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sábado, mayo 13, 2023

Macedónica edición

 











Hace quince años, el escritor argentino Fabián Vique sentó la primera piedra de un proyecto llamado Macedonia Ediciones. Lo hizo en su ciudad natal, llamada Morón, en la zona del llamado conurbano bonaerense. Su idea central era abrir cancha, sobre todo, a la microficción, género que, como el cuento y la poesía, tenía y sigue teniendo una presencia marginal en los sellos editoriales más poderosos. A los libros con relatos brevísimos, Macedonia añadió títulos de poesía y un poco, también, de ensayo, novela y cuentos más convencionales. En su nómina autoral destacan escritores de Argentina, pero también los hay chilenos y peruanos.

Macedonia ha sido pues un enclave de la microficción en Sudamérica, y su trabajo ha hecho pinza con otros emprendimientos importantes como el de Micrópolis (Perú), Brevilla y Letras de Chile (Chile) y Ficticia (México). Se puede decir, por ello, que si en nuestro espacio geográfico y lingüístico el cuento súbito se ha desarrollado en los recientes años, esto se debe a la labor callada y tenaz de editores con innegable vocación por una forma de escritura cada vez más frecuentada por escritores y lectores.

El trabajo de Vique se vio enriquecido por la colaboración de José Luis Bulacio, también escritor y editor. Ambos han configurado un catálogo nutrido de títulos que son evidencia de lo creativo y resistente que puede ser el deseo de difundir, a terca contracorriente, literatura al margen de los reflectores.

En la presentación de su web, los macedónicos observan: “Somos un sello independiente creado en el año 2008, en Morón, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Nuestra materia central es la Literatura.

Nos deleita especialmente lo breve, aquello que en pocas palabras puede dar aquel cross a la mandíbula del que hablaba Roberto Arlt, o esa visión del mundo que proponía desde la alcantarilla Alejandra Pizarnik. Pero también hemos hecho espacio a otras especies como la novela, la crónica, al análisis del discurso, la Historia, el ensayo y la literatura infantil.

Integran nuestro catálogo autores contemporáneos que se caracterizan por sus propuestas creativas, innovadoras, arriesgadas y bellas. Voces jóvenes sobre todo, no por la contingencia de la edad, sino por la frescura de su obra.

Nuestro nombre se debe, precisamente, al más joven de los “viejos”, Macedonio Fernández, autor de obras imprescindibles como el Museo de la Novela de la Eterna y Papeles de Recienvenido.

Participamos de congresos, ferias y encuentros nacionales e internacionales dedicados a las Letras, además de colaborar con publicaciones y programas radiales orientados a lo literario. Nuestra aspiración es seguir creciendo, dando a conocer a talentosos autores de todos los rincones del país y de Hispanoamérica en su conjunto. Conducimos este colectivo incontable José Luis Bulacio, Lara Tonco y Fabián Vique.

Compartimos la felicidad de ser parte de los libros y los universos que los libros son”.

Felices quince años para Macedonia, y a festejar con ellos in situ.

sábado, octubre 05, 2019

Microhistorias de camiseta




















En Perú acaba de ser publicado Historias de camiseta (Esteban Dublín, compilador, Micrópolis, Lima, 2019, 300 pp.), microrrelatos sobre clubes de futbol. Yo colaboré con uno sobre el Santos Laguna. Comparto tres de sus micros: un argentino, un español y un mexicano:
“La costumbre de sufrir”, de Robero Perinelli: “El 4 de noviembre de 1967, Racing Club enfrentó al Celtic escocés en el Monumental de Montevideo. Lo venció 1 a 0 con un golazo del Chango Cárdenas, quien disparó desde una distancia aproximada de treinta metros del arco y metió la pelota casi en un ángulo. Por ese resultado feliz, Racing fue el primer equipo argentino en consagrarse campeón del mundo. Cada tanto, casi siempre en los aniversarios, la televisión suele pasar las imágenes de ese gol, en un blanco y negro borroso, poco definido. Yo miro la pantalla con recelo, de pie, frente al aparato y temblando de miedo, porque sé, siendo hincha de Racing, que este año o el año que viene, alguna vez ocurrirá que el chutazo de Cárdenas se va a estrellar contra el travesaño”.
“Sueños y pesadillas”, de Miguel Ángel Molina: “En el Estadio Da Luz, el reloj avanza frenético para ellos, parsimonioso para nosotros. 65 000 espectadores observan divididos cómo ellos, los favoritos, atacan desesperados, mientras que los nuestros defienden exhaustos su mínima ventaja. Hasta que llega el minuto 93 y el córner que puede voltear la final. Lo lanzan y el central del otro equipo salta buscando el remate definitivo. Pero esta vez despeja hacia su portería, permitiéndonos armar la contra y sentenciar el partido. Tras el 2-0 llega el pitido final. Un fantasma de trece letras, llamado Schwarzenbeck, desaparece para siempre de las pesadillas de miles de personas”.
“Cámara lenta”, de Alejandro Badillo: “Aquel fanático del Veracruz mira en el televisor cómo la pelota impacta el poste derecho de la portería rival, coquetea con la línea de meta y, después de un angustioso instante, llega a la red a pesar del lance del portero. Algarabía, fuegos artificiales y el trofeo del campeonato. El hombre, enfundado en su playera roja, contempla todas las noches, desde hace varios años, la misma escena en un ritual sudoroso y enfebrecido. Pulsa el botón de pausa, regresa la acción y echa a andar en cámara lenta toda la historia para disfrutar la celebración de sus héroes. En algunas ocasiones la estirada del portero es efectiva y evita el gol. Entonces el hombre regresa una y otra vez la secuencia hasta que la pelota cruza la meta y vuelven la algarabía, los fuegos artificiales y el trofeo del campeonato”. 

sábado, septiembre 15, 2018

Macedonia c’est moi




















Conocí a Fabián Vique en 2007. De pelo largo y enmarañado, lentes pequeñitos y una sonrisa algo volteriana, no recuerdo quién me lo presentó en San Miguel de Tucumán, ciudad a donde ambos habíamos asistido para participar en unas jornadas de minificción organizadas por la facultad de literatura de la Universidad Nacional de Tucumán, en el noroeste argentino. En una sobremesa escuché con cierta vaguedad que a aquel sujeto lo vinculaban con Serbia, de ahí que en un principio, antes de conversar con él, le atribuí un origen balcánico. En aquellas jornadas, muy concurridas por académicos y cultores multinacionales del género, nunca pude conversar con Vique. Muy al final, casi en la despedida, se acercó a mí con una actitud amistosa y me regaló un juego de copias: “No me quedaron ejemplares del libro, pero hice esta copia para vos”. Ese gesto me pareció muy generoso, pues me tomaba en cuenta como participante de las jornadas, me individualizaba.
Las copias contenían algunas páginas del libro La vida misma y otras minificciones publicado por el Instituto Cervantes, en Belgrado, hacia el 2007, así que se trataba de una edición recién salida de la imprenta. Por modestas que fueran, esas hojas representaron el paso inicial y necesario para la configuración de una amistad que dura hasta hoy, pues gracias a otros viajes y a la tecnología sé lo que está haciendo en este momento mi querido amigo Vique, vecino de la ciudad de Morón ubicada en lo que allá conocen como “conurbano bonaerense”, es decir, las localidades que rodean a la Capital Federal.
Un año después de ocurrido lo que conté en el primer párrafo, en 2008, Vique fundó solo, con las uñas, una editorial. La llamó Macedonia, y se especializó en un género: la microficción. No desdeñó, claro, la poesía, el ensayo, el cuento y la novela, y poco a poco, con menos plata que ilusión, como dice un tango, el sello editorial fue agrandando su catálogo con títulos de autores que le ofrecieron su confianza y que no se sintieron defraudados. Hoy Macedonia es, como Ficticia en México y Micrópolis en Perú, un referente importante de la microficción latinoamericana, lo que se debe al tesón de ese tipo juguetón, irónico y talentoso que es Fabián Vique.
Macedonia acaba de cumplir una década, y como varios de sus libros me acompañan en La Laguna no quise dejar pasar el onomástico para celebrar que a veces aparecen personajes como Vique. Sin creerse nada, con las herramientas de la imaginación y el trabajo, logran hacer más por la literatura que muchas instituciones juntas. Y quien no crea que Fabián es un Quijote, que lea esta anécdota. Era 2011, estábamos en un encuentro literario en Santiago del Estero, Argentina, organizado por el escritor y también querido amigo Antonio Cruz, y Vique se repartía entre las conferencias, las lecturas y la atención a su mesa de libros a la venta. En eso llegó una señorita de la localidad y preguntó a Vique (fui testigo): “Perdone, tengo un libro y ¿cómo puedo hacer para localizar al representante, editor o gerente de Macedonia en Buenos Aires?”. La respuesta de Fabián no deja de ser verdad: “Macedonia soy yo”.
Felicidades a Vique. En efecto, editorial Macedonia es él.