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sábado, enero 13, 2024

Dos Vientos del Pueblo más











 











En las pasadas vacaciones de fin de año fui un par de veces a la librería Educal de Torreón, sucursal que es parte de la numerosa cadena de librerías paraestatales del gobierno federal. Está, como sabe cualquier lector lagunero, en el Museo Arocena por el acceso de la calle Cepeda, no por el de la Juárez. Allí, en compañía de ese lector irrefrenable que es Gerardo García Muñoz, cuya visita a su tierra obedece al contacto familiar pero también tiene siempre un costado bibliográfico, compramos cada cual varios libros y luego pasamos a conversar en el restaurante aledaño que es parte del mismo Museo. Hay pues allí un tándem perfecto para los biblioadictos: libros y café.

En una de las incursiones pesqué dos títulos más de la Colección Vientos del Pueblo coordinada por Luis Arturo Salmerón en el Fondo de Cultura Económica. No sé cuántos sumo ahora, pero son muchos del ya abundante catálogo de esa serie caracterizada por sus altos tirajes, la brevedad de sus ejemplares y su bajo precio. Los que adquirí no pueden ser dos cuadernillos más distintos, lo que de rebote da idea de la heterogeneidad de mis intereses: Gustavo A. Madero (México, 2019) y La cancha. Dónde los invisibles todavía pueden hacerse visibles (México, 2023) de, respectivamente, Ignacio Solares (Ciudad Juárez, 1945-Ciudad de México, 2023) y Eduardo Galeano (Montevideo, 1940-2015).

Dada su corta cantidad de páginas, rasgo que los hace ser plaquettes, opúsculos o cuadernillos más que libros, los leí en dos ratos de distinto día, ambos en su correspondiente sentada. No quiero posponer un énfasis, quizá el que debería ser más subrayado: sus precios; el de Solares, once pesos; el de Galeano, quince. Por supuesto, estas módicas cantidades tienen la intención de echar por tierra una de las excusas más esgrimidas para no leer: que los libros son muy caros. Con esta colección se desbaratan pues dos pretextos de un solo tirón: el económico y, de paso, el de la falta de tiempo para leer, pues casi cualquiera tiene poco más de diez pesos libres y asimismo media hora disponible.

No me equivoqué al escoger los dos títulos que motivan este apunte: Gustavo A. Madero es un ensayo biográfico; aborda, claro, la figura del hermano del presidente asesinado tras el golpe de Estado que terminó en la usurpación de Victoriano Huerta. Con pasión apenas disimulada y para mí justa, el escritor chihuahuense, por cierto especialista en el periodo revolucionario, describe la personalidad de Gustavo Adolfo Madero y la generosa cercanía que, pese a cualquier amenaza, mostró frente a las turbulencias políticas padecidas por Francisco I. Tal relación tuvo, como sabemos, uno de los desenlaces más cruentos en la historia de México, el de la Decena Trágica en el que Gustavo A. padeció la muerte más sádica y miserable de aquel instante bárbaro. El opúsculo aduna como complemento varias imágenes de la Fototeca Nacional.

La cancha… de Galeano acoge cinco piezas extraídas de Cerrado por fútbol, uno de sus dos libros sobre este deporte (el otro es el más famoso título latinoamericano relacionado con tal tema: El fútbol a sol y sombra, también con tilde en la “ú” de la palabra que nosotros pronunciamos “futbol”). Es a veces complicado definir el género de la escritura dejada por Galeano; para no fallar puedo decir que es una mixtura de ensayo, artículo, crónica, memoria y relato. La prosa del uruguayo es muy peculiar, inconfundible, infatigablemente ocupada en mostrar la irracionalidad del poder y la necesidad de la belleza y la solidaridad, entre otras urgencias. La plaquette añade el aderezo gráfico del ilustrador Ricardo Peláez, homónimo del goleador necaxista.

Reitero pues que no hay excusa para eludir estas publicaciones buenas, bonitas y baratas, como plantea un añejo pregón publicitario.

miércoles, junio 07, 2023

Steiner y el pensamiento












Entre las diversas colecciones del Fondo de Cultura Económica se encuentra una, la Cenzontle, que me gusta mucho por tres razones: la primera, su diseño; la segunda, la brevedad de sus tomos; y la tercera, la calidad de sus contenidos. Podría añadir una cuarta razón: su bajo precio. En Torreón hay muchos de sus títulos en la librería Educal enclavada, como sabemos, en el Museo Arocena. Son unos libritos tamaño cuarto de oficio (más o menos), todos con el mismo diseño exterior y los mismos excelentes materiales. Tengo varios, y en abril pasado leí uno de la serie: Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento (FCE coeditado con Siruela, México, 2020, 83 pp.). Lo comento grosso modo.

Su título es elocuente: el erudito francés (1929-2020) reflexiona en diez capítulos sobre el pensamiento y la inevitabilidad de la tristeza que atraviesa la consciencia humana. Cada apartado cierra con una afirmación similar: de la primera a la décima, concluye que la explorada en cada sección es una razón más para la tristeza del pensamiento.

Aunque no tanto como para no hacerlo disfrutable, es un libro denso para quien, como yo, no está habituado a navegar honduras filosóficas. Siento incluso que más allá de las conclusiones, más allá del aterrizaje de cada apartado, lo fundamental, lo mejor, son las afirmaciones que Steiner va dejando en el camino de su exposición. En cada página hay una pincelada memorable, un razonamiento asombroso sobre la asombrosa máquina de pensar. En este sentido, es de esos libros que se antojan llenos de potenciales citas y epígrafes, plenos de quirúrgica profundidad.

Por ejemplo, sobre la superabundancia de pensamientos inevitables e inútiles: “No hay quizá ninguna actividad humana más extravagante. No pensamos en nuestro pensamiento excepto en los breves periodos de concentración epistemológica o psicológica. Casi en su totalidad, el incesante conjunto y suma del pensamiento pasa fugazmente, inadvertido, sin forma ni utilidad. Satura la consciencia y muy posiblemente el subconsciente, pero se seca como una delgada lámina de agua sobre la tierra abrasada”, y poco más adelante, “la masa del iceberg del pensamiento humano se desvanece, sin ser percibida ni registrada, en el cubo de la basura del olvido”. Un libro pequeño, sí, pero inmejorable para pensar en qué y cómo pensamos, y por qué los humanos somos esencialmente un animal triste.

sábado, abril 22, 2023

Libros asequibles












 

“Asequible” es un adjetivo muy útil. El diccionario académico le dedica una definición que no tiene pierde, por clara y sintética: “Que puede conseguirse o alcanzarse”. Nada más, con eso basta. La uso en el título de esta entrega porque creo que, contra lo que se piensa, el libro sigue siendo uno de los objetos más asequibles del mercado, tan fácil de conseguirse o alcanzarse que cualquiera puede hoy soñar con una biblioteca de crecimiento rápido. Aquí excluyo las copias y los PDF (se recomienda no pluralizar las siglas o iniciales, o sea, no decir PDFs u ONGs), ya que acusan otro tipo de distribución e incluso suponen otra actitud lectora.

Los libros-libros, por decirlo así, esos objetos ergonómicos, concretos, silenciosos e inmejorables como invento desde que alguien hace muchos siglos decidió cortar el papel en hojas y pegarlas de un lado para crear lo que hoy llamamos “lomo”, son también asequibles, y más allá de cualquier limitación económica, quien sea puede conseguirlos si además de un poco de dinero tiene algo de voluntad para buscarlos y después, si es posible, leerlos. Por supuesto que si el presupuesto es mínimo no podrán alcanzarse fácilmente los bombazos editoriales del momento o los libros de cierto lujo, digamos de 400 pesos o más, pero sí todos aquellos, que abundan, ubicados por debajo, y a veces muy por debajo, de la franja de los 100 pesos, incluidos los títulos de autores clásicos. Las librerías de viejo son un buen ejemplo de lo que señalo, ya que constituyen reductos en los que el bajo precio por lo regular no corresponde con la alta calidad de las obras exhibidas.

Por estas fechas cercanas al Día del Libro, además, no es infrecuente que las librerías se pongan de modo y descuenten notablemente sus existencias. En la capital del país hay incluso un proyecto anual con un nombre explícito: “Remate de libros”. Algo parecido, aunque en pequeño, de las dimensiones que admite el tamaño de nuestra región, organizó el Museo Arocena en 2022, y funcionó como imán de lectores. Este año ha reiterado la convocatoria cuyo nombre es “Libros con descuento”, y hoy sábado 22 reunirá a varias instancias públicas y privadas vinculadas al trabajo con el libro.

La idea, como indica el título de la actividad, es que los libros puestos a la vista del cliente potencial sean vendidos, todos, con un descuento más que significativo, tan grande como sea posible, de modo que el público entre, compre y salga de allí con volúmenes en la mano. Participarán la Ibero Torreón por medio de su Centro de Difusión Editorial, Educal-FCE, el Archivo Municipal de Torreón, la Librería El Astillero, El Instituto Municipal de Arte y Cultura de Torreón, La Tinta Cafebrería, la Universidad Autónoma de Nuevo León y la institución convocante y anfitriona, el Museo Arocena.

Ya el año pasado, como digo, participamos en la primera edición de esta propuesta bibliográfica y tuvo una afluencia importante que este sábado, esperemos, mejore.

Como participante a nombre de la Ibero Torreón y al mismo tiempo comprador de libros, puedo asegurar que en 2022 me llevé varios títulos a precios que en otro momento es difícil conseguir. Por eso digo: si uno busca, asiste a estas oportunidades y rastrea oportunidades, se derrumba el pretexto de que el libro es caro. Los esperamos pues hoy sábado de las 12 a las 6 pm en el lobby del Museo Arocena. Por allí nos saludamos y compartimos recomendaciones de libros, sin duda, asequibles.