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sábado, marzo 07, 2009

La regresión según Crespo



A mediados de 2008 Manuel Espino puso en circulación su libro Señal de alerta. Advertía allí, recordamos, el peligro de una regresión política debida sobre todo a dos factores: los errores del PAN en el poder y el avance hacia Los Pinos de Manlio Fabio Beltrones. José Antonio Crespo, columnista de El Universal y analista del programa Primer Plano, opinó sobre el tema e hizo un planteamiento que, pese a la fugacidad del discurso opinativo, no ha caducado. Ahora sí que, como dice Manzanero, parece que fue ayer cuando escribió sobre las señales de alerta espinistas y el retroceso en marcha.
Hemos visto en poco más de dos semanas que el pacto coyuntural PRI-PAN entra a una bolsa de turbulencia en la medida en la que se acercan las elecciones de julio. Saldrán chispas, y mientras allá se dan con todo el lopezobradorismo trata de reacomodar su mensaje de verdadera oposición. El 16 de julio de 2008 Crespo vaticinó tal cual lo que ya estamos viendo:
Manuel Espino, en su libro Señal de alerta. Advertencia de una regresión política (2008), advierte a los ciudadanos, a su partido y a Felipe Calderón del riesgo de una regresión política. Eso, en caso de que en 2012 el senador Manlio Fabio Beltrones llegase a la Presidencia. Si lo hace alguien más del PRI, no hay inconveniente (sería parte de la alternancia democrática, considera Espino). El problema estriba en que la regresión política se encuentra ya en plena marcha. Y lo más lamentable es que no fue provocada por el PRI, sino por el PAN, a poco de alcanzar el poder. Espino asegura que hay una creciente percepción en sentido de que “el PAN aprendió demasiado rápido del PRI” (proceso que documentó ampliamente Álvaro Delgado en su libro El Engaño; prédica y práctica del PAN, 2007). En efecto, aprendió las mañas, pero no el oficio político de los tricolores. El “pequeño yunque”, que según Germán Martínez llevan los panistas, y el “pequeño priista”, que también albergan, de acuerdo con Calderón, se fusionaron en la peor combinación imaginable: corrupción, falta de honestidad, componendas electorales e impunidad —típicos vicios del PRI—, fusionados con ineptitud, torpeza, insensibilidad política y fariseísmo —rasgos propios del PAN—. Es el resultado de la decisión panista de conducirse según las recetas de Maquiavelo, pero sin lo que el florentino llamaba virtú politica, es decir, el talento, el oficio. Ejemplos de eso son los siguientes:
1) Espino incluye en su lista de actos ilícitos cometidos por Beltrones el tráfico de influencias. Pero nada dice acerca del que se cometió durante el gobierno de Vicente Fox, sobre todo por Marta Sahagún, de quien sólo se queja de haber querido sustituir al esposo en Los Pinos. Protesta Espino por la impunidad hacia los priistas bajo el gobierno de Calderón, pero calla la que prevaleció durante la administración de Fox.
2) Espino reconoce que el famoso desafuero era percibido por la opinión pública, no tanto como una torpe forma de manejar un asunto jurídico menor, sino una estrategia que tenía “un claro propósito político”. Y justo eso provocó la ruptura del frágil acuerdo democrático signado en 1996, pues implicó el uso del Estado para fines político-electorales. Algo reprobado por Manuel Gómez Morín, según cita Espino: ‘Un partido (gobernante)… no tiene derecho de utilizar los recursos del poder… la estructura jurídica y administrativa… para perseguir y hostilizar adversarios’. Justamente lo que hizo Fox, con lo que dio así inicio a la regresión política. 3) Espino califica a Beltrones como otro ‘peligro para México’. Pero tales caracterizaciones son en sí mismas un indicio más de regresión, pues ya vimos cómo las resuelve el PAN: si un candidato de cualquier partido se percibe como un peligro para el país o la democracia, hay que pararlo como sea

jueves, febrero 26, 2009

La historia castigadora



Por estos días ha sonado recio el tema de la culpabilidad por la narcoviolencia. Todo parece un duelazo de ping-pong inocuo en el que los chipocludos de la polaca hablan como locos y ninguno oye. Mientras, los atarantados mexicanos que ni tenemos velas para nuestros entierros seguimos la marcha, trabajamos como podemos y en lo que podemos, sobrevivimos a los embates de la anarquía chirinolera en la que sobrenada el país.
Los dichos de Germán Martínez, embusteramente airado como siempre, apuntaron con dedo acusador hacia los sexenios del PRI. A Fox le vio las manos limpias, por eso recargó las tintas en los gobiernos del tricolor que dejaron hacer y dejaron pasar para beneplácito de la delincuencia organizada. De inmediato, con tremenda granizada declarativa se le fueron encima los Beltrones y los Gamboas, quienes incurrieron en la obviedad de culpar a uno de los muchos culpables: a Fox. El zipizape parecía muy trabado y condenado al olvido hasta que se levantó la figura gordezuela y engominada del secretario de Gobernación, quien señaló, no se sabe si consciente o inconscientemente, que en el sexenio pasado hubo “omisiones” en el combate al narcotráfico, lo que daba como resultado una “paz simulada, sin sustento”.
Según La Jornada, “El responsable de la política interna pidió ir más allá de la memoria de corto plazo, porque los problemas de inseguridad estaban soterrados en la sociedad desde hace mucho; es decir, advirtió, la violencia ya estaba implícita, la seguridad ya estaba perdida desde antes. El problema de la inseguridad, de la amenaza del narcotráfico, de los secuestros, ya estaba latente, lo que pasa es que no habían sido enfrentados con fuerza para que salieran sus efectos más dramáticos a flote”. O sea que, burros como somos, nunca vimos que el cáncer habitaba ya en el cuerpo de la nación, pues nadie lo había encarado para tratar de extirparlo. No es sino hasta el actual sexenio, se infiere, que nos damos cuenta del estropicio gracias a la voluntad quirúrgica del calderonismo. En otras palabras, la culpa para los enemigos y, claro está, las buenas políticas y los logros para los cuates.
Por supuesto, el secretario Gómez Mont fue cuestionado luego de incluir a Fox en el racimo de los culpables: ¿hay posibilidades de castigar a Fox por sus peligrosas omisiones? La respuesta parece más de Corín Tellado que de un ministro del interior, como les dicen en otros países a los homólogos del abogado Gómez Mont: “Hasta donde yo entiendo, la política va poniendo a todos en su lugar. Del pasado tomemos lo que necesitamos para aprender; ¡hombre!, no nos quedemos anclados en eso. Todos tenemos que entrarle”. El pasado, entonces, sólo servirá para dar lecciones al presente, no para ubicar en él la culpa por destrozos infligidos a toda una nación. Eso significa que, si nos atenemos a la teoría en la que el pasado sólo sirve para que aprendamos de él, los que ahora son presente y en el futuro serán pasado pueden dormir tranquilos, pues la historia (no la ley, no la justicia) se encargará de ponerlos en su lugar.
Sin culpables concretos en el horizonte, el país puede estar confiado en que la situación empeorará. Gran parte del caos y la violencia tiene su base en la impunidad, y por lo que dijo el secretario Gómez Mont no se ve la hora en la que del Estado surja una mínima disposición al deslinde de responsabilidades. Se puede decir que un presidente fue omiso y puso en peligro de muerte a un país, pero en ningún momento se insinúa un procedimiento real, no metafórico, no vinculado a la historia como magister vitae, mediante el cual se establezca un castigo. Salida cómoda: la riegan crasamente y como pena capital sólo queda impuesto un hipotético mal recuerdo. Si la historia es la única que castiga, cualquiera estará dispuesto a labrar fechorías.