domingo, febrero 03, 2013

Del chanate bicéfalo y sus ex abruptos




















Recibí al grabador Norberto Treviño en mi oficina el jueves 31 de enero de 2013 a las 11:30 de la mañana. Todos los días salgo de la oficina con la agenda del siguiente día en un mail que amablemente me prepara Lupita Estrada, así que tengo el dato de la celebración de esa entrevista en una carta electrónica. Norberto fue acompañado por Jesús Soto, también grabador. La conversación fluyó en paz, cordialmente, aunque debo decir que Soto se limitó a escuchar. Hablamos sobre los grabados circulares que Norberto me regaló en año nuevo, sobre los talleres que imparten en El Chanate, sobre una posible exposición de lo que el año pasado trabajaron los alumnos y sobre el triciclo/taller que será puesto en funcionamiento el 28 de febrero. En todo hubo, como siempre que dialogo con alguien en la oficina, respeto y cordialidad, sea cual sea el asunto que allí se trate.
Una hora y media después, Norberto me envió un amable mail en el que me comunica, con un entusiasmo desbordante y bienvenido para mí, lo que cito a continuación (tal cual, con un sic para todo):

Hola Jaime. 
Como te has dado cuenta hablo muy hermético.(es una ventaja que estés tu como director pues sabes del trabajo que se hace aquí desde hace un buen rato) pero claro que si organizamos una exposición  con los chavos becados por tu Dirección,  este año se incorporaron tres mas de la ciudad de Gomez Palacio. 
como te comentaba podría ser en abril. para preparar bien el montaje. tu me dices donde, como y a que hora. nosotros llevamos las piezas al centro cultural que designen. y estamos en la mejor disposición de presentar el trabajo aquí realizado el año anterior con su recurso.  y pues que nos consideren en la lista de talleristas para este año.  

El triciclo lo inauguramos el 28 de febrero en el taller. y el domingo 3 en paseo Colón (te hago llegar invitación)

La próxima semana paso nuevamente a tu escritorio para dejarte el programa del taller -galería ambulante. y los requerimientos para poder moverlo. 
Contamos con facturas y recibos deducibles de impuestos, 
estamos en contacto. 
NOR.

Te paso este enlace de una nota que salio el domingo en el siglo. 


La carta es muy amable. Como se ve, contiene un entusiasmo que entusiasma todo lo que se tope a su paso. Me dio gusto, pues, que Norberto haya salido de mi oficina con ese deseo de cristalizar las ideas que conversamos. Incluso es generosamente autocrítico: se autodefine como “hermético”, lo que ciertamente me parece un piropo dirigido a sí mismo, pues más bien es enredado. Decía pues que salió de mi oficina y de inmediato mandó el mail pletórico de buenísima onda, pero luego ocurrió algo inesperado: el sábado me enteré de que en realidad no salió contento de mi oficina, o de que los dos miembros de El Chanate no sienten en verdad lo que exuda el mail ya citado. Al contrario. Tal parece que salieron molestos y procedieron, el viernes 1 de febrero en la tarde, a deyectar una serie de extrañas (por decir lo menos) opiniones en torno a no sé qué revolución cultural herida en su amor propio. En Facebook, el nuevo foro de la lucha armada pero indolora, una mano anónima denominada “Taller El Chanate” opinó lo siguiente (sic a todo otra vez):

A los jóvenes becados por DMC, no se preocupen el chanate no se acaba para ustedes. seguimos en los mismos términos, solo que ahora ya no firmaran mas hojas para comprobar el recurso que probablemente lo regresen en marzo. y si no pues buscamos otros medios. :) ya no necesitamos mas malas noticias.

Más adelante, ya caldeado el laikeo que provocó ese comentario, añadió o añadieron este nuevo parecer hermético no por su densidad conceptual sino por su sintaxis:

 ¿y a ti te avisaron con antelación? O te diste cuenta como nosotros en el día que llevamos las firmas de los alumnos becados. ¿que hago con esas listas?, o ¿si tuvieron la atención de avisarte con antelación? te parece justo que reduzcan todo tu trabajo a solo una exposicioncita? donde no van a ir las grandes personalidades, donde no vas a vender. jajaja. tu crees que con esos argumentos voy a motivar a los jóvenes que aquí vienen. si de aquí han salido premios nacionales de grabado.

Al final, esta opinión del sábado 2 de febrero en la mañana:

¿no te cansa escuchar? "no hay dinero , no hay dinero"

Dado que hay una evidente contradicción entre el vocero del “Taller El Chanate” y la carta de Norberto Treviño, puedo suponer que se trata de dos personas diferentes o de una especie de Dr. Norberto Jekyll y Mr. Norberto Hayde. El Norberto Jekyll, autor del mail, aplaude la reunión recién celebrada en mi oficina, se autocritica con un elogio y casi da gracias a la vida de que sea yo el director de la DMC, ya que desde hace mucho conozco el trabajo que desarrollan los chanates (lo que es cierto). Acto seguido, acepta con un “claro” enfático mi idea de organizar una exposición con los chicos que tomaron el curso de grabado en 2012 y me informa que incluso apoyaremos transmunicipalmente a tres jóvenes gomezpalatinos. Norberto 1 precisa que yo escoja el lugar, el día, todo, para presentar la “exposición” que dé fe del esfuerzo desarrollado por los talleristas. Luego cambia de tema y trata el asunto del triciclo que servirá como taller/mampara ambulante; aborda ese tópico y me ofrece información porque, precisamente, en la entrevista me interesé mucho en tal proyecto, en apoyarlo tanto como fuera posible desde la DMC. Norberto 1 termina compartiéndome un link a la nota de El Siglo sobre el triciclo con tórculo integrado.
El Norberto 2, por llamarle de algún modo al incógnito vocero del Taller El Chanate, es un atrabancado que llega y da una patada de mula a la mesa donde otros tratan de jugar al ajedrez. Camina pues en sentido contrario al mail. Se pone la inverosímil casaca de mártir y habla frente a la secta con un gesto heroico bien marcado en las facciones, como el de Mel Gibson arengando en Corazón valiente. Atropellada, inextricablemente, hace un llamado a la tranquilidad y deja ver que los aguerridos líderes de esa cruzada por el arte no saltarán del barco pase lo que pase. El Norberto 2 indica a los jóvenes que ya no firmarán engorrosas listas de asistencia, en referencia a uno de los requisitos que la Contraloría municipal exige para articular los expedientes de trabajo. Luego, con gallardía que arranca lágrimas, observa que de perderse el apoyo se buscarán otros medios, pues “ya no necesitamos mas malas noticias”.
En el segundo comentario fecebookero, igual de “hermético” que el anterior, el Norberto 2 sigue en plan grande. Habla conmovedoramente de “alumnos becados” y apunta que la institución aludida, es decir, la DMC, quiere reducir todo el trabajo “a una exposicioncita” a la que no asistirán grandes personalidades y en la que por tanto no se darán las jugosas ventas que merecen los grabadores. A medida que avanza, el Norberto 2 infunde más y más altanería a su comentario; sin resignarse a ser rebajados con una “exposicioncita”, llega a decir que de El Chanate han salido varios premios nacionales.
El último comentario es simple (“¿no te cansa escuchar? ‘no hay dinero , no hay dinero’") y no merece más subrayados, salvo que se trata de una queja habitual en el 99% de la humanidad.
Debo decir que al enterarme de la revolución chanato-facebookera, lo primero que me asombró, y me asombró en serio, fue la dualidad evidente en el caso. Hice lo que se debe hacer cuando uno es rozado por “alusiones” (alusiones en sentido literal, es decir, cuando se habla de algo o alguien sin mencionarlo): sumarme al debate público con el respeto debido. Escribí un comentario en el muro del Taller El Chanate en el que pregunté con quién podía dialogar, para no hacerlo con una colectividad impersonal. Media hora después, con una habilidad no muy afinada para la diplomacia, fui bloqueado. Siete horas después, reporté en mi muro que continuaba el bloqueo. Veinticuatro horas después, ya sobre la tarde del domingo, insistí en mi muro que prevalecía la situación. Eso sí, un alma caritativa de las que todavía existen tuvo la amabilidad de mandarme las enigmáticas palabras que el Taller El Chanate (así, en abstracto) colocó en su muro a eso de la medianoche, entre el sábado 2 y el domingo 3 de este febrero. Las cito a continuación:

El Face Book es para tener amigos. Si tienes un comentario en contra de este proyecto o quieres desacreditar nuestra integridad como colectivo creativo, este no es la plataforma, ni el espacio. Ni el foro adecuado. No queremos polemizar ni crear controversia, pero si queremos evidenciar la falta de interés de las instituciones de cultura y descuido a nuestra iniciativa y responsabilidad social como AC. desentendiendo esta iniciativa real y productiva de ayudar a restaurar los tejidos sociales en la región Lagunera masacrados sanguinariamente, Donde muchos nos ven con morbo de revista amarilla, como una presea dorada ganada a pulso por la ” Margolles”, "La ciudad más violenta de México" ¿Merecida?. El Chanate desea abrir espacios en comunidades olvidadas por una educación pública incongruente donde el arte ha sido negado en su totalidad o es visto como ocio de hippies, vida de bohemios o un producto comercial barato sin una consecuencia contundente, donde los niños ven el dibujar o cualquier actividad artística como una opción para evadir las matemáticas, la física o la química. Sin hacerles saber que el Arte es una ciencia tan compleja que estudia la dimensión de una hoja en blanco para desarrollar lenguajes tan complejos como la música; la geometría con sus parábolas e hipotenusas; crear ideogramas donde se refleja un ser humano íntegro y contemplativo, estamos hablando de espíritu, como dijo Robert Smithson “el arte es mi religión”. Es como “caballo azul” que galopa libremente, como el “chanate móvil” color amarillo dada que llenara de color las calles grises de LALGUNA.
Esto no es una octavilla. Es nuestro manifiesto. Nada personal.

Dicen que en las arenas movedizas es prudente no agitarse demasiado, pues lo que se logra con eso es acelerar el hundimiento. El gaseoso y torpemente redactado “manifiesto” aparece para hacer amigos y no para armar polémica, además de autoubicarse en un mesianismo de carcajada.
Los polemistas ingenuos tienen varias características bien definidas, además de la torpeza sintáctica o formal. Son las siguientes:

1) El acelere. Consiste en aventarse como El Borras a decir lo que sea con tal de crear la ilusión óptica de que les asiste la razón. El acelerado no mide nada, ni palabras, ni tiempos, ni argumentos. Lo que trata de hacer es alborotar un avispero, no alcanzar certezas claras sobre nada.
2) El dato mocho. Este rasgo se refiere a la marrullería de no ver la enchilada completa sobre el plato, a ver con énfasis un solo punto de la realidad y hacer creer que no existe la mirada periférica.
3) El chantaje megalómano. Al verse perdido, el polemista desarticulado apela al lloriqueo, se autovictimiza y acusa a quien debate contra él de planes expulsivos o exterminatorios, de ahí que se disfrace urgentemente como víctima de una Conspiración Internacional en su contra.

Bien. Quiero desenredar todo este reborujo provocado, creo innecesariamente, por la falta absoluta de cuidado al momento de administrar los ex abruptos. Para despejar el camino, nada como volver sobre lo único que tenemos a la mano: las evidencias, los textos en este caso. Para empezar, tengo un mail escrito al calor del entusiasmo. Ese simple documento es, creo, suficiente para echar por tierra todo lo que luego apareció en la página facebookera del Taller El Chanate. Pero claro, eso no queda así de evidente porque el mail es un documento privado, y por supuesto que el o los acelerados polemistas no tenían el menor deseo de hacerlo público. Lo que sí quieren dar a conocer es sólo lo que les conviene, lo que cuestiona a la DMC que de golpe y porrazo maldirijo y es una basura. Sugiero, pues, que mientras destaco las contradicciones tengamos siempre en mente el mail donde Norberto Treviño me trata como verdadera dama. Procedo y quiero que se noten los tres rasgos del polemista bisoño: el acelere, el gusto por el dato mocho y la tendencia al chantaje megalómano. Voy a citar algunas partes del berrinche en Facebook e inmediatamente las comento:

a) “A los jóvenes becados por DMC”. Ojo, la DMC no tiene “becados” en el Taller El Chanate, al menos no directamente. Lo que sí tiene, desde el año pasado, allí y en otros lugares, es un grupo de maestros al que se le asigna y paga un curso destinado a niños, jóvenes y adultos que no puedan pagarlo, de ahí que recomendemos su impartición en espacios a los que acuden personas en situación vulnerable, como el Teatro Salvador Novo y los museos del Ferrocarril y Casa del Cerro, entre otros lugares. Ese “beneficio” (digámosle así, con la horrible retórica asistencialista de siempre) lo reciben, pues, en primer término, los maestros. La alarma de quien aspaventó en Facebook no tiene razón de ser por “los jóvenes becados de la DMC”, sino por otras personas, los dos maestros que allí tratamos de mantener. Pero claro, suena mejor, más abnegado, más telenovelero, más ad hoc con las causas nobles, hablar de “jóvenes becados” que de maestros directamente beneficiados.

b) “seguimos en los mismos términos, solo que ahora ya no firmaran mas hojas para comprobar el recurso”. O sea, la única diferencia entre recibir el subsidio y no recibirlo es firmar unas hojas de asistencia. Siendo así, siendo que el apoyo de la DMC sólo modifica la dinámica en la molestia o no molestia de asentar unas firmas, creo no hay necesidad de subsidiar a dos maestros autosuficientes. Otro detalle importante. Firmar listas de asistencia no es disposición mía sino de la Contraloría, instancia que fiscaliza la fehaciente aplicación del recurso. Si me lo preguntan, creo que es un sistema elemental de orden, porque de otra manera alguien se quejaría de lo contrario: de caos, de uso inadecuado de recursos públicos, etcétera.

 c) “ya no necesitamos mas malas noticias”. Esta frase es encantadora porque se estrella de hocico contra el optimista y amable y propositivo tono del mail en el que me chulean.

Sobre el segundo mensaje de Facebook se puede comentar lo siguiente:

a) “te parece justo que reduzcan todo tu trabajo a solo una exposicioncita? donde no van a ir las grandes personalidades, donde no vas a vender. jajaja. tu crees que con esos argumentos voy a motivar a los jóvenes que aquí vienen.”. En el mail se afirma claramente que conversamos sobre una exposición de alumnos, de principiantes. La propuse para el Centro Cultural José R. Mijares, precisamente, porque a diario tiene una gran población de alumnos que, supuse, se podrían sentir estimulados por la obra de los estudiantes del Taller El Chanate. En ningún momento pensé convocar a la aristocracia lagunera para que comprara obra. Estoy pensando en términos didácticos, formativos, no mercenarios, como bien lo entendió Norberto en el mail y luego lo tergiversó en Facebook. Es absurdo, por decirlo de un modo eufemístico.

b) “si de aquí han salido premios nacionales de grabado.” Este disparate es una continuación, un remate, del anterior. ¿Quién convocó y quién cuestionó a los premios nacionales que han salido del Taller El Chanate? Qué manera tan tonta de sacar a relucir los blasones de un grupo: cuando nadie lo llama a nada. Propuse la “exposicioncita”, insisto, para mostrar el trabajo realizado por alumnos, no para exhibir y vender la obra de Van Gogh. Tranquilos, pues.

Dado que andaban muy sueltos inventando choros facebookeros, pregunté con quién podía tener un diálogo aclaratorio. La respuesta que recibí fue simple: me bloquearon en la cuenta de El Chanate. Así, fácil, cavernícola, como si con eso quedara clausurado todo para mí, como si no existieran otros medios para comunicar lo que aquí estoy comunicando. Me bloquearon, claro, porque sabían que cometieron un error más o menos aparatoso: el mail, el azucarado mail. No contentos con eso, como William H. Macy en Fargo, siguieron actuando, revolcándose con dolo en su propio lodazal, regándola. Publicaron un “manifiesto” que desde su misma ubicación genérica refleja la pobre preparación de quien redactó ese mamarracho. ¡Si supiera lo que son, lo que fueron los manifiestos de las vanguardias históricas! El manifiesto, ya lo leímos, es apenas, si mucho, un desahogo y un galimatías y un arranque sin patas ni cabeza. Pese a ello, refleja la protervia de quien lo redactó, su afán por zafarse del debate luego de que propina un manotazo al avispero. Quien lo redactó balbucea esta autodefensa: “Si tienes un comentario en contra de este proyecto o quieres desacreditar nuestra integridad como colectivo creativo, este no es la plataforma, ni el espacio. Ni el foro adecuado. No queremos polemizar ni crear controversia”. El autor de esas palabras, acorralado, invoca al “colectivo” y supone que las Fuerzas Ocultas del Mal quieren desacreditar su integridad. Además de eso, el “manifiesto” nos suministra, entre otros desatinos, éste: “el Arte es una ciencia”. Sí, ni duda cabe, es toda una vanguardia.
Supongo, lectores, que si me han seguido hasta aquí ya deben estar pensando en lo mismito que yo, que el debate es desigual, que he tratado de dialogar con uno o dos o tres necios, no lo sé, pues la máscara de “colectivo” me impide calcular el número de los emberrinchados. Escribo ahora, sin embargo, porque se cerraron a toda posibilidad de diálogo y porque me pareció importante hacer precisiones urgentes, antes de que me sigan sumando a sus facebookazos facilistas. Además, por algo mucho más importante: como bien lo señaló Norberto Treviño en el mail entusiasta, conozco desde hace varios años el trabajo del Taller El Chanate, desde que lo coordinaba Miguel Canseco, con quien trabé siempre un diálogo profesional, sano y serio, aunque nunca mediara entre nosotros amistad cercana. Algunos de los participantes de El Chanate son amigos míos y casi condiscípulos en la universidad, como Gerardo Beuchot y Eduardo Valenzuela, a quienes conozco desde 1982. Respeto y tengo obra de Rosa Gordillo, Alonso de Alba, Román Eguía, Paty Hernández, Pepe Valdés, Tere Hernández y Miguel Canseco. Por ellos, por el respeto que me merecen y porque aprecio el trabajo que han desarrollado en nuestra ciudad, no quise dejar en el aire las torpes paranoias de quien ve demonios en donde tiene colaboradores.
Si hay algo más, seguiré informando.

sábado, febrero 02, 2013

El carpintero infinito
















Mucha gente se las arregla para sobrevivir a punta de falacias. No sé cómo, pero sale airosa y va por la vida así nomás, remando malagueña y salerosamente en el encrespado mar de la mentira. Uno se topa a tales personas, entabla relación tenue o estrecha con ellas y pasado un tiempo puede ver el espectáculo casi pirotécnico de su desfachatez. Eso me pasó con un amigo profesor. Lo conocí cuando ambos éramos maestros de la UIA Torreón, allá por 1990. Siempre creí que era un tipo informado, sensible y, sobre todo, solidario. Daba clases de cine y creo que también de filosofía, pero no recuerdo exactamente qué carrera había estudiado, creo, en la UNAM.
Mientras daba clases en la Ibero comenzó a vincularse, caso raro, con el fascinante mundo de la carpintería. Desarrolló tan bien esa habilidad que poco a poco, supongo, la bonanza material que le trajo tal oficio desplazó otras chambas, las académicas. Pasaron los años, y aunque no nos frecuentábamos, de alguna forma yo sabía de él por los amigos comunes que a fuerza uno se topa en este rancho. Supe que mudó su taller una o dos veces, pero jamás investigué exactamente hacia qué puntos de la ciudad lo desplazó.
Así llegó el 2007. En marzo, con un ahorrito disponible entre los sacrificios de todos conocidos, me animé a procurar arreglos a la casa, entre ellos la instalación de una nueva cocina. Coincidió que de casualidad me encontré con el susodicho, y entusiasta, como de costumbre, me dijo que él podía construirla. Le creí porque sé que es capaz de hacerlas muy bien hechas. Tuvimos una cita, tomó medidas con su cinta métrica y me planteó un presupuesto. Recuerdo bien que la cotizó a quince mil pesos. Le pregunté si requería un anticipo y me respondió “con cinco mil basta por ahora”. Se los di así, sin recibo ni nada, pues yo lo consideraba un tipo de confianza. Era marzo de 2007, como ya dije, y me pidió un mes de plazo para llegar con la chingonsísima cocina lista para ser armada en el espacio calculado.
Pasó el mes. Le llamé y con rodeos me pidió un poco más de plazo, otro mes, pues según él tenía mucho trabajo. Acepté. Llegó mayo. Le llamé, y me dijo que estaba a punto de terminarla, que le diera otros quince días. Volví a llamarle y ya no respondió. Pensé en buscarlo, pero, como siempre ocurre, no sé qué trabajo me abrumó. Así se escurrieron dos o tres meses, o más. El caso es que, pasado un tiempo ya absolutamente absurdo, le llamé de nuevo y siguió sin contestarme. Quise buscarlo personalmente, pero no di con nadie que supiera su paradero y su nuevo teléfono.
A mediados de 2008 me lo topé por accidente, en la calle. Lo primero que le pregunté fue lo obvio: ¿y mi cocina? Nunca me enojo en esos trances, menos con alguien a quien considero amigo. O sea, mantengo la ecuanimidad porque quiero conservar, así sea lejana y pese a lo que sea, la amistad, además de que la ira no es buena consejera en tales situaciones. No sé qué me dijo sobre su alejamiento, o algo así, de la carpintería. Lo comprendí, pero le solicité que no fuera mala onda, que al menos me regresara el dinero. Me dijo entonces que andaba pasando una mala racha, pero que sin duda me pagaría luego de cuajar un negocio cuya ganancia estaba cerca. Fue entonces cuando acuñó la frase más desconcertante que he escuchado en trotes de este tipo. Para explicar que me pagaría, enunció esta perla:
—Espérame tantito y te echo la mano con ese dinero.
“Te echo la mano”, así dijo. La frase era tan disparatada que pasó un rato antes de que yo pudiera digerirla. Por supuesto que hasta reí, pues mi amigo, insólitamente, me iba a “echar la mano” con mi propio dinero. De locura.
Es más que lógico, dado que ahora escribo estas palabras, que el dinero no volvió. Los meses siguieron pasando, y creo que ya estábamos en 2010 o 2011 cuando otra vez me lo topé, ahora en la librería El Libro Usado. Nos saludamos, le pregunté por mi plata, y otra vez se hizo bolas con una explicación embustera y jocosona, digna de Cantinflas. Me dijo que no tenía el dinero, pero aclaró que había vuelto a la carpintería y podía sacarme alguna chamba de ese tipo. En ese momento yo necesitaba renovar las puertas interiores de la casa, así que bueno, en un rapto de ingenuidad (o pendejez, ya sé que ustedes están pensando eso), le compartí esa necesidad. Con mentiroso entusiasmo dijo que sí, que iría a tomar medidas y etcétera. Nos despedimos y nunca me visitó, así que hice las puertas con otro carpintero.
De esa forma llegamos a diciembre de 2012. De casualidad coincidimos como espectadores en una obra de teatro. Al salir del Teatro Martínez platicamos y preguntó que qué se me ofrecía. Ya desahuciado, le dije que ahora necesitaba tres libreros. Se apuntó para trabajar en ellos durante diciembre. Ya ni siquiera le dije de qué tipo ni nada. Le llamé a principios de enero de 2013, y me dijo que no había elaborado nada, pero que tenía unos libreros ya hechos, suyos, y que me los cedía restaurados del color que yo quisiera. Fui a verlos y sí, estaban muy bien armados, macizos, pero su color no me gustó. Quedamos en que los pintaría y me los llevaría en quince días. Le llamé pasado ese tiempo y no los tuvo. Me pidió una semana más. Se la di. No cumplió. Me pidió una semana más. Se la di. No cumplió. Le llamé hoy sábado 2 de la Candelaria. No contestó otra vez y aquí, con este desahogo cómico-mágico-artesanal, termino la historia sobre la cocina, las puertas y los libreros invisibles que me hizo el carpintero infinito, el más extraño mentiroso que he conocido jamás.

miércoles, enero 30, 2013

Los guaruras llegaron ya


















Había una vez un cuentista policial tan malo, tan absurdamente malo que en sus relatos no usaba mayordomos asesinos ni demás clichés, pero los sustituía con guaruras que desde las primeras páginas vendían desenlaces trabajados con estas o semejantes palabras: “Descubierto, desconcertado, temeroso, el guarura no tuvo más remedio que aceptar todos los cargos”.

lunes, enero 28, 2013

Descifremos con Rodolfo Walsh




















Sabemos que Rodolfo Walsh, magnífico escritor y periodista argentino, descifró mensajes “escritos” en clave, criptogramas. Es decir, entre otras ocupaciones tuvo, así fuese de manera accidental y pasajera, la de criptólogo (del griego krypto: 'oculto', y logos: 'discurso'). El periodista argentino Juan Carrá describe la mayor hazaña decodificadora de Walsh en este párrafo que he recortado del artículo “Rodolfo Walsh: mucho más que un escritor”:

La Revolución Cubana da vuelta la taba en América Latina el 1 de enero de 1959. El periodista Jorge Ricardo Masetti tiene la responsabilidad de crear la agencia de noticias que dé la versión revolucionaria de lo que pasa en el tercer mundo. Y Walsh está en la lista de sus colaboradores. Primero en Río de Janeiro. Muy pronto en La Habana, a cargo de la Secretaría de Servicios Especiales de Prensa Latina (PL). Walsh troca su nacionalismo por antiimperialismo de la mano del Che. Y se convierte en una pieza central de PL. Obsesivo hasta el cansancio, sacó del tarro de basura un bollo de papeles de una teletipo “descompuesta”. Días de trabajo le lleva, inclinado sobre el papel. Así descubre los mensajes cifrados desde Guatemala a Estados Unidos que anuncian la invasión a Bahía de los Cochinos.

Ese gusto por los mensajes con as bajo la manga está maravillosamente expuesto en el que creo es su mejor cuento, o al menos el que a mí me gusta más: “La aventura de las pruebas de imprenta” (del libro Variaciones en rojo, 1953), historia que leí gracias a la siempre atinada recomendación de mi amigo Gerardo García Muñoz.
Vamos pues a imaginar que somos el gran Rodolfo Walsh: aquí les dejo un mensaje de cinco palabras a ver si logran dar con el patrón que sirve para decodificarlo:

TPFPÑGP EPÑVJ, HTSM RDVTOYPT STHRMYOMP

No es tan difícil hallar el sentido de lo que allí dice. El primero que lo descifre en cualquier parte de México, además de ser un gran descifrador, recibirá de regalo un ejemplar de mi libro Parábola del moribundo. Sólo deberá mandarme el resultado a rutanortelaguna@yahoo.com.mx o al tuiter @rutanortelaguna. No se amontonen.

Nota 1: en este mismo post añadiré una posdata para, si lo hay, anunciar al ganador.

Nota 2: He aquí un viejo texto de este blog. Lo publiqué exactamente en el treinta aniversario de la muerte del maestro Walsh.

Posdata

En menos de media hora, el joven filósofo y traductor Jesús Solís ( @jesus_solis ) me envió la respuesta. Lo hizo por medio de un tuit y con el mismo patrón de mi mensaje cifrado:

DSÑIFPD. [US YRMHP RÑ ÑONTP].

Significa "Saludos. [Ya tengo el libro]".

El patrón era relativamente sencillo. Cada letra del código es en realidad la que está al lado izquierdo en un teclado de computadora en español. Con este dato, ya pueden descifrar lo que dice mi mensaje.

viernes, enero 25, 2013

Íntimo Delmo reloaded













Antes de pasar al tema central de este apunte, atreveré una hipótesis sobre cierto uso de la palabra “íntimo” en La Laguna. Creo que sólo en nuestra región es usada para denominar los bares o las cantinas con un ala o sección menos expuesta, digamos que apartada de la sala principal donde los parroquianos son atendidos con servicio de bebidas y también, a veces, de alimentos. Siempre me llamó la atención esa peculiaridad del habla lagunera, saber que aquí había bares, salones, cantinas y, además, “íntimos” como el Bristol, el Balmori y algunos pocos más en cuyas fachadas lucen o lucieron rótulos como el del “Íntimo Bristol” o el “Íntimo Balmori”, así como se lee.

Hice una breve consulta tuitera y mi amigo lagunero Heriberto Ramos Hernández, quien ha radicado en y viajado por varias ciudades del país, me respondió que tampoco ha notado ese rasgo en otras partes. Nunca supe de dónde salió dicha denominación genérica hasta que hace un par de años, en una conversación con mi amigo Fernando del Moral González, me mostró una hoja membretada del bar que tuvo su padre hacia la década de los cincuenta. Allí, impreso en el ángulo superior izquierdo de la hoja, figuraba un bello dibujo del establecimiento y al lado, con hermosa caligrafía palmer, la denominación comercial: “Íntimo Delmo”. Eso me asombró, pues para entonces yo ya había advertido que usábamos tal palabra, “íntimo”, para referirnos también a eso. Se lo comenté a Fernando y desde entonces no tengo mejor hipótesis que ésta para explicar tal peculiaridad del habla lagunera: el padre de Fernando del Moral fue el primero en usarla para referirse a los bares con área aislada de la sala principal.

Pero bueno, dada esa referencia, no me extraña que el torreonense Fernando del Moral sea no sólo uno de los mejores documentalistas históricos de México, sino también un cinéfilo consumado y un experto en vinos, licores y aguardientes. Su conocimiento sobre bebestibles es amplio no sólo desde el punto de vista histórico, sino práctico, pues tiene una cava tan variada como selecta. En fechas recientes hemos coincidido para desarrollar un proyecto editorial común, y hace pocos días, en una de esas digresiones que tiene toda conversación amistosa, caímos en el tema de los cocteles. También allí es un conocedor, y tanto despertó mi interés en la materia que abrí un paréntesis en la revisión del libro que editamos y anoté, por ahora, los nombres y las características de los tres cocteles que Fernando ha inventado. Los enumero y los describo:

1) Coctel Santana. Su nombre es un tributo al guitarrista jalisciense. Lo creó hace cuarenta años, en una reunión celebrada en casa del ingeniero Valente Arellano (padre del famoso torero). Entre otras muchas botellas, por allí había un vodka que, dice, se puso de moda por aquellos años, el Wyborowa, que mezcló con licor de cereza transparente marca Marie Brizard. El resultado, comenta Del Moral, fue de tal delicadeza que se convirtió de golpe en un éxito, tanto que todavía lo sigue preparando en sus reuniones.

2) Coctel Bala Villista. Lo inventó en el DF, para que sus amigos chilangos accedieran al conocimiento de nuestro sotol. Data de 1978, y su composición combina el mencionado agave con el jugo de caña.

3) Coctel Sueños de Kurosawa. Admirador del director nipón, en 2002 tuvo la idea de homenajearlo con una mezcla de sake, Campari y hielo frappe. Lleva sake por obvias razones, y Campari por su intenso rojo, color destacado en las películas del maestro japonés.

No los probé, pero Fernando prometió que en uno de esos intervalos que nos deje la chamba editorial, hará la alquimia necesaria para emprender el tour Santana-Villa-Kurosawa.

jueves, enero 24, 2013

Poeta de prodigiosa lengua














Hoy me aventé unos cacahuatitos tan horriblemente enchilados que me recordaron dos anécdotas. Las cuento.
Durante muchos años me reuní en Torreón con un grupo de amigos escritores. Me refiero, algunos quizá lo saben, a Saúl Rosales, Gilberto Prado, Gerardo García y otros que por fortuna siguen siendo mis cuates. El día habitual de los encuentros era el sábado, y todo comenzaba desde las cinco de la tarde hasta la medianoche. Dado que esa dinámica duró entre cinco y siete años —poco más o menos, como lo digo en mi prólogo a la segunda edición de Botella al mar, libro que como grupo publicamos hacia 1990—, conservo escritos o todavía en la memoria varios de los momentos que salpicaron tantos sábados.
Nos reuníamos y por supuesto siempre hacíamos la lucha para que no faltara una buena dotación de cerveza, botana, cigarros y algo de cena un tanto más consistente, como hamburguesas o tacos. Teníamos una población estable en ese grupo, pero reunión tras reunión alguien convidaba a lo que luego definimos como “población  flotante”, conformada por conocidos que sólo asistían a una o a dos o a tres reuniones, lo que dependía de su tolerancia al aburrimiento literario. En una de las sesiones alguien convidó a un sujeto que llegó con una pequeña bolsa. Dijo, lo recuerdo, que eran “jamoncillos”, o sea, dulces de leche cortados en cuadritos. A nadie le interesaba comer golosinas, pero bueno, el tipo llevó eso y a media reunión lo colocó en un platito. Pasó un rato antes de que otro de los esporádicos invitados estirara la mano, tomara un delicioso jamoncillo y se lo llevara a la boca así, de golpe, como si se arrojara una aceituna. Alcanzó a darle dos masticadas y lo escupió de inmediato. Todos quedamos sorprendidos por el exabrupto, mientras el invitado que llevó los "dulces" soltó una carcajada intrigante. Se trataba de una broma: los jamoncillos eran en realidad trocitos de jabón del llamado “cortadura”, como el de la epifánica marca “Jabón Zote” que sirve para lavar ropa. Al recibir la explicación ahogada en risa, la víctima se limpiaba la lengua con el envés de la mano y seguía escupiendo. Fue inevitable la risa de los demás, hasta que el devorador de jamoncillos dijo esta frase en injusto plural:
—¡Hijos de puta!
Pensé que iba a ser la única anécdota relacionada con comida al interior del grupo literario, pero no. Unos años después, otro sábado cualquiera y en casa de Gilberto Prado Galán, nos reunimos como siempre. Todos solíamos llegar uno tras otro, de suerte que pasado un tiempo luego de la hora acordada ya estaba en pleno toda la concurrencia esperada. Pues bien, no recuerdo quién llegó con una bolsa de frituras marca Sabritas. Apenas entró, nos dijo que las había comprado a un señor que vendía bromas para fiestas. Las papitas, por tanto, contenían lajas de papa, pero entera y extraoficialmente cubiertas por un polvo de chile criminal, del más picoso, como piquín molido. Eran papas, pero tenían un color parecido al de los Cheetos, ojetísimo. Nuestro amigo nos aclaró que esas papas eran intragables y las pondría en la mesa cuando llegara el último de los comensales, un poeta que demoró en integrarse al convivio. Poco tiempo después, el poeta llegó, tomó una cerveza y se sumó a la conversación, pero advirtió que sólo podría acompañarnos media hora. Luego, como si no pasara nada, el malévolo comprador de las papas abrió la bolsita delante de todos y vació el contenido en un plato que colocó encima de la pequeña mesa rodeada de sillones. Entonces fue cuando vimos aquellas frituras amenazantes, aunque seguimos conversando desenfadadamente, como si nada. Nadie hizo el menor intento por alcanzar una papa y probarla, pues esperábamos que el poeta tomara tal iniciativa. Eso ocurrió poco después. Se inclinó hacia la mesa, tomó una papita y la llevó a su boca. Comenzó a masticarla y de reojo vimos que hizo un gesto raro, le dio un trago a su cerveza y se la pasó. Sin decir nada, comenzó a sudar y a producir los resoplidos típicos del enchilado. Pensamos que iba a decir algo, a estallar, cuando menos a opinar sobre esa cosa horrible que había transitado por su paladar, pero no, no dijo ni maldito pío. Al contrario, tomó otra papa y repitió la ingesta. Bebió de nuevo su cerveza y resopló. Los demás no sabíamos si seguir callados o explotar de risa, pero al final optamos por lo primero. Mientras seguíamos fingiendo una amena charla literaria, el poeta siguió con el trámite hasta que, martirizado y todo, acabó con las papas. Luego, con soplidos para adentro y para afuera se disculpó y comenzó el ritual de su despedida. Apenas salió, comenzamos a reír y a conversar sobre el fenómeno. Las abominables papas no pudieron contra el poeta, concluimos, un poeta cuya lengua resultó más poderosa que cualquier chile proveniente del infierno.

miércoles, enero 23, 2013

De montajes y otras inmundicias
















Busqué en YouTube el primer deslinde de Televisa con respecto del montaje perpetrado por Genaro García Luna en el caso de Florence Cassez. No hallé nada, aunque de antemano puedo aceptar que en efecto la televisora se sintió ultrajada por el ex mandón de la ya desaparecida Secretaría de Seguridad Pública y de inmediato procedió a denunciar que se trató de una pantomima. ¿Qué dijo Televisa en aquel momento, poco después de que en los medios fue dado a conocer el falaz operativo de la AFI? Ignoro si fue una nota breve o un reportaje ambicioso. Lo que sí sé es que luego de esa aclaración, si la hubo, Televisa no subrayó la calidad de sujeto infame que tenía el secretario García Luna y lo dejó actuar, digamos, con total normalidad, como si no fuera un funcionario anómalo, tan poderoso y siniestro que sólo con la oposición de muchos, entre otros de la televisora más importante de América Latina, podía ser despedido de su cargo y hasta procesado.
Pero no. Según Carlos Loret de Mola, Televisa fue engañada al calor de la noticia y unos pocos días después, al darse cuenta de que se trataba de un operativo hollywoodense, denunció el montaje y estableció “protocolos” institucionales para no verse de nuevo sorprendida por los montajes de García Luna o de cualquier otro funcionario proclive a la dirección de cine.
Así nomás. En unos cuantos minutos, Loret de Mola despachó un asunto de una gravedad del tamaño de México: que un sujeto como Genaro García Luna, responsable de la seguridad en todo el país, siguiera al frente de una Secretaría que drenó millones de pesos (lo que en este caso, asombrosamente, es lo de menos) y dejó el saldo mortal más siniestro que recuerde la historia de la función pública internacional.
Lo que quiero decir es que hoy, al calor del Caso Cassez en el que salió a relucir con todo su pavoroso brillo el nombre del ex secretario y la presunta colaboración de Televisa en la difusión del montaje, el monstruo mediático sólo aclare que aclaró puntualmente lo que en su momento debió aclarar y punto. Por decir lo menos, creo que esa autoexculpación de Televisa es insuficiente, y voy a tratar de explicar por qué.
Es cierto que cuando ocurrió el montaje, el 9 de diciembre de 2005, el hoy ex secretario Genaro García Luna no era todavía el Genaro García Luna que poco después conoceríamos. Si en efecto Televisa se deslindó del montaje y hasta lo denunció, debió colocar reflectores especiales en la figura de ese funcionario recién encumbrado al, quizá, cargo de mayor responsabilidad en la administración calderonista, sólo ubicado un peldaño abajo al de quien detentaba la presidencia de la República. Digo que García Luna merecía reflectores especiales desde el principio, ya que engañó a México, engañó a Televisa, engañó a todo mundo en un área delicadísima, tanto que pasados los meses creció de manera infernal el número de muertos por violencia en nuestro país.
Pero no, no hubo reflectores especiales, sólo una tardía aclaración reiterada por Loret de Mola en estos términos:

El 9 de diciembre de 2005 nos tocó transmitir la información de su captura [de Cassez]. A la ciudadana francesa la habían detenido un día antes y la autoridad fingió y simuló un operativo como si estuviera sucediendo en vivo. Con lo que yo estaba viendo en pantalla en ese momento, que es lo mismo que se estaba viendo al aire en la señal de Televisa, con la información que estaba dando el reportero, con la supervisión encargada a los jefes de las áreas de producción y contenidos, quienes no me alertaron de nada extraño, yo no me di cuenta de este montaje, no me di cuenta de esta trampa. En retrospectiva, con un análisis más minucioso de todas las imágenes, creo que pude haber descubierto el engaño. Al calor de la noticia, como el árbitro de futbol que no tiene acceso a la repetición y debe decidir de botepronto, no lo hice, y lo lamento. Para nosotros el asunto no quedó allí. El primer medio de comunicación que documentó públicamente este montaje de la autoridad fue justamente Noticieros Televisa. Unas semanas después, el 5 de febrero de 2006, lo exhibimos y lo denunciamos. A partir de ese caso, en Noticieros Televisa y en Primero Noticias tomamos medidas y establecimos protocolos para que una cosa así no volviera a suceder. El montaje orquestado por la Agencia Federal de Investigaciones para la captura de Florence Cassez no fue desde luego la única irregularidad de este caso. En la averiguación previa se establece que la ciudadana francesa no tuvo derecho a solicitar de inmediato, como marcan las leyes internacionales, el apoyo de su embajada, le negaron un traductor, hubo cambios en las declaraciones de los testigos… las denuncias de que se violaron los derechos humanos de la detenida han llegado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que pasado mañana miércoles debe resolver el controvertido caso de Florence Cassez.

Enfatizo varios detalles de ese lánguido mea culpa. Loret de Mola habla sin eufemismos de un “montaje”, de una “trampa”, de un “engaño”. O sea, tiene perfecta conciencia de lo que fue aquella maniobra policial. Luego, apenado o embusteramente apenado, como queramos, da lo mismo, usa una metáfora futbolera para señalar que al calor de los hechos, por la vertiginosidad inherente a la transmisión en vivo, no captó de “botepronto” el tinte cinematográfico del operativo, pero después, tras analizar minuciosamente el artificio, en Noticieros Televisa notaron que se trataba de una patraña y por ello fueron los primeros en denunciarla y luego, en el plano de sus políticas internas, se impusieron “protocolos” que sirvieran para evitar nuevas coreografías tramadas por la autoridad.
Mi inquietud es ésta: supongamos que en efecto, como dije hace unos renglones, Televisa no sólo se deslindó del montaje transmitido en vivo, sino que además lo “documentó”, lo “exhibió” y lo “denunció”, parece poco, muy poco, para el tamaño del agravio que le hicieron y, sobre todo, parece poco, o nada, para el tamaño polifémico que desde entonces alcanzó la maldad del secretario García Luna. A Televisa no le habían birlado un dulce, sino que la habían involucrado en una maniobra vergonzosa, que comprometía su credibilidad informativa (es un decir) y que desde ese mismísimo momento daba una idea perfecta sobre la peligrosidad del tipo que encabezaba la SSP, una peligrosidad que jamás volvió a ser exhibida por Televisa pese a que en todos lados se sabía que García Luna estaba atropellando todo a su paso en una guerra cuyas monstruosas consecuencias todavía no alcanzamos a dimensionar.
Si el agravio lo hubiera padecido el periódico La Voz de Viesca o La Gaceta de Sombrerete sería injusto pedir que estos pobrecitos medios se las vieran frente a frente contra García Luna, pero lo sufrió Televisa, y por lo que se pudo ver sólo aclaró que fue víctima de un montaje y listo, dejó actuar al delirante secretario cuando lo que se requería —ahora uso yo una imagen del balompié— era un perruno marcaje personal.
Hoy, como ocurre siempre, a sabiendas de que el pasado es borroso y los expedientes de la comunicación electrónica son de difícil seguimiento, Televisa se lava las manos, acusa al funcionario ido de tramposo y demás, y sigue tan campante con su telaraña de arreglos y noticias montadas de acuerdo al interés de los grupos hegemónicos, a los cuales pertenece y representa.
Por último, se me ocurre esto: sé que siempre lo tuvieron por loco y revoltoso, pero si Televisa sabía que García Luna había diseñado un operativo apócrifo desde el arranque de su gestión, si sabía que el país estaba en llamas, si sabía que Calderón lo dejaba hacer y deshacer como verdugo, ¿por qué jamás, entre otros documentos, aprovechó y difundió un video como el de Gerardo Fernández Noroña espetando la palabra “asesino” a quien ya por entonces tenía convertido a México en un matadero?
Como dicen los tuiteros: es sólo una pregunta.

martes, enero 22, 2013

sábado, enero 19, 2013

Mi alienígena de cabecera




















Mi idea del alienígena arquetípico fue forjada por un film de Santo. Para mí, todos los extraterrestres tienen la cara de Wolf Ruvinskis.

jueves, enero 17, 2013

Elocuencia
















Es una lástima que no exista el tuit en blanco, un tuit que exprese el agotamiento de la palabra para describir todo esto.

miércoles, enero 16, 2013

Fontanarrosa por mail















Una de las dificultades más grandes que plantea la literatura es que ya parece toda hecha. Tal vez esa sea la razón por la que muchas vocaciones se quedan en calidad de larvas, apenas insinuadas en unas cuantas líneas. Me refiero, claro, a los escritores en cierne que al leer una obra ajena y genial sienten que no vale ya el esfuerzo de intentar algo que de seguro jamás alcanzará ni los tobillos de lo verdaderamente bueno. En arte no escasea pues el desaliento por culpa de la genialidad ajena que no se da en maceta ni venden en el almacén de los coreanos.
Roberto Fontanarrosa, el famoso Negro, el inmortal dibujante rosarino y canalla creador de Boogie e Inodoro Pereyra, nos dejó además (un además que a mi juicio vale tanto o más que su obra gráfica) muchos libros de narrativa, cuentos y novelas que gracias a Ediciones de la Flor tenemos, eso en México es un decir, al alcance de la vista. He podido comprar algunos libros del Negro ora en Buenos Aires, ora en la Feria del Libro de Guadalajara, ora en alguna librería de viejo deefeña, y siempre que leo sus páginas sobre futbol quedo en la lona, noqueado al estilo Pacquiao y con el ambiguo deseo de retirarme o mantener viva la obsesión de continuar con mis intentos.
Cargadas de imágenes poderosas y de un sostenido tono hiperbólico que barniza al futbol de un aire épico, las estampas de Fontanarrosa siempre son un regocijo para quienes sentimos que este juego es más que un juego de once contra once. Me pasó hace unos treinta minutos, cuando revisé mi buzón de mail y vi que tenía una carta de mi amigo Antonio Cruz, quien radicada en Santiago del Estero, Argentina. Toño me comparte allí un texto de Fontanarrosa que yo no conocía. Lo publicó Roberto Vallejo, un amigo suyo, en el boletín Para leer atentamente. Mi cuate comenta: “sé que, cuando leas este texto, te vas a acordar de Marín y del gran Daniel”.  Sabe Toño que hace poco publiqué un apunte sobre mi primer ídolo futbolero, Miguel Marín, y ahora que leí lo que me envió de Fontanarrosa, al pasar por el nombre del gran arquero no pude no sentir un grato estremecimiento. Por eso, sólo por eso, busqué la foto del aquel Vélez Sarsfield campeón de 1968 donde se ve al joven portero Miguel Marín y, abajo, en cuclillas, con el rostro un poco agachado, a Daniel Willington, uno de esos monstruos que llegaron a nosotros sólo como lejano eco de su grandeza setentera, como pasó con Bochini y algún otro.
Les dejo el texto sobre Willington, una pieza maestra de narrativa futbolera, y mando un agradecimiento a Toño Cruz, que me lo envió, y a Roberto Vallejo, que se lo envió. Aquí prosigo la cadena, pues.

El exorcista

Roberto Fontanarrosa

Era una pelota, señores, poseída por el demonio. Bajaba desde el cielo, créanme, convulsa, atrapada por el efecto espasmódico contraído por un despeje largo y defectuoso o por un disparo trabado a último momento. Digo más, esa pelota, queridos amigos del viril deporte del balompié, traía consigo dos o tres efectos simultáneos: hacia atrás, hacia adelante y hacia ambos costados. Y gemía, crujía, jadeaba, emitía gorgoteos sobrecogedores. Bajaba, en suma, endiablada, hacia un señor que se llamaba Daniel Willington y que la esperaba parado, casi sobre la línea de fuera, midiéndola con la mirada torva de los que saben.
Era en la cancha de Central y, rodeando a Willington, había varios hombres de los nuestros. No intentaron ni siquiera anticipar o intervenir en la jugada. Sabían que esa pelota era imposible de dominar y que el rebote, corto o largo, los favorecería. Willington levantó su pierna derecha con el movimiento lento y acompasado de las garzas, hasta que el pie alcanzó la altura de su propia cabeza. Y la pelota, la trastornada, la rabiosa, la enloquecida, se posó sobre la punta de ese pie derecho para quedar allí, mansa, sosegada, como el halcón que encuentra la mano enguantada de su señor. O, más domésticamente, como el loro que localiza el dedo familiar de su dueño. Así, pegada a la punta de su botín, ya tranquila, ya exorcizada, Willington la bajó casi hasta el piso pero, antes de dejarla tocar el suelo, le dió un golpecito tenue con la capellada, luego otro, y la puso en el pecho de un compañero que estaba a unos diez metros de distancia, por sobre las cabezas de los jugadores de Central.
Recuerdo que se hizo un silencio breve en el estadio y después rompió un aplauso respetuoso, cálido, reconocido, más propio de una sala teatral que de una cancha de fútbol. Ni siquiera sé cómo salimos ese día. Me acuerdo, solamente, de esa pelota que bajó Willington.
Fui testigo, asimismo, pasado el tiempo, de cómo el padre Karras expulsaba al demonio del cuerpo martirizado de una niña en "El exorcista". La niña bufaba, se retorcía, vomitaba y emitía aullidos animaloides. Pero, así y todo, les confieso, me impresionó más aquella pelota que bajó Willington. Que no jugaba solo, sin embargo, en ese Vélez campeón del año '68. Había una defensa, al estilo velezano, de gente dura y fornida. Estaba Solórzano, estaba Zóttola. Estaban Ovejero y Atela. Atela tenía la solidez, la expresión prolija y cortante de aquellos que, en solitario y desde las tinieblas, atacaban a James Bond. Marín, el arquero, que también triunfaría largamente en México, revistaba en la línea de los eficientes y tarzanescos, los apuestos, los que bien podrían interpretar al amigo del héroe en una serie televisiva norteamericana mala. En el medio merodeaba Moreyra, un volante alto y habilidoso que mostraba un gran manejo y una particular cabeza esférica y chiquita. En la punta derecha jugaba Luna, un wing absolutamente clásico y formal, de aquellos extremos que disfrutaban de la corrida y el centro como única labor, sin ningún tipo de culpa, antes de que se los empezara a cuestionar y terminaran casi desapareciendo, como los osos panda. Luna era rubio, veloz y vertical. Metía esos centros rasantes y a la carrera, casi sin desbordar al marcador, corriendo aparejado con él, con el chanfle interno de su pie derecho, buscando las cabezas del Turco Wehbe, Carlitos Bianchi o, en menor medida y eficacia, Nogara. Wehbe era un ultraliviano vivo, buen cabeceador y rebotero. Fibroso, agudo, morocho aceitunado, parecía un perfil recortado sobre chapa. De esos goleadores que los relatores deportivos recién identifican cuando salen gritando y reciben los abrazos de sus compañeros tras uno de esos centros rastreros frente a los palos que van a buscar ocho atacantes y catorce defensores. Siempre son ellos, los goleadores, los que la tocaron último.
Bianchi, que por ese entonces asomaba en Primera, tenía otra dimensión, física y futbolística. Más grandote, más pesado, más sólido, era temible lanzado en carrera y podía aguantar con el cuerpo a los adversarios que se le colgaban del cuello o de los hombros. Cabeceaba muy bien y definía con enorme certeza.
Un poco injustamente, aquel campeonato conquistado por Vélez suele recordarse por esa pelota que Gallo, el lateral derecho velezano, sacó con la mano sobre la línea de gol en un partido definitorio contra River, ante la miopía repentina del árbitro Guillermo Nimo. Y no fue una mano cortita, furtiva, el zarpazo invisible de un gato, al estilo de la mano de Dios de Diego Maradona. Gallo se estiró cuan largo es (no lo era mucho) con todo el brazo extendido, para despejar esa pelota que ya entraba, tal como lo registraron algunas fotografías que aparecieron en la revista El Gráfico. Pero, de la misma forma en que no se puede borrar con el codo lo que se escribió con la mano, tampoco se podrá borrar con la mano de Gallo lo que Vélez, en el '68, conducido por el parsimonioso talento de Daniel Willington, escribió con los pies y con el corazón dentro de la cancha.

Posdata. No desaprovecho este viaje para refritear dos enlaces a textos míos sobre Fontanarrosa, ambos publicados aquí mismo: “Genio Fontanarrosa” y “Foto con Fontanarrosa”.

martes, enero 15, 2013

Lance sincero




















“Estoy listo para hablar sinceramente”, dicen que dijo Lance Armstrong antes de entrevistarse con Oprah Winfrey, chirinolera mayor de la televisión gringa. Pasado mañana jueves, creo, el texano será la comidilla mundial y seguramente tuiter tronará con las desgarradas confesiones del ciclista siete veces ganador (¿ganador?) de la Tour de France y de muchas competencias más.
La supuesta frase de Armstrong me llevó a pensar en los libros de memorias. ¿Podemos concebir alguno que nos hable con total sinceridad? ¿Es posible la confesión absoluta? Soy de los que no creen en eso. Nadie suelta la sopa entera, pues por olvido y principalmente por pudor todos guardamos al final la información que nos perjudique, queme a los parientes o qué sé yo.
Lo que quiero decir con esto es que no es nada fácil ser sincero ni en los errores chicos, mucho menos en los monumentales, y hasta el más grande pillo teme, en el fondo, a la opinión gregaria.

lunes, enero 14, 2013

Un poco más













Hay días en que me siento apocalíptico, pero pronto me doy cuenta de que exagero, pues todo aguanta unos veinte añitos más.

sábado, enero 12, 2013

Retorno de Eréndira



















Siempre me alcanzan ciertas frases leídas hace añales. Algunas son recurrentes, vuelven a propósito de lo que sea, como los versos de la “Suave Patria” o varias afirmaciones sentenciosas del Quijote. Igual me reaparecen Rulfo, Carpentier, Quevedo,  Neruda, Reyes, no se diga Borges y algún otro. En todos los casos me refiero a esas frases que parecen haber nacido para ser inmortales, pues contienen una fuerza indescriptible, algo que las convierte en proyectiles fulminantes. De García Márquez siempre me regresa la seca y terrible frase de la abuela que condena a la cándida Eréndira luego del descuido que derivó en el incendio de la casa
“—Mi pobre niña —suspiró—. No te alcanzará la vida para pagarme este percance”.
Todo lo malo está allí, en ese puñado de palabras aplicable a tantas desdichas individuales y colectivas, a tantas condenas injustas, increíbles y tristes.

jueves, enero 10, 2013

Ubicuidad de la poesía
















La poesía es gratis y está en todos lados. Lo que cuesta trabajo conseguir es el radar.

miércoles, enero 09, 2013

Realismo trágico














Vine a Inglaterra porque me dijeron que aquí vivía mi asesino, un tal Jack the Ripper.

martes, enero 08, 2013

Un Millán para nosotros
















Es urgente que nazca el César Millán de la humanidad, alguien que de veras nos ayude a entenderla con certeza.

lunes, enero 07, 2013

Escena en el Far West




















—Hola, Nick.
—¿Qué tal, Joe?
—¿Sabes qué parecemos en la barra de este salón del Lejano Oeste, tomando whisky barato y a la espera de algún forastero al que sin duda tendremos que desafiar?
—No, Joe, no sé qué parecemos.
—Pues un cliché, Nick, un maldito y sucio cliché.

viernes, enero 04, 2013

Madrugador













El asesino llegó de madrugada a la puerta de la habitación donde dormía su víctima. Apretó bien el cuchillo y con la otra mano, despacio, sin un ruido, giró el picaporte. Lo que el asesino no sabía era que su víctima ya lo esperaba recostada, inquieta y muy despierta, con una fría Magnum Desert Eagle Crome debajo de la sábana.

miércoles, enero 02, 2013

Narciso a todo tren




















Las cámaras fotográficas de los celulares han prohijado una nueva profesión: el paparazzo de sí mismo.

viernes, diciembre 07, 2012

Fuera de combate













Les aseguro que quería escribir, pero así me dejó la gripe de este viernes. No importa, mañana me lavantaré de la lona y aquí nos seguiremos viendo.

jueves, diciembre 06, 2012

Don Ata por Lagmanovich vía mail









Me alcanzó la gripe de temporada, y si por lo común la cabeza no me da para para pensar, así menos. En estos casos no está de más solicitar ayuda a los amigos o buscar algo digno entre los muchos libros que afortunadamente están al alcance de la vista. Hoy, pues, he hurgado en mis archivos postales y fíjense nomás que buena suerte he tenido. Hace tres meses leí una pequeña biografía sobre Yupanqui y no quiero que pase el 2012 sin reseñarla. Lo deseo porque en mayo se cumplieron veinte años de su muerte y siento la obligación de recordarlo. Él es el compositor y cantante que más admiro, y quiero que esa admiración se materialice en textos elogiosos.
Pues bien, el primero de febrero de 2008 recibimos una respuesta vía mail de mi amigo David Lagmanovich (1927-2010), quien vivía en Tucumán, Argentina. Digo “recibimos” porque nos carteábamos a tres bandas Juan Pablo Neyret (en Pensilvania, EUA), David y yo (en Torreón). Esa correspondencia tripartita duró al menos cinco o seis años, y era muy frecuente, de manera que son abundantes las cartas de David y de Juan Pablo que puedo presumir.
La carta que traigo se refiere a Yupanqui. No necesito añadirle nada, pues cualquiera que la lea la entenderá y, sobre todo, verá la dimensión artística que le atribuimos al folclorista mayor de América Latina. También verá lo que yo siempre vi: que David Lagmanovich nos regalaba una atención epistolar al mismo tiempo generosa y lúcida.
Esta es la carta:

Hermanos:

Sí, yo también he admirado y querido mucho, desde siempre (desde que venía a cantar a LV12 Radio Tucumán, cuando yo tenía unos 15 años) a Atahualpa Yupanqui. Recuerdo que entonces a un muchachito que amaba la guitarra y no tenía plata para reponer cuerdas, sin conocerlo le regaló el juego completo; a otro hombre que conocí por entonces le regaló una guitarra. Era un hombre de buen corazón, aunque tuviera rasgos de un carácter aparentemente hosco.
Además, lo que siempre me gustó de él fue la finura de sus canciones, que aunque tocaran lo social no lo hacían con estrépito ni panfletariamente: "Es mi destino / piedra y camino: / de un sueño lejano y bello, viday / soy peregrino". Ese sueño lejano y bello correspondía a su vinculación con el Partido Comunista, pero lo ponía así, para que entendiera quien quisiera entenderlo, sin proclamarlo a grandes voces. Cuando la dictadura, su milonga campera que comienza "Yo tengo tantos hermanos / que no los puedo contar...", y termina con "y una hermana muy hermosa / que se llama Libertad" me pareció siempre una de las más bellas piezas de aquella época terrible.
Atahualpa era hombre de la pampa, como bien se sabe, pero su compenetración con la cultura popular del Noroeste argentino lo convirtió casi en un tucumano más. No sé si la gente se da cuenta de que los vocativos "viday" y "viditay", que aparecen constantemente en sus canciones, son quechuismos, no usados fuera del Noroeste: tienen el sufijo -y, que es el caso posesivo quechua (o quichua, como decimos por estos lados), de modo que "viday" quiere decir "mi vida", una forma entrañable de tratamiento en nuestro dialecto hispanoindio. Y sus versos para cantar (no los de El payador perseguido, que están en la tradición de la llanura) tienen la limpidez de las coplas populares del Noroeste. Él podría haber escrito esta copla salteña, que sin embargo es anónima: "Apenitas soy Arjona / nombre que no se ha'i perder; / y aunque me tiren al río, / sobre la espuma he'i volver".
Así volverá siempre también Atahualpa Chavero Yupanqui (como firmaba al comienzo), después sólo Atahualpa Yupanqui o solamente Atahualpa: sobre la espuma del canto, aunque se lo haya llevado el río del tiempo.
(Muy linda, Jaime, tu columna sobre este prócer de la canción popular; mucho más que el "maquinazo" con que, modesto como siempre, pretendes disimular el valor de lo que escribes.)

Abrazos, == David

miércoles, diciembre 05, 2012

La “forma suave” de la violencia


















Fueron muchos, casi todos los de siempre, pero el que más me impresionó —siempre me impresiona por su inmediatismo retórico fue Ciro Gómez Leyva. El sábado primero, casi como jefe de una mesa de análisis, pasaba una y otra vez las imágenes recién grabadas de los vándalos que encaraban a los granaderos en el jardín frontal del palacio de Bellas Artes. Las tomas hablaban "por sí mismas", decía con estas u otras palabras el famoso columnista. Nada que discutir, el desorden dejaba todo en orden para los apresurados comentaristas: la izquierda, toda la izquierda, es bárbara, troglodítica, anárquica, violenta en suma.
Me atrevo a disentir. Las imágenes no hablan por sí mismas, así que, para que “hablen”, es necesario treparles un discurso. Hagamos un experimento. Bajemos una foto de internet y trabajemos sobre ella. Veámosla y procedamos a describirla desde distintas angulaciones hipotéticas, esto nomás para que se vea lo fácil que es montar cualquier discurso a cualquier imagen.

















1. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, víctima del ciclón que la semana pasada azotó el norte de nuestra entidad. Don Luis perdió su vivienda y todas sus pertenencias, y todavía no sabe el paradero de su única hija, desaparecida en la catástrofe natural. Las autoridades han declarado que los albergues son suficientes, pero la realidad es que muchos damnificados siguen sin un lugar para dormir y tomar alimentos.

2. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, víctima de alzheimer que ayer fue encontrado vagando por las calles de nuestra ciudad. Perdido en los rumbos del bulevar Oriente, las autoridades lo recogieron y pudieron encontrar en los bolsillos de su saco una receta de medicamento que al final sirvió para dar con la pista de sus familiares. El anciano enfermo ya está siendo atendido en un centro especializado.

3. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, jefe de una banda de ladrones de comercios en el sur de la ciudad. Fue sorprendido ayer luego de que a la distancia coordinaba un robo al supermercado “Compre Más”. Afortunadamente, la policía logró detectar la maniobra y detuvo a los delincuentes in fraganti, quienes de inmediato confesaron que Amézquita Galo era el autor intelectual de los atracos y señalaron su paradero, donde poco después fue capturado por los elementos de seguridad.

4. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, quien intentó violar a su nieta y fue descubierto in fraganti por los vecinos de la colonia 10 de Noviembre. Al sorprenderlo, algunos habitantes del lugar intentaron lincharlo, pero otros dieron parte a las autoridades que de inmediato llegaron al lugar y luego de muchos jaloneos e insultos lograron salvar de la turba enardecida al agresor sexual. Amézquita Galo ya fue recluido en el penal del municipio.

5. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, el más destacado pintor de nuestra entidad. El artista recorrió muchas colonias de la periferia para continuar el trabajo de regeneración de espacios por medio de la pintura mural y colectiva. Ganador del premio estatal de Arte y Cultura 2002, Amézquita Galo desarrolla cada fin de año una intensa labor altruista para convertir su arte en detonador de inquietudes pictóricas en los jóvenes de nuestras colonias.

Por lo anterior, inquieta de veras la facilidad con la que Ciro y compañía sacaron el revólver de la crítica y dispararon opiniones sin patas ni cabeza. Por supuesto que hubo vandalismo, por supuesto que las imágenes lo muestran, y por supuesto que eso no le gusta a nadie, o al menos a pocos, a muy pocos. Lo importante, como han dicho Lorenzo Meyer y Sergio Aguayo, es “leer” el hecho en un contexto, tratar de ponerle las palabras que busquen establecer la mejor aproximación al acontecimiento, no colgar sambenitos con prontitud inquisitorial.
Dos preguntas eran necesarias, y jamás aparecieron en boca del columnista: ¿a quién le servía el vandalismo? ¿Por qué de golpe la izquierda (toda la izquierda, según Ciro) pasó del discurso de no agresión a otro completamente distinto? Si no se pregunta eso, da por hecho que no existe, ni siquiera de lejos, la posibilidad de un montaje o el ánimo desbordado de un grupo radical, no de toda la izquierda, principalmente de la que encabeza ya sabemos quién.
La violencia no le conviene a la izquierda que, pese a todo, sigue luchando por deslindarse de la acción agresiva material, esa acción que pone en bandeja de plata la reacción represiva. Por eso, al oír a Ciro recordé de inmediato las palabras de una entrevista que leí hace poco, casualmente, a Pierre Bourdieu. En el libro Capital cultural, escuela y espacio social (Siglo XXI, 2008) habla sobre las “formas suaves” de la violencia, y dice esto que explica mejor que yo lo que aquí he querido comentar:

… es una violencia que se ejerce por vías muy suaves, y que pasa de este modo inadvertida. (…) Debates televisados o radiofónicos, editoriales inspirados, etc., que parecen constituir la vida misma de la democracia, pueden ejercer un efecto formidable de censura —lo hemos visto en la Guerra del Golfo, al menos al principio— escondiendo los verdaderos problemas. El consenso sobre los falsos problemas que generan esos periodistas atrapados en una red de competencia y de interdependencia, tiene por efecto esconder todos los verdaderos problemas, que son olvidados y que aparecen solamente en los periodos de crisis.

La irrupción violenta, desbocada, de los vándalos en el centro histórico del DF es a todas luces un acto criticable. El problema, el difícil problema es saber a quién atribuir tales desmanes. Para Ciro no hubo ni sombra de duda a partir de las imágenes “reveladoras”, como si investigar y comentar fueran dos acciones simultáneas y no un desafío periodístico más que peliagudo.
Pero en fin, así se las gastan él y muchos más, ya lo sabemos.

lunes, diciembre 03, 2012

Ja, fue divertido














Ja, fue divertido. A mí me tocó romper con un garrote varios cristales de bancos y de restaurantes. Tronaban bien chingón, a madres, crach crach, mientras se oían cerquita algunas molotovs lanzadas por los compañeros que venían un poco más atrás. Yo me divertí sólo con los vidrios de negocios, como que de golpe le agarré gusto a pegar batazos y ver el estallido y los añicos. Así llegamos a las jardineras de Bellas Artes, frente al Sanborns y el Gandhi. Allí nos esperaba un grupo compacto de granaderos. La orden había sido encararlo con más aspavientos que efectividad, pues pura verga que podíamos atravesarlo. Lo importante es que la tele tuviera chance de hacer tomas de la acción. En el noticiero logro verme, jaja, con el trapo negro en la cara y todavía con el palo de quebrar vidrios en la mano. En una toma se ve también cómo la pinche güera, toda mariguana, lanza un pedradón a la pared de antimotines. No le hicimos ni cosquillas, pero ése no era el rollo, ya dije, sino salir locos en el video. Y lo logramos. Desquitamos la lana que esos putos nos aflojaron. El que lo dude que oiga al Ciro. Ja, fue divertido, hicimos un buen jale.

domingo, diciembre 02, 2012

Crusoes




















Mucho internet y mucho iPad y mucho Blackberry, pero en el fondo en el fondo en el fondo todos somos Robinson Crusoe.

sábado, diciembre 01, 2012

FCH




















Colocó los lentes junto a la lámpara del buró. Dio un último traguito al vaso donde sólo quedaron unas gotas de whisky mezcladas con el agua de dos hielos. Luego de seis años, era la primera noche en la que se sentía libre de cargas, verdaderamente relajado. Mañana comenzaría su nueva historia, el viaje y la radicación foránea, la paz y, por qué no desearlo, cierto distanciamiento del alcohol. Atrás quedaban entonces la autoridad, el poder supremo, las órdenes, el rumbo que quiso darle al país alebrestado, la incomprensión de tantos. Pensó en el artículo que acababa de leer, en la tajante acusación: había inventado una guerra para mostrar mano dura y legitimarse luego del fraude. Imbéciles. Pensó también en la supuesta cifra de muertos que le achacaba: 70 mil. Apretó los labios, negó leve con la cabeza y se escuchó decir para sí mismo, muy bajito, una frase que lo sedó: “No fueron tantos, si mucho 30 o 35 mil”. Apagó la luz y comenzó a dormir, tranquilo.