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domingo, mayo 23, 2021

Mi versión de "Laguna adentro"









En 2003 escribí un poema que, como todos mis "poemas", a la primera estrofa da claras muestras de torcer su registro hacia la narrativa. Lo titulé "Laguna adentro", y corrió con algo de suerte entre mis coterráneos gracias sobre todo a la lectura en clave declamatoria que hacia 2010 grabara Federico Sáenz Negrete por iniciativa de Gabriela Nava Femat, a quienes agradezco hasta la fecha. Hace poco recordé que en 2004, poco más o poco menos, mis amigas Cristina Solórzano y Mariana Ramírez organizaron la grabación de un CD con poemas publicados en la revista Acequias, todos leídos por sus autores. En un principio fui incluido en la selección, grabé el susodicho poema en el estudio de audio de la Ibero Torreón, pero casi al final, no recuerdo por qué, pedí que lo excluyeran del disco. Quizá no me sentía con confianza para considerarlo "un poema", pues siempre me ha dado la impresión de que es un texto más cercano a la crónica, a la memoria, no sé, que a la poesía. Pensé que la grabación se había perdido, pero pasados más de quince años lo redescubrí en un disco duro externo con documentos digitales de respaldo, y hoy que cumplo 57 años me he animado, así sea tímidamente, a compartirlo. Con mi voz no luce igual que con la de Federico, pero bueno, es simplemente otra versión. Aquí está, en esta liga.


sábado, mayo 02, 2015

Proyecto Comarca, libro urgente de Federico Sáenz
























Igual que muchos laguneros, aunque no tantos como sería lo deseable, he recibido y leído con una mezcla bien entreverada de atención, orgullo, indignación y esperanza el libro Proyecto Comarca, de Federico Sáenz Negrete. Estructurado en una especie de zigzag entre el diálogo de dos personajes ubicados a caballo entre lo real y lo ficticio más el ingrediente de numerosas opiniones periodísticas, este documento es valioso porque arracima y da fe de un viejo y caro anhelo lagunero: basados en el origen, las características medioambientales y la idiosincrasia del lugar, muchos habitantes de esta zona de México sienten, sentimos, que hemos sido histórica, criminalmente saqueados y ninguneados, y eso no puede durar para siempre a riesgo de comprometer, así de simple, la viabilidad material de la región. Basta traer cuatro párrafos de la página 136 para darnos cuenta del imperativo:
“Las inversiones, con recursos fiscales extraídos a La Laguna, crearon el entorno adecuado para que las capitales de los dos estados sembraran lo que ahora cosechan. Saltillo y Durango gozan de un crecimiento económico que es el resultado de un esfuerzo bien planeado. La Laguna, víctima de ese plan, ha quedado criminalmente rezagada.
Hemos tenido que tocar fondo para darnos cuenta de la estafa en la que hemos caído al creer en las promesas fáciles de los políticos coahuilenses y duranguenses. Los laguneros vivimos en un entorno de abatimiento y desesperanza al ver desaparecer nuestro alegre y optimista modo de vivir.
Los laguneros estamos dispuestos a dar la batalla para sal­var a nuestra Comarca. Coahuila y Durango no comprenden la situación en la que estamos metidos. Es preciso, urgente, indispensable, la creación del Estado de La Laguna. Los lagu­neros tenemos que decidir nuestro futuro, tenemos que aplicar las soluciones necesarias para contar con porvenir.
Es una ilusa, inconsecuente, inmoral utopía pensar que podremos sobrevivir si no creamos el Estado de La Laguna. Además, la República se va a beneficiar al recibir de nuevo los enormes recursos fiscales que nuestra región siempre aportó y que ahora, sumidos en el abandono (la palabra ‘sabotaje’ sería más precisa), no estamos produciendo”.
No estaría mal que los laguneros interesados en este libro le escriban a su autor: fsaenznegrete@hotmail.com Sospecho que después de conseguir y leer completo su material coincidirán en algo o en todo con él. Urge que todos aquí visitemos esas páginas.

miércoles, noviembre 13, 2013

Cuaderno de hojas ya imborrables




















Conocí a Carlos Canales Cobo en 1985. Fue en la ceremonia de premiación del primer concurso de cuento Magdalena Mondragón organizado por el Departamento de Difusión de la Universidad Autónoma de Coahuila Unidad Torreón. Aquel departamento tenía su sede sobre la calle 12, entre Juárez y Morelos, de Torreón. Tanto Carlos como yo fuimos a recibir una mención honorífica otorgada por el único jurado del concurso, el novelista Rafael Ramírez Heredia, quien estuvo presente. También estaba allí, claro, Alfredo Hernández, ganador del primer lugar.
La ceremonia ocurrió un mediodía, y tuvo prensa local. Recuerdo que la pequeña sala del edificio lució abarrotada, pues hasta ese momento no eran tan comunes los concursos literarios en nuestra comunidad. He dicho en otras ocasiones que ningún reconocimiento me ha provocado más alegría que aquella modesta mención honorífica, pues fue el primer espaldarazo de este tipo a mi carrera de escritor, entonces indecisa. Crucé dos o tres palabras con Ramírez Heredia, quien para entonces habitaba los cuernos de la popularidad debido a que unos meses antes había ganado el premio internacional de cuento Juan Rulfo, en París, con su famoso Rayo Macoy. El ambiente fue festivo, nos tomaron fotos y por supuesto no faltó un apretón de manos a Carlos Canales Cobo. Conservo el recorte de prensa donde en la misma nota, casi en el mismo párrafo, se informa que Carlos y yo obtuvimos mención.
Durante 25 años supe pues que Carlos escribía y, sobre todo, que era un lector insaciable y atento. Dos, tres, cinco, siete veces me lo encontré aquí y allá, lo que en La Laguna sigue siendo posible. Nos saludábamos, cruzábamos unas cuantas cordiales palabras y nos despedíamos. No puedo decir por ello que haya sido mi amigo, pero sé que ambos conservábamos el buen recuerdo del concurso al que enviamos un cuento que al final no pasó del todo inadvertido. Creo que también coincidimos, como colaboradores externos, en las páginas de la revista brecha en donde yo, luego, edité durante ocho años el suplemento cultural la tolvanera.
Hacia el 2011 conocí a Patricia Mediana Pegram, esposa de Carlos, gracias a Domingo Deras, amigo común. Creo que en nuestra segunda conversación Patricia me enteró que Carlos había dejado algunos cuentos y deseaba saber si tenían la calidad suficiente como para intentar su publicación póstuma. Me los envió y apenas fue necesario hincar el ojo a las primeras cuartillas para advertir que se trataba de textos con una prosa limpia y una mirada profunda sobre la condición del cuento como estructura y, principalmente, sobre la narrativa como rendija para otear la condición humana. Muchos meses después, más de los que yo hubiera deseado, esos cuentos han quedado agrupados en Cuaderno de hojas tristes, libro que presentamos esta noche.
No dudo en enfatizar que se trata de ocho cuentos que delatan un asombroso oficio de cuentista. Digo asombroso porque Carlos no escribió mucho, pero en estas ocho historias es visibilísimo que detrás de sus anteojos había una mente muy bien acondicionada para construir historias eficaces. Eso se debe, sospecho, a que más allá de la escritura en Carlos habitó un lector minucioso, un gourmet de buena literatura. Tanto sus estudios como su mundo laboral estaban lejos del ambiente artístico local, pero en la soledad de su descanso puedo imaginarlo frente a la reflexiva página literaria, acaso siempre con el lápiz y el cuaderno de notas que servirían, llegado el tiempo, para escribir.
Destilados poco a poco, los cuentos de Cuaderno de hojas tristes exhiben pues la mano de alguien que piensa y que siente, no sólo de un lector agudo de libros, sino de realidades cotidianas que envasadas en relatos nos comunican una grata experiencia de vida. En otras palabras, veo en este racimo de páginas las tres virtudes que suelo destacar en un buen hacedor de cuentos: prosa sin tropiezos, estructuras cuentísticamente válidas y colmillo para observar el alma humana. Con este libro sin ripios, Carlos Canales Cobo nos seduce y deja una prueba contundente de que la literatura, entre otros muchos intereses, habitó su alma.
Luego del hermoso prólogo de Patricia Medina, comenzamos a leer los cuentos y a su vez comenzamos a coincidir con ella: “Qué ganas de poder escribir así”, dice Patricia. Y yo afirmo, con verdad, que es cierto: hay pliegues envidiables en cada relato, recovecos en los que se nota una mirada humana, cálida, honda, generosa siempre. Carlos, me parece, fue un voyeur del espíritu, un escudriñador de la interioridad donde se agazapan nuestros sentimientos, un hombre que bien supo caminar dentro de sí mismo, eso que suele ser la andanza más difícil.
Noto una apretada unidad de tono y de enfoque en los ocho cuentos, casi como si hubieran sido pensados para habitar un mismo libro, éste. Creo que Carlos Canales Cobo no los concibió así. Sé que los fue escribiendo poco a poco, porfiadamente, acaso sin pensar que alguna vez iban a configurar un todo. Eso habla bien, demasiado bien, de su congruente procedimiento. Quizá no sabía si los relatos avanzaban de manera solvente, pero siguió escribiendo con una noción clara de la textura prosística, de la estructura del cuento y, sobre todo, del tipo de personajes que se iban hospedando en sus historias. Al final, insisto, logró un producto más que estimable, como lo podremos apreciar si hacemos la prueba de fuego a todo libro de cuentos: leer dos o tres al azar, los que queramos. Apuesto doble contra sencillo que Cuaderno de hojas tristes nos tomará de las solapas y no nos dejará escapar hasta leerlo íntegro.
“Aniversario”, el primer cuento, es una maravilla que narra la imposición antigua, aunque no tan remota, de cierto tipo de matrimonio a las mujeres. Es un cuento conmovedor, escrito en sutil defensa del albedrío que debe tener la mujer para elegir su destino familiar, no el que le enjareta el entorno en el que ella vive.
“Las cartas de la esposa” es un poco lo contrario al cuento anterior: la mujer que pugna hasta el dolor por hacer feliz al hombre que ama. Creo que es el relato más poético del conjunto y por eso mismo uno de los más conmovedores.
“El experimento” y “Los amantes” son los dos más jocosos. El primero, con un viaje retrospectivo a la adolescencia y los peculiares amigos, al recuerdo como reconstrucción del pasado. “Los amantes” es, desde el punto de vista meramente estructural, una obra maestra: se trata del cuento mejor edificado del racimo. La sorpresa final, ya lo leerán, es un mazazo para todos. “Gas” anda un poco en ese registro un tanto jocoso-nostalgioso, y gusta sobre todo por la simpatía que irradia un personaje: Pedro, dueño del bocho que pese a su final trágico no deja de parecer encantador.
“La alberca” y “El maestro” son dos homenajes. Uno a su extraordinario y callado suegro, y otro a Max Rivera, aquel mítico profe y cinéfilo lagunero. En ambos casos, Carlos Canales pinta al óleo dos perfiles entrañables, uno por su disciplina como instructor de natación y otro por su entrega a la narración oral como forma de la enseñanza. En ambos casos, lo aseguro, estamos ante cuentos redonditos.
“El segundo que suena más fuerte” cierra Cuaderno de hojas tristes. Es un relato escrito a cuatro manos, una evocación en la que todas las formas del cariño son posibles, desde el cariño a los amigos al cariño al arte, desde el cariño a los hijos al cariño a la vida, y etcétera.
Por todo, me siento orgulloso de este libro, tanto que me resulta imposible no celebrarlo y no recomendarlo. El gran ser humano que fue Carlos Canales Cobo vive en estas páginas. Dialoguemos con él.
Comarca Lagunera, 13, noviembre y 2013

Cuaderno de hojas tristes, Carlos Canales Cobo (prólogo de Patricia Medina Pegram), Gobierno del Estado de Coahuila-Ayuntamiento de Torreón, Torreón, 2013, fue presentado el 13 de noviembre de 2103 en el marco del Festival de la Palabra Enriqueta Ochoa en la Galería de arte contemporáneo del Teatro Isauro Martínez. Participamos Patricia Medina Pegram, Federico Sáenz y yo.

domingo, agosto 15, 2010

Federico sobre Paco



Hace un año, el 6 de agosto de 2009, Federico Sáenz Negrete presentó Tres amores (o más), el último libro que Paco Amparán publicó en vida. Sáenz leyó varias ideas de un texto-guión. Vi a Federico el jueves, al final del homenaje a Paco en el Museo Regional, y prometió que me enviaría aquellas palabras. Ahora siento la necesidad de compartirlas porque, pese a su estructura de mera pauta, hay ideas que, sospecho, son relevantes. Esto dijo Federico Sáenz aquella noche de agosto:
Cuando abrimos un libro, abrimos una ventana al mundo entero, al abanico completo de posibilidades existenciales, a la historia, a las reflexiones más profundas. Cuando el narrador, o el escritor, es tu semejante, lo conoces, sientes que el punto de vista es el tuyo. Que la realidad mundial tiene que ver contigo.
Estamos acostumbrados a leer obras y ensayos escritos por personas que radican en Nueva York, París, la Ciudad de México. Y aquí en La Laguna tenemos la gran riqueza de que somos un pueblo lleno de escritores, de escritores prolíficos y profundos. Esa es una riqueza que no podemos hacer a un lado. Ahora, las voces fundamentales de nuestra civilización están siempre en las grandes capitales. La globalidad también es concentración injusta y destructiva de talentos en sitios determinados, el resto, los que se quedan en su lugar de origen, no tienen la resonancia debida. Sin embargo, sus vecinos gozan de la oportunidad de insertarse, a través de su escritor, en el devenir contemporáneo. Eso es extraordinario.
Un buen tema de tesis doctoral podría ser un análisis estadístico de la dispersión y concentración geográfica de los pilares de la civilización a través de la historia. Siento que hasta ahora sufrimos esta concentración.
Kant nunca viajo más allá de 40 kilómetros. No hubiese conocido ni Paila ni Viesca. Siento que hasta ahora, justo cuando la globalidad prometía poder cambiar el mundo desde Parras, justo ahora que hay tanta comunicación, siento que hay que ir a una fila cada vez más larga para pelear por cada vez menos espacios en lugares cada vez más concentrados.
En La Laguna tenemos escritores extraordinarios. Tierra fértil para las letras. Tierra de escritores prolíficos y profundos, valientes y, si se me permite, bragados, ya que para lograr romper la inercia de la indiferencia comarcana, para abrir huecos en los presupuestos insuficientes, para ver sus obras impresas, tienen que trabajar con el mismo fervor, con el mismo ahínco que el campesino cuando, desafiando tantas adversidades, coloca la semilla en la tierra esperando el fruto.
Admiro a los escritores laguneros que han mantenido erguida la bandera del arte en La Laguna ante el decaimiento del teatro y de otras… artes, dicho así para no ofender susceptibilidades.
La lista de publicaciones y de premios nacionales que muchos de los escritores laguneros han ganado es impactante. Rompen, destrozan, aniquilan el paradigma de que no se puede conquistar el mundo desde La Laguna, y no hay necesidad de emigrar cuando se tiene el ánimo bien plantado. Por eso mi reconocimiento a la trayectoria que Paco bien narra en el capítulo que aporto al libro Llanura sin fin que publicó el municipio.
Jaime Muñoz escribió un artículo este domingo en donde narra su crecimiento en las letras: créanme que estuve tentado a simplemente leerlo para tratar de explicar lo que me mueve en estos momentos.
Tres amores (o más), tres cuentos de manufactura impecable, llenos de ingenio e inteligencia, pródigos en lugares que reconocemos, en donde vemos personajes bien delineados e interesantes, enmarcados en una narración sencilla y contundente. No hay manera de distraer la atención. Pavana a cuatro voces, como dice Gerardo de la Torre en la contraportada, narra “los misterios alrededor de un aparente pacto de muerte: una psiquiatra, un sacerdote y dos suicidas ofrecen un mosaico polifónico que detalla el acontecimiento detonador y lo saca de la nota roja para convertirlo en una evocación de la culpa y la búsqueda del perdón”… me encantó la descripción, por eso la repito. Crónica para Helen, una hermosa historia contada en dos dimensiones, el diario de la niña y la vida de Helen, el diario y la realidad, espejos simultáneos de una sola realidad que ocurre de diferente manera y se cuenta con voces distintas. El que de plano me encanto fue De cómo gane la guerra… Qué aventura, qué personaje el del abuelo, qué manera de referirnos a la historia de la Segunda Guerra partiendo de la cotidianeidad postcrisis de los ochentas. Cómo se vivió desde La Laguna ese evento mundial y cómo sirve de telón de fondo para, utilizando su lenguaje, describir una batalla más intensa para ambos, abuelo y nieto, la de ganar una batalla realmente importante. (…) por eso brindo hoy, aquí, por Francisco Amparán y por la edición que la UAdeC hace de los escritores coahuilenses del siglo XXI, muchos de ellos laguneros. Enhorabuena.