Mostrando las entradas con la etiqueta laura elena parra. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta laura elena parra. Mostrar todas las entradas

miércoles, octubre 19, 2022

Mamá Tacha centenaria

 












Este viernes 21 de octubre a las 7 de la tarde en la Casa Mudéjar será presentado el libro Mamá Tacha. Cien años de pasión y fortaleza, de Laura Elena Parra López. Los presentadores seremos Alejandra Díaz Rosales, la autora y yo. Esta actividad es organizada por la coordinación de Literatura del Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón.

En su prólogo (espacio que me cedió Laura Parra), señalo que “Para que no se desgastaran o, peor todavía, para que no se perdieran definitivamente los recuerdos de Anastacia Monsiváis Navarro, su nieta ha escrito esta memoria de la memoria”. Su nieta es Laura Elena Parra, autora de este libro. Y añado: “No fue la de mamá Tacha una vida sosegada, breve y convencional, sino una aventura de largo aliento, 107 años de ajetreo en los que siempre demostró ser una mujer fuerte, sensible, solidaria, vertical. Desde que cobró consciencia de la excepcionalidad de esta abuela peculiar, Laura Elena fue llevando la bitácora secreta de los ayeres que edificaron una enorme alacena de recuerdos. El resultado es, ahora, Mamá Tacha. Cien años de pasión y fortaleza, título que cierra en un siglo la vida de mamá Tacha, aunque en realidad el centenario le quedó corto y lo desbordó por siete años”.

Laura Elena Parra es licenciada en Ciencias de la Educación. Maestra en Desarrollo Humano con especialidad en orientación y maestra en Gestión sociocultural. Trabajó en la Ibero Torreón por más de treinta años. Catedrática en varias universidades de la región desde 1984 a la fecha. Es coautora de los libros colectivos Del gis a la pantalla táctil (2017), Rostros de la agresión (2018) y Vendaval de cambios (2021).

María Alejandra Díaz Rosales es licenciada en Pedagogía; maestra en Tecnología Educativa; maestra en Innovaciones Educativas y pasante del doctorado en Educación. Cuenta con una trayectoria de 34 años en el ejercicio de la docencia, la formación docente y la gestión de programas académicos. Coautora del libro Habilidades del pensamiento para 4º. grado publicado por la editorial Santillana en 2003, así como del libro Aprendizaje situado. Transformar la realidad educando, en coautoría con el maestro Juan Luis Hernández Avendaño.

sábado, noviembre 07, 2020

Cuentos juveniles en Acequias 82



















Como lo comenta el escritor Daniel Salinas Basave en el texto que abre el número 82 de Acequias (“Los rapsodas de la peste”), en todos lados y en todos los medios los seres humanos estamos dejando constancia escrita e icónica de nuestras ideas y nuestros sentimientos ante la actual pandemia. Este material servirá quizá, no lo sabemos, para que en el futuro los historiadores y cualquier curioso del pasado tengan mejor conocimiento de lo que intelectuales, políticos, periodistas, artistas y demás expresaban mientras un virus asolaba —como todavía lo hace hasta hoy— al planeta.

Para promover la creatividad de las y los jóvenes y para saber al menos aproximadamente cómo han atravesado la pandemia, la Escuela Carlos Pereyra y la Ibero Torreón convocaron a un concurso de cuento en dos categorías: preuniversitaria y universitaria. El resultado es muy interesante, pues muchos jóvenes que tal vez no iban a escribir nada al respecto se vieron estimulados a crear relatos en los que asoma su percepción del momento actual, de este anómalo 2020. Llama la atención que en sus ficciones se sienta una especie de hilo conductor que asemeja los relatos pese a sus diferencias. Por ejemplo, que sus personajes hablen en primera persona, casi como un alter ego que expresa sentimientos entrañables, muy próximos; también, la presencia de cierta desesperación que termina por enloquecer, por crear fantasmagorías tras el encierro prolongado, lo que nos habla de la alta valoración de la libertad como prerrogativa social que de momento les ha sido restringida. Si este concurso sirve para favorecer la escritura literaria de las y los jóvenes y de paso saber lo que piensan durante/tras el confinamiento, la convocatoria ha cumplido su propósito. En similar tenor, el número 82 de Acequias suma dos trabajos de otro concurso, el de reseña bibliográfica. Dos jóvenes lectoras de la Ibero Torreón abordan cada una libros muy distintos, ambos valiosos.

Además del ensayo inicial del también reportero Salinas Basave, Acequias 82 suma un artículo de la maestra Laura Elena Parra sobre las fake news; un largo y pormenorizado reportaje del periodista Iván Hernández sobre el auge del ajedrez en tiempos de pandemia; una reseña del escritor Miguel Báez Durán sobre la serie/película Downton Abbey; una reseña sobre una novela de Enrique Medina (escritor argentino lamentablemente poco conocido en México) y un cuento del maestro Raúl Blackaller.

Acequias puede ser leída en la web de la Universidad Iberoamericana Torreón. Su presentación se llevará a cabo este lunes 9 de noviembre a las 5 por la vía del Facebook Ibero Torreón.


miércoles, julio 08, 2020

Acequias 81




















Como cada cuatro meses, ha sido puesta en circulación Acequias, revista de la Ibero Torreón. Contiene material variado en términos genéricos y temáticos. Acceder a su contenido es fácil: sólo hay que ingresar a la web matriz de la Ibero Torreón y allí se encuentra, gratuita, la liga para la revista.
Nunca en la historia de la humanidad había ocurrido lo que todavía no termina: una parálisis global causada por un agente infeccioso microscópico. Los gobiernos del mundo, incluso los más desarrollados, tuvieron que improvisar, y quedó en evidencia que en ningún caso los sistemas de salud habían pensado en una emergencia de tamañas proporciones. Dada la pandemia, el futuro del planeta se vislumbra atravesado por una pregunta sencilla y desafiante: ¿vamos a seguir igual? Hay, con matices, una coincidencia de opiniones: algo se ha hecho muy mal, se han depredado los recursos del planeta y se ha creado una forma de vida individualista, excluyente y dilapidadora. Si algo bueno ha dejado la crisis sanitaria es, quizá, una lección involuntaria: no sabemos cómo será el futuro, pero sí que, así sea por mera supervivencia, deben ser modificadas estructuras de comportamiento que vayan más allá del consumo y piensen con responsabilidad individual y colectiva.
Esta aparición 81 de Acequias ofrece “La epidemia de la soledad”, ensayo de Laura Elena Parra López sobre un hecho que se ciñe a la dinámica social contemporánea: el aislamiento (otra epidemia) al que son aherrojados quienes ya no pueden “producir”. Luego, en “Vistazos a la pandemia”, un recorrido por opiniones de ocho de intelectuales sobre el abordaje que sus gobiernos (de España y América Latina) han dado a la crisis sanitaria.
“Rabia alborozada, crónica de una marcha feminista”, de Lucila Navarrete Turrent, reconstruye la marcha del 8M en La Laguna, acontecimiento que sin duda merecía un trabajo escrito que dejara un testimonio sobre la lucha feminista en nuestra comunidad. De María Guadalupe Puente Muruato, “Aporofobia, violencia pasiva” describe los aportes de Adela Cortina sobre el rechazo al pobre.
A este número se suman “Crónica de una laguna”, de Fernando Fabio Sánchez, quien recorre con mirada poética/histórica la realidad de nuestra región. “El expediente Denegri” es una minuciosa reseña de Vicente Alfonso sobre la más reciente novela de Enrique Serna. Alejandro Badillo colabora con “Pequeñas migraciones”, una reflexión sobre el cambio de aires físico y literario.
Cierran esta edición “Schopenhauer: música, fronteras y razón”, de Salvador Sánchez Pérez, ensayo sobre el valor de la música en la obra del filósofo alemán, el cuento “La chanchería”, del escritor argentino Javier Ramponelli y “Cinco instantes”, primera publicación del joven Alberto Garza.

miércoles, octubre 21, 2015

Internet como tema literario














No sé si abundan, pero ya hay muchos relatos que usan como tema literario al internet y sus herramientas (webs, mails, chats, tuiter y demás). Hay incluso cuentos o novelas en los que, por ejemplo, se habilita la ficción a partir del diálogo inventado en el formato de correo electrónico, como ocurre en la novela Contra el viento del norte de Daniel Glattauer, libro hace poco comentado en estas páginas por mi amiga Laura Elena Parra. Internet anda pues en la literatura, así que ahora es casi imposible que un personaje quede incomunicado en un café debido a una cita incumplida o sienta decimonónica nostalgia por ver a su familia si la persigue a diario en Facebook.
Yo me he aproximado tibiamente al asunto. Apenas hace poco comencé este relato en el que messenger, el ya extinto messenger, detona una aventura. No sé si va bien, pues apenas llevo cuatro cuartillas. Así comienza (disculpen las maldiciones, son parte del asunto para hacer verosímil al personaje):
“Ahora da risa, claro, pero cuando esto comenzó no era así. Muchos, o todos, los que recién usábamos internet veníamos de la edad de piedra en la que enamorarse era asunto de tratamiento en corto, de cortejar a punta de flores, cenas y todo eso. Yo había tenido sólo dos novias y ambas me habían echado de su amor con una patada en el culo. Creo que en parte tenían razón cuando me eliminaron de aquella fea manera: jamás me he considerado bueno para lidiar con las mujeres. Soy tímido y la timidez, como lo saben bien principalmente los tímidos, solemos cagarla desde que comenzamos a intentar nuestras jugadas. Por esa limitación, a los treinta sólo había tenido un par de novias, ambas de buena traza pero sin llegar ni de lejos a bonitas. Más bien eran como del montón, pero a mí me cuadraron porque no se pusieron tan complicadas, y eso para los tímidos es un tesoro. Así fue como después de mi segundo fracaso apareció internet y todo cambio en la vida de los jodidos tímidos. (…) apareció internet y la cosa se puso interesante, ya dije. Les hablo del año 2002, yo tenía treinta y tantos y por fin decidí, porque ya era una moda, comprar una computadora y enchufarla al internet. El técnico que me enseñó los primeros rudimentos de ese mundo me abrió también una cuenta de chat, el famoso messenger ya desaparecido. Me dijo que servía para dialogar con amigos y para descubrir nuevas amistades, y al decir lo último hizo un guiño que por supuesto entendí. El guiño era la clave de un universo que de inmediato me tentó...”.