edifican a punta de memeces su indestructible ego, una mujer es acosada por los arañazos del amor y la maternidad, un escritor revisa su fracaso en el espejo del reconocimiento ajeno y remotísimo, un inquilino con anhelos de serial killer reflexiona sobre el cese taxativo del ruido en su vecindario y, por último, un sujeto queda hecho pomada por la belleza fugaz e inalcanzable. He aquí, dicho de manera muy sintética, el contenido de Encuentros fortuitos, libro que evidencia la pericia narrativa de Miguel Báez Durán, escritor pleno de imaginación y de recursos para usarla, sin duda un maestro del nocaut cuentístico”.

Insisto: al escribir lo anterior sabía que el minitexto de la cuarta debía terminar de manera categórica y subrayar que Miguel Báez Durán (Monterrey, NL, 1975) es un “maestro del nocaut cuentístico”. Razonar esta afirmación aparentemente excesiva es el propósito de los renglones que ofrezco a continuación.

Diré en esta nueva oportunidad, para empezar, lo que he repetido muchas veces sobre todo en los talleres literarios: que el cuento es un género literario peliagudo, fácil nada más para quienes lo observan desde la otra orilla del río. Es pues un error juzgarlo por su complexión breve, pensar que el cuentista es un tipo que se sienta, relata una anécdota y termina en la cuartilla dos o cinco o diez, cuando la aventura narrada ha terminado. Así de sencillo y así de falso. Se le minusvalora en principio por su brevedad: ¿qué tan difícil puede ser sancochar un texto corto?, piensan muchos. Lamento decir que la brevedad es apenas su característica más saliente, la punta de un iceberg que debajo esconde —cuando el cuento es eficaz, cuando el cuento es, como quería Poe, impactante— un montón de malicias, tantas que por ello muchos narradores le sacan la vuelta y optan por la escritura quizá más relajada de la novela, género que asimismo demanda otras pericias.

Pues bien, digo que Miguel Báez es un maestro del cuento no por capricho o por los imperativos de la amistad, sino porque sus cuentos son dispositivos literarios que admiten la lectura más puntillosa. En Encuentros fortuitos no asistimos a la escritura de un aprendiz, de alguien que apenas tantea con paso titubeante el terreno movedizo del cuento. Al contrario, en este libro estamos frente a la presencia de un narrador ya dueño de todos los recursos necesarios para articular historias compactas, emotivas, dignas de figurar en la biblioteca más rigurosa. Pienso de nuevo en la extensión; pese a que se trata de cuentos largos, la apretada intensidad de cada pieza crea la impresión de vertiginosidad, rasgo propio del cuento, casi como si en la lectura asistiéramos a un viaje en caída libre.

Los cuentos avanzan sin detalles que queden librados al azar, sin distracciones parasitarias, siempre al servicio del asunto central, siempre apegados al conflicto del protagonista. Desde cada uno de los arranques sabemos de un propósito, de un deseo clavado como daga en el espíritu de cada personaje principal, y hacia allá, a ver cumplido o frustrado ese deseo, avanzamos guiados por una prosa que no se da reposo en su fluidez, casi frenética en el despliegue de las peripecias y sin embargo espesa de belleza literaria, henchida de giros que nos permiten apreciar la soltura de un narrador que se apodera de un tono y no lo suelta hasta persuadirnos de que lo contado está muy bien contado, con las medidas justas de velocidad, introducción de detalles y verosimilitud.

En los siete cuentos que habitan este libro conviven las mejores herramientas de la narrativa. Por ejemplo, una que no es frecuente encontrar en otros escritores: la capacidad para bucear minuciosamente en el alma de los personajes, la destreza para sumergirse en interiores atormentados, en vidas que encallan en miedos, en odios, en obsesiones, en tristezas recónditas, en muy pocos, poquísimos o de plano nulos motivos de alegría. No se ha equivocado Saúl Rosales, quien tras leer los cuentos de Encuentros fortuitos me comentó que, natural o aprendido, hay algo de destoyevskiano en los microcosmos urdidos por Miguel Báez. Y sí, la mayor parte de los personajes que deambulan por estas páginas son sujetos sujetos a un pequeño infierno, seres incrustados en la urbe que bajo la cutícula de civilización no pueden evitar los manotazos de la soledad y la barbarie.

He compartido con su autor los títulos de mis relatos preferidos. Con los libros de cuentos, como ocurría antes con los discos y sus canciones, siempre pasa esto: uno selecciona en la cabeza las piezas que más le cuadran. No citaré aquí cuáles son, para no prejuiciar más al lector con mi opinión. Sólo diré, como cierre de mi reseña, que este libro es un dechado de libro de cuentos, que todos sus párrafos han sido concebidos, problematizados, ejecutados y revisados con lupa por un escritor lagunero desbordante de talento literario y voluntad creativa, por Miguel Báez Durán, un narrador que ha aceptado los desafíos del cuento y ha salido airoso como lo que es: “un maestro del nocaut cuentístico”.

Comarca lagunera, 22, noviembre y 2023

Nota. Texto leído en la presentación de Encuentros fortuitos (UANL-Ibero Torreón, 2023) celebrada el 22 de noviembre de 2023 en la Galería de Arte Contemporáneo del Teatro Isauro Martínez, Torreón. Participamos Mariana Ramírez Estrada, el autor y yo.

miércoles, noviembre 22, 2023

Encuentros fortuitos, cuentos de Miguel Báez

 









Encuentros fortuitos, libro de cuentos de Miguel Báez Durán coeditado por la Universidad Autónoma de Nuevo León y la Universidad Iberoamericana Torreón en 2023, será presentado hoy miércoles 22 de noviembre a las 7 PM en la Galería de Arte Contemporáneo del Teatro Isauro Martínez, de Torreón. Mariana Ramírez Estrada, el autor y yo haremos los comentarios sobre el libro.

Los personajes de los siete cuentos reunidos en Encuentros fortuitos habitan la frontera simbólica entre México y Canadá, y son sujetos cuya inestabilidad nos permite suponer la inestabilidad de la vida, el monstruo que acecha detrás de cualquier rutina o sensación de bienestar. Así, una turista canadiense entregada a la caridad indolora pierde misteriosamente la vida en Cancún, una madre alucina con las caricaturas niponas que podrían contaminar a su hijo, unos pelagatos edifican a punta de memeces su indestructible ego, una mujer es acosada por los arañazos del amor y la maternidad, un escritor revisa su fracaso en el espejo del reconocimiento ajeno y remotísimo, un inquilino con anhelos de serial killer reflexiona sobre el cese taxativo del ruido en su vecindario y, por último, un sujeto queda hecho pomada por la belleza fugaz e inalcanzable.

Miguel Báez Durán (Monterrey, NL) radica en Torreón desde 1985. Es licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana Torreón y maestro en Letras Hispánicas por la Universidad de Calgary. Entre otros libros, es autor de Vislumbre de cineastas y Miel de maple. Ha publicado reseñas de cine y libros en revistas y en su blog, además de haber colaborado como crítico de cine en programas de radio cultural. Fue profesor de español como lengua extranjera en la Universidad de Calgary, la Universidad Concordia y la Universidad de Quebec en Montreal. Hasta el 2017 también fue profesor de tiempo completo en el Departamento de Lenguas y Culturas de Vanier College. Actualmente colabora como profesor de asignatura en la Ibero Torreón. También da clases de español como lengua extranjera en línea.

Mariana Ramírez Estrada nació en Torreón, y estudió Ciencias Humanas en la Ibero Torreón. Es editora de revistas y libros, correctora de estilo y maestra de literatura.

La entrada es libre y al final habrá brindis.

lunes, octubre 23, 2023

Andanza de la Ibero Torreón












Liga para descargar gratuitamente el PDF del libro Andanza de la Ibero Torreón. Cuarenta años de incidir en La Laguna. Pulse en la palabra libro. 

miércoles, septiembre 20, 2023

Acequias, salida 91

 











Ya son 91 las salidas de Acequias, revista de acceso libre de la Ibero Torreón. Su editorial más reciente (otoño de 2023) describe así los contenidos. Dice:

Aunque en su modalidad estrictamente electoral la política se ha convertido es uno de los muchos teatros de la mercadotecnia, no deja de ser importante como medio para transformar la realidad. La política y su consecuencia, la construcción de gobiernos, sigue siendo pues fundamental para edificar circunstancias sociales que favorezcan la justicia y la equidad. Por esto, aunque los procesos electorales den hoy la impresión de celebrarse al margen del interés de la población, es imperativo que la ciudadanía se involucre en sus vaivenes al menos en el plano de lo informativo, esto para no dejarse llevar por la superficialidad de las noticias falsas o los memes. Estar hoy informados, no caer en la red de la indiferencia, es lo mínimo que debe hacerse para, como señala Víctor Hugo Morales, “trabajar de ciudadano”.

En el presente número de Acequias ofrecemos varias colaboraciones que de una manera no directa, pero sí visible, ayudan a pensar en el ser humano y su condición. Publicamos la lectio brevis de este periodo escolar, el de Otoño. La ofreció Gustavo Antonio González, SJ, nuevo responsable de la Dirección General del Medio Universitario en la Ibero Torreón. La lectio brevis, en este caso sobre el valor de la tolerancia, es la simbólica primera clase que se ha convertido ya en una costumbre dentro de nuestra institución.

Sigue una conferencia de Mario López Barrio, SJ, que reflexiona sobre la generalizada desdicha del ser humano en el tiempo que corre. Pese a que en teoría la humanidad tiene un sinnúmero de satisfactores y puertas al desahogo de sus apetitos, al final siempre parece moverse en un túnel oscurecido por la depresión y su consecuencia: la infelicidad.

Cuatro reseñas se suman al lote de colaboraciones. Dos con tema afín, las de Laura Elena Parra López y de Vicente Alfonso, una más de Renata Iberia Muñoz sobre un libro poético desgarrador y, la última, de Yolanda Natera sobre el más reciente título de la escritora lagunera Angélica López Gándara. También, un artículo de Miguel Báez Durán sobre Encuentros fortuitos, su nuevo libro, una coedición de la UANL con nuestra universidad.

Dos cuentos cierran este número, uno de Fernando Fabio Sánchez sobre le etapa de mayor violencia en La Laguna, y otro de Lorenzo Ignacio Madera sobre los azares de la vida amorosa.

miércoles, julio 26, 2023

Heriberto, gurú y amigo

 










¿Cómo procesar esta nueva pérdida? ¿Dónde encontrar argumentos que expliquen los caprichos del destino? ¿Por qué los talentos como el suyo se nos adelantan tanto? Uno más de mis admirados amigos, Heriberto Alejandro Ramos Hernández, ha partido. Tenía apenas 57 años y la lucidez entera, con la plenitud que a sus cercanos nos llevaba a motejarlo “Gurú”. Una vez me dijo que el apodo no le cuadraba mucho, que le parecía excesivo. Le comenté que era una cordial forma de reconocer su brillante manera de razonar, su conversación siempre atinada, sus innumerables referencias bibliográficas, su tremenda aplicación de la lógica a la hora de sopesar cualquier idea.

De muchos amigos cercanos recuerdo el lugar exacto donde los conocí. El sitio en el que conocí a Heriberto es uno de ellos. Un mañana de 2004 o 2005, en el umbral de mi oficina en la Ibero Torreón, nos estrechamos las diestras y de inmediato pude ver uno de los rasgos más salientes de Heriberto: su cordialidad. Algo debíamos ver sobre un ensayo de su cosecha, pero lo que realmente nos detuvo en la conversación fueron los temas espontáneos de cualquier primer contacto. Supe que tenía un gran conocimiento de la economía y las finanzas, y que durante muchos años había trabajado en ese ramo dentro del sector privado. Lo que me sorprendió desde el principio fue que, pese a la lejanía de su especialidad con respecto de la mía, él tenía una formación múltiple, de lector omnívoro. Cierto: leía vorazmente libros de su ámbito profesional, pero tenía un profundo respeto de lector por las humanidades, sobre todo por la literatura.

Lo que más me asombró fue, pues, algo que de Heriberto podíamos esperar: él, ciertamente, vivía como profesional del mundo financiero, pero su vocación de lector lo había llevado incluso a conocer hasta a los escritores de la localidad. “Te conozco muy bien”, me dijo, y de golpe comenzó a mencionar algunos de mis libros. Luego supe que Heriberto era así: vivía en su mundo, era un hombre más bien tendiente a la soledad, pero la ventana de la lectura le había permitido enterarse de todo. Tenía una memoria espectacular, y él lo sabía, pues alguna vez me comentó que no olvidaba nada de lo que leía. Y me lo demostró varias veces al citar frases enteras de las fuentes bibliohemerográficas más diversas.

Poco a poco fuimos afinando la amistad. Él no forzaba los encuentros, era muy respetuoso del tiempo ajeno, pero en no pocas ocasiones, menos de las que uno desearía, nos vimos para conversar él y yo solos o junto a varios amigos comunes como Jesús Haro, Salvador Perales, Édgar Salinas y Gilberto Prado. Nuestros puntos de reunión eran algunas de las muchas cantinas de Torreón, sobre todo el salón Versalles, aunque un par de veces nos convidó al espléndido jardín de su casa donde hacía gala de una anfitrionía perfecta. Era un apasionado de la conversación, de las bromas, de la risa, pero en medio de todo siempre sabía deslizar comentarios cultos, referencias históricas, políticas, económicas, literarias. Era un erudito, un enamorado permanente del conocimiento.

Cierta noche de 2014 me invitó a cenar porque tenía la inquietud de pedirme un favor: había armado su primer libro y quería que yo lo ayudara a editarlo. Por supuesto le dije que sí, y comenzamos con ese trabajo que sirvió de pretexto para vernos más seguido. Avanzamos sin apuro, sin impaciencia, y en 2015 tuvimos listo El interés más sincero, un conjunto de artículos brillantes, divulgativo, sin tono grave o pomposo, sobre muchos recovecos de la vida intelectual, el mundo docente, la administración, le lectura y más temas. Heriberto quería el libro para regalarlo a sus parientes y amigos, y no lo presentó. Tuvieron que pasar como seis años para que, en 2021, me recordara esa posibilidad, y el 23 de septiembre de aquel año el talentoso Carlos Castañón y yo lo presentamos con mucha calidez en el Archivo Municipal de Torreón. La contratapa del libro, lo que Heriberto decidió destacar de su exuberante currículum, quedó así: "Heriberto Ramos Hernández (Torreón, Coahuila, 1967) es licenciado y maestro en Administración y en Finanzas, y tiene estudios de doctorado en Alta Dirección. Es profesor visitante en posgrados de Escuelas de Negocios en México y en el extranjero. Ha publicado columnas de opinión y artículos académicos en Expansión, Milenio Diario y en publicaciones del ITAM, IPADE e Ibero. Durante más de veinte años se ha ganado la vida en el ámbito de los negocios como empresario, banquero, asesor, consejero y profesor. Actualmente es director y miembro del consejo de administración de dos fondos de inversión, de una sociedad financiera y de varias compañías en los ramos agrícola, inmobiliario y biotecnológico. Como maestro ha trabajado, entre otras instituciones, para la Universidad Iberoamericana Torreón y la Universidad Autónoma de Coahuila. Le gusta leer mucho y de todo".

No hace tanto, como un año más o menos, me habló por teléfono para compartirme su deseo de publicar uno o dos libros más cuyos originales ya tenía terminados o casi terminados. Gustoso le dije que sí, que cuando estuvieran listos les poníamos manos a sus obras. Tiempo después ya no volvió a comentarme nada sobre el avance de aquellos materiales, pero supongo que sí quedaron organizados.

En los años recientes no nos vimos tanto como antes, pues yo cambié de domicilio, me alejé mucho del centro de la ciudad y comencé, por la edad a la que voy llegando, un proceso de aislamiento social que en teoría me permitirá organizar mejor mis cosas sobre todo literarias. Eso no significó incomunicación con Heriberto, pues con mucha frecuencia entablamos largas conversaciones escritas por Whatsapp. En ellas, agradezco que siempre me alentó a seguir, que siempre, como pocos, leyó y aplaudió mi trabajo de escritura. La última conversación que guardo ocurrió el domingo pasado, cinco días antes de su adiós.

A Claudia, su amada esposa, a Heriberto, su amado hijo, y a toda su familia y sus amigos, no puedo no compartirles estas palabras y un abrazo que apenas describe muy superficialmente al extraordinario ser humano que fue Heriberto, nuestro querido Gurú.

Descanse en paz.

Nota. En la foto, Heriberto (de pie, camisa negra), junto a Gilberto Prado Galán, Miguel Teja Aranzábal (también de pie), Héctor Matuk Núñez y yo. Patio del bar La Terminal, Torreón, abril de 2018.

miércoles, mayo 24, 2023

Veinte años de Corazón de nuez

 











Prácticamente no hay año sin que piense en su reedición, pero sistemáticamente la he pospuesto como tanto se pospone en esta vida. Publicado por primera vez en 2003, Corazón de nuez y otros relatos tuvo un tiraje corto. Yo lo edité y lo imprimió mi amigo Antonio López en Impresora Meridiano. En menos de un año, ese primer y único tiraje quedó agotado y a la fecha creo que conservo un solo ejemplar de archivo.

Una anécdota notable con este trabajo es la que se dio en la Feria del Libro de Torreón 2003 que organizaba entonces la Ibero Torreón. En las juntas de planeación, a las que yo asistía como parte del equipo organizador, alguien comentó la necesidad de presentar un libro para niños, el que fuera, pues para entonces ya estaban amarradas las presentaciones de autores como Noé Jitrik, Luis Humberto Crosthwite, Federico Campbell, entre otros. Fue allí cuando se me ocurrió plantear que estaba por salir el libro de mi hija, y luego de explicar la situación, todos aceptaron su presentación en el marco de la Feria del Libro. Hubo campaña de medios, carteles y toda la promoción pertinente. Lo asombroso fue que los autores consagrados tuvieron, como ocurre siempre con la literatura, una cantidad de público buena, la de nuestros estándares laguneros, cincuenta, sesenta personas por sesión.

En la presentación de Corazón de nuez estuvimos el pediatra de mi hija, Ricardo Acosta; uno de sus maestros, el doctor en pedagogía Sergio Raúl García, y yo. Ricardo Acosta hijo, que tenía siete años entonces y hoy es ya un gran pianista, tocó una pieza. No exagero si digo que pocas veces he asistido a una presentación de libro más concurrida; entre madres y niños había allí (el auditorio de la Ciudad Deportiva de Torreón) aproximadamente 250 personas, lo que rebasó nuestras expectativas. Previendo que la niña no iba a poder dedicar libros con rapidez, antes le hicimos un sello de goma y con eso salimos del apuro. Fue, por todo, un sábado inolvidable. Hoy Renata Iberia, mi hija, tiene 26 años y muchísimo ha cambiado; al repasar con ella sus cuentos de Corazón de nuez —alguna vez reseñados por Vicente Alfonso— no dejamos de reír: qué libertad lucen, qué linda forma tienen los niños de vincularse, sin prejuicios que hagan dique, con las palabras y la imaginación.

miércoles, mayo 17, 2023

Acequias 90 en línea


 











Acequias, la revista universitaria de mayor edad en La Laguna y acaso la única superviviente de su tipo, llega al número 90 y al año 26 de su edad. Comparto un fragmento del editorial.

Las autoridades mundiales de salud han declarado el fin de la pandemia luego de los tres años casi exactos en los que la humanidad convivió con ella. Es cierto que fue terrible el costo que implicó en términos de pérdidas de vidas y estragos a la economía, pero también, en contraposición, ha dejado lecciones que, es deseable, esperamos no sean olvidadas. Una de ellas es la de la potencial capacidad que tenemos para ejercer la solidaridad.

En este número de Acequias, el 90 ya, entramos al año 26 de esta publicación insignia de la Universidad Iberoamericana Torreón. Una feliz coincidencia nos permite abrir, como en el primer número de la revista, este nuevo ciclo con grabados del maestro Alonso Licerio. Ojalá que esto nos augure otros 25 años de andancia editorial.

Abre el presente número con un mensaje del maestro Juan Luis Hernández Avendaño, nuestro rector, quien enlista en sus palabras los logros del año transcurrido como celebratorio del aniversario 40 de nuestra institución. Mucho es lo que se ha logrado en el curso de este periodo, segundo tramo del actual rectorado. Siguen al aporte anterior dos textos en los que se plantean reflexiones sobre temas económicos. Uno sobre el llamado Pequeño Mundo Solidario firmado por José Ramírez Mijares, Luz María López y Francisco Javier Flores, y el otro sobre la pertinencia del trabajo con perspectiva de género, firmado por Zaide Patricia Seáñez. Luego, un ensayo de Raúl Blackaller sobre las contingencias de la educación y su imprevisibilidad, y una crónica urbana del periodista y escritor Iván Hernán Benítez.

Les siguen un amplio ensayo de Gerardo García Muñoz sobre la novela Laberinto, de Eduardo Antonio Parra, y un apunte de Jaime Muñoz en torno a las líneas generales del cuento como género. Cierran este número dos textos literarios: un fragmento de Monólogo desde el olvido, novela de la periodista y escritora lagunera Nancy Azpilcueta, y dos poemas de Tanya Villarreal, colaboradora de la biblioteca de la Ibero Torreón.

Que la edición 90 de Acequias les depare un buen rato de lectura.

sábado, abril 22, 2023

Libros asequibles












 

“Asequible” es un adjetivo muy útil. El diccionario académico le dedica una definición que no tiene pierde, por clara y sintética: “Que puede conseguirse o alcanzarse”. Nada más, con eso basta. La uso en el título de esta entrega porque creo que, contra lo que se piensa, el libro sigue siendo uno de los objetos más asequibles del mercado, tan fácil de conseguirse o alcanzarse que cualquiera puede hoy soñar con una biblioteca de crecimiento rápido. Aquí excluyo las copias y los PDF (se recomienda no pluralizar las siglas o iniciales, o sea, no decir PDFs u ONGs), ya que acusan otro tipo de distribución e incluso suponen otra actitud lectora.

Los libros-libros, por decirlo así, esos objetos ergonómicos, concretos, silenciosos e inmejorables como invento desde que alguien hace muchos siglos decidió cortar el papel en hojas y pegarlas de un lado para crear lo que hoy llamamos “lomo”, son también asequibles, y más allá de cualquier limitación económica, quien sea puede conseguirlos si además de un poco de dinero tiene algo de voluntad para buscarlos y después, si es posible, leerlos. Por supuesto que si el presupuesto es mínimo no podrán alcanzarse fácilmente los bombazos editoriales del momento o los libros de cierto lujo, digamos de 400 pesos o más, pero sí todos aquellos, que abundan, ubicados por debajo, y a veces muy por debajo, de la franja de los 100 pesos, incluidos los títulos de autores clásicos. Las librerías de viejo son un buen ejemplo de lo que señalo, ya que constituyen reductos en los que el bajo precio por lo regular no corresponde con la alta calidad de las obras exhibidas.

Por estas fechas cercanas al Día del Libro, además, no es infrecuente que las librerías se pongan de modo y descuenten notablemente sus existencias. En la capital del país hay incluso un proyecto anual con un nombre explícito: “Remate de libros”. Algo parecido, aunque en pequeño, de las dimensiones que admite el tamaño de nuestra región, organizó el Museo Arocena en 2022, y funcionó como imán de lectores. Este año ha reiterado la convocatoria cuyo nombre es “Libros con descuento”, y hoy sábado 22 reunirá a varias instancias públicas y privadas vinculadas al trabajo con el libro.

La idea, como indica el título de la actividad, es que los libros puestos a la vista del cliente potencial sean vendidos, todos, con un descuento más que significativo, tan grande como sea posible, de modo que el público entre, compre y salga de allí con volúmenes en la mano. Participarán la Ibero Torreón por medio de su Centro de Difusión Editorial, Educal-FCE, el Archivo Municipal de Torreón, la Librería El Astillero, El Instituto Municipal de Arte y Cultura de Torreón, La Tinta Cafebrería, la Universidad Autónoma de Nuevo León y la institución convocante y anfitriona, el Museo Arocena.

Ya el año pasado, como digo, participamos en la primera edición de esta propuesta bibliográfica y tuvo una afluencia importante que este sábado, esperemos, mejore.

Como participante a nombre de la Ibero Torreón y al mismo tiempo comprador de libros, puedo asegurar que en 2022 me llevé varios títulos a precios que en otro momento es difícil conseguir. Por eso digo: si uno busca, asiste a estas oportunidades y rastrea oportunidades, se derrumba el pretexto de que el libro es caro. Los esperamos pues hoy sábado de las 12 a las 6 pm en el lobby del Museo Arocena. Por allí nos saludamos y compartimos recomendaciones de libros, sin duda, asequibles.


miércoles, febrero 08, 2023

Ya el número 89 de Acequias

 











Acequias, revista de acceso libre en la web de la Ibero Torreón, señala en el editorial de su número más reciente, el 89, que siguen pasando los años y no desaparece la realidad violenta del país. Más, ni siquiera amaina, y los focos rojos mueven a zozobra y reflexión permanentes. En el norte, centro y sur de la República hay diarios ejemplos de desbordamiento, tanto que cada vez se torna más difícil animarse a viajar por carretera ante la eventualidad de topar con desaguisados, casi como si los grupos criminales se hubieran apoderado poco a poco del espacio público. Hay, claro, entidades en las que se ha llegado al colmo de la barbarie, zonas en las que no es infrecuente el caos derivado de la quema de transportes y negocios cuyo fin es aterrorizar a la población.

Todo esto ha sido y es consignado por el periodismo, profesión que por naturaleza toma el pulso de la realidad y se convierte con el tiempo en fuente de documentación para el trabajo académico. De estas dos actividades —la periodística y la académica— nos hablan los cuatro primeros textos de este número de Acequias. “La memoria y el periodismo como instrumentos de denuncia”, del periodista Luis Alberto López, plantea el imperativo de indagar sin pausa, en una lucha siempre desigual contra el olvido, los casos de desaparición que lamentablemente se cuentan por miles en nuestro país. Por su parte, Fernando Javier Araujo, maestro e investigador de la Ibero Torreón, colabora con “El compromiso de las ciencias sociales ante las violencias”, aporte que enfatiza la importancia de trabajar (para explicarlo y combatirlo) el fenómeno de la violencia. Asimismo, Fernando Fabio Sánchez explora el tema de las agresiones de género cuya mayor consecuencia es el feminicidio. Por último en este segmento de la revista, Laura Elena Parra López comenta un libro de Ryszard Kapuscinski, uno de los periodistas más respetados y leídos del siglo XX.

En Acequias 89 se evoca a Gilberto Prado Galán, escritor lagunero que murió en 2022 y fue maestro de la Ibero Torreón y colaborador de esta revista. También, un ensayo de Saúl Rosales sobre la peculiaridad estilística de Juan Rulfo, y otro de Gerardo Segura sobre las mutaciones de la educación sentimental basada en la música popular.

Cinco estampas sobre La Habana facilitadas por la escritora cubana Dazra Novak, un apunte de Cecilia Sabag sobre los nuevos códigos de comunicación en las redes y un emotivo poema de Jorge Valdés Diaz-Vélez complementan los contenidos de este número con el que despedimos al 2022.