miércoles, enero 23, 2013

De montajes y otras inmundicias
















Busqué en YouTube el primer deslinde de Televisa con respecto del montaje perpetrado por Genaro García Luna en el caso de Florence Cassez. No hallé nada, aunque de antemano puedo aceptar que en efecto la televisora se sintió ultrajada por el ex mandón de la ya desaparecida Secretaría de Seguridad Pública y de inmediato procedió a denunciar que se trató de una pantomima. ¿Qué dijo Televisa en aquel momento, poco después de que en los medios fue dado a conocer el falaz operativo de la AFI? Ignoro si fue una nota breve o un reportaje ambicioso. Lo que sí sé es que luego de esa aclaración, si la hubo, Televisa no subrayó la calidad de sujeto infame que tenía el secretario García Luna y lo dejó actuar, digamos, con total normalidad, como si no fuera un funcionario anómalo, tan poderoso y siniestro que sólo con la oposición de muchos, entre otros de la televisora más importante de América Latina, podía ser despedido de su cargo y hasta procesado.
Pero no. Según Carlos Loret de Mola, Televisa fue engañada al calor de la noticia y unos pocos días después, al darse cuenta de que se trataba de un operativo hollywoodense, denunció el montaje y estableció “protocolos” institucionales para no verse de nuevo sorprendida por los montajes de García Luna o de cualquier otro funcionario proclive a la dirección de cine.
Así nomás. En unos cuantos minutos, Loret de Mola despachó un asunto de una gravedad del tamaño de México: que un sujeto como Genaro García Luna, responsable de la seguridad en todo el país, siguiera al frente de una Secretaría que drenó millones de pesos (lo que en este caso, asombrosamente, es lo de menos) y dejó el saldo mortal más siniestro que recuerde la historia de la función pública internacional.
Lo que quiero decir es que hoy, al calor del Caso Cassez en el que salió a relucir con todo su pavoroso brillo el nombre del ex secretario y la presunta colaboración de Televisa en la difusión del montaje, el monstruo mediático sólo aclare que aclaró puntualmente lo que en su momento debió aclarar y punto. Por decir lo menos, creo que esa autoexculpación de Televisa es insuficiente, y voy a tratar de explicar por qué.
Es cierto que cuando ocurrió el montaje, el 9 de diciembre de 2005, el hoy ex secretario Genaro García Luna no era todavía el Genaro García Luna que poco después conoceríamos. Si en efecto Televisa se deslindó del montaje y hasta lo denunció, debió colocar reflectores especiales en la figura de ese funcionario recién encumbrado al, quizá, cargo de mayor responsabilidad en la administración calderonista, sólo ubicado un peldaño abajo al de quien detentaba la presidencia de la República. Digo que García Luna merecía reflectores especiales desde el principio, ya que engañó a México, engañó a Televisa, engañó a todo mundo en un área delicadísima, tanto que pasados los meses creció de manera infernal el número de muertos por violencia en nuestro país.
Pero no, no hubo reflectores especiales, sólo una tardía aclaración reiterada por Loret de Mola en estos términos:

El 9 de diciembre de 2005 nos tocó transmitir la información de su captura [de Cassez]. A la ciudadana francesa la habían detenido un día antes y la autoridad fingió y simuló un operativo como si estuviera sucediendo en vivo. Con lo que yo estaba viendo en pantalla en ese momento, que es lo mismo que se estaba viendo al aire en la señal de Televisa, con la información que estaba dando el reportero, con la supervisión encargada a los jefes de las áreas de producción y contenidos, quienes no me alertaron de nada extraño, yo no me di cuenta de este montaje, no me di cuenta de esta trampa. En retrospectiva, con un análisis más minucioso de todas las imágenes, creo que pude haber descubierto el engaño. Al calor de la noticia, como el árbitro de futbol que no tiene acceso a la repetición y debe decidir de botepronto, no lo hice, y lo lamento. Para nosotros el asunto no quedó allí. El primer medio de comunicación que documentó públicamente este montaje de la autoridad fue justamente Noticieros Televisa. Unas semanas después, el 5 de febrero de 2006, lo exhibimos y lo denunciamos. A partir de ese caso, en Noticieros Televisa y en Primero Noticias tomamos medidas y establecimos protocolos para que una cosa así no volviera a suceder. El montaje orquestado por la Agencia Federal de Investigaciones para la captura de Florence Cassez no fue desde luego la única irregularidad de este caso. En la averiguación previa se establece que la ciudadana francesa no tuvo derecho a solicitar de inmediato, como marcan las leyes internacionales, el apoyo de su embajada, le negaron un traductor, hubo cambios en las declaraciones de los testigos… las denuncias de que se violaron los derechos humanos de la detenida han llegado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación que pasado mañana miércoles debe resolver el controvertido caso de Florence Cassez.

Enfatizo varios detalles de ese lánguido mea culpa. Loret de Mola habla sin eufemismos de un “montaje”, de una “trampa”, de un “engaño”. O sea, tiene perfecta conciencia de lo que fue aquella maniobra policial. Luego, apenado o embusteramente apenado, como queramos, da lo mismo, usa una metáfora futbolera para señalar que al calor de los hechos, por la vertiginosidad inherente a la transmisión en vivo, no captó de “botepronto” el tinte cinematográfico del operativo, pero después, tras analizar minuciosamente el artificio, en Noticieros Televisa notaron que se trataba de una patraña y por ello fueron los primeros en denunciarla y luego, en el plano de sus políticas internas, se impusieron “protocolos” que sirvieran para evitar nuevas coreografías tramadas por la autoridad.
Mi inquietud es ésta: supongamos que en efecto, como dije hace unos renglones, Televisa no sólo se deslindó del montaje transmitido en vivo, sino que además lo “documentó”, lo “exhibió” y lo “denunció”, parece poco, muy poco, para el tamaño del agravio que le hicieron y, sobre todo, parece poco, o nada, para el tamaño polifémico que desde entonces alcanzó la maldad del secretario García Luna. A Televisa no le habían birlado un dulce, sino que la habían involucrado en una maniobra vergonzosa, que comprometía su credibilidad informativa (es un decir) y que desde ese mismísimo momento daba una idea perfecta sobre la peligrosidad del tipo que encabezaba la SSP, una peligrosidad que jamás volvió a ser exhibida por Televisa pese a que en todos lados se sabía que García Luna estaba atropellando todo a su paso en una guerra cuyas monstruosas consecuencias todavía no alcanzamos a dimensionar.
Si el agravio lo hubiera padecido el periódico La Voz de Viesca o La Gaceta de Sombrerete sería injusto pedir que estos pobrecitos medios se las vieran frente a frente contra García Luna, pero lo sufrió Televisa, y por lo que se pudo ver sólo aclaró que fue víctima de un montaje y listo, dejó actuar al delirante secretario cuando lo que se requería —ahora uso yo una imagen del balompié— era un perruno marcaje personal.
Hoy, como ocurre siempre, a sabiendas de que el pasado es borroso y los expedientes de la comunicación electrónica son de difícil seguimiento, Televisa se lava las manos, acusa al funcionario ido de tramposo y demás, y sigue tan campante con su telaraña de arreglos y noticias montadas de acuerdo al interés de los grupos hegemónicos, a los cuales pertenece y representa.
Por último, se me ocurre esto: sé que siempre lo tuvieron por loco y revoltoso, pero si Televisa sabía que García Luna había diseñado un operativo apócrifo desde el arranque de su gestión, si sabía que el país estaba en llamas, si sabía que Calderón lo dejaba hacer y deshacer como verdugo, ¿por qué jamás, entre otros documentos, aprovechó y difundió un video como el de Gerardo Fernández Noroña espetando la palabra “asesino” a quien ya por entonces tenía convertido a México en un matadero?
Como dicen los tuiteros: es sólo una pregunta.

martes, enero 22, 2013

sábado, enero 19, 2013

Mi alienígena de cabecera




















Mi idea del alienígena arquetípico fue forjada por un film de Santo. Para mí, todos los extraterrestres tienen la cara de Wolf Ruvinskis.

jueves, enero 17, 2013

Elocuencia
















Es una lástima que no exista el tuit en blanco, un tuit que exprese el agotamiento de la palabra para describir todo esto.

miércoles, enero 16, 2013

Fontanarrosa por mail















Una de las dificultades más grandes que plantea la literatura es que ya parece toda hecha. Tal vez esa sea la razón por la que muchas vocaciones se quedan en calidad de larvas, apenas insinuadas en unas cuantas líneas. Me refiero, claro, a los escritores en cierne que al leer una obra ajena y genial sienten que no vale ya el esfuerzo de intentar algo que de seguro jamás alcanzará ni los tobillos de lo verdaderamente bueno. En arte no escasea pues el desaliento por culpa de la genialidad ajena que no se da en maceta ni venden en el almacén de los coreanos.
Roberto Fontanarrosa, el famoso Negro, el inmortal dibujante rosarino y canalla creador de Boogie e Inodoro Pereyra, nos dejó además (un además que a mi juicio vale tanto o más que su obra gráfica) muchos libros de narrativa, cuentos y novelas que gracias a Ediciones de la Flor tenemos, eso en México es un decir, al alcance de la vista. He podido comprar algunos libros del Negro ora en Buenos Aires, ora en la Feria del Libro de Guadalajara, ora en alguna librería de viejo deefeña, y siempre que leo sus páginas sobre futbol quedo en la lona, noqueado al estilo Pacquiao y con el ambiguo deseo de retirarme o mantener viva la obsesión de continuar con mis intentos.
Cargadas de imágenes poderosas y de un sostenido tono hiperbólico que barniza al futbol de un aire épico, las estampas de Fontanarrosa siempre son un regocijo para quienes sentimos que este juego es más que un juego de once contra once. Me pasó hace unos treinta minutos, cuando revisé mi buzón de mail y vi que tenía una carta de mi amigo Antonio Cruz, quien radicada en Santiago del Estero, Argentina. Toño me comparte allí un texto de Fontanarrosa que yo no conocía. Lo publicó Roberto Vallejo, un amigo suyo, en el boletín Para leer atentamente. Mi cuate comenta: “sé que, cuando leas este texto, te vas a acordar de Marín y del gran Daniel”.  Sabe Toño que hace poco publiqué un apunte sobre mi primer ídolo futbolero, Miguel Marín, y ahora que leí lo que me envió de Fontanarrosa, al pasar por el nombre del gran arquero no pude no sentir un grato estremecimiento. Por eso, sólo por eso, busqué la foto del aquel Vélez Sarsfield campeón de 1968 donde se ve al joven portero Miguel Marín y, abajo, en cuclillas, con el rostro un poco agachado, a Daniel Willington, uno de esos monstruos que llegaron a nosotros sólo como lejano eco de su grandeza setentera, como pasó con Bochini y algún otro.
Les dejo el texto sobre Willington, una pieza maestra de narrativa futbolera, y mando un agradecimiento a Toño Cruz, que me lo envió, y a Roberto Vallejo, que se lo envió. Aquí prosigo la cadena, pues.

El exorcista

Roberto Fontanarrosa

Era una pelota, señores, poseída por el demonio. Bajaba desde el cielo, créanme, convulsa, atrapada por el efecto espasmódico contraído por un despeje largo y defectuoso o por un disparo trabado a último momento. Digo más, esa pelota, queridos amigos del viril deporte del balompié, traía consigo dos o tres efectos simultáneos: hacia atrás, hacia adelante y hacia ambos costados. Y gemía, crujía, jadeaba, emitía gorgoteos sobrecogedores. Bajaba, en suma, endiablada, hacia un señor que se llamaba Daniel Willington y que la esperaba parado, casi sobre la línea de fuera, midiéndola con la mirada torva de los que saben.
Era en la cancha de Central y, rodeando a Willington, había varios hombres de los nuestros. No intentaron ni siquiera anticipar o intervenir en la jugada. Sabían que esa pelota era imposible de dominar y que el rebote, corto o largo, los favorecería. Willington levantó su pierna derecha con el movimiento lento y acompasado de las garzas, hasta que el pie alcanzó la altura de su propia cabeza. Y la pelota, la trastornada, la rabiosa, la enloquecida, se posó sobre la punta de ese pie derecho para quedar allí, mansa, sosegada, como el halcón que encuentra la mano enguantada de su señor. O, más domésticamente, como el loro que localiza el dedo familiar de su dueño. Así, pegada a la punta de su botín, ya tranquila, ya exorcizada, Willington la bajó casi hasta el piso pero, antes de dejarla tocar el suelo, le dió un golpecito tenue con la capellada, luego otro, y la puso en el pecho de un compañero que estaba a unos diez metros de distancia, por sobre las cabezas de los jugadores de Central.
Recuerdo que se hizo un silencio breve en el estadio y después rompió un aplauso respetuoso, cálido, reconocido, más propio de una sala teatral que de una cancha de fútbol. Ni siquiera sé cómo salimos ese día. Me acuerdo, solamente, de esa pelota que bajó Willington.
Fui testigo, asimismo, pasado el tiempo, de cómo el padre Karras expulsaba al demonio del cuerpo martirizado de una niña en "El exorcista". La niña bufaba, se retorcía, vomitaba y emitía aullidos animaloides. Pero, así y todo, les confieso, me impresionó más aquella pelota que bajó Willington. Que no jugaba solo, sin embargo, en ese Vélez campeón del año '68. Había una defensa, al estilo velezano, de gente dura y fornida. Estaba Solórzano, estaba Zóttola. Estaban Ovejero y Atela. Atela tenía la solidez, la expresión prolija y cortante de aquellos que, en solitario y desde las tinieblas, atacaban a James Bond. Marín, el arquero, que también triunfaría largamente en México, revistaba en la línea de los eficientes y tarzanescos, los apuestos, los que bien podrían interpretar al amigo del héroe en una serie televisiva norteamericana mala. En el medio merodeaba Moreyra, un volante alto y habilidoso que mostraba un gran manejo y una particular cabeza esférica y chiquita. En la punta derecha jugaba Luna, un wing absolutamente clásico y formal, de aquellos extremos que disfrutaban de la corrida y el centro como única labor, sin ningún tipo de culpa, antes de que se los empezara a cuestionar y terminaran casi desapareciendo, como los osos panda. Luna era rubio, veloz y vertical. Metía esos centros rasantes y a la carrera, casi sin desbordar al marcador, corriendo aparejado con él, con el chanfle interno de su pie derecho, buscando las cabezas del Turco Wehbe, Carlitos Bianchi o, en menor medida y eficacia, Nogara. Wehbe era un ultraliviano vivo, buen cabeceador y rebotero. Fibroso, agudo, morocho aceitunado, parecía un perfil recortado sobre chapa. De esos goleadores que los relatores deportivos recién identifican cuando salen gritando y reciben los abrazos de sus compañeros tras uno de esos centros rastreros frente a los palos que van a buscar ocho atacantes y catorce defensores. Siempre son ellos, los goleadores, los que la tocaron último.
Bianchi, que por ese entonces asomaba en Primera, tenía otra dimensión, física y futbolística. Más grandote, más pesado, más sólido, era temible lanzado en carrera y podía aguantar con el cuerpo a los adversarios que se le colgaban del cuello o de los hombros. Cabeceaba muy bien y definía con enorme certeza.
Un poco injustamente, aquel campeonato conquistado por Vélez suele recordarse por esa pelota que Gallo, el lateral derecho velezano, sacó con la mano sobre la línea de gol en un partido definitorio contra River, ante la miopía repentina del árbitro Guillermo Nimo. Y no fue una mano cortita, furtiva, el zarpazo invisible de un gato, al estilo de la mano de Dios de Diego Maradona. Gallo se estiró cuan largo es (no lo era mucho) con todo el brazo extendido, para despejar esa pelota que ya entraba, tal como lo registraron algunas fotografías que aparecieron en la revista El Gráfico. Pero, de la misma forma en que no se puede borrar con el codo lo que se escribió con la mano, tampoco se podrá borrar con la mano de Gallo lo que Vélez, en el '68, conducido por el parsimonioso talento de Daniel Willington, escribió con los pies y con el corazón dentro de la cancha.

Posdata. No desaprovecho este viaje para refritear dos enlaces a textos míos sobre Fontanarrosa, ambos publicados aquí mismo: “Genio Fontanarrosa” y “Foto con Fontanarrosa”.

martes, enero 15, 2013

Lance sincero




















“Estoy listo para hablar sinceramente”, dicen que dijo Lance Armstrong antes de entrevistarse con Oprah Winfrey, chirinolera mayor de la televisión gringa. Pasado mañana jueves, creo, el texano será la comidilla mundial y seguramente tuiter tronará con las desgarradas confesiones del ciclista siete veces ganador (¿ganador?) de la Tour de France y de muchas competencias más.
La supuesta frase de Armstrong me llevó a pensar en los libros de memorias. ¿Podemos concebir alguno que nos hable con total sinceridad? ¿Es posible la confesión absoluta? Soy de los que no creen en eso. Nadie suelta la sopa entera, pues por olvido y principalmente por pudor todos guardamos al final la información que nos perjudique, queme a los parientes o qué sé yo.
Lo que quiero decir con esto es que no es nada fácil ser sincero ni en los errores chicos, mucho menos en los monumentales, y hasta el más grande pillo teme, en el fondo, a la opinión gregaria.

lunes, enero 14, 2013

Un poco más













Hay días en que me siento apocalíptico, pero pronto me doy cuenta de que exagero, pues todo aguanta unos veinte añitos más.

sábado, enero 12, 2013

Retorno de Eréndira



















Siempre me alcanzan ciertas frases leídas hace añales. Algunas son recurrentes, vuelven a propósito de lo que sea, como los versos de la “Suave Patria” o varias afirmaciones sentenciosas del Quijote. Igual me reaparecen Rulfo, Carpentier, Quevedo,  Neruda, Reyes, no se diga Borges y algún otro. En todos los casos me refiero a esas frases que parecen haber nacido para ser inmortales, pues contienen una fuerza indescriptible, algo que las convierte en proyectiles fulminantes. De García Márquez siempre me regresa la seca y terrible frase de la abuela que condena a la cándida Eréndira luego del descuido que derivó en el incendio de la casa
“—Mi pobre niña —suspiró—. No te alcanzará la vida para pagarme este percance”.
Todo lo malo está allí, en ese puñado de palabras aplicable a tantas desdichas individuales y colectivas, a tantas condenas injustas, increíbles y tristes.

jueves, enero 10, 2013

Ubicuidad de la poesía
















La poesía es gratis y está en todos lados. Lo que cuesta trabajo conseguir es el radar.

miércoles, enero 09, 2013

Realismo trágico














Vine a Inglaterra porque me dijeron que aquí vivía mi asesino, un tal Jack the Ripper.

martes, enero 08, 2013

Un Millán para nosotros
















Es urgente que nazca el César Millán de la humanidad, alguien que de veras nos ayude a entenderla con certeza.

lunes, enero 07, 2013

Escena en el Far West




















—Hola, Nick.
—¿Qué tal, Joe?
—¿Sabes qué parecemos en la barra de este salón del Lejano Oeste, tomando whisky barato y a la espera de algún forastero al que sin duda tendremos que desafiar?
—No, Joe, no sé qué parecemos.
—Pues un cliché, Nick, un maldito y sucio cliché.

viernes, enero 04, 2013

Madrugador













El asesino llegó de madrugada a la puerta de la habitación donde dormía su víctima. Apretó bien el cuchillo y con la otra mano, despacio, sin un ruido, giró el picaporte. Lo que el asesino no sabía era que su víctima ya lo esperaba recostada, inquieta y muy despierta, con una fría Magnum Desert Eagle Crome debajo de la sábana.

miércoles, enero 02, 2013

Narciso a todo tren




















Las cámaras fotográficas de los celulares han prohijado una nueva profesión: el paparazzo de sí mismo.

viernes, diciembre 07, 2012

Fuera de combate













Les aseguro que quería escribir, pero así me dejó la gripe de este viernes. No importa, mañana me lavantaré de la lona y aquí nos seguiremos viendo.

jueves, diciembre 06, 2012

Don Ata por Lagmanovich vía mail









Me alcanzó la gripe de temporada, y si por lo común la cabeza no me da para para pensar, así menos. En estos casos no está de más solicitar ayuda a los amigos o buscar algo digno entre los muchos libros que afortunadamente están al alcance de la vista. Hoy, pues, he hurgado en mis archivos postales y fíjense nomás que buena suerte he tenido. Hace tres meses leí una pequeña biografía sobre Yupanqui y no quiero que pase el 2012 sin reseñarla. Lo deseo porque en mayo se cumplieron veinte años de su muerte y siento la obligación de recordarlo. Él es el compositor y cantante que más admiro, y quiero que esa admiración se materialice en textos elogiosos.
Pues bien, el primero de febrero de 2008 recibimos una respuesta vía mail de mi amigo David Lagmanovich (1927-2010), quien vivía en Tucumán, Argentina. Digo “recibimos” porque nos carteábamos a tres bandas Juan Pablo Neyret (en Pensilvania, EUA), David y yo (en Torreón). Esa correspondencia tripartita duró al menos cinco o seis años, y era muy frecuente, de manera que son abundantes las cartas de David y de Juan Pablo que puedo presumir.
La carta que traigo se refiere a Yupanqui. No necesito añadirle nada, pues cualquiera que la lea la entenderá y, sobre todo, verá la dimensión artística que le atribuimos al folclorista mayor de América Latina. También verá lo que yo siempre vi: que David Lagmanovich nos regalaba una atención epistolar al mismo tiempo generosa y lúcida.
Esta es la carta:

Hermanos:

Sí, yo también he admirado y querido mucho, desde siempre (desde que venía a cantar a LV12 Radio Tucumán, cuando yo tenía unos 15 años) a Atahualpa Yupanqui. Recuerdo que entonces a un muchachito que amaba la guitarra y no tenía plata para reponer cuerdas, sin conocerlo le regaló el juego completo; a otro hombre que conocí por entonces le regaló una guitarra. Era un hombre de buen corazón, aunque tuviera rasgos de un carácter aparentemente hosco.
Además, lo que siempre me gustó de él fue la finura de sus canciones, que aunque tocaran lo social no lo hacían con estrépito ni panfletariamente: "Es mi destino / piedra y camino: / de un sueño lejano y bello, viday / soy peregrino". Ese sueño lejano y bello correspondía a su vinculación con el Partido Comunista, pero lo ponía así, para que entendiera quien quisiera entenderlo, sin proclamarlo a grandes voces. Cuando la dictadura, su milonga campera que comienza "Yo tengo tantos hermanos / que no los puedo contar...", y termina con "y una hermana muy hermosa / que se llama Libertad" me pareció siempre una de las más bellas piezas de aquella época terrible.
Atahualpa era hombre de la pampa, como bien se sabe, pero su compenetración con la cultura popular del Noroeste argentino lo convirtió casi en un tucumano más. No sé si la gente se da cuenta de que los vocativos "viday" y "viditay", que aparecen constantemente en sus canciones, son quechuismos, no usados fuera del Noroeste: tienen el sufijo -y, que es el caso posesivo quechua (o quichua, como decimos por estos lados), de modo que "viday" quiere decir "mi vida", una forma entrañable de tratamiento en nuestro dialecto hispanoindio. Y sus versos para cantar (no los de El payador perseguido, que están en la tradición de la llanura) tienen la limpidez de las coplas populares del Noroeste. Él podría haber escrito esta copla salteña, que sin embargo es anónima: "Apenitas soy Arjona / nombre que no se ha'i perder; / y aunque me tiren al río, / sobre la espuma he'i volver".
Así volverá siempre también Atahualpa Chavero Yupanqui (como firmaba al comienzo), después sólo Atahualpa Yupanqui o solamente Atahualpa: sobre la espuma del canto, aunque se lo haya llevado el río del tiempo.
(Muy linda, Jaime, tu columna sobre este prócer de la canción popular; mucho más que el "maquinazo" con que, modesto como siempre, pretendes disimular el valor de lo que escribes.)

Abrazos, == David

miércoles, diciembre 05, 2012

La “forma suave” de la violencia


















Fueron muchos, casi todos los de siempre, pero el que más me impresionó —siempre me impresiona por su inmediatismo retórico— fue Ciro Gómez Leyva. El sábado primero, casi como jefe de una mesa de análisis, pasaba una y otra vez las imágenes recién grabadas de los vándalos que encaraban a los granaderos en el jardín frontal del palacio de Bellas Artes. Las tomas hablaban "por sí mismas", decía con estas u otras palabras el famoso columnista. Nada que discutir, el desorden dejaba todo en orden para los apresurados comentaristas: la izquierda, toda la izquierda, es bárbara, troglodítica, anárquica, violenta en suma.
Me atrevo a disentir. Las imágenes no hablan por sí mismas, así que, para que “hablen”, es necesario treparles un discurso. Hagamos un experimento. Bajemos una foto de internet y trabajemos sobre ella. Veámosla y procedamos a describirla desde distintas angulaciones hipotéticas, esto nomás para que se vea lo fácil que es montar cualquier discurso a cualquier imagen.

















1. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, víctima del ciclón que la semana pasada azotó el norte de nuestra entidad. Don Luis perdió su vivienda y todas sus pertenencias, y todavía no sabe el paradero de su única hija, desaparecida en la catástrofe natural. Las autoridades han declarado que los albergues son suficientes, pero la realidad es que muchos damnificados siguen sin un lugar para dormir y tomar alimentos.

2. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, víctima de alzheimer que ayer fue encontrado vagando por las calles de nuestra ciudad. Perdido en los rumbos del bulevar Oriente, las autoridades lo recogieron y pudieron encontrar en los bolsillos de su saco una receta de medicamento que al final sirvió para dar con la pista de sus familiares. El anciano enfermo ya está siendo atendido en un centro especializado.

3. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, jefe de una banda de ladrones de comercios en el sur de la ciudad. Fue sorprendido ayer luego de que a la distancia coordinaba un robo al supermercado “Compre Más”. Afortunadamente, la policía logró detectar la maniobra y detuvo a los delincuentes in fraganti, quienes de inmediato confesaron que Amézquita Galo era el autor intelectual de los atracos y señalaron su paradero, donde poco después fue capturado por los elementos de seguridad.

4. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, quien intentó violar a su nieta y fue descubierto in fraganti por los vecinos de la colonia 10 de Noviembre. Al sorprenderlo, algunos habitantes del lugar intentaron lincharlo, pero otros dieron parte a las autoridades que de inmediato llegaron al lugar y luego de muchos jaloneos e insultos lograron salvar de la turba enardecida al agresor sexual. Amézquita Galo ya fue recluido en el penal del municipio.

5. En la imagen, Luis G. Amézquita Galo, el más destacado pintor de nuestra entidad. El artista recorrió muchas colonias de la periferia para continuar el trabajo de regeneración de espacios por medio de la pintura mural y colectiva. Ganador del premio estatal de Arte y Cultura 2002, Amézquita Galo desarrolla cada fin de año una intensa labor altruista para convertir su arte en detonador de inquietudes pictóricas en los jóvenes de nuestras colonias.

Por lo anterior, inquieta de veras la facilidad con la que Ciro y compañía sacaron el revólver de la crítica y dispararon opiniones sin patas ni cabeza. Por supuesto que hubo vandalismo, por supuesto que las imágenes lo muestran, y por supuesto que eso no le gusta a nadie, o al menos a pocos, a muy pocos. Lo importante, como han dicho Lorenzo Meyer y Sergio Aguayo, es “leer” el hecho en un contexto, tratar de ponerle las palabras que busquen establecer la mejor aproximación al acontecimiento, no colgar sambenitos con prontitud inquisitorial.
Dos preguntas eran necesarias, y jamás aparecieron en boca del columnista: ¿a quién le servía el vandalismo? ¿Por qué de golpe la izquierda (toda la izquierda, según Ciro) pasó del discurso de no agresión a otro completamente distinto? Si no se pregunta eso, da por hecho que no existe, ni siquiera de lejos, la posibilidad de un montaje o el ánimo desbordado de un grupo radical, no de toda la izquierda, principalmente de la que encabeza ya sabemos quién.
La violencia no le conviene a la izquierda que, pese a todo, sigue luchando por deslindarse de la acción agresiva material, esa acción que pone en bandeja de plata la reacción represiva. Por eso, al oír a Ciro recordé de inmediato las palabras de una entrevista que leí hace poco, casualmente, a Pierre Bourdieu. En el libro Capital cultural, escuela y espacio social (Siglo XXI, 2008) habla sobre las “formas suaves” de la violencia, y dice esto que explica mejor que yo lo que aquí he querido comentar:

… es una violencia que se ejerce por vías muy suaves, y que pasa de este modo inadvertida. (…) Debates televisados o radiofónicos, editoriales inspirados, etc., que parecen constituir la vida misma de la democracia, pueden ejercer un efecto formidable de censura —lo hemos visto en la Guerra del Golfo, al menos al principio— escondiendo los verdaderos problemas. El consenso sobre los falsos problemas que generan esos periodistas atrapados en una red de competencia y de interdependencia, tiene por efecto esconder todos los verdaderos problemas, que son olvidados y que aparecen solamente en los periodos de crisis.

La irrupción violenta, desbocada, de los vándalos en el centro histórico del DF es a todas luces un acto criticable. El problema, el difícil problema es saber a quién atribuir tales desmanes. Para Ciro no hubo ni sombra de duda a partir de las imágenes “reveladoras”, como si investigar y comentar fueran dos acciones simultáneas y no un desafío periodístico más que peliagudo.
Pero en fin, así se las gastan él y muchos más, ya lo sabemos.

lunes, diciembre 03, 2012

Ja, fue divertido














Ja, fue divertido. A mí me tocó romper con un garrote varios cristales de bancos y de restaurantes. Tronaban bien chingón, a madres, crach crach, mientras se oían cerquita algunas molotovs lanzadas por los compañeros que venían un poco más atrás. Yo me divertí sólo con los vidrios de negocios, como que de golpe le agarré gusto a pegar batazos y ver el estallido y los añicos. Así llegamos a las jardineras de Bellas Artes, frente al Sanborns y el Gandhi. Allí nos esperaba un grupo compacto de granaderos. La orden había sido encararlo con más aspavientos que efectividad, pues pura verga que podíamos atravesarlo. Lo importante es que la tele tuviera chance de hacer tomas de la acción. En el noticiero logro verme, jaja, con el trapo negro en la cara y todavía con el palo de quebrar vidrios en la mano. En una toma se ve también cómo la pinche güera, toda mariguana, lanza un pedradón a la pared de antimotines. No le hicimos ni cosquillas, pero ése no era el rollo, ya dije, sino salir locos en el video. Y lo logramos. Desquitamos la lana que esos putos nos aflojaron. El que lo dude que oiga al Ciro. Ja, fue divertido, hicimos un buen jale.

domingo, diciembre 02, 2012

Crusoes




















Mucho internet y mucho iPad y mucho Blackberry, pero en el fondo en el fondo en el fondo todos somos Robinson Crusoe.

sábado, diciembre 01, 2012

FCH




















Colocó los lentes junto a la lámpara del buró. Dio un último traguito al vaso donde sólo quedaron unas gotas de whisky mezcladas con el agua de dos hielos. Luego de seis años, era la primera noche en la que se sentía libre de cargas, verdaderamente relajado. Mañana comenzaría su nueva historia, el viaje y la radicación foránea, la paz y, por qué no desearlo, cierto distanciamiento del alcohol. Atrás quedaban entonces la autoridad, el poder supremo, las órdenes, el rumbo que quiso darle al país alebrestado, la incomprensión de tantos. Pensó en el artículo que acababa de leer, en la tajante acusación: había inventado una guerra para mostrar mano dura y legitimarse luego del fraude. Imbéciles. Pensó también en la supuesta cifra de muertos que le achacaba: 70 mil. Apretó los labios, negó leve con la cabeza y se escuchó decir para sí mismo, muy bajito, una frase que lo sedó: “No fueron tantos, si mucho 30 o 35 mil”. Apagó la luz y comenzó a dormir, tranquilo.