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miércoles, julio 25, 2018

Modelo mexicano















Cuando la concentración de la riqueza hace monstruosa la desigualdad y alienta el malestar social, los gobiernos de derecha han encontrado una receta que bien podemos denominar mexicana: militarizar, sacar al ejército a las calles y así contener —ya inhibiendo, ya actuando— las posibilidades de protesta. En México, lo sabemos bien, este método fue impulsado en el amanecer del sexenio calderonista que articuló, para justificarse, el relato de la guerra contra la delincuencia, particularmente contra el narcotráfico; una de las lecturas que se han impuesto sobre esa peculiar medida fue, sin embargo, muy distinta: Felipe Calderón sacó militares a las calles porque temió, con justa razón, que su precaria legitimidad fuera puesta en entredicho y más valía, para él, tomar las debidas precauciones. En sus seis años de gobierno no se obtuvieron los resultados que en teoría se iban a obtener simplemente porque no era lo buscado. Al contrario, esos años estuvieron llenos de plomo y sangre, y casi todo el país padeció los estropicios de la barbarie.
Luego, llegado el turno de Peña Nieto, la militarización continuó en pie y el mapa de la violencia siguió teñido de rojo: los muertos y los desaparecidos se cuentan hoy en cifras de varios dígitos y es fecha que no acusan el menor asomo de decremento. En tal escenario apareció la llamada Ley de Seguridad Interior, una ley que casi doce años después legaliza la presencia militar en las calles más allá de las funciones delimitadas por la Constitución. Si hacemos caso al discurso de López Obrador, parece que dentro de unos meses la milicia volverá a los cuarteles y el ataque a la delincuencia organizada se dará en el marco legal del que nunca debió salir.
Pues bien, el modelo mexicano está siendo habilitado ahora en países como Argentina, donde el presidente Mauricio Macri ha decidido sacar al ejército a sus calles con la excusa de una guerra contra la delincuencia. Lo curioso es que la iniciativa se da cuando su modelo económico está a la puerta del colapso, cuando ya se prefigura el aumento de la protesta social ante la evidente catástrofe de sus políticas, todas antipopulares. Roberto Navarro, periodista, ha explicado que la medida se debe a que ha terminado el blindaje mediático para Macri luego de un escándalo por financiamiento irregular a su partido (Cambiemos), y El Manifiesto Argentino, organización política, ha advertido “que la injustificable e indefendible decisión de que las FFAA vuelvan a intervenir en conflictos internos, pone en peligro la convivencia de la sociedad y la paz de la República, constituyéndose en el más grave atentado contra la democracia desde la caída de la dictadura”. Sea como sea, el caso es que el peligroso modelo mexicano ya está siendo importado en otros rumbos donde curiosamente la crisis económica justifica la protesta.

miércoles, febrero 01, 2017

Un poco de memoria














Hace escasos lustros, cuatro o poco menos, la capacidad de resguardo escrito y audiovisual era privilegio de unos cuantos. Sólo ciertas instituciones —o individuos pudientes y muy obsesivos— podían presumir acervos documentales dignos de ese nombre. Muchos poderosos, por ello, podían mentir en paz o contradecirse sin riesgo de ser exhibidos. Si algún candidato, por ejemplo, prometía algo en campaña y durante su gobierno no lo cumplía, nadie aparecía con la evidencia escrita o (peor) audiovisual que lo balconeara.
Con la popularización de las computadoras e internet llegó la posibilidad de que cualquier hijo de vecino con malicia y curiosidad pueda armar o acceder a todo tipo de documentos aptos para evidenciar públicamente, sobre todo, a los gobernantes desmemoriados. Hoy podemos ver una edición casera en Youtube con Peña Nieto prometiendo con énfasis que no habrá aumento a los combustibles, y en el mismo video el anuncio y la justificación de los incrementos. También podemos ver a EPN, sonriente, al lado del prófugo Javier Duarte, o elogiándolo en televisión, y luego, en el último acto donde coincidieron, con el ex gobernador de Veracruz mañosamente colocado lejos, ya como apestado, para que no saliera en las fotos.
Esta época desbordante de evidencias sobre corrupción y otros excesos no ha tenido como correlato una respuesta honorable de quienes son pillados con las manos en la mierda. Antes bien, se han hecho más cínicos, más tercos en la práctica de un caradurismo que los pinta como especímenes de otra era en la historia de la impudicia política. Es lo que pienso, sin dudarlo un momento, sobre el cinismo de Calderón, quien, pese a la gráfica de la revista Emeequis en la se enlistan las abundantes masacres ocurridas durante su sexenio fúnebre, sigue impulsando la campaña de Margarita Zavala, su esposa. Si en este país hubiera justicia, una simple imagen, o sea, un poco de memoria sobre la tragedia nacional que representó el periodo que va de 2006 a 2012, debería ser suficiente no solo para votar por Margarita, sino para encarcelar de inmediato a su marido. Pero no. Lo que en realidad sucede es que Calderón goza de su millonaria pensión y, en el colmo del cinismo, quiere de nuevo la presidencia ahora por la vía conyugal.

sábado, febrero 14, 2015

Otra vez: supérenlo














Ya lo sabemos pero nunca está de más repetirlo: hace rato que pasamos lo malo y ahora estamos en lo pésimo. Cuando pensábamos que nada podía ser peor que el sexenio calderonista, ese pasado inmediato en el que los crímenes de lesa humanidad fueron política de gobierno, ahora vemos que todo desastre tiene posibilidades de empeoramiento. Lejos de restañar las incontables heridas que dejó aquel régimen asesino y todos los demás desde que llegó Hernán Cortés a Veracruz, el actual parece empeñado en batir marcas, en agrandar su mendacidad y terminar convertido en lacra histórica.
Cada semana acumula tantos agravios que por lo cotidiano ya casi ni gravitan en el ánimo de la opinión pública. Nos hemos acostumbrado hoy y mañana y todos los días a convivir con información que ni en el caso de la prensa más entreguista alcanza para cubrir la desnudez del aparato de la corrupción institucionalizada. Todas las mañanas, antes de que salga el sol que en teoría debe renovarnos la esperanza, despertamos con una pregunta que infaliblemente obtiene respuesta: ¿ahora quién nos dio un llegue? Sin falta acude luego la noticia: José Murat el de Oaxaca o cualquier José Murat con otro nombre es pillado con las manos en la casa. Y si no es en la casa, es en el penthouse gringo o en las inversiones en dólares o en el tráfico de influencias o en el peculado o en la asociación delictuosa. El saqueo, pues, es diario y es infinito, pero como no se traduce en movilizaciones de alto impacto (un paro nacional, por ejemplo) todo concluye en memes sumarios.
Además de la balconeada inmobiliaria al ex góber oaxaqueño, esta semana nos reportó una noticia que en teoría debió provocar un horror similar al provocado por un ingreso al castillo de Drácula, pero que, al contrario, pasará como anécdota a los anales del enmierdamiento nacional. Me refiero, claro, a las transferencias de dólares que muchos patriotas de México colocaron en cuentas norteamericanas. La cifra es diabólica sobre todo porque significa un incremento de 35.5 por ciento con respecto de la que había en 2012: 54 mil 550 millones de dólares. Con los ahorritos en dólares ahora las cuentas de mexicanos en EU alcanzan los 73 mil 927 millones, es decir, en lo que va de este justiciero sexenio las transferencias han sido de 19 mil 377 millones.
Pero no pasa nada. Esto y todo lo demás queda resuelto con un verbo imperativo: supérenlo.

miércoles, septiembre 03, 2014

Agoreros en cámara Phantom













Los mexicanos que ya peinamos muchas o pocas canas recordamos como si fuera ayer el sexenio cómico-trágico-musical de José López Portillo (“musical” porque la hija de este presidente grabó un disco). Fue un sexenio oscuro, lleno de tropiezos, amargo hasta lo intragable —como todos, de hecho—, aunque marcado por la peculiar e involuntariamente chistosa retórica del primer mandatario. A quienes no sumaron su voz al coro del triunfalismo y vieron que en el futuro sólo había nuevos nubarrones, Jolopo los llamó, para la historia, “agoreros del desastre”. Pues bien, los susodichos no se equivocaron: el desastre sobrevino y aquel patilludo sexenio terminó en las peores condiciones imaginables.
Luego ocurrió que De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón siguieron cantándose alabanzas y en todos los casos, obvio, hubo agoreros que pronosticaron los desastres. Lo extraño del caso es la infalibilidad de los vaticinios, como si todos los agoreros tuvieran la puntería de Guillermo Tell. Lo que pasa es que más allá del tino, es relativamente fácil anticipar lesiones al país cuando es gobernado así, con políticas antipopulares, de espaldas al ciudadano, como si el país y sus enormes riquezas fueran patrimonio exclusivo de unos cuantos y no un espacio propicio para impulsar políticas públicas con un sentido indeclinablemente social, justo y generoso.
Y no. Los intereses de pocos han sido siempre puestos por encima de la mayoría y por eso en el México actual reina lo menos parecido al bienestar. Por esto, pese al país venturoso que ayer nos dibujó el mensaje a la nación de Peña Nieto, la realidad se obstina en mostrar sus horrendas turbulencias. ¿Es, en consecuencia, disparatado calzarnos la casaca de agoreros del desastre frente al gobierno que hoy nos está salvando del apocalipsis? Mi respuesta es no.
Por su partido, sus intereses cercanos y lo que siempre ha querido EU para México es cabalmente imposible que el grupo político gobernante nos saque del hoyo negro. Las reformas salvadoras están pues condenadas a ser un ingrato recuerdo, como lo son ahora todos los remedios maravillosos que otros presidentes nos meroliquearon y nos vendieron y al final terminaron en rapiña. Por eso provocaron reacciones de indignación que derivaron en movimientos sociales (1988 y 2006) cuyos desenlaces bien conocemos: un par de fraudes que han abierto nuevos márgenes a reacomodos y manipulaciones, al reciclamiento de mesianismos que a su vez dan tiempo para seguir con el saqueo.
Pero así como existen los agoreros del desastre que sin despeinarse anticipan catástrofes que nunca fallan, en México no escasean los (me atrevo a denominarlos así) agoreros a toro pasado. Son aquellos que sólo ven defectos en la maquinaria del gobierno federal cuando ese gobierno ya quedó atrás, cuando ya sus cabecillas vacacionan en Dublín, en Miami, en Boston o donde sea, pero siempre lejos del ya de por sí tullido brazo de la justicia mexicana. Un ejemplo: durante la administración genocida de Felipe Calderón fue evidente que su lugarteniente, Genaro García Luna, estaba implicado en crímenes de lesa humanidad. Los señalamientos en contra de ese despiadado funcionario no cesaron, pero era intocable, tanto como el mismo usurpador de la presidencia. Uno de sus pequeños ilícitos, el montaje para atrapar a la banda de Los Zodiaco, pasó por Televisa “en vivo” hacia diciembre de 2005. Ni eso ni nada movió los hilos del poder para destituirlo de la SSP calderonista. Loret de Mola, eso sí, cuando había pasado el toro, es decir, siete años después, en enero de 2013, ya en el peñanietismo, reconoció con espléndida firmeza que aquello fue un montaje.
Como este ejemplo hay muchísimos, lo que obliga a pensar que en el fondo todos somos agoreros del desastre. La única diferencia es que unos lo son en tiempo real y otros en cámara Phantom, ya cuando el toro está muy lejos.

miércoles, agosto 27, 2014

En los límites de la dictablanda















Si mi lectura no es exagerada, vivimos ya un conato de dictadura. Los radicales podrán decir que elimine la palabra “conato”, pero la dejo por reserva, sólo para que no hagamos una comparación inmediata y simétrica con las dictaduras clásicas de corte trujillista-duvalierista-pinchetista. Estas se caracterizaron, como sabemos, por anular cualquier garantía al ciudadano, por oprimirlo mediante el terror de la persecución-desaparición-muerte. En aquellos regímenes no había puntos intermedios de convivencia política: o se estaba con el poder o se estaba en la persecución. Así de simple. Tal extremismo hacía evidente la barbarie de los gobiernos, lo que de alguna manera estimulaba la presión internacional en sentido inverso: los gorilatos no gozaban de buena prensa en general, y debían ser desplazados. Al caer, las democracias aplaudían.
En México ocurrió, en cambio, que “la dictadura perfecta” o “dictablanda”, como queramos llamarla, en vez de diluirse alcanzó un grado casi algebraico de sofisticación: el largo estropicio del PRI fue interrumpido, teóricamente eliminado, en 2000, con la llegada de “la transición”. Aquello fue, hoy es obvio, un montaje más entre los muchos que la dictablanda ha configurado para maniobrar en la coyuntura. En 2000 era necesario “un cambio irreversible”, así que los ejes del poder político-económico-mediático se alienaron para representar la pantomima. Lo hicieron muy bien, pues lograron afianzar seis años más el mango del sartén.
Tras los resultados del foxato rufián, en 2006 tronó otra vez, o estuvo de nuevo a punto de tronar, la aceitada maquinaria de la simulación. Como nunca en nuestra historia, el aparato político-económico-mediático trabajó en conjunto para evitar su naufragio, y lo logró apenitas, con un porcentaje de votos que de nuevo, igual que en el 88, dejó rondando el fantasma de la ilegitimidad.
Ahora bien, mientras la usurpación de Salinas fue maquillada con golpes de efecto mediático instantáneo (recordemos la caída en desgracia de La Quina y Jonguitud Barrios) que atrajeron simpatía al justiciero atleta de Agualeguas, los tiempos de Felipe Calderón ya no eran los mismos, o al menos no lo eran para el flamante mandatario, quien de inmediato se ajuareó con chaquetas verde olivo y puso en marcha una política de aplastamiento que devino, así de fácil, genocidio, el peor que hasta la fecha tenga registrado la historia de América Latina. La presencia militar y de todas las policías para la lucha antinarco no tenía como fin el cacareado combate a la delincuencia, sino la hemiplegia de la sociedad civil, la desactivación de toda inquietud política y el control en pocas manos, sin cortapisas, del poder federal.
El resultado lo vemos ahora con toda claridad. Como si fuera algo ya natural, las fuerzas militares siguen en las calles, los retenes no han levantado campamento, la institución electoral está bajo férreo control, la ciudadanía no participa en nada ajeno a su cada vez más difícil manutención y los partidos (en teoría opositores) sólo ripostan en plan anecdótico.
Las ventajas de la dictablanda son, como lo comenta Subirats, infinitamente mayores que las de la dictadura, pues mientras saquean permiten eliminar/cambiar/añadir sobre la marcha componentes discursivos de cambio, de transformación, de rediseño futurista. Por eso Peña Nieto enuncia en sus declaraciones que los beneficios llegarán lentamente luego de las reformas, es decir, instala el feliz resultado en la lejanía, fuera de su gobierno, para que no haya posibilidad de reclamo cuando aquel futuro no cuaje. Así ha sido siempre, pero de todos modos ganó Fox, ganó Calderón, ganó EPN y seguirán ganando los mismos, en apariencia legalmente, mientras sigan encontrando dispositivos para mantener estable el régimen de simulación, la dictablanda en permanente posibilidad de endurecer.

miércoles, enero 23, 2013

De montajes y otras inmundicias
















Busqué en YouTube el primer deslinde de Televisa con respecto del montaje perpetrado por Genaro García Luna en el caso de Florence Cassez. No hallé nada, aunque de antemano puedo aceptar que en efecto la televisora se sintió ultrajada por el ex mandón de la ya desaparecida Secretaría de Seguridad Pública y de inmediato procedió a denunciar que se trató de una pantomima. ¿Qué dijo Televisa en aquel momento, poco después de que en los medios fue dado a conocer el falaz operativo de la AFI? Ignoro si fue una nota breve o un reportaje ambicioso. Lo que sí sé es que luego de esa aclaración, si la hubo, Televisa no subrayó la calidad de sujeto infame que tenía el secretario García Luna y lo dejó actuar, digamos, con total normalidad, como si no fuera un funcionario anómalo, tan poderoso y siniestro que sólo con la oposición de muchos, entre otros de la televisora más importante de América Latina, podía ser despedido de su cargo y hasta procesado.
Pero no. Según Carlos Loret de Mola, Televisa fue engañada al calor de la noticia y unos pocos días después, al darse cuenta de que se trataba de un operativo hollywoodense, denunció el montaje y estableció “protocolos” institucionales para no verse de nuevo sorprendida por los montajes de García Luna o de cualquier otro funcionario proclive a la dirección de cine.
Así nomás. En unos cuantos minutos, Loret de Mola despachó un asunto de una gravedad del tamaño de México: que un sujeto como Genaro García Luna, responsable de la seguridad en todo el país, siguiera al frente de una Secretaría que drenó millones de pesos (lo que en este caso, asombrosamente, es lo de menos) y dejó el saldo mortal más siniestro que recuerde la historia de la función pública internacional.
Lo que quiero decir es que hoy, al calor del Caso Cassez en el que salió a relucir con todo su pavoroso brillo el nombre del ex secretario y la presunta colaboración de Televisa en la difusión del montaje, el monstruo mediático sólo aclare que aclaró puntualmente lo que en su momento debió aclarar y punto. Por decir lo menos, creo que esa autoexculpación de Televisa es insuficiente, y voy a tratar de explicar por qué.
Es cierto que cuando ocurrió el montaje, el 9 de diciembre de 2005, el hoy ex secretario Genaro García Luna no era todavía el Genaro García Luna que poco después conoceríamos. Si en efecto Televisa se deslindó del montaje y hasta lo denunció, debió colocar reflectores especiales en la figura de ese funcionario recién encumbrado al, quizá, cargo de mayor responsabilidad en la administración calderonista, sólo ubicado un peldaño abajo al de quien detentaba la presidencia de la República. Digo que García Luna merecía reflectores especiales desde el principio, ya que engañó a México, engañó a Televisa, engañó a todo mundo en un área delicadísima, tanto que pasados los meses creció de manera infernal el número de muertos por violencia en nuestro país.
Pero no, no hubo reflectores especiales, sólo una tardía aclaración reiterada por Loret de Mola en estos términos:

El 9 de diciembre de 2005 nos tocó transmitir la información de su captura [de Cassez]. A la ciudadana francesa la habían detenido un día antes y la autoridad fingió y simuló un operativo como si estuviera sucediendo en vivo. Con lo que yo estaba viendo en pantalla en ese momento, que es lo mismo que se estaba viendo al aire en la señal de Televisa, con la información que estaba dando el reportero, con la supervisión encargada a los jefes de las áreas de producción y contenidos, quienes no me alertaron de nada extraño, yo no me di cuenta de este montaje, no me di cuenta de esta trampa. En retrospectiva, con un análisis más minucioso de todas las imágenes, creo que pude haber descubierto el engaño. Al calor de la noticia, como el árbitro de futbol que no tiene acceso a la repetición y debe decidir de botepronto, no lo hice, y lo lamento. Para nosotros el asunto no quedó allí. El primer medio de comunicación que documentó públicamente este montaje de la autoridad fue justamente Noticieros Televisa. Unas semanas después, el 5 de febrero de 2006, lo exhibimos y lo denunciamos. A partir de ese caso, en Noticieros Televisa y en Primero Noticias tomamos medidas y establecimos protocolos para que una cosa así no volviera a suceder. El montaje orquestado por la Agencia Federal de Investigaciones para la captura de Florence Cassez no fue desde luego la única irregularidad de este caso. En la averiguación previa se establece que la ciudadana francesa no tuvo derecho a solicitar de inmediato, como marcan las leyes internacionales, el apoyo de su embajada, le negaron un traductor, hubo cambios en las declaraciones de los testigos… las denuncias de que se violaron los derechos humanos de la detenida han llegado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que pasado mañana miércoles debe resolver el controvertido caso de Florence Cassez.

Enfatizo varios detalles de ese lánguido mea culpa. Loret de Mola habla sin eufemismos de un “montaje”, de una “trampa”, de un “engaño”. O sea, tiene perfecta conciencia de lo que fue aquella maniobra policial. Luego, apenado o embusteramente apenado, como queramos, da lo mismo, usa una metáfora futbolera para señalar que al calor de los hechos, por la vertiginosidad inherente a la transmisión en vivo, no captó de “botepronto” el tinte cinematográfico del operativo, pero después, tras analizar minuciosamente el artificio, en Noticieros Televisa notaron que se trataba de una patraña y por ello fueron los primeros en denunciarla y luego, en el plano de sus políticas internas, se impusieron “protocolos” que sirvieran para evitar nuevas coreografías tramadas por la autoridad.
Mi inquietud es ésta: supongamos que en efecto, como dije hace unos renglones, Televisa no sólo se deslindó del montaje transmitido en vivo, sino que además lo “documentó”, lo “exhibió” y lo “denunció”, parece poco, muy poco, para el tamaño del agravio que le hicieron y, sobre todo, parece poco, o nada, para el tamaño polifémico que desde entonces alcanzó la maldad del secretario García Luna. A Televisa no le habían birlado un dulce, sino que la habían involucrado en una maniobra vergonzosa, que comprometía su credibilidad informativa (es un decir) y que desde ese mismísimo momento daba una idea perfecta sobre la peligrosidad del tipo que encabezaba la SSP, una peligrosidad que jamás volvió a ser exhibida por Televisa pese a que en todos lados se sabía que García Luna estaba atropellando todo a su paso en una guerra cuyas monstruosas consecuencias todavía no alcanzamos a dimensionar.
Si el agravio lo hubiera padecido el periódico La Voz de Viesca o La Gaceta de Sombrerete sería injusto pedir que estos pobrecitos medios se las vieran frente a frente contra García Luna, pero lo sufrió Televisa, y por lo que se pudo ver sólo aclaró que fue víctima de un montaje y listo, dejó actuar al delirante secretario cuando lo que se requería —ahora uso yo una imagen del balompié— era un perruno marcaje personal.
Hoy, como ocurre siempre, a sabiendas de que el pasado es borroso y los expedientes de la comunicación electrónica son de difícil seguimiento, Televisa se lava las manos, acusa al funcionario ido de tramposo y demás, y sigue tan campante con su telaraña de arreglos y noticias montadas de acuerdo al interés de los grupos hegemónicos, a los cuales pertenece y representa.
Por último, se me ocurre esto: sé que siempre lo tuvieron por loco y revoltoso, pero si Televisa sabía que García Luna había diseñado un operativo apócrifo desde el arranque de su gestión, si sabía que el país estaba en llamas, si sabía que Calderón lo dejaba hacer y deshacer como verdugo, ¿por qué jamás, entre otros documentos, aprovechó y difundió un video como el de Gerardo Fernández Noroña espetando la palabra “asesino” a quien ya por entonces tenía convertido a México en un matadero?
Como dicen los tuiteros: es sólo una pregunta.

sábado, diciembre 01, 2012

FCH




















Colocó los lentes junto a la lámpara del buró. Dio un último traguito al vaso donde sólo quedaron unas gotas de whisky mezcladas con el agua de dos hielos. Luego de seis años, era la primera noche en la que se sentía libre de cargas, verdaderamente relajado. Mañana comenzaría su nueva historia, el viaje y la radicación foránea, la paz y, por qué no desearlo, cierto distanciamiento del alcohol. Atrás quedaban entonces la autoridad, el poder supremo, las órdenes, el rumbo que quiso darle al país alebrestado, la incomprensión de tantos. Pensó en el artículo que acababa de leer, en la tajante acusación: había inventado una guerra para mostrar mano dura y legitimarse luego del fraude. Imbéciles. Pensó también en la supuesta cifra de muertos que le achacaba: 70 mil. Apretó los labios, negó leve con la cabeza y se escuchó decir para sí mismo, muy bajito, una frase que lo sedó: “No fueron tantos, si mucho 30 o 35 mil”. Apagó la luz y comenzó a dormir, tranquilo.

miércoles, diciembre 22, 2010

Toma simbólica en Chapala

















A nombre de Adolfo Nalda Nájera, José A. Sánchez Galindo, Gustavo Oteo Oropeza, Cecilia Rojas, Karina Nalda, Adolfo Nalda C., Manuel Nalda, Jorge Velázquez, Miguel Domínguez, Esther Amanda Jurado, María G. Lozano, Diego Lavín, Leonor Muela, Priscila Orozco, Iván Lavín, Claudia Lozano, Griselda Ramos, Marúa Teresa Frías, Fernando Lozano, María Isela Ramírez, Jesús A. Jiménez, Omar Jiménez, Jorge Lozano, Patricia Lozano, Luci Teresa Jiménez, Saraí Jiménez, Marcela Lozano, Gustavo Montes, Iván Lavín, Esperanza Lozano, Gabriela González, Francisco González, Verónica Teherán, Francisca Rangel, Rafael Nájera, Armando Martínez, Martha E. Chávez, Laura Alejandra Dávila, Gerardo Muro Torres, Alonso Licerio, Miguel Espino, Sergio Pérez Corella, Oswaldo Luévano, Rafael Zuno, Salomón Atiye, América Dueñes, José J. Aguilera, Micaela Sánchez, Tania Valadez, Ismael Sánchez y quien firma esta columna, ayer fue tomado simbólicamente el Mercado Chapala de Gómez Palacio para comenzar en firme la exigencia de crear allí un nuevo centro cultural.
Bien sabido es que aquella zona de Gómez Palacio, por no decir que toda la ciudad, vive en el abandono o el semiabandono cultural; carece asimismo de otros servicios, pero los abajofirmantes han propuesto, por ahora, el rescate de ese espacio con un objetivo estrictamente cultural. Suena a sueño, pero el gobernador Herrera Caldera y las autoridades locales andan todavía en plan de ofrecedores y rescatadores. Ya veremos si sus palabras se cumplen en este caso; debemos además exigir al gobierno federal para que en la zona de Chapala y anexas se le dé un poco de congruencia al lema “Vivir mejor”.
Dirigida a Felipe Calderón Hinojosa, Jorge Herrera Caldera, Rocío Rebollo Mendoza, Roberto Carmona Jáuregui y a la ciudadanía de Gómez Palacio y Lerdo, la declaración leída en ese acto fue la siguiente:
La comarca lagunera de Durango acusa un marcado subdesarrollo en todos los rubros; es evidente que en general se ha rezagado con respecto de otras ciudades vecinas, principalmente de Torreón. El estancamiento es notorio sobre todo en materia de infraestructura comercial, hotelera, educativa, urbanística y cultural. Gómez Palacio y Lerdo, ciudades con una densidad poblacional ya importante, carecen de espacios adecuados para la mejor y más armónica convivencia social. El desequilibrio regional es una de las consecuencias del mencionado rezago. Muchos gomezpalatinos y lerdenses compran, se educan y asisten a actividades culturales en Torreón, pues en sus ciudades de residencia no encuentran opciones idóneas en todos los servicios. En algunos casos se da incluso el cambio de residencia hacia Torreón u otras ciudades que tienen lo que la comarca lagunera de Durango no ofrece.
Como en otros estados del país, el centralismo es uno de los mayores problemas de Durango. Ciudades como Gómez Palacio, cuya pujanza económica es todavía una de las más sobresalientes en la entidad, no tienen sin embargo un flujo de recursos suficiente y bien administrado para convertirlo en un municipio ejemplar no sólo de La Laguna, sino de todo el norte del país.
En la inercia del atraso se ha paralizado asimismo la participación ciudadana que en otros municipios ha sido fundamental; cámaras de comercio y empresariales, sindicatos, clubes, organizaciones no gubernamentales y demás no han tenido resonancia en Gómez Palacio y Lerdo y antes bien han permanecido al margen del debate y la propuesta públicos, lo que a su vez ha postergado la mejoría de nuestras ciudades. Por lo anterior, creemos que es hora de exigir una puesta al día de las inversiones que en verdad detonen crecimiento; una puesta al día de la infraestructura comercial; una puesta al día de la obra civil que dé fluidez a nuestro sistema de transporte y, como prioridad impostergable, una puesta al día en la construcción de espacios culturales y deportivos que abran a nuestra niñez y a nuestra juventud la posibilidad de formarse una idea más sensible y más sana de la vida. La acción simbólica del Mercado (olvidado negligentemente en la colonia Chapala) emprendida por una parte de la comunidad artística tiene como fin llamar la atención de las autoridades y exigir, ya sin demora, la creación de nuevos espacios culturales y deportivos en zonas olvidadas por la mano del progreso. Gómez Palacio y Lerdo ya no pueden esperar; urge que el arte y el deporte detonen una perspectiva generosa para quienes hasta hoy no han tenido nada.

viernes, diciembre 03, 2010

Los dados de Fox



No hay que olvidarlo, pues al menos en parte allí está la matriz del actual desorden. Me refiero al cinismo con el que Vicente Fox ha venido hablando, pizca tras pizca, sobre su actuación en las elecciones de 2006. No es, de hecho, tan sorpresivo, pues durante este sexenio rojo el ex mandatario ha jugado con el score para declarar aquí y allá que, como todos lo vimos, participó abiertamente en el bloqueo contra López Obrador y favoreció al actual inquilino de Palacio Nacional. Pues bien, la sorpresa no está en la declaración, sino en la recepción cada vez más relajada de esas opiniones espesas de cinismo y gravedad.
Al expresarse así, Fox no sólo pulveriza retrospectivamente lo poco que pudiera quedarle de dignidad a su espeluznante sexenio, sino que se lleva entre las patas al actual, o sea, hace papilla los diez años del “cambio” pues nos habla de su esencial antidemocratismo y de su brutal actuación en un proceso tan viciado que a la fecha tiene a México de espaldas en la lona. No es una poquedad que alguien como él, identificado como ningún otro con un punto de inflexión histórico (el 2000) en la vida de nuestra república, diga lo que diga con la desfachatez con la que lo enuncia.
Decir que cargó los dados contra López Obrador en la contienda electoral de 2006 (según nota de La Opinión de ayer firmada por Daniel Venegas) es revelar una vez más el grotesco acuerdo cuyas consecuencias están a la vista. Nomás en materia de violencia, más de treinta mil muertos, pues la decisión de emprender una guerra contra la delincuencia fue tomada unilateralmente por un gobierno, el actual, cuyo poder se debe, entre otros, a otro gobierno que jugó descaradamente chueco y hoy, ya sin tapujos ni reservas para cuidar las formas, exhibe a todos los vientos que cargó dados para que cambiara el jinete, pero no el caballo, como declaró en otro momento el mismo desvergonzado ranchero.
Por supuesto, las expediciones verbales de Fox son punitivas. Lo han sido así durante el sexenio, pues todos sabemos que el calderonismo no le simpatizó nunca y lo ha mantenido amagado con frases como la de los dados. Ahora, por lo de Manuel Espino, su alfil, Fox ventila de nuevo el mismo petate que lo hace superior al actual gobierno federal: él sabe que para aplacar cualquier conato de insubordinación calderonista sólo es necesario recordar en los medios cómo llegó el michoacano a donde está. Ese es el espíritu de la expresión “cargué los dados”, enredar más y más y más a su sucesor en la maraña de la ilegitimidad.
El arreglo de 2006 fue tan burdo que no lo vieron ni lo creyeron sólo quienes por odio al candidato que según los empresarios era un peligro para México prefirieron una acción crasamente antidemocrática en vez de un presidente para ellos poco simpático y “populista”. Lamentablemente, el arreglo quedó tan mal prendido con visibles alfileres que se ha sostenido de milagro, cada vez con menos muestras de aguante hasta el cierre del sexenio. Ahora, ya en el pista electoral hacia el 2012, ese convenio en lo oscurito y sin satisfacción plena de las partes seguramente tronará. Lo que hasta ahora ha mostrado Fox es apenas un adelanto de lo que veremos al desnudo cuando ya sea inevitable desactivar al enemigo en la lucha por imponer candidaturas.
Si en su momento la actuación de Fox sirvió para frenar a López Obrador, las declaraciones (“Pues claro que sí, en lo que pude, claro que sí [cargó los dados contra AMLO], y es democrático; por eso lo digo yo y lo dije: fue un segundo triunfo para mí (…) y hablando de ellos [sus principios] como lo hago hoy con la misma pasión y la misma convicción; que todo ese rollo de la demagogia y el populismo, no funcionan”) ahora desmadejan a Felipe Calderón, su permanente rival. Visto así, el tosco Fox resultó dueño de una inteligencia maquiavélica: frenó al “populista” en 2006 y le amarró las manos al llamado “espurio” para 2012. El tiempo habrá de comprobar que el arreglo culminará en un desastre, pues en política los acuerdos deben ser perfectos, si quieren durar. Cualquier fisura, cualquier mínimo defecto o inconformidad de cualquiera de las partes concluye en pleito de (como decían los antiguos cronistas deportivos) pronóstico reservado. Ya lo veremos.

sábado, septiembre 04, 2010

La fracesita de siempre



Tengo 46 y desde 1975 leo periódicos. O sea, llevo 35 años leyendo la frase “falta mucho por hacer”. ¿Por qué nunca nos ha faltado poco por hacer? ¿Por qué siempre falta tanto, tantísimo por hacer? ¿Así es esto o somos un país que ya admitió como frase de su canasta básica esa de “falta mucho por hacer”? Es como si fuéramos niños en un viaje muy largo por carretera: antes de que comiencen a fastidiar, les decimos que falta muchísimo para llegar, que no pregunten. Con una diferencia, claro: el viaje de los niños algún día termina, pero nosotros, como país, llevamos décadas y décadas con la misma letanía que esta semana, para no quedarnos mal, recicló Felipe Calderón.
Primero las cifras, los logros, los avances y las promesas cumplidas. Luego, el más famoso “pero” de nuestra historia discursiva: “Pero falta mucho por hacer”. Caray, qué poca cosa somos, como dicen Los Ángeles Negros, sin ternura. Porque es poco tierno eso de postergar al infinito y más allá la conquista del bienestar social y no decir, de una vez por todas, que lo hecho es apenas un paliativo, un sedante para que, mientras, unos cuantos se ceben con las grandes rebanadas.
En nota de este periódico se explica que “Casi frente a Carlos Slim, que ocupó un lugar en la primera fila del Palacio Nacional, Calderón habló de México como una nación que cuenta con hombres y mujeres de negocios que están entre los más prósperos del mundo, y a la vez millones de mexicanos no han podido superar su condición de miseria, desigualdad y marginación”. ¿Slim hará algo al respecto? ¿Te digo Juan para que entiendas Pedro? ¿Qué significa elogiar a los hombres más prósperos del mundo y al mismo tiempo mencionar que los rezagos atávicos no sólo siguen intocados, sino agravándose? ¿Es una petición de auxilio? No entiendo.
Más delante señaló que por “falta de oportunidades y de valores, miles de jóvenes se pierden en las garras de la delincuencia”. Pues sí, eso ya se sabe, y por qué no diseñar, por ello, una guerra contra la falta de oportunidades, una guerra contra los bajos salarios, una guerra contra la deficiente educación, una guerra contra los monopolios mediáticos, una guerra contra las guerras decididas unilateralmente y manejadas con peligrosa y opaca discrecionalidad. Hay guerras prioritarias que no se están dando y al parecer no suena lógico al poder que las guerras en funcionamiento jamás tendrán fin mientras no sea atacada la falta de oportunidades. No entiendo.
Sobre el mismo asunto, una perla: dijo que se ha logrado “reducir nuevamente la pobreza en el país, pero aún no alcanzamos los niveles previos a la recesión económica”. O sea, caminamos tanto para atrás durante la recesión que no hemos vuelto a pasar por donde ya habíamos estado. El país, por tanto, está arrodillado ante la pobreza, pues si ya estábamos mal cuando presuntamente estábamos bien, ahora ni siquiera eso.
Antes, digamos que hace dos décadas, la economía era un batido de errores y malas noticias casi diarias. Jamás olvidaré que durante mi vida universitaria (llamémosle así aunque no haya transcurrido en Harvard) todos los días aumentaba el precio de mi pasaje y mi desayuno. Se veía entonces que la situación era deplorable y amenazaba, con apego brutal a la brutal ley de Murphy (“Si algo puede salir mal, saldrá mal”), que el país caminaba derecho hacia algo peor. Veinte años después, el discurso no cambia aunque la realidad ya sea muy otra: ahora no sólo la economía cascabelea, sino todo lo que de ella depende. Salud, infraestructura, educación, cultura, comunicación, alimento, vivienda, seguridad, democracia, todo ha sido asquerosamente contaminado por la maldición del retroceso.
Cada vez estamos más lejos de bienestar, pero de cualquier manera, haiga sido informado como haiga sido informado, nunca es malo recordar que “falta mucho por hacer”. Pues sí, pues sí, y qué más, cómo sigue el cuento.

domingo, febrero 14, 2010

Carta a Luz María



La columna que Renata Chapa publicó hoy en El Diario de Chihuahua:

Imaginario colectivo
Luz María
Renata Chapa

Luz María:
Dicen que los periodistas, como los hombres, no debemos llorar. Que debemos ser objetivos. Ecuánimes. Que antes de opinar, necesitamos constatar la autenticidad de nuestras fuentes. Que no debemos tomar partido a la primera. Que debemos dejar clara la línea que divide lo personal de lo profesional. Todas estas condiciones, y más, fueron cumplidas por las plumas que han dado cuenta de la participación que usted tuvo de frente al presidente de la República. Pero yo, Luz María, no puedo, ni quiero, ceñirme a una sola de ellas. No voy a redactar una nota informativa, una crónica o un ensayo sobre lo que usted vivió en el centro de convenciones Cibeles el pasado jueves 11 de febrero. Yo necesito escribirle esta carta.
Supe de usted gracias a un noticiario matutino. A veces dudo prender la televisión tan temprano para ver ese tipo de programas. El desfile del horror es interminable. Duele abrir un nuevo día con los ojos anclados en las injusticias que sufren otros porque, en realidad, son el reflejo de nuestros mismos pesares. Además, como usted sabe, por muy terrible que sea una realidad, el ritmo de los medios es implacable e imparable. Lo que ahora ocupa los espacios más importantes, mañana pasará a otros planos. Como si las heridas causadas por la opresión, el desdén, la negligencia y otros tantos malestares sociales fueran perdiendo vigencia. Como si las violaciones a nuestros derechos fueran más o menos importantes según el criterio de los informadores de las empresas mediáticas.
Sin embargo, también debo reconocer que si no fuera por los medios de comunicación no la hubiera conocido a usted ni tampoco hubiera tenido la oportunidad de sumarme a su dolor por medio de estas líneas. A través de los medios he podido escuchar voces de otros hombres y mujeres que han protagonizado cualquier cantidad de desgracias. Y ha sido a través de la prensa como he intentado contribuir, igual que tantos colegas, pero la realidad se sigue encargando de ubicarnos.
El papel con todo y sus palabras impresas también se lo lleva el olvido. En el sufrimiento cada vez más potenciado de nuestras comunidades está la respuesta al qué tanto podemos lograr desde los medios. Aquí, entonces, Luz María, volvemos a más de lo mismo. En los espacios mediáticos es posible ensalzar o sepultar información, pero el saldo que tenemos al día de hoy nos da pie a pensar que los logros son casi nulos.
Urge repensar la función social y ética de los comunicadores y las autoridades políticas; el clasismo que se padece en los medios; la censura y autocensura mediática que echa cada vez más raíces por miedos e incompetencias. Desafortunadamente, los llamados de atención a las autoridades; la solicitud de ayuda para quienes tanto la requieren; las demandas por un trato justo; las peticiones para una vida digna parecen no fructificar. Se sigue perdiendo la batalla a pesar de estar en una trinchera que se supone poderosa, la de los medios de comunicación. O la de las escuelas; la de los partidos políticos; la de las familias; la del Estado mismo. Algo nos ha rebasado. La impotencia, también.
Por eso, Luz María, cuando su voz removió el protocolo de la reunión que usted y tantos más sostuvieron en Ciudad Juárez con el presidente de México, yo comencé a darle íntimamente las gracias. Desde este lado de la pantalla tenía el deseo de que nada ni nadie le impidieran expresar su opinión de viva voz ante el presidente y ante la mirada del país. En unos cuantos segundos, usted fue portavoz de millones de mexicanos que hemos alzado la voz tantas veces, con tonos distintos y en diferentes escenarios, y que hemos constatado que fuimos y seguimos siendo engañados, burlados, humillados. Nunca escuchados.
Usted y yo somos mujeres y sabemos que sigue siendo complicado avanzar. A veces, es simplemente imposible. Para tantos que ejercen el poder, nosotras no sólo tenemos que soportar denostaciones explícitas e implícitas, sino callarlas si es que deseamos eludir represalias. Yo la vi y la escuché a usted y, con el pecho asfixiado, la animaba a distancia. Seguí palabra a palabra su intervención. No pudo haber resumido todo el dolor de nuestro país de mejor manera. También escuché el tono que usó para explicar y demandar justicia, Luz María. Su valentía derivó en una llamada de atención contundente y clara. Respetuosa. Como le mencioné al inicio de esta carta, yo sentía la necesidad de escribirle porque su profundo dolor, ése que la llevó de frente a las autoridades, no ha sido en vano. Somos muchos y muchas los que estamos en deuda con usted y con sus hijos.
Deseo que las atinadas palabras con las que expresó su profundo duelo hayan cimbrado a los miembros de aquel presidium. Al final de cuentas, se supone que ellos son tan humanos como usted y como yo. Que ellos, como nosotras y los demás ciudadanos, queremos el bienestar para nuestras familias.
Luz María: que su voz la sigamos escuchando todos, los de las cúpulas y los de a pie. Que sus frases retiemblen con más fuerza aún. Que no pierdan potencia a pesar de todos los días que nos esperan de lucha y lágrimas, según lo advirtió el presidente Calderón.
Sí, Luz María, “que sigan buscando debajo de las piedras” y que logren concordia. Que puedan dialogar con el presidente y con México “los que quieren justicia para todos los niños” de Ciudad Juárez y de nuestro país con la misma apertura y cobertua que usted tuvo. Que a pesar de “no tener lo recursos”, todo mexicano pueda ser comprendido y protegido. Que “el Ferriz, Baeza y todos” los que tienen un rol vital en las tareas de seguridad, economía y educación en nuestro estado, consigan que “vuelva a ser el de antes”.
Sí, Luz María, “que se pongan en su lugar” y en el de tantas familias desmembradas “a ver qué sienten”. Que jamás dejen de sentir para que “hagan algo por Juárez” y por cada sitio disputado en nuestro país.
De corazón, reciba mi abrazo respetuoso.

centrosimago@yahoo.com.mx

sábado, febrero 06, 2010

Cambio de vía



Los dolorosos sucesos del fin de semana han puesto en un predicamento, como nunca en este sexenio, al gobierno federal. Cierto que han sido muchas y muy variadas las formas del horror que como espectáculo siniestro hemos visto en el actual sexenio, pero lo ocurrido en Juárez y en Torreón casi simultáneamente son ya un hito del sexenio por más que Felipe Calderón mire hacia otro lado. Distintas voces se han pronunciado, por ello, a favor de un cambio radical en la política seguida por el calderonato para acabar, según él, con la enfermedad del narco.
El replanteamiento que viene, si es que viene un replanteamiento, ofrece cuatro salidas al feo túnel en el que fuimos metidos a la fuerza sólo para legitimar, mediante argumentos de plomo, a un gobierno que nació con fórceps y muy poco reconocido por la ciudadanía que en los hechos nunca perdonó el “haiga sido como haiga sido”. Más allá del pecado original vinculado a las urnas del 2006, el calderonato ha actuado a sus anchas y tras los acontecimientos del domingo está en la obligación de escuchar, ahora sí, el grito angustiado de la gente.
Muchos legisladores y analistas han declarado ya la urgencia de cambiar la ruta del combate al crimen organizado. Otros, menos quizá, se declaran a favor de la suspensión de las hostilidades hasta que no se tenga una garantía plena de victoria frente a la fuerza y la ferocidad de la delincuencia. El segundo camino es imposible de seguir, pues sería una declaración abierta de derrota que lamentablemente sólo conviene al bando criminal, no al gobierno ni a la ciudadanía.
Los derroteros a seguir, por tanto, son cuatro:
1. Continuar igual la llamada guerra contra el narcotráfico. Esta posibilidad asegura lo que ya hemos visto: palos de ciego que en el revoltijo ayuno de estrategia dan como resultado un ritmo sostenido y creciente de muertos por todas partes y de todos los frentes, esto con picos elevadísimos como los dos graficados el pasado fin de semana.
2. Agudizar la intensidad de la guerra bajo el mismo esquema desarrollado hasta hoy. El ritmo ascendente del número de muertos es una prueba irrefutable de que la lucha, tal y como ha sido emprendida, sólo abona muertes y desgaste. Incrementar la dureza de las medidas en el mismo sentido en el que van sólo escalaría el problema hacia una, perdón por el ingrato y lamentable neologismo, juarización del país.
3. Suspender la guerra. Como ya dije, sería un harakiri que por obvio es absolutamente inviable. De hecho, a estas alturas no conviene a nadie, menos a los Estados Unidos, país que ve con beneplácito el preservación de una guerra que sólo deja muertos de este lado del río Bravo.
4. Modificar el esquema de la guerra. No se trata sólo de bajar la intensidad de las hostilidades, sino de orientar mejor el sentido de la lucha y acompañarlo con medidas constructivas, no represivas. Dado que en el fondo es un problema económico, el rigor en el uso de la fuerza es lo de menos si no se apareja con la creación de oportunidades para los jóvenes, no sólo para los que ya se han involucrado en actos delictivos y caen presos, sino, igualmente o más, para aquellos que están en riesgo permanente de enredarse con la telaraña.
Es borroso el futuro de la mentada guerra. Lo definitivo es que no puede seguir así, pues hay mexicanos caídos por todos lados y es absurdo pensar que unos duelen y otros no.

miércoles, diciembre 16, 2009

Caballo blanco Berlusconi



El trancazo a Berlusconi es ya el video de la semana. Ver al magnate así, convertido en el caballo blanco de José Alfredo tras aquel sopapo exacto, ha dado pábulo a todo tipo de opiniones sobre la seguridad de los mandamases. Por supuesto, algo falló en el cerco de escoltas que acompañaba al empresario y político italiano, quien se ve vulnerable en las imágenes del tumulto donde recibió el inmortal bofetón. Nos simpaticen o no, los líderes de los países deben ser custodiados con escrúpulo, pues nunca han faltado ni faltarán los Leones Torales dispuestos a dar sus vidas a cambio de un magnicidio o algo semejante. Eso ha sido siempre: el poder crea enemigos y los enemigos pueden sentir un resentimiento tal que los haga llegar, a muchos, a pocos o a uno solo, hasta el atentado.
Impresiona ciertamente que Berlusconi camine en medio de una muchedumbre. En el país de la mafia, en el peligroso reino de la camorra, que un político así de lenguaraz y antipático se mueva tan cerca de la gente no deja de asombrar, pues en esas condiciones no hay guaruras con la capacidad de garantizar seguridad a nadie. Si un poderoso nefasto como Berlusconi acepta los tumultos, tarde o temprano lo sorprenderá el chahuistle. En este caso le fue bien, pues sólo se trató un golpe que le aflojó piezas dentales y le dejó la boca como a los bebés cuando comen sandía frente al beneplácito de sus risueños padres. Es verdad que la imagen avergüenza, pues mal se ve cualquier sujeto, y más alguien encumbrado y ampuloso como el signore Berlusconi, con los labios y las encías recién pintados de mole.
Ignoro qué usos y costumbres tienen los políticos italianos (y europeos en general) en relación al contacto con las masas, pero por lo visto en el putamadrazo a Berlusconi allá todavía hay cierta cercanía entre la figura pública y la gente. Tal vez eso vaya a cambiar luego del desaguisado. La seguridad, si eso ocurre, terminará por aislarlo en una burbuja de protección impermeable a cualquier agresión, como pasa con tantos mandatarios que al llegar al poder dejan de tener contacto con la gente y sólo ven muestras artificiales de apoyo popular. En ese contexto, el dirigente pierde un poco de sensibilidad, pues deja de sentir las muestras reales de aprecio y antipatía. Recuerdo a propósito un chiste. Un presidente desea saber qué piensa la gente sobre él, pero sin que los comentarios sean viciados por consejeros y colaboradores lambiscones. Decide entonces tomar unas vacaciones en su rancho y aislarse del mundo por unos días. Toma su caballo y en un zurrón lleva una barba postiza, un sombrero y unos lentes. Atraviesa un bosque, rodea una montaña y allí donde ve una cabaña se detiene. De inmediato se coloca la barba, el sombrero y los lentes, con lo que queda irreconocible; toca la puerta de la cabaña y lo atiende un viejecillo humilde, quien pregunta qué se ofrece. El presidente disfrazado, fingiendo la voz, le pide un poco de agua. El viejo se la da. Hacen un poco de plática circunstancial. Luego el presidente, sin que se note mucho lo forzado del asunto, le pregunta al viejo qué opina del presidente. El anciano le pide entonces que lo acompañe. Pasan por una salita, después por una habitación, luego llegan a una especie de almacén, bajan a un sótano y allí le responde quedo y al oído: “Me cae muy bien”.
Para saber, pues, qué opina la gente, el mandón debe bucear más allá de las encuestas. Lamentablemente no es tan fácil, pues el odio acecha en todos lados y puede manifestarse como lo hizo con Berlusconi. En el caso mexicano es obvio que Calderón dejó hace varios años de sentir en corto lo que gran parte de la ciudadanía piensa sobre él. El blindaje, que era enorme en sexenios anteriores, creció tanto en lo que va de este gobierno que no hay acto público oficial en el que los filtros no den molestias enormes, como pasó con la inauguración del nuevo estadio de futbol en Torreón. Finalmente no asombra que políticos sin punch, llegados al poder con malas artes deban protegerse así, ya que si no lo hacen estarían tentando demasiado al chamuco de los atentados. Lo que asombra en todo caso es lo del premier Berlusconi: un encumbrado sinvergüenza, petulante y boquiflojo que se atreve a caminar entre el tumulto, eso es lo verdaderamente raro.

viernes, septiembre 04, 2009

Un país extraordinario



Si algo me parece mamilas, mamilas mamilas, lo que se dice mamilas, lo verdaderamente mamilas, lo mamilas insoportable, es la pose sabihonda que adoptan los especialistas en motivación. No me refiero a la motivación oral, que eso es otra vaina, sino a la que muchos merolicos expelen en cursos para empresas y en medios de comunicación donde suministran ginseng espiritual. Una de las frases que más repiten es la siguiente (cito de hinojos): No podemos obtener distintos resultados siguiendo los mismos procedimientos (algo así, pues soy un amateur en materia de superación personal).
La idea que subyace en tal sentencia es la del cambio. O sea, lo que busca es “motivarnos” a seguir otros rumbos, pues si no lo hacemos vamos a padecer el sisífico castigo del eterno retache. Para no caer siempre en los mismos errores, como José Alfredo, urge revisar la dinámica habitual de nuestras acciones, detectar lo que está mal y hacer las modificaciones que nos lleven al éxito (y aquí le paro con este choro, pues siento que si sigo hablando así, corro el albur de convertirme en Miguel Ángel Cornejo).
El discurso del cambio ha sido bostezantemente manoseado por las empresas. De hecho, es allí donde los motivadores han hallado lo que ellos mismos denominan “nicho”, que en este caso no es un psiquiatra de Gómez, sino una zona del mercado harto propicia para obtener pingües dividendos. Con la llegada de la tecnocracia panista al poder federal, es decir, desde Fox, la palabra “cambio” ha sido incorporada al flujo de la verborrea oficial; por ello no es extraño que el miércoles 2 y encadenado a México (sólo televisivamente), Calderón nos aplicó una buena dosis del Prozac discursivo que nos debe conducir, ora sí, al Cambio.
La palabra “cambio”, que en México equivale a morralla, se ha convertido ya precisamente en eso, en moneda corriente de los discursos emitidos desde la máxima representación política del país. Es una palabra unidireccional, pues siempre es tomada a bien, nunca con un sentido negativo, casi como si no existiera la posibilidad de cambiar para empeorar. Le pasa lo mismo que al adjetivo “extraordinario”, que solemos usarlo en un solo sentido, sólo para calificar positivamente: mujer extraordinaria, niño extraordinario, político extraordinario, decimos, y de inmediato pensamos en mujer excelente, niño maravilloso, político estupendo, cuando también podría ser lo contrario, es decir, que su extraordinariez sea negativa: una mujer más liviana que las gallinas, un niño detestable (“herodizable”, como dice Jorge Ayala Blanco) o un político hideputa.
El cambio, pues, lo vengo oyendo a todo amplificador desde que Fox lo decretó como as de su baraja retórica. Él habló de cambios y más cambios, de que su era era la era de los cambios. Y, en efecto, lo fue: los cambios han avanzado a ritmo sostenido, sin freno, pero para crear peores escenarios. El asunto, sin embargo, no está en que las cosas hayan salido mal en el camino, en que para desgracia del país los cambios hayan sido insuficientes o algo erráticos. No, no es un asunto de mera retórica, sino de hechos. La realidad es que tenemos nueve años oyendo de cambios y absolutamente nada de lo que andaba mal ha sido desmantelado. La dinámica del gobierno de Fox no fue la del cambio real, sino la del continuismo que a la larga torna cada vez más graves los problemas y a la postre creará (si es que no lo ha hecho ya) un estado de putrefacción irreversible, casi como un cáncer de esos que hacen recular al médico nomás con ver el estado de los órganos invadidos.
Calderón habló también, muy severo él, de cambios, y por eso su discurso no fue percibido como el de un estadista en el ejercicio del poder, sino como el de un candidato en busca de votos. En cualquier caso, la palabrita ya chafeó. Se la echaron en menos de una década.

jueves, septiembre 03, 2009

Cuenta regresiva



Como el conteo que se hace para que los trasbordadores salgan al espacio con o sin mexicanos a bordo, ha empezado ayer, o antes de ayer, si se quiere, el desfile en reversa de los números mediante los que se va apagando, muy prematuramente, el poder que alguna vez quizá tuvo en sus manos el actual gobierno. Tras el mensaje leído en un ambiente acolchonado, sin molestias fernandeznoroñas o muñozledas, el usuario de la banda presidencial ha pasado a representar un papel de reparto y cede el rol protagónico a un priísmo que viene a todo galope y trae tres jinetes principales: un sonorense de bigote, un encopetado mexiquense y un mánager portador de calva que brilla no por su ausencia, sino por su mandona presencia en el proceso tricolor que apetece recuperar las canicas perdidas en 2000.
Calderón, ya en sus últimas, informó sobre “el estado que guarda la nación” y nadie en sus cabales toma en serio el reporte. No hay maquillaje suficiente para embellecer el momento que vive el país, se haiga deteriorado como se haiga deteriorado. Las excusas siempre serán muchas, pero el caso es que hoy estamos peor que en 2000 en todos los rubros, incluido el democrático-electoral en el que supuestamente habíamos mejorado tras la apabullante victoria del bato con botas. Mal en todo, muy mal, tanto que ahora ni siquiera quedan reservas de entusiasmo como para hacer el esfuerzo de creer en algo y depositar así sea poquita fe en cualquiera de los proyectos que siguen navegando por el camino real de la demagogia.
Porque es demagogia decir que lo alcanzado es “claramente insuficiente” cuando no hay, como sabemos, avances, sino retrocesos. Aceptar que algo es “insuficiente” implica morder la carnada del a priori: avanzamos, pero no dimos los pasos suficientes para llegar a la meta trazada. Esa falacia significa dos cosas: 1) que caminamos hacia delante; y 2) que vamos por buen carril. Pero ni lo uno ni lo otro: no caminamos, sino retrocedimos, lo que por sí mismo supone que vamos por el rumbo equivocado.
Nomás, para acabar pronto, de los cinco rubros que recibieron énfasis en el informe se advierte que el saldo es mayoritariamente rojo: la crisis económica, cuyos orígenes son machaconamente ubicados en el exterior, nos tiene cayendo en el resbaladero de la zozobra. Quizá las cifras macroeconómicas digan que la situación no está del diantre, pero en el día a día se nota, sin necesidad de que las amas de casa hagan comparaciones forzadas, que el encarecimiento de los bienes y servicios mantiene un ritmo constante más allá del dolor. Atado a eso, hay un bajón notable en la demanda que sin duda colabora en la cancelación de empleos, lo que de paso agudiza la crisis y repercute definitivamente en lo social, sobre todo en el renglón de la delincuencia. Si antes había robos por millones de pesos, hoy, por desesperación, se sabe de asaltos por hambre, lo que hace mucho pensábamos extinto.
La medida estelar de la actual administración es, sin duda, la más polémica: ¿ha servido para algo el combate frontal a la delincuencia? ¿Cuántos recursos han sido invertidos en esa faena y puede hablarse ya de un costo-beneficio real? ¿Qué tan legal es haber sacado al ejército de los cuarteles para que lidie un toro que constitucionalmente no es de su lote? Además de la lucha armada contra la delincuencia, ¿no es necesario pensar también en las vías alternas de la despenalización de ciertas drogas, la inversión preventiva en deporte y cultura, la limpia de cuadros policiacos, el énfasis en las labores de inteligencia y, sobre todo, en la fiscalización rigurosa de lavaderos?
Añade Calderón los temas de la influenza “AHLNL” (como dijo la microbióloga Elba Esther Godzillo), el problema con el petróleo y la sequía. Artificiales o naturales, los problemas del país son inmensos y hondos, y no ha podido con ellos un gobierno que ya oye “claramente” su cuenta regresiva.

miércoles, agosto 26, 2009

Surrealismo caciquil



Hay postales que quedan para siempre. Una de ellas la vimos el lunes durante la ceremonia en la que Calderón, Lujambio y Elba Esther dan el banderazo a cuadros al nuevo ciclo escolar en el que participan chorrocientos mil estudiantes mexicanos. En su turno al micrófono, ya lo sabemos, la cacica del SNTE se aventó unas perlas que amenazan con destronar a Fox del banquillo de los polacos con orejas de burro. La referida a la “influencia AHLNL” opacó, de hecho, a otra también genial, ésa en la que la peculiar Doña señaló que no debemos caer en la “autoplacencia”. En la misma ceremonia, el titular de la SEP, Alonso Lujambio, tuvo la osadía de preguntar al público acarreado, en este caso estudiantes de nivel medio, si estaba listo para regresar a clases. La respuesta de los jóvenes fue unánime y mostró el grado de compromiso que los estudiantes tienen hoy con la educación y la patria: “¡Noooooooo!”, gritaron los chavos. Y tienen razón, pues cómo desear el regreso a clases si la principal cabeza de los maestros, una persona a la que debemos suponer educada y sensible, no puede leer unos párrafos sin incurrir en dislates dignos del Chavo del Ocho frente al profesor Jirafales. Calderón, por su parte, nos regaló con unos sentidos elogios a la erradicación de las corruptelas en el sistema de asignación de plazas magisteriales. En fin, fue un rollo delirante, sólo ubicable en la estética jodorowskiana.
Pero la postal, como digo, que me queda para siempre es la de Calderón obligado a aplaudir el discurso de la maistra Gordillo. En esos pequeños gestos se ve el tamaño de las complicidades, como cuando el michoacano ha tenido que codearse y salir en fotos con Mario Marín, el héroe de la película, papá, según la definición de Kamel Nacif, el rey de la mezclilla que regala bellísimas botellas de coñac. A Calderón no le ha quedado otra que apechugar con esos personajes que lejos de traer algún mínimo prestigio, acaban por confirmar nefastas alianzas entre los poderes torcidos de México.
Cuando, pues, los jóvenes respondieron con un largo nooooo a Lujambio hicieron ver, tan espontánea como irreflexivamente, el tamaño de su escepticismo frente a la educación. ¿Para qué volver a las aulas si las vacaciones están bien chidas? ¿Para qué hacerlo, además, si los liderazgos (así dicen ahora, “los liderazgos”, algo que antes se decía sencillamente “los líderes”) no dan trazas de haber estudiado y sin embargo allí están, en la cúspide del poder, leyendo tarjetas a pujidos, plagando de errores la comunicación de datos e ideas que cualquiera que vea la tele sabría pronunciar con precisión. Los yerros de la profesora Gordillo son entonces más que pequeños tropiezos, pues apuntan a describir en qué manos se encuentra la educación nacional. No es poco grave, una mera anécdota, que la jefa de jefas de un gremio esencial para el desarrollo del país tenga tan poca competencia en algo que es, digamos, los suyo. En vez de dictar cátedra, en lugar de leer con toda la mano y liderar con el ejemplo, exhibe ante todo México sus infinitas limitaciones profesionales. Lo hace con estrépito y en todos los medios reproducen sus sandeces (salvo López Dóriga, así que debemos esperar si lo hace en “Las mangas del chaleco”), pero la señora sigue allí, atornillada a una comisión sindical en la que se ha dedicado a la política de cañería, no a ver por la infinitamente cacareada calidad de la educación.
Por ello, cuando el muy retórico Calderón nos arrojó su pieza oratoria del lunes, aquella en la que observó que ahora los puestos de maestro ni se compran, ni se regalan, ni se transan ni se etcétera, muchos pensamos que era suficiente echar una mirada al fresidium: allí estaba la maestra Gordillo, escuchándolo, demostrando con su pura presencia que ni un pelo se le ha tocado a la gangsteridad del sindicato. Y todavía quieren que los estudiantes digan sííííííí. No están locos.

jueves, julio 09, 2009

México es una guardería



Las elecciones del domingo demostraron que México es una inmensa guardería subrogada que va de incendio en incendio. Así como en Sonora se invirtieron las tendencias luego de la tragedia en Hermosillo, en el país fue muy marcado el voto de castigo contra quien ha incendiado al país con una guerra irracional y quién sabe si necesaria, con una política económica que ha convertido al presidente del empleo casi en subempleado del priísmo ganón y, desde el inicio de su mandato, con torpes designaciones en su gabinete.
El usufructo que el PRI ha hecho de la novatez y la perversidad del panismo en el poder no está para disparar ninguna alegría nacional, pues tanto el pinto como el colorado son dos gallos que demostradamente han sabido hacer acuerdos de alternancia o convivencia que no afectan en lo sustancial a las mafias económicas y políticas. Baste decir que Televisa, por señalar sólo un caso, no ve con malas cámaras que llegue uno u otro, siempre y cuando esas dos opciones le cierren el paso a los sectores más amenazantes de la todavía llamada izquierda mexicana. Que pierda el PAN, que gane el PRI, que pierda el PRI, que gane el PAN… mientras así siga el carrusel, los grupos de poder enarbolarán sus triunfos como muy democráticos. Todo depende de quien arruine la guardería nacional: quien lo haga, pondrá en bandeja el triunfo de los “enemigos”.
La lección para quienes, contra cualquier debacle, aún suspiran por un gran y auténtico movimiento de izquierda que represente otros intereses y proponga una política de verdadera depuración es simple: aprender a elegir en las legítimas luchas intestinas, no guiarse por lo que digan los grandes consorcios de la comunicación y tratar de sumarse, en el grado que sea, al activismo por la causa. Suena utópico, pero no hay de otra sopa. Si el perredismo se queda atornillado en la quejumbre por su inepta dirigencia nacional, si se va con la pantalla de los ataques que los medios orquestan para ridiculizar o vapulear movimientos intragables, los resultados en el futuro podrían ser peores que los del 5 de julio. No fueron pocas las voces que se alzaron, por caso, contra el chuchato gandalla y entreguista; muchos militantes, analistas y simples simpatizantes advirtieron que esa dirigencia flácida se desmoronaría como castillo de harina al primer soplido electoral. Y eso pasó. Ortega y sus huestes se fueron abajo, entregaron cuentas paupérrimas, lo que haría prudente su germanización, es decir, que los inmolen como al dirigente del PAN, por incompetentes.
Asimismo, urge una etapa de definición en la parte más rejega del PRD. López Obrador y sus cercanos deben reacomodar las piezas en el tablero, apelar a los principios si los hay, es verdad, pero también acatar el pragmatismo requerido por los tiempos: salir o no salir del PRD, ese es el dilema. Hagan lo que hagan, deben hacerlo ya, sin demoras, pues sigo creyendo que hay muy poco tiempo para reorganizar al único movimiento severa, cínica, brutalmente atacado desde hace algunos años, pero todavía dueño de algún capital político que pueda servir para revivir en el ciudadano la posibilidad de una tercera opción, esa que nunca han dejado crecer los amafiados de las cúpulas para los que la democracia sólo tiene dos cabezas.
Mientas eso pasa, quedan tres años, o poco menos, para que el actual gobierno federal prosiga con el incendio del país. Sin la Cámara, sin la inmensa mayoría de los estados, todo indica que recibirá buen combustible, el suficiente para que sus errores sean cobrados por un priísmo ávido de ver desplomes que otra vez aseguren votos de castigo en abundancia. En síntesis, debemos prepararnos para ver el consabido espectáculo del uso electorero del desastre, la capitalización del incendio nacional a favor de las mismas camarillas de siempre. Lo dicho: México es una inmensa guardería, y subrogada.

viernes, junio 26, 2009

Adiós al último decoro



Hace pocos días un lector me preguntó por qué le estaba dedicando al menos un comentario por semana al tema de la guardería ABC. Le respondí sin rodeos: porque si las autoridades no atienden con severidad un caso donde de la peor manera han muerto 47 niños y varios más permanecen graves y, si sobreviven, quedarán marcados por las quemaduras, entonces ya no hay remedio para las “instituciones” de nuestro país. Así de simple. No porque un niño valga más que un adulto, sino porque a los niños ni siquiera les pueden inventar culpas. No los pueden tachar de provocadores, de revoltosos, de violentos, de nada. Son, sin más, la inocencia a plenitud, de ahí que no existan excusas para postergar una buena investigación que dé con los culpables y, como dicen, se les finquen responsabilidades.
Así que, si con 47 niños muertos y varios más en situación delicada, las autoridades judiciales y los gobiernos federal y estatal montan el performance de la mutua acusación (que en el fondo no es más que la postergación del castigo), ¿qué puede uno esperar si algún día ve violentados sus derechos de manera grave? Pues nada. En todo caso, silencio, impunidad, olvido.
El incendio de la guardería ABC ha permitido ver con lente de aumento el tamaño de la mafia mexicana. Sin otro interés que el control político que es control económico, una inmensa red de parentescos y amistades cubre el mapa nacional en todas las áreas de la política y la economía. En el estricto rubro de las guarderías subrogadas no ha salido de sus cloacas la famosa lista porque le daría una encuerada mayúscula al sistema en su totalidad. ¿Quiénes están allí? No se sabe, por supuesto, pero la tardanza de su publicación genera suspicacias que no deben andar muy descaminadas. Como en cualquier contrato a la mexicana, detrás de las guarderías subrogadas pueden estar hermanos, primos, cuñados, compadres, amigos cercanos de algún chipocludo estatal o federal. Hasta la extensa parentalia de Calderón salió a balcón con el abominable percance de la guardería sonorense. Por eso, sólo por eso, hay un anómalo manto de indiferencia oficial en torno al asunto de la lista, pues aquí no habría para dónde hacerse: las cientos de guarderías, como negocio, han quedado en manos del hermano, del primo o del compadre al que se le debe echar la mano para que se ayude tantito con unos pesos fáciles, esto porque no importan demasiado, como ya se vio, las condiciones en las que vivirán durante varias horas del día los hijos de trabajadores que no pueden pagar nana ni viven en un mundo de juguete.
Lo que vemos ahora, el bombardeo de estiércol entre el relamido y retórico Gómez Mont contra el engallado (que no empollado, lo que sería más cercano a la verdad) Bours Costelo, es una disputa ajena por completo a las investigaciones forenses y a la impartición de justicia lógicos en cualquier estado de derecho. Habida cuenta de que cuando se cruzan gobiernos de distinto partido todo se politiza, ahora no podía ser de otra manera, pues la circunstancia electoral ha sido radicalmente modificada por la tragedia. El gobernador saliente, un triunfador echón como el que más, tenía bajo su control las riendas del potranco, pero el desaguisado vino a despertar los apetitos blanquiazules de agenciarse por primera vez la anhelada Sonora, tierra de militares emblemáticos del régimen priísta y uno de los estados con mayor riqueza legal e ilegal en el país. Por eso, para quitarse la papa caliente de las manos y de paso acabar de hundir al mandatario de Sonora y a su delfín Alfonso Díaz Serrano, alias el Vaquero, el felipismo impúdico no ha tenido empacho en usar el siniestro de la guardería como macana electoral. La morosidad de las investigaciones les conviene a los dos gobiernos: a uno, para que el incendio quede arrumbado en el olvido; al otro, para que esté lo más fresco posible el día de las elecciones. Todo es, en fin, torcido. La “vileza estructurada”, como dice Osvaldo Bayer, no cesa de operar.