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sábado, julio 07, 2018

Crisis tripartita










Para quienes nacimos hace más de cincuenta años no es tan fácil asimilar lo que pasó el domingo. Fue un suceso al que por fuerza debemos hacerle digestión lenta, pues no todos los días se viene encima un banquetazo con tal cantidad de novedades. Parece un quiebre, un parteaguas que de golpe nos hace sentir que provenimos de la prehistoria: hace cuántos millones de años el PRI echaba a andar la aplanadora electoral y con ella dejaba convertidos a sus opositores en tortilla; hace cuánto la CTM era manejada con mano de hierro por un vejete de cuyo nombre no quiero acordarme; hace cuánto la CNC cooperaba con miles de campesinos sólo útiles para el acarreo; hace cuánto vivíamos los rituales del destape, los fastos de un partido hecho a la medida de la autodenominada y gandalla “familia revolucionaria”.
Todo eso y más venía desplomándose desde hace décadas pero parecía que el desplome avanzaba en cámara Phantom. Primero fue el hachazo propinado por el delamadridismo-salinismo a los políticos de viejo cuño. La llegada de los “tecnócratas” —palabra que hoy también parece prehistórica— desplazó a quienes se habían hecho en las bregas del escalafón: antes de ser gobernador, digamos, era necesario comenzar en la juventud como ayudante C o D de algún regidor o alcalde de poca monta; si se tenía suerte, habilidad, una alta dosis de servilismo y buen padrino se podía ascender hasta una diputación, una senaduría y más. Ese paradigma moroso y funcional cambió en el PRI, partido que fue asaltado por jóvenes políticos que mezclaban los estudios en escuelas importantes con ambición, y luego por júniors sólo dotados de colmillos y amigotes voraces. El PRI volvió pues a Palacio Nacional, pero lo hizo no para pensar en un renacimiento de largo aliento, sino en una orgía de vaciamiento de las arcas públicas.
Luego el PAN y el PRD, cada cual a su modo, calcaron prácticas similares y terminaron casi en las mismas que su modelo. Tras el debilitamiento de la figura presidencial, no sólo los gobernadores operaron a sus anchas, sino que también los partidos pusieron de su parte hasta lograr que la gente los odiara-rotulara con un nombre peyorativo: “partidocracia”. Hoy los tres partidos atraviesan sus peores crisis y buscan con denuedo a los culpables para pasarles la factura. Cada uno tendrá, es de suponer, distinto futuro. Creo que en el PAN habrá lucha encarnizada por el control pero saldrá adelante; el PRI batallará más porque es una agencia de colocaciones y al haber perdido espacios no podrá disponer de huesos para su horda habitual; sobrevivirá, sin embargo, como ha sobrevivido siempre, como la yerba mala. Al que le veo menos chance de resucitar es al PRD: los Chuchos acabaron con él hace como diez años, pero se dieron cuenta de esto hasta el domingo pasado.

miércoles, abril 25, 2018

Debate en modo bolita













En mi infancia/adolescencia solíamos practicar un ¿juego? algo idiota que denominábamos “bolita”. No sé si todavía existe, si los jóvenes de hoy lo mantienen vivo o ya murió como han muerto el “chinchilagua”o el “brinca tu burro”. El juego no tenía reglas. Su único precepto consistía en acatar un grito. Requería que en un grupo de jóvenes alguno de ellos abrazara a otro y lo derrumbara en el suelo mientras emitía el grito de convocatoria: “¡Bolitaaaa!” En ese instante, sin perder tiempo, ya con la víctima tirada, inerme, todos los compañeros cercanos hacían eco del primer grito, gritaban a su vez “¡bolitaaa!” y comenzaban a formar una montaña humana sobre el sujeto anulado. Cierto que este juego era entre inofensivo y babotas, aunque a veces se sumaban tantos al tumulto que el sometido quedaba casi asfixiado, molido por el peso que le caía de golpe.
Cuando alguien, fortuitamente, convocaba a la bolita, la víctima no tenía escapatoria. Si de casualidad se zafaba de un primer agresor, otros acudían y lo tumbaban. El caso era hacerle bolita, montón, sin remedio. Pues bien, eso vimos el domingo en el primer debate de los candidatos a la presidencia. Cuatro contra uno, todos al unísono gritando bolita contra López Obrador, quien hizo lo que pudo para mantenerse sereno y salir adelante y con la menor cantidad posible de raspones. Ciertamente no es nada fácil que alguien escape incólume cuando el destino (o quien sea) lo elige como objetivo de la bolita. AMLO y su equipo sabían que todos, por diferentes razones, lo iban a atacar, que el instinto de pitbulls con preferencia de una sola carne iba a reinar entre sus oponentes. Y así fue. Aunque entre los cuatro se tiraron uno que otro mordisco, el propósito eje fue masacrar al candidato que encabeza hasta el momento, y por mucho, las encuestas. Creo que lo lograron a medias, no lapidariamente como esperaban, pues da la impresión de que el galvanizado a favor de AMLO sigue librándolo de mermas.
El Peje ha insistido hasta el choteo que existe una cosa horrible denominada “mafia del poder”. Muchos han convertido tal afirmación en meme, como si los hechos no demostraran que un grupo de hampones ha usurpado las tareas del gobierno no para comprar dos departamentitos, sino para hundir a todo un país. En el debate pareció visible quién se opone a tal camorra y quiénes están por mantenerla con vida. Pero bueno, en tales ejercicios se habla de corrupción, inseguridad, pobreza, impunidad y todos esos problemas abominables del país, y ninguno lo ha provocado Morena. Qué raro. Es como acusar al PRI o al PAN de la hambruna en Somalia.

miércoles, febrero 28, 2018

Secreto en la montaña electoral












Es más fácil predecir un meteorito que el resultado de la actual metralla cruzada entre el PRI y el PAN. Como muchos, me declaro incompetente para pronosticar el porvenir cercano de los dos candidatos, pero eso no quiere decir que eluda las delicias de la conjetura. Este escenario de guerra sobrevino luego de que ambos partidos atravesaron un amplio romance que los llevó a pactar no sólo reformas, sino la mismísima presidencia cuando Calderón desahució a Josefina y dejó la vía libre al clan de Atlacomulco, como bien lo documentó El amasiato, libro de Álvaro Delgado.
Mientras sirvió a sus intereses, Anaya jugó cerca del PRI, y esto lo demuestran muchos videos de YouTube que lo exhiben como apapachador de las reformas y, en particular, de Meade, “un mexicano del que nos sentimos profundamente orgullosos”, el único que ocupó tres secretarías de estado “en dos gobiernos emanados de distintos partidos políticos”. Tales logros del abanderado priísta, dijo Anaya, son una consecuencia “de su preparación y de su solidez técnica”, y sobre todo son una “consecuencia natural de su verticalidad y de su extraordinaria calidad humana”. Estas palabras no son ahora nada útiles, pues el equipo del mismo al que elogió, apoyado por el gobierno de Peña Nieto, está tirando a matar para desbancarlo del segundo sitio antes de que arranque formalmente la campaña.
Por su lado, Anaya ha hecho verdaderas acrobacias para quitarse de encima el bombardeo simultáneo de todo el aparato priísta y oficial en pinza. Visiblemente acompañado por Diego Fernández, personaje que en términos de imagen no ayuda mucho si uno quiere deslindarse de acusaciones relacionadas con negocios y dinero manejado en cifras millonarias, el joven queretano ha insistido en los pasivos de Meade como padre del gasolinazo y de varios desvíos en la Sedesol, ya no como el secretario destacado por su “su preparación” y “su solidez técnica”, además de acusar a la PGR de actuar para favorecer al candidato del PRI. El pleito a derivado incluso en el chismorreo tuitero. A una gracejada del panista en la que señala ver por el retrovisor al candidato priísta, Meade respondió: “No soy yo, Anaya, es Barreiro”, en alusión al cuate no reconocido por Anaya.
A estas alturas, pues, el PRI hundirá su cuchillo hasta donde quepa. Apenas hay tiempo ya para ubicarse, así sea mañosamente, en el segundo puesto y operar luego un reto mayor: ponerse un poco por debajo de AMLO antes del 1 de julio. Lo demás se resolvería con taxis y tribunales a la medida.

miércoles, agosto 13, 2014

Teibolear o no teibolear, he ahí el dilema












Cuando estalla un petardo de ese tipo (son petardos, no bombas, y en el fondo no hacen nada) lo peculiar no es el escándalo en sí, sino las explicaciones ulteriores de sus protagonistas y la moraleja de la fábula. Me refiero al video que parece videoclip de Bandamax pero en realidad ilustra parte de lo ocurrido en una fiesta organizada por o para señalados panistas que luego de sus arduas labores se regalaron unos momentos de salaz (escribí “salaz”, no es errata) y esparcimiento.
Si usted no lo ha visto, no se pierde de nada. Sólo imagine un lujoso penthouse (escribí “penthouse” y eso me hizo recordar aquella magazine ya legendaria en el mundo de las pubertas manualidades) en el que unos pirruris otoñales interactúan amenamente con varias chicas superpoderosas, todas salvajemente gruperas. Uno de los comensales, el más animado, es Luis Alberto Villarreal, diputado federal panista que en el video se desenvuelve sobre la improvisada pista con unos pasos que le envidiaría el mismísimo Latin Lover en el certamen Bailando por un sueño. Villarreal abraza a una chamaca prominente sólo en términos corporales, y lo hace con un estilacho que delata miles de kilómetros de dancing club recorridos. Su compañera es la única identificada, aunque con un seudónimo: la llaman “Montana”, y es una beldad esculpida en laboratorio, de ésas que también mueven a sentir nostalgia por el glorioso Libro Vaquero.
Por allí, sentado en la mamalona terraza, anda también Martín López Cisneros, quien parece estar sólo al acecho de las chicas que quedan a su alcance para propinarles pellizquitos en la kardashiana retaguardia. Otro que se nota alegre, aunque sobrio, es Alejandro Zapata Perogordo: su diálogo con una de las acompañantes contratadas ex profeso para alegrar la difícil vida de los diputados parece desarrollarse casi diplomáticamente, aunque no falta que entre frase y frase comience cierto cachondeo preludial, anuncio de mejores lides.
Uno más, no legislador de nuestra hermosa república teibolera sino achichincle identificado como José Alfredo Labastida, entra al penthouse con dos chicas más, ambas con la misma catadura videorrolesca que ameniza con sus curvas el guateque. No podemos dejar de lado la mención al conjunto que interpreta melodías ad hoc, un tributo a Venus Rey, aquel cuasisempiterno líder sindical acuñador del dictum “La música viva siempre es mejor”.
Los diputados del blanquiazul y sus fieles colaboradores buscan un poco de relax en tal ambientazo. Es imposible saber, claro, si la sana diversión fue pagada con dinero de particulares o público, pero nunca falta que los receptores del mensaje maliciemos que gastos de dicha naturaleza han tenido como origen alguna caja chica gubernamental o en este caso legislativa.
El diputado Villarreal mandó una carta de risa loca a Reporte Índigo (medio que difundió el videclip); dice: “1.- Asistí como invitado a un evento privado, fuera de cualquier actividad relacionada con la reunión plenaria. 2.- El Grupo Parlamentario a mi cargo, no organizó dicho evento, por tanto, niego categóricamente que haya existido uso de recursos públicos para solventar tal evento, como se sugiere en la nota periodística. 3.- Ofrezco una disculpa a quienes haya lastimado mi participación en ese evento. Los hechos no reflejan mi trabajo y compromiso al frente del Grupo Parlamentario como Coordinador. Esta ha sido la Legislatura con mayores logros, que fueron construidos por el GPPAN”. No sé a ustedes, pero a mí me encanta el eufemismo “evento” metido tres veces con calzador en la explicación.
Al final, la moraleja: hoy no es suficiente con evitar recintos como el téibol u otros de semejante envergadura (sin albur). Con los celulares modernos el balconeo es ubicuo y llegó para quedarse.

viernes, enero 13, 2012

El PAN de García Villa



Hace poco más de un año murió en Tucumán, Argentina, mi amigo y maestro David Lagmanovich. Era doctor en lingüística por la Universidad de Georgetown, maestro emérito de la Universidad Nacional de Tucumán, ensayista, narrador y poeta. He escrito y publicado ya que fue uno de mis más importantes maestros. Entre las muchas enseñanzas que me dejó está una que nunca olvido, ya que me la enfatizaba muy seguido en nuestra abundante correspondencia. Al hablar sobre los libros en proceso, sobre aquellas cuartillas que teníamos en el telar —él allá, yo acá—, siempre remarcaba la necesidad de no configurar libros desarticulados, sin un orden o una aspiración precisos. El libro, me decía, es libro hasta que queda redondeado, hasta que algo, una idea, el estilo, los temas o mejor: todo eso junto, lo compactan y pueden crear en el lector la sensación de unidad, de orden.
Lo que no quería mi amigo era que publicáramos libros desgreñados, escritos o armados sin patas ni cabeza, pues el lector suele tener poco tiempo y merece respeto. Esa noción del libro como artefacto orgánico y bien atornillado yo ya la tenía, pero confieso que no estaba colocada en la superficie de mi entendimiento. Tras dialogar postal y presencialmente con David, comprendí a las claras, casi como dogma autoral, que quien se propone armar un libro debe observar un mínimo ABC del orden, que la obra debe nacer e ir a los lectores como van las personas a las personas, de cuerpo entero y no a pedazos.
El libro 50 años de PAN, de Juan Antonio García Villa, es un buen ejemplo de lo que afirmo. Con premura pudo apiñar los artículos que componen su libro y así mandarlos a la imprenta, pero se tomó el cuidado de organizarlo en tres estancias que orientan al lector como por una casa, una casa que no obstante dividirse en espacios, como todas las casas, acusa unidad en dos sentidos: el temático (todos los textos se relacionan con la dilatada experiencia panista del autor) y estilístico (todos son amenos, bien escritos, con rico aroma periodístico).
En su presentación, García Villa insinúa que su lector modelo es el militante y/o simpatizante panistas: “Ojalá que los textos que a continuación se presentan resulten de alguna utilidad para los panistas, y aun para los no panistas, que tengan la paciencia de leerlos”. Pues bien, para los pocos que me conocen es inocultable mi lejanía del PAN; esto, sin embargo, no ha impedido que reconozca su historia, su pasado lleno de luchas y ejemplos de dignidad, la convicción de sus fundadores, el valor de muchos de sus militantes emblemáticos, sobre todo aquellos que lo construyeron en los tiempos, no vacilo en calificar heroicos para toda la oposición, del absolutismo priísta.
Más allá, entonces, de que camino en la acera ideológica de enfrente, uno de los panistas a los que más aprecio es mi paisano y amigo Juan Antonio García Villa. Nos hemos tratado poco, pero eso poco que nos hemos tratado siempre ha sido respetuoso. Nos han unido, de casualidad, dos espacios laborales: ambos coincidimos como maestros en la UIA Laguna y, varios años luego, ambos colaboramos en las páginas del periódico catorcenal saltillense Espacio 4. Pero lo que nos une más, creo, es un par de pasiones confeso de ambos lados: el Quijote, obra de la que García Villa es especialista, y el beisbol. Pues sí, aunque parezca exagerado, creo que pocos entre nosotros pueden presumir tanta información sobre el más grande libro escrito en nuestra lengua y al mismo tiempo muy pocos se muevan con tanta solvencia en los detalles finos que encierra el llamado Rey de los Deportes.
Gracias, pues, a esas coincidencias, mi reconocimiento a Juan Antonio García Villa se ha mantenido en pie desde que, hace muchos años, cuando yo abría los periódicos en la adolescencia, su nombre ya era sinónimo de panismo en Torreón, pues en innegable que se trata, junto con Salvador de Lara, Eduardo González y Fariño, Jacinto Faya Martínez, Edmundo Gurza, Juan de Dios Castro, Alejandro Gurza, Ramón María Nava, Alberto González, Ricardo García Cervantes, Jorge Zermeño, Guillermo Anaya y algunos y algunas más que de momento olvido, uno de los militantes históricos del panismo lagunero.
En 50 años de PAN, García Villa ofrece tres apartados con lindes muy claras y bien planteadas, lo que atiende el requisito del que hablé al principio: “Anécdotas” (trece artículos); “Tópicos panistas” (diez) y “El adiós a grandes compañeros” (cuatro). Es una obviedad decir que la sección más amplia, la primera, es la más sabrosa del libro, pues no por nada se llama “Anécdotas”, género que a mi juicio debe tener un estatus mayor, pues no conozco a nadie al que no le guste escuchar esa suerte de relatos interesantes, chuscos, inverosímiles y/o, sobre todo, reales. García Villa deambula por su propio anecdotario con noble desenfado. Junto a él, los lectores asistimos al amanecer de su precoz militancia, a las mil y una piruetas que debió hacer para mantener a flote el incipiente panismo torreonense, a las precariedades materiales con las que debió, junto a otros como él, pelear contra la maquinaria del PRI de aquellos y de estos años, de siempre. Vemos cómo lenta, muy lentamente, en cerca de dos agitadas décadas alcanza un primer éxito como candidato y cómo llega, años después, a consolidarse en distintas legislaturas y varios cargos y más candidaturas. Con sinceridad, da cuenta de sus derrotas, pues ve en ellas parte esencial de su formación, piezas infaltables del rompecabezas que forma su vida como panista. A la manera de Cervantes en las Novelas ejemplares, el autor nos muestra en el anecdotario, o al menos es lo que creo percibir, las cicatrices obtenidas en su lucha porque en ellas está registrado el honor de haber librado batallas sin dar un paso de costado y menos para atrás.
La sección “Tópicos panistas” nos revela una cara más solemne del autor. Es la cara del analista, del político, del hombre que no sólo ha participado en numerosas campañas donde ha cosechado derrotas y triunfos (en este orden) y un rico anecdotario y decenas de amistades, sino la del militante que observa la realidad del país y la examina para mejor actuar. También vemos aquí —el análisis del diálogo postal entablado entre Manuel Gómez Morin y Efraín González Luna es prueba de ello— al lector, al buen lector que ha sido el quijotista García Villa.
La parte final de 50 años de PAN acude a una tesitura grave, pues se trata de necrológicas dedicadas a cuatro (me atrevo a decirlo así) maestros del autor, quien reconoce en ellos, sobre todo, una vocación de servicio y una abnegación sin orillas, pues les tocó vivir los tiempos de la militancia casi sin esperanza de victoria, al menos en el corto plazo.
Creo ver en esta obra de García Villa algo más que un libro celebratorio de su medio siglo como militante del PAN. Advierto que se trata de un trabajo que, sin enunciarlo explícitamente, busca expresar a los nuevos militantes/simpatizantes, o a quien sea, que su partido tuvo ante todo un nacimiento difícil, una juventud sacrificada y ha llegado a la edad adulta con logros, con bastantes logros que quizá a muchos han hecho olvidar los tiempos durísimos del protopanismo. Más allá de que 50 años de PAN sea un libro dedicado (dedicado literalmente, en su dedicatoria) a los panistas, siento que a todos nos ofrece algo: que debemos abrazar el ideal de servir a México, que debemos aprender de las derrotas y que debemos, por qué no, sentir alegría ante la victoria sin creer por ello que, soberbiamente, la lucha ha terminado.

miércoles, diciembre 01, 2010

Los dos tiempos



Los tres partidos más grandes del país han optado cada uno por favorecer un tiempo específico para referirse a su viabilidad. El PAN ha escogido el presente, el PRI el pasado y el PRD (y sus satélites) el futuro. La pelea principal se da, o se ha dado, entre los dos primeros: el PAN con duros ataques al pasado que representa el PRI y éste a la tragedia que ha significado el presente desastroso que ya va para una década de achacosidades. El PRD, e insisto que sus satélites, se han quedado por descalificación con el porvenir, aunque de los tres momentos es el más especulativo, pues ni lo conocemos ni lo estamos viviendo: el futuro es siempre una ilusión.
Lamentablemente soy de los que no creen ni han creído jamás en la cacareada transición. Como lo ha ilustrado, entre otros. Jesús Silva-Herzog Márquez, hubo unos años allá por el 2001-2002-2003 en los que México padeció la enfermedad de la transicionitis. Surgieron incluso transiciólogos, verdaderos expertos en materia de cambios políticos que explicaron con todo el instrumental retórico a su disposición las características de toda transición, desde las más ásperas a las más tersas. La de México, se dijo, era inevitable, se veía venir y a final de cuentas no fue tan traumática, pues derivó de un proceso electoral incuestinablemente aseado, sin profundo trauma de cambio.
Creo que si no hubo trauma, si en efecto fue un cambio sosegado, eso se debió a que la transición no fue una transición, sino apenas un cambio de sigla, un arreglo cosmético de las cúpulas para que el país siguiera seis años por la misma ruta económica y con el plus de la ilusión democrática, una farsa.
Por eso, precisamente por eso, el conflicto fue mínimo o no lo hubo, y por eso Fox desaprovechó el bono “democrático”: las tepocatas y las víboras prietas de las que habló alguna vez eran parte del discurso supuestamente duro contra el pasado, aunque ese pasado había sido en realidad lo que le dio entidad al presente foxista, su razón de ser. ¿Y qué pasado fue el pasado de Fox? No los casi setenta años consecutivos de gobierno priísta, sino los más recientes veinte, es decir, los años de De la Madrid, Salinas y Zedillo, los tres sexenios de la carnicería tecnócrata a la que se sumó el gobierno de Fox, en teoría distinto.
El partido en el poder cambió, el arreglo pudo caminar un rato, pero como en esencia era lo mismo, un gobierno de entraña insensible, produjo lo que viene produciendo el modelito: pobres, violencia, retrocesos, antidemocracia. El clímax del shock se dio en 2006, un año que demostró el poco margen de maniobra que ya tenía el régimen para transitar las vías ortodoxas de control. Fue el año de la guerra mediática y demoscópica. Si en otras ocasiones cayó el sistema, o se sembró el miedo con magnicidios, o se creo la fantasmagoría del cambio, en 2006 todo parecía perdido y se recurrió al expediente de la guerra de los espots. Muchos empresarios mexicanos, usufructuarios inmediatos de la riqueza nacional y defensores a ultranza de la continuidad, se sumaron ilegalmente a la granizada y al fin lograron imponer, con un margen de risa, su ganador. La diferencia fue tan escasa que olía nauseabundamente a ilegitimidad. Los métodos de legitimación los hemos estado viendo en los más recientes años, saltan a la vista.
Ahora bien, volvamos al principio: el PRI postula un regreso (no dicen que al pasado porque la palabra “pasado” no goza de prestigio, pero eso nomás la insinúan); el PAN sostiene que el presente debe continuar, que, contra lo que dijo el poeta, no todo tiempo pasado fue mejor. El caso es que para algunos, entre los que me cuento, el pasado y el presente son la misma gata, pero revolcada. Por ello, en resumen, para ciertos mexicanos quizá haya sólo dos sopas: el pasado y el futuro. Tal vez, aunque vale aclarar que el futuro tiene la desventaja de que es lo único conjetural, a lo mucho un modesto sueño.

viernes, septiembre 25, 2009

León de la gente



La Opinión publicó ayer, en su muy concurrido “Templete”, lo siguiente: “Que en el caso de Jesús de León llama la atención que entre sus propuestas de campaña tenga la distribución de monederos y el lema de ‘cerca de la gente’. Peligrosamente parecido a la oferta del gobierno moreirista que hasta agua de la gente distribuía. El punto es: ¿no hay más creatividad en el equipo de campaña de Chuy de León?”. Es una lectura diferente sobre una campaña en cuyo propósito yo vi, más que falta de creatividad, una intención peculiar que tal vez no le granjeará buenos resultados al candidato panista. Quizá tenga falta de creatividad, en efecto, pero no por copiarlo (que copiarlo fue deliberado), sino por creer que copiándolo va a lograr algo.
A diferencia de las que mantuvo Guillermo Anaya con Enrique Martínez, es bien sabido que las relaciones entre José Ángel Pérez y Humberto Moreira se han tensado en diferentes momentos, sobre todo con la controversia provocada por la Secretaría de Desarrollo Regional. Para enfatizar que Jesús de León no aspira a la alcaldía con ánimo pendenciero, e incluso para no agitar más el avispero saltillense, la campaña de Jesús de León insinuó desde su arranque una especie de respetuosa caravana a la figura del Ejecutivo estatal. Los primeros anuncios del panista cerraban con un mensaje que parecía desconcertante; eran aquellos en los que se hacía de De León una breve semblanza (estudió en la UAdeC, está felizmente casado, fue diputado y apareció como tacle en la ominosa foto de Calderón tomando protesta, etcétera) y al final decía, con su imagen a cuadro, que juntos, con nuestro gobernador y nuestro presidente de la república, sacaremos adelante a Torreón (no cito textualmente, pues ese espot ya no está al aire y no lo hallé en YouTube). El caso es que la campaña del panista aludía positivamente al gobernador, lo que para cualquier analista podía tener al menos tres interpretaciones: a) De León no quiere dar la imagen de rijoso y sale desde el arranque mostrando respeto a la figura de Moreira; b) De León se sabe en desventaja y no quiere exacerbar los posibles enconos del gobernador; y c) Al saber de antemano que sus posibilidades de triunfo son muy bajas, De León hace un anticipado coqueteo al gobernador. Me voy por una mezcla de las posibilidades a y b, aunque sé que en ocasiones las razones de la polaca son inescrutables.
La confirmación de que no era casual el guiño al góber vino un poco después, cuando el candidato panista a la alcaldía de Torreón hizo correr el eslogan “cerca de la gente”. Se trata, por supuesto, de un clarísimo calco a la idea favorita del actual gobierno coahuilense, tan claro que no se puede pensar en pobreza imaginativa o en descuido, sino en un proyecto de campaña intencional que al parecer se la pasará guiñando el ojito al gobernador. No estoy en medio de la refriega, así que las razones que puedo dar al respecto no pasarán de ser meras conjeturas. Lo que sí puedo notar es que, arraigada la noción de que todo lo relacionado con “la gente” (textual) es parte del gobierno de Moreira, tal vez el panismo local busca conseguir desesperados votos a partir de la confusión, a partir de que la gente no alcance a saber bien a bien de quién es el rollo de “la gente”. Otro resultado es el que, sospecho, ha caminado con mayor fuerza: que hay pobreza imaginativa en el equipo de campaña blanquiazul, que están plagiando con descaro las fórmulas retóricas de la propaganda moreirista. En resumidas cuentas, hay un dividendo confuso tras la capirotada política que no deja ver con fidelidad el objetivo de la campaña clonada que ha emprendido el rugidor (que no regidor) Jesús de León Tello; su fiereza sólo se ha manifestado con tibios rasguños a los varios chapulinatos ejercidos con denuedo por Eduardo Olmos, su contrincante.
Hasta un periódico ha sacado ya el aspirante del PAN local; su nombre no podría ser menos anómalo en el actual contexto coahuilense: El periódico de la Gente, se llama. Es predominante verdirrojo (como priísta) y en ningún lugar muestra el logo del PAN. Vaya que la campaña de De León es todo un desafío para la semiótica. Ignoro a qué demonios le está tirando.

jueves, julio 09, 2009

México es una guardería



Las elecciones del domingo demostraron que México es una inmensa guardería subrogada que va de incendio en incendio. Así como en Sonora se invirtieron las tendencias luego de la tragedia en Hermosillo, en el país fue muy marcado el voto de castigo contra quien ha incendiado al país con una guerra irracional y quién sabe si necesaria, con una política económica que ha convertido al presidente del empleo casi en subempleado del priísmo ganón y, desde el inicio de su mandato, con torpes designaciones en su gabinete.
El usufructo que el PRI ha hecho de la novatez y la perversidad del panismo en el poder no está para disparar ninguna alegría nacional, pues tanto el pinto como el colorado son dos gallos que demostradamente han sabido hacer acuerdos de alternancia o convivencia que no afectan en lo sustancial a las mafias económicas y políticas. Baste decir que Televisa, por señalar sólo un caso, no ve con malas cámaras que llegue uno u otro, siempre y cuando esas dos opciones le cierren el paso a los sectores más amenazantes de la todavía llamada izquierda mexicana. Que pierda el PAN, que gane el PRI, que pierda el PRI, que gane el PAN… mientras así siga el carrusel, los grupos de poder enarbolarán sus triunfos como muy democráticos. Todo depende de quien arruine la guardería nacional: quien lo haga, pondrá en bandeja el triunfo de los “enemigos”.
La lección para quienes, contra cualquier debacle, aún suspiran por un gran y auténtico movimiento de izquierda que represente otros intereses y proponga una política de verdadera depuración es simple: aprender a elegir en las legítimas luchas intestinas, no guiarse por lo que digan los grandes consorcios de la comunicación y tratar de sumarse, en el grado que sea, al activismo por la causa. Suena utópico, pero no hay de otra sopa. Si el perredismo se queda atornillado en la quejumbre por su inepta dirigencia nacional, si se va con la pantalla de los ataques que los medios orquestan para ridiculizar o vapulear movimientos intragables, los resultados en el futuro podrían ser peores que los del 5 de julio. No fueron pocas las voces que se alzaron, por caso, contra el chuchato gandalla y entreguista; muchos militantes, analistas y simples simpatizantes advirtieron que esa dirigencia flácida se desmoronaría como castillo de harina al primer soplido electoral. Y eso pasó. Ortega y sus huestes se fueron abajo, entregaron cuentas paupérrimas, lo que haría prudente su germanización, es decir, que los inmolen como al dirigente del PAN, por incompetentes.
Asimismo, urge una etapa de definición en la parte más rejega del PRD. López Obrador y sus cercanos deben reacomodar las piezas en el tablero, apelar a los principios si los hay, es verdad, pero también acatar el pragmatismo requerido por los tiempos: salir o no salir del PRD, ese es el dilema. Hagan lo que hagan, deben hacerlo ya, sin demoras, pues sigo creyendo que hay muy poco tiempo para reorganizar al único movimiento severa, cínica, brutalmente atacado desde hace algunos años, pero todavía dueño de algún capital político que pueda servir para revivir en el ciudadano la posibilidad de una tercera opción, esa que nunca han dejado crecer los amafiados de las cúpulas para los que la democracia sólo tiene dos cabezas.
Mientas eso pasa, quedan tres años, o poco menos, para que el actual gobierno federal prosiga con el incendio del país. Sin la Cámara, sin la inmensa mayoría de los estados, todo indica que recibirá buen combustible, el suficiente para que sus errores sean cobrados por un priísmo ávido de ver desplomes que otra vez aseguren votos de castigo en abundancia. En síntesis, debemos prepararnos para ver el consabido espectáculo del uso electorero del desastre, la capitalización del incendio nacional a favor de las mismas camarillas de siempre. Lo dicho: México es una inmensa guardería, y subrogada.

miércoles, julio 08, 2009

Vuelve el jurásico



Hace una semana se escuchaban todavía estentóreas las baladronadas internéticas de Germán Martínez. La estrategia ruda, de manita de puerco y agresivo espot, no les sirvió en 2006 ni en 2009, pues en aquella ocasión el PAN logró apenas una pírrica e increíble (increíble no por asombrosa, sino porque muchos no la creímos) ventaja con la que arrebataron la presidencia y ahora, en las elecciones del domingo 5, perdieron casi todo. Lo que queda de ese prematuro naufragio sexenal es ver el aceleramiento de la maquinaria priísta para llegar con todo, como Acereros de Pittsburgh, al anhelado 2012.
La explicación que puedo hacerme de este regreso tricolor al carro (casi) completo es que no se trata de un regreso, sino de algo distinto que no sé cómo definir. Por decirlo de algún modo, es como si el PRI nunca se hubiera ido, y si alguien o algo no se va, es imposible que regrese. O sea, como el legendario dinosaurio, siempre ha estado allí. En apariencia, tras el triunfo de Fox el priato quedó con la mandíbula rota y en la lona, noqueado por los siglos de los siglos. Falso. Fox y el PAN se hicieron de la presidencia, es verdad, pero nunca del Congreso ni, mucho menos, de la mayoría de las gubernaturas. La cosa parecía, al menos, empatada, pero lo cierto era que no, que el PRI siguió teniendo el control casi completo del país, dado que el centro del poder se desplazó del presidente a los feudos estatales, concertados mínimamente por una dirigencia nacional priísta un tanto testimonial, en efecto, pero con la suficiente representatividad como para seguir dando apariencia de cohesión y fuerza partidista.
Aunado pues al poder recién descubierto por los gobernadores priístas —quienes de golpe pasaron a convertirse de marionetas del ejecutivo a seres autónomos en su corral—, Fox hizo de su mandato una farsa que lastimó severamente los principios históricos del PAN. El payaso guanajuatense, embotado (no sólo porque usaba botas, sino) por su repentino poder y su falta de altura intelectual hizo que el tricolor se fortaleciera atléticamente en los estados. Los gobernadores advirtieron muy pronto que la dinámica había cambiado, que apoyados por su dirigencia nacional, pero sobre todo por los recursos propios legales e ilegales podían acomodar piezas en la Cámara y nombrar en cada entidad sucesores cómodos sin la intromisión del centro. El triunfo del PRI el domingo 5 no es el triunfo del PRI nacional, sino de las dirigencias estatales y del apoyo recibido por cada candidato en cada uno de sus feudos. Sonora es un caso anómalo, por lo que ya sabemos; si no hubiera ocurrido ningún incendio, el seguro arrasador en ese estado sería el partido que hizo lo propio en otras cinco entidades donde hubo elecciones para gobernador.
A nadie se le oculta que las elecciones pasadas son apenas un renglón en la épica novela que escribe el PRI para cristalizar su retorno a Los Pinos. Que la boca se me haga chicharrón, pero lamentablemente creo que no queda mucho tiempo ya para que el PRD o el PAN, los dos únicos partidos que podrían dar la pelea, se recompongan y descarrilen un tren que viene a gorro. En el PAN no queda figura relevante (¿Josefina Vázquez Mota, Juan Molinar, quién?) que pueda soñar con una candidatura de peso. El PRD-PT-Convergencia o lo que resulte de esa ensalada, sigue teniendo los activos de Ebrard y López Obrador, pero uno se verá chico en el ranking y el otro será marrulleramente obstruido incluso más de lo que padeció en 2006. El camino luce libre para dos personas, y en el fondo eso fue lo que se dirimió el domingo 5: ya sabemos qué partido se adelanta hacia las elecciones de 2012 y sólo nos falta saber si su candidato es norteñamente bigotón o envaselinadamente copetón. Eso irá quedando claro en unos meses. Ni pex.

sábado, marzo 07, 2009

La regresión según Crespo



A mediados de 2008 Manuel Espino puso en circulación su libro Señal de alerta. Advertía allí, recordamos, el peligro de una regresión política debida sobre todo a dos factores: los errores del PAN en el poder y el avance hacia Los Pinos de Manlio Fabio Beltrones. José Antonio Crespo, columnista de El Universal y analista del programa Primer Plano, opinó sobre el tema e hizo un planteamiento que, pese a la fugacidad del discurso opinativo, no ha caducado. Ahora sí que, como dice Manzanero, parece que fue ayer cuando escribió sobre las señales de alerta espinistas y el retroceso en marcha.
Hemos visto en poco más de dos semanas que el pacto coyuntural PRI-PAN entra a una bolsa de turbulencia en la medida en la que se acercan las elecciones de julio. Saldrán chispas, y mientras allá se dan con todo el lopezobradorismo trata de reacomodar su mensaje de verdadera oposición. El 16 de julio de 2008 Crespo vaticinó tal cual lo que ya estamos viendo:
Manuel Espino, en su libro Señal de alerta. Advertencia de una regresión política (2008), advierte a los ciudadanos, a su partido y a Felipe Calderón del riesgo de una regresión política. Eso, en caso de que en 2012 el senador Manlio Fabio Beltrones llegase a la Presidencia. Si lo hace alguien más del PRI, no hay inconveniente (sería parte de la alternancia democrática, considera Espino). El problema estriba en que la regresión política se encuentra ya en plena marcha. Y lo más lamentable es que no fue provocada por el PRI, sino por el PAN, a poco de alcanzar el poder. Espino asegura que hay una creciente percepción en sentido de que “el PAN aprendió demasiado rápido del PRI” (proceso que documentó ampliamente Álvaro Delgado en su libro El Engaño; prédica y práctica del PAN, 2007). En efecto, aprendió las mañas, pero no el oficio político de los tricolores. El “pequeño yunque”, que según Germán Martínez llevan los panistas, y el “pequeño priista”, que también albergan, de acuerdo con Calderón, se fusionaron en la peor combinación imaginable: corrupción, falta de honestidad, componendas electorales e impunidad —típicos vicios del PRI—, fusionados con ineptitud, torpeza, insensibilidad política y fariseísmo —rasgos propios del PAN—. Es el resultado de la decisión panista de conducirse según las recetas de Maquiavelo, pero sin lo que el florentino llamaba virtú politica, es decir, el talento, el oficio. Ejemplos de eso son los siguientes:
1) Espino incluye en su lista de actos ilícitos cometidos por Beltrones el tráfico de influencias. Pero nada dice acerca del que se cometió durante el gobierno de Vicente Fox, sobre todo por Marta Sahagún, de quien sólo se queja de haber querido sustituir al esposo en Los Pinos. Protesta Espino por la impunidad hacia los priistas bajo el gobierno de Calderón, pero calla la que prevaleció durante la administración de Fox.
2) Espino reconoce que el famoso desafuero era percibido por la opinión pública, no tanto como una torpe forma de manejar un asunto jurídico menor, sino una estrategia que tenía “un claro propósito político”. Y justo eso provocó la ruptura del frágil acuerdo democrático signado en 1996, pues implicó el uso del Estado para fines político-electorales. Algo reprobado por Manuel Gómez Morín, según cita Espino: ‘Un partido (gobernante)… no tiene derecho de utilizar los recursos del poder… la estructura jurídica y administrativa… para perseguir y hostilizar adversarios’. Justamente lo que hizo Fox, con lo que dio así inicio a la regresión política. 3) Espino califica a Beltrones como otro ‘peligro para México’. Pero tales caracterizaciones son en sí mismas un indicio más de regresión, pues ya vimos cómo las resuelve el PAN: si un candidato de cualquier partido se percibe como un peligro para el país o la democracia, hay que pararlo como sea

miércoles, febrero 04, 2009

Propaganda con touchdown



El domingo pasado estaba bien vulgarote con mis cacahuatotes, con mi cervezota, con mis amigotes y con mis parientotes echándome el supertazón en una televisionzota (o televisionsota, que no hay jurisprudencia ortográfica sobre ese aumentativo), es decir, estaba como cualquier ciudadano del mundo cuando a la brava, sin decir agua va, el canal interrumpió su señal para recetar urbi et orbi una sobredosis de anuncios políticos de casi infumable producción. Mi primera reacción fue el desconcierto. Pensé que se trataba de un error, pero cuando la situación se repitió (en ese momento atacaban con furia los Aceleros de Písbur, como les dicen en mi barrio) vi clarito que en realidad era una estrategia propagandística muy bien orquestada por las televisoras. Ante tan buena puntada no cupe de alegría: por fin nuestro duopolio mediático había dejado de ser la mierda que tradicionalmente es, y con gran inteligencia diseñó un plan de cobertura política digno de un pueblo güevón al que no le interesan los choros electorales ni en licuado.
Sé bien hoy que las televisoras están siendo acribilladas. Sus críticos les atribuyen infantilismo, encono, golpismo, maldad, rencor, pues al haberse quedado sin el pastelote de los espots parece que andan enfurruñadas como adolescentes a los que les quitaron el celular, como Peñas Nietos a los que no les concedieron la candidatura o como Fabiruchis a los que no les han dado para sus tunas. Quienes se obstinan en ver una jugada berrinchuda de Televisa y TV Azteca señalan que, a la malagueña salerosa, los dos leviatanes de la comunicación en México acordaron en lo oscurito (cancha en la que suelen dar grandes batallas, hay que reconocerlo) la transmisión de cortes para cuchilear (perdón por ese tecnicismo del argot canino) al público telenviciado contra los partidos políticos y el IFE. El analista Javier Corral ha llegado al exceso de calificar el hecho como “porrismo mediático”.
Pero no. Tanto Televisa como TV Azteca han decidido poner fin a su proverbial ruindad y aunque sea de manera muy poco delicada le abrieron un paréntesis, por fin, a la política en medio de las frivolidades que nada dejan. Fue así como tuvieron la chula ocurrencia de armar una campaña de seducción subliminal que permitiera a la ciudadanía en pleno una oportunidad mínima de adoctrinamiento. Algún genial estratega de los medios vio con claridad que hacía falta un México más politizado, más conciente, más participativo. Como la tele jamás hará nada para dar aunque sea una embarrada de politización seria, el plan fue aprovechar la producción de los partidos y del IFE para encajarla en medio de las trasmisiones que gozan de millones y millones de televidentes. Por primera vez en nuestra historia, pues, un anuncio del IFE, del PRI, del PAN, del PRD y demás fue visto por cantidades inauditas de público. Es de suponer que muchos mexicanos mentaron madres, pero también es lógico inferir que al calor de las chelas y de los pases interceptados algo se quedó en la memoria colectiva. El plan, entonces, no es tan malo, aunque el mecanismo nos parezca ahora un tanto burdo o estúpido. Si así no fuera, los anuncios de los partidos estarían condenados, como siempre, a horarios y canales de octava categoría, a segmentos televisivos en los que competirían contra fajas, pomadas reductivas y métodos para ponerse bien mameyes en una semana. Con la maravillosa idea de pasar la propaganda en medio del supertazón o de programas semejantes, las televisoras han aprovechado la cautividad del público y su embriaguez real o metafórica, lo que sirve sobremanera para inocular cualquier información subliminal, en este caso política.
Cierto que Televisa y TV Azteca han sido y son, en general, basura, las dos empresas más antidemocráticas que arrastrarse puedan en el reino de este país, pero lo que hicieron el fin de semana es una prueba, contra Darwin, de que son manejadas por seres humanos, aunque usted no lo crea.