domingo, agosto 09, 2009

Rogelio Ramos, etnógrafo del humor



Lo he visto tres veces y las enumero: 1) en el bar Cantares, donde por primera vez me quedé chiva con su capacidad humorística; 2) en una posada del grupo Multimedios, donde confirmé su talento para el relato pícaro; y 3) el viernes pasado en un salón del hotel Crown Plaza, donde amenizó una actividad empresarial y dictó cátedra como etnógrafo del humor, nuestro etnógrafo del humor. Enfatizo el pronombre posesivo “nuestro” porque Rogelio Ramos es, evidentemente, nuestro observador cómico más agudo en el mundo del espectáculo, el humorista que con más filoso bisturí ha examinado y examina las tripas de la realidad social, económica y cultural de La Laguna. Es, en pocas palabras, el mejor ridiculizador de nuestra ridiculez, un humorista que como quien no quiere la cosa pasa su risueña aplanadora sobre los hábitos, las conductas, las aspiraciones y los miedos del grupo, de la época y del lugar que nos han tocado en suerte.
Aunque no sería malo que lo fuera, no es un cuentachistes, un memorizador de chascarrillos al estilo del imbatible Jojojorge Falcón, amo y señor del chiste y la fealdad facial en el reino del humorismo mexicano. Tampoco es un actor de comedia al estilo de Derbez, quien gracias a sus disfraces y sobre todo a sus guionistas ha logrado colocarse como mandoncillo del humor (en lo personal, casi todo lo que hace me parece fallido). Tampoco es, como Andrés Bustamante o Mr. Bean, un mago del sketch situacional. El más cercano referente que le puedo encontrar a Rogelio Ramos es el de Adal Ramones y sus monólogos, aunque en el caso del lagunero el discurso está muy bien aderezado con los ingredientes adicionales de la imitación paródica a cantantes y una mimesis corporal que no sobrexplota y siempre ejecuta con solvencia. En efecto, además de las historias narradas, Ramos conduce parte de sus rutinas hacia el terreno de la imitación: las de Chente Fernández, Juan Gabriel, Alberto Vázquez, Lupe Esparza y el Potrillo Fernández le salen perfectas, con voz suficientemente bien colocada e, insisto, con una gestualidad y un manejo corporal que sirven para ubicar a “los famosos” en el ámbito de la caricatura en vivo.
Pero no son ni los chistes intermedios (como ciertos gags en cine), ni las imitaciones, ni la gestualidad, ni el dominio corporal ni nada de eso lo que hace peculiar y grato el trabajo de Rogelio Ramos. Hay algo más profundo y novedoso, algo que puedo sintetizar en lo que, sospecho, es su principal fortaleza: una mezcla de pelangocho desenfado retórico y una profunda capacidad para observar (para observar con los ojos, claro, pero principalmente para observar con los oídos, si se me permite la quevediana expresión) los ritos de la sociedad en la que nos movemos. Puntiagudo, espina de cardenche al fin, Ramos da la impresión de que, como etnógrafo, se instala en los círculos sociales y mira, oye, huele, palpa, y con la experiencia recogida destila luego el sabroso veneno de su humor. Hay tanta materia prima que puede articular rutinas en las que va descabechando (¿el verbo “descabechar” es un lagunerismo?) a todo el que se le atraviesa en el camino. La etnografía, o sea, el “estudio descriptivo de las costumbres y tradiciones de los pueblos”, anda pues sutilmente incrustada en el trabajo que Ramos configura.
Es por eso que los espectáculos por él montados suelen ser largos discursos cuya estructura, en general, avanza por un tema eje o diégesis (por llamarlo de algún modo más o menos mamón). Mientras tal diégesis o historia eje es desarrollada, el humorista introduce subrelatos o metadiégesis, historias secundarias que parecen digresiones y que ayudan a enriquecer la historia principal, además de eliminar el posible tedio o la monotonía que pueda ir generando el asunto vertebral de la rutina. Así, en ese pespunte entre una historia matriz y varias ramas desprendidas, el show de Rogelio Ramos logra mantener atado al público, todo con el solo y poderoso recurso de la palabra, es decir, sin disfraces, sin luces, sin edecanes buenototas ni efectos de sonido. Lograr que eso dure más de una hora no es sencillo, pues cuántos cómicos hay (Ortiz de Pinedo) que al primer chistorete ya queremos que se larguen a ver si ya puso la marrana.
Nadie escapa a las rutinas de Rogelio Ramos, sobre todo el amplio sector social ubicable en la franja de la clase media baja, media media y media alta trepadoras. Ese es su público meta, el mismo que tiene los recursos para acceder a sus shows, además de la apertura y la necesidad de desahogar el estrés que provoca el rapelismo social. La mitología clasemediera es pasada por el carajo microscopio de Ramos, quien hilvana un discurso en el que se pueden apreciar el sinsentido, la banalidad y la mequez del mundillo arribista en el que todos queremos ser chingones sin importar a quién chinguemos.
El hombre, el macho, aparece en Ramos con toda su galería de tics sociales. Suele ser güevón y bruto, lambiscón, mediocre pero sobrado; si es joven, se quiere tragar el mundo de un bocado, es insolente, incrédulo, un burrazo en la escuela y echón hasta el asco. Si es cuarentón, anda en broncas económicas, toma kilos de Viagra porque ya no paraguas cuando está en la caja de bateo, ante sus amigos se siente Tarzán pero en corto, frente a su esposa, es un puto mandilón (mandil de la casa y oscuridad de la calle) que deja a Gutierritos en calidad de playboy. Si es viejo, padre de familia a la vieja usanza, es machote químicamente puro, no le da explicaciones ni a su madre y juzga que sus hijos (acaso con razón) son una sarta de pendejos que se deja maniatar al primer gruñido.
A la mujer le da por su lado. Ramos no se le va encima, a la yugular, de inmediato, pues sabe que, como público, las chicas superpoderosas aguantan menos la carrilla. Primero se las echa a la bolsa, les dice hermosas e inteligentes (más que los hombres), pero conforme avanza el espectáculo va aflorando toda la carcoma de las señoras y señoritas que son verdaderos paradigmas de darwinismo social. Son dominantes, berrinchudas, románticas a la antigua en un mundo pragmático y hojaldre, criticonas, macuarras, competidoras y obsesivas del estatus. Si son jóvenes, son algo taradas y por tanto presas fáciles de cualquier chabacana frivolidad.
En resumen, Ramos es a su manera un crítico certero de la chusca vida que se han (que nos hemos) hecho los clasemedianos. Entre las palabrotas y la aparente simplonería, detrás de un espectáculo que aparenta ser sólo eso, un espectáculo, hay un etnógrafo involuntario, alguien que nos mira, nos analiza y se carcajea. Es Rogelio Ramos, el mejor humorista de la comarca lagunera.

sábado, agosto 08, 2009

Manson: hace cuarenta



No recuerdo si fue en Discovery o en algún otro channel semejante, pero sí tengo claro aquel semblante contraído por el rencor, los ojos desorbitados de loco ideal y el greñero que le añadía el mejor aspecto salvaje que era menester para enunciar, con la tranquilidad de quien declara que hoy es un lindo sábado, lo siguiente o algo parecido, pues lo cito de memoria: Qué bueno que me encarcelaron; si no lo hubieran hecho, seguiría matando hasta acabar con la humanidad. Es, si la cito correctamente, la frase más acabada que he escuchado de un asesino por naturaleza, de alguien para quien el ser humano en su totalidad es una cosa abominable que no merece ni el aire que respira. La enunció, ya lo saben, Charles Milles Manson, quien nació en 1934 en Cincinnati, Ohio, y se convirtió en una celebridad mundial gracias a que fundó una secta llamada La Familia (no en Michoacán) y cometió varios asesinatos, entre ellos —el más famoso— el perpetrado contra la joven actriz Sharon Tate, esposa entonces del director de cine Roman Polanski.
La figura de Manson no es simpática ni merece siquiera el trato irónico de una nota con tufillo a irreverencia sólo para que nadie diga que uno está del lado de las buenas conciencias. Ni de ese lado, pues, ni del otro, el oscuro que muestra los grados de brutalidad a los que puede conducir el alucine de las drogas y la ritualística pendeja de las sectas milenaristas que abundado han. Lo que se puede ver mejor en la historia de Manson es, a mi ver, el sinsentido de grupúsculos que para ahorrarle penas al mundo deciden arrasar con todo lo que se mueva, actitud que suele pegar muy bien, sobre todo, entre la juventud que todavía no halla su sitio, si es que alguno tiene, en el universo de las ideas.
Así Manson, un tipo con poderoso carisma y buena labia que a finales de los sesenta logró seducir a varios cabecitas huecas que de inmediato se ciñeron a sus órdenes, órdenes cuyo baboso contenido obligaba a matar carniceramente, con la saña más absurda.
Hace cuarenta años, el 8 de agosto de 1969, adictos a la figura del líder Manson entraron a la casa del cineasta Polanski y mataron a su esposa y a tres de sus acompañantes. Lo hicieron con encono de fieras; a Sharon Tate, quien tenía ocho meses de embarazo, la apuñalaron y le rajaron los senos. Los cuchillazos alcanzaron, obviamente, a su hijo nonato. También a puñaladas mataron a los otros, y en las paredes escribieron con sangre la palabra pigs. El caso ocurrió en una mansión de Cielo Drive, Beverly Hills, California, y fue, como es lógico en una sociedad devoradora de novedosas atrocidades, un escándalo en la prensa, que siguió los detalles de la captura, las indagaciones y el juicio con toda meticulosidad. Manson, el cabecilla de los locos, alcanzó el estrellato como quintaesencia del Mal. En 1971 fue condenado a muerte, pero luego, por la suspensión temporal de la pena capital en California, le conmutaron esa pena por la de cadena perpetua. Desde entonces habita en la sombra, metido en cuatro paredes que sin embargo no han logrado aislarlo del hit parade mediático.
Como bien lo consigna una nota de ayer publicada en La Opinión, según palabras de Vincent Bugliosi, fiscal encargado de acusar a Manson en 1970, ningún convicto en EUA recibe tanta correspondencia y “Hoy casi todo grupo moralmente reprobable de Estados Unidos, desde los satánicos a los skinheads neonazis, se alimentan de Manson y de su filosofía envenenada. (…) Es su ícono espiritual, el máximo sacerdote del odio contra el establishment”. Sin moralina, no creo que esté nada mal odiar al establishment, pues bien se lo merece al ser tan estúpido e injusto. Lo anómalo del caso es el método, la saña ciega y disparatada que suele seducir a tantos que se las dan de liberadores malditos y rayan en la misma barbarie idiota y estéril que dicen combatir.

viernes, agosto 07, 2009

Un pequeño triunfo



Ganan una millonada por su alta competencia y para hacerlos, se supone, incorruptibles, pero de todos modos son mexicanos, están en México y todo es posible. Me refiero a los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quienes ayer hicieron que algunos corazones palpitaran de desahogo al aceptar que fuera creada una comisión que investigue si se registraron violaciones graves a las garantías en el percance de la guardería ABC. Fueron ocho votos a tres, goliza que demuestra la pertinencia de que un problema como el suscitado en Hermosillo sea llevado a los más altos foros de la justicia mexicana y siente un precedente inmediato, ejemplar e inolvidable.
Tampoco será esto, claro, un castigo a los culpables, pero el hecho de que la SCJN entre en escena demuestra el tamaño de la atrocidad perpetrada en Sonora contra pequeños en edad de protección extrema. La intervención de la Suprema es, en el escenario de escepticismo que padecemos, un buche de agua fresca que permite renovar un poco la fe en la sana intervención del Estado cuando la ciudadanía sufre atentados en contra de sus más elementales garantías, el derecho a la seguridad y la vida en una etapa, la niñez, que en teoría depende sólo de las decisiones que toman los adultos, en este caso los administradores de las guarderías.
María del Rosario Mota Cienfuegos y Carlos Ronzón Sevilla fueron designados por la Suprema Corte para encabezar la investigación. Ellos reunirán y analizarán la documentación que permita aclarar qué dosis de omisiones y errores administrativos permitieron el desaguisado de la ABC.
El plazo que se dio para establecer un informe sobre los hechos fue de seis meses. En ese lapso, los encargados de la comisión deberán explorar, en efecto, todo lo relacionado al caso específico de la guardería hermosillense, pero de paso deberán extender sus resultados al examen de todo el cuestionado sistema de guarderías en el país. “Los ministros Sergio Valls Hernández, José Ramón Cossío, Genaro Góngora Pimentel, Olga Sánchez Cordero, Juan Silva Meza, José de Jesús Gudiño Pelayo y Fernando Franco González Salas, coincidieron en que existen elementos para presuponer que se registraron actos y omisiones de servidores públicos que generaron violaciones de garantías no sólo a causa del incendio, sino antes y después de los hechos”, aclara la nota.
Gracias, entonces, al interés de algunos ministros como Sergio Valls Hernández, Genaro Góngora y Juan Silva Mesa, quienes hicieron suyas las peticiones de los padres de familia afectados, el brutal incendio de la ABC pasó a tener un interés capital para la justicia mexicana, dado que a partir de aquí no se perderá en el enredo exculpatorio de las instancias judiciales que hasta el momento han investigado el hecho y, como siempre, tiran la bolita para todos lados y ninguno. La intervención de la Suprema permitirá alcanzar alguna luz de verdad sobre el hecho concreto del incendio ocurrido el 5 de junio, pero también se sentará el precedente sobre la atención que reciben los niños en las guarderías del país y sobre el manejo administrativo que se está dando en el sistema nacional de guarderías. Se verá, entonces, si todo avanza por el camino adecuado, qué tanto son un negocio de primos y compadres y qué tanto son espacios de atención a los hijos de trabajadoras que, sin otra alternativa, deben recurrir a los servicios de las estancias que, ya se vio, en muchos casos están siendo manejadas por logreros cercanos a los grupos de poder y no por ciudadanos con espíritu de servicio. No hay que echar, es verdad, hurras de alegría, pero creo que es un mínimo motivo de contento, un pequeño triunfo, que la SCJN ya tenga los ojos colocados en el funesto incendio de la ABC.

jueves, agosto 06, 2009

Federico Peltzer



Una nota periodística completa tomada de La Nación de Buenos Aires (gracias a Juan Pablo Neyret por hacérmela llegar):
“Falleció en esta ciudad, a los 85 años, Federico Peltzer, poeta, ensayista, novelista, que brilló con una honda veta humanista en el mundo de las letras, a la vez que ejerció el derecho y llegó a ser juez de cámara.
Muchas veces, desde los años 50, las páginas de La Nación acogieron su pluma en cuentos y poesías, comentaron sus libros o buscaron su afilada opinión en entrevistas. Tenía un sobrio vuelo lírico, con raigambre religiosa, y un certero afán ciudadano de afrontar los problemas de la patria, que sentía con intensidad. Publicó también en La Prensa, Sur, La Gaceta y otros medios.
Era miembro de número de la Academia Argentina de Letras desde 1978. Fue tesorero de la institución, valorado por su honestidad y su consagración, desde 1989 hasta el 12 de marzo último, cuando, estando ya muy enfermo, se le aceptó la renuncia. Era miembro correspondiente de la Real Academia Española.
Nacido en Buenos Aires en 1924, se graduó de abogado en la UBA en 1948. Fue juez en lo civil y camarista hasta 1975. Colaboró con Guillermo Borda en su tratado de Derecho Civil. Fue profesor de literatura en la Universidad del Salvador y en el Instituto Argentino de Cultura Hispánica.
En 1955, su novela Tierra de nadie obtuvo el premio Emecé. En 1958 logró el premio Kraft por su novela Compartida. La sed con que te llevo (poemas) recibió en 1964 la faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). En 1977 recibió la Pluma de Plata del Pen Club. Y en 1996 lo premió en narrativa el Fondo Nacional de las Artes.
Otras novelas suyas fueron La noche, 1966; La razón del topo, 1971; La vuelta de la esquina, 1986; Aquel sagrado suelo, 2000. En poesía, escribió La sed con que te llevo, 1964; Poesía secreta, 1978; Los oficios, 1989; Los poemas del niño, 1991; El silencio y la sed, 1994; Cantares en el tiempo, 1994, y Un ancla en el espejo, 1995.
Peltzer admiraba a Borges, a Mallea, a Denevi, a Carmen Gándara. Enriqueció su ficción con elementos históricos, como los de la Guerra del Paraguay. Estimaba que la muerte es lo que da sentido e intensidad a la vida. ‘Al limitarla, se nos exige que demos el máximo de nosotros mismos’, decía. La mi muerte tituló un libro de poesía, de 1969.
El sepelio se efectuará hoy, a las 11, en el cementerio de la Recoleta. Por la Academia de Letras lo despedirá su presidente, Pedro Luis Barcia”.
A muchos miles de kilómetros de distancia, en Torreón, hoy resiento no haber conocido en persona al dueño de esa muerte. Una nota al pie de página (p. 175) de mi libro Ojos en la sombra explica la razón de mi pesar: “El 20 de octubre de 2005 recibí un sobre fechado en Buenos Aires, Argentina. Además de dos libros magníficos, contenía una carta escrita en Remington y membretada por el Tesorero de la Academia Argentina de las Letras; es ésta: ‘Distinguido señor: Nuestro común amigo, David Lagmanovich, me ha hablado mucho de Ud. y de su benévola preferencia por las letras argentinas, en particular por el cuento. El me ha sugerido que le envíe algunos libros míos; así lo hago ahora con estos dos, que son los últimos que publiqué en lo que a cuento se refiere. / Me sentiría muy honrado si pudiera, a partir de ahora, mantener una correspondencia con Ud. y conocer sus actividades. Desgraciadamente, a pesar de los esfuerzos de algunos, las distancias todavía nos separan más de lo que nos une la lengua. / Reciba mi cordial saludo: / Federico Peltzer’”. Los cuentos que me envió son espléndidos. Por eso, de uno de ellos tomé una línea para epígrafe de todo mi Ojos en la sombra: “Las situaciones raras, los argumentos ingeniosos, nada de eso vale para mí. El hombre, siempre detrás, es lo que importa”. Sí, el Hombre es lo que importa.

miércoles, agosto 05, 2009

Góngora en Facebook



Tal vez luego, pero hasta ahora no le he entrado al Facebook, espacio que tal vez prejuiciosamente ubico en los dominios de un quinceañerismo ocioso y chirinolero. Por eso, cuando me llegan invitaciones las arrojo en la papelera del buzón y me sigo conformando con mis dos herramientas de comunicación internética: el mail y el blog que a estas alturas ya parecen, para la juventud, chácharas pesimonónicas.
Para mi apolillada sorpresa leí ayer una nota cabeceada así: “Proyecto sobre guardería propone no atraer el caso”. La complementaba este sumario: “Publica el ministro Genaro Góngora Pimentel, a través de su página en Facebook, que su compañero, el ministro Sergio Aguirre Anguiano, le propuso no crear una comisión investigadora”. No sé qué me dejó más lelo: saber que el ministro Aguirre no quiere crear una comisión investigadora sobre aquel delito de lesa niñez sonorense o saber que el ministro Góngora (quien por cierto me cae muy bien) usa Facebook para comunicar sus jurisperitas inquietudes.
Sea cual fuere el medio, eso sí, la revelación del ministro con espacio en la “red social” advierte sobre el pocamadrismo al que se puede llegar para detener un procedimiento que, por otro lado, no está de más; la nota añade (El Universal de ayer, firma Carlos Avilés): “Góngora Pimentel explica que el proyecto que presentó Aguirre Anguiano ante el Pleno propone no ejercer la facultad que les confiere el artículo 97 de la Constitución para indagar violaciones graves de garantías, ‘porque ya están en curso investigaciones por parte de las autoridades competentes’”.
En la última cuenta que hice antes de mis vacaciones me quedé en 47 niños muertos; ya van 49, más, obviamente, los heridos graves que permanecen hospitalizados. Por eso, “Minutos después de que Aguirre diera a conocer, durante la sesión pública de ayer, que solicitó informes en torno al caso de la guardería a la Procuraduría General de la República, al Instituto Mexicano del Seguro Social, a la Secretaría de Gobernación y a la Comisión Nacional de Derechos Humanos y de que repartiera su dictamen, el ministro Góngora Pimentel colocó el siguiente comentario en su página: ‘A estudiar cuidadosamente el proyecto del Ministro Aguirre’”.
Claro que tal propuesta debe ser cuidadosamente estudiada mañana jueves. Ojalá los ministros la contradigan, pues parece blanda en relación a la gravedad del caso. No se sabía cuál era su contenido, pero Góngora Pimentel lo aclaró como respuesta a uno de sus contactos en Facebook: “El proyecto propone no ejercer la facultad de investigación porque ya están en curso investigaciones por parte de las autoridades competentes”. Si eso es cierto, habrá que recordarle al ministro Aguirre Anguiano que precisamente porque ya están metidas las autoridades “competentes” es por lo que no debemos esperar nada nuevo ni bueno. Pasa siempre: ocurre una desgracia, un crimen, algo, lo que sea, y de inmediato actúan las autoridades “competentes”. Luego de eso pasan semanas, meses, y todo se diluye en papeleo, en notas periodísticas cada vez más pequeñas que en menos de lo que uno piensa son engullidas por la indiferencia y el olvido.
En el caso de la guardería ABC, por supuesto, que las autoridades competentes sigan desarrollando su competente examen de los hechos y al final ofrezcan sus competentes resultados, pero eso no debe obstruir ni posponer el ejercicio de una facultad que tiene la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que es exactamente, como lo sugiere el ministro Genaro Góngora, la de indagar si allí hubo o no violaciones graves a las garantías constitucionales que se supone arropaban a los niños y sus familias. Dicho eso, vale lo mismo que el foro de tal propuesta haya sido Facebook o cualquier otro. Lo importante es no darle la razón al ministro Aguirre.

domingo, agosto 02, 2009

Mil rutas



De chiquito aprendí muy bien a ser desorganizado; lo he sido en todo, pero cuando empecé la aventura casi infructuosa de escribir vislumbré, solo y a tientas, que este oficio de tinieblas requería un poco de orden, un mínimo hilo ariadnesco para no extraviar el rumbo en el laberinto de papeles convocados por el trato con las palabras. Así, a los 17 comencé la compra y el acomodo de mis libros; poco después, a los veinte, los primeros borradores de mis malacuchos cuentos quedaron penosamente (lo que significa con vergüenza, no con dificultad) ordenados en cuadernos que sólo yo me atrevo a escudriñar. Recuerdo que emprendí un conato de fichaje bibliográfico, pero casi de inmediato desistí; hice resúmenes de lecturas, acomodé por fechas suplementos y revistas culturales, rotulé carpetas para guardar originales y copias con tachaduras de corrección. Con el paso del tiempo y la llegada de obligaciones adultas, las oportunidades para seguir un orden escasearon y fue entonces cuando el caos se apoderó, por lapsos, de mi silenciosa labor. Incómodo por no tener control, esbocé un plan de autoadministración literaria y cada cierto tiempo ajustaba tuercas, abría carpetas, ordenaba un tanto el feo caos que devoraba mis quehaceres.
La llegada de la computadora me permitió, en 1993, una mejor organización gracias a la virtualidad. Fue un poco más sencillo y, con el paso de los años, considero que he alcanzado experiencia para coordinar sin ningún auxilio externo una vida literario/periodística, la mía. En 2005 recibí de Marcela Moreno la invitación para abrir esta columna que, como muchos espacios de su tipo, amenazaba con dos futuros: durar unas cuantas semanas o sobrevivir un buen rato. Eso forzó la creación de una carpeta especial y un boceto de administración en el que quedara registro, así fuera para mi sola ayuda, del número, el título y la fecha de cada entrega. Nomás por eso sé que hoy, con esta entrega, Ruta Norte llega a mil apariciones. Empezó el 6 de marzo del 2005, y desde entonces ha cumplido sin falla con su frenética periodicidad.
Llegar a mil no es heroico, lo digo con franqueza, pues muchos columnistas hay que despedazan ese número. No es heroico, pero me tranquiliza haber acatado en tiempo y extensión un compromiso de colaboración, y más bajo el entendido de que mi obligación principal está con la celosa literatura. Pues bien, ni con ella ni con el periodismo he quedado tan mal, pues con una mano ha salido la columna y con la otra varias cuartillas de diverso pelaje. En suma, estoy contento, tranquilo, seguro de que siempre puede ser mejor lo que uno entrega, aunque por las prisas inherentes a la frecuencia del periodismo uno escribe lo que puede y como puede, no lo que quiere y como quiere.
Durante los casi cinco años de vida rutanorteña he querido abrirle un espacio al cuidado de la palabra. Por falta de talento, lejos estoy del estilismo, de la exquisitez azorineana o arroeolista, pero en todo momento he sido conciente de que aquí la forma importa tanto como el fondo: los pobres resultados obedecen a mi incapacidad, no a mi desinterés. En este caso, creí desde el principio lo que siempre he creído: que los temas insinúan el tono, que la seriedad, la solemnidad, la frialdad es digna de ciertos asuntos; y la jácara, la parodia, el jugueteo, de otros. Tal vez no ha sido la mejor decisión, eso no lo sabré nunca con claridad, pero he trabajado conciente de que he escrito tal o cual texto en tal o cual registro con el fin de ofrecer a los lectores una miscelánea de efectos que dependen ora del ritmo sintáctico, ora de la adjetivación, ora de la ironía, ora del arrebato deliberado, ora de una burlona erudición fina o callejera, y ora, por qué no, de cierta picardía que tal vez pudo comunicar al lector mi enamoramiento de las voces coloquiales, esas que acuña la gente con espontánea belleza y que muchas veces no tienen buena acogida en los medios.
En la primera entrega de la columna afirmé lo que reitero en esta especie de profesión de fe: “¿De qué escribir cuando a uno lo invitan a escribir?, esta pregunta es la primera que debe plantearse quien asume la responsabilidad de alimentar una columna. Como así es, escribo en esta primera entrega de Ruta Norte que escribiré sobre libros y escritores, sobre medios de comunicación, sobre arte y política, sobre asuntos misceláneos con algún discreto tinte antropológico. No quiero, sin embargo, pecar de solemnidad, incurrir en el soliloquio bostezante, sino aprovechar el espacio que generosamente me convida La Opinión para campechanear ideas con el tono oscilatorio del —me atrevo a denominarlo así— ‘periodismo lúdico’, un periodismo que sin renunciar a su responsabilidad social y política, a su gesto militante, atreve en todo momento el chispazo desenfadado y festivo, satírico a veces, que le dé al lector la posibilidad de encontrar amable lo sacralizado y serio lo mordaz”. Tengo la impresión de que, con altibajos o momentos de cierta fatiga, he cumplido con el propósito expresado en aquella ruta inaugural.
La llegada a estas mil rutas coincide con un aniversario que guardo, hasta hoy, con íntimo orgullo: el 9 de septiembre de 1984 publiqué por primera vez; fue en La Opinión Cultural, suplemento que coordinaba Saúl Rosales. Han pasado entonces 25 años de publicar, un lapso ya razonable para pensar que entre la literatura y el periodismo se fue la mejor etapa de mi vida. No creo ahora que haya sido una mala decisión elegir esto, más si consideramos que todo partió nebulosamente, sin un programa preciso ni un estímulo exterior que afianzara o empujara lo que conocemos como “vocación”, si es que alguna tengo. Por ello, he pensado en un proyecto viable gracias al poderío del internet: trepar las mil columnas, y su lista, al blog de Ruta Norte y, en lo que queda del semestre, presentar mis libros pendientes (Leyenda Morgan y Parábola del moribundo) en La Laguna, México, Saltillo, Durango y en algún lugar de España que estoy por confirmar.
Como se podrá adivinar, tengo una selecta lista de acreedores intelectuales: Saúl Rosales, Gilberto Prado, Gerardo García, Sergio Antonio Corona, David Lagmanovich y Juan Pablo Neyret. De ellos he aprendido el amor a las letras y al conocimiento, la fe en leer y en teclear. Hoy, a casi 25 años de escritura y en esta Ruta Norte mil, les doy las gracias a ellos, a mis amigos y a los lectores que han tenido a mal asomarse a estos renglones. Como son pocos, ya habrá tiempo de saludar de mano a cada uno.

sábado, agosto 01, 2009

Otra de Saltillo



Ciertos lectores me acercan lo que venturosamente hallan aquí y allá, donde sea. Uno de ellos, Enrique Macías Morales, suele escribir de vez en cuando al correo de Ruta Norte para aproximarme sus hallazgos. Ayer, por ejemplo, me envió un texto atribuido al escritor saltillense Jesús Cedillo, con quien por cierto tengo buena relación desde hace varios años. Pues bien, dizque Cedillo publicó en Vanguardia (no veo su firma por ningún lado) un artículo titulado “Torreón en llamas” (27 de junio). No lo cito por falta de espacio, pero sí su liga.
Pues bien, Macías Morales le respondió, y en tal respuesta podemos inferir el contenido de lo escrito por Jesús R. Cedillo; siento que es interesante lo que expone: “Con la misma atención con la que el autor de este bodrio dice seguir la lamentable —y magnificada por la prensa saltillense— ola de violencia que se vive en la Comarca Lagunera, he seguido los artículos que este individuo publica periódicamente en este diario. He notado su enfermiza aversión hacia la Comarca, expresada en todo su esplendor en este último escrito.
Es necesario hacer saber al lector saltillense que si hay una región abierta y cosmopolita, ésa es precisamente la Comarca Lagunera: región poblada por inmigrantes procedentes de innumerables regiones tanto del país, como del mundo: libaneses, palestinos, griegos, italianos, franceses, holandeses, españoles, chinos, alemanes, etc. La Laguna es un crisol de culturas cuyo producto final ha sido una sociedad diferente a las de ciudades cercanas que presumen de ‘estirpe’ y ‘rancio abolengo’: Saltillo, Durango y Zacatecas; a las cuales La Laguna en poco más de cien años ha superado en tamaño, empuje, industrialización, desarrollo económico y número de habitantes. (…) El regionalismo enunciado por el autor de este escrito es un sello que distingue a los pueblos pujantes y no es propio de la Comarca Lagunera exclusivamente. Donde hay regionalismo, hay desarrollo. Consumir los productos de calidad producidos en la propia región es un símbolo de identidad y solidaridad con el paisano, es hacer que la región conserve sus recursos económicos y, por ende, crezca. Basta visitar la ciudad de Monterrey para observar su marcada opción preferencial por los productos propios de su región. Al viajar, buscan los productos producidos en su región comprándolos en las tiendas de conveniencia propiedad del grupo regiomontano. Otro ejemplo es Chihuahua: región pujante cuyos habitantes tienen la misma mentalidad de consumir todo lo originario de su entidad.
Una vez desmentidos los débiles argumentos del autor del escrito anexo, será necesario analizar el por qué de su aversión por la Comarca Lagunera y sus habitantes. El tal Cedillo concibe la globalización como integración. Para él, el que La Laguna se integre significa que nuestra sociedad, para integrarse a la galaxia coahuilense, deberá alinearse y girar en torno a Saltillo, tal como lo hace el resto de las regiones de la entidad. Aceptar a la sociedad saltillense como una élite superior viéndola como plebeyos ante la corte es un deseo frustrado que produce dicha aversión hacia los habitantes de una región que no tiene nada que envidiarle a la ciudad sede de los poderes de la entidad.
El pretender mezclar los conceptos globalización/regionalización con el fenómeno de la inseguridad (mismo que ya ha comenzado a padecer Saltillo) resulta un intento vano para atacar a nuestra región desde dos frentes. O quizá, tratando de enfundarse en su imaginaria túnica de censor, querrá decir a los laguneros: ‘por no someterse ante Saltillo, por ir a contracorriente de la capital; padecen inseguridad’. Mi intención dista mucho de la de atacar a los habitantes de Saltillo, ya que si lo hiciera, me rebajaría al nivel del columnista referido. Simplemente considero necesario aclarar conceptos para desmentir los sofismas enunciados por tan acomplejado autor”.

Violencia ubicua



Leí en La Opinión de ayer una nota alarmante, reveladora de que la situación anda tan mal que cualquier mínimo sosiego (que ejecuten a veinte en un día, por ejemplo) nos parece casi paradisiaco. Según Emilio Álvarez-Icaza Longoria, titular de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y aspirante a encabezar la instancia homóloga federal, el índice global de la paz, que incluye a 144 países, colocó a México en el lugar 108.
Álvarez-Icaza señaló que el “índice incluye criterios para intentar relacionar factores cuantitativos y cualitativos de la paz. Por lo anterior, relaciona factores como la transparencia, educación, bienestar material y el proceso de los derechos humanos, entre otros”. Agregó que “la paz se entiende ‘no sólo como que no haya guerra’ sino que incluye la violencia estructural que se registra como las agresiones armadas, la familiar, laboral, escolar y la social”.
Hasta allí las palabras del ombudsman del DF. Por eso ha sido bien evaluada, en general, la labor de Álvarez-Icaza, lo que puede derivar en su llegada a la misma dependencia, pero con alcance nacional. Enfatizar que la violencia no es sólo el estado de guerra (o en guerra), o los asesinatos y demás, es hacer hincapié en la otra violencia, esa que en general es calificada de otra forma y pasa por desajuste, por injusticia, por inequidad, no por violencia, es decir, no por lo que también es.
Porque violencia, sin más, es diseminar el desempleo, vedar espacios de trabajo digno a miles de seres humanos que ven en la falta de oportunidades laborales un acotamiento de su desarrollo personal y familiar y un resorte de su desesperación y de su resentimiento.
Violencia es provocar que la alimentación se convierta en un albur, no en una seguridad que ya no quite el sueño. La subalimentación es a su vez detonante de enfermedades que, contadas por millones, terminan por generar un problema mayúsculo de salud pública. Y no se piense que alimentarse es lo que millones de mexicanos hacen: comer sin orden ni medida todo tipo de bazofia, pasto de obesidades que sumadas dan como resultado una pandemia, como lo señaló ayer mismo otra nota de este diario (“Para el Instituto Mexicano del Seguro Social no hay vuelta de hoja: en México, el sobrepeso y la obesidad son la auténtica pandemia del siglo XXI. Así lo prueba el hecho de que las enfermedades asociadas a la gordura matan a 78 mexicanos y mexicanas cada día, y atender en hospitales el costo de estas afecciones le cuesta al país 19 mil 710 millones de pesos anuales”).
Violencia es permanecer en la misma dinámica educativa que tiene al país arrodillado y a los pies de una profesora que emplea su poder sindical para ganar cuotas políticas, no para engrandecer el desarrollo académico, científico y tecnológico de este país con una mejor educación para nuestros niños y jóvenes.
Violencia es mantener intocadas las prerrogativas de políticos y funcionarios que han hecho de algunos espacios (los partidos) verdaderos paraísos del confort subsidiado. Es de suyo violento, por caso, que los diputados federales se despidan de la Cámara con fantásticas tajadas de dinero, tanto que horrorizarían a los mismísimos congresistas gringos.
Violencia es, en suma, todo aquello que atente contra el bienestar social, sea cual sea su manifestación visible. La famosa guerra contra el narco, entonces, es una más de las muchas formas de violencia que podemos identificar en el presente México. Las otras han estado allí, creciendo por décadas, minando las potencialidades de toda la nación. No por nada ocupamos el sitio 108 de 144 en términos de paz. Y hasta parece demasiado.

jueves, julio 30, 2009

Nombres necios



La eufonía (que una palabra o una frase suenen bien) es misteriosa. No hay, creo, una fórmula que nos ayude a comprender por qué cierta conjugación de letras o sílabas hacen una linda palabra y otra fea u horrísona (que suena mal). Algo tiene el genio del idioma como secreto bien guardado, de suerte que nunca podremos descubrir la clave del entrelazamiento de letras para producir palabras bellas o desagradables. Es algo que se nos oculta, pero que de todos modos permite vislumbrar algunas explicaciones.
Pensemos en el nombre bíblico Lucas. No creo que sea el más socorrido entre los mexicanos, pues en mi vida he conocido sólo a dos personas que lo llevan. En cambio, es frecuente en Estados Unidos. La razón de nuestro rechazo está, creo, vinculada a su sonido: al decir Lucas, no falta que muchos piensen en “loco”, y de hecho una forma de decir loco es deformando esa palabra: “Fulano está bien Lucas”. En inglés, obvio, esa relación no se da.
Hay muchos nombres propios que pasan por comunes y corrientes, que no son ni feos ni bonitos: Pedro, Luis, Francisco, Miguel, Carlos, María, Claudia, Laura, Elizabeth, Ana, Rosario, Cecilia, Susana. Podrán ser muy comunes, pero nadie, que yo sepa, se desgarra las vestiduras por esos nombres, casi como si pasaran inadvertidos. Si los observamos con detenimiento, son simples sumas de vocales y consonantes que no nos suenan mal. Qué pasa, entonces, con otras sumas de vocales y consonantes que misteriosamente no queremos, como si su mezcla generara algo que no es muy atractivo: Cirilo, Herculano, Nicanor, Aniceto, Cosme, Petra, Francisca, Macaria, Rosenda (no enjuicio la calidad de los nombres mencionados, sólo los enlisto como muestra de lo que mis oídos y mi sensibilidad, permeados por una cultura específica, juzga como poco atractivo, aunque no puedo explicar por qué).
Siempre he creído que si escribiera un manual para aplicar nombres la recomendación más importante sería la de atender, precisamente, al genio de nuestra lengua. Ese genio no ve con buenos oídos ni oye con buenos ojos los nombres con grafías forasteras (k, w, y) o ayuntamientos intrusos: haches intermedias, consonantes dobles, sílabas extrañas. Así, un nombre como Karen en necesariamente exótico (pues suena idéntico a Caren), o Wendy (que suena Uendi o Güendi), o Lyn (que suena Lin); en el otro caso, no deja de incomodar que algunos nombres recurran al preciosismo estéril de entrometer haches, dobles grafías y demás arabescos en donde no se necesitan (invento) Ivonnhe, Chrissnayeeth. Las hechura de las palabras en español obedece a un genio (como lo recuerda Álex Grijelmo en El genio del idioma, Taurus, 2005) que en este caso nos indica que ciertas grafías, por lo común acomodadas en orden vocal-consonante-vocal, son las mejores para hacer nombres, de ahí que los nombres como Roberto, Esteban, Santiago, Sara, Leticia, Mónica, sean nombres que no nos suenan mal, aunque tampoco bien, lo que atribuyo a su superabundancia, no a la misteriosa razón de que no sean eufónicos.
Los párrafos anteriores me nacieron tras leer la noticia de que en Coahuila arrancaron las actividades organizadas para festejar el 150 aniversario de la creación del registro civil. La nota consigna que en Piedras Negras hay un niño al que le “pusieron ‘México’; a otra ‘Cariño’; Givenchy, por la marca de perfumes franceses; Michael Jordan y Cuauhtémoc Blanco, por los famosos futbolistas. Cleopatra, Einstein y Hitler, hasta Madonna, Sofía Loren y José José, figuran en el listado”. Pero el que se la bañó, como dicen los chavos, es el que tiene un nombre hindú de 41 letras: Brhadaranyakopanishadvivekachudamani Erreh Muñoz Castillo, lo cual equivale a no tener nombre. Parte del festejo recordará a los padres la importancia de no usar nombres como el hindú, verdaderos trabalenguas, como si a alguien lo registraran Parangaricutirimícuaro Martínez González.

miércoles, julio 29, 2009

Campo roto



¿Cuántos se enriquecieron a la sombra del Bandidal, aquel banco que en teoría refaccionaba campesinos pero terminó convertido en bóveda saqueada por líderes y funcionarios igualmente rufianescos? Desde que tengo conciencia y porque lo he visto en La Laguna, el campo es la más acabada evidencia del abandono gubernamental al mexicano pobre. Año tras año, la estadística demuestra que empeoran todos los indicadores relacionados con los habitantes del ámbito rural: miseria, desempleo, desnutrición, analfabetismo, migración, lo que a su vez deviene mano de obra barata para quien sea, y, en los peores casos, arsenal para la trata de blancas y reserva de cuadros narquiles que con todo gusto y sin trauma, pasito duranguense de por medio, le entran al negocio de los polvos mágicos.
El campo es, por ello y valga la reiteración, campo donde las políticas de Estado siempre han ido de fracaso en fracaso, donde las rotas indiada y rancherada han padecido en carne viva todas las formas imaginables de la depredación. Basta, más allá de los discursos que todo lo embellecen o de la abstracción de los ensayos socioeconómicos, que nos echemos un tour por la periferia campirana local. Yo no lo hago seguido por dos razones: porque no trabajo en ese medio y porque, si trabajara, no aguantaría la depresión que de inmediato me sobreviene cuando veo el hilacho social que es el campo circundante. Familias enteras, multiplicadas por millones, han sido abatidas por la sostenida crueldad de regímenes que ven sólo de reojo a quienes viven en el campo. Tanto es así que si no fuera por la migración, la huida casi, difícilmente quedarían niños y viejos vivos en la periferia ejidal de La Laguna.
Por eso, cuando leo lo que ayer leí sobre Procampo y las declaraciones de Fernando Gómez Mont no puedo sino pensar que bueno, qué queríamos con el campo. Ese programa es el mismo de las guarderías subrogadas (¿y por cierto, qué pasó con ese asunto?), sólo que con algunas variantes. Como en el caso de las guarderías, el negocio gordo ha sido para parientes, amigos, compadres y demás de quienes detentan el Gran Hueso Nacional. Con Procampo pasa algo muy similar: “Si legítimamente ejercen la agricultura, ¿por qué no podría estar en un programa de apoyo que no los discrimina? Habrá que verificar la información y determinar cuando es legítima y cuando no”. Y más; el reportero le pregunta: “Por ser familiares de funcionarios y servidores públicos, ¿no deberían quedar fuera de este apoyo?”, a lo que respondió el titular de la Segob: “… yo tengo 11 hermanos, imagínese sí se les cancelan todos sus derechos sólo porque soy secretario de Gobernación”.
Como se sabe, la idea del programa era ayudar a los más pobres productores del campo con el fin de alentar el desarrollo agrícola en el contexto del Tratado de Libre Comercio. La realidad, según algunas cifras, es que la gran tajada de los apoyos se ha quedado en manos de los grandes productores, muchos de los cuales tienen, en el mejor de los casos, no muy casual parentesco o amistad con hombres incrustados en el poder, eso cuando no son los mismos hombres del poder quienes reciben generosos subsidios del programa. Con migajas, al 80% del padrón de beneficiados por Procampo le han asignado un 27% de los recursos, mientras que, con cantidades jugosas, el 1% del padrón de productores se ha quedado con el 25% supuestamente destinado al apoyo del agro nacional. En esos números se advierte, pues, que hay un gran desequilibrio, que Procampo es una caja de ingresos para una minoría y un plan casi asistencialista para los trabajadores del campo mexicano, quienes con subsidio o sin subsidio están en la misma posición de desventaja y gradual pero sostenido deterioro de sus niveles de vida. Pobre campo: tanta y tamaña tierra para nada.

domingo, julio 26, 2009

Epistolario Reyes-Paz



¿Qué pasará con la correspondencia de los escritores en la era del e-mail? Durante décadas, las cartas de poetas, novelistas, dramaturgos y demás oficiantes de la palabra quedaron resguardadas en papeles que, con un poco de organización en su momento y luego con la ayuda de algún editor interesado, permitían libros en los que el género epistolar era instalado en los predios de la perdurabilidad pública. Hoy, la realidad es muy distinta: han desaparecido las cartas de papel y no sé si los escritores se han puesto a pensar, acaso con algún jactancioso ideal de trascendencia, en el resguardo de su cibercorrespondencia. Supongo que no, que en el vaivén de las cartas breves y atropelladas de estos tiempos no late el deseo de comunicar con alguna elegancia lo que van sintiendo, sobre cualquier tema, los amigos escritores. El ritmo antiguo, que sobrevivió, creo, hasta muy entrada la década de los noventa, permitía que pasaran días o hasta semanas para esperar una respuesta que por lo común llegaba espesa de sentido, de opiniones, de revelaciones amargas y/o venturosas. Hoy, por la facilidad y la economía de servicio postal electrónico, la correspondencia es más telegráfica que nunca, descuidada, codificada en medio de todo tipo de apresuramientos. Esto obedece, creo, al abultado número de mensajes de índole postal con los que ahora convivimos: en lugar de una o dos cartas al mes, como antes, ahora tenemos diez al día, a las que debemos sumar los mensajitos de celular, que son una forma reciente de la inmediata comunicación postal, o el tuiter y los “estados” de Facebook.
Será porque me gusta la correspondencia entre escritores, será porque soy un voyerista del espíritu, será porque en general me horroriza el descuido de las cartas sancochadas en la actualidad, el caso es que desde la aparición del mail me hago estas preguntas: ¿qué pasará con la correspondencia de los escritores? ¿Tendremos alguna vez, en un futuro no tan distante, un libro con las cartas electrónicas de dos escritores? ¿Valdrá la pena eso? ¿Qué se necesitará para organizar ese zigzag epistolar? ¿Quién lo hará, dado que las contraseñas suelen ser llaves privadas de acceso a la intimidad de un buzón? Pregunto y no respondo, pues no sé lo que pasará. Mientras eso llega (o no llega), continúo el disfrute de los libros que responden a este género; tengo dos muy apreciados: la correspondencia entre José Lezama Lima y José Rodríguez Feo (que publicó ERA) y la de Alfonso Reyes con Pedro Henríquez Ureña (aparecida con el sello del Fondo de Cultura Económica). A ese par sumo varios ejemplares más, por supuesto, como el que recién compré en la Feria del Libro de Durango: la Correspondencia de Alfonso Reyes con Octavio Paz (1939-1959) publicada también por el FCE.
Organizada, anotada y prologada por Anthony Stanton, la correspondencia Reyes-Paz nos introduce al centro de la amistad de los dos escritores mexicanos más importantes del siglo XX. Nomás por eso es interesante. Eso lo supo bien Stanton, el editor, a quien yo conocía gracias a Las primeras voces del poeta Octavio Paz (1931-1938) (publicado por el Conaculta y Ediciones sin Nombre en 2001). El investigador percibió entonces el enorme valor de las cartas cruzadas entre el ya maduro Reyes y un Paz que estaba avanzando rápida y firmemente hacia el domino pleno de su expresión. Gracias a esta correspondencia ingresamos, como digo, a la mismísima médula de una amistad que no por inteligente deja de ser emotiva y reveladora, sobre todo, de la batalla creativa que estaba librando Paz para alcanzar el rango de escritor que ya ocupaba el regiomontano.
En este sentido, es fundamental traer la conclusión, o una de las conclusiones, de Stanton sobre las 84 cartas intercambiadas entre Reyes y Paz: “Hay varias maneras de medir el valor de una correspondencia entre dos escritores. Como en este caso se trata de un epistolario netamente literario e intelectual que habla de proyectos, libros e ideas, me parece que su valor reside en la luz que arroja sobre la génesis, el desarrollo y la maduración de las obras literarias de los dos escritores. El epistolario permite reconstruir con más fidelidad la evolución intelectual y artística de cada uno, sobre todo del más joven. En este aspecto, es cierto que el valor no es simétrico ya que Reyes asume desde el principio el papel más bien discreto de receptor, guía, mecenas y animador del poeta más joven, de quien surgen iniciativas y búsquedas. Pero hay que reconocer que Reyes es fiel a su función mayéutica y tiende a repetir el papel socrático que su propio maestro Pedro Henríquez Ureña había desempeñado con respecto a él, sólo que con medios muy distintos y sin la férrea disciplina del dominicano”.
En efecto, pues, las cartas de AR a OP permiten ver al mesurado maestro frente al impetuoso alumno, quien le informa sobre sus proyectos de escritura para que nosotros, varias décadas después, escuchemos con los ojos los primeros latidos de libros como Libertad bajo palabra, ¿Águila o sol?, El laberinto de la soledad y El arco y la lira, entre otros. Asimismo, como paralelismo adicional al de sus vidas artísticas, esta correspondencia deja que nos asomemos a la trayectoria diplomática de Paz. Para entonces, Reyes ha regresado a México luego de su largo periplo por las embajadas de nuestro país en Francia, España, Brasil y Argentina. Tiene ya una fama hecha, cuajada, como polígrafo (así se decía entonces), como funcionario público y como maestro. En nuestro país se desempeña ya como presidente de El Colegio de México y arma la parte final de su numerosa y diversa obra. Mientras tanto, Paz sale de México a emprender su propio viaje por misiones diplomáticas. Lo acompañan Elena Garro y su hija, Elena Paz Garro. Trabaja así para la legación mexicana en París, Nueva Delhi y Tokio, y a esa enorme distancia se debió que mantuviera viva, con emocionadas cartas, su amistad con el Reyes por fin sedentario de la vejez.
La correspondencia Reyes-Paz es enriquecida con algunas imágenes de los manu y mecanuscritos de las cartas y la reproducción de los dibujos que hiciera Rufino Tamayo para ¿Águila y sol? La primera edición de las cartas es del 98, y la hicieron el FCE y la Fundación Octavio Paz. Tuvo una reimpresión en 1999, así que debe de ser de fácil consecución. Confío en que será un libro apreciado por quienes lo consigan y lo lean, como ya lo es para mí.

sábado, julio 25, 2009

Culturas populares convocadas



Sin hacer mucho ruido, como en sordina, casi al margen de las marquesinas que sí tienen otras manifestaciones del espíritu, los programas de culturas populares son parte de lo más valioso que en efecto impulsan las instancias culturales del país. Digo que lo hacen en silencio porque es muy común que tendamos a considerar el trabajo de y con la cultura popular como menos valioso que el de la llamada alta cultura. A mi modesto parecer, creo que tan importante como la gran música es la música conservada generación tras generación en una comunidad; tan valiosa como la danza clásica es la expresión de bailantes en ceremonias religiosas, y así, la cultura popular, nacida casi de la nada, es manifestación del deseo colectivo por expresar.
Este inagotable tema ha sido abordado, creo que con éxito, en el Primer encuentro estatal de promotores y gestores culturales celebrado del 23 al 26 de julio en Ciudad Lerdo. Su sede fue (o es, pues hoy termina) el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios número 4, y en él fueron discutidos asuntos vinculados con la diversidad cultural, la interculturalidad, el patrimonio cultural inmaterial y las culturas populares indígenas. Sus organizadores fueron el Conaculta, el gobierno de Durango, el Instituto de Cultura del Estado de Durango, el INAH de Durango, la Secretaría de Turismo y Cinematografía, la Dirección General de Culturas Populares, la Coordinación Estatal de Culturas Populares e Indígenas.
Es su programa figuraron cuatro conferencias magistrales: Legislación cultural en Durango; El patrimonio inmaterial de México; Salvaguarda del patrimonio inmaterial y Patrimonio histórico y monumental de Durango. Asimismo, fueron establecidas siete mesas de trabajo: Políticas culturales estatales; Intención educativa de los promotores y gestores culturales; Museos, sociedad y desarrollo cultural; Patrimonio turístico; Medios de comunicación y culturas populares; Medio ambiente y desarrollo sustentable y Presencia de los jóvenes en la promoción y gestión cultural.
Junto a ese ya de por sí nutrido programa, hubo talleres de suyo interesantes, todos relacionados con el tema vertebral del encuentro, como el de Procuración de fondos para el desarrollo de proyectos culturales, el de Formación de promotores de cultura turística y el de Actualización de tecnologías audiovisuales.
En su presentación, el Encuentro ha enfatizado el valor de la cultura popular material e inmaterial como valioso patrimonio de las comunidades en particular y del país en general: “Hoy aceptamos —señala— que México es un país pluricultural en el que la riqueza cultural de cada grupo étnico y de cada grupo popular crea (en el campo de la historia) la identidad nacional que aparece como suma de concepciones, conocimientos, tradiciones, valores, cualidades y diversidades. Por eso importa revalorar la cultura y sus diversas manifestaciones, pues ello significa la revaloración del trabajo del hombre, de las formas de organización social producto de la historia: la afirmación de la dignidad popular y con ello la nacional”.
Hoy termina entonces este valioso encuentro de especialistas en un tema que, como observé al principio, parece manejado siempre en las orillas de la discusión pública, pero que sin duda reviste una importancia fundamental, ya que trabaja con las manifestaciones del quehacer humano en las que queda depositada no sólo la necesidad de sobrevivir, sino varios factores que moldean y dan forma a esas manifestaciones de suerte que, con el tiempo, terminan por convertirse en productos culturales comunitarios, colectivos. En la alta cultura, cierto, no todo lo que brilla es oro, pero, de hecho, todo es oro en el flanco de la creatividad humana popular.

viernes, julio 24, 2009

Desastres de la CFE



¿Para qué certifican a las empresas si de todos modos son mexicanas y se comportan como tales? ¿Para qué demonios sirven esas vainas del ISO chorrocientosmil? No entiendo y cuento. Hace unos meses un amigo filósofo me cuestionó burlonamente, con toda su genial trascendencia, sobre ciertos textos míos relacionados con las minucias de la vida cotidiana. Algo sobre cobros abusivos de Simas o Telmex, no recuerdo. El amigo filósofo, a risotadas, dijo: “¿A quién le importa lo que te cargaron de más en Telmex?” Pues sí, a nadie debe importarle eso, pero hay un detalle que tal vez no ha pensado mi amigo inteligente: si lo que me pasa a mí le ocurre a miles de mexicanos, creo que no es ocioso abrir cancha, de vez en cuando, a esos temitas vinculados a la supervivencia en nuestro reino salvaje. Y es lo que deseo contar hoy aquí, en lo que me queda de columna y con lo que me queda de columna (ya verán por qué digo lo que digo).
Vivo en una colonia de clase media y relativamente vieja, en Torreón. Digamos que radico cerca de la así llamada plaza del Eco. Pues bien, durante varias semanas de esta temporada de calor, mis vecinos y yo hemos padecido cortes abruptos del suministro de energía eléctrica. Tras un tronido bestial del transformador, la electricidad nos abandona y es entonces cuando los vecinos salimos a la calle con dos objetivos: para ver qué pasa y para evitar el sofoco en el interior de las casas. Eso ocurrió siempre de noche, no sé si casualmente, durante tres domingos seguidos, un jueves y algún otro día: cinco veces en menos de un mes, casi como si fuera una rutina. Por supuesto, la cuadrilla (de dos) trabajadores de la CFE llegó y reparó el desperfecto, lo que consistió básicamente en bajar fusibles con una pértiga, repararlos y volverlos a su sitio. Lo bueno es que siempre solucionaron rápido el problema; lo malo, que el apagón ocurría cada vez más seguido. Los vecinos (entre los que está, por cierto, mi amigo Joel Cobos, conductor de noticieros en radio) y yo les preguntamos a los trabajadores de la cuadrilla por qué pasaba eso, y ellos nos respondían que la línea quizá estaba sobrecargada y el transformador ya no daba el ancho. Algo así. Nos recomendaban llamar a la CFE, para que allá vieran el procedimiento a seguir.
Al fin, el miércoles 22, varios trabajadores se apersonaron en el lugar y comenzaron las labores de cableado nuevo. La verdad no sé qué tanto hicieron, pues no soy técnico y además estaba fuera de la ciudad. El jueves, o sea ayer, por la mañana regresé a casa y lo que hallé fue digno de pena, de horror, de rabia y de una disculpa de parte de la CFE para los vecinos y principalmente para mí. Cómo no, si la cuadrilla de expertos que arregló el desperfecto eléctrico hizo muy bien su chamba, lo que agradezco, celebro y felicito, pero al mismo tiempo dejó el exterior de mi casa convertido en un muladar. No exagero ni bromeo: un muladar. Bajé del taxi con mi familia y azorado, jetiabierto, desconsolado, vi el espectáculo de la mugre que es capaz de dejar una cuadrilla de trabajadores a los que no les han indicado que trabajan para la gente, no para los cochinos. Los han instruido para arreglar un desperfecto eléctrico, pero no para respetar el espacio donde deben trabajar. Tengo un enorme respeto por los trabajadores, me identifico con quienes meten lomo y manos a la vida para ganarse el pan, y por eso no puedo callar esa falta de respeto contra la ciudadanía, contra el mínimo buen gusto de respetar el espacio de otro trabajador que, como ellos, se gana el pan a pujidos y no merece que sus colegas trabajadores lo pisoteen así, con basura de todo tipo: latas, botellas de plástico, bolsas de frituras, colillas de cigarro, trozos de alambre, servilletas, limones partidos para la chela y todo tipo de marranadas más. Dejaron incluso un vacío megacarrete de madera, de esos que sirven para enrollar cable. Destrozaron además la línea telefónica, abrieron un pozo y dejaron tierra regada aquí y allá. No tengo ayuda, así que pasé limpiando la mañana del jueves, por eso digo lo de mi columna y lo del embustero ISO.

jueves, julio 23, 2009

Mar en mi memoria



Si analizamos el mapa mexicano podemos advertir que se abre como un cono seminclinado. La parte más ancha y central, compartida por Chihuahua y Coahuila, casi está deshabitada. Por allí aparecen Ojinaga, Piedras Negras, Ciudad Acuña y otras ciudades relativamente pequeñas. Algo más abajo se ubica La Laguna, justo en el ombligo del norte. Si nos ponemos exigentes, hay otras dos o tres ciudades mexicanas más o menos importantes que están más lejos del mar que las de nuestra comarca. Pese a eso, los laguneros, por estar ubicados en el centro del norte, es decir, en una de las secciones más anchas del país, tenemos un permanente anhelo de mar y hay muchos coterráneos que se van de la vida sin conocerlo.
Hace poco, por ejemplo, un amigo de treinta años me dijo que no conocía el mar. No sé si eso provoca asombro en otros, pero a mí me parece injusto. En otras palabras, no acepto fácilmente que haya adultos ajenos de por vida a la fascinación de los océanos. Es quizá una fijación marítima que no logro sacudirme, es La isla del tesoro y Robinson Crusoe que en sus versiones literaria y fílmica me gustaron tanto y nunca me abandonan del todo, menos cuando vuelvo a ver la inmensidad de las aguas en las que uno se sabe o se presiente insignificante, finito frente al incesante movimiento de las olas.
Vi por primera vez el mar a los catorce años, esto en 1978. Estaba en la secundaria federal Ricardo Flores Magón, de Lerdo, cuando el profe Gámez organizó un viaje de “estudios”. Esos recorridos eran un verdadero desmadre, pero siempre les llamábamos de “estudios” seguramente como coartada para conseguir fácil el permiso de los padres y salir en paz. Viajamos en el camión de la secundaria, un bus que ya para entonces parecía destartalado. Supongo que uno se acomoda mejor y sufre menos cuando es joven, pues no tengo un solo recuerdo tortuoso del recorrido. Es seguro que los asientos eran incómodos, que el camión andaba a vuelta de rueda, que no tenía aire acondicionado ni nada de eso, pero de todos modos no retengo malestares que sin duda hoy sofocarían mi ánimo de emprender una aventura así de precaria. Viajamos por la ruta de Tampico, donde llegamos al puerto que me pareció inmenso y feo. Luego seguimos hacia el sur, entramos al estado de Veracruz y en un punto equis nos detuvimos. Fue allí donde el profe Gámez nos anunció una parada: era la ciudad de Tecolutla. Todos nos apuramos para colocarnos trajes de baño o shorts y como desaforados, sin saber nada de mar, corrimos a la playa. Allí toqué aguas saladas por primera vez. Sin freno, todos toreábamos olas, nos dejábamos revolcar por ellas y no es por presumir, pero gracias a mi entrenamiento en tajos, albercas (la Alejandra, la Konabay…) y Raymundo pude internarme un poco más allá de lo prudente, en ese punto en el que la vista puede ver el agua al ras, como en un plano. Si alguna vez he hecho algo mínimamente heroico, tal acto se dio en aquel momento. Un compañero del salón, a quien por cierto me he topado con frecuencia y recuerda el suceso tanto como yo, se internó a las aguas con igual confianza, por su lado. Ignoraba que el mar es traicionero (disculpen el manoseadísimo adjetivo), que quien no le sabe el truco puede morir ahogado a la primera incursión. Así le iba a pasar: confianzudo, se fue alejando de la playa, empujado hacia adentro por las olas de rebote. Cuando menos lo pensó, el pobre ya no tenía piso, arena bajo sus pies, y comenzó a flotar. Creyó que regresaría sólo con eso, sin moverse. Pero lo que resultó fue lo contrario: el mar lo metía más al mar, aunque suene extraño. Allí comenzó a gritar. Yo era el único que andaba cerca, y como pude me acerqué. Vi que estaba horrorizado, así que le indiqué que esperara la crecida y tratara de nadar de a poco en poco hacia la playa. Pasados cuatro o cinco intentos, pudo tocar suelo y caminar hacia la orilla. Fueron dos o tres minutos de pavor, pero mi indicación le sirvió. El mar me recibió pues con esta anécdota. Cómo olvidarlo pues, cómo dejar de respetarlo.

miércoles, julio 22, 2009

Sin noticias y con Sabina



Tenía toda la vida de mis hijas sin darles el enorme lujo del mar. Acá estoy con ellas, con mis pequeñas, hecho un vallartense océano de cariño para las tres. Lo malo es que estas han sido también, de paso, unas obligadas vacacioncitas informativas. Tengo desde el pasado fin de semana sin internet, sin periódicos, sin radio. Lo único que para mí hay es televisor, pero debo resignarme a ver Hannah Montana o Bob Esponja. Ni modo. Todo sea por ellas, para que en el futuro acunen este otro buen recuerdo de su padre, un padre que no será muy bueno, pero que las ama. Ni la compu me traje por eso, para no batallar con la tentación de usarla, para estar todo el tiempo con mis hijas.
Cuando queda un hueco, eso sí, leo a rápidos saltos lo que hallé más a la mano. Tenía Ciento volando de catorce, los sonetos de Sabina. Como de casi todos mis cantantes favoritos de la juventud, de él también me he distanciado. A veces, de casualidad, sin detenerme mucho ya, lo oigo y creo que sí, que me sigue gustando. Valoro su ingenio, su quevediano cinismo. Creo que ése su fuerte. A diferencia de otros compositores que se creen méndigos (Arjona es el mejor ejemplo), a Sabina uno sí termina por creerle todo el desenfado, el humor, la mirada irónica, el chispazo desacralizador, la malditez en todo verso.
Al ir leyendo sin ruta, al azar, sus sonetos, veo que los recursos de las letras son aquí explotados en la misma tesitura mordaz. Pese a la falta de la música, el encanto no lo pierde. Al contrario: dada la rigidez del soneto, Sabina avanza por el desafío sin parecer forzado no con el metro ni con la rima. Su más caro recurso retórico, la acumulación, arma piezas enteras en las que el verso catorce queda guardado para suministrarnos la sorpresa que sugiere el título. Por ejemplo, en el soneto “Que no llevan a Roma”: “La Habana, Londres, Fez, Venecia, Lorca, / Nápoles, Buenos Aires, Sinaloa, / Guanajuato, Madrid, Gijón, Menorca, / Ronda, Donosti, Marrakesh, Lisboa, // Cádiz, Granada, Córdoba, Sevilla, / Úbeda, Vigo, Tánger, Zaragoza, / Cartagena, Vetusta, Melipilla, / Montevideo, Cáceres, Mendoza, // Macondo, Esparta, Nínive, Comala, / Praga, Valparaíso, Guatemala, / Samarcanda, Bagdad, Lima, Sodoma, // Liverpool, Tenerife, Petersburgo, // Nueva Orleáns, Atenas, Edimburgo, / cien caminos que no llevan a Roma”; pese a su monotonía, me parece grato desafiar así al retintín del soneto, hacerle un juego de esa forma, con un puñado de ciudades con una frase hecha.
Algo similar le pasa al que sigue (“Ni con cola”), al que hasta le siento una resonancia a poema del maestro Gelman: “Anochece, deliro, me arrepiento, / desentono, respiro, te apuñalo, / compro tabaco, afirmo, dudo, miento, / exagero, te invento, me acicalo. // Acelero, derrapo, me equivoco, / nado al crowl, hago planes con tu ombligo, / me canso de crecer, me como el coco, / cara o cruz, siete y media, sumo y sigo. // Juego huija, me aprieto las clavijas, / me enfado con el padre de mis hijas, / abuso del derecho al pataleo. // Resbalo, viceverso, carambola, / este verso no pega ni con cola, / me disperso, te olvido, te deseo”. La acumulación aquí, a diferencia del otro, es un buen caso de enumeración caótica, un recurso literario que da idea de un numeroso e infinito desajuste.
“Alrededor no hay nada”, un poema hedonista: “El moño, las pestañas, las pupilas, / el peroné, la tibia, las narices, / la frente, los tobillos, las axilas, / el menisco, la aorta, las varices. // La garganta, los párpados, las cejas, / las plantas de los pies, la comisura, / los cabellos, el coxis, las orejas, / los nervios, la matriz, la dentadura. // Las encías, las nalgas, los tendones, / la rabadilla, el vientre, las costillas, / los húmeros, el pubis, los talones. // La clavícula, el cráneo, la papada, / el clítoris, el alma, las cosquillas, / esa es mi patria, alrededor no hay nada”. Igual, hermoso. Tanto como la líquida llanura frente a la que ahora leo.

domingo, julio 19, 2009

Reseña del seminario vitivinícola



Quien mejor que su propio coordinador para hacer una reseña de los trabajos. Le he pedido al doctor Sergio Antonio Corona Páez que nos compendie cómo les fue a los investigadores y a él en el seminario que recién acaban de celebrar en las instalaciones de la UIA Laguna. Esta es la reseña:
El miércoles 15 de los corrientes, el rector de la Universidad Iberoamericana Torreón, ingeniero Héctor Acuña Nogueira, sj, declaró formalmente inaugurados los trabajos del “XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales”.
La celebración de este evento de carácter internacional en Torreón, pone de manifiesto el interés que los historiadores científicos de otros países tienen puesto en la producción historiográfica del Centro de Investigaciones Históricas de la Ibero Torreón. Los académicos participantes fueron el Dr. Juan Blánquez Pérez, de la Universidad Autónoma de Madrid, el Dr. Sebastián Celestino Pérez, del Instituto de Arqueología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España), la Dra. Ana María Rivera Medina, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia Vizcaya (UNED-Bizkaia), el Dr. Pablo Lacoste, de la Universidad de Santiago de Chile, el Dr. Frédéric Duhart, de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, el Dr. Francisco Javier Medina, de la Universitat Oberta de Catalunya, la Lic. Michelle Lacoste, de la Universidad de Cuyo (Argentina), el Dr. José de Jesús Hernández López, de la Universidad de Guadalajara, la Mtra. Amalia Lejavitzer Lapoujade, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, y el Dr. Sergio Antonio Corona Páez, ponente y presidente del Comité Académico de este XII Seminario Iberoamericano.
Una vez iniciados los trabajos académicos, la temática desarrollada fue diversa, aunque siempre ubicada en el marco de una de las cuatro mesas: “Antigüedad Clásica”, “Edad Media”, “Austrias y Borbones, España y América Colonial” y “Época Contemporánea”. Las ponencias fueron las siguientes: “25 años de arqueología del vino en España. Evolución, metodología y logros de la investigación de la vitivinicultura en la antigüedad”; “Harás bueno el vino bebiendo”: vinum tu facies bonum bibendo (Mart., 5, 78, 16); “La sociabilidad del vino en España y en América: Tabernas y pulperías.(SS. XIV-XVIII)”, “Un modelo de explotación vitivinícola: La viña de la Iglesia Mayor del Señor Santiago. Bilbao, SS. XV-XVI”, “Viticultura comparada de Argentina y Chile: los lagares (1550-1850)”, “Una lectura de la economía parrense a partir de las rentas decimales de 1786”; “Las cepas de François Baco (1898-2009). Nacimiento y destino de híbridos productores directos del suroeste de Francia”; “Enoturismo y rutas del vino en Denominaciones de Origen emergentes: el caso de la D.O. Priorat y la D.O. Montsant (Cataluña, España)”; “La vitivinicultura argentina en la obra de Benito Marianetti” y “El vino mezcal de tequila: Entre el pulque, el aguardiente de caña y el vino de uva”.
Esta duodécima edición del seminario, que es la primera que se celebra fuera de Argentina o Chile, tuvo varios objetivos. Como parte de la comunidad científica global, sus miembros buscaron afinar el estado de la cuestión desde los diversos ángulos y temas propios de sus propios estudios, siempre relacionados con la vitivinicultura mundial. Segundo, se buscó aquilatar debidamente la calidad y trascendencia de las nuevas aportaciones al conocimiento que surgieron de estas ponencias. Se eligió a Torreón para anunciar la creación del proyecto relativo a la compilación y publicación de una enciclopedia de la vitivinicultura americana. Un punto importante de la agenda era la constatación de la vitivinicultura histórica lagunera, particularmente la parrense, una visión tan oculta como fascinante, la cual salió a la luz a partir de la publicación de la tesis doctoral del Dr. Corona Páez. Parras ha resultado ser la contraparte septentrional de Mendoza, en Argentina, ya que ambas poblaciones, ubicadas en desiertos y zonas fronterizas de la civilización, delimitaron la espacialidad vitivinícola del Imperio Español en América.
Tras la parte académica, se procedió a hacer una mañana de turismo regional. Por la tarde del jueves, estos visitantes distinguidos hicieron una visita guiada al Museo Arocena, tras la cual, el Dr. Pablo Lacoste procedió a dictar una interesante conferencia sobre las características e historia de los vinos argentinos y chilenos. El público quedó muy agradado y se procedió a realizar una degustación en la Plaza Peñoles del mismo museo.
El día viernes 17 se dedicó a realizar una visita de campo a la ciudad de Parras, y particularmente a la Hacienda de San Lorenzo. En ella, el grupo de perfil internacional tuvo la oportunidad de recibir las mejores atenciones de los dueños a través de la extraordinaria hospitalidad del Ing. Alfonso Cárdenas y señora.
Se procedió a realizar un recorrido de campo por la planta vinificadora, y de manera muy particular, por las viejas bodegas del establecimiento, certificando la existencia de prensas de sencillas y dobles, cuya fabricación se remonta al siglo XVIII, así como la existencia de otros artefactos propios de la industria vitivinícola.
La Hacienda de San Lorenzo ofreció una comida a los académicos, en sus jardines del norte, a la sombra ventilada y refrescante de sus centenarios nogales. La comida consistió en un conjunto de platillos elaborados con las ancestrales recetas de la misma hacienda, toda una experiencia gourmet digna del registro histórico.
Se hizo asimismo un recorrido por la ciudad de Parras y sus principales bodegas y establecimientos, y un muestreo de sus dulces regionales elaborados a base de higo y nuez, productos tradicionalmente parrenses desde el siglo XVII. Solamente puede describirse la reacción del grupo internacional como una experiencia de sorpresa, admiración y deleitado asombro.
El XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales tuvo por sede a la Universidad Iberoamericana Torreón, y contó con el apoyo adicional de la Embajada de España en México y de la Casa Madero.

sábado, julio 18, 2009

Los abajofirmantes



Hoy a las seis de la tarde en el Teatro Nazas, los abajo firmantes Armando Cuty Martínez, músico; Adolfo Nalda, promotor cultural; Eduardo Guayo Valenzuela, dibujante; Armando Monsi Monsiváis, cartonista; Alonso Licerio, grabador; Adela Murillo, fotógrafa; Prometeo Murillo, comunicador; Miguel Espino, fotógrafo; Francisco Aguirre, fotógrafo; Édgar Salinas, escritor; Martha Chávez, actriz; Édgar Badillo, actor; Erasmo Bernadac, dibujante y músico; Freddy Peniche, pintor; Guillermo Colmenero, escultor; Fernando Todd Rodríguez, abogado; Juan Carlos Esparza, músico; Carlos Reyes, escritor; Julio César Félix, escritor; Isidro Pérez, poeta; Miguel Valdés Villarreal, ciudadano; Guillermo Chávez, músico; Rafael Nájera, comunicador; Jaime Sifuentes, dibujante; Gustavo Montes, pintor; Fernando Lozano, fotógrafo; Raúl Jáquez, músico; Adriana Vargas, comunicóloga; Oswaldo Luévano, pintor y músico; Ana Villar, pintora; Daniel Maldonado, escritor; Alam Sarmiento, actor; Juan Antonio Martínez, músico; Pablo Ulloa, actor; Miguel Canseco, grabador; Vanessa García B, comunicadora; Irma Martínez M, ciudadana; Erón Vargas, mimo; Héctor Moreno, fotógrafo; Adolfo Perales, músico; Karla Bórquez, ciudadana; Alejandro Montes, músico; Francisco Zamora, músico; Manuel Martínez M, físico-matemático; Ivonne G Ledezma, escritora; Paulo Gaytán, escritor; Cecilia Rojas Orozco, fotógrafa; Francisco Vanegas, músico; Rodolfo Rivera, músico; Carlos Velázquez, escritor; José Valdez Perezgasga, dibujante; Miguel A Valenzuela, mimo; Guadalupe Lozano, ciudadana; Arón González, actor; Evert Olague, músico; Héctor Cota, músico; Daniel Román, músico; Daniel Castillo, músico; Olaf Lozoya, músico; Renata Chapa, comunicadora; Claudia Galván, músico; Ricardo Kikín Placencia, músico; Daniel Villavivencio, músico; Eduardo Soto, músico; Iván Alicona, músico; Gilberto Herrera, músico; Gilberto Mendoza, actor; Héctor Iván González, actor; Cony Múzquiz, actriz; Antonio Valles, cardenchero; Fidel Elizalde, cardenchero; Genaro Chavarría, cardenchero; Guadalupe Salazar, cardenchero; Mirna Valdés, pintora y poeta; Sergio Pérez Corella, pintor; Jaqueline Mota, músico; Aldo Hermosillo, músico; Cristina Pérez, músico; Manuel Gallegos, músico; Luis Montañez, músico; Daniel Raddi, comunicador; Arturo Valenzuela, fotógrafo y yo queremos hacer una propuesta a la sociedad lagunera: ¿qué pasaría si en vez de una respuesta necesariamente agresiva contra la violencia, si en vez de la sistemática guerra contra la delincuencia, son atacados los detonadores de ese gran problema por medio de la apertura sostenida de espacios laborales bien remunerados, mejor educación, mejor salud, más espacios deportivos y acceso a la cultura para todos? La utopía es utopía por irrealizable, pero el arte siempre debe tender a manifestarse en favor de ella: no de otra cosa viven los creadores, sino de la materialización de sus sueños expresados en sonidos, trazos, movimientos, palabras. Por ello, como ciudadanos y como artistas, muchos laguneros queremos expresar la necesidad de que la sociedad sepa que es inviable, como camino único, el enfrentamiento sin más entre las fuerzas del orden contra quienes operan fuera de la ley. Hace falta que reflexionemos todos juntos en la urgencia de insistir en ese hecho irrecusable: la violencia no desaparece con violencia, sino con formación de conciencia ciudadana y mejores condiciones de vida no para una minoría, ni siquiera para una mayoría, sino para todos.
Por lo anterior, varios artistas laguneros invitan a todos sus coterráneos a sumarse al encuentro Artistas por la paz y la no violencia. Habrá abundantes propuestas creativas en su forma de obra gráfica, teatro, algo de literatura y principalmente de música. La cita es este sábado a las seis de la tarde en el Teatro Nazas, y la convocatoria es abierta, gratuita, totalmente apta para cualquier público. Allí nos vemos.

viernes, julio 17, 2009

Lloviendo lumbre



Cuando calienta el sol aquí en la estepa siento mi cuerpo sudar dentro de mí. En efecto, con los calores que nos estamos cargando en estos días uno siente que el calor es algo casi metafísico, íntimo, tan profundo que no se quita ni a mentadas. Un sondeo informal entre los amigos y los compañeros de trabajo me deja ver que, contra lo que había comenzado a sospechar acaso alucinado ya por los calores, no estoy loco: la torridez de este julio le ha partido toda su abuela a los aparatos de aire lavado y a los rehiletes de techo. Algo ha pasado que, sin piedad ninguna, con una fiereza de Perro Aguayo y Cavernario Galindo juntos, el calor nos está golpeando y no ofrece minuto de reposo.
Tan grave es que a mi hora de escribir esta columna, las cinco de la tarde más o menos, no hallo en dónde diablos ponerme para que la cabeza piense. Si en condiciones normales gimo y lloro para que salga alguna idea más o menos bien peinada, en el infierno de este julio lo único que deseo es aventar el arpa y soñar con una cascada de comercial. Es tan incómodo este clima que miren, me está obligando a escribirle unas palabras para que sepa lo mucho que nos joroba la existencia. Un amigo muy cercano, a propósito, maldice con abundantes insultos y de manera contumaz al primer hombre que tuvo la nefasta idea de colocar aquí el primer techo para comenzar la civilización del Nazas. Creo que exagera, que hay lugares peores, pero es cierto que vivir aquí está gacho y que mucho influye el clima en la determinación de la poco exquisita personalidad lagunera. Luego de sobrevivir aquí, es cierto, los laguneros quedamos preparados para aventarnos un reality en condiciones extremas, un Fear factor cualquiera.
Creo que los científicos nos pueden informar qué tanto ha cambiado (hemos cambiado) el clima local. Ignoro si, por ejemplo, el calor que siento hoy más agresivo sólo se basa en mi actual percepción de ruco o si en verdad ha empeorado, y cuánto. De niño (¿uno percibe distinto cuando es niño?) sentía calor en buena parte del año, pero no era lo que ocurre ahora. Hacía calor, mucho calor, pero bajo una sombra, dentro de casa y con un ventilador de aspas era suficiente para mitigarlo. Ahora puedo comprobar que de madrugada, digamos a las tres de la noche, el aire lavado y el rehilete juntos no ahuyentan el calor, de suerte que si no lo logran a esas horas mucho menos pueden hacerlo durante el día, principalmente en las tardes, cuando La Laguna es un comal que permitiría tatemar elotes y guisar huevos en el pavimento.
Lo que digo sobre el calor lo afirmo desde mi posición de trabajador oficinesco y sedentario. Si allí, en esos espacios seguros y confortables no hallo para dónde hacerme, no quiero pensar en los jales que demandan trabajar al tú por tú contra el sol, chambear cuando el calor pega como ácido en la piel. Pienso que, aunque parezca no venir al caso, es meritorio, heroico casi, desempeñarse en ocupaciones en las que el calor y el sol son inevitables. Nadie, creo, repara en el esfuerzo doble y hasta triple de taxistas, albañiles, constructores de carreteras, vendedores ambulantes, repartidores, jardineros y demás hombres de acero que para llevar el sustento a sus hogares se parten el lomo por bajos salarios y un trabajo cuya rudeza consiste en resistir los 45 grados o más que vomita el sol con todo encono.
Luego de comentar lo comentado ya estoy escuchando las brillantes soluciones de algunos claridosos. “Ya inventaron los ‘climas’”. Sí, ya los inventaron, pero no sé si todos estamos pensando en lo mismo y qué pasaría si multiplicamos exponencialmente el número de esos aparatos. ¿Nos iría peor con el gasto de energía? ¿Modificaríamos más aceleradamente el ya de por sí deteriorado ambiente que hemos ayudado a devastar? ¿Qué solución queda ante el eventual arribo de los temibles 50 grados? Miren nomás en lo que estoy pensando por culpa del cabrón calor.

jueves, julio 16, 2009

Sábado de Artistas por la paz



Para el sábado próximo ha sido organizado un encuentro de artistas cuyo fin es unir voces para hacer una sola exigencia: que cese la avalancha violenta que atenta contra la paz social. La convocatoria es la siguiente:
A propósito del actual clima de inseguridad y violencia que golpea a nuestro país, varios músicos, artistas visuales, escritores y actores laguneros celebrarán un encuentro por la paz en el Teatro Nazas el próximo sábado 18 de julio a las 18:00 horas.
Preocupados, pues, por la situación que afecta al país y mantiene en permanente estado de zozobra al grueso de la población, los artistas laguneros han decidido reunirse para manifestar por medio de sus expresiones que México no merece el presente escenario de inseguridad.
El encuentro es una actividad totalmente desvinculada de partidos políticos, instituciones de gobierno, iglesias y demás formas de asociación civil, gubernamental o religiosa. Son los artistas, como individuos que crean e interpretan, quienes han decidido expresarse para contribuir al llamado por la paz que exige nuestro país en general y nuestra comarca en particular.
Los artistas laguneros aspiran con este encuentro llamar la atención de la ciudadanía para que todos sumen sus voces a favor de una exigencia fundamental: que el país retome las condiciones de tranquilidad necesarias para desarrollar a plenitud todas las actividades productivas, sociales, culturales y familiares.
La entrada al encuentro no tendrá costo alguno, será plenamente familiar y durará aproximadamente dos horas. Asimismo, es pertinente señalar que, sin excepción, los artistas laguneros que participarán no cobrarán por su trabajo. El objetivo es dar un primer paso hacia el aglutinamiento de los artistas en tanto trabajadores del espíritu, habida cuenta de lo importante que es la sensibilidad cultural como dique ante la violencia
La invitación queda abierta para toda la ciudadanía; este será un encuentro por la paz que todos los mexicanos merecemos.
Entre las propuestas del colectivo que organiza el encuentro Artistas por la paz y la no violencia está la difusión de un manifiesto; sus primeras líneas apuntan: “México atraviesa por uno de sus momentos más difíciles. Sumada a la crisis económica y al déficit de credibilidad en las instituciones políticas, económicas y sociales, la violencia ha venido a perturbar un bien que los mexicanos sentíamos definitivamente conquistado: la tranquilidad. Hoy, lejos de vivir en paz, casi todo el territorio del país ha sido secuestrado por una guerra cuya funesta hostilidad no discrimina a nadie. Aunque las razones estructurales de la violencia se incubaron lentamente, de unos años a la fecha se han disparado todos los indicadores de la inseguridad. Estamos viviendo, por ello, una época de horror, el México desconocido en el que nadie está seguro.
Ante tamaño problema es necesario insistir que la violencia es efecto de una crisis generalizada en casi todos los renglones del accionar nacional. En el rubro económico, la contumaz aplicación de un modelo generador de riqueza, pero, al mismo tiempo, depredador del medio ambiente e inequitativo en el reparto de los bienes, ha provocado durante más de dos décadas el deterioro sostenido de nuestros ecosistemas y un incremento geométrico de pobreza en estado terminal. Nunca como ahora son más los desposeídos de bienes y servicios, los desocupados, los olvidados por la mano del progreso, los adultos en edad productiva que por millones engrosan las filas del sub y el desempleo, los ancianos sometidos a la zozobra diaria de su incierta manutención, los jóvenes errantes entre las calles y los vicios, los niños abandonados a su suerte en el mar de la desdicha que sólo les depara un futuro clausurado…”.

miércoles, julio 15, 2009

Cumbre académica en Torreón



Hoy arrancan, y duran hasta mañana, los trabajos del “XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales” cuya sede será en esta ocasión, para lujo de los laguneros, la Universidad Iberoamericana, institución que lo organiza junto con la Embajada de España en México y la Casa Madero, de Parras de la Fuente, Coahuila. Digo “para lujo de los laguneros” no por jugar irresponsablemente con la hipérbole, sino porque, en efecto, este seminario es ya, de entrada, el más ambicioso encuentro vinculado con estudios históricos que se haya dado en la historia de la comarca. Hay muchos sistemáticos expertos en regatearle méritos, pero el motor principal de esta cumbre académico-vitivinícola, si se puede decir así, es el doctor Sergio Antonio Corona Páez, coordinador del Archivo Histórico Juan Agustín de Espinoza y cronista de Torreón, quien gracias a sus estudios doctorales ha trabado contacto con especialistas de todo el mundo relacionados con los estudios de la vid y el vino en tanto dinamos de economías locales y mentalidades.
La información sobre el Seminario es elocuente y ahorra cualquier rodeo: La “Asociación Iberoamericana de Viticultura y Ciencias Sociales” es una organización que se dedica al estudio de la vid y su producción etílica, así como a las relaciones posibles entre dicho cultivo, su producción y las sociedades productoras y consumidoras. Queda claro pues que la vitivinicultura es un amplio y antiguo fenómeno, al cual se le pueden hacer lecturas desde la economía (historia económica), la antropología (historia cultural, historia de las mentalidades, historia de la vida cotidiana), la botánica, la arqueología, la literatura, la música, la historia de la publicidad, la historia de la cultura material (artefactos relacionados), historia de las innovaciones y de la difusión tecnológicas, historia del gusto, y un sinnúmero más de entradas. Cada año, la mencionada Asociación, cuya sede se encuentra en Sudamérica, congrega a sus miembros de América y Europa en un seminario, esto con el objeto de analizar las propuestas y trabajos de sus académicos para su dictamen y para encaminarlos a su publicación. La mayoría de los miembros de esta asociación son doctores en diversas disciplinas, pero también cuenta con maestros y licenciados, todos muy prestigiados y conocidos internacionalmente por sus estudios, sus aportaciones en estas materias y por las universidades y centros de investigación a los que representan. Los últimos seminarios se han celebrado en Sudamérica: en 2006, en Talca, Chile; en 2007, en Mendoza, Argentina; en 2008 en Santiago de Chile, y en 2009 le tocó turno a Torreón, Coahuila, México.
La razón para celebrar el “XII Seminario Iberoamericano de Viticultura y Ciencias Sociales” en Torreón es que el pasado colonial de la Comarca Lagunera, y particularmente de Parras, fue muy brillante en términos vitivinícolas. De hecho, lo sigue siendo, si analizamos la constantemente galardonada producción de vinos de Casa Madero, y el hecho de que el “Valle de Parras” sea la única zona vitivinícola de México que ha sido reconocida internacionalmente como denominación de origen. El libro La vitivinicultura en el pueblo de Santa María de las Parras. Producción de vinos, vinagres y aguardientes bajo el paradigma andaluz, siglos XVII y XVIII, tesis del doctor Corona Páez, puso a la Comarca Lagunera en el mapa internacional de la vitivinicultura histórica.
En este seminario las temáticas serán diversas y serán expuestas en cuatro diferentes mesas: “Antigüedad clásica”, “Edad Media”, “Austrias y Borbones: España y América Colonial”, y “Época contemporánea”. Habrá, además, una visita de campo a la Casa Madero, en Parras. Felicidades a los organizadores, y que cunda el ejemplo de los trabajos de la cumbre historiográfica apegada a la ciencia y ajena a la fabulación.