domingo, diciembre 12, 2010

Vidas quebradas de Loera



“El hombre tiene más posibilidades de salvarse a través del infierno que del paraíso”, ha escrito Cioran, ídolo de las multitudes posmodernas y apóstol de la Negación. No le falta verdad: cuando uno piensa en homilías para los ricos o en santidades sin riesgo llega a la conclusión de que el primer y quizá único requisito que se necesita para salvarse es estar perdido, es habitar el abismo, es chacualotear de alguna forma en los inmensísimos mares de la inmundicia. La perfección se explica en automático, no requiere cronistas y como en el ser humano es muy escasa los lectores suelen verla con suspicacia, como si fuera falsa o efectista, si no es que de existencia imposible en el maltrecho pedazo de universo que nos tocó habitar.
Quizá es la narrativa el arte que con mayor libertad usa escafandras de palabras para bucear en las profundidades de la mierda. No por regodeo escatológico ni terriblismo obligado, sino porque permite a los creadores explorar las hondonadas del alma con el fin de explicar qué tipo de animales somos, por qué nos comportamos así, qué podemos hacer para no sufrir tanto o en qué medida es imposible librarnos del destino trágico que a todos nos espera aunque nos aplaquemos el horror, mientras tanto, con algún sedante religioso o material. La narrativa, a diferencia de otras formas de la exposición verbal o icónica, crea personajes que son fantasmas de un fantasma, el autor, cuya mayor licencia consiste en hacerlos caminar por el mundo de la imaginación para que nos expliquen, para que nos descifren, para que nos ayuden a sobrellevar el destino real, no menos ingrato que el vivido por los hombres hechos de palabras mejor conocidos como personajes. Eso es precisamente lo que se deja vislumbrar en los relatos de Alfredo Loera, escritor nacido en Torreón hacia 1983 y autor de Fuegos fatuos, libro de cuentos publicado por la UAdeC en la tercera serie de Escritores Coahuilenses Siglo XXI.
Recolector de huesos amarillentos y polvosos, de vidas quebradas por la desdicha, Loera ha formateado a su corta edad un conjunto de cuentos que sorprende por la fiereza de su punch. Si bien la vida enseña, querámoslo o no, a conocer de golpes y tropiezos, hay hombres como Loera que nacen con un chip para detectar las dolencias alojadas en el lado oscuro del corazón. Esto no se aprende así como así, en escuelas o con buenos consejeros; esto se trae, esto proviene de la cuna. Es el caso de Loera, quien ha sabido sacar jugo a su visión descarnada de la vida para urdir historias en las que peregrinan hombres y mujeres sin atributos, seres desfalcados de optimismo, espectros cuyo sentimiento trágico de la vida se expresa con gritos que retumban hacia adentro. Precoz espeleólogo de la desgracia, Loera nos lleva de la mano hacia los abismos de su imaginación y de allí salimos como renovados, como paradójicamente redimidos por el sacrificio de los otros para, de esa manera, anticipar rutas de escape.
Hagamos el cómputo de la edad que frisaba el autor al momento de curar la exposición de Fuegos fatuos. Si nació el 5 de julio del 83 y publicó el libro en enero de 2010 (a los 27 de su edad), es de suponer que estos cuentos fueron escritos entre los 24 y 25 años, si no es que un poco antes. Pues bien, esto es de resaltar porque escasos hombres de esa edad miran con tanto detenimiento el espectáculo del fracaso humano. A los veintitantos y tal vez todavía a los treinta y tantos, la vitalidad del cuerpo no deja que el alma se distraiga con pesadumbres, así que suele ser la etapa más propicia para el optimismo. Loera, con su antena captadora de desolación, comenzó temprano a percibir las vibraciones que lo llevaron a escribir cuentos con personajes que ni siquiera parecen de literatura mexicana, más cargada a frecuentar el lado dicharachero y festivo, ese lado que disuelve el desaliento en el ácido del humor. Las historias y los fantasmas que trajinan en las páginas de Fuegos fatuos parecen más arltianos, más scalabrineanos, más malleanos, más onettianos, más beneditteanos, más piglianos, es decir, más cercanos a la tristona narrativa rioplatense que a la carnavalesca ficción que solemos cocinarnos por acá. Un solo título de alguno de los libros acuñados en Buenos Aires, aunque no se trate exactamente de una narración sino de un ensayo, basta para ilustrar el parentesco, no sé si voluntario o involuntario, entre los cuentos de Loera con el clima típico del relato porteño: El hombre que está solo y espera, de Raúl Scalabrini Ortiz. En efecto, los escombros de hombres creados por el escritor lagunero parece que siempre están solos y parece que siempre esperan, que siempre están masticando el agrio (ni siquiera agridulce) bocado del tedio.
Loera estudió contabilidad y finanzas y egresó del diplomado de la Escuela de Escritores de La Laguna. Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en la Ciudad de México y en Fuegos fatuos nos ofrece seis cuentos con un catálogo de personajes abatidos y atmósferas enrarecidas. En la cuarta de forros, Édgar Valencia escribió que “Los personajes de Fuegos fatuos son oscuros, perdedores, entrañables y vivos; jóvenes sin esperanza cuya única diversión es tomar una cubeta de cervezas. Hay algo de lo más amargo del alcohol en estas páginas donde lo fantástico se justifica en la desesperanza y en la soledad de cada cuento”.
Aunque hay algunos con fleco fantástico a la manera dislocativa de Cortázar, los siento más realistas aunque, insisto, aborrascados, como velados por una niebla densa que en el caso de La Laguna puede ser nuestro no muy londinense polvo. Los sujetos se mueven en un ambiente gris como sus vidas y pasean su moral hecha jirones por bares, restaurantes, parques, vecindarios, hoteluchos, burdeles. Los protagonistas son, la mayoría, hombres, perros solitarios que mendigan compañía de mujeres, acostones, fajes que de todos modos no anulan la patética miserabilidad, como dijo Yrigoyen, de estos machos sin camino de retorno a la alegría.
Del grupo destacan, creo, “Aquella luz púrpura” (casi una noveleta más que un cuento), “Casandra” y “Falta de luto”, acaso el mejor de todos. El estilo tiene densidad metafórica aunque en ocasiones falle un poco, incluso la sintaxis por dificultades con el uso de la puntuación. Pecata minuta, nada que un poco de aseo editorial no pueda despejar. Lo importante es la fluidez de la prosa, el inframundo espiritual que sin exaltarse nos revela Alfredo Loera en sus historias. En todos los casos (“Falta de luto” es paradigmático en este sentido) el autor muestra dominio de un recurso caro en la cuentística, un recurso que Hemingway elevó a la categoría de precepto: la teoría del iceberg, el arte de la alusión, del decir sin decir. El autor de Por quién doblan las campanas lo resumió así: “Siempre trato de escribir teniendo en cuenta el principio del iceberg. Los siete octavos de su superficie están debajo del agua por cada pedazo que muestra. Todo lo que uno sabe que puede eliminar solamente refuerza el iceberg. Es la parte que no muestra nada” (traducción de Tatiana Calderón-Le Joliff). Loera lo domina no sé si por intuición o aprendizaje, aunque es lo mismo, pues lo importante es que pasamos por encima de sus cuentos a sabiendas de que abajo hay algo inexpresado y terrible, tan doloroso que basta mostrar la cáscara para imaginar la putrefacción de la pulpa.
El caso de Loera y sus Fuegos fatuos es una sorpresa para mí, pues su registro es anormal no sólo por su edad sino por el entorno cultural en el que se formó. Por aquí no es frecuente escribir en tono de lento cellístico. Loera lo tiene y eso, en vez de entristecerme o deprimirme, me alegra pues en él contamos con un Virgilio para transitar nuestros infiernos. (Texto leído ayer en la presentación de Fuegos fatuos celebrada en la Galería de Arte del TIM; ofrecí estas palabras junto al autor y Ruth Castro).

sábado, diciembre 11, 2010

Jóvenes literarios laguneros



Luego del reconocimiento que el jueves pasado organizamos para Saúl Rosales hubo en el Festival del libro y la lectura una mesa sobre poesía en tiempos de crisis. La compartieron los jóvenes escritores Gerardo Monroy, Daniel Maldonado y Jacobo Tafoya; como moderador estuvo, nada mal si consideramos que no rebasa los veinte años, el periodista Luis Alberto López García. Al oírlos no pude no pensar en lo bien articulada que puede estar la mente de un muchacho cuando lee y, si es posible, cuando escribe. Los cuatro que compartían la mesa hablaban bien, hacían afirmaciones inteligentes, con soltura e información. Divagador empedernido, en un rato me fui de la exposición y redacté en la mente este elogio de los jóvenes literarios laguneros, pues creo que entre los setenta y ochenta nació la generación que confirmará a La Laguna, a Torreón principalmente, como la sede de la mejor y más abundante literatura escrita en Coahuila y en Durango.
No sé a qué se deba el fenómeno, pero según mis cálculos La Laguna (insisto que sobre todo Torreón) es cuna de muchos buenos escritores. Por ahora aparto a los que ya pasaron hace rato los cuarenta y tantos años. Me detengo a pensar en los que tienen algo así como 35 más o (mucho) menos. Son numerosos los que, más allá del reconocimiento público, tienen una obra valiosa y prometen ampliarla.
En mi improvisada lista no sólo están los citados Monroy, Maldonado y Tafoya, quienes sin duda han trabajado en serio para afinar el talento que ya de por sí les fue dado de nacencia. Monroy, oriundo de Monterrey pero habituado al polvo lagunero, es un caso raro de poeta con inquietudes políticas que en estos tiempos parecen extintas: es un radical de izquierda; lo he seguido de cerca como conferencista y sus dotes lo hacen parecer más grande de lo que es. Maldonado, por su parte, es un poeta y prosista exquisito y no por ello artepurista; declara que le debe a Saúl la adopción de su postura crítica, y no es falso. A Tafoya, más jóven que los otros dos, lo conozco menos, pero lo poco que alguna vez leí en su blog me permitió considerarlo una fresca posibilidad de escritor.
A estos escritores es posible sumar un contingente grueso, de ahí que podamos afirmar lo que afirmé al principio: que La Laguna tiene varios treintañeros ya sobresalientes para menear la pluma. Pienso en los hermanos Viz y Frino, es decir, Vicente Alfonso y Toño Rodríguez, acaso los gemelos más cotizados de la literatura mexicana; juntos pero no revueltos han ganado premios nacionales, han publicado en numerosas revistas y, lo más importante, han visto caminar sus obras en editoriales con presencia en todo el país.
No son tantas las mujeres que se unen a este grupo, pues las más productivas se ubican en una o dos generaciones anteriores, la de Angélica López Gándara, Lidia Acevedo, Yolanda Natera, Magda Madero o Rosa Gámez y Dolores Díaz Rivera, entre otras. Sus más jóvenes y destacadas colegas son, creo, la poeta Ivonne Gómez Ledesma y Yazmín Chavarría, aunque todavía las siento un tanto indecisas a la hora de buscar publicaciones. Al contrario, son muchos los hombres que abultan el desfile: los dos Carlos terribles de la literatura lagunera, Reyes y Velázquez. El primero es uno de los más disciplinados para escribir, publicar y encontrar foros de expresión, y el segundo sigue firme en el afianzamiento de una narrativa lingüísticamente experimental y desmadrosa. Ambos han logrado que sus libros circulen por todo el país gracias a editoriales como Tierra Adentro y Sexto Piso, lo que no es poco decir.
No olvido que también nacieron en los setenta algunos escritores que nunca dejaré de sentir cerca pues me acompañaron en un fascinante y largo viaje por el taller literario de la UIA Laguna. Miguel Báez Durán, quien vive en Montreal pero no deja de estar aquí, es un narrador y ensayista sumamente bien formado y, a las pruebas me remito, el mejor crítico de cine que hemos tenido en La Laguna al menos en los años recientes. Daniel Lomas, un sujeto marginal y chingón al que presumo como espléndido poeta y narrador, tiene dos o tres libros inéditos que desde ya son a mi juicio ineludibles. Daniel Herrera, quien comenzó su carrera vuelto loco por Bukowski, ha crecido como cuentista gracias a su empeño lector y a que la vida lo puso frente a la vida. Enrique Sada, también de este paquete, hace muy digna poesía y maneja el ensayo literario e histórico con soltura. Salvador Sáenz, de Matamoros, ya tiene dos libros que cuando encuentren editor lo pondrán de golpe entre los prometedores.
Es obvio que olvido a varios en esta lista (cómo no: a Édgar Valencia). No es un censo exhaustivo, sino un boceto para comprobar que en efecto tenemos jóvenes escritores ya formados (casi autoformados), lo que alegra si pensamos que no es nuestra región una Meca de las artes o algo parecido. Me alegra saber, por otro lado, que viene en marcha otro tumulto, el que ronda los talleres de Saúl Rosales, el de Gerardo Monroy y el que se mueve tanto en la Escuela de Escritores que dirige Teresa Muñoz como el que cursa el diplomado en literatura ofrecido por la Dirección Municipal de Cultura.
Uno de los jóvenes escritores que sin vacilación hay que instalar entre los mencionados es Alfredo Loera. Nació en Torreón en 1983, estudió contabilidad y finanzas y egresó del diplomado de la Escuela de Escritores de La Laguna. Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en la Ciudad de México y a su corta edad publicó Fuegos fatuos, libro de cuentos que hoy a las siete de la tarde presentaré junto a él y Ruth Castro en el Festival del libro y la lectura cuya sede es la Galería anexa al TIM. Loera y los bastantes enumerados me llevan a pensar que entre lo mucho malo que nos ha pasado últimamente en La Laguna, hay algo bueno, muy bueno: nuestra joven literatura.
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Nota del editor: la imagen que encabeza este post (que he titulado Gazapo) es un trabajo en papel realizado por mi hija Aitana cuando tenía siete años.

jueves, diciembre 09, 2010

Palabras de Vargas Llosa



He leído con atención el discurso leído por Mario Vargas Llosa el pasado día 7 en la ceremonia que enmarcó su recepción del Nobel de literatura 2010. En él contemplo los énfasis que este escritor ha hecho sobre el valor de los libros, la lectura y la imaginación como soportes de la vida humana, de cierta vida humana. Claro que también hace otros, esos subrayados sobre los totalitarismos que agarran parejo e idealizan a la sociedad abierta que curiosa, extrañamente, es muy abierta y todo lo que se diga pero también clausura el porvenir a millones de millones de personas en el planeta.

Si no hay contradicción, me quedo con el Vargas Llosa que escribe como pocos, como nadie, sobre literatura, sobre la formación de un escritor en nuestras golpeadas repúblicas y sobre la mejoría del hombre cuando se vincula con el libro de ficción. En ese caso se adunan teoría y práctica, se concilia una idea de escritor latinoamericano y su consumada materialización en el propio Vargas Llosa.

Sobre estos temas quiero destacar algunas ideas del peruano. Creo que a todos los escritores, jóvenes y no tanto, pero sobre todo a los primeros, y más a los narradores, les sirven para orientar su esfuerzo y considerar irrebatible un aserto: en literatura el talento ayuda, pero más la terquedad, la disciplina, la combustión del deseo por atar palabras que luego serán cedidas al lector en forma de libro. Van unos highlights:

—Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio.

—La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.

—Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos.

—En esos años, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merecía aplausos, a mí, el nieto, el sobrino, el hijo sin papá, porque mi padre había muerto y estaba en el cielo. Era un señor alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una mañana piurana, de la que todavía no creo haberme recobrado, mi madre me reveló que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo día nos iríamos a vivir con él, a Lima. Yo tenía once años y, desde entonces, todo cambió. Perdí la inocencia y descubrí la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvación fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra…

—Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas.

Queremos tanto a Saúl



En julio de este año comencé a tramitar un homenaje para Saúl Rosales con motivo del setenta aniversario de su nacimiento. Lo imaginé con mucha anticipación porque deseaba que ese cumpleaños coincidiera con una amplia mesa en la que algunos de sus amigos y discípulos le hiciéramos ver, otra vez, para que no quede duda, el agradecimiento que sentimos por lo que ha hecho y por lo que sigue haciendo a favor de la cultura lagunera. Saúl cumplió años el pasado 29 de octubre y con tristeza vi que el congestionamiento de actividades culturales impedía organizar lo deseado. Y así, por el estilo, ha estado el cierre de 2010: decenas de actividades culturales en las que, como tantos, quedé metido en los roles de organizador y participante, sin tiempo para mucho más.
Aunque fuera en el anochecer del año vi la coyuntura para hacer el homenaje cuando Ruth Castro, responsable de la librería del Teatro Martínez, me invitó al Festival Lagunero del Libro y la Lectura ofrecido en estos días, con muchas actividades, en la Galería de Arte Contemporáneo anexa al TIM. Ya estuve ayer en una mesa sobre novela de la Revolución y hoy a las seis de la tarde compartiré espacio con los escritores Angélica López Gándara y Daniel Maldonado, quienes han accedido a decir algo para enfatizar la admiración y el agradecimiento sentidos en general por quienes de Saúl sólo hemos recibido un trato generoso, pródigo en consejos y recomendaciones útiles para mejor movernos en la vida literaria y en la otra.
Tal vez vaya a ser modesto, menor al que merece, el reconocimiento armado esta vez para Saúl. Lo conozco bien y sé que acepta sin vanagloria, con humor y de buen grado, los gestos de afecto que la gente le dedica. Una de sus mayores virtudes es no exaltarse ante los elogios, pero sabe aceptar que la gente a veces quiera quererlo en público, que quienes hemos recibido algo de él lo digamos porque a fin de cuentas todo se vincula a la literatura, actividad en la que aquí debemos proceder con humildad, cierto, pero sin llegar a la autocompasión. Entre muchas, una enseñanza de Saúl es la de habernos convencido de que la literatura es importante y útil, no el cacharro que otros quieren ver, de ahí el orgullo que sentimos al escribir.
Hace, creo, como diez años, la revista Frontera publicó un dossier dedicado a Saúl. En esas páginas colaboré con un artículo titulado “Saúl Rosales Carrillo: una literatura germinal en La Laguna”. Pasados los años, las palabras allí escritas no sólo siguen vigentes, sino que se quedan cortas, como en este fragmento: “Cualquier diccionario, y pongo por caso el Pequeño Larousse, explica que germinal proviene de germen, que es el ‘Principio simple y primitivo del que se deriva todo ser viviente’ y, poco más delante, ‘Parte de la semilla que ha de formar la planta’. Ahora bien, si la literatura es una de las ramas de la vida —por cierto, no la menos importante, aunque los mass media se empeñen en desdeñar todo respeto por las letras—, obvio es que para manifestarse necesita un germen, ese ‘principio simple y primitivo del que se deriva todo ser viviente’.
La metáfora, aplicada al caso germinal de Saúl Rosales Carrillo (Torreón, Coah., 29 de octubre de 1940), no es sólo un bello empréstito de la botánica, sino una verdad tan ostensible que sin la presencia de este escritor no existiría la fronda literaria ya visible en la comarca lagunera desde principios de los ochentas hasta la hora actual. Porque la labor de Rosales Carrillo, lo digo con pruebas en la mano, no se ha limitado a crear en una torre de marfil impermeable a las inquietudes de los jóvenes escritores; al revés, su generoso y prudente magisterio no tiene parangón en la breve crónica de la literatura lagunera, y muchos —alzo el brazo y digo ¡presente!— son los beneficiarios de sus innumerables y munificentes consejos…”.
Hoy, pues, esperemos que muchos nos acompañen a las seis de la tarde en la Galería de Arte Contemporáneo anexa al TIM. El motivo bien vale la vuelta, pues no todas las ciudades pueden presumir magisterios tan prolongados y feraces como el de Saúl Rosales Carrillo, a quien tanto queremos.
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Nota del editor: tomé la foto que encabeza este post con autodisparador. Estoy allí en la oficina de Saúl ubicada en el Teatro Isauro Martínez. La fecha fue el 9 de octubre de 2007, día exacto del cuarenta aniversario de la muerte del Che.

miércoles, diciembre 08, 2010

Festival lagunero del libro y la lectura 2010



El Teatro Isauro Martínez y El Siglo de Torreón organizan el primer Festival lagunero del libro y la lectura, a celebrarse del 7 al 12 de diciembre de 2010 en la Galería de Arte Contemporáneo anexa al TIM. Ante la ausencia en nuestra región de un evento de promoción de la lectura de amplio alcance e impacto social, los organizadores se han propuesto crear las condiciones para que los laguneros cuenten con un programa anual, abierto e intensivo, que propague los valores de la lectura y la cultura escrita, incluyendo una expo-venta con la participación directa de algunas de las editoriales más importantes en el país.

Programa de actividades:
Martes 7 diciembre
12:00 Cuentos con la Tropa Cachivaches.
17:00 Inauguración
18:00 Conferencia “El futuro del Libro”, por Yohan Uribe.
19:00 “Escritura en movimiento”. Mezquite, danza contemporánea.

Miércoles 8 diciembre
12:00 Cuento con la Tropa Cachivaches.
17:00 Maratón de Lectura en voz alta. Alumnos del Diplomado de Creación Literaria DMC.
Lectura: “Los cuadernos de don Rigoberto”, de Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010.
18:00 Mesa redonda “Literatura de la Revolución”
Invitados: Jaime Muñoz, Carlos Castañón, Lilia de la Peña y Antonio Álvarez Mesta.
19:00 Conferencia “Imaginaria Luz: la poesía hoy en la Laguna”. Imparte: Nadia Contreras, escritora.
20:30 VI Festival Internacional de Piano Isauro Martínez presenta al maestro Walter Ponce (Bolivia).
Planta baja: $200
Mezzanine: $150
50% a estudiantes, maestros y INSEN, con credencial.

Jueves 9 diciembre
12:00 Cuentos con la Tropa Cachivaches.
17:00 Ceremonia de entrega de premios “Yo leo”
18:00 Mesa Reconocimiento a Saúl Rosales en sus 70 años de vida. Jaime Muñoz, Angélica López Gándara y Daniel Maldonado.
19:00 Mesa redonda “Poesía en tiempos de crisis”. Moderador: Luis Alberto López
Comentan: Gerardo Monroy, Daniel Maldonado y Jacobo Tafoya.
19:00 Presentación del Ballet Folklórico Nahucali. Dirige Manuel Valle. Sala principal del Teatro Isauro Martínez. (Costo por confirmar)
20:00 Lectura dramatizada: “La curvatura del empeine”, de Vicente Muñoz Puelles.
Participan: Isidro Barrientos, Fernando Aldaco, Irlanda Arellano, Karla Alvízar, y Fernando Canive Maynez. Laboratorio de Artes Escénicas del CIIR A.C.

Viernes 10 diciembre
11:00 Presentación del libro para niños No está mal. Participan: Miriam González, Alonso González, Cecilia Guerrero y Ricardo Violante (Cuentacuentos).
12:00 Cuentos con la Tropa Cachivaches.
17:00 Lectura Dramatizada: “Reparando la mirada”, por Colectivo Artístico Paralelo 27.
18:00 Presentación de la revista Acequias 54. UIA Laguna.
19:00 Presentación del libro Mis ojos del fuego, de Julio César Félix.
20:00 Desert Blues.

Sábado 11 diciembre
10:00 a 14:00 Taller de edición y elaboración de libros. Imparte: Nérvinson Machado. La Regia Cartonera.
17:00 Lectura en voz alta. Escuela de Escritores de la Laguna A.C.
18:00 Lectura en voz alta. "DubSar, poemas sobre una máquina del tiempo llamado Libro" Nérvinson Machado.
19:00 Presentación del libro Fuegos fatuos, de Alfredo Loera. Presentan Ruth Castro, Jaime Muñoz y el autor.
20:00 Tango Tangible.

Domingo 12 diciembre
12:00 Cuentacuentos. Narrador: Raúl Esparza.
17:00 Cuentos con la Tropa Cachivaches.
18:00 Presentación del libro Shanté, de Alberto Chimal.
Editorial La Regia Cartonera
18:00 Homenaje a los Beatles. Grupo Minuto 90’’
Costo: $60 General
19:00 Conferencia “Leopoldo María Panero, el poeta y el loco”, por Alberto Chimal.

Lennon en la memoria



Hoy hace treinta años mataron a John Lennon. ¿Qué pasa en la mente cuando uno recuerda con toda claridad lo que ocurrió hace tanto tiempo? Porque treinta años son muchos años en la vida del hombre, acaso un poco menos de la mitad que al fin le son concedidos. Pues sí, han pasado tres décadas desde aquel 8 de diciembre de 1980 en el que los noticieros nos informaron que uno de los Beatles había sido acribillado en Nueva York. Aunque nunca fui fan de cantantes o grupos de ese tipo, la música de Lennon y sus cuates anduvo en la atmósfera que respiré en mi infancia y en mi adolescencia, así que resultaba imposible no quedar conmocionado ante la muerte del idolazo pop.

Recuerdo que poco después de aquella fecha, quizá en la navidad ya próxima, recibí una playerita blanca con mangas rojas. No valía un centavo, pero la conservé durante varios años por dos razones: porque la ropa debía durarnos mucho tiempo y porque esa prenda tenía en el pecho una imagen de Lennon, su nombre y las fechas 1940-1980. Yo tenía 16 años, estaba perdido en una especie de existencialismo babotas y reprobaba todas las materias de la prepa. No era por burro, creo, sino por desobligado. Sospecho que por aquellos años comencé a ver borrosamente una relación estrecha con los libros. Me gustaba ver tele, jugar fut en la calle, andar de vago con amigos más vagos e irresponsables que yo y en secreto, casi con vergüenza, leer.

Para esas épocas el mundo era sólo La Laguna. No para mí, sino para todos los camaradas que me topaba en la vida. Todavía lejos del internet y la avalancha globalifílica, muy pocos sabían algo de inglés y los contados que se preocupaban por el futuro jamás se imaginaban fuera del entorno doméstico. El mundo era nuestras calles, nuestros parques, nuestros camiones, nuestras escuelas. No había celulares, no había computadoras, no había narcos (o, si los había, nadie reparaba en ellos) y al Santos Laguna le faltaban tres años para nacer. Nos gobernaba José López Portillo y ya se sentía gacho la mordedura de las sucesivas crisis que poco después, con De la Madrid, iban a partirle la maceta a miles de economías familiares, incluida la de la mía. Por culpa de esos gobiernos me tocó andar (a muchísimos nos tocó andar) con una mano adelante y otra atrás, a rastras por la vida, sin un clavo para soñar con pantalones nuevos o una novia. A falta de novia y de internet, todavía circulaban en las escuelas y en los barrios, clandestinamente, las revistas adecuadas (como si dijéramos “de autoayuda”) para arrancarle a la existencia algunos mendrugos de satisfacción.

En la tele ocupaban la cúspide del rating el Chavo del Ocho, La Pantera Rosa y las muchas series policiales del Canal 5. Era una época en la que el América daba miedo y nadie podía anotarle más de dos. Es innecesario decir que el programa dominical de Chabelo ya existía, pues tiene al aire desde el Renacimiento a la fecha. Creo que todavía nos emocionábamos con los concursos internacionales de belleza y con el Festival OTI en el que oíamos y veíamos cantar a la crema de la crema nacional en la plenitud de su talento: Emmanuel, Napoleón, Yuri y un José José que por esos años interpretó “El triste” maravillosamente y sin despeinarse, pero no ganó. Como eran épocas de una sola tele en casa, sin cable y todavía sin videorreproductora, había por lo menos cierta unión familiar forzada, la parentalia se reunía los domingos y escuchaba con arrobo al simpatiquísimo Raúl Velasco que a dúo con Jacobo (era prescindible añadir el apellido Zabludowsky) daba línea en el entretenimiento y la información nacionales.

En Torreón todavía existía la zona de tolerancia (“la Zona”, así le decíamos tal vez para que el lugar pareciera más siniestro) y los jóvenes no íbamos al “antro”, que no existía como tal, sino que nos echábamos las chelas en alguna “disco” donde aún se bailaba a lo Travolta o en alguna casa para que el trago no saliera tan caro; usábamos el pelo con partido a la mitad y sin gel, así que nos peinábamos con la pura estática del cepillo. Las cantinas no dejaban entrar a las mujeres, eran sólo para rucos y allí se estacionaban nuestros padres cuando se ponían de acuerdo con sus pinches amigotes, según las sabias palabras de nuestras abnegadas mamases.

En fin, hace treinta años murió Lennon y tengo la impresión de que, por lo dicho, eso ocurrió el siglo, el obvio milenio pasado. Era otro mundo. Ya se veía feo, pero no tanto como éste.

domingo, diciembre 05, 2010

Final cincuenta/cincuenta







Luego del partido de alta tensión que el jueves despacharon Santos y Monterrey, hoy a las seis de la tarde comienza el segundo que será —y ya lo es antes de que los equipos salten a la cancha— une película de Hitchcock sobre el pasto. Ahora sí, creo, los momios están totalmente equilibrados y nadie en sus cinco puede asegurar que el arroz ya está cocido a favor de cualquiera de los dos equipos. Tengo rato que no sigo con rigor las estadísticas del futbol, pero con los pocos antecedentes a mi disposición sospecho una paridad pocas veces vista en las finales del reciente futbol mexicano.
Cincuenta/cincuenta, eso es lo que vislumbro para el último cotejo del futbol mexicano y todo estará colgando, como se vio en el juego de ida, de un gran acierto o de un gran error, pues sólo así se puede concebir un desequilibrio de la balanza.
Veo el muy trabado equilibrio en los siguientes elementos:
1) Un (auto)golecito milagroso. El tanto extra que lleva de ventaja el Santos Laguna a Monterrey será, dígase lo que se diga, un regulador de las acciones sobre todo en los minutos iniciales. Es obvio que los Rayados saldrán a descontar, así que los laguneros tendrán que ver cómo descuelgan y amplían la ventaja antes de que Monterrey haga de las suyas. Si me exigieran una opinión ineludible, diría que en los primeros veinte minutos del partido se decidirá todo.
2) La condición de local. No es lo mismo un gol de ventaja como visitante que como local. Ocurre a veces lo contrario: el gol de desventaja es el mejor acicate para el equipo que juega en casa y sale a tragarse al rival sin misericordia. En esto el público es determinante: una combinación de alaridos de aliento y deseo de emparejar el marcador hace que los locales no sólo empaten, sino que remonten con la inercia adquirida en el primer impulso. Esto reafirma lo que digo: los primeros minutos pueden ser los decisivos. La condición de local compensará pues a Monterrey el gol de ventaja que tiene su rival.
3) Las dos delanteras. Las dos delanteras llegan, creo, como las mejores líneas de ambos equipos. Tanto lo creo que hasta en esto noto un impecable equilibrio. Se dice, con razón, que Benítez es un criminal de las porterías y que Darwin Quintero por fin localizó la puntería extraviada. Pues sí, los dos negrazos del Santos están en su punto, ágiles, veloces, atinados. Lamentablemente para los de aquí, Monterrey puede presumir lo mismo de los suyos, sobre todo del chileno Suazo; este maldito pelón es, sin duda, un superdelantero, tan peligroso que prácticamente no toca un balón sin que emita una vibra de malestar a los rivales. Le eché el ojo durante todo el partido del jueves y nada me cuesta decir que fue, o es, el mejor jugador que tienen los Rayados y acaso la final. Juega de poste, hace paredes, dispara fuerte, cabecea, centra, filtra balones, abre huecos, enfada a los enemigos, es una bestia, en suma, y eso que es chaparrón y algo corpulento. En ciertos desplazamientos me recuerda a Cabañas, el fabuloso (hasta el balazo del Bar-Bar) Cabañas. Si sumamos a De Nigris, quien tiene como dos años sin demeritar, la delantera de Monterrey es tan incómoda como la del Santos.
Veo, me perdonarán, un factor de desequilibrio en el arbitraje. Ya anunciaron que pitará Armando Archundia, razón por la que tiemblo. Diré por qué más adelante, ya que primero deseo comentar el primer gol de Monterrey en Torreón. No sé si alguien lo vio y lo comentó (supongo que sí), pero el tanto de Suazo provino de una falta contra la defensa del Santos. Un jugador de Monterrey tiró un jalón descarado y Marco Rodríguez no pitó falta; dio la impresión de que aplicó una especie de ley de la ventaja a favor de la defensiva santista. Sin embargo, la ley de la ventaja era inexistente, pues los jugadores del equipo lagunero no podían salir con claridad y se enredaron, perdieron de inmediato el balón que le cayó a Suazo y anotó. Fue un detalle sutil, pero suficiente a mi juicio para manchar el trabajo del silbante.
Ahora sí, Archundia. Este cuate es un gran árbitro, sin duda, pero siempre he notado que tiende a contemporizar con el público que lo presiona. Es decir, pita muy bien siempre y cuando el partido no tenga rispideces. Cuando el público lo abruma (y tal será el caso en la Sultana) Archundia suele acomodarse a la situación menos conflictiva, la de cargar sus decisiones a favor del equipo local. Por eso exactamente hizo un gran papel en Sudáfrica: allá no había local ni visitante, lo que provocó que se mantuviera tranquilo y neutral e desempeñara su trabajo con solvencia. En México, empero, todo es cuestión de que el público lo acose para que se dedique a complacerlo con decisiones cuestionables.
Por último, el error más frecuente del aficionado es no ver las virtudes del rival y agredirlo con grotescos argumentos chovinistas. No voy a cometerlo. Quiero que gane el equipo de La Laguna. Lo deseo tal vez más que nunca, pero es evidente que del otro lado también hay un gran equipo. Con este torneo terminará la primera década futbolera del nuevo siglo y para mí es inevitable reiterar que los dos mejores del norte en este lapso son los que hoy se disputarán el campeonato. Este domingo a las ocho de la noche o poco más sabremos el resultado. Ojalá nos favorezca y Ojalá mañana, pase lo que pase, volvamos a la realidad con la certeza de que tenemos buen futbol profesional en La Laguna. De eso ya no hay duda.
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Nota del editor: las espléndidas fotos que encabezan este post son cortesía de Óscar Wong.

sábado, diciembre 04, 2010

Elogio de la herejía



No han cesado las opiniones sobre lo que heredó Néstor Kirchner tras su muerte. He seguido algunas, las que puedo de acuerdo al tiempo disponible que me deja la supervivencia mexicana. En muchos casos encuentro lo mismo que en general se dijo cuando todavía estaba fresco el cadáver del ex mandatario: los elogios superan a las críticas simplemente porque los aciertos de Kirchner fueron más que sus errores. Basta contrastar el país que tomó con lo que pocos años después hizo para convencerse de que el saldo histórico arroja para él número negros y, por tanto, un recuerdo positivo.
Hay un rasgo de Kirchner que me llama fuertemente la atención pues no lo he visto en políticos mexicanos de reciente y no tan reciente hornada: en tiempos de dificultad extrema, el “Pingüino” (así le decían) propuso medidas que no coincidían con los grandes intereses creados de su país. En otras palabras, con habilidad notable y no sin fricciones avanzó hacia la corrección de políticas públicas que al favorecer a muchos perjudicó por fin a los pocos de siempre, a los dueños del capital, a la aristocracia gaucha en aquel caso. Eso es lo que resalta Alejandro Dolina en el artículo del que en seguida cito un fragmento. Veo en esas palabras lo que acá seguimos extrañando: un corte abrupto a la voracidad de los poquísimos que se atragantan con el pastel y sólo han dejado migajas para millones y millones. Dolina explica:
(…) Me permito entonces, subrayar la acción política de Néstor Kirchner como venturoso gestor de desacuerdos. Él se atrevió a recorrer caminos que nadie se atrevía a transitar y que parecían alejarse de las concurridas avenidas centrales que recomendaban los poderosos del mundo global. Y se metió por unas calles ya olvidadas cuyos nombres sólo se pronunciaban en los foros estudiantiles, en las reuniones de soñadores y en rincones que siempre estaban alejados del poder político.
Esas calles de desacuerdo ahora pueden reconocerse: una conduce al crecimiento del mercado interno... Otra al control del comercio exterior... Está bien el boulevard de la intervención del Estado o la esquina de la ley de medios, la plaza de la asignación por hijo y los veredones del desendeudamiento. Algunas de estas calles habían sido recorridas por otro señor en 1946.
Cuando alguien del poder político se atreve a caminar estos senderos termina por llegar a un distrito donde el poder político no está en el mismo lugar que el poder económico. Y la bifurcación se produce y son inevitables los ataques de las corporaciones y de los poderosos que tratarán de conseguir el regreso de los gobernantes tránsfugas hacia las avenidas iluminadas de sus intereses.
Hace muchos años hubo por televisión un debate entre el doctor Teodoro Bronzini, líder socialista e intendente de Mar del Plata, y el doctor Becar Varela que militaba en el partido que entonces tenía al menos el coraje de admitirse como conservador.
Fue una conversación muy amable y el moderador se sorprendió al fin del programa de que hubieran coincidido en tantas cosas. En realidad, no era sorprendente, ambos políticos formaban parte de una visión liberal del mundo y eran funcionales a los intereses de las corporaciones. ¿Cómo no van a ser amables si en el fondo pensaban lo mismo? Néstor Kirchner no les parecía amable a las corporaciones. En verdad, ningún otro presidente salvo aquel otro señor de 1946, les pareció tan desagradable. Y lo atacaron como a nadie ¿Por qué? No porque Kirchner tuviese mal carácter y fuera confrontativo como quien es cascarrabias.
No se trataba de una cuestión de carácter: este tipo había tocado sus intereses. Y fue el único que lo hizo. Todos los demás parecían aceptables en algún momento porque también en algún momento eran funcionales a los intereses del poder económico.
Y eso es todo lo que quería decir, a veces no hay más remedio que disentir, que persistir en el desacuerdo. Hoy casi por única vez en nuestra historia, el poder político no está donde está el poder económico.
Y este hombre que ahora se ha ido produjo un último acto de “insujeción”. Su muerte encendió la luz, y como en un refusilo vimos algo que la cerrazón de los medios había ocultado en la oscuridad: las calles laterales, las que no recomendaban los poderosos, estaban llenas de gente.

viernes, diciembre 03, 2010

Los dados de Fox



No hay que olvidarlo, pues al menos en parte allí está la matriz del actual desorden. Me refiero al cinismo con el que Vicente Fox ha venido hablando, pizca tras pizca, sobre su actuación en las elecciones de 2006. No es, de hecho, tan sorpresivo, pues durante este sexenio rojo el ex mandatario ha jugado con el score para declarar aquí y allá que, como todos lo vimos, participó abiertamente en el bloqueo contra López Obrador y favoreció al actual inquilino de Palacio Nacional. Pues bien, la sorpresa no está en la declaración, sino en la recepción cada vez más relajada de esas opiniones espesas de cinismo y gravedad.
Al expresarse así, Fox no sólo pulveriza retrospectivamente lo poco que pudiera quedarle de dignidad a su espeluznante sexenio, sino que se lleva entre las patas al actual, o sea, hace papilla los diez años del “cambio” pues nos habla de su esencial antidemocratismo y de su brutal actuación en un proceso tan viciado que a la fecha tiene a México de espaldas en la lona. No es una poquedad que alguien como él, identificado como ningún otro con un punto de inflexión histórico (el 2000) en la vida de nuestra república, diga lo que diga con la desfachatez con la que lo enuncia.
Decir que cargó los dados contra López Obrador en la contienda electoral de 2006 (según nota de La Opinión de ayer firmada por Daniel Venegas) es revelar una vez más el grotesco acuerdo cuyas consecuencias están a la vista. Nomás en materia de violencia, más de treinta mil muertos, pues la decisión de emprender una guerra contra la delincuencia fue tomada unilateralmente por un gobierno, el actual, cuyo poder se debe, entre otros, a otro gobierno que jugó descaradamente chueco y hoy, ya sin tapujos ni reservas para cuidar las formas, exhibe a todos los vientos que cargó dados para que cambiara el jinete, pero no el caballo, como declaró en otro momento el mismo desvergonzado ranchero.
Por supuesto, las expediciones verbales de Fox son punitivas. Lo han sido así durante el sexenio, pues todos sabemos que el calderonismo no le simpatizó nunca y lo ha mantenido amagado con frases como la de los dados. Ahora, por lo de Manuel Espino, su alfil, Fox ventila de nuevo el mismo petate que lo hace superior al actual gobierno federal: él sabe que para aplacar cualquier conato de insubordinación calderonista sólo es necesario recordar en los medios cómo llegó el michoacano a donde está. Ese es el espíritu de la expresión “cargué los dados”, enredar más y más y más a su sucesor en la maraña de la ilegitimidad.
El arreglo de 2006 fue tan burdo que no lo vieron ni lo creyeron sólo quienes por odio al candidato que según los empresarios era un peligro para México prefirieron una acción crasamente antidemocrática en vez de un presidente para ellos poco simpático y “populista”. Lamentablemente, el arreglo quedó tan mal prendido con visibles alfileres que se ha sostenido de milagro, cada vez con menos muestras de aguante hasta el cierre del sexenio. Ahora, ya en el pista electoral hacia el 2012, ese convenio en lo oscurito y sin satisfacción plena de las partes seguramente tronará. Lo que hasta ahora ha mostrado Fox es apenas un adelanto de lo que veremos al desnudo cuando ya sea inevitable desactivar al enemigo en la lucha por imponer candidaturas.
Si en su momento la actuación de Fox sirvió para frenar a López Obrador, las declaraciones (“Pues claro que sí, en lo que pude, claro que sí [cargó los dados contra AMLO], y es democrático; por eso lo digo yo y lo dije: fue un segundo triunfo para mí (…) y hablando de ellos [sus principios] como lo hago hoy con la misma pasión y la misma convicción; que todo ese rollo de la demagogia y el populismo, no funcionan”) ahora desmadejan a Felipe Calderón, su permanente rival. Visto así, el tosco Fox resultó dueño de una inteligencia maquiavélica: frenó al “populista” en 2006 y le amarró las manos al llamado “espurio” para 2012. El tiempo habrá de comprobar que el arreglo culminará en un desastre, pues en política los acuerdos deben ser perfectos, si quieren durar. Cualquier fisura, cualquier mínimo defecto o inconformidad de cualquiera de las partes concluye en pleito de (como decían los antiguos cronistas deportivos) pronóstico reservado. Ya lo veremos.

jueves, diciembre 02, 2010

El norte está en Torreón



Si a futbol mexicano queremos referirnos, durante los últimos quince años el norte ha estado, está y deberá seguir estando en Torreón, en La Laguna entera. Esa es la importancia de los juegos que disputarán esta noche y el domingo el Santos y Monterrey. Por más que sea futbol, una poquedad según muchos, para bastantes es una pasión que así sea humildemente contrapesa las rutinas y la grisura de la vida cotidiana, más dentro de regiones en las que el éxito deportivo se ha dado históricamente a cuentagotas.
Santos Laguna y Monterrey son indiscutiblemente los dos trabucos del norte en las temporadas recientes del balompié mexicano. No podemos sumar a otros, pues no hay mucho de donde agarrar y lo que hay o ha habido está de lástima. Del norte eran los Correcaminos y el Tampico-Madero, hace tiempo extintos; del norte fueron los Indios de Ciudad Juárez, también ya fuera de la división máxima; del norte fueron los Dorados de Sinaloa, que duraron nada. Del norte son los Tigres, las Águilas del América norteñas, esto por sus cuantiosas inversiones y sus magros resultados. De esta vasta y basta región del país también son los albiverdes laguneros y los rayados regiomontanos, lo único que en futbol podemos presumir.
A mi ver, hoy comenzará el duelo para ver quién es quién en el norte mexicano. Pase lo que pase con el resultado, es innegable que de todos modos los de aquí han logrado mucho más en menos tiempo, y eso los hace diferentes ante casi cualquier otro equipo del país. Cierto que Toluca ha tenido un ritmo continuo de brillantez, cierto que el Necaxa pasó una década de esplendor en los noventa o que Guadalajara y Cruz Azul, pese a los pocos títulos o a la falta de, han dado en general buenos torneos. Todo eso es cierto, pero esos clubes tienen, en promedio, cincuenta o más años de vida, el doble de los que tiene el equipo lagunero.
La juventud y el éxito no son un matrimonio común en el futbol, de ahí mi énfasis. El Santos Laguna eso es, un equipo apenas adulto y ya suficientemente cargado de medallas. Si la lógica se hubiera impuesto y Vuoso no hubiera cometido las animaladas de la final anterior contra Toluca, ya estaríamos hablando de que los laguneros irían por la quinta estrella, no por la cuarta. Pero cuarta o quinta, incluso la tercera, son una cuota considerable si tomamos en cuenta, reitero, la breve edad del equipo.
Recuerdo que el supernarrador futbolero Ángel Fernández, el mejor que ha tenido este país, llamó a los Leones Negros de la UdeG, cuando recién llegaron a la primera división allá por los setenta, “el equipo que nació grande”. Eso no se pudo decir del Santos en 1983. En realidad, fue un equipo que nació en cuna muy humilde, en segunda división B, casi en la nada. Su sufrimiento en los primeros años, es decir, durante todos los ochenta y una parte de los noventa, fue ejemplar. Lo pisoteaban todos, quedaba siempre en las zonas de descenso y siempre se salvaba con las uñas, en partidos que provocaron muchas reliquias de los aficionados laguneros. Pero llegó aquella final contra los Tecos y comenzó el ascenso con turbo hacia las primeras posiciones. Desde entonces, con algunos entendibles tropiezos, claro está, los laguneros han desempeñado un papel más que decoroso en el torneo mexicano. Su único rival en éxito es el Monterrey, pues los Tigres, aunque le han metido plata y más plata cada año, no son ni la sombra de aquellos cada vez más lejanos felinos de Batocletti, Mantegazza, Eugui, Boy, Barbadillo, el Harapos Morales y compañía.
Los Rayados, hay que reconocerlo, se han mostrado bien durante la década que casi concluimos. Su duelo en el norte, en realidad, es contra el Santos. Por esto cierto periodismo regio, artificiosamente fanfarrón, gusta de lanzar estiércol a todo lo lagunero, principalmente a nuestro equipo, y eso ha atizado la animosidad de los laguneros contra los dos equipos neoleoneses. Es futbol, un asunto simple, pero creo que por todos los antecedentes que hay sobre la mesa, los dos siguientes juegos tienen para La Laguna un valor especial. No es nomás el cuarto título. Es ganarle a Monterrey y demostrar que en este deporte, ahora sí, el norte está en Torreón, en Gómez, en Lerdo, en Matamoros, en Madero, en San Pedro, en Tlahualilo, en Juárez (Durango), en Mapimí, en Viesca y quizá también en Parras y en Nazas. Yo también deseo el cuarto pero no por el cuarto en sí, sino por su peculiar significado.

miércoles, diciembre 01, 2010

Los dos tiempos



Los tres partidos más grandes del país han optado cada uno por favorecer un tiempo específico para referirse a su viabilidad. El PAN ha escogido el presente, el PRI el pasado y el PRD (y sus satélites) el futuro. La pelea principal se da, o se ha dado, entre los dos primeros: el PAN con duros ataques al pasado que representa el PRI y éste a la tragedia que ha significado el presente desastroso que ya va para una década de achacosidades. El PRD, e insisto que sus satélites, se han quedado por descalificación con el porvenir, aunque de los tres momentos es el más especulativo, pues ni lo conocemos ni lo estamos viviendo: el futuro es siempre una ilusión.
Lamentablemente soy de los que no creen ni han creído jamás en la cacareada transición. Como lo ha ilustrado, entre otros. Jesús Silva-Herzog Márquez, hubo unos años allá por el 2001-2002-2003 en los que México padeció la enfermedad de la transicionitis. Surgieron incluso transiciólogos, verdaderos expertos en materia de cambios políticos que explicaron con todo el instrumental retórico a su disposición las características de toda transición, desde las más ásperas a las más tersas. La de México, se dijo, era inevitable, se veía venir y a final de cuentas no fue tan traumática, pues derivó de un proceso electoral incuestinablemente aseado, sin profundo trauma de cambio.
Creo que si no hubo trauma, si en efecto fue un cambio sosegado, eso se debió a que la transición no fue una transición, sino apenas un cambio de sigla, un arreglo cosmético de las cúpulas para que el país siguiera seis años por la misma ruta económica y con el plus de la ilusión democrática, una farsa.
Por eso, precisamente por eso, el conflicto fue mínimo o no lo hubo, y por eso Fox desaprovechó el bono “democrático”: las tepocatas y las víboras prietas de las que habló alguna vez eran parte del discurso supuestamente duro contra el pasado, aunque ese pasado había sido en realidad lo que le dio entidad al presente foxista, su razón de ser. ¿Y qué pasado fue el pasado de Fox? No los casi setenta años consecutivos de gobierno priísta, sino los más recientes veinte, es decir, los años de De la Madrid, Salinas y Zedillo, los tres sexenios de la carnicería tecnócrata a la que se sumó el gobierno de Fox, en teoría distinto.
El partido en el poder cambió, el arreglo pudo caminar un rato, pero como en esencia era lo mismo, un gobierno de entraña insensible, produjo lo que viene produciendo el modelito: pobres, violencia, retrocesos, antidemocracia. El clímax del shock se dio en 2006, un año que demostró el poco margen de maniobra que ya tenía el régimen para transitar las vías ortodoxas de control. Fue el año de la guerra mediática y demoscópica. Si en otras ocasiones cayó el sistema, o se sembró el miedo con magnicidios, o se creo la fantasmagoría del cambio, en 2006 todo parecía perdido y se recurrió al expediente de la guerra de los espots. Muchos empresarios mexicanos, usufructuarios inmediatos de la riqueza nacional y defensores a ultranza de la continuidad, se sumaron ilegalmente a la granizada y al fin lograron imponer, con un margen de risa, su ganador. La diferencia fue tan escasa que olía nauseabundamente a ilegitimidad. Los métodos de legitimación los hemos estado viendo en los más recientes años, saltan a la vista.
Ahora bien, volvamos al principio: el PRI postula un regreso (no dicen que al pasado porque la palabra “pasado” no goza de prestigio, pero eso nomás la insinúan); el PAN sostiene que el presente debe continuar, que, contra lo que dijo el poeta, no todo tiempo pasado fue mejor. El caso es que para algunos, entre los que me cuento, el pasado y el presente son la misma gata, pero revolcada. Por ello, en resumen, para ciertos mexicanos quizá haya sólo dos sopas: el pasado y el futuro. Tal vez, aunque vale aclarar que el futuro tiene la desventaja de que es lo único conjetural, a lo mucho un modesto sueño.

domingo, noviembre 28, 2010

Santo en Montreal



Durante el año que viene cerrando, Miguel Báez Durán, escritor lagunero avecindado en Montreal, Canadá, incrementó notablemente el número de posts para su blog, llamado De torreón al monte. Gracias al internet no he perdido de vista al querido y admirado Miguel y con él mantengo un diálogo si no intenso, sí frecuente y siempre cordial, sobre todo motivado por los textos de si blog y sus andanzas laborales como profesor de español en universidades montrealenses. No miento si digo que el blog de Báez Durán es una de las mejores páginas alimentadas por un lagunero en la inconmensurable red. Miguel ha continuado allí, sobre todo, su trabajo como crítico de cine, uno de los más solventes que se han formado originalmente en nuestras tierras. Como escritor, nunca deja al margen la buena prosa y la acompaña, obvio, de nutrida información y agudos juicios. A continuación comparto una de sus más recientes entregas. Es una crónica amenísima sobre la presencia del Enmascarado de Plata en una pantalla canadiense. Pedí permiso al autor para multiplicarla aquí. Le dije que no resistía la tentación de que algunos laguneros leyeran ese deleitable post. Su título original es “Santo revolucionario”, y dice así:
Para conmemorar el centenario de la Revolución el Cinéma du Parc —que, como ya lo he dicho en otras ocasiones, se halla debajo del edificio en donde vivo— programó algunas películas mexicanas del 18 al 25 de noviembre. Entre ellas, Revolución (2010), serie de cortos estrenada, creo, en la tele mexicana y que ya se puede ver también en YouTube. Fuera de ésta, ninguna otra toca el tema en sí. Hay filmes de Jodorowsky (El Topo, La montaña sagrada), Buñuel (Nazarín, La ilusión viaja en tranvía, El gran calavera), Reygadas (Luz silenciosa) y González Iñárritu (Amores perros). Y ayer a las tres de la tarde una cinta de El Santo: Santo y Blue Demon contra los monstruos (1970) de Gilberto Martínez Solares. Obvio que ésa era para mí la imperdible. Las otras las puedo rentar. Incluso algunas las tengo. Pero, me pregunté, ¿en qué otra ocasión iba a presentarse una de El Santo en algún cine de Montreal?
Bajé a eso de las dos porque la correa (compuesta por eslabones de plástico) de mi reloj se había roto una semana antes. Subiendo por las escaleras de la estación Mont Royal la correa se atoró con algo y uno de los eslabones de plástico dejó de servir. Yo tenía algunos repuestos guardados. Hasta hace poco noté que, en el centro comercial que está abajo, hay una relojería. Llevé el reloj, la correa y los eslabones de repuesto. El relojero me pidió esperar alrededor de veinte minutos porque a su parecer ése sería un trabajo muy, muy difícil. Caminé unos pasos hacia la sección de la comida donde hay algunos incómodos asientos y ahí me puse a leer el libro que acabo de comprar, el del chileno Rivera Letelier que ganó este año el Premio Alfaguara y que tiene en su portada un fotograma de Simón del desierto (1965) de Luis Buñuel. Estaba con un ojo al libro y otro a la entrada del Cinéma du Parc, todavía cerrada. Aproximadamente a las dos y media la gente empezó a merodear el acceso a las salas de cine. Me asaltó la indecisión. O iba a la incipiente fila para garantizar mi lugar en la que entonces imaginé sería la repleta sala donde darían la película de El Santo o regresaba de una vez a la relojería a ver si ya estaba lista la correa de mi reloj. Cuando me levanté ya había al menos unas ocho personas formadas frente a la entrada de vidrio del Cinéma du Parc. Fui con el relojero. Seguía trabajando y murmurando no sé qué cosa en francés. Al cabo de cinco o seis minutos me dijo que pronto estaría lista la correa. Pasaron otros cinco minutos y finalmente me devolvió el reloj con la correa reparada. Me cobró quince dólares alegando que aquello era una ganga. Yo se lo creí y le pagué. Cuando regresé a la entrada del cine la fila había crecido enormemente. Al menos, así me pareció. Caminé hasta el final de la cola, agarré mi lugar y, mientras esperaba, continué con la lectura. Al diez para las tres, empezó a caminar aquella serpiente de seres humanos. El acceso al cine se había abierto. Ya para entonces me olía a que ese gentío no iba precisamente a ver la película de El Santo. No, claro que no. Lo supe después. En realidad iban a ver una compilación de los mejores comerciales del mundo. Cuando por fin llegué a la sala correspondiente sólo había ahí dos o tres personas. Al final, terminamos siendo siete. Estando aún encendidas las luces, entró un hombre algo pasado de peso. Llevaba puestas, además de ropa normal, una playera de la selección nacional con el nombre del Chicharito en el lomo y, claro, una máscara de El Santo. Además cargaba un cinturón de luchador al hombro. Incluso antes de que empezara a hablar dije para mis adentros: “Pinche payasito de la tele”. En un francés con buen acento aunque atolondrada gramática —lo cual delataba su origen mexicano— explicó quién era El Santo. A ratos hablaba como si El Santo fuera él informándonos cuándo hizo su primera película, entre otros datos similares. De repente, se salía del personaje y hablaba del luchador en tercera persona. No pude saberlo con seguridad porque el susodicho nunca se quitó la máscara. Pero creo haber reconocido en su voz a un conductorcete de cuarta que hace un programa de televisión en una cadena multicultural de Montreal, un programa llamado algo así como Foco latino. Quién sabe. La tortura no duró mucho. El Santo apócrifo se calló y dejó la sala. Finalmente pudimos disfrutar del verdadero Santo. Y, claro, en mi caso, reír de lo lindo.

Hoy, Parábola del moribundo en Durango
Hoy a las seis de la tarde presentaré mi novela Parábola del moribundo en las instalaciones del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Durango. Esto ocurre en el marco del Festival cultural Ricardo Castro. Me acompañarán con sus palabras los escritores Jesús Alvarado y Everardo Ramírez. Si algún amigo lagunero viaja hoy a Durango, me gustaría verlo por acá.

sábado, noviembre 27, 2010

Carne de altos vuelos



Contra lo que ha dicho un locutor aguafiestas, creo que el sexicalentario con las aeromozas de Mexicana de Aviación será un éxito (¿tendrá que ver algo el éxito con el excito?). Basta ver las microfotos que circulan en la red para augurar la mejor de las ventas a ese documento que tal vez haga escuela en la historia de los pósters para vulka. A ojo de buen chaquetero, se nota que hay calidad en ese producto cocinado un poco al vapor, pero sin duda original no tanto por su flanco mercantil, sino porque reinstala la atención de muchos en el conflicto que libran los trabajadores de la aerolínea, sin duda injusto para ellos.
Con el calentario aprovecharán el vuelo que tomó, como noticia, la paradójica suspensión de vuelos. El antecedente más cercano que puedo encontrar sobre la relación entre conflicto social y mostración de cuerpos está en la lucha del Movimiento de los 400 Pueblos. Como bien sabemos, los indígenas desfilaron muchos años totalmente en pelotas; se presentaban como Huitzilopochtli los trajo al mundo en calles, monumentos y espacios políticos del DF y a punta de streep teases consiguieron pasar a la historia como uno de los grupos más creativos en los anales capitalinos de la movilización popular. Ahora, toda proporción guardada porque las aeromozas, sé que el sexicalentario será bien recibido por la raza sinquihacer de este país. ¿Por qué lo aseguro así, tan categóricamente? Porque creo conocer el imaginario de la perrada mexicana, sobre todo de quienes nacieron en una época, los sesenta-setenta, en la que sólo volaban en avión los muy muy muy platudos, quienes de veras tenían buena cartera. Ahora pasa casi lo mismo: los vuelos en México son caros, pero hay otro factor, acaso más importante que el anterior: gracias a la globalización y al internet se ha desinflado el mito de la aeromoza como sinónimo de mujer superchachonda. Hace tres o cuatro décadas, no lo olvido pues fui adolescente por aquellos años, decir “aeromoza” era casi describir a una mujer bellísima, voluptuosa, aventada, con criterios sexuales cosmopolitas. No sé cuántas películas y revistas de todas las calidades circulaban en el bajo mundo de la hormona hambrienta; las imágenes, unas veces sí y otras también, vinculaban a las modelos (por llamarles de algún modo) con el mundo de las aeronaves. Había de todo; desde las muy light en las que posaban con lencería bien acá, hasta las que mostraban chicas a todo fragor en amalgamas corporales supuestamente realizadas en pleno vuelo. No recuerdo alguna, pero seguramente vi o supe de diez o veinte o treinta películas en las que el mundo de las azafatas era retratado para regocijo de los machos mexicanos babeantes ante la pura insinuación de la palabra “aeromoza”.
Por eso creo que el calentario correrá con buena suerte. De hecho, ya la está teniendo, pues parece que el Playboy región 4 ya explora la posibilidad de contratar los servicios de una o varias de las participantes en el primer experimento. Ante las críticas sobre denigración del oficio, la aeromoza “diciembre” señaló: “Por el contrario, estamos trabajando por una causa que es la de apoyar a nuestros compañeros ante una necesidad luego de habernos quedado sin trabajo desde agosto”. La estrategia no es la más ortodoxa, pero no parece lejana al propósito de recuperar la atención de los mexicanos, pues sabido es que ningún problema sobrevive (menos si es del “aburrido” tema laboral) en el contexto mediático. De hecho, cuando empresas o gobiernos proceden con las patas y saben que detonarán un conflicto que se derramará en el periodismo, confían en que pronto se apague en razón del cansancio público.
Según la información, el calentario ha levantado ampolla y se instaló de golpe en la cima del interés mediático. Tanto así que “Este fin de semana, luego de la presentación oficial (…) tendrán presentaciones por centros de diversión del Distrito Federal, para luego viajar a continuar la promoción y venta en Monterrey, Guadalajara, Acapulco, Querétaro y Pachuca”. Las chicas no son modelos, pero muestran bien su aspecto, digamos, “convencional”. Algunas lucen hasta “llenitas”, pero es innegable que el trabajo general empata bien con otros productos de su tipo. No son fotos de Cartier-Bresson, pero tampoco de la regiomontana a la que le gustaba andar de pelo suelto. O sea, un buen producto para regalar a los cuates en esta navidad. Carne, literalmente hablando, de altos vuelos.

viernes, noviembre 26, 2010

Bifurcaciones según Vique



Gracias al intercambio epistolar con mis amigos lejanos recibo textos por los que me desgarro de envidia. Miguel Báez (Montreal), Laura Nicastro (Buenos Aires), Rogelio Guedea (Dunedin, Nueva Zelanda), Margarita Morales (Valencia) y otros entrañables colegas radicados muy lejos de La Laguna tienen blogs o colaboran en espacios periodísticos y de veras que me mantienen gratamente ocupado con sus párrafos. Uno de esos cuates es Fabián Vique, escritor ya citado alguna vez en este espacio. Vique nació y vive en la municipalidad de Morón, en el llamado Gran Buenos Aires. Colabora una vez a la semana para un periódico de allá y sus artículos son, a mi ver, dechados de ingenio, buena prosa y hondura crítica. Me mandó el más reciente; dice que es un maquinazo, que vale poca cosa, pero así es de modesto aquel cabrón. Lo comparto aquí; su título es “Sobre jardines y senderos que se bifurcan”. Vean nada más qué maravilla, tanto que ya me convenció de retomar el Facebook que nomás usé un mes y me aburrió:
La era atómica, damas y caballeros, ha llegado a este mundo. Como ya habrán adivinado, no nos referimos a la famosa bomba que después de estallar dos veces en Japón, tuvo en vilo a la humanidad durante décadas como amenaza, como posibilidad, como idea del “botón rojo” que haría papilla todas nuestras ilusiones. Estamos hablando de otra clase de atomización: la de los saberes, de los pareceres y de los enseres de este mundo cambiante, multiplicante y muchas veces delirante.
Mal que les pese a los gerentes de los grandes medios de comunicación, las redes sociales y otros recursos de Internet están reemplazándolos. Se van consolidando nuevos paradigmas de comunicación. Las redes se están instituyendo como las nuevas "academias" fundantes de los nuevos cánones. Existen redes para todo y la tendencia es a la multiplicación y la proliferación. Cada quien puede participar de alguna o de muchas, pero nunca de todas. Hay redes múltiples y grupos para todos los gustos. No hay ser humano que no pueda entrar a una red donde hallar a sus almas gemelas. Hay redes de colectiveros, de amantes de la milanesa, de milanesa de amantes, de revolucionarios de pistola o de café, de fumadores de opio, de libres de humo, de chamuyeros, de vendepatrias, de comechingones, de lo que fuere. Hay una red donde uno puede enterarse de los movimientos de sus pares. Los individuos se van haciendo copartícipes de cada fenómeno. El reguero de pólvora funciona a las mil maravillas. El beatle Paul Mac Cartney estuvo en Buenos Aires, llenó dos estadios de River y no necesitó gastar una libra en publicidad. La noticia empezó a circular sin que hicieran falta legiones de muchachos pegadores de carteles en las callecitas de Buenos Aires. Algo análogo pasó con el concierto del Indio Solari en Tandil. La información circula por canales que manejan manos anónimas. Y la peli recién empieza.

Chocolatines
La vida humana, chocolate por la noticia, es finita. El ser humano es un bicho con fecha de vencimiento y con (cada vez más) obligaciones laborales, familiares, etcétera. El tiempo es oro y en los ratos ¿libres? cada quien se va armando con las nuevas redes su propia vestimenta, su adquisición de bienes que lo hagan sentir como perteneciente a algo. Esta dispersión organiza de manera distinta los saberes, los placeres, los gustos.
Joven argentino, ¿cuántos poetas australianos conoce usted? Yo no conozco a ninguno, y eso que mi gremio es el de las letras. Conozco sí, a muchos poetas de Haedo porque agitan su pluma en las redes en las que soy pescado. ¿Es bueno conocer a muchos poetas de Haedo? Solo el altísimo lo sabrá. Quizá de tanto verso local me pierdo los bardos de Oceanía que quizá estén produciendo la mejor versería de la historia. Quizá no. Quizá, quizá, quizá, dice la canción. No se puede estar en dos lugares al mismo tiempo, pero sí se puede usar la tecnología para acortar las distancias y los tiempos de la realidad.

El mundo es ancho, Peuchelle
Con los nuevos saberes y las nuevas erudiciones van surgiendo nuevas enciclopedias y nuevos cíclopes. Hay mundos paralelos, y todos en la misma dimensión. Hace unos días, oí en la radio a un locutor y a sus oyentes, que habían dejado mensajes grabados en un contestador. Uno de los escuchas le preguntaba sobre "bandas rolingas" de Buenos Aires. Yo me quedé congelado, porque no sabía que hubiera una corriente musical con ese nombre. Pero enseguida mi estado pasó a ser el de una estatua de acero inoxidable: el locutor le dijo que conocía ¡decenas! de bandas rolingas porteñas, y le sugería al oyente que, si tenía tiempo, se sentara, porque iba a enumerar algunas de ellas. Era increíble, el tipo no paraba de nombrar bandas de rock porteñas y bonaerenses de cuya existencia acababa de serme revelada.¿Adónde quiero llegar con esta descripción del caos? A lo siguiente: estamos interconectados pero en millones de redes que no se superponen. Son, como decía unas líneas arriba, mundos paralelos. Lo bueno es que se va haciendo más complicada la posibilidad de una sola voz rectora. Lo malo es que nadie puede estar en todos los mundos y se tiene a sobrevalorar la pescadería en la que cada quien chapotea.

Balderrama y Valderrama
¿Adónde iremos a parar? Parece que las guerras que se vienen son las antimonopólicas. Las mujeres y hombres de a pie de este mundo peleando contra los que quieren concentrar la palabra, los medios de producción, la pelota. No de otra manera se explica el éxito del gobierno argentino en la lucha contra Clarín. No fueron necesarias muchas explicaciones para que los habitantes de este suelo suscribieran a la idea de que los monopolios de cualquier índole son perjudiciales para la salud psíquica. Es más saludables tener opciones. Balderrama, el de la canción, y Valderrama, el Pibe, crack de la selección colombiana de los noventa, convivieron en la era previa a la explosión de Internet. Quienes sabían de la existencia de Balderrama supieron de las gambetas del rubio enganche y apuntaron como una curiosidad la diferencia monolétrica. Hoy me da la sensación de que vamos hacia un planeta donde Valderrama y Balderrama no se va a conocer. Me parece que somos los últimos representantes de un mundo donde los submundos compartían mucho espacio. Imagino un futuro donde el rolinguismo sea una galaxia que tenga tanta información rolinguera que no podrá digerir otros saberes, otros entretenimientos, otras visiones del mundo.

Conclusiones parciales
La conclusión más certera será la de al parecer no hay una sola alternativa en el futuro que la atomización, la dispersión y el crecimiento de las redes que agrupan personas por afinidades, gustos o intereses. Tendremos la posibilidad de saberlo todo, pero nuestras limitaciones físicas y afectivas nos harán encerrarnos en determinados munditos. En ellos encontraremos nuestras dichas y desdichas, seremos infinitamente comunicativos e infinitamente antisociales. Seremos hombres de la caverna con el mundo a nuestra merced. Entraremos a todos los jardines que nos llevarán de pasillo en pasillo hasta llegar a la verdad. Creeremos que nuestra cueva es el universo con la misma energía con la que el cavernícola tenía fe en que su mundo era el mundo. Así saldremos a la calle, con el cuerpo y el conocimiento parcializados. El dos mil veinte nos encontrará libres pero atomizados. O mejor dicho atomizados pero libres. Todo no se puede, casi nada se pierde, todo se transforma segundo a segundo.

jueves, noviembre 25, 2010

De la Máquina y los demás



Esta entrega divagará por los cuatro equipos que quedan vivos en el apertura 2010 y uno que ya fue despachado, el Cruz Azul. Disculparán la frivolidad, pero siempre he considerado que para todo hay tiempo, incluso para echarle un morboso ojo al TVyNovelas en la peluquería. En fin. Primero lo primero: mis cuatro o cinco interlocutores de futbol tienen trece años riendo de este servidor por culpa de mi afición al Cruz Azul. No los cuestiono, más bien les doy la razón y hasta les digo que ya no me duelen sus carcajadas. El sábado pasado reincidieron en cagotearme y esta vez, no miento, volví a sentirme un poco mal, como antaño. Édgar Salinas, por ejemplo, me compartió un chiste que circuló en la red: “¿Por qué los alcohólicos anónimos felicitaron a Cruz Azul? Porque los Cementeros tienen trece años sin levantar una copa”. No pude negarle que es muy bueno, además de verdadero.
El caso es que para los cuarentones/cincuentones que fuimos niños en la cada vez más borrosa era del tricampeonato cementero es una pena ver lo que pasa con el equipo de nuestras niñeces. Años van y vienen y ya nos estamos convirtiendo en los Saraperos de Saltillo del futbol: los “ya merito” (aunque es justo reconocer que los Saraperos por fin se sacudieron la malaria en beis). A Cruz Azul le hace falta un cambio radical de directiva. Creo que Guillermo Álvarez es el presidente de los azules desde el Medievo, así que ya llegó la hora de expropiarle el feudo. Es evidente que allí hace falta un relevo generacional tan profundo como el que han aplicado muchos equipos mexicanos (uno de ellos, acaso el más destacado últimamente, el del Santos, pues los buenos resultados del club lagunero se deben al trabajo de su nueva directiva, un grupo de jóvenes que ha sabido maniobrar a tiempo para que el equipo no decaiga). Cruz Azul demanda eso desde hace lustros: que sean otras personas, jóvenes sobre todo, las que ocupen los cargos directivos y diseñen un plan de choque contra la mediocridad y el arrugamiento a la hora buena.
Y ya que hablé de los nuestros, qué decir; sólo esto: para desplumar a los amarillos es necesario más futbol que el exhibido contra Jaguares el domingo pasado. Sigo creyendo que en la alineación original deben estar Estrada, Ludueña y Peralta (no Quintero). Sabemos que Estrada está fuera por lesión, pero es un hecho que el equipo mejora adelante con el atrabancado pero eficaz campirano lagunero. Cuando Peralta está de inicio se siente un poco más de verticalidad y quedan al margen los arabescos sin veneno del errático Darwin. El caso de Ludueña es ejemplar de lo que yo puedo llamar pereza creativa; jugador de contentillo, es el más dotado de técnica pero no ha querido soltarse, mostrar otra vez que puede comandar el ataque y repartir balones a la Zinedine. Esta es su oportunidad, se le presenta el escenario para borrar una temporada gris y regresar a lo que los aficionados ya le vimos alguna vez: un futbol que nadie más en México tiene en los botines.
El América llega muy emparejado con los laguneros. Confieso que he visto poco al equipo de Televisa y de oídas sé que hoy juega más o menos y mañana mal. Esperemos que ni hoy en la ida ni el domingo en la vuelta salga bien lubricado, que en general se contamine por el raro virus del Vuoso bipolar.
En el otro juego también veo equidad de fuerza, aunque por los hechos es admisible pensar que Monterrey se ha comportado mejor y tiene una leve ventaja. Por sus goles es claro que se trata del equipo con mejor desempeño de conjunto, y que si sale enganchado puede reiterar su campeonato de hace poco. Lo malo, o lo bueno, pues en este caso tuerzo por los Pumas, es la motivación con la que llegan los universitarios. Haber liquidado a Cruz Azul como lo hicieron les ha levantado la autoestima y seguramente están pensando lo obvio: si ya se echaron en un taco al líder de la tabla general, no hay razón para no colocar en la tortilla, también, un cabrito sublíder.
Y ya no pronostico nada, pues para adivinar resultados ando más falible que Quintero frente al arco.
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Nota del editor: la foto que condimenta este post la tomé yo el domingo pasado en el TSM. Usé la Samsung que me regaló mi hermano Luis Rogelio, a quien le agradezco el detalle. Creo que la imagen, por esa espectacular luna llena, no es mala y hasta merece un título: "El portero del destino", esto como paráfrasis y homenaje a "El fílder del destino", el bello y justamente famoso cuadro de don Abel Quezada.

miércoles, noviembre 24, 2010

Torreón, nuevo rango histórico



El cabildo de Torreón sesionó ayer en el Museo Arocena. El escenario no pudo ser mejor para acusar recibo y oficializar el dictamen que acredita a la ciudad como “histórica” y “heroica”. Estuvieron presentes, por supuesto, el alcalde, el secretario del ayuntamiento, los regidores, los síndicos y las personalidades que ayudaron a que Torreón fuera elevada a un rango aún más importante en el contexto de las luchas históricas nacionales. El doctor Sergio Antonio Corona Páez, cronista oficial de Torreón y uno de los principales promotores de la iniciativa, no estuvo presente debido a que convalece de una enfermedad, pero fue justa y enfáticamente mencionado en un acto que tuvo la solemnidad del caso.
Al final de la reunión del cabildo las autoridades y el público caminaron hacia la esquina de Morelos y Cepeda, en la plaza de armas, para develar la placa conmemorativa. Allí está ya, sobria y al alcance de la vista de todos los laguneros, un motivo simbólico que nos debe procurar aliento, que debe incrementar el orgullo por nuestra laguneridad.
Ya el cronista de la ciudad había difundido en su espacio de internet lo que ayer fue enunciado de manera oficial en la ceremonia. Copio lo asentado por el doctor Corona Páez y por la Comisión que determinó el nuevo estatus de Torreón, ciudad número 29 del país con el rango ya oficializado:
“Ayer lunes 8 de noviembre, el Prof. Matías Rodríguez Chihuahua (en su calidad de Secretario de la Comisión Dictaminadora de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas) y este Cronista Oficial, hicimos entrega al alcalde, Lic. Eduardo Olmos Castro, del documento que acredita que Torreón ha sido designado como ‘Ciudad Histórica’ y ‘Sitio Histórico de Interés Nacional’.
Dice el texto del documento:
‘Lic. Eduardo Olmos Castro. Presidente Municipal. Torreón, Coahuila. Con At’n Dr. Sergio Antonio Corona Páez. Cronista Oficial de la Ciudad de Torreón. En atención a su envío con fecha 19 de julio del presente año, en que hace del conocimiento el acuerdo emitido por el H. Cabildo de Torreón, sobre la declaratoria de Ciudad Heroica, me permito comunicar a usted, que la Comisión nacional de Ciudades Heroicas, en nuestra sesión especial efectuada dentro de los eventos conmemorativos del 142 aniversario de la Población de Tenango del Valle, estado de México, revisó la documentación presentada por el Cronista oficial de Torreón sobre los diferentes acontecimientos suscitados en esa población, y después del análisis respectivo acordamos emitir el siguiente Dictamen:
Por aprobación unánime de esta Comisión, se declara a Torreón como Ciudad Heroica por ser además un importante sitio histórico nacional en el marco de la Revolución Mexicana de 1910’.
Próximamente se realizará una Sesión Solemne de Cabildo, durante la cual se constituirá la Comisión Dictaminadora de Ciudades Heroicas de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades Mexicanas, y se colocará la placa conmemorativa de tan importante reconocimiento para nuestra población”.
Pues bien, la mencionada sesión de cabildo se celebró ayer en el espléndido Arocena, así que el acto tuvo el marco que merecía. En un momento difícil, frente a una situación definitivamente dura y esperemos pasajera, declarar a Torreón “heroica” e “histórica” por su fortaleza en un pasado nada cómodo es un reconocimiento, creo, muy valioso. Es un buen motivo para estar contentos frente a las muchas malas noticias que se amotinan, nos llegan por todos lados y bajan la moral. También la autoestima cívica requiere acicates. Éste es uno de elevado alcance.

domingo, noviembre 21, 2010

Herrera Caldera: lo prometido



El viernes vi a Jorge Herrera Caldera, gobernador de Durango, en plan prometedor, es decir, en plan de hacer numerosas promesas para el bien de Gómez Palacio. Fue en un desayuno celebrado a las ocho de la mañana en el salón Murano del Hotel Campestre, convivio que sirvió para festejar el quince aniversario de la organización ciudadana Unidos por Gómez Palacio. Calculo que había alrededor de cien personas, todas sentadas en un amplio cuadrilátero armado con mesas arregladas al estilo de las bodas. Café, jugo de naranja, huevo revuelto, frijoles, chicharrón de pella en chile verde y rebanadas de pastel configuraron el menú para esa fría mañana gomezpalatina. Entre los comensales destacaban los diputados Leticia Herrera y Sergio Uribe, la presidenta municipal Rocío Rebollo (a quien extrañamente no le cedieron la palabra) y el ex alcalde José del Rivero, además del doctor Edmundo Mesta, presidente en funciones de Unidos por Gómez Palacio.
Aunque no lo hubieran pensado así, el acto pasó de ser un desayuno celebratorio a uno político. Tanto lo fue que el único discurso importante salió del gobernador, quien de golpe volvió a una especie de campaña electoral extemporánea y comenzó a prometer con grandes énfasis. No puedo negar que a partir de sus palabras vi en la imaginación un Gómez Palacio diferente por lo menos para los ramos del la cultura, la educación y el deporte. Señaló que vienen inversiones fuertes para carreteras, dijo atinadamente que las lluvias recientes hicieron estragos (aquí siempre los hacen) pero olvidó que buena parte del desastre vial gomezpalatino se debe a la pobre actuación de la bicéfala administración pasada.
Porque Unidos por Gómez Palacio ha puesto el acento en propuestas sobre historia, educación y cultura, el gobernador Herrera Caldera espigó tres ofrecimientos que entroncan con tales rubros. Lo cierto es que el rezago de Gómez Palacio es ostensible en todo, que en tres o cuatro años hubo un retroceso que encendió los focos de alarma y tiene en un predicamento a la administración de Rocío Rebollo, quien se ha visto obligada a hacer verdaderas peripecias para arrancar su gobierno en medio de la podredumbre heredada. Con esto quiero decir que las medidas —o las promesas— del gobernador deben apuntar hacia todos los puntos cardinales de la realidad, pues Gómez Palacio fue un botín y está destruido por todos lados.
Si el ejecutivo estatal ha hecho hincapié sólo en tres proyectos, quiero suponer que es porque son los más relacionados con el tipo de demandas caro al grupo Unidos por Gómez Palacio. Enumero lo prometido por el gobernador:
1) Buscar el terreno para construir la Universidad 18 de Marzo. Jorge Herrera Caldera dejó claro que es una urgencia, que Gómez y “la 18” requieren un espacio universitario y para ello lo primero es lo primero: buscar el terreno, negociar su adquisición o, si no hay otro camino, “expropiarlo”.
2) Construir el Parque ecológico La Esperanza. El gobernador declaró al menos cuatro veces que la delincuencia tiene como causa, entre otras, la falta de oportunidades deportivas y culturales y, a la par, la desintegración de la familia. El Parque ecológico La Esperanza, prometió, será un complejo que dará a los gomezpalatinos una zona verde extraordinaria, el primer gran pulmón de la ciudad. En este caso es pertinente señalar que en esta inversión hay recursos del Fondo Metropolitano para La Laguna.
3) Vincular al ICED con Gómez Palacio. Jorge Herrera aseguró que ha dado instrucciones a la responsable estatal de cultura para que trabe una mayor vinculación con la ciudad de Gómez Palacio. Esta es una demanda que viene tomando fuerza desde hace tiempo: que los gomezpalatinos tengan una sede y actividades importantes del ICED en esta ciudad. Por ejemplo, que el Festival Revueltas organice actividades de las llamadas “fuertes” (un concierto de Joaquín Sabina, por ejemplo) en Gómez Palacio y no sólo en la capital de la entidad.
Tuve la suerte de despedirme personalmente del gobernador, de saludarlo un instante. Fue, como tantos en estas situaciones, un apretón de manos rápido, nada de importancia. Aproveché el momentito, sin embargo, para comentarle que el domingo, es decir, hoy, yo iba a publicar sus tres promesas, para recordarlas en el futuro si no son atendidas. Él me respondió que estaba bien, pero que mejor fuera pensando en nuevas peticiones, pues cumplirá y mejor espera más propuestas. Bueno, esperaremos y si son necesarias más ideas, vuelvo desde ya a un deseo de muchos: que los habitantes de Gómez Palacio residentes en el entorno de la colonia Chapala tengan un complejo cultural y otro deportivo. Allí nunca ha habido nada de eso y, si lo tuvieran, a miles de niños les cambiaría la vida. Así de fácil: les cambiaría la vida.

Presentaciones para mañana y pasado
Poder popular. Construcción de ciudadanía y comunidad, de Adolfo Orive y José Luis Torres, será presentado este lunes 22 de noviembre a las seis de la tarde en el Museo de la Revolución, en Torreón. Los presentadores serán Salvador Hernández Vélez, Juan Monreal López y Adolfo Orive. El mismo libro y los mismos presentadores estarán el martes 23 de noviembre en el auditorio Benito Juárez de la presidencia municipal de Gómez Palacio, esto a las once de la mañana.

sábado, noviembre 20, 2010

Inacabable 1910



Una de las ideas más recurrentes sobre la Revolución que oficialmente comenzó un 20 de noviembre de hace un siglo exige por fuerza resultados incontrovertibles y perennes. Así, el quietismo de siempre observa que nada debemos celebrar, pues la situación de los mexicanos hoy es igual o peor, si es posible, que la detonante del movimiento armado contra el gobierno re-re-re-re-reelecto de Porfirio Díaz. Cierto que el panorama actual de México es oscuro, que todo pinta para complicarse más y por eso se ha instalado la impresión de que nada debemos celebrar. Estoy de acuerdo, quizá, en no celebrar; no en no recordar.
Pensar en una Revolución como fenómeno dinámico que luego, por razones de triunfo parcial o total, se inmoviliza y acarrea beneficios inmarcesibles para la población es partir de una premisa errada. Cierto que el discurso oficial que se adueñó del triunfo de la Revolución lo hizo a tal grado que la petrificó, la institucionalizó. La realidad de nuestra sociedad, y de cualquier otra, incluso de las que no experimentan ningún fenómeno revolucionario, es precisamente contraria a cualquier estancamiento: la realidad es movediza, cambiante y vive permanentemente atravesada por contradicciones políticas, sociales y sobre todo económicas. La Revolución no fue una panacea, el Remedio con mayúscula, sino un punto de arranque simbólico para articular las fuerzas de la nación con un sentido popular y no privilegiante, lo que al parecer no se dio pues caímos en una especie de monolitismo mítico: la Revolución, la nueva gran diosa del país, remedió de un sombrerazo, de una sola vez y para siempre, todos los males de los mexicanos. Falso.
Negar, por otra parte, que durante muchos años hubo avances sociales es un disparate. La distribución de todo mejoró, desde la educación a la salud, desde el empleo hasta la productividad. Paradójicamente, uno de los estancamientos más salientes del régimen, hasta la fecha, con todo y la transición simulada de 2000, fue el electoral, la bandera más importante que enarboló Madero y prendió la mecha de la inconformidad. Durante un siglo, con algunos mínimos oasis, las elecciones fueron/son controladas por los grupos dominantes, de suerte que esto ha impedido el desarrollo de nuestra acción política. Soy de los que sospecha, empero, la inevitabilidad del mal necesario y coyuntural de un partido fuerte que terminó por calmar al México alebrestado de 1910 a 1930. Para frenar las asonadas, los golpes bajos, las traiciones y los maximatos que alimentaron la nota roja de aquellos años, era necesario sentar bases firmes. Es verdad que se pasaron de rosca sobre todo en el control corporativo, pero fue, despejado todo idealismo, la única forma de encerrar al tigre que había soltado la lucha armada, como dijo, lacrimoso por la prematura nostalgia, Díaz en la escalerilla del Ipiranga.
Recuerdo y no celebración, entonces, si es que en eso hay un matiz, es lo que en mi caso haré o vengo haciendo en este año de lecturas relacionadas con el tema revolucionario en nuestra espléndida literatura. El descubrimiento de la complejidad que tuvo aquella gesta me ha obligado a mirar héroes de bronce como humanos, a comprender su falibilidad, una falibilidad más marcada en el fragor de los acontecimientos, en el momento en el que las decisiones de ruptura, ataque, alianza, fuga, negociación debían tomarse en caliente, con la pistola del enemigo en la espalda o con la desconfianza del correligionario ante los medias tintas.
Petrificar la Revolución, entenderla como un fenómeno inmóvil, es hacer poco, nulo caso a Heráclito. Si algo se mueve, si algo exige una permanente acción popular y compromiso, es el cambio. No culpemos por nuestro quietismo a quienes dieron los primeros pasos para que este país mejorara. Todavía es tiempo de sumarse a algo, a lo que sea. Las revoluciones, las verdaderas, nunca terminan, por eso debemos recordar (re-cor-dar, verbo que etimológicamente significa “volver a pasar por el corazón”) que la nuestra alguna vez comenzó y que somos sus herederos.

Hoy, conferencia de Carlos Flores Revuelta
Hoy a las 12 del mediodía será ofrecida una conferencia sobre danza y Revolución en el Cinart, en la antigua estación del ferrocarril de Torreón. El expositor será Carlos Flores Revuelta. La entrada es libre. Organizan el Icocult y la Dirección Municipal de Cultura.